Mi ex, su novia y yo. 3
Nunca imaginaste que tu venganza terminaría en tus propias piernas abiertas en medio de una sala oscura. Él creyó tener el control total, pero no calculó que el deseo y el odio se confundirían en la primera embestida.
- Nadia, tenemos que hablar.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? – me preguntó desconfiada.
- No te asustes. Soy Isabel, la ex de Roberto. Necesito contarte algo.
Sus ojos me revisaron de pies a cabeza. No se lo reprocho, cuanto menos parecía una puta después de un largo día de trabajo. Parece que al menos dejó de temerme.
- ¿Estas bien? – me preguntó.
- Eso quiero contarte. ¿Podemos hablar?
Con cara evidente de duda, me dejó pasar. Era un piso amplio y decorado de una manera elegante y minimalista. Parecía que no le iba nada mal la vida. Y encima tenía a mi novio… Me indicó que me sentase en el sofá y ella lo hizo frente a mi en un sillón individual. No tenía muy claro como empezar, lo mejor sería ser directa.
- Eres una cornuda.
- ¿Qué? ¿Qué estas diciendo? – dijo con cara de querer soltarme un guantazo.
- Lo siento. No quiero ofenderte. Pero es así. Ha estado haciendo cosas a tu espalda. Literalmente. Casi delante de tus narices.
- Claro… Y tú lo sabes por…
- Porque las hizo conmigo. – contesté, con miedo a recibir ese guantazo
- ¿Y vienes a mi casa a decírmelo? ¿Qué juego es este?
- No es ningún juego. Se que esta mal lo que he hecho. Le quiero… o más bien le quería. Me he dado cuenta que solo esta jugando conmigo. Y contigo. Necesitaba contártelo. Lo que tu hagas no es cosa mía.
- Lo siento… pero no te creo. Me habría dado cuenta. Además, Roberto no me haría eso. Y menos con su ex. Tú se lo hiciste a él y lo pasó muy mal. Lo siento bonita, pero puedes dejarnos en paz.
Debí haber pensado en que esto sucedería. No hay más ciego que el que no quiere ver. No me quedaba más remedio que ponerle ante sus ojos la verdad. Me puse en pie y vi como borraba su cara de seguridad y altanería, al yo levantarme el vestido y enseñarle su tanga rojo.
- ¡Hijo de la gran puta! ¡Cerdo pervertido y cabrón!
Dejé que soltase su frustración por un largo rato, hasta que el odio dio paso a la melancolía y acabó llorando como una magdalena. No sé en que momento esa morena a la que odiaba pasó a conmoverme. La abracé y ella lloró en mi hombro. Hasta hace menos de una hora deseaba ver como sufría y ahora estaba consolándola. Medio recuperada le conté, evitando las partes que no me interesaban, lo que habíamos hecho a sus espaldas, a sus pies y a su lado en el baño. Lo que pasó en su casa, sin llegar a revelarle como yo había suplicado por follar con él. Y por supuesto, tampoco le conté nada de lo acontecido con el tanga negro que ahora llevaba ella puesto después de ser mi compañero de orgasmos.
- Lo siento mucho, Nadia. Se que te he hecho mucho daño. Espero con esto poder compensarte algo.
- No has sido tú. Te entiendo, le amabas. Pero tú no eres mi pareja, lo es él. Él único culpable es Roberto. – dijo ella.
- Tienes razón. Ya sufrirá cuando se vea solo, sin las dos. – le dije yo, regodeándome en mi interior.
- No es suficiente. Podemos hacer más. Las dos, juntas. ¿Me ayudarás?
- Te escucho.
Pasamos toda la noche bebiendo y planeando nuestra venganza. Con cada copa, el nivel subía. Para cuando cerramos los ojos ya teníamos un plan que le dejaría hundido en la más absoluta miseria. La mujer a la que odiaba, mi enemiga, acabo convirtiéndose en mi aliada.
Desperté con una tremenda resaca bombardeando mi cabeza. Estaba en su cama, con su tanga rojo como única ropa. Ella estaba a mi lado, durmiendo plácidamente con el tanga negro como cobertura a su desnudez. No recordaba como habíamos llegado a la cama. Solo risas, alguna caída por la borrachera y poco más.
Desayunamos juntas mientras pulimos los detalles que el alcohol no nos dejó ver. Para cuando entré en su ducha ya teníamos todo planeado. Era el momento.
- Ya está hecho. El viernes por la noche he quedado con él. Te toca.
- Esta tarde le pediré perdón. Conseguiré calentarle. Tú haz lo mismo. El viernes debe llegar cegado por su polla. Y entonces será nuestro.
Me trajo de vuelta a casa con su coche. La verdad es que Nadia era una buena persona. Me sentía mal por lo que le había hecho por el cerdo de mi ex. Pero ahora estábamos juntas y nuestra venganza sería monumental.
Como acordamos, hable con él. Me costó muchísimo convencerle. Pero fui fría y calculadora. Primero le ataqué y después hice el teatro de comerme el orgullo. Le pedí perdón. Él sabe lo orgullosa y cabezona que soy y eso le sorprendió. Apareció su lado dominante, sus frases chulescas y prepotentes para humillarme. Me dejé. Le tenía. Un falso intento por quedar con él, que rechazó. Volvía a verse a sí mismo todopoderoso. Todo iba como habíamos planeado.
Continúe hablando con él varias veces al día. Dejando que me vacilase, que jugase conmigo, subiendo su temperatura. Me hice fotos para él, actúe sumisa como le gustaba. Por otro lado, hablaba con Nadia. Ella hizo algo similar, sin necesidad de dejarse humillar o chulear por él. Le fue calentando sin verse en persona, haciéndole desear que llegase el viernes.
