Paola y Emma 2
Paola siempre tuvo lo que quiso, hasta que firmó el contrato. Ahora, su popularidad tiene un precio: la humillación sexual a manos de quienes más desprecia, y Emma, su antigua amiga, es la que cobra la deuda.
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Paola iba hacia la que recordaba era la habitación de Emma, pero esta la dirigió en su lugar a la habitación principal.
—Oh cierto, ahora esta es mi habitación.
—Pero, ¿y tus… sus padres?
—Duermen en habitaciones separadas, ya te dije, eso es otra historia.
En su habitación, Emma se sentó en el sillón grande y cuando Paola iba a sentarse también en el sillón frente a este, Emma la detuvo.
—Tú no tienes derecho a sentarte sin mi autorización, además debes introducirte esto. —Emma le dio un vibrador en forma de polla a Paola para que se lo metiera.
—No haré eso.
—No entiendes tu situación, ¿verdad?
—Mira perra controladora…
Emma le dirigió una mirada seria a Paola, que sintió como si ejerciera una presión desconocida que le causaba malestar, entonces obedeció al instante, perfiló el fálico vibrador en la entrada de su aún mojado coño y este cedió increíblemente rápido aceptando el consolador.
—Escúchame perrita, si me hubieras hecho caso, no estarías metida en esto, pero tu vanidad, tu estúpida vanidad te llevó a esto y yo debo encargarme de ti, no quiero hacerlo, pero ya que tampoco tengo opción, será a mi modo, y será muy sencillo, haz lo que te diga, como te lo diga, cuando te lo diga y tu vida será más llevadera.
—Ama, usted y yo fuimos amigas, y quiero pensar que esto que hizo fue por lo que una vez nuestra amistad significó.
—Te equivocas perrita, tú dejaste muy claro que no me querías en tu vida, y para que lo sepas, este trato que me tienes que dar, sí, lo impuse yo. Y ahora, si me place también puedo hacerte sufrir por todo lo que las populares me han hecho.
—No, discúlpeme, ama, no sabía.
—Eso no te salvará, ahora que sabes que no tienes opción, intentas suavizar las cosas para que no sea severa contigo y sabes que, tenía otras cosas que hacer, pero vienes tú, deseas ser mejor que la perra de Diana, obtienes lo que quieres y ahora yo tengo que educarte.
<>
—Ama no fue mi intención.
—Y, sin embargo, no hiciste caso a mi advertencia, bien ahora no son concejos, ahora son órdenes.
—Lo entiendo ama, sé que ahora soy una carga para usted, prometo no darle más problemas, si me permite puedo hacerle algunas preguntas para saber ¿cómo actuar y no ser una carga?
—Bien, esa actitud me agrada más, ahora puedes hincarte y preguntar lo que quieras.
Paola se hincó y mirando hacia arriba a Emma, comenzó a hablar.
—¿Qué es lo que usted llama “hambre” y por qué se debe saciar de esta forma?
—Porque para tu desgracia lo que sea que te convenció de ser mejor que la perra de Diana tiene un sentido del humor muy retorcido y para mantenerte cuerda debes “alimentarte” con lo que más repudias o lo que intentabas evitar.
—Entiendo ama, y ¿cada cuanto debo alimentarme?
—Eso depende de cuanto uso le des a lo que sea que hayas deseado, en tu caso, cada vez que desees ser popular, que desees ser seducida o quieras conquistar chicos o chicas, disminuirá tu reserva, si llegas al límite, tu “hambre” se hará presente y no tendrás opción más que “alimentarte”.
—Ama, usted sabe mucho, ¿usted también tiene esta maldición?
—Eso no es un tema que te incumba.
—Disculpe ama, creo que ya entiendo, haré lo posible por no ser una carga más para usted.
—Ahora zorrita acércate a mí y hazme sentir bien, comienza por aquí —Emma se despojó de su ropa y dirigió a Paola a sus tetas que tenían unos piercings iguales a los de ella— Me tuve que poner estos por tu culpa, ahora masajea mis tetas.
