Xtories

Berto, hace de striper en una despedida de soltera

Nunca imaginó que su cena solitaria derivaría en un espectáculo privado. Pero cuando las mujeres de la despedida deciden que él es el mejor candidato para animar la fiesta, Berto cruza una línea que no pensaba cruzar. Y Nancy, la más elegante del grupo, tiene otros planes para él.

perenquen21K vistas9.4· 22 votos

Berto había llegado a Barcelona para acudir al Congreso Móvil Mundial que se celebraba en el Centro de Congresos Fira de la Gran Vía. Había acudido en ocasiones anteriores, ya que allí se cotejaba con profesionales internacionales en el campo de la red, adquiriendo las nuevas técnicas del sector, que luego aplicaba en las empresas a las que prestaba sus servicios.

Era su segundo día en la capital catalana, y había tenido un largo día de trabajo asistiendo a la conferencia, visitando stand y hablando con otros profesionales. Por ello, tras ducharse en el hotel, decidió salir a cenar fuera y así poder despejarse un poco.

Entró en uno de los muchos restaurantes de la zona. Estaba bastante concurrido, por lo que le ofrecieron una terraza, bastante acogedora, aunque estaba ocupada en su mayor parte, por una mesa compuesta únicamente de mujeres, ocho en total, algunas mayores y otras más jóvenes. A Berto no le importó, ya que se respiraba el fresco de la noche.

Pronto se percató, mientras le servían la cena, que se trataba de una despedida de soltera, que le celebraban unas compañeras de trabajo a la novia que iba a contraer matrimonio en breve. Sin poder evitarlo, al estar solo, y no haber más nadie en la terraza, prestó atención a la conversación. Las mujeres, reían y bebían, y realizaban todo tipo de bromas bastante picantes a la futura esposa.

Cuando llevaba una media hora, y estaba casi acabando de cenar, una de las mujeres sugirió a las otras que había que sacar unas fotos para el recuerdo. Todas indicaron que porque no llamaban a una de las camareras para que lo hiciera. Una de ellas, que parecía llevar la voz cantante, se levantó y salió fuera, al momento volvió diciendo: -

¡imposible, están todas atareadas! Hay muchos comensales en el salón principal. Me parece que nos vamos a quedar sin foto del grupo.

En ese momento, dicha mujer miró hacia Berto, que ocupaba la mesa junto a ellas, y acercándose le comenta: ¿te importaría hacernos unas fotos? Siento molestarte, pero es que no veo nadie que pueda hacérnoslas, y nos gustaría tener un recuerdo donde podamos salir todas juntas.

Berto se incorporó, y contestó cortésmente que no había ningún problema. Total, ya estaba en la fase del café, y casi había terminado. Le entregaron una cámara para que tomara las fotos.

Primeramente, realizó unas fotos a todo el grupo, y luego, una de ellas, le dijo: ¿te importa hacernos un video mientras la novia abre los regalos? Se que es mucha molestia, pero te lo agradeceríamos.

-No hay problema. Ya casi he acabado. Me decís cuando comienzo a grabar.

Las mujeres se mostraron bastante contentas y agradecidas. Luego comenzaron a entregar a la novia, los regalos mientras Berto grababa. Obviamente, los regalos tenían un componente bastante picante y sumamente erótico: consolador, camisón sexy, artículos en forma de pene de todas las maneras, etc.

Le exigieron a la novia que abriese los paquetes, resultando ser un camisón de seda muy sexy, un consolador (lo típico), y unas pajitas para beber con forma de polla en la punta, etc. Todas se reían de forma escandalosa, viendo los artículos que la novia iba abriendo. La joven novia se mostraba azorada ante lo atrevido de los mismos. Cuando acabaron los regalos, le indicaron que era el momento de brindar, y tanto hicieron que, convencieron al hombre para que se sentara con ellas, como agradecimiento por lo bien que se había portado con ellas.

Berto comprobó que aquellas mujeres tenían ya bastante alcohol ingerido. Se fijo en la novia, comprobando que era una joven bastante normalita, con algunos lunares en la cara, morena, y unos pechos algo voluminosos, pero sin llegar a desentonar.

Observo a cuatro señoras de más de cuarenta años, así como dos jóvenes de una edad parecida a la novia. Se detuvo en contemplar a Nancy, que era la persona que le había llamado para hacer las fotos. Esta parecía rondar los treinta y cinco años, y llevaba alianza en la mano derecha, suponiendo que estaba casada. Pese a no ser la más joven, Berto comprobó que era la que mejor estaba de todas. No solo era una mujer bonita, sino que destacaba por su elegante figura. Pelo castaño, ojos verdosos, con unas pecas en los pómulos de la cara. No era de mucha altura, sobrepasando apenas 1.65, y era más bien delgada. Llevaba una blusa algo escotada que permitía entrever el canalillo de sus pechos que le pareció entrever que eran de buen tamaño.

El champan y la sidra hicieron su aparición. Todos bebieron entre charlas, risas y bromas. Nancy fue presentado a todas sus compañeras, y el hizo lo propio, indicándoles el motivo por el que estaba en Barcelona. Por supuesto, no escabulleron en preguntarle si era casado, su edad, su profesión…. Él les confesó que era casado y padre de dos hijos, y que tenía 42 años.

Berto escuchó algunos comentarios de las jóvenes, y ente ellas una, que le decía: ¡estará casado pero esta buenísimo! ¿Has visto las cachas que tiene?, parece pura fibra.

El hombre obviamente lo escuchó, se sonrojó un poco, aunque todas empezaron hacerle elogios. Y no era para menos. Berto poseía un físico bastante cuidado, con una altura superior a 1.80, cuerpo casi atlético, sumamente fornido, bien parecido, pelo castaño, y unos ojos azules que cautivaba a la más codiciada de las mujeres. Aquellas no eran una excepción.

Mientras charlaban, él les señaló medio en broma que en su pueblo solían traer un stripper para este tipo de despedidas. Una de las presentes le contesto: aquí también solemos hacerlo, pero, ja ja….. “la novia no quería que lo trajéramos”. Como puedes observar es algo modosita… ja ja.

