Sombras del olvido
Érica siempre siguió las reglas, pero cuando el paciente desconocido cruzó su camino, la ética médica se desvaneció. En la soledad de un pueblo pequeño, una doctora y un hombre sin pasado descubren que el amor no necesita recuerdos para nacer.
Sombras del olvido
Introducción
Érica
Recuerdo que era martes y, como todos los martes y viernes, atiendo a pacientes ambulatorios, en el centro de salud de Arroyo el Tero. Este pequeño y pintoresco pueblo, que toma su nombre del curso de agua, que en su extenso recorrido, lo surca, de este a oeste
Estoy terminando de atender al último paciente y, al momento que le estoy extendiendo una receta, y dando las indicaciones respectivas; percibo, desde algún sector del dispensario, un bullicio un tanto extraño. Salgo del consultorio, y escucho que un empleado me llama; acudo prestamente y, se me informa, que un vecino, dio parte de una persona accidentada a la vera del camino que bordea el arroyo y, al parecer, estaría en grave estado. Se me hace saber también, que lo están trayendo en un vehículo particular, y, me informan, que el médico de guardia está atendiendo, a una persona que llegó con un inconveniente, que si bien no es grave, pero está, en este momento requiriendo toda su atención. Me dicen que, a esta hora, ya no quedan profesionales que puedan tomar una determinación de qué hacer, salvo usted doctora. ¿Cómo? ¿de hacer qué?, pregunto. Me responden. Cuando llega algún accidentado, si no es muy grave, le damos los primeros auxilios y, esperamos que el médico de guardia lo pueda atender, pero, si la condición es de gravedad, como nos están advirtiendo, si hay que llevarlo al hospital, eso lo decide un profesional médico. Bueno, dije, prepará la ambulancia, si hay que trasladarlo, no hay que perder tiempo, yo me hago cargo.
Cuando el accidentado fue recepcionado en la guardia, lo subieron a una camilla, lo llevaron a la sala de urgencia, y allí, comenzamos a asistirlo. Examiné la tensión, ritmo cardiaco, fondo de ojo, respiración. Todo indicaba un marcado deterioro en el estado general del paciente. En tanto que, el personal de enfermería, limpiaban y desinfectaban las heridas, aplicando compresas, para detener el sangrado. Ante la constatación de que, había perdido mucha sangre, estaba inconsciente, con la tensión y el ritmo cardíaco totalmente fuera de lo normal. Tomé la decisión de trasladarlo al hospital.
Junto con una enfermera fuimos asistiendo al paciente, suministrando oxígeno, controlando el ritmo cardiaco y la tensión. Ni bien llegamos, un equipo médico nos estaban esperando. Ahí terminó mi intervención. Se hicieron cargo de la atención, el personal médico de urgencias del hospital.
Me quedé esperando alguna novedad y, despues de bastante tiempo, que se podría medir en horas, salió uno de los médicos que lo estaban atendiendo, me acerqué a él, conozco al profesional, y le pregunté sobre el estado del paciente.
Me dijo: Érica, el muchacho que trajeron está fuera de peligro, fue transfundido, Había perdido muchísima cantidad de sangre, y eso agravó el cuadro infeccioso que tenía en las manos, si se demoraba un poco más, podría haber tenido un principio de infección con consecuencias graves.
Tuvo que ser suturado en diversas partes, algunas heridas eran realmente importantes.
Tiene fracturadas las falanges en algunos de los dedos de las manos, y otra fractura en el antebrazo izquierdo. Cuando salga del cuadro actual, y todos los signos estén estables, lo vamos a tratar en el tema de las fracturas y, le haremos una tomografía computada y resonancia magnética para ver si tiene lesiones internas.
Le di las gracias a Juan Carlos, me saludó y se retiró. Sin saber porque, me quede esperando. Lo debieron haber llevado a terapia intensiva, pero había poca disponibilidad, y, como estaba fuera de peligro, prefirieron dejarlo internado en terapia intermedia. Me quedé cuidándolo.
Soy parte del personal médico y atiendo en este establecimiento los días lunes, miércoles y jueves. los días martes y viernes lo hago en el centro de salud en Arroyo El Tero. Yo, al igual que todo el personal médico y de enfermería que atienden en ese centro de salud, pertenecemos a la planta permanente del hospital provincial. El centro de salud, administrativamente, depende de la delegación municipal, por ende, todo el personal que no forma parte de los equipos de salud, son empleados municipales.
