Yo me lo busqué - (Capítulo 26)
El vestido rojo ya lo conocía, pero el azul era una sorpresa que no esperaba. Cuando Mari y Carmen aparecieron en el salón, la noche dejó de ser normal. No era solo mirar; era el permiso tácito para cruzar la línea que separa la amistad del deseo prohibido.
Capítulo 26
El sábado siguiente todo comenzó de la manera más normal, seguro que influidos por nuestra indumentaria y más aún las de ellas que no presentaban ninguna provocación, nada que ver con lo ocurrido la semana anterior. Ellas hablaban más de vestidos que se compraron y de lo que vieron en las tiendas, que de los temas sexuales que eran lo que yo prefería. También estuvieron varias veces con nuestra hija que estuvo algo llorona esa noche, quedando nosotros dos charlando de nuestras cosas mientras nos tomábamos un pelotazo.
-Estamos todos muy sosegados con respecto al sábado pasado. -Le dije con unas risas.
-No creas, aquí sí, pero en la casa seguimos igual, bueno igual desde ese día pues hemos follado todas las noches y a vosotros no os sacamos de la cama, ya sabes, con mucha fantasía. Pero es cierto que hoy no ha querido vestirse como el otro día y Carmen está igual, lo habrán hablado entre ellas. ¿Tú sabes algo?
-No, para nada y a mí también me ha extrañado que Carmen no se haya puesto el otro vestido o uno de los nuevos que se habrá comprado esta semana. Lo digo porque ayer sí que estrenó uno en nuestra velada y el tanga era también nuevo y muy provocativo. Pídele que se lo ponga, igual te hace caso.
Los dos estábamos riendo por esta última proposición que le acababa de hacer, cuando ellas volvían al salón después de que Belén se volviera a quedar tranquila y dormida.
-¿De qué os reís? -Preguntó Mari al ver que las mirábamos a ellas y luego a nosotros mismos, arreciando en las risas.
-No es nada, mi amor, -le respondía su marido-, estábamos comparando nuestras vestimentas de hoy tan recatadas con las del sábado pasado. Además que al parecer os habéis comprado ropa nueva muy sexi.
-¿Y como sabes tú que nos hemos comprado ese tipo de ropa? Yo no te he enseñado nada.
-Me ha dicho Julián que ayer estrenó Carmen un vestido nuevo para su velada de los viernes y que le gustaría que lo viésemos nosotros también. Es muy chulo.
-Es el rojo que me compré el lunes, -le aclaró a Mari-, si queréis me lo pongo, solo que tiene unas salpicaduras de la copa de Basti y mira que le tenemos dicho que no se acerque a nosotras con una copa en la mano, es que es un desastre cuando se pone a bailar haciendo florituras para que no se le vuelque la copa.
Mari miró a su esposo sin saber si aceptar la propuesta de Carmen y éste no le aclaraba sus deseos, pero no dejaba de sonreírle abiertamente esperando que no le defraudara con su respuesta.
-Voy contigo y me pongo el azul yo también. -Terminó por responderle a mi novia.
Sin decir nada más, ambas se fueron camino del pasillo a ponerse esos vestidos de puta que Carmen se había comprado para sus viernes con nuestros amigos. El rojo lo iba a dejar a Dani con la polla empalmada toda la semana siguiente. Del azul la verdad es que no sabía nada, pero como fuese similar al rojo... joderrr...
Tardaron un buen rato en volver las dos, aunque antes de hacer su aparición en el salón, desde el móvil de Carmen sonaba ya la canción Nueve Semanas y Media de Joe Cocker, luego aparecieron dos piernas casi desnudas en el umbral de la puerta, pues solo se podía ver un pedazo de vestido azul y otro rojo que les cubría un poco el inicio de los muslos. Menudo par de putas, no habían entrado aún y ya nos tenían con las pollas buscando guerra. Luego Mari empujó a Carmen que dando un traspié entró de golpe en el salón apoyando las manos en el suelo, mostrando de esa manera su tanga blanco que no tapaba ni su coño por entero.
