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Dominaciónfeb 2023

Un despiste me condujo a mi sumisión (9)

Merche y Carmen no solo dominan su cuerpo, sino que borran su humanidad. Desde el dolor de los pinchos hasta la humillación pública, cada orden es un paso más hacia la pérdida total de su dignidad.

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Cuando terminaron se acercaron a mi y se dedicaron a soltarme de la cruz. Al ver que casi no podía mantenerme en pie, Merche tiró de la correa de mi collar.

Vamos perro, a cuatro patas como lo que eres.

Me llevaron a la cocina donde me mandaron prepararles un gin tonic.

¿Como te encuentras? Acércate que vea como te han quedado las marcas de tus pezones.

Temí que me los tocara ya que las quemaduras de sus cigarrillos estaban muy recientes y el escozor era brutal.

Mira Carmen, me gustan como han quedado. Le voy a poner un poco de crema cicatrizante.

Solo el roce de sus dedos me hizo gemir ya que aprovecho para rozarlos con sus uñas.

¡Al suelo, perro!

Echado en el suelo me dediqué a lamer sus botas. Sabía que les agradaría que lo hiciera. Mi lengua recorrió toda la piel de sus botas para terminar lamiendo las suelas y dejándolas relucientes.

Ahora dedícate a las mías.

Me acerqué a donde estaba sentada Merche y procedí a lamer también sus botas. Cuando estaba terminando vi como arrojaba la colilla al suelo y la aplastaba con su pie.

No ves como está la suela de mi bota, cerdo.

Tomé en mis manos su pierna alzándola y así poder limpiar mejor la suela. No solo tenia la colilla pegada sino que había escupido en el suelo y estaba impregnada de su saliva. Al estar muy pegada a la suela hube de retirarla con mis dientes para llevármela a la boca y así terminar.

¿Que te apetece que hagamos, Merche?

Pues podríamos salir de compras si te parece.

Si, por mi si. Nos arreglamos y nos vamos. Antes quiero prepararle lo que se ha de poner.

Mi Señora Carmen me acompañó a mi habitación tirando de la correa de mi collar. Al llegar me preparó lo que debía ponerme. Mi vestimenta interior fue una prenda muy ajustada de látex que cubría desde el cuello hasta mis muslos. Dada la característica del látex se ajustó de forma total a mi cuerpo proporcionando un dolor extra a mi cuerpo al rozar mis pezones y mi polla. Cuando creía que me iba a decir que ya me podía vestir con mi ropa me di cuenta que me había equivocado.

¡Carmen! Que guapo lo has puesto. Yo traigo algo para que su cara esté siempre sonriente. ¡Mira, nadie además de nosotras y él lo notará! Ja, ja, ja, ja.

¿Lo terminas tú de vestir o me dejas a mi?

Te dejo a ti, Merche. Mientras me voy yo a vestir. Te espero en el dormitorio.

Ya el traje de látex estaba cumpliendo su función, pero de ver que era Merche la que terminaría de vestirme, empezaron a pasar por mi mente todas las posibles acciones que podía llevar a cabo conmigo.

Bueno mi perro, voy a terminar lo que Carmen ha empezado. Se te marcan mucho tus pezones. ¿Estás excitado?, ja, ja, ja.

Sus manos se posaron sobre ellos presionándolos. El dolor se incrementó, mordiéndome los labios para que no escuchara ningún gemido de mi boca. Separó las manos y tomó unos discos de tela que iluso de mi creía que iban a aliviar mi dolor. Lo que no había visto es que por una de sus caras los discos llevaban unos pinchos diminutos que al colocarlos sobre mi pecho y mis genitales se fueron clavando uno a uno.

No quiero que se te muevan pues te quedarían muy feos. Voy a colocártelos bien.

La forma de hacerlo proviniendo de la Señora Merche no podía ser de otra manera. Se colocó a mi espalda y colocó sus manos sobre el vestido de látex a la altura de mis pechos y me abrazó fuertemente. Antes de volver con Carmen se puso frente a mi y una de sus manos la abrió para atrapar mis testículos y volviéndola a cerrar.

