Xtories

Mateo y Carmen

Carmen siempre supo que su matrimonio era una fachada, pero nunca imaginó que la tentación llegaría de la mano de los jóvenes que su esposo creía proteger. Con la jubilación como telón de fondo y la ausencia de control de su marido, la línea entre la tía respetable y la amante prohibida se desdibuja en cada encuentro prohibido.

paralaalegria25K vistas9.2· 12 votos

Mateo y Carmen

Eran las Díez cuando abrían las puertas de su nueva casa, Mateo hinchó el pecho inhalando por primera vez lo que sería su hogar, habían pasado veinte años desde que abandonó el país junto a Pamela, su primera mujer, diez años menor que él, en aquella ocasión las maletas estaban cargadas de esperanza e ilusión, "te vas ha hacer las Américas", le había dicho su difunto padre, y así fue, junto a Pamela, colombiana de nacimiento, cruzaron el Océano e hicieron fortuna, jamás se hubiera imaginado que la venta de coches de segunda mano lo hiciera lo bastante rico para poder jubilarse a los sesenta años, eso sí, nadie le había regalado nada, demasiados viajes de negocios le habían costado su matrimonio, "lo siento Mateo, pero he conocido a otro", fueron las palabras de Pamela, en parte lo entendió, aunque lo que más daño le hizo, fue saber que Pamela llevaba tres años engañándole con su socio, eso sí que le jodio; pero la vida le regaló una segunda oportunidad; Carmen apareció de la nada, una española que a sus cuarenta años no había encontrado su media naranja, casualidades de la vida se encontraron en Caracas, a penas se conocieron y a los tres meses ya vivían juntos, Carmen era una mujer de su casa, no le gustaba destacar, todo lo contrario que su primera mujer, así que poco a poco se fueron haciendo el uno con el otro hasta que llegó el día en que Mateo decidió volver a España; "lo vendo todo y nos volvemos a casa", le dijo una noche antes de dormirse en su lado izquierdo de la cama, porque eso sí, siempre en el izquierdo, "si tú lo ves bien, por mi perfecto",le contestó extendiendo la crema rejuvenecedora por sus ya destacadas patas de gallo.

Mientras que Carmen abría las ventanas Mateo se dedicó a revisar el exterior, eran tres parcelas de mil quinientos metros, en la que la casa de cuatrocientos metros ocupaba el centro, la gran piscina situada en el lado sur permanecía vacía, cosa que provocó el primer enfado de Mateo, algo quisquilloso con los detalles, le había dejado bien claro a la inmobiliaria la fecha de su llegada, "los jóvenes de hoy en día no saben lo que es trabajar", tendria que volver a llamar, se lo anotó mentalmente, siguió por el jardín observando que por lo menos el césped estaba bien cuidado, la altura la adecuada para poder ir descalzo, echó un vistazo a la zona donde una gran barbacoa presidía una mesa de Teka perfectamente conservada, tenía pensado pasar muchas horas disfrutando del sol. Atravesó el jardín hasta el límite de sus tierras, le habían asegurado que desde allí divisaría la mejor puesta de sol sobre el amplio Mediterráneo, aunque también tenía que estar llena la piscina, se dijo entre dientes, solo hacía falta esperar a que el día cayera y podría descubrir si aquello era mentira, se apoyó en el balaustre, el barranco se formaba a sus pies dejando una caída impresionante, desde luego que por ese lado no le entrarían a robar, tendrían que estar muy locos para ascender por ese lado, veía como las olas chocaban contra la pared y se sintió bien, aquel sería el lugar perfecto para envejecer, se giró y vio la propiedad en su totalidad, incluso pudo ver a Carmen en la terraza, y por el humo descubrió que estaba fumando, algo que el odiaba, pero jamás se lo dijo, aquel defecto no borraba sus virtudes, por lo menos no estaba solo, ella siempre estaba cuando la necesitaba, y salvo las pocas veces que le había sido infiel por lo demás era perfecto, también el había tenido lo suyo, ella se comportaba como una beata desconociendo que su marido siempre lo supo.

- Es impresionante Mateo.- dijo mientras abría una de las maletas.- lo único es que estamos bastante alejados del pueblo.

Carmen ya llevaba puesto sus pantalones cortos y una blusa, su culo había crecido exponencialmente a los años que llevaban juntos, y sus pechos se movían como campanas llamando a difuntos, pero Mateo le gustaba de todas formas, no era que tuvieran una vida muy ajetreada a lo que del sexo se tratara, pero ambos estaban cómodos con su relación, es más, nunca tuvo quejas de ella, con lo cual siempre creyó que todo iba bien entre ellos.

- No te preocupes, en coche son diez minutos.

- Eso sí, por cierto¿tu hermano ya sabe que estamos aquí?

- No, aún no le he llamado.

- ¡Mateo!.- le dijo mostrando su enfado.

- Ahora lo llamo.

- ¡Claro que lo llamas! es tu hermano Mateo, la única familia que tienes, desde luego, ojalá yo tuviera un hermano.

