Las amigas de Ana. Vacaciones con Carol. Parte 1
Ana le ha dado las llaves del apartamento y las reglas del juego: folla a Carol, pero llámala Rubén. Si cumple, tendrá carta blanca; si falla, perderá el acceso a las fiestas prohibidas. La semana empieza con una mamada en la autopista y termina con la verdad a punto de estallar.
Había pasado mes y medio desde la despedida y ya me había follado a todas las amigas de Ana, salvo a Carol. Estaba siendo un verano intenso y sumamente placentero para mí. Sin embargo, probablemente la más salida de todas las amigas se me estaba resistiendo, y aún tuve que esperar al final del verano para conseguirlo. Fue de la forma más fortuita. Cuando parecía que mis planes para el final del verano se torcían irremediablemente, los astros parecieron alinearse y todo fue encajando a la perfección.
Ana y yo habíamos reservado un apartamento en la playa para la última semana de agosto. Queríamos acabar el verano y las vacaciones con sol, relax, poca ropa y mucho sexo. Pero a última hora a Ana le surgió un trabajo que no podía rechazar. Ella es autónoma, y pasar de ese trabajo podía suponer perder un cliente potencial de los gordos, de los que te arreglan un cuarto de los ingresos de todos los meses. Tendríamos que quedarnos en casa para que hiciese ese proyecto justo en la semana de nuestras vacaciones.
Aún estábamos asimilando el fracaso del viaje a la playa cuando Ana se presentó ante mí con una sonrisa perversa, de las que me dejan claro que está cachonda. Yo estaba en una tumbona en nuestro patio, relajándome y en bañador. Ana llevaba una camiseta de tirantes blanca sin nada debajo y un pantaloncito corto que la hacía un culo espectacular. Se arrodilló entre mis piernas y empezó a acariciarme el torso.
–Dime que aún no has cancelado la reserva del apartamento.
–No, pero ahora lo hago.
–No, no lo vas a hacer…
–¿Qué? ¿Por qué? ¿Has podido retrasar el trabajo, puedes venir?
–No, YO no puedo ir –dijo Ana haciendo hincapié en el «yo».
–Ana, no voy a ir solo a la playa una semana… Lo que me atraía del viaje eras tú, no el mar.
–Es cierto, no vas a ir solo a la playa…
Ana empezó a acariciar mi paquete por encima de mi bañador. Mi polla reaccionaba con rapidez.
–Ana, ¿qué pasa?
–He estado hablando con Carol –al decir esto Ana metió sus manos por las perneras de mi bañador y agarró mi polla que ya estaba morcillona–. Le he contado nuestro viaje frustrado, y me ha dicho que justo donde habíamos alquilado el apartamento es donde vive su amiga Mary, una compañera de la universidad, y que lleva años intentando convencerla de que vaya a verla…
–Pues… que se quede con nuestra reserva, y vaya ella a ver a su amiga.
–Sí, eso la he ofrecido, pero dice que esa semana su marido no puede ir y no quiere ir sola… –el masaje que Ana estaba dando a mi polla se intensificó, convirtiéndose en una auténtica paja.
–Ya veo por dónde vas, golfilla… ¿y a ti te parece bien? No sería como en las otras ocasiones en las que nos tiramos a una de tus amigas los dos juntos, estaría yo solo con ella…
Ana sacó sus manos de mis bermudas, se quitó la camiseta acariciando bien sus pezones, se quitó el pantalón y las bragas y me hizo desnudarme a mí también. Luego se sentó sobre mi polla clavándosela hasta dentro.
–Ahhhhh… Mmm… Sería como el finde de la despedida… –Ana botaba follándose con mi polla mientras hablaba–. Tendrías que dejarme bien satisfecha antes de irte, mmmmm… síííí… luego tendrías carta blanca para hacer lo que quieras en el viaje… cumpliendo algunas condiciones… mmmm… y al volver tendrías que contármelo todo mientras me follas, mmm, sí, joder, así…
Estaba intrigado con esas condiciones que Ana quería ponerme, pero por el momento lo que me había dicho me había convencido del todo, me había puesto muy cachondo y mi novia no lo estaba menos, así que lo dejé estar y me centré en follarla como se merecía. Capturé uno de sus pezones con mis dientes, la agarré fuerte del culo y me moví bajo ella percutiendo su coño sin cesar. Cuando noté que se iba a correr, introduje un dedo en su ano, lamí el lóbulo de su oreja y le susurré al oído:
–Voy a reventar a tu amiga. Me la voy a follar por todos sus agujeros. Va a volver tan usada que su marido no la va ni a reconocer.
