Xtories

Carola, su hija Dosemes y Jotace.

Carola llega al despacho del abogado para quejarse de su vecino, pero Jotace solo escucha para imaginar a su hija, Dosemes, follando con un albañil. Entre la paciencia forzada y la lujuria creciente, el abogado descubre que la clienta no es el problema, sino la puerta a las fantasías más oscuras de la hija.

undiaesundia6.8K vistas

Carola, su hija Dosemes y Jotace. Historias de un abogado.

De nuevo he visto a Carola.

Ha venido y otra vez a contarme lo de la dichosa finca en el pueblo. He preguntado por su hija Dosemes. ¿Carola, qué tal está Mari Mar? Si, la hija de Carola se llama María del Mar, pero como siempre firma M. M. la bauticé como Dosemes, y con Dosemes se quedó.

Carola siguió cotorreando no sé qué de los vecinos, hasta que, sin venir a cuento, obligada a contestar a mi pregunta, dijo algo así como que

-. “Mari está muy bien… Está muy contenta con lo del nuevo trabajo… Pero está muy liada… porque mira, se ha puesto a arreglar la cocina… Ha venido a vivir con ella un amigo nuevo… ahora ya sabes… todos son amigos… Y se lo está haciendo él que es muy manitas… Yo no le conozco… pero Mari está muy contenta con él… Debe ser muy buen chico…

Ya… me ha dicho que tiene que venir un día a verle a Usted y traer unos papeles”…

Y siguió contándome las historias de su vecino el del pueblo, y de lo molesto que es, y de si se puede o no hacer nada, porque su difunto marido, ese, su marido, ese les tenía muy bien puestos… Perdóneme Usted, mi marido, ni abogados ni leches, directamente hubiera echado sal en los setos y verías tu si los podaba o no...

En ese momento pensé que en la facultad nunca te enseñan a aguantar a clientas pesadas que hablan y hablan y hablan sin parar, pero no te dicen nada… Es difícil guardar la concentración, sobre todo si te has follado a su hija…

No puede evitar el pensar en Dosemes… en María del Mar, la hija de Carola… La que había divorciado hacía ya un par de años… Y me la imaginé en la cocina con su nuevo amigo… El albañil… sucio de yeso… de escombros…

Y venga a contarme cosas del vecino y de los dichosos setos que su marido había plantado a condición de que los podara cada año un vecino… Y yo solo podía concentrarme en Dosemes y en imaginar como el albañil, cuando llega de la calle Dosemes cargada con las bolsas de la compra, la mira, y sin decirla nada más, la da vuelta, la gira, y la hace apoyar los codos sobre la mesa. Sujeta sus caderas y tira hacia atrás haciéndola sacar el culo hacia afuera.

Me imagino que la levanta la falda con suavidad. Con cuidado, como si fuera la tapa de un yogur. Dobla la tela de la falda y la deja delicadamente sobre sus caderas. Se retira. Contempla su culazo cubierto por sus sempiternas bragas blancas. El blanco es su color favorito para la ropa interior. Me lo dijo cuando me la cepillé por primera vez.

Sé que Dosemes disimuladamente para que él no lo viera y pensara de ella que es una mujer fácil, estaría sonriendo. Es una de sus fantasías eróticas. Me lo contó un día… “Estar en la cocina y que un albañil… un fontanero…. Quien sea, dijo con voz lasciva, me ponga de bruces sobre una mesa. Que me suba la faldita. Me saque los pechos…. Y me dé…. ya sabes tú que…. Le dejaría hacerme eso y todo lo que él quisiera” me contaba…

Y seguro que su nuevo amigo se lo estaría haciendo… Su amigo a lo mejor en ese mismo instante, mientras que Carola me está dando una tremenda paliza, está bajando lentamente las bragas a su hija Dosemes. Estará en la cocina deleitándose con ese culo… Separando las nalgas… mirando curioso ese ojete sin pelos… Su rabo tieso se acercará por detrás… buscando la entrada… A lo mejor, buscando su entrada más sucia.