Estuvieron hablando de ir a tomar unas copas a una discoteca. En un momento dado, Nancy se levantó fue hablar con dos de las otras compañeras, y regreso diciendo: ¡callad un momento! Os voy a proponer algo. ¿Es cierto que no hemos traído a ningún boys esta noche? Y, la verdad,…eso desluce un poco esta despedida de soltera. Pero, tenemos la fortuna de tener con nosotros esta noche, a un “hombre guapo y elegante”. ¿Qué les parece si le proponemos que actúe como nuestro stripper y unos haga unos numeritos?

Berto se sonrojó ante aquella proposición. Iba a negarse en redondo, cuando escucho el clamor de todas las presentes: si si, nadie mejor que él. Que acepte. siii

El hombre se ruborizó. Se lo pensó. Iba a contestar que no. Le dijo: - ¿me estáis pidiendo que les haga un strip-tease? Pero ¡yo jamás he hecho nada de eso! Además, soy bastante tímido.

Otra de las mujeres le indico: -Venga Berto. No te vamos a comer. Solo vamos a tomarnos unas copas, y bromear. ¡Seguro que sabrás hacerlo bien! Y mirando hacia todas las demás le dijo: ¿habéis visto las cachas que tienes? Anda haznos ese favor. Total, esta noche no tienes nada que hacer.

Estaban discutiendo sobre el lugar, hasta que al final una de las señoras de mayor edad, le hizo una proposición: ¿Porque no vamos al local almacén del negocio? No creo que la empresa nos diga nada. Allí se han celebrado otras reuniones sin problemas. Además, “yo tengo las llaves”. Pero no debemos decir ni una palabra de esto.

-estupendo. Que buena idea. Perfecto. Exclamaron todas.

Berto, se quedó bastante nervioso. Pensaba que era una broma de las mujeres. Pero pronto, de percató de que iba en serio. Agitado le preguntó a Nancy: ¿de verdad queréis que vaya con vosotras?

-Por supuesto, ¿no te vas a venir abajo ahora? Le contesto Nancy de forma interrogativa.

Llamaron a la camarera para pagar, y él hombre hizo lo propio. Luego salieron fuera. Dos de las mujeres mayores se retiraron, y las otras seis se encargaron de comprar bebida en un super de 24 horas. Luego tomando dos taxis, se dirigieron al local donde iban a continuar la fiesta.

Berto marchó con Nancy y otras tres mujeres, las más jóvenes. Mientras circulaban en el vehículo les comento: ¿si mi esposa se entera de esto me crucifica? Espero que esto no salga de entre nosotros.

-tranquilo. Nadie dirá nada. Verás que lo vamos a pasar bien. Nancy mirándolo le dijo: ¡con ese cuerpo que tienes seguro que nos harás las delicias! Luego, echó una mirada hacia el bulto del pantalón, y le sonrió, diciéndole a la otra que tenía al lado: además, te has dado cuenta… ¡parece que estar bien dotado!

El hombre se limitó a sonreír. En el fondo, le excitaba estar con tantas mujeres juntas. Había visto que algunas de ellas tenían unos cuerpos bastante apetecibles, y sin poder evitarlo, su verga se comenzó a enderezar bajo su pantalón. Llevaba bastantes días sin tener sexo con su mujer, por lo que se podía decir que “estaba en plena forma”.

Llegaron al local, abrieron la puerta, verificando que había varias mesas, que solían utilizarse para comer y como sala de reuniones. Pronto acomodaron los muebles para hacerlo más acogedor. Localizaron un equipo de música que pronto comenzó a sonar. Colocaron unas sillas y mesas, al tiempo que dejaron un espacio delante, reservado según le indicaron las que llevaban la voz cantante, para la actuación de Berto.

Al momento abrieron las botellas de vodka y ron, así como varios licores, y comenzaron a beber. Cuando llevaban un rato, las más jóvenes comenzaron a pedir a Berto que comenzara con sus numeritos. La realidad es que éste, se había tomado unos tragos, y ya se encontraba bastante alegre. Ello le inhibió, haciendo que pronto se animara, decidido a complacer a las mujeres. Tras salir al frente, comenzó a bailar al ritmo de la música, realizando movimientos simulares a los que realizan los strippers. No lo hacia nada mal, según opinión de las mujeres.

Para animar el espectáculo, Berto ya lanzado, comenzó a quitarse los zapatos, la camisa, y hasta la camisilla que llevaba debajo, quedando con todo su torso desnudo. Luego morbosamente se fue acercando a las mujeres, que alocadamente le tocaban, pasaban sus manos por su pecho desnudo, lo sobaban de forma bien descarada, e incluso le tocaban el trasero. Una de las jóvenes, algo más lanzadas, que se llamaba Felisa, se atrevió a pasar su mano por los muslos, muy cerca del aparato genital del hombre. Evidentemente, eso puso en pie de guerra el instrumento de Berto. Las mujeres al ver el bulto que se había formado en el pantalón gritaron como alocadas, pidiendo “que se lo quitara”.

Berto se puso algo nervioso. Llegar hasta allí le había parecido algo normal, pero, retirarse el su pantalón, era algo más peligroso. Le daba cierto pudor mostrar sus genitales ante aquellas mujeres. No es que tuviera miedo a que pudieran hacer comparaciones con su pene. Él sabía de sobra, que había sido dotado de forma bastante generosa por la madre naturaleza. No en vano disponía de un falo de unas dimensiones bastante respetables, y de buen diámetro. Sus testículos eran igualmente bastante abultados y proporcionados al tamaño de su vástago. Pero, era bastante tímido, y mostrar sus genitales aquellas mujeres que acababa de conocer era algo bastante arriesgado.

Pero, no contaba con que las mujeres estaban bastante alegres, y el alcohol estaba haciendo sus efectos. Insistieron una y otra vez, diciendo sin parar:_¿Queremos ver lo que hay debajo? ¡que se lo quite…..que se lo quite….! Reiteraban a coro.

El hombre dudo. Aquello no era lo acordado. Pero, tampoco quería ponerse borde. Después de mucho pensarlo se dijo: "Total, no la s conozco de nada”. Por lo que decidió complacerlas.

Comenzó a realizar unos movimientos sexys, para luego colocarse de espaldas, y retirarse el pantalón quedando únicamente con el slip que llevaba puesto. Se percató que éste se mostraba bastante requintado ante la excitación de su instrumento viril. Estaba como se dice vulgarmente “marcando paquete”. En cuando el hombre se dio la vuelta, y se mostró de frente a las mujeres, aquellas se sorprendieron. No esperaba ver el tremendo bulto. Al Instante gritaron de alegría, con comentarios de todo tipo.