—Ama, no creo que fuera necesario hacerle eso a su cuerpo, si no lo deseaba ¿Por qué lo hizo?
—No tuve opción, es que no te das cuenta, observa bien.
Paola contempló el cuerpo de Emma, lo primero que observó fue que Emma tenía un cuerpo muy bien formado, tal vez si usara ropa diferente lo realzaría y se vería muy bien, como ella. Cuando Paola tocó el cuerpo de Emma se percató también de la suavidad, su piel era tan suave como su propio cuerpo y se atrevió a predecir que incluso tenía sus mismas proporciones, entonces Paola recordó que a principios del curso, Emma no tenía ese cuerpo sino un poco más robusto, muy parecido al de la profesora.
—Cómo ha cambiado su cuerpo, se parece tanto al mío…
—No se parece, es igual, pero deja de hablar, no quiero escuchar tu voz.
Paola se dedicó a acariciar todo el cuerpo de Emma, masajeó sus tetas tratando cuidadosamente sus pezones, realmente trataba de mitigar la molestia por los piercings, la tocaba como le gustaba ser tocada a ella, después Emma guio la cabeza de Paola a su coño, Paola sabía que no tenía opción y tampoco podía resistirse, Emma la mantuvo entre sus piernas y Paola que nunca había pasado más allá de besar y toquetear a chicas, comió su primer coño. Emma la guiaba, su respiración le indicaba a Paola que tan bien lo hacía, sabía por dónde mover su lengua y descubrió que movimientos hacían complacían más a Emma. Emma disfrutó de la lengua de Paola al lamer y lengüetear su clítoris sobre todo la parte superior, dejó que Paola lo hiciera hasta que Emma tuvo un orgasmo y aun así no despegó la cara de Paola de su coño hasta que Paola emitió un leve gemido y espasmo. El vibrador comenzaba a moverse en su interior.
—Ama, el vibrador en mi interior comenzó a...
Emma suspiró.
—El chico del sótano ya se ha repuesto. Bien levántate zorrita, hemos terminado, a si, en el instituto no me llames ama ni me hables de usted.
—si ama, entiendo. Ahora me retiro.
—Ya es demasiado tarde, puedes usar una de las habitaciones si quieres.
—No hace falta ama, no quiero incomodarla, estaré bien.
—Como quieras, solo no te metas en problemas, porque entonces deberé intervenir y mi ayuda es cara.
Paola salió de la habitación y de la casa de Emma, su mente iba tan rápido que no se había percatado de su aspecto, ni del clima, hasta que un sujeto le dijo que cuánto cobraba por un servicio, otro sujeto le dijo que si no tenía frío yendo tan ligera de ropa, ambos fueron aplacados rápidamente por la maldición de Paola, que pensaba en todo lo que había pasado y lo que había hecho.
Cuando Paola llegó a su casa, su mamá dormía, agradeció por eso y se dirigió a su habitación y sin importarle su aspecto se acostó intentando pensar que todo era un sueño, que pronto despertaría y todo volvería a la normalidad.
Cuando Paola despertó, vio los vestigios de su noche, no había sido un sueño, pero sin que esto la impactara, se puso a pensar en un plan, lo primero fue que dejaría de intentar ser popular, tratar de pasar desapercibida, tal como lo hacía Emma, «¿Emma qué habría pasado con ella? ¿Qué habría pasado con sus papás?» Cuando la mente de Paola comenzaba a divagar, su mamá la llamó.
—Pao, ya es tarde.
—Ya voy, ya voy.
—Por cierto, la siguiente vez que vayas a llegar tarde avisa antes de que me tenga que enterar por terceros.
—Perdón, ¿cómo dices?
—La madre de Emma me habló, dijo que llegarías tarde por una situación que tuviste en su casa. La siguiente vez avísame antes, ¿ok?
—eh… si mamá.
Como era su rutina diaria, ambas mujeres salían de casa a la misma hora, la madre de Paola acercaba a su hija al instituto y después se iba al trabajo. Era una relación inusual para los demás, pues Paola no aborrecía a su madre como todas sus compañeras, el haberse separado de su padre de alguna forma las había unido, logrando mantenerse fuertes y entenderse.