Y llegó. Los tortolitos tenían una cita para ir al cine. Pero tanto Nadia como yo conocíamos bien a Roberto. Su mente morbosa y calentada por nosotras tuvo que estar trabajando en esa cita durante días. No se conformaría con ir a ver una peli con su novia. Querría a la tonta y facilona de su ex para completar la noche. Ni siquiera tuve que escribirle, el mismo, desesperado por hacer realidad sus fantasías, me escribió a mí.
- Noche de cine con mi novia. Me apetece tener a mi ex cerca por si tiene que limpiarme el rabo. ¿Te apuntas?
- ¡Eres un cabrón! Pero sabes que sí. ¿Qué tengo que hacer?
Cómo sospechaba ya lo tenía todo planeado. Me quería en el cine tras ellos, con un vestido corto que dejase fácil el acceso a mi cuerpo. Y que me pusiera guapa para él. “Que me maquillase como una puta por si le apetecía que se la chupase” fueron sus palabras. Así lo hice, contentando a mi ex para que bajase la guardia.
Allí me planté, con un vestido veraniego de tirantes y maquillada como la puta que él quería que fuese. Eligió un viejo cine del centro de la ciudad. Uno de los pocos que quedan pequeños y que proyectan de madrugada. Ideal para lo que quisiera que tuviera en mente.
Siguiendo sus directrices pedí un asiento en una de las últimas filas, asegurándome que estuviera vacía. A esas horas no fue problema. Y por como me miraba el taquillero creo que hubiera vaciado el cine si yo se lo pedía. Se sorprendió que fuese sola y más luciendo como una zorra. Ahora que caigo, quizás pensó justo eso. Que yo era una puta que iba a follar al cine. Tampoco erraba mucho…
Aparecieron, iban agarraditos de la mano y muy sonrientes. Nadia iba increíble, como yo con un vestido de tirantes, pero más ajustado. Llevaba un abrigo, pero se lo quitó según entraron en el cine. Roberto debía estar dando palmas con las orejas al pensar que nos tendría a las dos para él. Pobre iluso.
Entramos y fui detrás de ellos todo el tiempo. Se sentaron un par de filas antes que yo, pero al otro lado. Mi butaca estaba junto al pasillo central, por lo que podía verlos bien. Por eso quería que le dijera mi asiento… el muy cerdo quería que viese cómo disfrutaba con su novia. Si él supiera lo que le esperaba…
La película empezó, pero ellos no creo que se dieran cuenta. No dejaron de besarse en todo momento. Sabía que Nadia iba a calentarle al máximo, pero no creo que hiciera falta tanto… Yo tampoco miraba la pantalla. Aún sabiendo que todo era fingido, mi lado celoso no me permitía mirar a otro lado. Allí la inmensa mayoría eran parejas. Y casi todas iban a esa hora para liarse en la oscuridad y la comodidad del cine. Menos yo, que estaba sola.
Esa sensación de celos y melancolía no mejoró cuando vi como Nadia se ponía de rodillas sobre su butaca y llevaba su cabeza al regazo de mi ex. Sí que le iba a poner cachondo sí… le estaba haciendo una mamada en medio del cine, delante de mí… Tengo que reconocer que era una forma infalible de calentar al cabrón de Rober. Confirmándolo con su primer mensaje.
- Que bien la chupa Nadia. – me escribió, con ella succionando.
- ¿Mejor que yo? – le dije, entrando en su juego.
- Sí. Quizás luego puedas tener tu revancha.
- Me dijiste que sí, por eso estoy aquí viendo cómo tu novia te la chupa. Tengo muchas ganas. Por favor… deja que te la chupe. – escribí yo, como a él le gustaba.
- Depende. De momento lo has hecho muy bien. Ya veremos si sigues siendo así de obediente. Comienza a tocarte.
Ya estaba otra vez… no me apetecía nada seguir sus juegos, toda mi motivación era hacerle sufrir. Él me miraba mientras tenía a Nadia con la cara en su regazo. Le conocía bien, o obedecía sus órdenes o pasaría de mí. Y yo necesitaba entrar esa noche en su casa. No había nadie en mi fila. Por detrás solo había dos hombres, nadie más. El resto de butacas que podían verme de alguna manera estaban vacías. Lo hice. Separando bien mis piernas para que Roberto pudiera ver qué estaba obedeciendo, llevé mi mano a mi sexo y comencé a acariciarme lentamente.
- Buena chica. Reconoce que te pone muy cerda obedecerme. – me escribió.
- Eres un puto creído. Quizás me ponga hacerlo en público, no tú.
- Eso también. Te encanta que te miren, como esos dos de detrás de ti que no te quitan ojo.
Miré a mi espalda y era cierto. Los dos hombres habían dejado de atender a la película, se les notaba revolucionados mirándome. Mi vista se cruzó con la de uno de ellos y me sonrió. ¡Mierda! Cerré mis piernas rápidamente y disimulé mirando la pantalla.
- Parece que les gusta lo que ven. Normal, eres preciosa. Y seguro que tú te has mojado como buena zorrita exhibicionista.
- Es a ti a quien le gusta eso. Por eso tienes a tu novia chupando tu polla y a tu ex tocándose en medio del cine.
- A mi lo que me gusta es que obedezcan mis órdenes. Y tú no lo estás haciendo. Conténtame a mí y de paso también a ellos. Abre bien las piernas y comprueba si estás mojada.