El efecto fue generalizado. La mayor parte de las presentes notaron la excitación en sus cuerpos ante la visión del bulto del hombre. Aunque dos de ellas eran casadas y algo mayores, salvo Nancy que, pese a ser casada era un poco más joven que ellas, las otras tres se hallaban solteras. Entre el alcohol y el acaloramiento, los prejuicios de aquellas jóvenes fueron desaparecieron. Al sentirse respaldadas por el resto de las compañeras, y con el nivel de alcohol ingerido, pronto instaron al hombre a que “se mostrara totalmente en desnudo”. Ese clamor fue aumentando hasta el punto que, pronto le “exigían que se lo quitara todo”: “querían ver lo que había debajo”.

Berto, no quería mostrarse íntegramente ante aquellas mujeres. Pese al grado de alcohol ingerido, no se sentía capaz de mostrarse desnudo ante seis mujeres. Tras pensarlo, les propuso una alternativa: Vale, pero la que tiene derecho a ese premio, es la novia.

Se quedaron un poco decepcionadas, pero, no obstante, instaron a Elena, la homenajeada, para que se acercara al hombre. Aquella se quedó agitada y nerviosa. Se veía que era bastante tímida y poco liberal. No obstante, se levantó y se acercó hasta donde se encontraba Berto. Este le pidió que tomara una manta que había cerca, diciéndole: Siéntate en esta silla mirando hacia el público.

Elena, sin saber que pretendía, se sentó en la silla y quedo mirando hacia sus amigas. Entonces Berto, tomo la manta y se colocó entre ella y el resto de las mujeres que hacían de público. Colocó detrás del mismo la manta, y se mostró de frente a la joven diciéndole: - Ya que eres la homenajeada. ¡Serás la primera en ver lo que todas tanto piden! ¿te atreves a bájame el slip?

La joven, le miró, agitada. Los colores afloraron a su cara. No era una joven lanzada, pero las copas ingeridas, la excitación y exaltación de sus amigas para que accediera a realizarlo, le obligaron a aceptar. Elena miro el enorme bulto de aquel hombre, al que no conocía de nada. Había tenido relaciones con su prometido, y por supuesto había visto sus genitales. Pero, intuía que lo que los genitales de aquel hombre no debían tener parangón con los de su prometido.

Espoleada por el resto de las compañeras, alzó sus manos y tomando los laterales del slip del hombre, tiró hacia abajo lentamente. La joven comprobó inicialmente vellos del pubis del hombre, haciendo pronto su aparición el tronco del pene. Tiró con fuerza y al instante abrió los ojos como platos. Ante su vista tenía un falo de unas características envidiables.

La joven se quedó sin habla. ¡Aquel pene era de unas dimensiones bastante más grande que las de su prometido! Pese a todo, notó un cosquilleo interno, y surgió el ansia por tocar aquel sable. Era una indecencia, se decía, pero algo interno le instaba a tocarlo. Sin poder contenerse, alargó la mano y atrapó el mismo. Al instante comprobó la dureza y fortaleza de aquel instrumento.

Elena mientras tenía la tranca en su mano, no pudo por menos que mirar al hombre con cara de auténtica mujer en celo. Fue más osada, y con su otra mano alcanzó los testículos del mismo. Quedó maravillada al comprobar que debían estar repletos. Le miró mordiéndose el labio.

-Aprovéchate Elena. Escuchó Berto que le gritaba alguna de sus compañeras. No tengas reparo. ¡Es tu día! ¡nadie lo va a saber!

La joven prometida, dudo, pero espoleada nuevamente por sus compañeras, comenzó a masajear el pene del hombre viendo cómo se endurecía ante sus caricias. Berto observó que la joven estaba indecisa, dándose cuenta que debía poseer unos pechos no muy grandes, pero que, dado lo sugerente del vestido que llevaba, se atrevió a decirle: ¿te atreves hacerme una cubana con tus pechos?

La joven se sonrojó ante aquella proposición. Sin embargo, estaba tan excitada, que se retiró la parte alta del vestido que llevaba, quedando con un sujetador bastante exiguo. Miró al hombre y, este entendió que deseaba que fuera él quien le retirara el sostén. Berto quedó inquieto ante aquella proposición, Suponía que tenía que retirar las manos de la manta que separaba su trasero de la vista de las mujeres. Elena igualmente se dio cuenta de sus dudas, y le apremio: ¿no te atreves?

Berto, no quería quedar como un miedoso. Por ello, soltando la manta, quedó completamente desnudo, pese a que se seguía mostrando de espaldas al resto de mujeres. Las mujeres al presenciar que la prometida tenía las manos en la polla del hombre gritaron animándola. Berto no perdió tiempo, y sin demora retiró el sostén de la joven, apareciendo unos pechos firmes, no muy grandes, pero bastante bonitos. Acto seguido la mujer tiró del pene del hombre hacia ella, para que se acercara, comenzando a hacer pasar el nabo de éste, por el canalillo de sus pechos.

El resto de las mujeres, gritaban, mostrando igualmente una excitación evidente. Gran parte de ellas tenían a esas alturas las bragas mojadas. Presencial al tremendo semental aún de espaldas les tenía excitadas. Aplaudieron a Elena por su decisión, mientras aquella tomaba con sus manos los pechos y los apretaba, al tiempo que hacía pasar por el canalillo que las mismas el pene del hombre. Tras unos movimientos más, la joven se detuvo diciéndole: “creo que ya es bastante” y, levantándose le dio un beso en el cachete al hombre diciéndole al oído: ¡No quiero que te corras todavía!

Elena se colocó el sostén, se arregló el traje y regresó con sus amigas. Berto, tomó de nuevo la manta y la colocó delante de él para evitar que las mujeres vieran su aparato mientras se giraba hacia ellas.