Conozco esa postura perfectamente… Lo hicimos así en mi despacho el día que me la follé por primera vez… Aunque primero yo, la abrí la blusa para sacarla las tetazas de su sujetador blanco… ese que se había comprado para que yo la viera con el puesto…

Aquel día es lo que hice yo. Girarla… colocarla... recrearme mirando sus nalgas… ver asomar sus labios depilados… y comenzar a sobar su coño desde atrás…

Luego, cuando ya esté más que caliente, sé que la muy zorra levantará una pierna para facilitar la penetración… Lo hizo conmigo.

A mí, en esa postura, me encanta tocar su coño abierto y húmedo. Agarrar sus carnosos labios… Acercar mi polla y restregarla… fingir que no encuentro su agujero y pasearla por su húmedo coño. Gemirá, moverá sus caderas buscando atrapar mi pene. Sé que ella con el albañil lo estará esperando…

Jugaré un poco con ella y… sin previo aviso, la penetraré. Y recibirá pollazo tras pollazo… La gusta así… La fascina. Me lo dijo ella y yo lo confirmé desde el primer día, oyéndola primero jadear, luego gemir y por fin gritar con su orgasmo.

Ella no dirá que no a nada. Solo subirá y bajará el torso para que los pechos rocen o no con la mesa… La excita… La pone muy cachonda que sus tetas oscilen y se muevan de adelante a tras restregándose pezones. Si, me lo dijo ella… Además, con la pierna levantada, una de sus manos podrá acariciarse cómodamente el clítoris mientras recibe esa polla que tanto placer la da…

Sé que se correrá así con el albañil, como se corrió conmigo… Y a lo mejor, después de su primer orgasmo, hasta se separa las nalgas invitando a que uses… su culito…

Cuando terminemos, se vestirá ignorándote, como si no estuvieras en la habitación. Y hasta otra. Suele despedirse con un seco pero educado, adiós. O sin más, con un simple hasta luego. Dosemes es así.

Y ya ve Usted… no hay forma de que el vecino deje de incordiar… No sé si llamar a la guarda o prender fuego a sus puñeteros setos… porque mire Usted que no hay forma de hablar con ese hombre, no se da a razones.

No puedo evitarlo. Cada vez que viene Carola al despacho, la polla se me pone morcillona y no dejo de pensar en las tetas de su hija, y que me la estuve follando encima de la mesa…

Si a Homer Simpson dentro de su cerebro le sale un mono con platillos cuando no puede prestar la atención, a mí, cuando habló con Carola, me salen las tetas de Dosemes rebotando mientras me la estoy cepillando encima de mi mesa como a una buena guarra....

Dosemes es la leche. Me encantan sus visitas sorpresa, sus cuentos, sus confesiones... Si porque más que su abogado soy su oyente...

A veces, cuando viene a traerme papeles del negocio a ultima hora de la tarde, la pongo un whisky en cuanto nos quedamos solos, hablamos, y hablamos…

De vez en cuando, me cuenta sus fantasías, que la mayoría de las veces, sé que no lo son.

Me confiesa que la da vergüenza que piense de ella que es una puta... Eso me dice. A ella la gusta el sexo, la encanta.

-. Pero... Si me creo mala fama… ya sabe Usted de qué, pues… qué van a pensar de mi... dice con frecuencia... Su madre, “La Carola”, como ella la llama, se lo ha repetido un millón de veces: “hija ten cuidado con lo que haces, que luego te toman por una cualquiera… hazte respetar”.

-. Y luego, ya ve Usted, me pasa lo que pasa.

Un día mientras preparábamos la contestación a la demanda de su segundo divorcio, me contó que le gustaba... Se paró...

-. Dime Dosemes...

-.… no sé don Jotace (me llamo Juan Carlos, pero ella me llama “Jotace” en venganza por que yo la llamo Dosemes).…pues que va Usted a pensar Usted que soy muy puta...

Y bajaba la cabeza... Bastaba mirar la marca de sus pezones bajo la blusa para saber que estaba caliente...