Él me miraba, por lo que no me quedo más remedio que obedecer. Lógicamente estaba mojada, me había tocado un poco, los nervios… no es que me guste que me vean dos extraños. Y mucho menos que mi ex me de órdenes mientras su novia se la chupa. Es normal, es biología…
- Lo estoy. – le escribí.
- Pruébalo. Saca tu dedo y chúpalo como deseas chupar mi polla. Convénceme de que puedes ser mejor mamona que mi novia.
¡Joder! Lo que me pedía era demasiado. Si me veían esos dos sería demasiado evidente. Pero él también me miraba. Si decía que no lo más posible es que se enfadase y me dejará fuera de su juego. ¡Y necesitaba estar para nuestro plan! Miré a los dos chicos para ver si estaban mirando. ¡Mierda otra vez! Nuestras miradas coincidieron y me sonrieron. Lo mejor sería no mirar o pensarían que les estaba invitando a unirse. Pero tenía que hacerlo. Saqué mi dedo y lo llevé a mi boca. Estaba mucho más mojado de lo que esperaba. Mirando a Roberto comencé a lamer mi índice, entrando y saliendo de mi boca. Lamiendo y besando con mis labios como si fuese su polla la que sabía a mi coño.
- ¿Esta rico?
- Sí. – escribí con una mano sin dejar de chupar mi dedo.
- ¿Más que el de mi novia?
- No lo sé. Eso tendrías que decidirlo tú. – contesté, volviendo a mojar mi dedo y probando más de mí.
- Se que te encanta su coño. ¿Quieres que moje mi polla en él para chuparla?
¿Por qué me calentaba con eso? Estaba allí para asegurarme de que nuestro plan no fallaba. No para que me humillase con ella. Y mucho menos para yo ponerme cachonda. Asentí con mi cabeza mientras él empujaba la de su novia para que tragase más.
- Se ve que tienes ganas de polla. Si le pones tantas ganas quizás consigas alguna.
- ¿Qué más tengo que hacer para que me des de comer? – contesté, chupando mis pringosos dedos.
- Quiero ver tus tetas mientras te tocas para mí.
¿Estaba loco? No podía hacer eso allí. De no ser por esos dos tíos de detrás no tendría problema. Nadie me vería y tengo que reconocer que empezaba a excitarme con la situación. ¿Seguirían mirando? La película no es que fuese muy entretenida. No más que una tía masturbándose en el cine. Roberto dejó de mirarme. Tampoco me escribió. Me atacaba con su mejor arma, la indiferencia. Si no hacía que él quería me quedaría fuera. No podía dejar a Nadia sola con ese cerdo.
- Esta bien. Mírame. – le escribí.
Tardó un rato en girar la cabeza y entonces lo hice. Bajando mis tirantes por los hombros, saque mis pechos mientras me acariciaba con las piernas bien abiertas. ¡Estaba loca!
- Buena chica. Juega con tus pechos. Aprieta tus pezones. Quiero que los retuerzas para mí. Que te pongas muy cachonda deseando lo que Nadia tiene en su boca.
No sé cómo conseguía ponerme celosa. ¡Las dos estábamos en el mismo bando! Pero lo conseguía. Me hizo desear su polla. No la quería. Me daba asco. Pero me estaba excitando. Hice lo que me pidió. Acaricié mis pechos, los apreté, pasé a mis pezones y cuando estaban bien duros los retorcí. El dolor me gustaba. El dedo que frotaba con ansia mi clítoris también. Me estaba poniendo muy cachonda. No debía, tenía que mantenerme serena. Pero me ponía tanto obedecer sus órdenes mientras disfrutaba delante de mí. Restregándome en mi cara que era una cornuda. Una cornuda consentida y sumisa.
- Estoy tocando su coño y está muy mojada de chupar mi polla. Las dos cosas que tú más deseas. Y tú allí sola tocándote como una pervertida.
- ¡Sí! ¡Lo soy! Soy una pervertida que desea tu polla. Y su coño. Déjame probarlo. Ven y dame tu polla con su sabor. – contesté fuera de mí.
- Mete dos dedos en tu coño, sácalos encharcados y lámelos como si fueran un coñito bien mojado. Enséñame lo que deseas el coño de mi novia. Y te dejaré probarlo de mi polla.
Sin pensarlo metí los dos dedos dentro de mí. Mientras los movía recogiendo mis flujos, la imagen de su chochito rosado vino a mi mente. Era como volver a estar bajo aquella mesa, tan cerca de su coño que podía oler su humedad. Me estaba poniendo muy caliente pensando en el coño de su novia. Saqué los dedos bien pringosos. Hice la forma de una V con ellos y recordé lo cerradito que era, por lo que cerré más los dedos. Mi lengua se deslizó entre ellos recogiendo mis flujos, imaginando que eran los de ella. Subí y bajé, me estaba poniendo a mil. Dejé el móvil entre mis piernas abiertas y con la otra mano simulé una paja. Cómo si le estuviera comiendo el coño a su novia, mientras le pajeaba justo en mi cara. Cambié, ahora restregaba esos dos dedos sobre mi cara, mientras fingía comerme su polla con la boca bien abierta.
Me follaba con mis dedos mientras mamaba una polla invisible, para luego lamer y restregarme mi humedad por la cara, imaginando que era ella quien me restregaba su coño. Me había perdido. Había sucumbido a la lujuria en aquel cine. Y pasó lo que tenía que pasar.
- ¿No te gusta la peli, guapa? – sonó una voz justo detrás de mí.