Durante varios días estuve concurriendo a visitar al paciente, que se estaba recuperando. El diagnóstico fue: pérdida de consciencia por conmoción cerebral. Me dijeron: vamos a tener que enviarlo al pabellón de salud mental, hasta que recupere la consciencia, aquí necesitamos la cama para casos más complejos.
Fui y hablé con gente de la administración del hospital, para ver si podrían autorizar, que la recuperación, como ha ocurrido en otras oportunidades, con otros pacientes en recuperación, pueda ser alojado en la posada de Amanda, que para estos casos, tiene convenio con la subdelegación municipal y el hospital provincial, por la razón de la escasa disponibilidad de camas en el centro de salud. Es probable, argumenté en el pedido, que, por haber sido hallado, en las inmediaciones del pueblo, por allí sea factible, conocer su origen y filiación.
Al otro día el paciente era trasladado a la posada de Amanda, ubicada cruzando la calle del centro de salud.
Estaba inconsciente, no tenía documentación, que nos permitiera conocer su filiación, y tenía las manos destrozadas y, no se podía escanear sus huellas dactilares, que nos hubieran permitido saber quien es.
A partir de ese día me hice cargo del cuidado de ese paciente desconocido. Nunca nadie se enteró, en el centro de salud, salvo Amanda, que los trámites para ser alojado en la posada los realicé yo, y, que muchas noches en el hospital, estuve cuidando de él.
¿Qué fue lo que me llevó a hacerlo? En ese momento no lo supe, pero más adelante sí, el que lo supo todo el tiempo, fue mi corazón: apasionado, incorregible y soñador.
Todos los martes y viernes iba controlando su recuperación. Cuando terminaba de atender en el centro de salud, cruzaba a la posada de Amanda para revisar y controlar la evolución del paciente desconocido. Cuando recobró la consciencia, no se pudo saber nada de él. Estaba en estado de amnesia.
Con el transcurrir del tiempo, y el aquerenciamiento en el lugar, por parte del paciente desconocido, surgió un gran afecto entre nosotros, y yo, terminé enamorándome del señor desconocido, al que luego lo llamamos Mariano Nose, en un documento que le extendimos, desde la delegación municipal y el sub destacamento policial. Esta relación marcaría mi vida para siempre. Los cuatro años más hermosos de mi vida los fueron al calor de sus abrazos, de sus caricias, de sus besos, y esa intensidad, que despertaba en mi piel, tanta pasión y ternura.
Esto me llevó a hacerme cargo de la dirección del centro de salud. Vacante que llevaba bastante tiempo sin ser cubierta, y me permitió quedarme a vivir con “Mariano”
Cuando comenzó a recuperar la memoria, donde yo tuve una participación decisiva, supimos que su nombre era Víctor. Al recuperar la memoria, definitivamente, tuvimos que estar varios días en mi departamento en la ciudad, yo estaba realizando una serie de trámites que tenía pendiente desde hace algún tiempo, entre ellos, un permiso para acompañar a Víctor en su regreso al lugar donde nació y vivió; hasta antes de aparecer por acá, y modificar mi vida para siempre. También, el equipo de salud mental del hospital, que lo atendió durante todo ese tiempo, querían evaluar la recuperación para darle el alta definitiva.
En el tiempo que estuvimos en mi departamento, Víctor lo utilizó para redactar todo lo ocurrido y, con su particular modo de escribir, lo hizo en una tablet.
Cuando terminaron, las evaluaciones médicas, mis gestiones y trámites, volvimos a nuestro querido pueblo de Arroyo El Tero.
Nos preparamos y, a los pocos días, emprendimos la partida. Los socios de Víctor contrataron los servicios de una Caravan siete asientos con chofer y allí íbamos, juntos con sus padres, de regreso a su pasado.
Víctor, despues que comenzamos el viaje, sacó la tablet y estuvo escribiendo durante un buen tramo del recorrido, luego la guardó en un estuche y me dijo: no sé con lo que me voy a encontrar. Pase lo que pase, quiero que sepas que te amo. Mi corazón y mi mente estarán siempre prendados de tanto amor. Tomá, guardá esto que es mi historia. No fue ningún golpe, caída, ni sacudón, lo que me produjo la pérdida de memoria, sino, mi escasa capacidad para soportar el dolor, que provocan en mí, las emociones traumáticas.
Lo que me dejó devastado no fue la infidelidad, sino, la traición de la mentira, de manera tal que pensé que todo había terminado. Maia era todo lo que le daba sentido a mi vida y con sus mentiras todo había perdido sentido para mí.