En el instituto Paola se sentía extraña, las miradas que días anteriores la hacían sentir querida y apreciada, ahora la inquietaban, no sabía si esas miradas mermarían su reserva y debería de “alimentarse” de otro nerd a la brevedad.
Su novio la sorprendió por la espalda, ella reaccionó rápido, lo reconoció y sin más dijo:
—No tuve opción.
—¿Qué? —respondió él.
Justo cuando Paola iba a contarle sobre la noche anterior, también se hizo presente Emma, que antes de que Paola pudiera articular palabra le entregó un papel.
—La profesora quiere verte. Ahora.
—¡Eh! Ah, si vamos.
—Vamos —dijo su novio.
—Solo Emma y yo es sobre… un proyecto, luego te cuento.
En cuanto se alejaron un poco, Paola comenzó a hablar, pero fue de inmediato silenciada por Emma.
—No hables hasta que lleguemos con la profesora. —Incluso Emma se apartó unos pasos para que no se levantaran sospechas.
Mientras iban caminando, Paola comenzó a reflexionar que si bien Emma era gris en la escuela y la mayor parte del tiempo pasaba desapercibida, se hacía presente en momentos específicos o convenientes.
Cuando por fin llegaron al cubículo de la profesora, esta al mirar a Emma solo tomó sus audífonos, se los colocó y siguió trabajando.
—¿Eres estúpida?
—No te entiendo, no he hecho nada.
—Justo a eso me refiero, no puedes dar un cambio radical, eso llamaría mucho la atención, piensa, perrita, piensa. —Emma punzó con su dedo la cabeza de Paola.
—Para ya, yo hago lo que quiera, es mi vida y si deseo volverme impopular, lo haré.
—Ayer parecía que tenías más cerebro, no estás pensando con claridad. ¿De nuevo tienes hambre?
—¿Qué? No, eso fue… solo un desliz, no volverá a pasar, no seré más popular que nadie y no tendré que volver a estar con ningún nerd.
—Bien, supongamos que decides hacerlo ¿Qué pasará con el bonito? ¿Cuánto tiempo crees que pase antes de que te deje por alguien más popular? ¿Qué pasará con tus huecas amigas?
—No me importa si me quedo sola, no quiero esto, ya no quiero esto, deshazlo.
Emma suspiró.
—Mira, quienes estamos metidos en esto debemos buscar la forma de sobrellevarlo de la mejor manera posible, y eso no quiere decir que todo sean desgracias.
—Esto es una maldición, y no hay forma de que algo así pueda llegar a ser bueno.
Emma comenzaba a ponerse seria nuevamente, pero una notificación de su móvil desvió su atención.
—No tengo tiempo para tus estupideces ahora, debo resolver un tema que si es importante, así que ve y haz tu papel, sé la más popular, seduce a cuanto musculoso cabeza hueca te encuentres.
Emma salió un poco apresurada y molesta del cubículo de la profesora dejando a Paola y a la profesora solas, Paola hizo una seña para que la profesora se quitara los audífonos.
—Profesora ¿puede darme un consejo?
—Sí, obedece a tu compañera.
—Ella no puede tener todo el control, ni mucho menos tener la razón.
—Tal vez no lo veas aún, pero ella intenta ayudarte, ayudarnos a todos.
—Sí, no me diga, como es que la ayudó a usted?
—No puedo hablar de eso, lo siento.
—Entonces no me puede ayudar mucho. Bueno, no me veo “alimentándome” de nerds por el resto de mis días.
—Y te quejas por eso, habemos quienes desearíamos alimentarnos con nerds.
—¿Perdón?
—Emma no fue quien decidió que tu alimento fueran los nerds, eso se decidió desde que hiciste el pacto. Emma solo se encarga de alimentarte, y llevar las cosas lo mejor posible. Por otro lado, te salió barato, ya que incluso con los malos tratos que tenías hacia Emma, ella no abusó de su poder para hacer que te alimentes de manera humillante como lo ha hecho con otras personas.