Carmen, hija única de padres también únicos, su familia se podía contar con los dedos de una mano y te sobraban tres, y encima sus padres llevaban diez años muertos, con lo cual estaba completamente sola, por eso odiaba que Mateo no cuidara más a la familia.

Llamaría a su hermano, pero primero quería echar un vistazo a la vivienda, aunque aquello no era más que una excusa para retrasar la llamada, no era que no sintiera nada por la familia, como decía Carmen, es que él era sencillamente huraño, así de claro, en los últimos veinte años había hablado con Antonio veinte veces, todas por Navidad, incluso algunas de ellas forzadas por Carmen, después de revisar la vivienda y de comprobar que la nevera y el congelador estaban al completo decidió llamar, más por miedo a Carmen que por las ganas que tenía.

- ¡Mateo!.- la voz alegre de su hermano le retumbó en la cabeza.- ¿ya estáis aquí?

- Hola Antonio,¿cómo estás?, acabamos de llegar.

- Ne alegro hermano,¡ ah!, te agradezco que permitas a los gemelos pasar unos días con vosotros.- Mateo se quedo helado, no tenía ni idea de que hablaba su hermano; pasar unos días con vosotros, ¿qué significaba eso?.- tienes una mujer que no te mereces.-

-...Si, ya lo sé.- fue lo único que dijo, podría haberle dicho que no tenía ni idea de lo que hablaba, o que él no estaba para aguantar adolescentes, pero seguro que aquello no le sonaría bien a Carmen, con lo cual apretó la mandíbula y se tragó las palabras como si fueran aceite de ricino.- ¿cuándo llegan?.- preguntó intentando mostrar interés.

- Pues salieron ayer, tu cuenta que mañana por la tarde los tienes ahí, son buenos chicos, y están deseando conocer a sus tíos.

-...Si, nosotros también.- dijo mordiéndose la lengua, le acababan de fastidiar sus planes, colgó maldiciendo a su mujer.

- ¡¡Carmen!!.- gritó a pleno pulmón.

********

Dejó la ropa sobre la cama, no se la había traído toda; llévate lo que más te guste, allí podrás renovar el fondo de armario, le dijo Mateo, cosa que agradeció, hubieran sido demasiadas maletas, la ropa y los zapatos eran su perdición, gracias a Dios había encontrado un hombre que no le importaba, a parte que tenía manga ancha a la hora de gastar, mientras no lo obligará a ir de compras, podía comprar lo que le apeteciera, y así lo hacía, la sensación de ir cargada de bolsas le hacía subir la moral, no es que su matrimonio no fuera bueno, bueno, como en todos tenían sus defectos¿qué cual?, Mateo huía del bullicio; a mí no me líes Carmen, di que estoy de viaje, era su respuesta cuando ella le informaba de alguna cena, comida o reunión con los pocos amigos que tenían, pero en el fondo era un buen hombre, repasaba los vestidos uno a uno buscando cualquier arruga que se hubiera producido por el transporte en las maletas, hasta que llegó al azul estampado de flores, aquel era su preferido, se lo colocó sobre su cuerpo y se miró ante el espejo de cuerpo entero que habían ordenado poner en la habitación de matrimonio; aquel vestido le produjo mariposas en el estómago, aún no se podía creer lo que había hecho; Samuel llevaba mucho tiempo detrás de ella, no había noche que no sintiera la tentación, hasta que llegó el día, se iban del país, no se volverían a ver, así que ese día cedió, ¡Dios!, el vello se le pusó de punta recordando a Samuel absorbiendo sus pechos, lo único que podía hacer era cerrar los ojos y dejarse ir, el no desaprovechó el tiempo, solo tenían una hora hasta que Mateo llegará, y bien sabía que su marido era muy puntual, las manos recorrieron sin orden su cuerpo, sus bragas fueron casi arrancadas, sus pechos chocaron con fuerza la mesa del comedor sintiendo el frío en sus pezones, ¡joder!, que placer sentir su lengua recorriendo su coño, y que decir cuando sintió como su verga jugaba con los labios de su coño¡hostia!, métela ya, se dijo totalmente cachonda, y como si Samuel hubiera adivinado, la atravesó hasta tocar con los huevos en su culo; tampoco es que la tuviera muy grande, pero le podía el hecho de que la follaran en medio del comedor, recordó levantar la vista y ver el retrato de bodas, como siempre Mateo tenía el ceño fruncido, él era así, eso sí, aquello no quitó que sintiera los golpes de cadera de Samuel, joder, si estuvo dos días con dolor en su cuerpo¡qué bestia!.

Volvió a repasar la ropa extendida sobre la cama, cada prenda le traía recuerdos, el último año había sido de infarto, desde que comenzó a seguir los pasos de Luisa, Luisa...pronunció su nombre como si está la pudiera oír, que puta eras, dijo sonriendo ante el espejo, y todo comenzó en un simple restaurante, la había invitado a comer, una simple comida, una copa de vino de más y todo cambio.

- ¿cómo vas con Mateo?. - le soltó de golpe.

- ¿Qué?....

- No seas tonta, Mateo ya tiene una edad, ya me entiendes. - el tono pícaro de su amiga le hizo gracia. - ¡uf! Chica, que si te da lo que te mereces en la cama.