-Serás cabrona, por poco me mato delante de estos dos guarros, que mira cómo están ya. -Se quejaba mi novia.
De inmediato se hizo visible Mari que cogió de la cintura a Carmen tratando de ayudarla a que no se pegara el trastazo. Las dos venían sin sujetador como suponía, pues no hubiesen conjuntado con esos tipos de vestidos y sus pechos amenazaban con salirse por el escote en uve de Mari y el palabra de honor o deshonor más bien de mi novia. Por fin se pusieron la una al lado de la otra asidas por las manos y dando unos pases de baile, muy acordes con la canción que seguía sonando.
A Dani casi se le cae la copa que tenía en la mano y yo me quedé mudo sin saber qué decir ante tanta belleza y desnudez expuesta por ambas, aunque mi atención estaba lógicamente en la mujer de mi amigo, primero porque el vestido rojo de mi pareja ya lo vi la noche anterior y segundo porque de verdad que me impresionó ver a Mari otra vez con tanta desnudez. Las tetas ya las conocía bastante bien desde la noche del sábado anterior y las veces que vi la sesión de fotos que tenía en mi móvil, pero es que esas piernas tan descubiertas y tan bonitas apenas se atisbaban en aquella ocasión.
Carmen se acercó a mí hasta estar casi pegados de frente, para girarse al momento y darme un buen repaso con su hermoso culo en todo mi paquete, la muy guarra lo hacía sin dejar de reír y de tocarse las tetas por encima de su vestido, aunque con esos tocamientos no pudo o no quiso evitar que sus pezones asomaran en varias ocasiones. Mari no quiso ser menos y repitió esos mismos movimientos en la polla de su marido. A ella se le salían los pechos por entero desde el escotazo en uve de su vestido azul, apenas sin tener que tocarse, bastaba un pequeño giro de sus caderas para que éstos salieran a darse un garbeo en medio del salón.
Pero ahí no terminó la cosa por parte de nuestra amiga que se giró de frente a su esposo con claras intenciones de descamisarlo, no llevándole mucho tiempo el conseguirlo. Carmen hizo lo mismo conmigo y antes de que me diera cuenta estábamos los dos desnudos de cintura para arriba. ¿Se atreverían con el resto? Pues no, allí nos dejaron como dos pasmarotes mientras volvían a entrelazarse por las manos, para seguir balanceando sus cuerpos al son de la magnífica canción que iría ya por la mitad, suponía yo.
Miré a Dani que seguía con su copa en la mano, sin decir ni pío, muy serio, también concentrado en lo que tenía delante de él y al tenerlo un paso delante de mí, no pude por menos que fijarme en su precioso culo, hasta el punto que se me antojó darle un buen azote en semejante sitio que hasta le hizo dar otro paso más.
-¡Ah! Cabrón, no me distraigas, joder.
Tanto las chicas como yo mismo soltamos unas carcajadas llenas de nervios, sin que por eso fuésemos capaces de pararlas. Al final, él algo abochornado terminó por descojonarse también.
-Es que no veas cómo estáis de guapas las dos, además de que te he visto dos veces ese tanga blanco que te has puesto, -le decía ahora a mi novia-, no veas como te queda.
-¿Tú también te has puesto otro parecido? -Le pregunté a Mari.
-Igualito que el de tu novia, bueno, es que los compró iguales, pero el mío es negro. ¿Te importa? -Le preguntó a su marido.
En esos momentos Dani seguía hipnotizado con el balanceo de caderas que Carmen, que seguían el ritmo de los últimos acordes de la canción. Aunque su mujer también la acompañaba, él solo miraba descaradamente a mi amor.
-No... no me importa, -logró balbucir, al tiempo que Carmen se giraba hacia ella para ver si de verdad se atrevería a mostrar su tanga-, vamos que sí, que tú también...