—¿Cómo? ¿Qué puede ser más humillante que…?
—¡Oh!, mira la hora, debemos ir a clase. —Interrumpió la profesora a Paola.
Paola se sintió casi desalojada del cubículo de la profesora que se alejó a toda prisa hacia a su clase, Paola entonces se dirigió a su aula mientras pensaba cuantos más tendrían una maldición, qué habrían querido a cambio y cuál sería el “alimento” de esas personas. En ese momento todo le pareció ambiguo y monótono. ¿Tendría algún sentido ir a clase? ¿Intentar llevar una vida normal?
Las clases pasaban y Paola pensaba más y más sobre el tema, incluso pasó por su mente que si así sería su vida a partir de ahora, entonces por qué no llevar una vida licenciosa y abusar de su maldición, solo necesitaba alimentarse de nerds y bastaba con complacerlos sexualmente. El resto del tiempo en el instituto Paola solo caviló sobre su situación, cuando llegó a casa su madre la notó desanimada y estaba por proponerle una tarde-noche de chicas madre e hija cuando alguien llamó a la puerta.
—Hola, hace cuanto que no te veo, adelante, pasa. —Dijo la madre Paola desde la entrada.
—Gracias, señora. —Respondió una voz que Paola apenas escuchó, entonces se asomó a la entrada y vio a Emma.
—No, quiero hablar contigo.
—Hija, esa no es forma de tratar a los invitados y mucho menos a tu amiga de tanto tiempo.
—No lo entiendes mamá, ella es…
—Yo soy parte del equipo para el proyecto, y solo vengo a afinar unos temas para que todos estemos en el mismo canal. —Dijo Emma, adelantándose a Paola.
—No, me rehúso.
—¡Paola! Atiende tus responsabilidades. —Dijo firmemente su madre.
—Está bien, vamos a mi cuarto Emma.
Emma siguió a Paola a su cuarto, en cuanto entraron la primera en hablar fue Emma.
—Sé que no quieres verme, pero hace rato no terminamos de hablar sobre tu situación. Ahora eres mi responsabilidad, así que te voy a proponer dos opciones, para que elijas y decidas.
Paola iba hacia la que recordaba era la habitación de Emma, pero esta la dirigió en su lugar a la habitación principal.
—Oh cierto, ahora esta es mi habitación.
—Pero, ¿y tus… sus padres?
—Duermen en habitaciones separadas, ya te dije, eso es otra historia.
En su habitación, Emma se sentó en el sillón grande y cuando Paola iba a sentarse también en el sillón frente a este, Emma la detuvo.
—Tú no tienes derecho a sentarte sin mi autorización, además debes introducirte esto. —Emma le dio un vibrador en forma de polla a Paola para que se lo metiera.
—No haré eso.
—No entiendes tu situación, ¿verdad?
—Mira perra controladora…
Emma le dirigió una mirada seria a Paola, que sintió como si ejerciera una presión desconocida que le causaba malestar, entonces obedeció al instante, perfiló el fálico vibrador en la entrada de su aún mojado coño y este cedió increíblemente rápido aceptando el consolador.
—Escúchame perrita, si me hubieras hecho caso, no estarías metida en esto, pero tu vanidad, tu estúpida vanidad te llevó a esto y yo debo encargarme de ti, no quiero hacerlo, pero ya que tampoco tengo opción, será a mi modo, y será muy sencillo, haz lo que te diga, como te lo diga, cuando te lo diga y tu vida será más llevadera.
—Ama, usted y yo fuimos amigas, y quiero pensar que esto que hizo fue por lo que una vez nuestra amistad significó.
—Te equivocas perrita, tú dejaste muy claro que no me querías en tu vida, y para que lo sepas, este trato que me tienes que dar, sí, lo impuse yo. Y ahora, si me place también puedo hacerte sufrir por todo lo que las populares me han hecho.
—No, discúlpeme, ama, no sabía.