- ¿A qué viene eso?....bien, supongo.

- Si lo supones, es que muy bien no va.- los ojos de su amiga echaban chispas.

- ¿Y a ti con Blas?.- le repreguntó.

- Pues igual que a ti con Mateo, mal, ¿o no es verdad?

- ¡Ay chica!, como estás con Mateo. - dijo riéndose.

Aunque pensaba en su relación con Mateo, aunque le doliera sabía que su amiga tenía razón, por un momento se vio a cuatro mientras que Mateo se aliviaba sin preocuparse de ella, no, no podía decir que se sentía satisfecha, pero tenía cincuenta años, ya no era una jovenzuela que pudiera aspirar a tener los mejores orgasmos de su vida.

- Ni Mateo ni Blas Carmen, lo que necesitamos ¡Es un macho!.- Luisa imitó el acento mexicano provocando de nuevo las risas de ambas.

- Tu estas loca...- Carmen bajo la voz dándose cuenta que más de un comensal las estaba mirando.

- Lo que tú digas, pero yo ya tengo un par de machos que hacen que me olvide de Blas. - aquello le sonó como si fuera una bomba, nunca se hubiera imaginado que su mejor amiga le pusiera los cuernos a su marido, siempre los había visto como un matrimonio formal.

- ¡¿Le pones los cuernos a Blas?!

- Depende como lo mires. - le contestó de manera intrigante, sus ojos cada vez brillaban más; y no precisamente por el achol.

- Lo mire por donde lo mire, es lo mismo, le pones los cuernos.

- Si, pero con la diferencia que él lo sabe, entonces no son cuernos¿no?.

-...¿lo sabe?.- cada vez estaba más perdida.- ¿y desde cuando?

- Al principio no, pero poco a poco fue atando cabos, a ver, qué tonto no es, todo empezó un día y ese día se convirtió en meses, yo pasaba mucho tiempo fuera de casa, y cuando llegaba tenía una sonrisa de oreja a oreja.

-....¿ y él no decía nada?

- ¿qué me iba a decir?, sabía que no me tenía satisfecha, y no era culpa mía, si no se ocupaba de su mujer, pues otro lo haría, así que se hizo el tonto y yo lo disfruté, ni él ha sacado el tema y yo muchísimo menos, le dejo alguna noche que se desfogue, y ya está, contento él y yo satisfecha.

- ¡¡Carmen!!

- ¡Dime!.- contestó con cierta desgana; siempre tan inoportuno¡joder!, se sentía mojada, es que se ponia cachonda con solo recordar aquel día.

Mateó entró por la puerta, y por su cara parecía que venía escapando del fuego.

- No me has dicho que...

- ¿lo de tus sobrinos?.- preguntó por preguntar, sabía de sobras que en cuanto hablara con su hermano se la liaría.

- Pues si.- su marido permanecía bajo el marco la puerta como si fuera la pintura de un cuadro esperando una respuesta de su mujer.

- Hace veinte años que te fuiste.- le dijo girándose, seguía doblando el vestido que tan buenos recuerdos le daba, ni siquiera le prestaba atención; perro ladrador, poco mordedor, se decía.- no creo que este de más conocer a tus sobrinos.

Mateó apretaba los puños, amaba a su mujer, pero a veces hubiera deseado quedarse soltero.

- Yo no estoy para aguantar adolescentes, además, tenía pensado verlos, pero no ahora....

- No te pongas tan dramático, hablé con Antonio y salió el tema de los gemelos, y me dije; pues no estaría mal que vinieran unos días, y piensa que en unos días comienzan las fiestas del pueblo.

- ¿Y?

- Pues que con veinte años, no creo que estén mucho tiempo en la casa, como cualquier joven, se acostaran tarde y se levantaran aún más tarde, nisiquiera notarás que están, anda, déjame acabar con las maletas.

- Lo que tú digas, pero a mí que no me compliquen la vida, o los mando de vuelta.

- ¡pero qué pesado té pones!.- le gritó ahora sí mirándolo.- menos mal que es tu familia, no te preocupes, yo me encargo de todo, ¡por Dios!, anda, déjame terminar, venga.

Mateó sabía que Cristina tenía una línea que no podía traspasar, dio media vuelta y se dirigió a la bodega, aún tenía que repasar los vinos que había encargado, de todas formas, lo tenía bien claro; ella los trae, ella se encarga, no pensaba dejar de hacer lo que tenía pensado, iba a disfrutar de su jubilación, leer, un buen vino y dejar que pasaran los días.

Aquella noche cenaron cada uno en una punta de la mesa, como siempre, no faltó la ensalada y pescado a la plancha, según Mateo era lo más saludable antes de ir a dormir; que decir de la noche; ella recordando a su vecino y el pensando en sus vinos, con la diferencia que Carmen se acostó con la imagen de sus sobrinos, "quizás"se oyó decir antes de quedarse dormida.