Este permiso que le dio él casi sin saber lo que estaba permitiendo, le bastó a su esposa para levantarse el vestido azul hasta la cintura, dejándome ver el pequeño tanga negro y transparente que al igual que el de mi novia, tampoco le tapaba el coño por completo, además de que sus labios mayores se extendían más en su pubis. Menudo coño tenía y yo sin saberlo, ni siquiera Dani me había hecho mención de ese pedazo de coño de su esposa, será cabrón, si yo hasta le había mostrado fotos de Carmen en pelotas... Justo en ese mismo momento mi novia hizo lo propio, sin solicitar en este caso el más mínimo permiso de mi parte. La canción acabó y ambas se echaron el vestido para abajo con tal de no seguir mostrando sus tangas y casi todo el coño.
Las dos nos pidieron un pelotazo y yo me hice cargo del pedido, poniendo un poco más de alcohol en la copa de ella y muy poco en la de Carmen que no quería tomar más mientras estuviese en tiempo de lactancia. Después nos sentamos en el sofá los cuatro, muy juntitos, tal como hicimos el sábado anterior durante la sesión de fotos. Dos copas más tarde subidas de tono, Mari ya un poco achispada no se contuvo para hacernos un pedido o una exigencia más bien.
-Os toca, -nos dijo dirigiéndose a los dos-, tenéis que poneros en calzoncillos, nosotras os hemos enseñado los tangas.
Quitarnos vosotras los pantalones, les dije mientras me incorporaba para ponerme delante de mi novia y nuestro amigo hacía lo propio frente a su esposa.
-Tú a Julián, -le dijo a Mari-, y yo a Dani.
Tal como estábamos los dos de pie uno junto al otro, no tuvimos ningún problema en intercambiar nuestro lugar, aunque parecía que Mari no estaba muy convencida.
-¿Puedo? -Le preguntó a su esposo mientras ponía sus manos en el cinturón de mi pantalón.
Él solo afirmó con la cabeza casi sin desviar la mirada del escotazo de ese vestido rojo que tapaba los pezones, pero de ninguna manera las areolas, lo que le daba al pecho de Carmen un plus de morbosidad que hacía estragos en el bueno de Dani.
Después de abrirme el cinturón y antes de que los pantalones cayeran al suelo, ella dejó la cremallera arriba del todo y se deshizo de mis zapatos. Desde luego no pretendía que le enseñara el slip y me tapara de inmediato con el pantalón, así que en cuanto me descalzó, volvió de nuevo al cierre de la cremallera para bajarla muy despacio, sin poder evitar tocar mi tranca que andaba allí debajo con todo su poderío desplegado. Miré de reojo a los otros y pude ver cómo Carmen estaba enfrascada en la misma tarea, pero con más de media mano dentro del pantalón sobando la polla de nuestro amigo, dejándome muy claro las ganas que tenía de hacerle un trabajo más serio a Dani, en esa parte de su cuerpo.
Mari no pudo evitar ver lo que hacían los otros, parando la bajada de mi cremallera para poder tener más tiempo de tocamiento, pero de tocar pasó a agarrar en unos instantes, deslizando su mano arriba y abajo de mi slip, centrándose en mi rabo como no podía ser de otra manera, terminando por salirse éste muy sinvergonzón por la parte de arriba, dada la poca tela de ese slip que se quedaba de todo punto insuficiente para tapar tamaño miembro. A partir de ahí se entretuvo más en esa parte de mi polla que en el resto, pero entonces ocurrió lo inevitable y es que el pantalón cayó inopinadamente a mis tobillos y ella quedó al descubierto agarrando mi rabo, no sé si para seguir disfrutando de él o para taparlo para que su marido no viera lo que agarraba con tantas ganas. Luego fue a pasar la cinturilla del slip por encima del capullo, fracasando en cada uno de sus intentos, entonces lo dejó así al aire y bajó sus manos para ayudarme a quitarme el pantalón y yo terminé por sentarme junto a ella, justo en el lugar que antes ocupaba Dani.