Los comentarios de Elena sobre las dimensiones del aparato del hombre, levantó el ánimo del resto de mujeres. Pronto animaron a una de aquellas mujeres, la cual tenía más de 40 años, llamada Rosalba para que fuera la siguiente. Aunque fue un poco reticente, el calor y espoleamiento del resto de compañera, la hicieron decidirse. Berto se había tapado con la manta de cintura para abajo, y tras sentarse la mujer, aquella pudo observar plenamente sus atributos. La mujer enrojeció. Estaba casada, con hijos, pero jamás había visto un sable semejante.

No era mal parecida, y Berto percibió que tenía unos buenos pechos. Estaba anonadada presenciando el falo de aquel hombre. No obstante, fue más atrevida que Elena. Tomo el pene en sus manos comprobando su dureza, manoseándolo, para tomar igualmente los testículos exclamando, para que todas lo oyeran: ¡joder que huevos más grandes! ¡La de lechita que deberá tener acumulada!

Ante la sorpresa del hombre, Rosalba resultó más osada, viendo como aquella acercó su boca al falo del mismo, y comenzó a lamerla, a lo largo y ancho de la misma. El hombre se agitó al sentir la lengua de la mujer en su falo. Aquella no solo se limitó a pasar la lengua por su pene, sino que bajo un poco más y comenzó a lamer los testículos del semental. Luego volvió sobre sus pasos, y abriendo su boca engulló parte de aquel cipote. Berto sintió el calor de la boca de aquella mujer en su nabo y comenzó a gemir. No en vano la mujer comenzó a hacer entrar y salir el pene de su boca, anqué solo hasta la parte que podía engullir.

Oh si… si así Rosalba oo siii

Berto estaba en la gloria, viendo como aquella señora casada, le estaba dando una mamada de campeonato a su polla. Las demás compañeras de trabajo, aplaudían a rabiar la hazaña de ésta. Ante esta circunstancia, Berto se decidió a tocar los pechos de aquella mujer. Al momento le retiró la blusa y el sostén, apreciando la buena delantera de aquella mujer.

La excitación del hombre fue en aumento, y no queriendo correrse antes de tiempo, hizo incorporar a la mujer, y comenzó a bailar con ella abrazados. Se mostró totalmente desnudo y ella solo de cintura para arriba. Rosalba al sentir las osadas manos del hombre tocando su trasero, se excitó. Mucho más, cuando este, lanzado, le subió la falda hasta la cintura, para sin miramientos, pasar sus manos por la braga de aquella. ¡Estaba completamente empapada! Berto se dio cuenta, que aquella casada estaba chorreando. Apartó la prenda, y directamente pasó sus dedos por la vagina de la señora, que claramente gimió. Rosalba no se esperaba que fuera tan atrevido.

Tras varios masajes al coño de la mujer, Rosalba entró en un estado de excitación total, mostrándose completamente salida, como una autentica “hembra en celo”. Mirando hacia el resto de las compañeras de trabajo, les dijo: Espero que no toméis ninguna foto de esto, y ¡que no salga nunca de aquí!

Sumamente cachonda y decidida, sentó al hombre en la silla. Observó aquel semental con todo su pene emergiendo hacia arriba, y su coño comenzó a chorrear. Se acercó, y abriéndose de piernas, se fue colocando a horcajadas sobre al mismo, clavándose poco a poco el falo del hombre. -oh cabronazo que grande la tienes. ohh siii… si así…

Las manos del hombre tomaron la cintura de la mujer y la ayudó en los movimientos de subida y bajada. Rosalba se halló cabalgando aquel extraño, ante sus propias compañeras de trabajo. Se dio cuenta que aquel falo nada tenía que ver con el de su marido, y se dispuso a disfrutarlo. Pronto, comenzó a cabalgar a Berto a gran velocidad, hasta que no pudo más. Entre estertores y gritos de júbilo, la mujer alcanzó el orgasmo.

Rosalba, una mujer casada, que jamás había cometido una infidelidad, se vio tremendamente excitada, hasta el punto de terminar follándose aquel hombre que hacía de stripper improvisado. Su excitación fue tal que se corrió abiertamente, ante la visión del resto de compañeras.

Cuando acabó, se apoyó en el pecho del hombre, bastante más alto que ella durante unos momentos. Luego, se incorporó, se arregló el vestido, y ante de retirarse le dio un beso en la boca al hombre. Luego les dijo a las otras: ¿Qué venga la siguiente? A este semental hay que terminar descargándolo.

Sin embargo, las otras mujeres se retrajeron, aunque todas miraron hacia Felisa, que solía ser la más lanzada. Aquella era una joven, bastante delgada, no muy agraciada, pero tampoco fea. Ante la insistencia de aquellas mujeres, la joven se incorporó, se acercó hasta Berto. Al igual que las otras comenzó a tocar el manubrio de éste. Al verlo, le dijo: Uf… no creo que eso entre en mi coñito. La tienes bien grande. ¿Te haré una paja si quieres?

Ella lo comenzó a pajear, pero sorprendentemente el hombre no se corría. Berto estaba haciendo esfuerzos por no correrse, ya que lo que quería era meter la polla en el coño de aquella joven. Pero la joven esquivaba tal petición. Felisa, no quiso seguir, y en un momento dado, se retiró, mientras les decía a las otras que: ella se marchaba. ¡Que no quería continuar!

Berto, se quedó a medias. Ante ello, tomó su ropa y comenzó a vestirse. Pensó que quizás se había excedido. Pero, “habían sido las mujeres quienes lo habían incitado”.

Las mujeres mayores indicaron que preferían marcharse ya, que estaban muy cansadas y con bastante alcohol, por lo que al final todos decidieron dar por terminado el espectáculo. Nancy se enfadó en parte con Felisa por su actitud, pero no quiso forzarla. Berto se quedó intranquilo, por la terminación tan extraña de aquella fiesta. En el fondo se encontraba avergonzado de haber hecho aquello, y por no haberse opuesto desde el principio.

Eran más de la una y media de la noche. Mientras las otras se marcharon, Nancy y Elena se quedaron. Les dijeron que sentían como había acabado todo, pero que le acompañarían hasta el centro. Tras indicarles el hotel donde se hospedaba tomaron el taxi hacia el lugar.

Elena se quedó en el camino, ya que su vivienda le quedó justo en el trayecto hacia el centro. Nancy continuó con Berto en el taxi. Al llegar cerca del hotel donde se hospedaba el hombre, este le dijo: Nancy, si quieres te acompaño a tu casa, para que no vayas sola.