Eran las seis cuándo los vio salir de la estación de tren, Mateo se negó en acompañarla, y ella lo dejo discutiendo con su sombra; ¡hijo!, no sé que coño vi en ti, fue lo último que le dijo. Parecía mentira que a aquellas horas pudiera hacer tanta calor, se había puesto un vestido blanco y sus sandalias de tacón, quería dar buena impresión; ya que él no la daba, por lo menos que no dijeran lo mismo de ella, llevaba más de una hora esperando en la vieja estación carente de sombras, deseaba volver a casa para poder cambiarse; dos chicos altos imposible de no reconocerlos¡joder!, si eran dos gotas de agua.

- ¡Carmen!.- dijo uno de ellos¿cuál?, pues ni idea, camisa azul y tejanos, de esos tan modernos que los vendían hasta rotos, y el otro lo mismo, solo que su camisa era blanca, ¡Uff!, el olor de su colonia llegó antes de que los labios tocaran su mejilla y sus brazos la apretaran con fuerza; ¡hostia!, y eso que era la primera vez que la veían.

Camisa azul repitió lo mismo que su gemelo, ¿guapos?, pues ni lo uno ni lo otro, eso sí, músculos los que quieras.

- Hola,¿ cómo ha ido el viaje?.

- Muy bien ¿el tío?.- preguntó camisa azul.

- Esta muy liado.- si tú supieras, pensó.- pero a ver, ¿quien es quien?.- preguntó sonriendo. Y como si se hubieran contagiado de su tía, que otra cosa no, pero tetas tenía de sobras, y encima era graciosa. Sonrieron a la par mostrando una sonrisa de anuncio.

- Yo soy Samuel.- le dijo camisa azul.

- y yo Alonso.- camisa blanca parecía más bromista, eso lo entendió por el guiño que le hizo y porque no perdió la oportunidad de volver a darle los dos besos de presentación, o ella se imaginaba cosas, o Alonso le había tocado el culo.- y tu, déjame pensar.- el muy atrevido se separó de ella mirándola de arriba a bajo, - Carmen.

Los tres rieron de la broma de Alonso.

- Anda, vamonos que me estoy asando de calor.- giró en dirección a la salida recordando el leve contacto.¡por Dios Carmen!, que ya eres mayorcita para tonterías, se decía.

- Tendria que comprar tabaco tía. ¿Te importa si pasamos por algún estanco?.- preguntó Samuel.

- No claro, así de paso también compro yo.- Carmen pensó en Mateo y en su fobia con el tabaco, las discusiones que los dos habían tenido por el tema; a ver cuando lo dejas de una vez, era su perpetua frase, aunque a ella le entraba por un oído y le salía por otro, pero aún así intentaba no fumar delante de él, pero claro, si los gemelos fumaban ya serían tres; pues te vas ha tener que aguantar Mateo.- tendremos que preguntar dónde hay uno, porque no tengo ni idea, pero primero dejamos las maletas en el coche.

- ¿Fumas?.- Alonso parecía sorprendido, la pregunta le sonó un tanto machista,¿qué pasa, es que una mujer no podía fumar?.

- Claro¿te extraña?.

- No, al revés, me encanta.- Alonso le pasó el brazo por sus hombros apretándola hacia él.- joder con el sobrino, pero que músculos que tiene.- pero pensábamos pues que serias de esas tías recatadas.

- ¿A sí?

- La verdad es que no sabemos mucho del tío, solo lo poco que nos ha contado mi padre.- el calor se multiplicaba por dos, el que ya hacía y el que le transfería el cuerpo de Alonso.

- Te vamos a ser sinceros.- fue Samuel el que habló.- según mi padre, el tío es un poco especial...- Samuel dejo suspendidas las palabras en el aire.

- ¿especial?.- preguntó notando como su vestido se iba pegando más a su cuerpo, quería quitarse el brazo de Alonso de encima que le daba más calor, pero podría sonar un tanto arisca, y para eso ya estaba Mateo.

- No le hagas caso Carmen, mi padre nos dijo que era muy reservado, solo eso.

- Bueno, tu padre tiene razón.- y tan reservado, pensó.

Si en la estación hacía calor en el exterior se multiplicaba, menos mal que Alonso sacó el brazo de sus hombros, permitiendo que el aire entrará de nuevo por su cogote secando el sudor.

- ¡ Pedazo de coche!

- Ya te digo.

Los dos se quedaron plantados delante del deportivo, Carmen no pudo reprimir una sonrisa, ese había sido una de las condiciones que le pusó a Mateo, accedía regresar a España, vivir en un pueblucho, pero ella tendría un deportivo, siempre había soñado con conducir un coche de alta gama, no creía que era pedir demasiado, prácticamente había dejado atrás a todos sus conocidos, su vida social y lo único que pidió fue; una gran casa y un deportivo, y otra cosa no, pero lo que era dinero; Mateo tenía de sobras.

- ¿Os gusta?.- dijo hinchando el pecho.

- Eres una caja de sorpresas, nunca nos hubiéramos imaginado tener una tía así.

- No será para tanto.- ¡joder!, va ha conseguir que me ponga roja.