A Ana le sacudió un orgasmo tan intenso que se quedó completamente inmóvil sobre mí. Ni siquiera reaccionó cuando me vacié en su coño. Tuvimos que estar así casi cinco minutos hasta que Ana pudo levantarse y nos fuimos juntos a la ducha.
–Joder, cómo me ha puesto solo de imaginarlo… –me dijo Ana–. Cuando me lo cuentes todo a la vuelta vas a acabar conmigo.
–Bueno, aún no he dicho que sí. Antes necesito saber las condiciones…
–Pues verás, la amiga de Carol no conoce a su marido, así que tendrás que hacerte pasar por él. Serás Rubén durante esa semana.
–Aceptable.
–Además, tendrás que follarte a su amiga, y tendrás que conseguir que Carol se folle a su novio.
–Pero… ¿Carol está al corriente de esto?
–Solo de lo de que te harás pasar por Rubén, del resto no sabe nada… ¡y no puedes decírselo! Podrás decirle que eran condiciones impuestas por mí después de que pasen, pero tendrás que conseguirlo tú solito, sin su ayuda.
–Joder… pero… ¿tú conoces a su amiga? ¿Sabes si es una golfilla como Carol o si ha hecho algo así alguna vez?
–No la conozco. Carol solo me ha dicho que está buena y que tiene novio. Y con eso me basta, el resto es problema tuyo… y da gracias a que esté buena, que podría haber sido mucho peor para ti.
–Vale, supongo que acep…
–Espera, que no he terminado –Ana me interrumpió–. Hay más. Como quiero que todo el mundo sepa la clase de golfos que sois, también tendrás que conseguir que a Carol le folle el culo otro tío que no seáis ni tú ni el novio de su amiga, y tú tendrás que follarte a otra tía cualquiera, con novio, y delante de él. Todo esto mientras en todo momento dejáis claro a todo el mundo que Carol y tú sois un matrimonio completamente enamorado.
–¿Qué pasará si no consigo algo de lo que me has pedido?
–Oh, te conviene mucho que eso no pase… el año que viene se casa Sara y todas están muy interesadas en que tú seas el estríper de su despedida… Y ya sabes lo que hacen mis amigas en las despedidas… Que eso pase o no puede depender en gran medida de que cumplas todas mis condiciones.
Yo ya pensaba poner todo de mi parte por cumplir las condiciones de Ana, porque todas me ponían muy cachondo, pero ese último aliciente hizo que deseara con todas mis fuerzas que llegara de una vez el día de partir.
La verdad es que la espera se me hizo eterna, especialmente los últimos días, en los que Ana me obligó a dejarla constantemente satisfecha privándome, a la vez, de mi orgasmo, al igual que yo hice con ella antes de la despedida. Así que el día que salíamos para la playa, Ana estaba reventada, mientras que yo tenía la lengua ya sin papilas gustativas y estaba salido como un mono. Imaginad cómo me puse cuando Carol llegó con su coche y bajó de él con un vestido amarillo súper ajustado, de algodón, escote palabra de honor y minifalda realmente corta. Parecía cómodo para viajar, y fresco, pero desde luego a mí me iba a provocar un infarto. Era evidente que Carol no llevaba sujetador, y la incógnita de si llevaría bragas quedó resuelta enseguida.
–Aquí tienes a mi novio. Es tuyo –dijo Ana cuando salimos a recibirla–, ahora págame.
Carol sonrió, y allí, en plena calle, llevó sus manos bajo su vestido ajustado y se quitó unas braguitas blancas que entregó a mi novia y que enseguida reconocí. Eran las bragas que Ana le había dado a Carol en la boda de Elena y que había prometido devolverle cuando yo follase con ella.
–¿Me has vendido por unas bragas? –le pregunté divertido a Ana.
–No, te he «alquilado» por unas bragas –entonces se dirigió a Carol–. Recuérdalo, zorra, cuando volváis seguirá siendo mío. Hasta entonces disfrútalo.