Hizo un breve silencio tomó mis manos y agregó: negros nubarrones penden sobre mi precaria salud física y mental. Tengo miedo de recaer y que vuelva otra vez, a mi mente, esa nebulosa, y ya no podrá volver a responder. Si esto ocurre, no podré recuperarme. Lo que sé, es que aunque mi memoria se vuelva a perder, junto con mis recuerdos, quiero que sepas, que siempre estaré regresando a ti, donde tú estés, aunque yo no esté, ese, será mi lugar en el mundo.
Se que lo racional, contemplando mi particular sensibilidad, que me hace vulnerable a situaciones, como sospecho y temo, son con las me voy a encontrar, no debería estar haciendo este viaje, pero debo afrontarlo, si quiero continuar mi vida a tu lado, sin fantasmas, ni traumas.
…………
El plateado cenizo de algunos arbustos, el rojo y el dorado de los arces, el tono amarillento de las alamedas y, con el ocre mustio de los pastizales; el paisaje otoñal de este pintoresco valle, un tanto escarpado, rodeado de pequeñas elevaciones, de una muy antigua orogenia, adquiere un cierto halo de tristeza, al momento que el sol, anuncia en el firmamento, la inminencia del crepúsculo.
Mientras qué, en su raudo, y la vez, sereno andar del vehículo, en el que: Víctor, Érica y los padres de él, van dejando atrás, algo más que un lugar o un punto geográfico, sino, el tiempo de una historia de amor, que conmovió el corazón tanto de ella como el de él.
Los ojos de Víctor, con los últimos destellos de luz de la tarde, intentaban retener en sus retinas, esa sinuosa y accidentada geografía, que hasta no hace tanto tiempo, fue todo su mundo, y, en su corazón, la presunción y la angustia, de que no volverá a ver ese paraíso, en donde, de una manera muy especial, sufrió el tormento de tener clausurados sus recuerdos, y a su vez, un tiempo de una felicidad intensa e inmensa, que regocijó su corazón y su alma.
Sus recuerdos, su propia historia personal, su memoria, que desde hace tanto tiempo estuvo sitiada por esa nebulosa, que sumergió, en ese pozo oscuro del olvido, cualquier vestigio de vivencias anteriores, donde quedó extraviado su pasado y, su vida, quedó sumida en las sombras del olvido.
Tratando, y sin poder creer, que logre evitar, que los recuerdos no lo vayan a golpear tan devastadoramente, como lo hizo la realidad, en aquellos tiempos.
Se aferró a las manos de Érica, miró el cielo diáfano y estrellado, y se quedó con su mirada puesta en el infinito, mientras el vehículo iba devorando las distancias.
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Sombras del olvido
Capítulo 1
Víctor (Primera parte)
El proceso de recuperación de mis padecimientos cognitivos fue muy lento, una amnesia, que recién comenzó a ceder despues de tres años y, para la recuperación total, todavía tendría que pasar algún tiempo más. Pero, como reza el viejo adagio: no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague.
Un buen día, alguien me reconoció; eso trajo aparejado que se hicieran algunas averiguaciones y, con la amorosa ayuda de Érica, algunas imágenes comenzaron a aparecer en mi mente, fundamentalmente, las del accidente, hasta llegar a esta pesadilla final, de recordar casi con precisión, todos los acontecimientos de aquellos días y sus actuales consecuencias.
…..
Al ir recuperando mi memoria, pude recordar, que viajé a mi ciudad natal, fue para ver por última vez a mis amados viejos, mis queridos hermanos y algunos amigos del alma, para luego subir al auto, ponerlo en marcha, y largarme a la ruta. Me estremezco al pensar, que la idea, fue la de estrellarme contra algunos de los álamos que están al costado del macadam de la ruta interdepartamental.
Algo pasó, que mi mente se puso en blanco. Conocía que en el pasado, este tipo de síndrome, por exceso de tensión y de estrés, lo sufrían algunos conductores del transporte urbano de pasajeros de las grandes ciudades. Por lo caótico que era ese trabajo, en aquellos tiempos, en algún momento del trayecto, dejaban de tener conciencia de lo que estaban haciendo, se les ponía la mente en blanco, y, al final del recorrido, no tenían idea de cómo habían llegado. Sueño blanco lo llamaron. No recordaban nada.
No era mi caso, pero la tensión y el estrés, era algo de lo que estuve padeciendo durante esos últimos meses, y se agravó, con los hechos que me llevaron a tomar la determinación de querer acabar con mi vida.
