Un despiste me condujo a mi sumisión (11)
No eres una persona, eres un objeto. Un perro que bebe lo que ellas desechan y lame la suciedad que dejan atrás. Esta noche, el castigo no termina cuando ellas se sacian; apenas comienza cuando el desastre golpea la puerta del baño.
Permanecí junto a la cama un buen rato. Creo que llegaron a quedarse dormidas un rato. Cuando se despertaron sentí un tirón de mi correa. Me arrodillé y me quedé migándolas con satisfacción.
Daños un cigarrillo, perro.
Tomé el paquete de tabaco y le encendí uno a la Señora Merche. Cuando fui a encender otro para mi Señora Carmen Ella me dijo que lo compartirían. Lo tomó dándole una fuerte calada para después besar a Carmen, que abrió su boca para recibir el humo de la boca de Merche. Mientras, yo abrí mi boca para que fuera usada por Ellas cuando lo necesitaran.
Cerdo, saca de aquella bolsa el paquete que hemos comprado y me lo traes.
Fui y le di lo que me había pedido. Era un embudo con un tubo flexible acoplado a la salida y terminaba en un bocado que se ajustaba a mi cabeza.
Ven que te lo coloque. De esta manera no desaprovecharás nada de lo que te den tus Amas.
Me colocó el bocado en la boca y ajustó la correa a mi cabeza para mandarme sostenerlo con las manos y tumbarme en el suelo.
Voy a probarlo yo primero. Estoy que voy a reventar de pipí.
Carmen se bajó de la cama, colocó una pierna a cada lado de mi cara y acopló el embudo entre sus piernas no sin antes echar un escupitajo en el. No hizo falta que me avisara ya que el chorro de su orina facilitó que su escupitajo resbalara con facilidad por las paredes del embudo cayendo en mi boca.
¿Está bueno mi cerdito? Ya se que no puedes hablar pero se que lo estás disfrutando tanto como yo.
Tras terminar se volvió a acostar junto a Merche.
Cariño, es fantástico. No se desperdicia ni una gota. Tienes que probarlo.
Más tarde, ahora me apetece probarte a ti. Vamos aprobar esto que hemos comprado.
Me puse de rodillas y pude contemplar un strapon doble que Merche sujetaba con sus manos y se lo llevaba a su boca para chuparlo a la vez que el otro extremo lo introducía en la boca de Carmen.
¿Te gusta, Carmen?
¡Ummmm, mucho!
Diciendo esto Carmen lo sacó de su boca todo chorreando de saliva y lo introdujo entre las piernas de Merche. Lo fue introduciendo muy despacio hasta que su mano fue sustituida por la de Merche que hizo lo mismo con el otro extremo en el cuerpo de Carmen. Ambas se movían al principio muy despacio para después fundirse en un abrazo y acelerar sus movimientos. Los gemidos de una y otra se confundían y llenaban todo el dormitorio.
Seguro que te gustaría ser tu, ¿verdad, perro?
No podía contestar al seguir teniendo el embudo conectado a mi boca. Ellas siguieron un buen rato hasta caer exhaustas sobre la cama unidas solo por el strapon. Pasado un rato Merche sacó el strapon del coño de Carmen y después del suyo. Me miró y soltó una carcajada. Alargó sus manos y soltó la correa que ajustaba el embudo a mi boca.
Ya puedes dedicarte a limpiarlo bien.
Era un pene doble largo de silicona que estaba impregnado de flujos de Ellas por los dos lados. Lo tomé en mis manos por la zona central, acerqué uno de los extremos a mi boca sintiendo aún el calor íntimo de haber estado dentro del cuerpo de una de Ellas. Era excitante para mi el saborearlo. Me recreaba en chuparlo y en saborear todos los flujos adheridos intentando averiguar a quien de Ellas correspondía. No lo supe hasta saborear el otro extremo del strapon. Tenía un sabor más ácido y su flujo era más espeso. Se trataba este de mi Señora Carmen.
¿Has terminado, cerdo? Te necesito.
Si mi Ama Merche, espero que apruebe la limpieza de su aparato.
Bien, lo has dejado bien limpio. Ahora acércame el embudo que te lo coloqué. Estoy meándome a chorro.