Bien, esclavo, ya puedes terminar de vestirte tu solo. Me voy con Carmen a vestirme yo también.

Me dejaron solo en mi habitación para terminar de vestirme. Cuando terminé me presenté ante Ellas para recibir su aprobación.

Mis Amas, ya estoy preparado, ¿necesitan algo de mi?

A ver, acércate que te vea como te ha quedado tu ropa.

Me acerqué y mi Ama Carmen pasó sus manos por todo mi cuerpo abrazándome fuertemente.

Le ha quedado muy bien, Merche. Me gusta. Bueno vámonos.

Nos montamos en el coche, Ellas en los asientos traseros y me mandaron ir a un sex shop que había cerca de un centro comercial.

Vamos a ver qué novedades encontramos. Como verás no dejamos de pensar y preocuparnos por ti.

Merche se dedicó a tirar del cinturón de seguridad desde atrás haciendo presión sobre los discos que me había colocado.

Gracias, Señora.

¡Qué educado es este perro!, me gusta.

Llegamos a la tienda y entramos. Al hacerlo mi Ama Carmen me colocó la correa en la anilla del collar tirando de mi y dejando clara mi condición. Era la primera vez que actuaba así en público. Miré a mi alrededor y vi como nos miraban algunas personas. Mis Amas por el contrario las miraban y les sonreían. Estuvimos viéndolo todo y compraron algunas cosas.

¡Paga!

Tomé las bolsas y nos dirigimos de nuevo a casa.

Tengo unas ganas de llegar a casa para abrir todos los paquetes. Creo que todo lo vamos a disfrutar.

Si yo también estoy deseando llegar.

Al llegar a casa me bajé del coche para abrirles la puerta.

¡Échate al suelo!. No pretenderás que entremos en casa con las botas sucias.

Me tumbé en el suelo boca arriba para que restregaran sus botas sobre mi. Después pasaron sus suelas por mi cara para que se las limpiara con mi lengua.

Procura que estén limpios, joder. Después te lavas bien la boca por si queremos usarla para otra cosa.

Sus botas estaban relativamente limpias pero las suelas tenían algún papel pegado, restos de escupitajos y alguna que otra colilla pegada después de apagarla. Mi mente se transformó y me dediqué con gusto y con ansias a dejarlas súper limpias pues eran de mis Amas. Las miré esperando su aprobación y mirándoselas se dirigieron al interior de la casa.

Lleva las bolsas a nuestro dormitorio.

Cumplí con lo mandado y esperé arrodillado se me ordenará otra cosa.

Ve al baño que está Merche y puede necesitarte.

Efectivamente allí estaba sentada en el wc. Me coloqué frente a Ella a cuatro patas y esperé.

Ya que estás aquí acércate y siénteme cerdo.

Tiró de la correa de mi collar e introdujo mi cara entre sus piernas. Mi visión era la porcelana del wc hasta que un ruido me hizo oler uno de sus pedos seguido de un chorro de orina.

¿Te ha gustado su olor, cerdo? Estira tu lengua y recoge mi orina para saciar tu sed. ¿Sabes cerdo que algún día te alimentaré de mi? Es algo que me encantaría hacer y se lo voy a comentar a Carmen.

Mi lengua iba recogiendo parte del chorro de orina que dejaba caer de entre sus piernas. Su orina era muy fuerte de sabor pero me gustaba beberla. Sin embargo lo de alimentarme fue algo que me hizo pensar en lo que había querido decir. Un tirón de la correa me hizo quedar sobre mis rodillas y mirándola como si de un perro se tratara.

Gracias mi Ama Merche. Su orina tiene un sabor muy rico. Estaría bebiéndola siempre.

Eres muy agradecido, no te vayas que seguramente Carmen tendrá que entrar. Espérala aquí, cerdo.

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