Carmen seguía ahora con toda la mano dentro del pantalón de él, pero éste no se caía y yo estaba seguro que ella también estaba cogiendo carne, además de que esa mano no estaba nada quieta. Tuvo que ser nuestro amigo el que se cogió la cintura del pantalón para bajarlo sin más, dejando a la vista la mano de mi novia que no dejaba de machacar su polla totalmente en fuera de juego, con la cinturilla de su bóxer por debajo de los testículos. Ella lo abandonó para ayudarle a quitarse los pantalones y él sin dejar de mirar a su esposa en una inútil disculpa, se subió nuevamente el bóxer, se tapó la polla y se sentó junto a Carmen.
Sin decir nada me apremié en reponer nuestras bebidas, guardando las proporciones de alcohol de cada vez y alzando mi copa les obligué a brindar a los cuatro.
-Por nosotros y porque todo nos vaya bien ahora y para siempre.
Chocamos las copas, dimos un buen trago y las volvimos a dejar encima de la mesa. En mi brazo se apretaba la teta izquierda de Mari y en mi pierna ocurría lo mismo con su muslo. Nadie dijo nada por el trozo de polla que seguía asomando por encima de la cinturilla del slip.
-Vosotras deberíais quedaros en tanga, igual que nosotros estamos en calzoncillos. -Le exigió Dani a las dos con una mirada algo achispada.
-Pero mi amog... -decía algo perjudicada Mari-, que se nos ve todo.
Desde luego que se les vería buena parte del coño, sobre todo a ella con esa exuberancia de labios mayores, gordozuelos y extensos. Mi polla me iba a reventar porque sabía que Dani ya no iba a poner ninguna pega y yo podría disfrutar de ese hermoso coño muy a gusto y por mucho tiempo.
-Pues mira como se le ve la polla a Julián, vosotras deberíais hacer lo mismo. -Le respondió muy convencido.
-Mejor os quitáis el vestido, porque aquí se os va a arrugar. -Les animé yo, que tampoco me libraba de mi propio achispamiento.
Nadie puso ninguna pega y fue Carmen la que se colocó delante de Dani, para luego tirar de la mano de Mari, haciendo que las dos quedaran delante de nosotros.
-Quitárnoslo vosotros. -Sentenció ella y a nosotros se nos hacía la boca agua solo de pensar en obedecerla de inmediato.
No quise ni mirar a ver como lo hacía mi amigo, solo sé que coloqué mis manos en los muslos de Mari y comencé a subirlas lentamente como si los estuviese rozando, parándome unos segundos en acariciar sus hermosos glúteos, notando como un goterón de preseminal caía sobre mi pierna, pero me daba igual, yo seguía apretando ese culo que en esos momentos era totalmente mío, después bajé nuevamente mis manos para agarrar el bajo del vestido y alzarlo muy despacio hasta ponerlo justo en el comienzo de su tanga, a partir de ahí el movimiento lo hice aún más despacio, fijándome bien en esos labios mayores que se transparentaban a través de la seda negra y por fin llegué al límite de ese cubre coño, hasta dar con el comienzo de sus grandísimos labios claramente húmedos al no estar tapados y seguí subiendo un poco más para ver la línea de vello púbico que los adornaban.
Dejando los bajos del vestido agarrados por mi mano izquierda, no tuve ningún problema en apoyar la derecha en su pubis, justo en esa línea que indicaba que más abajo estaba la otra, la que mostraba su propio coño y mirándola a la cara, la deslicé más abajo hasta posarla encima de su vulva sin que ella soltara queja alguna. Mis dedos abrieron esos maravillosos labios logrando separarlos lo suficiente para que me mostraran todo lo que escondían, incluyendo la perla de su clítoris y la extremada humedad de sus adentros. Un leve quejido salió de entre sus labios que mantenía muy apretados y yo le di un par de refriegas más allí en su clítoris antes de retomar el desalojo de su vestido. Volví a ser muy lento en destaparle las tetas y ella lo aceptaba todo sin decir esta boca es mía, a pesar del par de pellizcos que le dí a sus pezones, solo seguían oyéndose pequeños gemidos casi ocultos a los demás. El vestido estaba por fin en mis manos y ella volvió a sentarse junto a mí, ahora prácticamente desnudos los dos, ella con sus flujos y yo con mis preseminales.