Accionó el mando abriendo el maletero automáticamente, los gemelos dejaron las maletas, aunque les costó, pues el maletero no es que fuera muy espacioso.

- Bueno, vamos a por tabaco.- les dijo volviendo a cerrar el coche.

- Si, y de paso tomamos algo.- esta vez fue Samuel el que pasó un brazo por sus hombros.- Aquello debía de ser una costumbre de familia, nuevamente sus hombros quedaron tapados, esta vez por distinto brazo, aunque los músculos también debían de ser gemelos.- ¿por dónde vamos?.

¡Uhy!, la mano de Samuel colgaba por su hombro amenazando que en cualquier movimiento podría tocar su teta derecha, ¡Uff!, y parecía tímido; Pero tampoco lo saques de contexto Carmen.

- Al centro.

- Bueno, cuéntanos algo de vosotros.

- ¿qué queréis saber?

- lo primero, que hace una mujer como tú, en un pueblo como esté.

- ¿qué hay de malo?.- esa mano Samuel, al final me vas a tocar las tetas.

- No te pega.

- ¿Ah no?.- un poco descarados sí que eran, vamos, que no habían salido a Mateo, era buen hombre, pero algo soso.

- Pues no, ¿a qué no Samuel?

- pienso lo mismo que mi hermano, este pedazo de cuerpo, ese coche y pasta para aburrir, no, tendríais que haber venido a la ciudad, allí sí que te lo ibas a pasar en grande.

- ¡¿este pedazo de cuerpo?!, Samuel, que tengo cincuenta años y las tetas caídas, no me hagas reír.

- Tu no digas la edad, y sobre lo de las tetas, no me lo creo.- le dijo al oído.

No se equivocó, en el centro se concentraba toda la vida del pueblo, y sin duda sé aproximaban las fiestas, los banderines tan curtes como el pueblo lo afirmaban, el típico escenario donde una banda; que vete tú a saber quién conocía, tocarían los pasos dobles para los más viejos, ¡vamos!, todo un espectáculo, para ser más, un estanco que hacía las veces de librería, ferretería, zapatería, vaya como un centro comercial reducido a sus treinta metros parecía que era el punto de reunión, más a la izquierda se encontraba el bar, restaurante y por lo que se apreciaba por los parroquianos, el asilo, ¿dónde coño estaba la juventud?.

- Parece que son las fiestas.- Samuel esa mano pensó sintiendo el roce de unos dedos más allá del hombro.

- Si, comienzan en un par de días, habéis llegado a tiempo. Voy a comprar tabaco, vosotros pillad sitio en la terraza¿qué tabaco usáis?

- Rubio de liar, y de paso, papel también.

Carmen compró un cartón de rubio y bajo la atenta mirada de la dependienta, que por cierto, se le había pasado la edad de jubilación, frunció algo el ceño cuando sintió tabaco de liar y papel, cosa de los pueblos, siempre querían saber más allá de lo que les importaba, al final salió un poco mosqueada de la desconfiada dependienta no jubilada, Samuel y Alonso estaban sentados en una punta de la terraza, ambos tenían una cerveza en la mano, y por lo que veía habían entrado en conversación con dos abuelos, ambos con boinas, y eso que hacía una calor que lo que menos apetecía era ir cubierto,¡joder!si ella lo que más deseaba era ponerse su biquini, eso era quedarse corta, se quería desnudar y darse un zambullido en la piscina; entonces cayó en que aún no la habían llenado, anda que Mateo estará de un humor de perros.

- Carmen, estos son Miguel y Paco, esta señora tan guapa es nuestra tía Carmen.- joder, que mal sonaba aquello de nuestra tía Carmen.

- Pues sí que teníais razón, es bien guapa.

- Gracias, pero no les hagan mucho caso.- notaba como se iba poniendo colorada, vete a saber que les habrán dicho estos.

- Te hemos pedido una cerveza tía.- que manía con llamarla tía,

- Bueno, ahí os dejamos, si no las mujeres nos hechan los trastos por la cabeza.- dijeron poniéndose de pie.- un placer señora.- desde luego parecía que se despedían más de sus tetas que de ella.

Samuel sacó una bolsita con hojas picadas, ¡joder con el gemelo!; no que se iba a hacer un porro de María.

- ¿te importa?.- dijo sacando un papel para rellenarlo de las picadas hojas.- son tres horas de viaje sin poder fumar.- pasó la lengua sobre el borde del fino papel uniéndolo, por la maña se veía que tenía experiencia.

- No...en absoluto.- lo que te faltaba Mateo, no es que fumen, es que fuman María.- ¿lo único que aquí?- le dijo mirando a su alrededor, todas las miradas estaban puestas sobre aquellos tres extranjeros.

- Nadie te conoce¿no?.- Samuel jugaba con el mechero amenazando con prenderle fuego.

- No, pero me quedo aquí a vivir.

- Tienes razón, no había caído en eso.

- Pues vamos a dar una vuelta, seguro que habrá algún rincón donde mi hermano se pueda fumar el porro, acábate la cerveza Carmen.- ¡ me cago en la puta!, se bebieron el botellín de un solo trago, yo tuve que respirar para poder terminar la mía.