Giré asustada y allí estaban. Los dos chicos que me habían visto a la distancia. No sé cómo llegaron hasta la butaca de detrás de mí sin darme cuenta. Tardé unos segundos de más en subirme el vestido y dejar de masturbarme. ¡Me jodieron en lo mejor!
- No te tapes, rubia. Si ya lo hemos visto todo. – dijo el otro.
- ¿No tenéis otra cosa que hacer que molestar a una chica sola?
- ¿Y tú no tienes otro sitio para tocarte que un cine?
Preferí no discutir e ignorarlos. Escribí a Roberto diciendo que no podía seguir por culpa de ellos. Pero su respuesta me dejó en shock.
- Nunca pensé que fueras tan mojigata. Los chavales solo quieren disfrutar un poco. Nadia no hubiera dejado de obedecer por dos mirones.
¡Nadia te va a arruinar tu vida, con mi ayuda! ¡Pedazo de cerdo prepotente! Ella no era mejor que yo. No es lo mismo chuparle la polla a tu novio que estar sola masturbándote como una pervertida. Ella no podría hacer lo que yo hago. ¡Lo que voy a hacer! ¡Lo que estoy haciendo!
- ¡Eso es nena! ¡Rasca el timbre!
- ¡Menudas tetas que tienes, golfa!
Solo tenía que hacer como que no los escuchaba. Cómo si no estuvieran detrás de mí viendo cómo me masturbaba, mientras pellizcaba mis pezones, mientras lamía mis dedos. Rober me vio. ¡Ves, cabrón! ¡Yo soy más zorra que ella!
- ¿Podemos tocarte?
- ¡Nooo! ¡Mmm! – les dije entre jadeos.
¡Dios estaba muy cachonda! Si seguía a ese ritmo me iba a correr. Ellos seguían insistiendo. Empecé a dudar. ¿Les dejaba? Solo tocarme las tetas. Me correría como una loba en celo con cuatro manos en mis pechos. Sabía que no debía. Pero… ¿Podía? ¿Me dejaría Roberto hacerlo? Quiere que me vean… pero que me toquen… Necesitaba saberlo.
- Quieren tocarme. ¿Les dejo?
Él vio el móvil, pero no me contestó. Nadia se levantó de entre sus piernas. Llevaba mucho rato usando su boca, debía estar agotada. Me miró fugazmente antes de sentarse sobre mi ex. ¡Joder Nadia que tiene que llegar cachondo! Cómo lo estaba yo. Ellos follando y yo esperando su respuesta.
- ¿Puedo dejar que me toquen las tetas? – insistí.
- Estoy muy cachonda. ¿Quieres que me corra mientras ellos me retuercen los pezones? – volví a escribir.
Nada. No contestaba. ¡Joder no podía más! No podía contener a los dos hombres, ni contener mi orgasmo. Entonces vi como Nadia se levantaba y comenzaba a bajar las escaleras, ella sola. ¿Dónde iba?
- Nadia tiene que hacer una llamada urgente de trabajo. Tardará un rato. ¿No quieres ocupar su lugar? ¿O prefieres que dos salidos te magreen mientras te frotas como una adolescente?
- ¡Voy! – contesté, pero el me detuvo con un gesto de su mano.
- Ven desnuda. Deja tu ropa allí. Quiero ver cómo vienes gateando hasta mí.
No lo hubiera hecho nunca. ¿Desnudarme y dejarles mi ropa a dos desconocidos pervertidos? ¡Jamás! Pero tenía que tenerle contento para completar nuestro plan. No tenía nada que ver con mi excitación…
- Ahora vuelvo chicos. Guardarme esto. – les dije, desnudándome por completo y dejando todas mis cosas sobre mi butaca.
Sintiendo como esos dos me miraban, me puse a cuatro patas y bajé las dos filas que nos separaban. Una vez dentro de la fila las butacas me tapaban, por lo que no tuve problemas en llegar hasta los pies de mi ex.
- Buena chica. Me estás sorprendiendo mucho. Me haces dudar cual de vosotras es mejor. – me dijo teniéndome entre sus piernas.
- Gracias, mi amor. ¿Puedo intentar convencerte? – le dije mirando lo que tenía fuera del pantalón.
Solo un gesto necesité para tener en mi boca lo que sospechaba que acababa de salir de Nadia. Y no solo de su boca. Se había subido a él por unos minutos, el tiempo justo para montarle y restregar su calentura en la de él. Ella también sabía cómo hacer para ponerle cachondo. Pero era yo quien estaba limpiando su polla con mi boca. Yo era más zorra que ella. Mejor que ella.
- Se nota que te han dejado cachonda esos dos. – me dijo.
- Cachonda me pones tú. – contesté entre lametones.
- Lo sé. Y también sé que deseabas que te diera permiso para que te tocasen. ¿Verdad?
- Sí… - confesé llevada por la excitación.
- Sí ¿qué? Dilo claramente.
- Deseaba que me dieras permiso para que me tocasen. Me apetecía mucho que esos hombres me tocaran para correrme. Pero necesito tu permiso, soy tuya.
- Buena chica. Me encanta cuando eres sincera.
Sincera dice… ¿piensa que es verdad? Sí… puede que estuviera caliente por tocarme y tal… pero no… No quería que me tocasen esos dos. Ni mucho menos era suya. Solo quería calentarle, que perdiese la cabeza. O eso repetía yo en mi mente.
Por su venosa erección se notaba que lo estaba consiguiendo. Con mi galopante excitación tuve que luchar contra la tentación de hacerle terminar en mi boca. Me apetecía mucho probar su leche recién ordeñada. Pero tenía que ser fuerte. Debía llegar con los huevos bien cargados a casa.