Ella le miró a los ojos, y le preguntó: ¿seguro que no te importa acompañarme?

Por supuesto. Yo regresaré luego. Si me levanto mas tarde tampoco va a pasar nada.

Nancy pese a estar casada, se sentía bastante excitada esa noche. Había presenciado todo el espectáculo, y se había quedado con las ganas. No en vano había visto el tremendo sable de Berto, y en el fondo ansiaba hacer lo que hizo Rosalba. Por otro lado, pensaba que sus compañeras se habían comportado bastante mal con el mismo, ya que primero lo incitaron y luego se echaron atrás.

Ella era consciente de que su marido a “esa noche no estaba en casa”. De hecho, era trabajador de una empresa constructora, y esos días estaba destinado en una obra que realizaban en Salamanca, por lo que solo regresaba los fines de semana. Mientras circulaban hacia su casa, iba pensando en todo ello. Llevaba varios días sin sexo, y hacia casi dos semanas que no veía a su esposo. Se notaba tan caliente que, hasta sospechó que pudiera hallarse en sus momentos fértiles. Aunque no tenía seguridad.

Al llegar a su domicilio, ella le miró a la cara y le dijo: ¿te bajas? ¿podemos tomar una última copa? No quiero que te vayas con mal sabor de boca tras lo ocurrido.

Berto se quedó pensando. La proposición de la mujer parecía albergar algo más. Pensaba regresar en el mismo taxi a su hotel. Pero, ante la propuesta de la mujer, se arriesgó. Pago al taxista, y se apeó junto a Nancy. Una vez fuera, comprobó que se trataba de una zona de edificios un poco alejado del centro. No vio ningún restaurante o bar abierto para tomar la última copa.

Nancy, le dijo: anda sígueme.

Como un autómata la siguió hasta entrar en el portal de uno de los edificios. Tomaron el ascensor hasta una quinta planta. Durante el trayecto, Berto le dijo: ¿Y tu marido?

Ella le miró, y le contesto: No te preocupes. Roberto está trabajando en Salamanca. Solo regresa los fines de semana. Estaremos solos.

Se bajaron del ascensor y la mujer abrió la puerta de su casa. Una vez dentro, ella le invitó a que se sentara la sala de estar mientras ella iba al baño. Mientras orinaba, se percató de que tenía sus bragas completamente mojadas. Se notaba ansiosa, caliente. ¡Tenía claro que necesitaba un polvo! Había traído hasta su propio domicilio aquel hombre, que no conocía de nada, pero que le atraía tremendamente. Sabía el peligro que corría de mantener sexo con aquel extraño, ya que no estaba protegida. Tampoco disponía de condones, su esposo jamás los había usado. Se secó un poco la vagina y salió.

Al llegar a la sala, sirvió dos copas de licor, y se sentó junto al hombre. Tras dar un sorbo a su copa, le miró a los ojos. El hombre al instante descubrió aquella mirada seductora y de mujer en celo.

Sin decirle nada, Berto tomó a la mujer, la atrajo hacia él, besándola en la boca suavemente, con suma delicadeza, casi románticamente. Ella le respondió de buen grado, besándose esta vez de forma más ardiente. Le gusto que el hombre hubiera tomado la iniciativa. Era de las que le gustaban ser sometidas. Pronto Berto comenzó a besarla en el cuello, orejas, para ir bajando, logrando desabrochar la blusa que portaba la mujer. En cuanto visualizó el sostén color piel que llevaba, comprobó que aquella casada portaba dos buenos pechos. Su cara se metió entre el canalillo de dicha prenda, notando los gemidos de la mujer. Despacio, casi suavemente, desabrochó el sostén, y pudo tener a la vista los hermosos pechos de Nancy.

El hombre había conocido que Nancy, pese a llevar varios años de casada, aún no había tenido descendencia. Volvió a mirar aquellos pechos que se mostraban firmes y su verga se increpo. Eran unos senos algo voluminosos, con aureolas, terminando en unos pezones bastante negros y gruesos. Berto se quedó maravillado de los mismos, exclamando: ¡que preciosidad!

-¿De verdad te gustan? Le preguntó la mujer complacida. ¿lo dices en serio?

En lugar de contestarle, el hombre dirigió su boca hacia ellos, y comenzó a lamerlos, pasando su lengua por los pezones abultados. Nancy gimió de placer, tomando de forma instintiva la cabeza del hombre mientras aquel le acariciaba sus pechos. Berto comenzó a dar pequeños mordisquitos a sus pezones, cada vez más duros, haciendo que la mujer comenzara a respirar agitadamente: oh si sigue… uhhh ooo oh si mi amor….me gusta ooo.

La mujer pronto se destapó, y sitió la imperiosa necesidad de tocar el bulto del pantalón de aquel hombre. Había conocido a Berto hacia pocas horas, pero, la estaba volviendo loca con sus lamidas, mordiscos y chupeteos de pechos. Al posar la mano sobre el tremendo bulto, se estremeció. Sintió la imperiosa necesidad de ver aquel sable.

Por ello, pronto procedió a retirar la correa, retirando el botón y bajando la cremallera del pantalón hasta los pies. Observó la hinchazón que aparecía en el slip, y noto que volvió a empapar sus bragas. ¿Oh, chico como estas?

Agitaba, y ansiosa, tiró del slip, y al instante, saltó como un resorte el tremendo falo del hombre, blandiendo una buena erección. Nancy se quedó maravillada, quieta durante un momento observando los genitales del varón. Berto no solo tenía una buena herramienta, bastante larga y gruesa, sino que, además, sus testículos eran de buen tamaño. Pronto su mano atrapó el grueso pene, masajeándolo de arriba abajo, comprobando la longitud del mismo, y especialmente la dureza del sable. Oh joder… ¿qué buen pieza calzas? Se dio cuenta que no tenía nada que ver con los genitales de su esposo. Por ello se apuró a decirle: Oh Berto no se si esto me entrará en mi coñito. Soy bastante estrecha.

Berto le comentó: tranquila. ¡Seguro que podrás con ella! Ya viste que Rosalba pudo sin problemas. No creo que tus vayas a ser menos.