Así que los tres se metieron por las calles en busca de un rincón poco transitado donde fumar tranquilamente el porro, le recordó sus días de adolescentes, allí en su pueblo, normalmente iban al lavadero.

- Lavadero.- dijo de golpe.- hoy en día no se usan, y lo más normal es que este a las afueras del pueblo, allí estaremos más tranquilos.

- Ves como eres genial.- otra vez la mano sobre sus hombros, su mano no se detuvo en el hombro y bajo directamente a su pecho derecho, como si fuera casualidad.- pero Samuel no esperó a encontrar el lavadero, la verdad es que vete a saber dónde estaba, así que le pegó fuego aspirando a pleno pulmón.

- ¿Quieres?.- le pusó el porro delante de sus narices.- no me creo que nunca hayas fumado María.

- Hace muchos años.- dijo cogiendo el porro, aspiró como si fuera un simple cigarro, cosa que le provocó una tos que la dobló.

- Estas bien.- Alonso acariciaba su espalda por encima de la cremallera del vestido.- te has pasado aspirando.

- Si..si, estoy bien.- dijo una vez recuperó la voz.

- Dale otra calada, pero esta vez más suave.- ¡joder que pesado!, pensó volviendo a aspirar del canuto, sin darse cuenta habían salido del pueblo, la verdad es que tampoco tenían que andar mucho.

- ¿ mejor?.- Alonso desde el ataque de tos la tenía cogida por su ancha cintura.

- Ahora sí, es que hacía mucho tiempo que no lo probaba.

- Pues para ti, yo me hago otro.

- Mira, desde allí se ve el valle.- dijo Samuel señalando unos bancos con mucha falta de barniz, y ella de blanco.

La verdad es que tenía razón Samuel, se podía ver el valle serpenteado por la carretera, Carmen llevaba el porro en la mano y de tanto en tanto le daba una calada; fuma despació o te colocaras, pensó, pero aquello no le sirvió, se dejó caer en el banco olvidando que mancharía su vestido. Poco a poco la sonrisa apareció sin remedio en sus labios.

- ¿Estás bien Carmen?.- los gemelos se habían sentado uno a cada lado, Samuel tenía una mano sobre sus desnudas rodillas y su hermano sobre sus hombros sobándole directamente su pecho sobre el vestido, y ella que no podía dejar de reír.

- Si.- a penas podía hablar sin reírse, y eso que Samuel acariciaba su coño por encima de sus ya mojadas bragas.

Alonso pasó la mano por su espalda buscando la cremallera, una vez que la encontró la bajó, descendió los tirantes por sus hombros dejando al descubierto sus caídos pechos cubiertos por un gran sujetador, Carmen iba a decir algo cuando Alonso tapó su boca con la suya, Samuel separó sus piernas dejándola espatarrada, sus bragas se habían metido entre sus gordos labios, la humedad de sus jugos habían manchado el bajo de las bragas, no tardó en sentir el aire en su coño, allí estaba con las tetas y el coño al aire libre;

Sus bragas descendieron por sus piernas quedando tiradas al lado del viejo banco, mientras que Samuel estiró su cuerpo hasta el borde del banco, Alonso se subió de pie y sacando su verga se la pusó en la cara.

- Chupamela un poquito.- le decía golpeando sus mejillas con ella.- Carmen seguía en aquel trance donde sabía lo que hacía y a la vez no, hacía tiempo que no le hacía una felación a nadie, el último había sido su vecino, sin dejar de sonreír abrió la boca para tragársela enterita, un gemido de Alonso y un bufido de Samuel al empotrarla en el banco con vistas al valle, sus movimientos parecían coordinados, Alonso puso sus piernas sobre sus hombros follandola con fuerza.

- Ya te decía yo que está tenía ganas.- le dijo Samuel a su hermano.- dale fuerte a la puta, lo bien que nos lo vamos a pasar.- decía mientras le follaba la boca. Y ella que los oía, que porque me esté comiendo una polla, os oigo igual, pensaba, pero era igual, sus dos orgasmos no se lo quitaba nadie; ellos que hablen, pero que no dejen de follarme; Mateo...Mateo.

- Ya te digo, que coño tiene la guarra.

- si un poco peludo, pero eso tiene solución.- dijo riéndose.

Carmen cada vez estaba más cachonda, agarraba los huevos intentando metérselos en la boca, pero las sacudidas de Alonso le hacía imposible, la estaba matando.

- Ven aquí.- Alonso le dio la vuelta, hizo que se apoyará entre las piernas de Samuel para que este continuará follando su boca a la vez que su hermano la penetraba por detrás, sus tetas se balanceaban como dos campanas, Samuel se las agarró apretando sus pezones con fuerza, así hasta que ambos se corrieron, uno en su boca y el otro en su coño.

- Estáis locos.- les dijo limpiando el hilo de semen que colgaba de su boca.

- Pero bien que te ha gustado.- Alonso le acariciaba los pechos sonriendo.- desde que te hemos visto en la estación queríamos follarte.

- No sabe mi tío lo que tiene en casa, aunque tienes mucho pelo en el coño.