- Parece que vas a ganar la competición. Tú te llevarás el premio. Chupa rápido que me voy a correr en tu boca. – me dijo.
Ahora sí estaba en un problema. Tenía que luchar contra el instinto de obedecerle. Y me había proclamado vencedora ante su novia. Deseaba ese premio. Por una vez desde que lo dejamos yo sería la primera, no otra. Debí chupar lentamente. No debía lamerle las pelotas mientras le pajeaba. ¿Por qué le estaba meneando la polla mientras succionaba la punta? ¿A quién quería engañar? Más que nada, más que la venganza, en ese momento, deseaba mi premio caliente y espeso.
- ¡Viene Nadia! ¡Vete! ¡Corre! – me dijo de repente.
Asustada solté lo que tenía a punto de caramelo. Cómo una estúpida fui a salir de nuevo a cuatro patas por la escalera, pero me detuvo. Ella subía por allí y me vería. Gateé entre las butacas vacías hasta llegar al otro extremo, pero allí había una pared. Nadia llegó y disimuladamente me miró. ¡Seré imbécil! Estaba verdaderamente huyendo de ella. Aunque para Rober debía esconderme, mis nervios eran absurdos. ¿Pero ahora que hago? Estaba acurrucada en el suelo detrás de los respaldos de las butacas. No podía salir a mi sitio por donde entré sin que me “descubriese” Nadia. Y como ya parecía costumbre, estaba completamente desnuda.
La única salida era saltar por encima de las butacas hasta mi fila y de allí volver agachada a mi sitio. Por suerte no había nadie allí. Éramos los últimos, a excepción de mis dos mirones. Aproveché cuando mi ex le comía los morros a su novia para saltar mi pierna por encima del respaldo y cruzar a la fila superior. Repetí lo mismo dos veces, tratando de alejarme de ellos para poder cruzar el pasillo de las escaleras. Quién me iba a decir que acabaría frotando mi coño por los respaldos de aquel cine…
Gateando llegué a las escaleras, justo en una fila por delante de mí asiento. Allí estaban los dos, mirándome con una sonrisa. Miré a mi sitio y no estaban mis cosas. Uno de ellos me enseñó mi tanga colgando de sus dedos. Me hicieron un gesto para que fuese. ¿Qué podía hacer? No podía ponerme a discutir con ellos desnuda en medio del cine.
Cruce a cuatro patas y fui hasta allí. Tuve que pasar rozándome con sus piernas. Uno se movió un asiento dejando libre un hueco entre los dos. Querían que me sentase, pero yo me quedé en el suelo, arrodillada tratando de taparme cómo podía.
- Siéntate tonta.
- Déjala, si quiere ponerse de rodillas es que se ha quedado con hambre.
- ¡Eso! ¿No nos vas a contar porque te vas a comerle la polla a ese? ¿Te gustan más los casados o qué? Aquí tienes dos por si tienes hambre.
Ambos chicos comenzaron a bajarse los pantalones. Quedarme de rodillas no era buena opción. Me senté tapándome con un brazo mis tetas y con la mano mi coño. ¡Tenía que salir de allí!
- Dadme la ropa, no estoy para juegos.
- ¿No? Pues yo te he visto muy juguetona toda la peli.
- O me dais la ropa o empiezo a gritar.
- Si… puedes hacer eso. Pero entonces nosotros tendremos que preguntarle a la novia de ese tío lo que le parece que tú le comas la polla cuando ella va al baño.
¡Hijos de puta! El chantaje era efectivo, aunque Nadia estuviera al tanto. No podía descubrirme ante Rober, todo el plan se iría a la mierda.
- ¿Qué queréis?
- Lo mismo que le has hecho al casado ese.
- No está casado. Y ni de coña os la voy a chupar. Os hago una paja y a correr. – les dije.
- Esta bien. Pero te dejas tocar. Yo quiero probar ese cuerpazo. – dijo el otro.
- Primero darme el bolso, necesito el móvil.
Me lo dieron sin dudar. Tenía un mensaje de Roberto riéndose de cómo había saltado las butacas. Lo obvié, tenía cosas más importantes. Le dije que ellos tenían mi ropa y me estaban chantajeando. Esperaba que de alguna manera se librase de Nadia y viniera a salvarme. Pero nuevamente, me sorprendió.
- Haz lo que quieren. Pero solo tocar. No pueden penetrarte con nada. Tus agujeros son míos. Y no puedes correrte. Eres mía, solo mía. Y date prisa, Nadia quiere ir a casa ya.
Me encontraba confusa. Por un lado, decepcionada porque le diera igual que pajease a dos tíos y me tocasen desnuda. Pero por otro… había dicho que era suya… me estaba cediendo a dos desconocidos, con sus condiciones. Y eso me ponía.
- Está bien. Una paja y podéis tocarme lo que queráis. Pero sin meter nada. Ni un dedo. Solo tocar.
- Vaya una zorra más estrecha. - dijo uno, sacándose su herramienta.
- Déjala, se estará reservando para la polla del casado. – contestó el otro, con su polla ya fuera.
- ¡Qué no está casado! – les dije yo indignada, agarrando sus pollas morcillonas.