-Ya. Pero Rosalba tiene dos hijos. Yo aún no he sido madre. Le miró, mientras continúa masajeando la tranca del hombre, diciéndole: Joder, me paree que el pene de mi marido no llega a la mitad del tuyo. Y además es mucho más delgado.

Berto, la besó en la boca, diciéndole: Te prometo que te trataré bien. Lo haremos hasta donde puedas. No quiero hacer nada que tu no desees.

Ella le agradó sus palabras, y terminó por decirle: Tengo cierto reparo. Pero, llevó más de dos semanas sin estar con mi marido. Y, esta noche me siento bastante caliente, ¡Sé que necesito un polvo! Por eso me he atrevido a traerte hasta mi casa. Aunque te aseguro que jamás le he sido infiel a mi esposo.

-Yo tampoco he sido infiel a mi mujer. Pero, con una mujer como tú, no me importará serle infiel. le manifestó.

Berto continuó lamiendo los hermosos pechos de la mujer, mientras la mujer se encargaba de manipular adecuadamente su verga, la cual fue adquiriendo unas proporciones escandalosas. El hombre decidió continuar, por lo que fue bajando por el ombligo de la mujer, retirándole la falda que portaba, y dejándola solo con su braga, que más bien parecía una tanga. Con morbosidad añadida, retiró la única prenda que quedaba a la mujer. Tras retirarla totalmente, Berto se quedó asombrado al comprobar el pubis de la mujer con bastante vello negro, pero bien recortado, constatando igualmente los carnosos labios vaginales, de color rosáceo, que brillaban, signo evidente de la excitación de la mujer.

El varón observó la mujer que tenía delante, y alabó la belleza y hermosura de la misma. Era casada, pero aún joven. Totalmente desnuda, verificó que era una hembra hecha y derecha. Su pene emergió aún más, ante la visión de la vagina de la fémina.

-Uhm Nancy. Que preciosidad de coñito. Veo que ya está mojadita.

-Me siento bastante caliente. -le contestó la mujer excitándose al ver como el hombre contemplaba su vagina.

Berto abrió las piernas de la mujer con delicadeza, acercando su boca hasta alcanzar los muslos de Nancy, lamiendo los mismos con morbosidad, para ir subiendo, acercándose pausadamente hasta alcanzar los labios vaginales. Una vez alcanzado el codiciado manjar, paso su lengua por toda la raja en forma de auténtica brocha, de arriba abajo, para luego separarlos los labios vaginales con sus dedos, e introducir su ávida lengua en el interior.

-Oh siii. Oh joder que bien lo haces… oh sigue….

Nancy comenzó a gemir ante las lamidas que le propinaba el hombre. Su marido le había comido el coño en pocas ocasiones, pero nunca con la delicadez y en la forma que lo estaba haciendo Berto. Gimió de forma manifiesta, al comprobar como aquellos lametones se intensificaron, transformándose en chupeteos de su clítoris, que la hicieron revolverse sobre sí mismo en el sofá. Tenía claro que, si aquel varón seguía así, se correría en su boca. Jamás había alcanzado el orgasmo con su marido mediante sexo oral. Pero estaba segura, que con Berto lo alcanzaría.

-Oh cabronazo que bien me lo comes…. Oh si continua así… o siii

El hombre intensificó su chupeteó, con grandes succiones del clítoris de la mujer, el cual tomó entre sus labios, acelerando la convulsión de la mujer. Eso fue suficiente para que Nancy, totalmente enardecida, tomará con decisión por el cuello a aquel hombre, tirando hacia ella, en un intento de restregar todo su coño por la cara del mismo. Comenzó a convulsionarse bruscamente, dando pequeños hínchetes, a medida que alcanzaba el primero orgasmo de la noche.

-Oh joder me vengo… ohh siii

Berto aguantó estoicamente las constantes convulsiones y movimientos bruscos de la mujer. Nancy, presa de auténtica locura sexual, mantuvo sujeta la cabeza del hombre pegada a su abierta vagina, restregando todo su coño en el rostro del mismo, una y otra vez. Cuando por fin llego al éxtasis, apretó fuertemente la cabeza del hombre entre sus muslos, mientras se venía, soltando sus jugos.

El hombre se sintió agitado al comprobar como la mujer apretaba con todas sus ganas los muslos, atrapando su cabeza entre ellos, hasta el punto de que parecía que le iba a faltar la respiración. Solo se sintió algo aliviado con la mujer cedió en dicha presión, y percibió en su boca los jugos de la mujer. Signo manifiesto de haber alcanzado el orgasmo. Fue tal la intensidad de la venida de aquella hembra, que Berto se vio obligado a tener que tragarse parte de los fluidos de la mujer.

Cuando por fin la mujer cedió, abriéndose de piernas, Berto se incorporó, mirando a Nancy a la cara. Observó la cara de auténtica satisfacción de aquella.

-Oh Berto… ¿Dónde has aprendido esto?... Jo me has hecho correr como nunca. Con mi esposo nunca lo había conseguido. Pero tu… Lo miró atentamente, y se sonrió diciéndole: Lo siento. Pero creo que me he corrido en tu boca.

-No importa ha sido delicioso. Celebro que te haya gustado.

Berto se incorporó. Sentía que el sofá no era adecuado para echar un polvo. Miró alrededor, y observó una mesa que parecía ser usada como comedor. Estaba casi libre, y además tenía una altura ideal. Se incorporó, y levantó a la mujer, tomándola en brazos la sentó sobre aquella mesa.

Nancy se quedó sin saber que pretendía. Al ver como la recostaba sobre dicha mesa, abriéndole los muslos, hasta quedar mostrándole toda su vagina al hombre, se percató que se la quería follar sobre la mesa. Esa era una posición que jamás había hecho con su esposo.

Berto comprobó que la altura era la ideal. Él era un hombre alto, y aquella mesa dejaba el coño de la mujer a la misma altura de su cipote. Con bastante morbosidad, comenzó a tocarse el pene, dándole unos cuantos movimientos para ponerlo de nuevo a punto. Cuando observó que volvía a estar a pleno rendimiento, lo acercó a la entrada del coño de la mujer.

Nancy observó la enorme vara del hombre, mucho mayor que la de su esposo. No solo era grande, sino que ella no estaba protegida, y lo iban hacer sin protección. Pero apenas tuvo tiempo de meditarlo, ya que, en medio de dichos pensamientos, sintió la cabeza del pene abriendo los labios vaginales, para insertarse poco a poco dentro de su cueva.