Entonces dirigí mi mirada por fin a la otra pareja, que también estaba sentada al otro lado, Carmen casi desnuda y Dani con media polla fuera, aunque en su caso podría ser evitable. Una teta de mi novia estaba aplastada en el brazo de él, que en ese momento subió ese brazo por encima del hombro de ella, quedando la teta apoyada sin remisión en el pecho de nuestro amigo, la otra mano la mantenía apoyada encima del muslo de ella, muy cerca del insolente tanga, dándole unas leves caricias.
Mari, que estaba un poquitín alegre tomó un pequeño trago de su copa, luego la dejó en la mesa con un buen repaso de teta a mi brazo y luego se volvió más hacia mí, depositando su mano encima de mi polla en la parte que estaba al descubierto, pasando sin ningún pudor su dedo pulgar por encima de mi glande, restregando mis abundantes líquidos preseminales por todo el capullo y como había mucho, los esparció también por el tronco. No quise ser menos y puse mi mano en ese pedazo de coño que tan maravillado me tenía, tocando primero sus pelillos y luego introduciendo mis dedos por dentro del mini tanga hasta colarle el dedo corazón en el interior de su mojadísima vagina. Nadie me reprochaba nada y estaba seguro que por parte de los otros dos la cosa estaría por el estilo, pero ni aún queriendo podría ver qué estaban haciendo, porque el cuerpo de Mari me los tapaba, aunque follando no podría ser porque eso sí que lo notaría claramente. Lo que sí oí perfectamente es el sonido que hacían al besarse de esa forma tan intensa.
Estaba enfrascado en chuparle un pezón, cuando con su otra mano tiró de mi flequillo hacia arriba, quería darme el primer beso y no me podía creer que aquello se pudiera llevar a cabo esa noche en la que todo empezó de forma tan anodina. En cuanto que nuestros labios se juntaron, ella no se entretuvo en otra cosa que no fuera meter su lengua en mi cavidad bucal, buscando y encontrando la mía que estaba muy receptiva y si el beso de los otros fue intenso, yo diría que el nuestro lo fue más. ¡Qué placer! Y qué a gusto me encontraba. Ella tiraba en esos momentos de mi slips hacia abajo y yo le ayudé en esa tarea, solo que cuando lo echó hacia el butacón, vi que caía justo donde se encontraba el bóxer de mi amigo. ¿Estarían follando y no me había dado cuenta?
Ella tuvo que moverse para ayudarme a que le sacara el estorbo de tanga y tuve tiempo para observar que ellos seguían besándose y sobándose por todo el cuerpo, pero nada de follar de momento aunque esa acción se produciría de forma inminente.
Cuando Mari fue a sentarse en mi regazo, procuró dejar mi polla entre sus muslos, pero sin hacer ningún intento por penetrarse a sí misma. Los cuatro estábamos a nada de comenzar a follar como descosidos, pero fue entonces cuando intervino Dani.
-¡Parad! Esperad por favor... -exclamó algo desesperado-, vamos a hacerlo cada uno con su pareja.
Tampoco hubo ninguna queja por parte de nadie, solo que su esposa también dio su parecer.
-Seguimos un rato más así y luego follo contigo, cariño.
-Mari, es que no puedo más y vamos a terminar haciéndolo, mi amor. -Le apremió él a que hiciera el cambio ya sin más esperas, si no quería que se follara a Carmen sin más preámbulos.
-Métemela si quieres un ratito, luego terminas con tu mujer, ¿Te parece? -Le preguntó mi novia a Mari.
-Vale, sí, cariño, pero te corres conmigo. -Terminó por dirigirse a su marido y ya no hablamos más.