No me podía creer que acabaría haciendo pajas a dos tíos en el cine por culpa del cabrón de mi ex. ¡Pero me lo iba a pagar! Esta noche sería la peor de su vida. Las manos de los chicos no tardaron en recorrer mi cuerpo. Sus pollas se pusieron duras al instante. Mejor para mí, menos tardarían. Cómo les había dicho, no trataron de meter sus dedos. Solo acariciaban mi cuerpo. Cuatro manos tentando mis pechos, mi tripa, mis muslos, mi rajita…
Tengo que reconocerlo, me estaban poniendo muy caliente. Dos vergas duras y venosas en mis manos y siendo manoseada por todos lados. Me apetecía mucho sentir como sus dedos me follaban. Pero no podía… Uno de ellos comenzó a jugar con mi botoncito. Lo hacía bien, muy bien. ¡Joder que gusto!
El que tenía mi tanga lo llevó a su nariz mientras yo le daba placer con mi mano. ¡Puto pervertido! Vi como Rober y Nadia se levantaban. Se iban. No podía entretenerme. Mis manos se aceleraron. Pero el cabrón de mi clítoris también.
- Eres muy guarrilla. Lo has dejado empapado. – dijo quien olfateaba mi tanga.
- ¿Te gusta? ¡Huele como un perro salido! Eso es todo lo que vas a tener de mí.
- ¡Puta guarra! ¡Pues toma! – dijo llevando el tanga a mi cara.
Instintivamente inspiré mi aroma. Podía notar la humedad que ese cabrón restregaba con fuerza por mi cara. ¿Por qué abrí la boca? Eso no lo sé. Supongo que deseaba probarlo. Que realmente estaba muy excitada. Pero le dio la oportunidad de meter la prenda con sus dedos. Debí haberme negado. No podían penetrarme. Pero sus dedos estaban cubiertos por mi lencería. ¿Entonces, podía chuparlos? Supuse que sí. O quizás no quise pensar. Solo lo hice. Chupe esos dedos desconocidos, saboreando mi sucia tanguita, mientras su amigo jugaba con mi botoncito. Mis manos pajeaban torpemente sus duras vergas. No podía más… me iba a correr… Estaba demasiado cachonda.
- Para por favor. Me voy a correr. – le dije.
- Córrete, nena. Yo también lo voy a hacer.
- No. No puedo. Correros vosotros. Yo no puedo. Él no me deja. – les dije entre jadeos.
Estando casi al límite paró. ¡Joder que frustración! Y más lo fue cuando el de mi derecha comenzó a disparar sin control. No sólo mi mano se manchó, también salpicó mi tripa y mi pierna. No había tiempo. Con la zurda era menos eficaz, por lo que cambié de mano ahora que había terminado su amigo. Con la mano lubricada por su colega, le hice una paja a una velocidad espectacular. Estaba tan cachondo que no se quejó por tener el semen de otro hombre en su pene. O quizás le gustaba, porque se corrió en menos de un minuto. Eso sí, está vez apunté sobre su tripa, quedando su ropa completamente manchada.
Con ellos tirados en las butacas recuperándose recogí mi vestido, mi bolso y mis zapatos. Me vestí todo lo rápido que se tarda en ponerte dos prendas y salí de allí dejándolos con las pollas colgando.
Salí del cine corriendo. Ya no estaban. Otro puto taxi, no había tiempo de otra cosa. ¡Vaya ruina! Llegué. No tenía ningún mensaje de él para que entrase en su casa. Esperaba que quisiera humillarme viendo cómo follan. Solo quedaba el plan B.
El portal estaba abierto, como habíamos acordado. Subí hasta su piso, pero no. ¿Por qué coño no había dejado Nadia la puerta abierta? Escribí, pero no hubo respuesta. ¿Qué hago? ¿Me voy? ¿Pero entonces… quien iba a grabar como la folla salvajemente para amenazarle con denunciarlo? ¿Por qué no contestaba Nadia? ¿Se había arrepentido? No puede ser, estaba muy enfadada. No se echaría atrás. ¿O sí? No había otra, tenía que esperar. Bajé un piso y me senté en el escalón con el móvil en las manos. Otra vez esperando a que mi ex se follase a su novia.
¡Dos horas! Dos putas horas con el culo en esa fría escalera. Ya estaba desesperada. Entonces recibí un mensaje. No era Nadia, era él.
- Mi novia ya ha acabado su trabajo. ¿Vas a venir para que compruebe quien es mejor?
Acto seguido escribió ella.
- ¿Dónde estás?
Escuché la puerta abrirse. Y unos segundos más tarde apareció ella bajando las escaleras.
- Estoy aquí. – le dije, enfadada y tiritando de frío
- ¿Dónde te has metido? Dejé la puerta abierta, pensé que estabas dentro ya.
- Pues estaba cerrada cuando llegué.
- ¿Y ahora qué hacemos?
- Plan C. – le dije, enseñándole el mensaje de Rober.
- ¡Cerdo hijo de puta! Acabamos de follar. Me ha hecho de todo. Estoy destrozada. Pensé que me estabas grabando.
- Pues espero que aún le queden ganas. Ahora tendrá que “violarme” a mí.
Contesté a Rober diciendo que estaba fuera, esperando como su perrita fiel. Hicimos el paripé de entrar en el portal y subir las escaleras. Ella se escondió cuando abrió la puerta. Yo me tiré a sus brazos besándole para que ella pudiera evitar que se cerrase. ¡Hora de mi función!
- Prepárame una copa. Necesito hidratarme, Nadia me ha dejado seco. – me dijo él muy cabrón.
- Claro, lo que él señor quiera. – le dije siguiéndole el juego.
- Te gustaba mucho llamarme así. Siempre te ha puesto muy cerda tratarme como tú Amo. Me alegra que no haya cambiado. – me dijo él desde el salón.