Terminé en un camino vecinal, en una zona rural escarpada y muy alejada de mi lugar de residencia, y con el auto desbarrancado, en un desnivel de unos diez metros. El rodado quedó dado vuelta, y toda la parte delantera averiada. El desnivel, tenía que ver con una suerte de cañada, que es el cauce de un arroyo, no muy caudaloso, pero que, en épocas de lluvias, por ser cuenca de una amplia región, una buena parte de esos díez metros, y, debido a una marcada pendiente del terreno, quedan cubiertos por una potente correntada.
El auto quedó tapado por matas de totoras y las enramadas de diversos arbustos del tipo de la Zarzamora, que impedía ser visualizado desde el poco transitado camino que, por tratarse de una recta, y ser zona de difícil acceso, nadie podría reparar en el vehículo siniestrado.
Al poco tiempo empezaron las lluvias y, por la turbulencia de las crecientes, el vehículo, debe haber sido arrastrado por la correntada. Pasado algunos meses, despues de haber desbarrancado, en la época de bajante del río, que por ser en esos meses, escasa la cantidad de lluvias. A una distancia apreciable; fue descubierto el vehículo, más allá de la desembocadura del arroyo el Tero, que es afluente de ese rio de un importante caudal.
…..
Lo que recuerdo, es que para salir del vehículo, tuve alguna dificultad, porque tenía puesto el cinturón. Para quitarmelo, al quedar el vehículo dado vuelta, el techo se convirtió en piso, y quedé con la cabeza apuntando hacia abajo; pude evitar el golpe, gracias a que el airbag se había activado y, al soltar el cinturón de seguridad, pude usarlo, para amortiguar la caída.
Al haber quedado el auto dado vuelta, lo único que se me ocurre suponer es que, al bajar del coche y, por no haber tenido inconveniente en abrir la puerta, por la inclinación en que habría quedado, ésta se debe haber cerrado, y no recuerdo que el parabrisas haya estallado por el impacto, que no debió haber sido tan fuerte, porque supongo, que no debo haber venido a alta velocidad y, el impacto fue amortiguado por la maleza, muy tupida en ese lugar.
Cuando llegaron las crecientes, el rodado que era un auto nuevo y, diseñado para soportar este tipo de circunstancias (haberse dado vuelta) la cabina era casi hermética. Pienso que debe haber flotado, durante algún tramo y esto facilitó que la corriente lo haya arrastrado a tanta distancia. Todo esto no es nada más que una especulación, una presunción de lo que pudo haber ocurrido.
Una vez que pude descender del auto tuve que andar un breve tramo, bordeando el arroyo, hasta encontrar un lugar que me pareció que se podía subir para volver al camino. La pendiente parecía menos vertical de lo que realmente era. Intenté subir y, cuando estaba llegando a la parte más elevada, me agarré de una piedra que estaba floja, y me desbarranque. Para evitar la caída, trate de frenar el deslizamiento intentando asirme de cuantas piedras maleza o cualquier otro elemento que tuviera a mano en mi caída y, lo que logré, fue que mis manos quedaran destrozadas por el roce con las piedras, y los espinos de algunas malezas de las que traté de sujetarme para evitar la caída en esa pendiente. Cuando mi humanidad golpeó en el piso, unas cuantas piedras que se soltaron al intentar, con mis manos, evitar la caída, algunas golpearon mi extremidades y, además de tener destrozadas mis manos también tenía algunas falanges de mis dedos fracturadas, la infección estuvo cerca de convertirse en un principio de gangrena.
Despues de la caída y, a consecuencia del golpe, no recordé nada más, supongo que fui bordeando el arroyo, hasta que encontré un lugar que me permitió subir al camino. No recuerdo cuanto tiempo pude estar caminando, ni la distancia que debo haber recorrido. Creo que me desmayé y fue en el lugar donde me rescataron.
Lo que sí puedo recordar, de ese tiempo, es que desperté todo dolorido en la habitación de una posada, y tenía enyesado el antebrazo izquierdo y ambas manos, y puntos de sutura en varias partes del cuerpo.
Cuando quise incorporarme, el dolor fue tan intenso, que solté un grito tal, que hizo, que Amanda, la dueña de la posada, llegara a mi lado, tomara una jeringa, y me aplicara un calmante, que logró aliviarme.