- No me digas.- Carmen abrió sus piernas y pasó la mano por encima de su raja, los restos de semen le llenaron la mano.- ¡joder como me habéis dejado!. Más vale que nos vayamos, tu tío se tiene que estar preguntando dónde nos hemos metido, y aún tengo que hacer la cena.

Durante el camino las manos de Samuel no dejaron de tocarle el coño; vaya con los gemelos, no tenían fin.

- No es la primera vez que le pones los cuernos.¿verdad?.

Le vino a la mente su vecino, había sido la única vez, pero como decía Susana, su mejor amiga; una vez que lo pruebas, ya no puedes parar, y visto lo visto, tenía razón; ¡Dios!, los dedos la estaban matando.

-...No...- contestó mordiéndose el labio inferior.- pero tenéis que tener cuidado con vuestro tío, madre mía, voy hecha un desastre.- dijo cayendo en la suciedad de su vestido blanco.-...¿Mis bragas?

- Se han quedado en el banco, un recuerdo para los viejos.

- Cuando lleguemos, tenéis que entretener a vuestro tío, yo me iré directamente a mi habitación a cambiarme.

- No te preocupes, ya me encargó yo.

- Pregúntale por la bodega, si hay una cosa de la que se sienta orgulloso, es de sus vinos, se morirá por enseñarte su bodega, y deja de jugar con mi coño, vas a hacer que nos matemos. Menos mal que no te gustan peludos.

- jaja, como eres Carmen, estás tan mojada como en el banco.

- ¿qué quieres?, no soy de piedra.

Por suerte Mateo estaba viendo la puesta de sol, tenía razón el vendedor, era una preciosa estampa.

- ¡Uff!, vuestro tío está allí.- dijo señalándolo.

- Voy a saludarlo.

- Vale, ya te subo yo la maleta.

Mientras Alonso se dirigía a ver a su tío, Samuel cargó con las dos maletas siguiendo a Carmen, la seguía fijándose en su culo, sus dos grandes nalgas se movían libres dentro del vestido.

- Esta y esta, son vuestras habitaciones.- les había dado las dos habitaciones contiguas a la suya.- me voy a duchar, sería conveniente que vayas a saludar a tu tío.

Samuel le sonrió mirándola de arriba a abajo, se había quedado con ganas de follarsela, y no iba a dejar pasar la ocasión.

Carmen se dio una rápida ducha y se vistió con una bata, la sensación de ir sin bragas la había puesto cachonda, hacía tantos años desde que tuvo aquella sensación, así que solo se pusó el sujetador y dejó su coño libre, jamás se hubiera imaginado que sus sobrinos la recibieran de aquella manera, pero tenía cincuenta años, o aprovechaba o en poco tiempo se volvería una vieja.

Mateó miraba como moría el día sobre el mar, ¡joder! Que viejo te haces Mateo, había visto tantas cosas en su vida, y sin embargo los sesenta años parecían que habían sido veinte; le dio el momento nostálgico, mientras veía como el sol teñía de rojo las nubes, y mira por dónde le dio por pensar en Pamela, su primera mujer; no te engañes, tu única mujer, ¿Carmen?, vale, pero no fue lo mismo, donde se pusiera Pamela que se quitaran las demás, si se concentraba un poco aún podía percibir el olor de su piel negra, ¡hay las colombianas!, cualquier día te dejara, presagio su padre, menudo cabrón, si hasta acertó, es mucha hembra Mateo; y tanto que era mucha hembra, pero válgame Dios, que mereció la pena, como podía olvidar lo que ella le dio, ¡hostia!, era una diosa negra entre sábanas blancas, aún recordaba el contraste de su piel, la distancia de colores unidos por una fina línea, ¡me cago en la puta!, si cuando abría las piernas formaban un arco de colores, blanca la sabana, negra la piel y el rosado de su coño donde uno se perdía,, ¡qué tiempos aquellos!, eso era follar, ¿lo de Carmen?...follar por follar, como el comer sin gana, que hay que hacerlo, pues se hace, eso sí, a cuatro patas y por detrás; así podia cerrar los ojos e imaginarse que era Pamela,¡joder!como se movían sus nalgas a cada embestida, si solo con verlas ya se le ponia dura, en cambió con Carmen, o se ponia a chupar o no se le levantaba, sus tetas caídas, ¡Dios!, que distintas eran, aún recordaba las cubanas de Pamela; Héctor ¡hijo de puta!¿no podías haber escogido a otra?, aquello le amargaba como la almendra verde.

El ruido del coche le arrebató de sus pensamientos, los gemelos, ¡Dios!¡qué he hecho para merecerme esto?, a penas distinguía, maldita miopía; ¿porque no te operas?, porque no me sale de los huevos, le respondía a Carmen, opérate tú las tetas, le hubiera gustado decirle, pero¿para qué?, si el vecino te folla igual.

- ¡Tío!.- el muchacho levantó la mano en forma de saludo.

- Hola.- seco como siempre¡y qué quieres que haga?, me han jodido los planes.