No me apetecía que Nadia escuchase esas intimidades. Era cierto que teníamos ese juego de roles donde él era el Amo dominante y yo la obediente esclava. Pero descubrirlo delante de su novia… Al menos podía ser una manera de distraerle para que Nadia entrase.
- Es cierto. Me pone mucho. ¿No quieres que haga algo por usted, señor? ¿Le apetece un striptease mientras se toma su copa? – le dije volviendo con una copa para él.
- Me parece buena idea. Me encantan las zorras con iniciativa.
Puse una silla de espaldas a la puerta para que se sentase. Busqué en el móvil la típica canción para estos menesteres y subí el volumen al máximo. Mientras bailaba sensualmente acariciando mi cuerpo sobre el vestido, vi como Nadia entraba con los zapatos en la mano. Bajé los tirantes y con mis movimientos fui descubriendo lentamente los pechos. Sus ojos estaban clavados en mí, justo lo que Nadia necesitaba para entrar en la habitación y esconderse.
Bajando mi tanga hasta los tobillos terminé mi striptease quedándome únicamente con los tacones. Arrodillándome en el suelo cogí mi tanga con la boca y recorrí a gatas el par de metros que me separaba de él. Le entregué mi tanga y quedé postrada a sus pies.
- Buena perrita. Cómo te pone someterte ante tu ex ¿Verdad? – me dijo, acariciando mi cabeza como tal.
- Sí, señor. Me gusta ser su perrita. La perrita obediente y fiel de mi ex. – contesté, para luego dar una lamida a sus pies desnudos.
Dejándome llevar por el momento no caí en Nadia. Miré y estaba en la puerta del dormitorio mirando sorprendida el espectáculo. Pensaba que ya estaría escondida en el armario para grabarlo todo. ¡Qué vergüenza! Estaba viendo cómo me humillaba a mi misma delante de su novio.
- Vamos a la cama. Te mereces un buen polvo.
Nadia abandonó su cara de sorpresa para poner una de nerviosismo. Me hizo señas para que le parase, aún no estaba lista.
- Mi señor, debería primero lavarme. Esos chicos se han corrido y me han manchado un poco el cuerpo. – le dije, muy sumisa para convencerlo.
- Sí, sí. Ve a lavarte como las putas. A mi no me gusta probar lo de otros. Te espero en la cama. – dijo saliendo al dormitorio.
- ¡Espera! – grité asustada por ser descubiertas - A las putas siempre las miran mientras se lavan. Me gustaría que me vigiles para estar bien limpita para ti. Para que tú me folles sucio de tu novia.
- ¡Joder Isa, si hubieras sido siempre así de guarra… Vamos que me asegure que te lavas bien los lefazos de esos tíos! – me dijo, haciendo una coleta a mi pelo y tirando de él.
Me llevó así a cuatro patas al baño. Vi a Nadia mirarme justo antes de entrar en el armario del dormitorio. Me duché delante de mi ex haciendo especial hincapié donde me había salpicado aquel chico. Me hizo limpiarme bien ahí abajo, como si me hubieran follado también. Y para acabar tuve que limpiarme los dientes con el cepillo de Nadia. Según dijo, quería todos mis agujeros bien limpios. Cuando terminé me hizo ponerme a cuatro patas y metió el mango del cepillo de Nadia en mi culo.
Así fuimos a la cama. Una pequeña abertura en la puerta del armario era suficiente para que Nadia grabase todo. ¡Que vergüenza! Pero ya no había vuelta atrás. Ahora necesitaba que pareciese que me forzaba, al menos algunas escenas. Con eso sería suficiente para el chantaje que teníamos planeado. Ya llevaba unos minutos de felación mientras me hacía menear mi culo con aquello sobresaliendo. Su erección estaba al máximo. Era el momento.
- ¿Sabes que hay algo que nunca me atreví a confesarte? – le dije, con el regusto de su novia en mi boca
- Sorpréndeme.
- Me pone muy cachonda obedecerte y que me humilles. Pero me gustaría probar algo. Un paso más.
- ¿Qué quieres decir? – me preguntó curioso.
- Que me fuerces. Que me obligues a chupártela. Me pegues. Me pone mucho que me trates como una puta sin valor. Que me folles mientras yo intento resistirme, pero me sometas con tu fuerza. A base de golpes y dolor. – dije, con su pene como micrófono.
- ¿Lo estás diciendo en serio?
- Completamente. Me estoy mojando de solo pensarlo. De imaginar cómo me maltratas. Cómo si fuera un simple objeto. Que me revientes, como me reventaste el culo hace unos días en esta misma cama. Pero más duro, más bestia. ¡Destrózame!
Me miró confuso durante unos segundos y de repente ¡Plas! Una bofetada en toda la cara. Me dio bien fuerte, como nunca antes lo había hecho. Con los ojos llorosos miré al armario, yo no podía verla, pero esperaba que ella no estuviera perdiendo detalle.
- Dame más. Hazme de todo. Y por favor, por más que luche, por más que suplique, no te detengas. – le dije, besando su tiesa polla.
- Si quieres que pare de verdad, di tres o levanta tres dedos. ¿Entendido?
Yo asentí con la cabeza. Fue lo último que pude hacer pues ese hombre del que había estado enamorada, se convirtió en un animal. Empujó mi cabeza obligándome a tragarme su polla hasta la garganta. Aún muriéndome por las arcadas no me soltaba. Yo pataleaba y le golpeaba los muslos desesperada. Cuando me soltó mi cara era un mar de lágrimas y babas, morada por la falta de aire y completamente desencajada.