Carol sonrió, le dio un pico a mi novia, y subió al coche. Ahora sabía con certeza que no llevaba nada debajo de su vestido. Me iba a costar no ir todo el viaje empalmado. Es más, me iba a costar no correrme, aún sin tocarme, yendo al lado de semejante mujer teniendo en cuenta que llevaba varios días de abstinencia. Mientras yo metía mi maleta en el maletero, Carol bajó la ventanilla y me gritó, para que Ana lo oyera:
–Sube, maridito, que tengo ganas de llegar y estrenar el apartamento…
Y nuestro viaje empezó. Carol le había dicho a su marido Rubén que se iba a la playa con Ana y otras dos de sus amigas, y que ella llevaría el coche. Por eso prefirió ir en su coche que en el mío. Como si una mentira más a su marido hubiese cambiado algo… Nos turnaríamos para conducir, pero empezó conduciendo ella. Yo iba en el asiento del copiloto viendo cómo cada vez que movía sus piernas para pisar el embrague o el freno su vestido se recogía unos milímetros enseñándome más muslo, sabiendo como sabía que lo siguiente sería ver su coñito… Mi erección era más que notable bajo las bermudas que yo vestía.
–Espero no equivocarme de palanca de cambios… –me dijo ella divertida–. ¿Qué pasa, no os habéis desfogado bien antes de venir? Pensé que Ana te dejaría seco para que no fueses muy cruel conmigo…
–Más bien todo lo contrario. A ella si la he dejado bien satisfecha para que no me eche mucho de menos, pero yo voy en ayunas y bien cargadito para que no tengas queja de mí.
–Mmmm… me encanta. Y supongo que Ana te ha pedido que le cuentes después todo lo que hagamos, como hizo ella tras la despedida.
–Es algo que haría aunque no me lo hubiese pedido. No hay motivo para mentirnos, y contarnos guarradas mientras follamos es algo que siempre nos ha gustado…
–Qué envidia… Y dime, ¿te ha puesto condiciones como hiciste tú?
–No ha hecho falta –mentí–, sabe que todas las perversiones que pudiera pedirme se me iban a ocurrir antes a mí, y no pienso cortarme a la hora de cumplir mis fantasías con mi nueva mujercita…
–Me encanta el rollo que tenéis Ana y tú, de verdad, y me dais mucha envidia, pero te recuerdo que esta semana eres Rubén, y todo lo que sabe Mary de mi marido es que es un buen hombre, y un esposo fiel. No te pases…
–¿Y sabe tu amiga Mary que tú no eres una esposa tan fiel como tu marido?
Carol frotó sus piernas, nerviosa, como si le hubiese despertado algún recuerdo, y me miró divertida y pícara.
–Algo sabe. En su día compartimos muchas aventuras… Pero ha pasado mucho tiempo.
Ya habíamos salido a la autovía, y aunque nuestra conversación estaba siendo sumamente interesante, Carol iba concentrada en la conducción. Solo apartaba sus ojos de la carretera para echarme alguna que otra miradita.
–Debe de hacer mucho que no os veis si no conoce a Rubén… ¿Y qué pasará si decide ir ella a verte a Madrid? Te recuerdo que a partir de hoy creerá que tu marido soy yo…
–Pues que quizá tenga que mandar a Rubén de viaje y volver a pedirle a Ana que me preste a su novio… –me miró con auténtica lujuria. O eso quise pensar.
–Y pagar el precio que Ana quiera pedirte…
Ahora sí sonrió perversa.
–Oh, eso será lo mejor de todo…
Yo ya no podía más, y los pezones de Carol que estaban a punto de atravesar su vestido me indicaban que ella también estaba cachonda, así que llevé una de mis manos a su pierna y empecé a acariciarla subiendo la mano peligrosamente cerca de su coño.
–¿Qué haces? –me preguntó sin ningún tipo de reproche en su voz.
–Ahora soy Rubén. No me digas que él nunca te ha metido mano mientras conduces…
Carol no respondió, solo sonrió y abrió ligeramente sus piernas. Mi mano no se entretuvo y acarició su coño suavemente. Lo había visto en fotos, había oído a Ana contarme las más salvajes anécdotas sobre esa vagina, incluso la había llegado a tocar en la boda de Elena, pero después de lo que ya había pasado con todas sus amigas, me sorprendió pensar que esa era la primera vez que la tenía a mi disposición.