-Oh despacio… oh que grande… oh Berto me vas abrir….ohh

Berto estaba encelado. Su verga había alcanzado una erección de las más poderosas que recordaba. Observó como a pesar de la estrechez de las paredes vaginales, la intensa lubricación de la mujer, facilitó que su verga fuera entrando en ella. A medida que se la iba introduciendo, percibía unos calambrazos en su verga, producidos por la presión que ejercía la mujer, en un intento de retener la penetración. Era evidente que Nancy temía que la rompiera por dentro.

-“Deja entrar en ti Nancy. Necesito clavarte la toda”… uf nena como me estas poniendo. ¿te gusta mi polla verdad?... anda preciosa, relájate… déjame entrar…

-Oh Berto me vas a romper. Me abres mucho- le respondió aquella, temerosa de que la verga del hombre le entrara más.

Berto estaba por arremeter con fuerza y terminar de ensartarla. Pero no quiso dañarla. Espero, sacando y entrando su verga poco a poco, viendo como la vagina de aquella mujer fue cediendo, y cada vez entraba un poco más de su tranca.

El hombre, se dio cuenta que la mujer continuaba con miedo. Pero el necesitaba clavar totalmente su pene en aquella ardiente vagina. Tras pensarlo un poco, aprovechó una de las salidas, para volver a entrar, presionando con todas sus ganas, viendo como terminaba de atravesar las paredes de la vagina de Nancy, e introducía totalmente du falo dentro de ella. Había hecho tope.

Nancy emitió un grito de dolor ante aquella invasión. Su corazón comenzó a palpitar elevando sus pulsaciones de forma alarmante. Sentía como la barrena del hombre la terminaba de atravesar, y se alojaba totalmente en su coño. Le faltaba la respiración. Aquel falo la llenaba totalmente.

-Oh… para..ohh..me las has metido toda oooo

Berto observó con satisfacción morbosa, como toda su polla se había alojado dentro la frondosa y caliente vagina de aquella casada. Por fin estaba dentro de aquella hermosa casada. Noto como sus testículos golpeaban las nalgas de la mujer. Signo manifiesto de que estaba toda dentro.

-Relájate Nancy. Ya está toda dentro….

El hombre esperó unos momentos, hasta que la vagina de la mujer se acostumbrada a las dimensiones de su verga. Luego inició los movimientos “de mete y saca”, inicialmente suaves y constante, para luego ir aumentado.

Nancy pronto se relajó. Tenía una calentura de mil demonios. En ese momento tenía dentro de su coño, el tremendo sable de aquel hombre, que la estaba llevando a la locura. Se sentía llena, pero satisfecha. Jamás había tenido algo tan grande dentro de su vagina. Las fricciones que le producía las rugosidades de aquella majestuosa polla al contracto con las paredes de su vagina, la estaba haciendo gozar como nunca. Tanto que se dejó llevar. La verga del hombre entraba cada vez con más holgura, y sentía como se abría paso una y otra vez dentro su concha. ¡Aquel semental se la estaba follando de maravilla!

-Uhm Nancy. ¿Qué tal te sientes ahora? Te gusta sentir mi polla dentro ¿verdad?… uf tiene el coño bien caliente. ¿La necesitabas?

La mujer lo miró con cara de autentico vicio. Era verdad, aquel macho la estaba follando de maravilla. Sentía como entraba y salía aquel falo de su vagina, abriendo su vagina como nadie lo había hecho hasta la fecha. Se sentía tan bien. Era lo que necesitaba. Estaba enamorada de la polla de aquel hombre. Su excitación aumentó, cuando observó como Berto, comenzó a palpar sus pechos, para luego acercar su boca y volver a lamerlos, chuparlos y mordisquearlos. Su agitación se incrementó. Supo que iba alcanzar un nuevo orgasmo.

-Oh Berto vas hacer que me corra de nuevo. Oh si sigue asi…

-Vamos preciosa. Córrete… dame ese orgasmo. ¡quiero ver como te corres con mi polla dentro! Le incitó el hombre.

Las palabras de Berto aceleraron su venida. Cuando sintió que se venía, se agarró fuertemente al cuerpo del hombre, mientras aquel intensificó el ritmo de su penetración, hasta el punto de que su verga parecía una autentica perforadora entrando y saliendo de la cavidad vaginal de Nancy. Con gritos de autentico júbilo, la mujer comenzó a convulsionarse en la propia mesa, agitándose al ritmo de cada penetración, mientras se venía en un orgasmo intenso y placentero.

Berto se quedó algo inquieto al escuchar los gemidos y gritos de la mujer mientras se venía. Estaban en un edificio, y a esas horas de la noche, posiblemente los vecinos de los lados tenían que darse cuenta. Aun así, siguió dándole caña aquella mujer hasta que terminó de venirse, viendo como aflojaba todo su cuerpo, evidenciando la finalización del mismo.

Tras unos momentos de descanso, salió del coño de la mujer, observando la inflamación de la vagina ante sus agresivas penetraciones. Nancy, observó que el mismo mantenía su erección. Hasta le remordía dejarlo en aquel estado. Aquel semental necesitaba descargar.

-Oh Berto. Me has follado de maravilla. Pero veo que sigues al palo. ¿necesitas descargar verdad?

El hombre le sonrió. En ese momento ella le manifestó: ¿No es que no quiera sentir tu leche dentro de mí?. Me encantaría, pero creo que estoy en mis días fértiles. Me encuentro bastante caliente.

-Lo entiendo Nancy. Eres una mujer extraordinaria. Ha sido un verdadero placer hacerte el amor. Tienes una vagina ardiente, y me ha encantado tener mi pene dentro de ella.

-ya. ¿Se que te hubiera gustado correrte dentro?. Pero,... es un peligro que no debo correr. - le contestó ella, mientras observa la tranca del hombre, aún a pleno rendimiento.

La mujer se sentía aun caliente. Había tenido dos orgasmos muy placenteros, pero la simple visión de aquella daga, la incitaba a volver a clavársela. Se fijó en los grandes testículos el hombre que colgaban entre sus piernas, y no se resistió a la tentación de tocarlos. Su mano se apoderó de los mismos, quedando sorprendida ante el tamaño de aquellos, y especialmente ver como estaban. Parecía que aquel hombre tenía los huevos a reventar.