—Eso no te salvará, ahora que sabes que no tienes opción, intentas suavizar las cosas para que no sea severa contigo y sabes que, tenía otras cosas que hacer, pero vienes tú, deseas ser mejor que la perra de Diana, obtienes lo que quieres y ahora yo tengo que educarte.
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—Ama no fue mi intención.
—Y, sin embargo, no hiciste caso a mi advertencia, bien ahora no son concejos, ahora son órdenes.
—Lo entiendo ama, sé que ahora soy una carga para usted, prometo no darle más problemas, si me permite puedo hacerle algunas preguntas para saber ¿cómo actuar y no ser una carga?
—Bien, esa actitud me agrada más, ahora puedes hincarte y preguntar lo que quieras.
Paola se hincó y mirando hacia arriba a Emma, comenzó a hablar.
—¿Qué es lo que usted llama “hambre” y por qué se debe saciar de esta forma?
—Porque para tu desgracia lo que sea que te convenció de ser mejor que la perra de Diana tiene un sentido del humor muy retorcido y para mantenerte cuerda debes “alimentarte” con lo que más repudias o lo que intentabas evitar.
—Entiendo ama, y ¿cada cuanto debo alimentarme?
—Eso depende de cuanto uso le des a lo que sea que hayas deseado, en tu caso, cada vez que desees ser popular, que desees ser seducida o quieras conquistar chicos o chicas, disminuirá tu reserva, si llegas al límite, tu “hambre” se hará presente y no tendrás opción más que “alimentarte”.
—Ama, usted sabe mucho, ¿usted también tiene esta maldición?
—Eso no es un tema que te incumba.
—Disculpe ama, creo que ya entiendo, haré lo posible por no ser una carga más para usted.
—Ahora zorrita acércate a mí y hazme sentir bien, comienza por aquí —Emma se despojó de su ropay dirigió a Paola a sus tetas que tenían unos piercings iguales a los de ella— Me tuve que poner estos por tu culpa, ahora masajea mis tetas.
—Ama, no creo que fuera necesario hacerle eso a su cuerpo, si no lo deseaba ¿Por qué lo hizo?
—No tuve opción, es que no te das cuenta, observa bien.
Paola contempló el cuerpo de Emma, lo primero que observó fue que Emma tenía un cuerpo muy bien formado, tal vez si usara ropa diferente lo realzaría y se vería muy bien, como ella. Cuando Paola tocó el cuerpo de Emma se percató también de la suavidad, su piel era tan suave como su propio cuerpo y se atrevió a predecir que incluso tenía sus mismas proporciones, entonces Paola recordó que a principios del curso, Emma no tenía ese cuerpo sino un poco más robusto, muy parecido al de la profesora.
—Cómo ha cambiado su cuerpo, se parece tanto al mío…
—No se parece, es igual, pero deja de hablar, no quiero escuchar tu voz.
Paola se dedicó a acariciar todo el cuerpo de Emma, masajeó sus tetas tratando cuidadosamente sus pezones, realmente trataba de mitigar la molestia por los piercings, la tocaba como le gustaba ser tocada a ella, después Emma guio la cabeza de Paola a su coño, Paola sabía que no tenía opción y tampoco podía resistirse, Emma la mantuvo entre sus piernas y Paola que nunca había pasado más allá de besar y toquetear a chicas, comió su primer coño. Emma la guiaba, su respiración le indicaba a Paola que tan bien lo hacía, sabía por dónde mover su lengua y descubrió que movimientos hacían complacían más a Emma. Emma disfrutó de la lengua de Paola al lamer y lengüetear su clítoris sobre todo la parte superior, dejó que Paola lo hiciera hasta que Emma tuvo un orgasmo y aun así no despegó la cara de Paola de su coño hasta que Paola emitió un leve gemido y espasmo. El vibrador comenzaba a moverse en su interior.
—Ama, el vibrador en mi interior comenzó a...
Emma suspiró.
—El chico del sótano ya se ha repuesto. Bien levántate zorrita, hemos terminado, a si, en el instituto no me llames ama ni me hables de usted.
—si ama, entiendo. Ahora me retiro.
—Ya es demasiado tarde, puedes usar una de las habitaciones si quieres.