Sin tener idea de donde estaba, y todo lastimado, cuando sentí que el dolor había disminuido, entonces miré a esa agraciada y agradable señora, y le pregunté: ¿quién era ella? y que hacía yo ahí. Fue tremenda la angustia que sentí, cuando ella me preguntó: ¿y tú?, ¿quién eres?. No supe qué decir. Comencé a preguntar ¿qué hacía ahí?, ¿quién era ella?. Amanda, me dijo. Me contó, que un vecino me encontró tirado e inconsciente al costado del camino que bordea el arroyo el Tero; llamó a la delegación municipal, te cargó en el asiento trasero de la camioneta con doble cabina, y te trajo al centro de salud, donde una doctora y un grupo de enfermeros, te dieron los primeros auxilios y tomaron la decisión de trasladarte al hospital. Allí te realizaron las curaciones y los estudios pertinentes que se hacen en estos casos.
Por las heridas que tenías, perdiste mucha sangre, y, te tuvieron que transfundir. Te realizaron una tomografía y resonancia magnética. No detectaron lesiones internas. La pérdida de consciencia se debe a algún golpe o sacudón, pero no existe ninguna evidencia de traumatismo. Aparentemente se trataría de una conmoción cerebral, sin consecuencias serias, que te produjo pérdida de consciencia, que son uno de los tantos síntomas, que provocan este tipo de contusiones, que pueden ser graves, pero este no sería el caso.
Cuando estuviste fuera de peligro, en una ambulancia del hospital, te regresaron al pueblo nuevamente y, a la espera, de que en algún momento, recuperes la consciencia.
El hospital y la delegación municipal, que administra el centro de salud y, para que no ocupes una cama, ni en el hospital ni tampoco en el centro de salud. Aunque ella no lo haya dicho, yo me enteré, que por la gestión de la doctora, que te atendió, cuando llegaste moribundo al centro de salud, te trajeron acá.
Porque he sido, mejor dicho, soy enfermera diplomada, y, como ya ha ocurrido en otras oportunidades con otros pacientes, en proceso de recuperación, te trajeron a esta posada y te dejaron a nuestros cuidados, hasta que recuperes la consciencia, cosa que acaba de suceder.
El sub destacamento policial está esperando que puedas prestar declaración, para determinar de que manera ocurrió que te rescataran en esas condiciones. La hipótesis que tienen son varias, la de que te hayan atropellado, se ha ido dejando de lado, por la ausencia de lesiones que indiquen esa posibilidad. La otra posibilidad es un ajuste de cuentas, pero nada indica que lo que te pasó haya sido una paliza. Lo real es, que por milagro, no estés muerto.
Te sacaron una foto, posiblemente, no la más favorecida, y la enviaron a todas las reparticiones de la región, pero hasta ahora no hubo novedad de quién eres. En cuanto puedas viajar, tendrás que presentarte en la sede de la policía departamental, para que te tomen las huellas dactilares, aunque en las condiciones que te han quedado las manos, va a ser muy difícil que te las puedan escanear. Miré mis manos, y las tenía todas vendadas. Cuando recuperé la memoria, recordé, que casi todas las heridas, me las hice al caer deslizándome por la ladera, cuya inclinación era casi vertical.
Me enviaron nuevamente al hospital, para una evaluación de mi estado de salud; al no presentar ninguna lesión, ni traumatismo, dedujeron que la pérdida de memoria, además del golpe, puede haber alguna perturbación de tipo emocional o mental, que está comprometiendo la recuperación en la parte cognitiva.
Quedé bajo la observación y evaluación médica de Érica Ferrero, médica clínica, que viene dos veces por semana (martes y viernes) para atender el consultorio del centro de salud, y que fuera quien me recibió, cuando me trajeron después de que me hallaran a la vera del arroyo. Todos los Martes y viernes, antes de retirarse para tomar el colectivo, que la lleve de vuelta a su casa, en la ciudad cabecera del departamento; cruzaba hasta la posada, para revisarme y tomar nota de mi evolución.
Pasadas algunas semanas me quitaron el yeso y, de a poco, fui recuperando la movilidad perdida. Lo que me llevó más tiempo, fue recuperar la movilidad de mis manos. Las yemas de los dedos como el resto de mis manos habían quedado en carne viva y debí, por un tiempo, usar guantes o dedales de látex, cada vez que tenía que usar las manos para poder agarrar algo y, con las cicatrices que iban a dejar las marcas de las heridas, iba a ser difícil que puedan, por lo menos por ahora, y no se más adelante, identificarme por las huellas dactilares.