Algún recuerdo... algo... Algo la había puesto así. Y eso significaba que iba a escuchar una confesión caliente y después, seguramente, un buen polvo encima de la mesa, o a cuatro patas en el sofá del recibidor, o directamente tirada sobre la alfombra… Dependía de lo caliente y guarra que se sintiera Dosemes.

El párrafo ese de la demanda de su marido era por una cosa que ella le contó. Es que a ella la gustaba que la tocaran de aquella manera... Un poco… a lo bruto… de forma brusca… No atinaba a decirlo. Si como lo del parque... ¿Cómo lo del parque? la pregunté como si yo tuviera que saber todo porque si. Dosemes siempre empezaba por el final.

Dosemes tenía la fantasía de que la forzaban unos vagabundos, no unos sucios vagabundos, esos no, digamos más bien unos desconocidos... El morbo del qué pude pasar, el peligro… Y un día, poco antes de casarse con su primer marido... Pues en un viaje de esos que se apuntaba ella... Se fue a un parque. Era jovencita. Y ese día estaba… Muy cachonda reconoció bajando la cabeza.

Vio un grupo de chicos. Estaba anocheciendo. No tenían buena presencia. Los típicos macarrillas, gamberretes… a lo mejor delincuentes. Solo pensar en la palabra delincuente hizo que sus pezones empezaran a afilarse.

Sabía que podía ser peligroso. Tenía todo el aspecto de que aquello podía ser peligroso. Y se excitó. Literalmente Dosemes me dijo que se notaba húmeda ahí abajo. Lo dijo tal cual. Y no se lo pensó dos veces. Directa hacia ellos.

Se acercaron, pudo salir corriendo, pero se dejó rodear… Y en un pispás, hola guapa, ¿nos das un cigarro? Y la navaja en el cuello. Eran cuatro niñatos. Más jóvenes que ella. Al primer bofetón seguro que se hubieran ido corriendo. Pero no hizo nada. Quería probar a ver qué pasaba.

Estaba claro que lo que querían era pasárselo bien, robarla tal vez, pero no tenía pinta de querer sexo con ella, y menos aún de querer abusar de ella, que es precisamente lo que Dosemes buscaba.

En cierto modo la divertida poner carita de niña asustada mientras miraba con disimulo los paquetes de los chicos… Pero nada. Solo risas, algún empujoncito, chulería… Hasta que, por fin, uno se decide. Un azotito. Y ella no protesta. Otro azotito. Este sonó más fuerte. Y cada vez más decidido, comenzó a sobarla el culo.

Y empezó a ponerse aún más húmeda debajo, dijo.

Fingiendo con la voz, como si estuviera a punto de romper a llorar empezó a provocarles… No me peguéis, no me hagáis daño, no me violéis, dijo sin venir a cuento. Os lo hago yo con la mano, con la boca.... lo que querías, pero no me violéis… Los chicos se miraban entre si y se reían. Fuero empujándola hacia unos arbustos.

Zorra… la dijeron… tienes buenas tetas… Enséñanos los pechos… y Dosemes, haciéndose la timorata, se abrió la blusa y se los sacó del sujetador. No les tenía tan grandes como ahora y llevaba sujetadores, me puntualizó. Los chicos se quedaron mirando pasmados. Sin moverse. A lo mejor son las primeras tetas que ven, pensó.

Vale… dijo dirigiéndose al más lanzado, mírame los pechos… tócamelos si quieres… pero no me hagáis nada con la navaja… me da mucho miedo… manosearme lo que queráis… Os dejo que me las chupéis… que juguéis con ellas…

Y claro con esa invitación… pues los chicos empezaron a tocarla, a sobarla, a magrearla las tetas, a comerla los pezones…

La sobaban, la morreaban se la pasaban de unos a otros… Cerró los ojos y se abandonó. La sensación de muchas manos peleándose por tocarla la encantaba… Aunque había unas, las más ásperas que la ponían…

Morreos con uno… Notar su bulto… Y el de atrás tocándola el culo… Y el de adelante las tetas… Disfrutando, casi corriéndose tan solo con la situación.