–Mmmmmm… sííí… –gimió.
No me extrañó lo húmedo que estaba, pero sí encontrar una pequeña mata de vello. Directamente subí la falda y miré con descaro ese triángulo delicadamente recortado y perfilado sobre su coño. Tenía los labios completamente depilados, y solo había pelo en esa perfectamente delimitada zona que parecía una flecha indicando el camino hasta su preciado tesoro. También recordé que Daniela se había dejado una fina tira de vello para nuestro trío.
–¿Has ido a la peluquería por mí? –pregunté.
–En realidad siempre lo llevo así. En la despedida decidimos entre todas llevarlo peladito como un compromiso de que íbamos a follarnos al estríper, pero me gusta más así. Ahora sigue tocándome…
Era evidente que Carol estaba muy cachonda, así que decidí sondearla un poco para ver cuáles eran mis posibilidades reales de tirarme a su amiga o que ella se tirase a su novio. Volví a frotar su coño con mis dedos mientras que la otra mano pellizcaba uno de sus erguidos pezones sobre la tela de su vestido.
–Y respecto a esas aventuras que viviste en su día con tu amiga… Apuesto a que podrías decirme cómo llevaba ella de arreglado el coño.
–Ja, ja, ja –volvió a mirarme divertida. Se notaba que disfrutaba cuando recordaba las vivencias con su amiga–. Podría decirte cómo lo llevaba entonces… y hasta a qué sabía. Pero ahora, no sabría decirte.
–Vaya, vaya, con tu amiga… Y dime, ¿te has liado con ella estando ya con Rubén?
Yo seguía masturbándola, ella gemía mientras hablaba, y yo sabía que mientras la mantuviese en ese estado de excitación, me lo contaría todo.
–¿Qué clase de pregunta es esa para hacerle a tu mujercita? Mmmm… Pues estando casados no. La última vez que la vi fue en un viaje fugaz yo sola para llevarle la invitación de boda. Me apetecía verla y dársela en mano. Mi despedida no fue tan divertida como la de Elena. Estaban mis primas, y la hermana de Rubén. Y mis amigas eran mucho más puritanas que ahora. Mmmm, joder, sí, sigue… –mis manos no paraban quietas–. Mary al final no pudo venir a la boda, pero digamos que en mi visita… me hizo una despedida de soltera en condiciones.
–No me digas que su novio hizo de estríper… –ese dato me interesaba especialmente–. ¿O es que tú tampoco le conoces a él?
–¿Novio? ¿Quién te ha dicho que Mary tenga novio?
–Pues… Ana me dijo… tú le dijiste… –yo estaba confuso, y Carol estaba disfrutando mucho de la situación, y no solo por mis esfuerzos en hacer que se corra.
–Lo que yo le dije a Ana es que Mary tenía PAREJA, no novio… pero tranquilo, si te portas bien dejaré que mires por un agujerito mientras yo me las follo a las dos… –en ese momento Carol tomó la salida a un área de descanso y aparcó lo bastante apartada como para que nadie se fijara en nosotros. Yo me recompuse y volví a la carga con mis manos–. Pero si tenías intenciones de follarte a mi amiga, siento decirte que lo tienes complicado, aunque pagaría por ver a esa zorra empalada en una polla… Mmmm, joder, sííí, sigue, qué manitas tienes cabrón…
Y Carol se corrió entre gemidos y espasmos. Menos mal que paró en esa área de servicio, porque si un orgasmo así le hubiese llegado conduciendo, lo más probable es que hubiésemos acabado fuera de la carretera…
Yo me recompuse como pude de la nueva información que había recibido. Mi perversa mente empezó a trabajar a mil por hora, y el nivel de excitación que para entonces tenía ayudó a que volviese a tomar las riendas de la situación.
–Sé una esposa obediente, haz todo lo que yo te pida esta semana, y te aseguro que verás a tu amiga recibir rabo.