- Te voy a follar y me da igual si te gusta o no. – me dijo con una bofetada que me hizo girar la cara.
Tirando de mis pelos me hizo tumbarme en la cama. Lo que antes hubiera sido una placentera estimulación con sus habilidosos dedos, ahora fue una sucesión de golpes con la mano abierta en mi pobre chochito. Cuando se cansó de hacerme gritar, mitad fingido y mitad real, me folló. Tirando de mis piernas las puso en sus hombros y estando él de pie, me follo al filo de la cama con una violencia descomunal.
- No, no quiero. Déjame ¡Me haces daño!!
- Me da igual, zorra. Sufre mientras te follo.
Yo intentaba zafarme procurando que fuera creíble ante la cámara. Él me golpeaba tanto la cara como las tetas, sin dejar ningún momento de taladrarme como si quisiera romperme en dos. A pesar de la rudeza y el dolor, una parte de mi estaba disfrutando. Me hacía daño, pero lejos de lo que podría hacerme un hombre como él si quisiera. Se estaba controlando. Cumplía la fantasía que supuestamente yo le había pedido. Pero era un cabrón. Por muy bien que follase. Aunque tuviera sus detalles buenos, era un cerdo hijo de puta.
Me metió tres dedos en la boca hasta la arcada. Otro golpe hizo salpicar mis babas. Me escupió en la cara. ¡Joder que rico! Me estaba volviendo loca. Agarró mi pelo y tiró fuerte hacia él obligándome a levantar mi torso. Grité de dolor mientras dejaba mi cara frente la suya sujetándome por mi melena. Dejé de gritar cuando con una embestida brutal me la clavó hasta el fondo. Mi boca se abrió, pero no emitía ningún ruido. Mis ojos estaban fijos en los suyos. Entonces su brazo sujetó mi peso desde mi espalda soltando mi pelo. Me besó.
Lentamente dejó mi cuerpo en la cama sin salir de mí. Bajó mis piernas de sus hombros y después de secar mis lágrimas con su pulgar, comenzó un lento bailé de cintura. Tenía el cuerpo destrozado, me dolía el coño como si me hubiera roto por dentro. Pero estaba encharcada. Ese suave ritmo fue excitándome mientras me miraba fijamente. Comencé a jadear, fue acelerando. Mis jadeos también. ¡Joder me iba a correr! Su polla palpitaba dentro de mí. Sus labios me rozaban sin llegar a besarme. Se iba a correr, yo también. No puede más y le besé. Su lengua luchó con la mía, mientras mi interior se derretía con aquel invasor que entraba y salía sin pedir permiso. Sin dejar de mirarnos, sin dejar de besarnos, comencé a sentir mi orgasmo. Notaba como me estaba deshaciendo entre mis piernas. Y después de unas últimas y profundas embestidas, sentí sus disparos. Mi orgasmo se multiplicó, grité y grité tensando mi cuerpo, apretando lo que tenía dentro de mí. El orgasmo más intenso y largo que recordaba haber tenido nunca.
Yo temblaba con su cuerpo encima de mí. Él me sonreía, yo no era capaz ni de eso. ¿Cómo había podido pasar de ser un animal, a darme un polvo como aquel? A hacerme el amor de manera que mi cuerpo se doblegase a él. Tiernamente retiró el pelo de mi rostro y me besó, para después decirme.
- Te quiero. Nunca he dejado de hacerlo.
No tuve tiempo de contestar. La puerta del armario se abrió de golpe. Él dio un salto colocándose delante de mí, pero cuando vio quién era se quedó helado.
- Cerdo hijo de puta. Te vas a arrepentir de esto. – gritó ella.
- ¡Nadia! No es lo que parece. Puedo explicarlo.
Gracias a vuestro apoyo decidí continuar. Al menos debo escribir un capítulo más, pero nuevamente dejo en vuestras manos si continuar la historia más allá. Muchas gracias por leerme y espero vuestros comentarios e ideas.
Saludos.
Wilmorgan.
Continúa en
- Relato #196774— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Un daño irreparable
Dante solo quería vivir en paz, lejos del nombre que marcó su destino. Pero cuando la mujer que amaba resulta ser la herramienta de su abuelo para…
Comparte:Infidelidad descubiertaVoyeurismo consentidoBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
De esposa a sumisa (Parte 3)
Juan cree que su esposa lo ha traicionado una vez más, entregándose a sus compañeros de trabajo mientras él es atado y obligado a presenciar su…
Comparte:Voyeurismo consentidoVoyeurismo ocultoVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
20 Una noche extraña.
Eugenia creía conocer a su novio hasta que una foto en Facebook reveló una doble vida. Ahora, con el corazón roto y la rabia encendida, decide que si…
Comparte:Infidelidad descubiertaVoyeurismo consentidoVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Pillé a la puta de mi esposa con otro.
Descubrió el engaño en la pantalla de un portátil, pero lo que encontró en la cama fue mucho peor de lo que imaginaba.
Comparte:Voyeurismo ocultoBdsm suavePoder y control
- Hetero: Infidelidad
Mi ex, su novia y yo. 2
Roberto la esperaba en el restaurante, pero no para cenar. Isa llegó sabiendo que sería el postre, sin imaginar que el plato principal sería su…
Comparte:Infidelidad descubiertaBdsm suaveVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
La extraña venganza
Celia no quería verlo, pero Hugo no podía dejar de mirar. Cada beso que Dani le robaba era un golpe para el orgullo de su ex, y cada gemido de ella…
Comparte:Infidelidad descubiertaVoyeurismo ocultoVoyeurismo consentido