-Oh Berto. Chico… parece que te fueran a reventar. ¿Cuánto hace que no te corres?

-Más de una semana. -le contestó el hombre.

-Joder…. ¡la de semen que debes tener acumulado! Si dejo que te corras dentro eres capaz de embarazarme. Exclamo aquella excitada, sin dejar de manosear y palpar los huevos del hombre.

Berto se dio cuenta que, pese a todo, aquella mujer estaba muy receptiva. No quería que se corriera dentro, pero en el fondo lo deseaba. Notaba que la mujer no paraba de masajear sus testículos. Por ello tomo la decisión de intentar volver a metérsela. Mientras aquella mantenía una de sus manos en sus testículos, comenzó a besarla en la boca, percibiendo el intenso calor de aquella hembra.

La mujer abrió la boca y comenzaron a besarse como dos auténticos enamorados. Pronto se volvió apoderar de los pechos de la mujer, masajeándolo, para ir bajando hasta alcanzar de nuevo la raja de la vagina de la mujer.

Nancy, vio como su cuerpo se revolucionó de nuevo ante las caricias del hombre. Su cuerpo hervía. Cuanto más palpaba los testículos del hombre, mas ganas le entraban de volver a copular con el mismo y dejar que se corriera dentro. Ansiaba sentir la caliente leche de aquel semental. Pese a que se decía que era una locura, sus ganas de sexo, superaba todos sus prejuicios. En un momento dado, se paró, tomó al hombre de la mano, y lo llevó hasta su dormitorio. ¡Quería que se la follara en su propia cama matrimonial!

Berto no dijo nada. Pero se dio cuenta que aquella mujer estaba a punto de volver a entregarse. Era consciente de que, si volvía a metérsela, se iba a terminar vaciando dentro de ella. Podía embarazarla, pero ardía en deseos de vaciar sus pelotas en aquella ardiente vagina.

Se echaron sobre la cama, abrazándose como dos ardientes enamorados. Nancy lo echó boca arriba sobre la cama, y con cara de autentico vicio se subió sobre él. Acercó su vagina a la altura de falo de Berto se fue dejando caer. De dos sentadas se terminó de clavar aquel enorme falo hasta los mismos huevos.

-Oh cabronazo las sigues teniendo bien dura…

Luego, tremendamente excitada, comenzó a cabalgar a Berto como una verdadera amazona. Subía y bajaba sobre la verga del hombre, retorciéndose su cuerpo, y hasta atreviéndose a realizar movimientos giratorios con su cuerpo, con toda la verga ensartada al máximo. Ella se miró en el espejo de la habitación, y al verse reflejada en él, su excitación aumento. Observó el enorme cuerpo de Berto recostado sobre la cama, mientras ella totalmente desnuda, con sus tetas desnudas y colgando, saltaba cobre el hombre clavandose una y otra vez su pene. Eso la enceló de tal forma, que sin poder contenerse comenzó a convulsionarse alcanzando el tercer orgasmo de la noche.

Cuando terminó, Berto la giró, quedando la mujer debajo y el encima. Volvió a clavar de nueva a la mujer, metiendo su tranca con gran énfasis. La comenzó a bombear sin piedad. La mujer sorprendida ante las arremetidas del semental, comenzó a gritar. Tanto que contra todo pronóstico volvió convulsionarse, meneando sus caderas buscando la estocada final que la llevara al orgasmo.

Pero, en ese momento Berto estaba también por llegar. Ella se dio cuenta. Sabía que estaba a punto de correrse, pero ella también lo necesitaba. El hombre se recostó totalmente sobre ella mientras la clavaba una y otra vez, diciéndole al oído: -oh Nancy. Me voy a venir. ¿quieres mi leche? Tengo los huevos muy repletos, necesito descargarlos.

La mujer se agitó ante aquella petición, exclamando: Oh Berto… ¡me vas a terminar preñando! oh joder me voy a venir.

Al ver como se inflaba la verga del hombre dentro de su coño, se dio cuenta que aquel estaba a punto. Se iba a venir dentro de ella. Y ella no estaba protegida. Su agitación aumentó de tal forma, que no tuvo fuerzas para impedirlo, realizando movimientos de ir al encuentro del pene del hombre, propiciando que, con esos movimientos, Berto perdiera el control. Descontrolado vió como emergía a gran velocidad su caliente semen. Ya no había marcha atrás, se iba a correr dentro de aquella casada.

Arremetió con todas sus fuerzas, clavando profundamente su verga, al tiempo, que salía lazando con gran potencia, los primeros chorros de su espeso semen. Se estaba viniendo dentro de aquella mujer.

Mientras seguía eyaculando entraba y salía de la mujer, viendo como Nancy encontraba nuevamente su orgasmo. Se estaban viniendo al unísono. Berto, no paraba de descargar en el interior de aquella ardiente vagina, metiéndole las manos por debajo del vientre de la mujer, y apretándole fuertemente su clítoris, con la finalidad de que su clavada fuera los más profunda. No paraba de correrse. Hasta el propio Berto se sorprendió por la cantidad de leche que depositó dentro del coño de la mujer.

Cuando por fin acabaron, se quedaron en la misma posición durante unos momentos. Nancy aún agotada por sus intensas corridas, le miró a la cara y le dijo: Oh Berto. Nunca me han llenado de esta forma. Me has echado tanto semen que seguro que vas a dejar embarazada. Me siento llena. Y besándolo en la boca, le dijo: pero, ¡se siente tan calentitoooo!.

Tras un rato, Berto hizo amagos de querer levantarse para marchar a su hotel. Miró el reloj y eran mas de las tres de la noche. Nancy se dio cuenta y le dijo: Ahora no encontraras un taxi. Anda quédate hasta por la mañana.

Berto la miró. Se sonrió. En parte era verdad. Encontrar un taxi a esa hora era difícil. Miró el cuerpo desnudo de la mujer, y en su pensamiento se imaginó que volvería a copular con la misma antes de marcharse.

Nancy, se sonrojó. Se imaginó lo que estaba pensando el hombre. Agitada le dijo: ¡anda durmamos un poco!. Estoy agotada.

...