–Mmmm, trato hecho, pero ahora cámbiame el sitio, vas a ver lo que sabe hacer tu mujercita cuando conduce su marido…
El cuerpo de Carol, lo que me había contado de su amiga, lo que me esperaba por delante, y sobre todo, la abstinencia que llevaba, tenían a mi polla a punto de explotar y a mis huevos rebosantes de lefa. Por eso fue todo un espectáculo salir del coche con la tienda de campaña para sentarme en el asiento del conductor. Pero sabía lo que me esperaba y, de perdidos al río, antes de meterme me quité el bañador y me senté completamente desnudo de cintura para abajo. Cuando Carol me vio desde el asiento del copiloto, se subió su vestido hasta la cintura y luego se bajó el escote sacando sus tetas. Redondas, morenas, sin marcas del bikini. No muy grandes, pero sí muy bien puestas y duras como piedras. Los pezones erguidos me indicaban que, pese a acabar de correrse, aún estaba excitada. Sus pequeñas areolas pedían a gritos ser mordidas, pero mantuve la cabeza fría, arranqué el coche, y seguimos el viaje.
Antes de que Carol hiciese o dijese nada, cogió mi móvil, lo sincronizó con el Bluetooth de su coche para activar el manos libres, e hizo una llamada. Yo pude ver en el ordenador de a bordo «Llamando… Ana móvil» antes de que sonara el primer tono.
–Dile que todo va bien, que hemos parado en un área de servicio y que estoy en el baño… –me dijo Carol, e inmediatamente después se agachó y engulló mi polla, chupándomela como una auténtica profesional.
–¿Sí?
–Hola cariño. Todo va bien. Seguimos de viaje. Ahora estoy conduciendo yo y tu amiga me la está chupando mientras conduzco. Te ha llamado ella, creo que quiere oír tu voz mientras me hace una mamada –Carol intentó incorporarse, enfadada, pero se lo impedí. Empujé su cabeza de nuevo hacia abajo y cuando recuperó el ritmo de la mamada llevé mi mano a sus pezones y los pellizqué con saña–. Date prisa en saludarla, porque tengo los huevos rellenitos y no voy a tardar nada en llenarle la boca de lefa…
–Qué hijos de puta… Yo estaba trabajando, pero puedo hacer un descanso y unirme a vuestros juegos… Haz algo para que oiga a esa guarra.
Entonces agarré a Carol del pelo con una mano mientras con la otra manejaba el volante, y empecé a subir y bajar su cabeza con fuerza mientras se oía como mi polla follaba su garganta. Cuando la primera arcada apareció, subí su cabeza hasta que mi polla estuvo fuera de su boca y Carol cogió una gran bocanada de aire para soltarla en un gemido, justo antes de volver a follarle la boca con mi polla.
–Uhmmmm… sííí… ahora la oigo… joder, se me ha inundado el coño solo de imaginarme la escenita… cuéntame lo que no veo… «Rubén».
–Pues verás, ¿recuerdas el vestido amarillo que llevaba mi mujercita esta mañana? Pues ahora está arrugado en su cintura. Debajo de él no llevaba nada, porque se quitó las bragas para dártelas, así que va con las tetas al aire y está frotando su culo contra el asiento, yo creo que para sentir el roce en su coñito… Yo estoy agarrando su cabeza con una mano, para marcarle el ritmo al que tiene que comerme la polla. Cuando no está a la altura, directamente le follo la boca. Eso le vuelve loca, le pone muy puta… Mira, ahora ha llevado una mano a su coño para hacerse un dedo. La muy guarra acaba de correrse y ya quiere su segundo orgasmo.
–Mmmmmm… me encanta. ¿Quieres saber una cosa? Las bragas que me ha dado tu mujercita esta mañana las llevo ahora puestas, y me estoy haciendo un dedo con ellas… Dime, ¿ya te la has follado?
–Aún no, primero voy a descargar todas mis reservas de lefa en su boquita, después le reventaré el coño. Antes le hice un dedo mientras conducía ella a la vez que me iba contando cositas muy, muy interesantes… ¿quieres saber algo divertido? La zorra de mi mujer me acaba de confesar que hace tiempo me fue infiel con su amiga Mary. Se lo montaron las dos juntas… ¡con su novia!
–¿¿Quééé??
–Así es, la amiga de la golfa de mi mujercita es una zorra lesbiana y nos está esperando en la playa con su novia…
–Mmm… ahhhhggg, joder….
Noté como Ana se corría mientras asimilaba lo que le acababa de decir y lo que eso suponía para las condiciones que me había puesto para el viaje, y yo me corrí a la vez que mi auténtica novia en la boca de mi falsa mujer, que tragaba como podía todo el semen que tenía guardado para ella. Cuando levantó la cabeza, tenía el rímel corrido y chorretones de lefa que salían de su boca. No había podido tragarlo todo. Respiraba con dificultad y su mano aún torturaba su clítoris, pero sus gemidos eran claramente oídos por Ana.