Se dejó empujar dócilmente más allá de los arbustos… No se resistió cuando la tumbaron en la hierba… Mucho menos cuando soltaron el botón del pantalón y bajaron la cremallera. Todo lo contrario, ella levantó las caderas para que se los quitaran del todo.

Torpemente, empezaron a hacerla una paja. Estaba en la gloria, allí tumbada en el césped, medio desnuda, espatarrada, con él entonces peludo coño al aire. La daba igual que estuviera clavándose alguna piedrecita en el culo.

Primero uno… el ruidito de la cremallera y esa polla que sale disparada… Y sin que nadie dijera nada la agarró y empezó a acariciarla. La segunda fue directa a la boca. Se la sacó impaciente del pantalón, la agarró y ella sola tiró.

No podía dejar de pensarlo, estaba comiéndose una polla y punto de ser follada por todos… Y no se aguantó más. Empezó a correrse. Sí a correrse gimiendo como una guarra…

No chilles puta, la decía uno, que nos pueden oír…. Y empujó la polla tapándola la boca. Da igual, en cuanto sintió que uno se subía encima… El segundo orgasmo fue incontenible. Y eso que no llegó ni a acercar su polla al abierto coño.

¿Qué hubiera pasado si no aparecen allí dos señores paseando al perro? Ella sola se pregunta, ella sola se responde. Pues me hubiera tocado follar con todos… Si… Se auto contesta tan campante. Es más, yo quería follar con todos, que me lo hicieran todos… Pero… Pues oímos unas voces… Alguien que dice no sé qué de la policía y… el susto mayúsculo… Me puse los pantalones como puede y… Nos tocó salir corriendo. Cada uno para un lado. Terminé escondida en un portal que estaba abierto. Me metí debajo de las escaleras, al lado de unos trasteros.

Estaba sofocada. Jadeando aun por la carrera. Cuando me quise dar cuenta tenía los pechos fuera del sujetador. Solo el tocármelos para colocarlos en su sitio ya me puso la carne de gallina. Los pezones estaban…

Y lo de abajo ni te cuento. Y encima con las prisas no había cogido las bragas. Toda la tela me rozaba… Fue tocarme un segundín y empezar a correrme…

Supongo que la emoción, las carreras, la situación el morbo… no sé, pero estaba como nunca…

Salí de allí y volví al parque a buscar las bragas…Casi me di de morros con uno… Nos metimos en un coche. Y allí mismo, directos, empezamos a darle al asunto.

Fue brutal… No puedo olvidarlo… Me marcó… Lo reconozco, decía Dosemes… Pero lo que más me puso y lo que no podré olvidar nunca son aquellas manos tan ásperas de uno de los chicos. Cómo me tocaba… con que ansía me estrujaba los pechos… me amasaba las nalgas… Si y de lo que me hizo gozar cuando me sobaba todo el cuerpo con ellas en el asiento de atrás de aquel coche. No sé por qué, pero nada más agarrarme las tetas con ellas ya me llevó al séptimo cielo…

Y luego ya, cuando me sujetó las rodillas por debajo y tiró de las piernas hacia arriba… Casi me da la vuelta… Visto y no visto… Sentir como me separaba las piernas y notar como me la metió. Ufff Aun se me pone la carne de gallina. Me la clavó sin siquiera ayudarse con la mano. Creo que nunca me han dado una estocada así… No sé la de veces que me corrí ni cuánto tiempo estuvo dale que te pego. Solo te digo que me dejó el chocho en carne viva…

No quiso llamar a los demás. Una pena. Estaba agotada, pero no me hubiera importado que me follaran sus amigos…

Una noche, después de casada, borrachines los dos, se lo contó a su ex. Venía de hacer un trabajillo y tenía las manos ásperas. No pasa nada cari, dijo Dosemes… Me gusta… Es que me recuerda a… Pensó que entre marido y mujer no debe haber secretos… Y se lo dijo. Tócame los pechos… Un me gusta… y empezó a contarle con todo lujo de detalles por qué se estaba poniendo tan caliente. Su marido, escuchó pacientemente toda la historia. Cada vez más excitado claro. Con la polla súper dura. Fue terminar de contar lo que pasó en el coche con el único chico que se la cepilló y la arrancó la ropa. Ella estaba encantada. Loca de deseo. Se sentía de maravilla… deseada… querida… y…