Nosotros continuamos con nuestros besos y un minuto después ella se colocó a horcajadas sobre mis piernas encajando la polla entre esos labios majestuosos, comenzando un sube y baja con su clítoris aplastado sobre el tronco del miembro, mientras notaba como me mojaba con sus flujos que hasta parecía que se estaba corriendo, pero al parecer no lo hacía, ¿O sí? Cualquiera sabe. Miré un momento a los otros y vi que Carmen le estaba haciendo una felación de las suyas, quedándome hipnotizado viendo como sus labios aplastaban el vello púbico de él que también miraba lo que hacía su esposa y cuando me miró a mí le hice un gesto negativo para hacerle saber que no estábamos follando, aunque por nuestros movimientos así lo pareciera, tampoco pudo hacer más que cerrar los ojos y echar su cabeza hacia atrás. No sabía como iba a aguantar sin correrse con todo lo que le estaba haciendo mi novia y más aún cuando terminara por follárselo.
Las nalgas de Mari no dejaban de ser estrujadas por mí una y otra vez, al tiempo que le ayudaba en ese sube y baja con su coño aplastado contra la polla. No follábamos como ya le había dicho a su marido, pero tampoco es que estuviésemos muy lejos de hacerlo y yo tenía muchas ganas de clavársela hasta los huevos. Fue en una de sus subidas que yo la aupé un poco más de lo habitual y mi capullo se enterró en mitad de su vagina, ¡Joder! Qué calorcito sentí cuando las paredes de ese agujero me quemaban la piel, además ni yo la sacaba, ni ella se quejaba tampoco por esa penetración que conseguí hacerle sin pedirle permiso a nadie, sino que siguió subiendo y bajando hasta que sin poderlo aguantar más, se corrió gritándolo a los cuatro vientos, o más bien, a las cuatro paredes del salón y a su marido sobre todo que estaba a veinte centímetros de nosotros.
-Aaaggg... qué gustooo... aaayyy... me vengoooo... Dani, mi amorrrr... me estoy corriendoooo...
Cuando poco a poco se fue relajando, se aupó un poco más ayudada por mis manos en sus glúteos y se sacó la mitad de mi polla, dejándose caer otra vez para dejarla allí bien encajada en su coño. Carmen sabía muy bien lo que había pasado y antes de que él también se diera cuenta de todo, ya se estaba empalando en su preciosa polla dando un gemido gutural muy sentido que nos puso a Dani y a nosotros mismos con los vellos de punta. Se notaba claramente las ganas que tenía de meterse ese rabo tan suave y cómo lo estaba disfrutando la puñetera, para nada se cortaba porque su mujer estuviese presenciando esa follada.
Mari aprovechó esa distracción de su marido para bajarse al pilón y darme una buena mamada, sabiendo ambos que quería devolverme el favor haciendo que me corriera en su boca. Pero fue Carmen la que dándose cuenta de lo que hacíamos, no tuvo ningún reparo en animarnos a una buena terminación.
-Así Mari, así hasta que se corra contigo, yo también estoy a punto de hacerlo uhmmm... con tu esposooo... aaaggg... no pares preciosoooo...
Solo con oír lo que estaba disfrutando mi novia con nuestro amigo, ya me puso en un punto en el que no cabía ninguna marcha atrás, me iba a correr y esas cosquillillas alrededor de mis huevos, me estaban diciendo que los iba a vaciar en pocos segundos.
-Mari, preciosa, me voy a correr, no puedo más. -Quise avisarla para que tuviese tiempo de apartarse si esa era su intención.
Pero lo que hizo fue arreciar en su mamada y aprovechar todos los fluidos que bajaban por mi tronco para embadurnarse el dedo corazón y metérmelo en todo el culo de una sola tacada. El latigazo de semen partió con violencia desde mis testículos hasta salir por la uretra con una potencia como pocas veces lo había hecho, ella elevó sus cejas exageradamente sin esperar ese chicatazo a pesar que la había avisado, pero aguantó estoicamente ese primero, el segundo y tres más que se tragó como una campeona, justo en el momento en que mi novia se retorcía con un fuerte orgasmo encima de Dani.
-Aaaggg... aaahhh... dios míoooo... me corroooo... yaaaa... yaaaa...
Dani tenía los ojos cerrados y los labios muy apretados por el esfuerzo que estaba haciendo por no correrse dentro de mi novia. Ahora fue su esposa la que le quiso ayudar.