–Joder, qué corrida, casi me ahogas… –dijo Carol–. Lo que voy a disfrutar de mi marido esta semana… bueno Ana, te dejo, tendrás más noticias nuestras pronto.
Y colgó. Aunque siguió masturbándose sin decir nada, mirando mi polla y a mí con toda la lujuria del mundo, hasta que se corrió por segunda vez en ese coche.
–Eres un cabrón –me dijo–, tenías que decirle que yo no estaba…
–Ya te dije que yo no le miento a Ana. Y te recuerdo que eres tú la que tiene que hacer lo que yo diga. No me des órdenes, cumple las mías y verás como todas tus fantasías se hacen realidad… Además, no me negarás que así ha sido más morboso… Ella no ha tardado nada en correrse. La hemos puesto a mil.
–Sí, ha sido la hostia cuando le hablabas como si fueras mi marido…
Un rato después hicimos otra parada, está vez para tomar un café y descansar. Yo miré mi móvil y tenía un mensaje de Ana.
«Las condiciones no han cambiado. Fóllate a esa lesbiana y que Carol se folle a su novia. Y gracias por la llamada, ha sido un descanso de lo más placentero. Uno como ese al día me haría mi trabajo más llevadero…;)»
Tomé nota de la sugerencia de Ana, pero no le dije nada a Carol del mensaje. El resto del viaje no fue tan divertido, hablamos de trabajo, me contó alguna cosa de su marido y su matrimonio, y solo cuando la conversación derivó en sus amigas y lo bien que se lo pasaron en la despedida, el ambiente volvió a caldearse. Yo le conté alguna cosa de nuestras aventuras con sus amigas, y de vez en cuando nos metíamos mano. La verdad es que ese vestidito que llevaba me lo ponía fácil. Carol casi se corre cuando le conté como enculé a Sara mientras le gemía a su novio inconsciente a la cara, pero lo cierto es que llegamos a nuestro destino a la hora de comer sin más orgasmos. Y por lo tanto, cachondos como perros.
Aun así, comimos en un bar antes de subir al apartamento, porque el piso estaría vacío de comida y ambos sabíamos que en cuanto pusiéramos un pie dentro, ya no saldríamos hasta estar hartos de follar. Mary vivía realmente cerca, a un par de calles de nuestro apartamento, pero Carol le había dicho que llegaríamos por la noche, y que mejor ya nos veíamos al día siguiente, así que teníamos toda la tarde para nosotros…
El apartamento era pequeño, pero estaba bien. Un salón con cocina americana, terraza amplia, con espacio para una mesa y cuatro sillas, con vistas a la piscina de la urbanización. Un solo dormitorio con una cama grande, y un baño con jacuzzi. Ana se empeñó en ello cuando hicimos la reserva, y ahora yo iba a disfrutarlo con otra mujer. La playa estaba a unos diez minutos andando.
Mientras revisaba el piso, Carol se había ido directa al dormitorio. Pese al viaje que habíamos tenido, aún me sorprendí al entrar en la habitación y verla completamente desnuda.
–Necesito un baño… ¿vienes?
Estábamos tan cachondos que ni siquiera llegamos al cuarto de baño. Lo primero que hice al verla fue agarrarla del culo y amorrarme a su pecho. Chupaba sus redondas y duras tetas y castigaba sus pezones con mis dientes. Ella, tan caliente como yo, intentaba desnudarme entre gemidos. No le fue fácil, y acabamos cayendo ambos sobre la cama.
Formamos un pequeño lío de extremidades hasta que me tuvo completamente desnudo, momento en que metí mi polla en su boca y, agarrando bien su culo, completé un sesenta y nueve devorando su coñito. Era la segunda vez que me la chupaba y ya podría decir que era la mejor mamadora de todas sus amigas, incluso mejor que las gemelas. Solo Ana, tras años de experiencia, me la chupaba mejor.
En un momento dado, pasé mi lengua por su ano, y un par de mis dedos empezaron a jugar en su orificio trasero.
–¿Quieres usar todos mis agujeros antes de follarme por el coño? Ya la tienes a punto… reviéntame el coño como es debido, por favor…
–¿Es que piensas negarle el culo a tu maridito?