De manera inmediata comencé a reconocer algunas cosas; pero, de lo que me pasó, cuando me rescataron a la vera del arroyo El Tero, mi identidad, donde vivía, las personas del núcleo familiar y de mi entorno. Esa parte de mi vida, me llevó bastante tiempo para comenzar a recordar. Lo que reconocí, al poco tiempo, fueron mis conocimientos informáticos. Mi primer trabajo fue reparar el teléfono móvil de Érica, que muy agradecida, prometió investigar dónde podría encontrar a mi familia. Le pedí que no lo hiciera, desconozco cuales han sido las circunstancias que me trajeron hasta acá, y, por lo que me dijeron en el hospital, respecto a que puedo estar afectado emocionalmente, me da por pensar que si ellos estuvieran al tanto de mi viaje, ya deberían haberme encontrado. Esta circunstancia me hacer suponer que algo no está claro. Quería estar consciente de todo, antes de intentar volver a ese, que podría ser mi mundo. Nunca terminaría de lamentar esa decisión. aunque sospecho, que dificilmente Érica, hubiera tenido éxito en esa búsqueda.
Al poco tiempo comencé a hacer mantenimiento de equipos informáticos y de comunicación, en las distintas oficinas, donde funcionaba la delegación municipal y otras dependencias, el sub destacamento policial, la pequeña escuela del pueblo, y, por supuesto el centro de salud. Me alquilaron una pequeña casa, donde puse mi taller y, desde ahí, me dirigía a todos los lugares donde eran requeridos mis servicios, y también, comencé a reparar teléfonos, notebook y PC a particulares. Tener un tipo que te pueda asistir en cuestiones informática y tecnológicas por esos lugares apartado, era para el municipio y unos cuantos vecinos más, un alivio. Cada vez que surgía algún problema, tenían que cargar el equipo, e ir a la ciudad. Por ser un indocumentado, me pagaban desde una cuenta que llamaban "caja chica". No era un gran sueldo, pero cubría los gastos y, las reparaciones y arreglos que hacía en forma particular, incrementaban mis ingresos.
Érica continuó su rutina de verme dos veces por semana, despues de atender las consultas en el centro de salud, se ocupaba de evaluar mi estado de salud, en un primer momento, lo hacía yendo a la posada, y despues a la que era mi casa, donde la esperaba con la merienda, a la que dábamos cuenta con muy buen apetito. Después, mientras me tomaba la tensión, la temperatura, fondo de ojos etc. me contaba cómo habían sido sus días en sus trabajos, y las anécdotas que ocurrían en su entorno laboral y social, Y yo la ponía al tanto de las cosas que ocurrían en el ámbito de la delegación, y algunas cosas más que me podría haber enterado. Estas charlas no podían extenderse por mucho tiempo, porque el colectivo, que tiene que llevarla a la ciudad cabecera del departamento, pasa a la seis de la tarde, y no había otro hasta la mañana del día siguiente.
Me resultaban muy agradables esos momentos que pasaba con ella. No lo iba a negar, era una muchacha tan dulce y bonita, no era una belleza deslumbrante, pero era bonita, como casi todas las mujeres bonitas con las que uno se cruza cotidianamente. Con sus cabellos recogidos, su cofia. Resumiendo: me hacía sentir bien y realmente me gustaba. La única manera de hacerselo saber era cuando me quedaba mirándola a sus ojos con algún grado de embeleso, Alguna vez, también la he sorprendido a ella mirándome, pero estaba inhibido de cualquier tipo de insinuación, el temor de perder su amistad me lo impedía.
Todo iba transcurriendo en ese devenir, hasta que una tarde de viernes, la conversación se extendió, y, ¡oh! Se hizo tarde, ya pasó el colectivo. ¡Lo perdí!. Le dije que no se preocupase, que ella podía dormir en el dormitorio, y yo, lo haría en la cama de una plaza, que hace las veces de sillón, en una suerte de living, que hay en la pequeña casa. Me dijo que algunas veces le ha ocurrido de tener que pasar la noche en el pueblo, y Amanda, siempre la recibe en la posada. No quise insistir por temor a que piense que estuviera interesado en otra cosa, a pesar que, si ha habido alguna insinuación, muy sutil por supuesto, casi trivial diría, ha venido de parte de ella. Le dije ¿no me irás a rechazar la invitación a cenar?. De lo que estoy seguro, le dije, es que la cocina no a sido mi fuerte, porque tuve que conseguir un libro de cocina, cuando me di cuenta, que lo único que me sale bien son los huevos fritos revueltos con salchichas de viena, pero tengo en vista una receta que hoy podría ser la oportunidad para intentar realizarla. Me miró con una dulzura tal que me quedé casi obnubilado en esos ojos y en esa mirada, me dijo: dejame ver que tenés en la cocina, ya veo que llevas mucho tiempo sin disfrutar de un buen plato de comida. Miró la vieja heladera, que al igual que todo lo que tengo en la casa, los reparé y los volví a poner en funcionamiento; mesa, sillas, heladera, cama etc, que estaban arrumbados en el depósito de rezagos de la delegación municipal.