-No te aguantes cielo, córrete con ella, venga mi vida, quiero que lo hagas, llénala por dentro con tu lechecita mi amor, déjate ir...
Carmen le ayudó a pesar de que estaba en pleno apogeo de su orgasmo y continuó subiendo y bajando con su verga bien ensartada en su coño, hasta que irremisiblemente él claudicó en su intento de contención y ya no tuvo ninguna oportunidad para cumplir con sus deseos de correrse con su esposa.
-Uhmmm... Mari me voy a correr... ufff... toma... toma...
-Me estás llenando precioso, me estás llenando de leche toda la vagina, Mari qué gustazo guapa, gracias por ofrecerme a Dani y gracias a ti mi amor, -se dirigía ahora a mí-, por ser tan bondadoso conmigo. Gracias a todos.
Luego se retiró quedando tendida entre mi amigo y yo, abrazada a mi cintura como si se estuviese corriendo ahora con el retraso que se permitió para lograr que nuestro amigo se corriera con ella. Mari se fue a sentarse junto a su marido.
-Lo siento cielo, -le dijo ella-, lo estábamos haciendo solo con roces, pero al final se coló no sé como y ya no he podido parar hasta que me vino el orgasmo. ¿Me perdonas? -Le decía pegándose más a él si cabe.
-No pasa nada, mi amor. Creo que ha sido lo mejor, ahora ya no hace falta que fantaseemos con Julián y Carmen, ahora nos contaremos la realidad de lo que nos ha pasado.
Serví una última copa para todos y volvimos a brindar a nuestra salud que era lo más apropiado en esos momentos, allí los cuatro en pelotas, recién follados y recién corridos todos nosotros y yo con ganas de más. Ellas fueron a visitar a Belén que ni siquiera había dicho esta boca es mía.
-No termina de bajarse eso, -le dije con unas risas a mi amigo que la tenía semi erecta-, es verdad lo que dice Carmen que tienes una polla preciosa, se ve muy suave, ¿Puedo? -Le pedí alargando mi mano, pero sin tocarla.
-Haz lo que quieras, pero a mí no me pidas que te la toque.
No esperé más y le agarré el rabo por el tronco y con mi otra mano le agarré una nalga, como las chicas no volvían yo aproveché para estar un rato más entretenido con ese cuerpo tan divino.
-Os quedaréis a dormir aquí en nuestra casa, -le aseveré yo, los dos estáis un poco tomados y no podéis conducir, mañana os vais si queréis después de desayunar.
-¿Cómo que si queremos? -Me dijo con una gran sonrisa-, y entonces si no queremos...
Yo solté una carcajada que al final él mismo me acompañó.
-Pues ya sabes, nos quedamos hasta la noche follando como desalmados. Pero tú es que parece que tienes ganas de repetir ahora mismo. -Le dije dándole un último apretón a su nabo, soltándolo después.
-No me provoques cabrón, pero no creo que Mari esté ya por la labor. Lo de hoy ha sido increíble Julián, para nada me esperaba que ella llegara a hacer lo que ha hecho contigo, es que al final te la has follado, mamonazo.
-¿Sientes celos? -Le pregunté.
-¿Celos? No, ahora mismo no. Lo que querría es repetir de nuevo, estoy muy cachondo y tú tampoco es que estés de capa caída. -Lo decía y los dos seguíamos riendo.
-Ha sido por haber cogido tu polla, ya te he dicho que la tienes muy guay, cabronazo y tu culito también me gusta, así que ten cuidado que no te lo folle en un descuido.
-No te lo crees ni tú, ¿También eres bisexual?
-Creo que no, pero es que me pones mucho tío, desde que te vimos el otro día en pelotas no dejamos de alabarte Carmen y yo. No me pasa con nadie más y jamás se la he cogido a nadie antes sin que Carmen no me lo pidiera. No creo que sea bisexual, o si lo soy es solo contigo.