Me coloqué cerca de Ella que introdujo en mi boca el bocado. Deduje que iba a tomar una cantidad brutal de orina ya que me mandó coger el embudo pues no le daba tiempo a amarrarlo a mi cabeza. Se bajó de la cama poniendo su coño sobre el embudo, llenándolo de su orina caliente y yo sin parar de tragar pues si no lo hacía me podía atragantar. Su orina tenía un sabor agridulce que me supo a gloria. No sabría decir cuál de las dos estaba más rica.
Ya tienes bastante. Trágalo todo que te pueda quitar el embudo de la boca.
Me libero del bocado y se echó junto a Carmen.
¿No sabes lo que tienes que hacer, cerdo?
Si, mi Señora Merche.
Pues no sé a qué estás esperando, joder.
Me puse arrodillado junto a la cama y a la vez que besaba sus pies iba separando las piernas de mi Ama Carmen. Sus muslos escondían algo que me fascinaba, su coño mojado de una mezcla de orina y flujo. Me dispuse a lamérselo aunque ahora no debía rozar su clítoris sino solo lamer sus labios y limpiarlos de esa mezcla. Cuando terminé las piernas de Merche ya estaban esperándome. Igualmente fui usado como encargado de su higiene íntima. Sin embargo a Merche aún le quedaban fuerzas para deslizar sus uñas sobre mi espalda mientras la aseaba.
Ya puedes marcharte y nos vas preparando algo para cenar. ¡Espera, cerdito mío!
Ya que me iba me esperé a ver qué deseaba. Su mano me tomó por la barbilla, abrió mi boca y escupió un fuerte salivazo en ella.
Es para que te entretengas mientras. Ja, ja, ja, ja.
Me marché a la cocina degustando el escupitajo espeso que me había dado mi Señora Merche.
Estaba terminando de prepararles algo de cenar cuando la vi aparecer. No entendía porque mi Ama Merche venía sola y además con un vestido de cuero muy ajustado que hacía resaltar sus pechos.
Carmen dice que prefiere quedarse y dormir a tomar algo. Así es que eres todo mío, perro inmundo.
Tomó la correa con una mano mientras que con la otra dejó ver una fusta larga que comenzó a usar sobre mi.
¡Al suelo, perro!. Lamé mis botas cerdo. Te voy a enseñar a ser mejor esclavo.
Mientras lamía sus botas se encendió un cigarrillo que iba apagando una y otra vez sobre mi espalda. Le daba una fuerte calada, lo encendía y lo aplastaba sobre mi espalda. Así una y otra vez. Cuando solo quedaba la colilla lo lanza al suelo aplastándolo con su bota para luego escupir sobre ella.
Voy a probar lo que has preparado. Espero que me guste.
Tras tomar la cena se marchó al comedor y se tumbó en el sofá mientras yo recogía y limpiaba la cocina. Cuando terminé y yendo al comedor escuché a mi Ama Carmen.
¡Merche, Merche, Merche! Ven por favor.
Merche se levantó y corrió al dormitorio a ver que le ocurría a Carmen.
¿Que te ocurre?, ¿es que te ha sentado algo mal?, ¿te preparo algo?. ¡Perro, ven, date prisa!
Cuando llegué estaba todo el suelo del baño lleno de vómito. El olor era horrible, agrio y sucio. Los restos de comida estaban flotando en la bilis por el suelo. Sería complicado limpiarlo todo y que después no oliera.
Prepara una manzanilla y después vienes a limpiarlo todo. Nosotras nos vamos al comedor, aquí no hay quien aguante ese fétido olor.
Le llevé a mi Ama Carmen su manzanilla y me marché con todos los útiles de limpieza al baño. Realmente era asqueroso no solo verlo sino olerlo y no diré el recogerlo. Fui a por unos periódicos con el fin de empaparlo todo antes de fregarlo. Al volver con los periódicos me encontré a la Señora Merche en la puerta.
¿Qué haces, imbécil?, ¿acaso has oído que te mande ir a por periódicos?
No mi Señora, pero es que para recoger el omito los periódicos son………
No me permitió terminar de hablar pues dos bofetones cruzaron mi cara a la vez que e quitaba los periódicos de mis manos con un tirón.
Té voy a enseñar yo como se limpia el vómito de tu Señora.
Si mi Ama, perdón.
Continúa en
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