Érica, despues de revisar la heladera, la cajonera de las verduras y la alacena, me miró y me dijo: ¡es cierto!; huevos, salchichas de viena, papas y aceite en cantidad. Así, aparte de no recuperar la memoria, vas a terminar perdiendo también el hígado. Jajaja no seas mala. Vamos a hacer una cosa, me dijo, iremos a comprar un poco de mercadería y te voy a preparar una rica y nutritiva cena.
La miré con toda la ternura que me despertaba esa muchacha, y le dije: estoy a su disposición Doctora. Me dijo, me voy a cambiar, así dejas de llamarme doctora. No sé como estará la ropa que tengo en el troley. Cuando salgo de mi casa, para venir a hacer los ambulatorios, tomo lo que médicamente tengo que traer, agarro el troley, donde llevo ropas, por las dudas que necesite cambiarme, y que debe hacer más de un mes que no lo reviso. ¿Por casualidad? ¿funciona el agua caliente?. Por supuesto que sí, ya te llevo un toallón.
Se dió una buena ducha y, para no incomodarla, me alejé del lugar por donde ella tenía que pasar, para ir al dormitorio a cambiarse. A la espera que terminara de ducharse y de vestirse, me fui al pequeño garaje que, aparte del portón de entrada, tiene una puerta que da a la cocina. Ahí es donde tengo el taller que está equipado con herramientas y equipos, que para desarrollar mi tarea, me han suministrado desde el municipio. Encendí la vieja PC, entré en youtube, para escuchar algo de música, abrí otra ventana y me puse a ver si encontraba alguna peli o serie para ver despues de cenar. Cuando escuche el particular sonido de los tacos de zapato de mujer; me llamó la atención, porque andaba vestida con el típico uniforme médico de color verde marino y zapatos tipo mocacín de color claro. Escucho que me llama, diciéndome: ¿a donde esta señor Desco?. Así me llamaba, utilizando el apócope de desconocido; luego me darían un carnet de identificación, extendido por el municipio y con un sello del sub destacamento (de una dudosa validez legal) que me lo gestionó Érica y que me bautizó, sospecho que con la complicidad de algún gracioso, con el nombre de Mariano Nose.
Me levanté para ir hacia ella y, cuando me di vuelta, Erica entraba al taller. Lo que vi fue alucinante: tacos altos, pantalón vaquero de jean elastizado, super ceñido y, cubriendo su torso, me dijo que era un top bandeau, que le dejaba al descubierto la mitad de sus senos y el ombligo, y su espalda al aire, cruzada por un cordón elastizado que sujetaba la prenda. Sus cabellos sueltos, de color castaños claros, con sus bucles cayendo de sus aladares en forma de cascada, hasta llegar a rozar el inicio de la sensual turgencia de sus senos, donde se le forma un canalillo que deja sentado claramente la magnitud de los mismos. Vi, en sus bellos ojos, cómo se disparaba una mirada insinuante y, de su rostro enmarcado por la caída aluvional de sus cabellos, que hacían resaltar sus ojos color miel, el rojo carmín de sus labios y la tersura sonrojadas de sus mejillas.
La muchacha común había desaparecido. Nunca pude imaginar que debajo del uniforme de médica existiera ese formidable cuerpo de mujer y su rostro de chica linda se transformó en un sino del deseo de una mujer extraordinariamente hermosa. Sin poder salir de mi asombro, lo único que se me ocurrió decir fue un chiste malo, al preguntar: ¿no vió usted a la doctora Érica?. Ella soltó una carcajada contenida y me preguntó: ¿que te hace suponer que no soy Érica?. No se de donde saqué las palabras, solo recuerdo que le dije: Érica es una muchacha sencilla como yo y como lo somos todos por aquí. En cambio usted es toda una diosa, ante quién, lo único que puedo hacer es postrarme a sus pies y obedecer ciegamente a sus deseos. Volvió a reir y me dijo: eres todo un chamuyador ¡Que labia!. Le devolví la risa y le respondí: vas a volver loco a todos los tipos que te vean por la calle. Se acercó hacia mí, con sus manos tomó las mías, me miró con una dulzura infinita, y me dijo: no pienso ir a ningún lado, porque al único que quiero volver loco es a vos. Cruzó sus manos sobre mi cuello y me besó apasionadamente, a lo que yo respondí con toda mi efusividad.