Luego nos pusimos los calzoncillos, junto con las camisas y nos fuimos a acompañar a nuestras mujeres y a la princesita de la casa. Allí estaban las dos charlando tranquilamente, Carmen con su bata y Mari vestida con su camiseta con la que llegó de su casa. Belén estaba en su cuna muy despierta buscando las carantoñas de su madre y de nuestra amiga y en cuanto me vio no dejó de extender los brazos y patalear de contenta.
-¿Ves? -Me regañaba Carmen-, ya te está pidiendo que la cojas en brazos, tú eres el que la está acostumbrando.
Miré a Carmen y al matrimonio amigo y no pude evitar unas risas por lo que me acusaba mi novia. La verdad es que llevaba razón, pero es que no podía evitar cogerla en brazos porque me agobiaba verla allí tendida horas y horas.
-¿Me dejas un ratito? -Le decía mientras ya la iba cogiendo para tenerla unos minutos al menos.
Mari se acercó a su marido y ambos piropeaban a la pequeña por lo guapa que era. Carmen todavía negaba con la cabeza por no hacerle caso y yo la mecía entre mis brazos haciéndola reír con fuertes chillidos incluidos.
Dani se dirigió a su esposa para transmitirle mi ofrecimiento.
-Julián me ha pedido que nos quedemos a dormir aquí por lo tarde que es y porque estamos un poco pasados de alcohol para conducir.
-Claro que sí, -insistió mi novia-, ahora nos vamos a tomar un caldito caliente que nos va a servir para reponer fuerzas.
Ellos aceptaron de buena gana y todos nos fuimos a la cocina a acompañar a mi chica en la preparación del caldo. Mari parecía que estaba algo preocupada sin despegarse de su esposo todo el rato.
-¿Cómo estás, cielo? -Estaba claro que la preocupación de ella era por lo que pudo ver su marido no hacía ni media hora.
-Bien, cariño, pasó lo que tenía que pasar más tarde o más temprano y creo que debemos aceptarlo sin darle más vueltas a la cabeza. Otra cosa es qué vamos a hacer a partir de este momento.
-Hemos tenido esa experiencia y me parece que ya hemos cumplido de sobra con nuestras fantasías. Ahora deberíamos olvidarnos de eso y seguir como si no hubiese pasado nada. -Le respondió ella.
Carmen seguía preparando su caldo y yo me hacía el loco jugando con mi hija, sabiendo que Dani no era de la opinión de su mujer, al menos era lo que me dijo a mí en el salón cuando nos quedamos solos.
-Mari, cielo, yo no quiero dejarlo precisamente ahora que por fin hemos hecho realidad esas fantasías, además con resultado inmejorable diría yo, pero que claramente nos hemos retraído por la falta de experiencia y las dudas que nos albergaban a los dos en esta primera vez.
-¿Quieres repetir entonces? -Le preguntó a él y se giró para mirarnos a nosotros también, encontrándonos a los dos muy pendientes de su conversación.
-Por mí, sí, necesitamos hacerlo con más tranquilidad, sin presiones de ninguna clase. ¿Qué te parece?
-Pues por mí también, si eso es lo que deseas y no veas lo preocupada que estaba contigo, joder, qué relajación al saber lo que opinas.
Carmen se fue hacia ellos y le dio un pico a Mari y un beso más prolongado a nuestro amigo, que ya le echaba la mano al culo por encima de la bata para darle un apretón y me estaba pareciendo que aquello podría derivar en algo más profundo. Al final, fue Mari la que puso un poco de cordura en todos nosotros.
-Carmen, amiga mía, cuando nos tomemos el caldito y dado de que tampoco es tan tarde, nosotros nos vamos a marchar pues necesitamos charlar de todo esto entre los dos, antes de que pudiesen ocurrir cosas de las que después nos podríamos arrepentir. La verdad es que tampoco creo que estemos perjudicados por la bebida, así que podremos irnos en nuestro coche. -Remató Mari su decisión que incluía a su marido, que solo asentía a las palabras de su mujer.
La verdad es que mis propósitos de follar más a fondo con la mujer de mi amigo, se fue al garete en un instante, pero bueno, la veda ya estaba abierta y suponía que no tardaríamos en retomar este asuntillo que se nos quedó pendiente.
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