Recordarle que esta semana yo era su marido le despertó sus ganas de jugar, y se revolvió sentándose sobre mí, y frotando su coño contra mi polla.
–Ya sabes, Rubén, que a ti solo te dejo usar mi culito el día de tu cumpleaños, como regalo, y para que no pienses que tu mujer es una guarra…
–¿Y a cuántos que no son tu marido les has dejado usar tu culo mientras a él se lo niegas, zorra?
–Uffff… –Carol ahora intentaba meterse mi polla en el coño, pero yo la había cogido por la cintura y lo impedía–. He perdido la cuenta… pero es que me da igual que el resto del mundo sepa lo puta que soy, solo quiero que mi maridito me respete…
–Pues esta semana tu marido no va a respetarte, sino que va a tratarte como a la guarra que eres –diciendo esto la giré, la puse a cuatro patas y le metí mi polla lentamente por su culo–. Pero tranquila, que también tu coño recibirá lo que se merece.
Esto último no debió oírlo, teniendo en cuenta los gritos que estaba pegando al ser sodomizada. Había jugado un poquito con su culo, pero no lo había dilatado en condiciones. Yo sabía que Carol le daba un uso frecuente, aunque por lo visto no con su marido, y pensé que un poco de brusquedad le vendría bien a esa zorra. Y no me equivoqué. Entre su experiencia anal, y lo cachonda que estaba, en menos de un minuto sus gritos ya eran gemidos, y desesperada me pedía más.
–Sííí… me encantaaaa… dame más fuerte, Rubén, disfruta del culo de tu mujercita, aaaahhhhghh… –mientras ella se retorcía sus pezones, yo azotaba sus nalgas al ritmo al que percutía su ano con mi polla–. Jodeeeer, me corroooo, me corro por el culoooooo…
Sin dejarla descansar, y puesto que yo aún no me había corrido, se la inserté en el coño de un empujón cuando apenas terminaba su orgasmo, y yo volvía a bombear con todas mis fuerzas mientras Carol ponía los ojos en blanco y babeaba ya sin poder ni hablar.
Aguanté lo que pude para sincronizar mi orgasmo con el segundo suyo, y descargué en su coño una buena carga de lefa mientras Carol se corría patas abajo. Después le di a chupar mi rabo para que lo limpiara aunque apenas era consciente. Yo me fui a duchar solo, mientras ella se recuperaba. Cuando salí seguía en la cama, aún desnuda, con restos de lefa en la cara y el coño, y con el culo abierto, pero feliz.
–Ahora sí que necesitas un baño –le dije–, aunque con esas pintas de guarra estás preciosa. Lo que daría por que te viese así tu auténtico marido –y aproveché para hacerle una foto.
–No serás capaz…
–Claro que no. Es para mi colección particular.
Lo que quedaba de tarde salimos a hacer la compra y a dar una vuelta por el barrio. Luego cenamos en la terraza, casi como una pareja normal. Aunque la conversación fue subiendo poco a poco de tono hasta que acabamos hablando de la relación que tenía con su marido.
–¿De verdad solo le dejas follarte el culo en su cumpleaños? –le pregunté.
–Sí. Así lo coge con más ganas. Yo finjo que me duele y que no me gusta hacerlo, pero que lo hago por él. Así él está contento y para mí lo más difícil es no gemir de gusto mientras me encula.
–Mujer, no te digo todos los días, pero si se lo dejaras hacer de vez en cuando él estaría más contento. Y si le dijeras que a ti también te gusta lo disfrutaríais más juntos…
–Él está muy orgulloso de su recatada y decente mujercita, que no le gusta el sexo anal, no se traga el semen y no desea a otros hombres… –me miró divertida al decir eso. Si su marido supiera que en solo un día ya me había follado su culo y se había tragado mi semen…–. Y se le llena la boca cuando insulta a alguna tía que, le han dicho, ha puesto los cuernos a su marido…
–¿Y no te da miedo que te pille en un renuncio? Un día de su cumpleaños, por ejemplo, puede notar que tu agujerito está más dilatado de lo que debería…
–Soy cuidadosa. Viajo mucho por trabajo y tengo algunos amantes fijos fuera de Madrid. Y a parte de ti, nunca lo hago con nadie que conozca a mi marido. Y respecto a lo otro… nunca lo hago por ahí un mes antes de su cumpleaños –me miró divertida y me guiñó un ojo–. La semana siguiente estoy ansiosa de que me lo revienten y ya procuro que me lo rompan como es debido…
–Joder, lo que se está perdiendo tu marido por no aceptar que a las mujeres también os gusta el sexo… Seguro que luego él es un cerdo que tiene un montón de perversiones.