Bueno. No salimos a ningún lado, y, de alguna manera, se repitió el menú de casi todos los días, pero con una variante de calidad, el menú fue: tortilla de papas con salchichas deviena hervidas. Mientras semi desnudos cenábamos, me dijo: que era la cena más hermosa que jamás había tenido. Por supuesto, que el plato de entrada, y el postre, fue el menú más repetido durante toda la noche
A la mañana del sábado, despues de desayunar, lo volvimos a hacer. Nos duchamos juntos, nos vestimos, ella lo hizo con un pantalón amplio y una camisa que no resaltaba nada de sus atractivos, pero así, con sus cabellos cayendo en cascada, cubriendo parte de sus mejillas y, haciendo resaltar el rojo carmín de sus labios y, el color miel de sus ojos, se veía maravillosamente hermosa. Fuimos a hacer las compras, trajimos bastante mercadería, que eligió ella, y le dije: esto para mí va a ser mucho, y me respondió; salvo los miércoles a la noche, el resto de los días, voy a estar contigo. Le dije: ¡no me ilusiones!. Me respondió: los jueves atiendo en el hospital y salgo a la una de la tarde, a esa hora no tengo colectivo, pero tengo auto, así que tipo tres de la tarde voy a estar llegando. Como los viernes atiendo aquí, entonces me quedo hasta el lunes a la mañana, que regresaré al hospital y, a la noche estaré aquí para atender a mis pacientes como lo vengo haciendo todos los marte y, los miércoles de mañana, viajaré para presentarme en el hospital, y eso si, no regreso hasta el jueves a la siesta, donde me ducharé y tu me darás la bienvenida que me merezco.
Salvo que tengas algún reparo a estas sugerencias, prácticamente vamos a ser pareja, a lo que dure. Cuando recuperes la memoria, después, habrá que atenerse a lo que sea. Decidí venir a atenderte aquí para estar contigo y que me prepares tan ricas meriendas. Sentí algo que me tocó al conocerte y, al saber que el problema que tienes, no puede cambiar tus modos, tu sensibilidad, lo que siempre debes haber sido: amable, simpático, inteligente y bondadoso y también, esa sonrisa que tienes, que hizo enamorarme de ti. Cuando esto ocurrió rompí con el chico con el que estaba saliendo. Se me hacían largos los días para volver y estar un rato contigo; hasta que ayer "se me hizo tarde". No podía continuar así, entonces “se me pasó el colectivo” y, por esas cosas que tiene el destino; “casualmente”, en el troley traía esa vestimenta que veo que te ha impactado.
¿Que va a ocurrir cuando recuperes la memoria?, lo afrontaremos o lo afrontaré, porque dudo que no haya otra mujer, lo que sea estaré a tu lado luchando contigo, o alejándome, si es necesario. Así, es cómo te amo.
Llegamos de hacer las compras, Érica se puso a cocinar, yo puse música de rock lento y baladas. Me senté a meditar sobre todo lo que había pasado en estas últimas horas. Me sentí inseguro, pero algo dentro de mí bullía de felicidad. Tomé una botella de vino, que me regaló un vecino cuando le arreglé el celular, serví en dos vasos, le alcancé un vaso a ella. La invité a hacer un brindis. Al alzar los vasos le dije: por ti, por todo lo que eres. por cómo eres y por que te amo. Después de brindar y dar un trago; posó su vaso en la mesa, me abrazó, y, con palabras entrecortadas y las lágrimas brotando de esos ojos color miel, me dijo: te tiré todo encima mi amor, con mis deseos de convivir, te abrumé sin tener en cuenta tu estado, fuí egoísta, pero te amo y no lo pude evitar. Entonces la abracé y la bese dulcemente y le dije: gracias por tu amor, hasta ahora, no me había dado cuenta, de cuánto lo necesitaba.
Mientras que desde you tube retumbaba Roberta Flack diciéndonos: “Killing me softly with his song”. La tomé de las manos, la invité al centro de la cocina y le dije: ¿bailamos?
Continuará
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