—No hace falta ama, no quiero incomodarla, estaré bien.
—Como quieras, solo no te metas en problemas, porque entonces deberé intervenir y mi ayuda es cara.
Paola salió de la habitación y de la casa de Emma, su mente iba tan rápido que no se había percatado de su aspecto, ni del clima, hasta que un sujeto le dijo que cuánto cobraba por un servicio, otro sujeto le dijo que si no tenía frío yendo tan ligera de ropa, ambos fueron aplacados rápidamente por la maldición de Paola, que pensaba en todo lo que había pasado y lo que había hecho.
Cuando Paola llegó a su casa, su mamá dormía, agradeció por eso y se dirigió a su habitación y sin importarle su aspecto se acostó intentando pensar que todo era un sueño, que pronto despertaría y todo volvería a la normalidad.
Cuando Paola despertó, vio los vestigios de su noche, no había sido un sueño, pero sin que esto la impactara, se puso a pensar en un plan, lo primero fue que dejaría de intentar ser popular, tratar de pasar desapercibida, tal como lo hacía Emma, «¿Emma qué habría pasado con ella? ¿Qué habría pasado con sus papás?» Cuando la mente de Paola comenzaba a divagar, su mamá la llamó.
—Pao, ya es tarde.
—Ya voy, ya voy.
—Por cierto, la siguiente vez que vayas a llegar tarde avisa antes de que me tenga que enterar por terceros.
—Perdón, ¿cómo dices?
—La madre de Emma me habló, dijo que llegarías tarde por una situación que tuviste en su casa. La siguiente vez avísame antes, ¿ok?
—eh… si mamá.
Como era su rutina diaria, ambas mujeres salían de casa a la misma hora, la madre de Paola acercaba a su hija al instituto y después se iba al trabajo. Era una relación inusual para los demás, pues Paola no aborrecía a su madre como todas sus compañeras, el haberse separado de su padre de alguna forma las había unido, logrando mantenerse fuertes y entenderse.
En el instituto Paola se sentía extraña, las miradas que días anteriores la hacían sentir querida y apreciada, ahora la inquietaban, no sabía si esas miradas mermarían su reserva y debería de “alimentarse” de otro nerd a la brevedad.
Su novio la sorprendió por la espalda, ella reaccionó rápido, lo reconoció y sin más dijo:
—No tuve opción.
—¿Qué? —respondió él.
Justo cuando Paola iba a contarle sobre la noche anterior, también se hizo presente Emma, que antes de que Paola pudiera articular palabra le entregó un papel.
—La profesora quiere verte. Ahora.
—¡Eh! Ah, si vamos.
—Vamos —dijo su novio.
—Solo Emma y yo es sobre… un proyecto, luego te cuento.
En cuanto se alejaron un poco, Paola comenzó a hablar, pero fue de inmediato silenciada por Emma.
—No hables hasta que lleguemos con la profesora. —Incluso Emma se apartó unos pasos para que no se levantaran sospechas.
Mientras iban caminando, Paola comenzó a reflexionar que si bien Emma era gris en la escuela y la mayor parte del tiempo pasaba desapercibida, se hacía presente en momentos específicos o convenientes.
Cuando por fin llegaron al cubículo de la profesora, esta al mirar a Emma solo tomó sus audífonos, se los colocó y siguió trabajando.
—¿Eres estúpida?
—No te entiendo, no he hecho nada.
—Justo a eso me refiero, no puedes dar un cambio radical, eso llamaría mucho la atención, piensa, perrita, piensa. —Emma punzó con su dedo la cabeza de Paola.
—Para ya, yo hago lo que quiera, es mi vida y si deseo volverme impopular, lo haré.
—Ayer parecía que tenías más cerebro, no estás pensando con claridad. ¿De nuevo tienes hambre?
—¿Qué? No, eso fue… solo un desliz, no volverá a pasar, no seré más popular que nadie y no tendré que volver a estar con ningún nerd.