–No te creas. Una vez intenté convencerle para hacer un trío, con otra chica, ¿eh?, y me montó una gordísima. Casi rompemos, y todo.
–Y no has pensado en buscarte a uno más acorde a tus… características.
–Ni hablar. Es mi marido, y le amo con locura. Es perfecto para mí en todo lo demás. Y para satisfacerme sexualmente… tengo otros recursos.
–Si no recuerdo mal… en la despedida de Elena probaste algo con Ana que, dijiste, ibas a probar con Rubén en cuanto lo vieras… ¿Cómo se tomó el puritano de tu marido que la recatada de su mujercita le pidiera que le meara encima?
–Joder, ja, ja, ja… no me atreví a pedírselo. Me quedé sin hacerlo. Hace años entré en el baño mientras orinaba e intenté agarrársela. Es algo que me pone mucho, y que hago con algunos amantes. Es como sentir cierto poder, tener toda la virilidad de un hombre en mis manos. No sé explicarlo… Él me hartó de loca, y desde entonces cierra con pestillo cada vez que entra a hacer pis. Así que cuando lo pensé en frío, preferí tener la boquita cerrada…
–¿Y esos amantes no te lo han hecho?
–No. No es algo que vaya confesando por ahí. Una cosa es sujetársela mientras mean y otra… Ni siquiera saben que me guste. Expresarlo en voz alta delante de mis amigas fue todo un logro, y hacerlo con Ana un auténtico subidón. Ahora tú también lo sabes y… bueno… ¿tú me lo harías?
A pesar de que saqué yo el tema, la pregunta me pilló desprevenido, y tardé un segundo en contestar.
–No es algo que me ponga. Aunque dependiendo de la situación… ya veremos, esta semana pueden pasar muchas cosas…
–Mmmmm, esto promete.
Estuvimos hablando hasta tarde, y estábamos bastante cansados del viaje, así que cuando nos levantamos de la mesa nos fuimos a la cama. Aun así, acostarnos en la misma cama desnudos nos volvió a poner cachondos, y echamos otro polvo antes de dormir. Fue la primera vez que estaba en la cama con una chica y me ponía cachondo que dijese el nombre de otro tío. Carol no dejaba de llamarme Rubén mientras me la follaba, y yo la susurraba en el oído que era una zorra, y que esa semana tendría un marido que lo sabía y que sabría sacarle partido.
A la mañana siguiente, mientras estaba orinando, Carol se acercó por detrás, pasó sus brazos por mis costados y me agarró la polla. La verdad es que es una sensación agradable que otras manos te la sujeten mientras meas. Yo le dejé hacer y cuando terminé me sorprendió comprobar que la tenía morcillona. Carol me chupó el glande y me miró sonriendo.
–No está mal, pero sigo prefiriendo que me la chupes mientras me corro que mientras orino –le dije.
–Tampoco es mal plan…
Y Carol se sentó en la taza del váter y empezó a chupármela. Ambos estábamos desnudos, tal y como habíamos dormido, así que mientras me hacía una mamada yo me dediqué a pellizcar sus pezones. Cuando la tuve dura del todo, le agarré del pelo y empecé a follarle la boca. Su garganta albergaba mi rabo con una facilidad pasmosa, aunque alguna lagrimilla se le empezaba a escapar, y cada vez que tenía una arcada yo se la sacaba para que cogiera aire.
Pronto empezó a masturbarse ella misma, pero cuando vi cómo Carol estaba orinando mientras se frotaba el clítoris, me corrí abundantemente en su boca.
–Eres una cerda –le dije–. Quédate mi semen en la boca hasta que te corras, y entonces trágalo.
No tardó nada. Ni siquiera había terminado de orinar, y durante un segundo Carol estaba orinando, corriéndose y tragando mi lefa a la vez.
Aquellas vacaciones de placer, para los dos, solo acababan de empezar.
Continuará…
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