Pero lo que pasó después no era lo que esperaba. Su marido la había escuchado y ella pensaba que le gustaba lo que le estaba contando, pero no. Su marido la agarró del pelo y la tiró al suelo. De rodillas frente a su polla, la sujetó por los pelos. Fue la primera vez. Un bofetón enorme. De esos que te hacen pitar el oído. Un inmenso y despectivo putaaa salió de su garganta. Eres una puta zorra… y mira que me lo dijeron antes de casarme contigo… Y vino el segundo bofetón y según abrió la boca para llorar, su polla entró hasta la campanilla… fue su primera garganta profunda...

Luego la tiro sobre la cama la separó los muslos y empezó a follarla a lo bestia… Sí, la dolía la cara por los bofetones, pero la estaba volviendo loca… La forma tan brutal, tan primitiva de meterla la polla, de estrujarla las tetas, de clavarla los dedos, de retorcerla y morder los pezones hasta hacerla gritar la estaba volviendo loca. Me estaba echando el mejor polvo de mi vida, pensó…

La daba igual que la insultara, que la llamara puta, zorra, guarra… lo que fuera, solo quería que no parara, que siguiera… Y le permitió eso… y que la estrujara dolorosamente las tetas, que la diera la vuelta y la pusiera a cuatro patas, con el culito en ángulo recto… y la diera unos cuantos azotes antes de volver a taladrarla…

Perdió la cuenta la de veces que se corrió hasta que se vació dentro de su coño.

Al día siguiente la pidió perdón… estaba avergonzado, la había pegado… era el alcohol… Si, se disculpó, pero desde ese día las cosas cambiaron. Era una puta y empezó a tratarla cada vez peor. Hasta que terminó como terminó claro, en mi despacho, tramitando un divorcio con un niño colgado de una teta, con una barriga enorme y una denuncia por malos tratos.

Y Carola dale que te pego con lo del vecino… Además, miré Usted, (¡de ahí viene la frasecita de su hija!) El vecino por la parte de atrás de la casa, se ha hecho una especie de terraza, y yo creo que nos mira, que lo ha hecho para ver qué hacemos… Y un día me dio la mano. ¡¡¡¡Hay que ver qué manos más ásperas tiene ese hombre!!!!

¿Manos ásperas? Pensé.

Carola dale que te pego con sus cuentos.

Y yo ya no pude evitar pensar que el vecino, también había dado a Dosemes la mano… Y ella habría asociado esas manos con las manos ásperas de su primer “violador, de su primer marido, de su nuevo amigo el albañil…

Seguro que no pudo dejar de imaginar a su vecino saltando por encima de los setos y tirarse encima de ella, mientras toma el sol en bikini en su tumbona favorita… Acariciar esas tetazas, pellizcar sus pezones…

Según describe Carola al vecino, me le imagino como una mezcla de viejo verde, baboso, mirón… Y me le imagino espiando a Dosemes entre los setos y sacándose la polla para masturbase… como haría yo ahora mismo si esta pesada no me estuviera contando no sé qué bobadas…

Mi polla cada vez está más dura, y Carola cada vez más cansina…

Si se entera lo que estoy pensando seguro que me mata… Y si se entera de que justo donde está apoyando la carpeta hace unos días estaba el culo de su hija… Si… su hijita completamente desnuda… Abierta de piernas… Algo recostada… Apoyada en un brazo… con la otra mano acariciándose lasciva las tetas… abriéndose el coño con los dedos para provocarme… relamiéndose libidinosa los labios… Mirándome con una deliciosa cara de puta… Esperando retadora a que me la cepillara… Ufff… Si pudiera leer mi mente, Carola me denuncia en el colegio de abogados....

Por fin se fue. Por fin se ha ido Carola… No he podido acompañarla hasta la puerta… el bulto de mis pantalones me hubiera delatado.

[email protected]

Postdata: Como dicen los toreros… ¡¡Va por ustedes J. C. y L.!!