—Bien, supongamos que decides hacerlo ¿Qué pasará con el bonito? ¿Cuánto tiempo crees que pase antes de que te deje por alguien más popular? ¿Qué pasará con tus huecas amigas?
—No me importa si me quedo sola, no quiero esto, ya no quiero esto, deshazlo.
Emma suspiró.
—Mira, quienes estamos metidos en esto debemos buscar la forma de sobrellevarlo de la mejor manera posible, y eso no quiere decir que todo sean desgracias.
—Esto es una maldición, y no hay forma de que algo así pueda llegar a ser bueno.
Emma comenzaba a ponerse seria nuevamente, pero una notificación de su móvil desvió su atención.
—No tengo tiempo para tus estupideces ahora, debo resolver un tema que si es importante, así que ve y haz tu papel, sé la más popular, seduce a cuanto musculoso cabeza hueca te encuentres.
Emma salió un poco apresurada y molesta del cubículo de la profesora dejando a Paola y a la profesora solas, Paola hizo una seña para que la profesora se quitara los audífonos.
—Profesora ¿puede darme un consejo?
—Sí, obedece a tu compañera.
—Ella no puede tener todo el control, ni mucho menos tener la razón.
—Tal vez no lo veas aún, pero ella intenta ayudarte, ayudarnos a todos.
—Sí, no me diga, como es que la ayudó a usted?
—No puedo hablar de eso, lo siento.
—Entonces no me puede ayudar mucho. Bueno, no me veo “alimentándome” de nerds por el resto de mis días.
—Y te quejas por eso, habemos quienes desearíamos alimentarnos con nerds.
—¿Perdón?
—Emma no fue quien decidió que tu alimento fueran los nerds, eso se decidió desde que hiciste el pacto. Emma solo se encarga de alimentarte, y llevar las cosas lo mejor posible. Por otro lado, te salió barato, ya que incluso con los malos tratos que tenías hacia Emma, ella no abusó de su poder para hacer que te alimentes de manera humillante como lo ha hecho con otras personas.
—¿Cómo? ¿Qué puede ser más humillante que…?
—¡Oh!, mira la hora, debemos ir a clase. —Interrumpió la profesora a Paola.
Paola se sintió casi desalojada del cubículo de la profesora que se alejó a toda prisa hacia a su clase, Paola entonces se dirigió a su aula mientras pensaba cuantos más tendrían una maldición, qué habrían querido a cambio y cuál sería el “alimento” de esas personas. En ese momento todo le pareció ambiguo y monótono. ¿Tendría algún sentido ir a clase? ¿Intentar llevar una vida normal?
Las clases pasaban y Paola pensaba más y más sobre el tema, incluso pasó por su mente que si así sería su vida a partir de ahora, entonces por qué no llevar una vida licenciosa y abusar de su maldición, solo necesitaba alimentarse de nerds y bastaba con complacerlos sexualmente. El resto del tiempo en el instituto Paola solo caviló sobre su situación, cuando llegó a casa su madre la notó desanimada y estaba por proponerle una tarde-noche de chicas madre e hija cuando alguien llamó a la puerta.
—Hola, hace cuanto que no te veo, adelante, pasa. —Dijo la madre Paola desde la entrada.
—Gracias, señora. —Respondió una voz que Paola apenas escuchó, entonces se asomó a la entrada y vio a Emma.
—No, quiero hablar contigo.
—Hija, esa no es forma de tratar a los invitados y mucho menos a tu amiga de tanto tiempo.
—No lo entiendes mamá, ella es…
—Yo soy parte del equipo para el proyecto, y solo vengo a afinar unos temas para que todos estemos en el mismo canal. —Dijo Emma, adelantándose a Paola.
—No, me rehúso.
—¡Paola! Atiende tus responsabilidades. —Dijo firmemente su madre.
—Está bien, vamos a mi cuarto Emma.
Emma siguió a Paola a su cuarto, en cuanto entraron la primera en hablar fue Emma.
—Sé que no quieres verme, pero hace rato no terminamos de hablar sobre tu situación. Ahora eres mi responsabilidad, así que te voy a proponer dos opciones, para que elijas y decidas.
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