- Por fin nos conocemos.- manos blandas, poco ha trabajado este, ¡Uff!, y la peste a tabaco.

- Que grande estas.- joder Mateo que clásico, ¡coño!¿y qué quieres que diga?.

- ¿Cómo estás?.- pues anda que el, ¿cómo estás?.

- Bien,¿tu hermano?.

- Dejando las maletas.

- ¿Tu padre bien?.- un diálogo de besugos, tanto el uno como el otro quería terminar aquella absurda conversación.

- Muy bien, manda recuerdos.- recuerdos y a sus hijos; pensó.

- Vamos para casa, seguro que tú tía estará preparando la cena.

- La tía nos ha dicho que eres un amante de los vinos, yo también.- ¡ hostia!, eso no lo esperaba, no es normal de alguien que viste unos pantalones rotos, sea un amante del buen vino.

- ¿A sí?, cuáles son tus favoritos.- Pregunta trampa, más sabe el diablo por viejo que por diablo.

- ¡Hombre!, esa pregunta es un poco ambigua, depende, en blancos tenemos los de Rivera Sacra, me encanta notar como traspasan las notas minerales de la pizarra.- ¡vaya!, si parece que entiende.- en rosados, para mí los de Navarra, y en tintos, en eso sí que no hay duda, Ribera del Duero, eso sí te refieres a vinos españoles, podemos hablar que de los internacionales, bueno, hay un gran abanico, desde los argentinos, chilenos, o la Baja California, ¿europeos?, los blancos alemanes o austriacos, mejor austriacos,¿ los franceses?, para los románticos, pero eso sí, los tintos italianos, ¡mamma mia!, que buenos caldos.- Mateo estaba alucinando, casi le daba vergüenza hablar de vinos con el.

- Veo que sabes...

- Me dedico a eso, representó a tres bodegas, y más vale que entiendas de vino, sino no te comes nada.

Cuando entraron se encontraron a Samuel sentado en la mesa con una cerveza en la mano.

- ¡tío!.- ¡joder!, si eran iguales.

-...Hola, sois iguales.- le dijo sorprendido de la semejanza, lo único por el color de la camisa.

- Jaja, es lo que tiene ser gemelo, soy Samuel.

- Perdona tío, pero hablando de vinos no te he dicho mi nombre, Alonso.

Los dos se rieron del descuido, por experiencia sabían que sus tíos se perderían, pero si nisiquiera su padre podría llamarlos a ciencia cierta por su nombre, cuando aún eran pequeños, su madre se apañaba en poner algún detalle en su vestimenta para poder identificarlos, pero ya de más mayorcitos, se apañaban para intercambiarse la ropa; lo que se llegaron a reír de su madre.

- ¿ Tu tía?.

- Preparando la cena.

- ¿quieres ver mi bodega mientras tú tía acaba de preparar la cena?.- tenía interés en saber lo que su sobrino opinaba de sus vinos.- y de paso abrimos una botella de las buenas.

- Por mi estupendo.

La encontró preparando la ensalada, su fina bata caía sobre sus anchas caderas, ella pensando él lo sucedido,¡joder Carmen!, que polvo te han echado, el,que no podía resistirse a follarsela,¿ lo del mirador?, había estado bien, pero no se conformaba con una mamada, ¡ojo!, la cerda sabía mamar, pero lo que más le atraía, era follarle el culo, la muy guarra se había dejado hacer, y venga, que no le dijera que había sido por el porro, en su cara ponia; follarme.

- ¿Qué haces?.- las manos del gemelo fueron directamente a las tetas de Carmen, que continuaba tan cachonda como una hora antes.

- ¡estás loco!.

- tranquila, Mateo se ha ido con mi hermano a la bodega. Y me tienes cachondo.- como no, pasó una mano entre su fina bata encontrándose aquel bosque desnudo, la muy guarra no llevaba bragas.- noto a faltar las bragas.- eso le dijo recorriendo su húmedo coño, joder si el clitoris parecía saludarlo de lo hinchado que estaba, y puestos a hacer, metemos dedo a ver como está la cerda, ¡joder!, si esta que echa agua.

-...Ya....- no puede casi ni hablar, siente como el cabrón la comienza a follar, allí, en medio de la cocina, ensalada, pepino, cebolla y follada,¡joder!, aquello se le estaba yendo de las manos.- tengo miedo de que venga tu tío.- aún se preguntaba de donde había sacado la fuerza para poder hablar, sus piernas se abrían como las margaritas en primavera.

El dedo perfora su culo a la misma vez que su coño, la ensalada a medio hacer y ella doblando las piernas hasta caer de rodillas donde la verga la saludaba, no podía ser que dejara de lamerla hasta sentirla entera en su boca, algo decía Alonso, puta, guarra, y no sé qué más.

- Apóyate en el mármol.- donde quieras pensaba mientras su bata se subía por encima de su cintura.

El pepino, la cebolla y la ensalada la veían dar cabezazos,¡hostia!, si sentía como el cabrón de un empujón la iba a subir a lo alto del mármol, y ese dedo dentro de su culo no dejaba de dar vueltas excavando como si quisiera encontrar oro.

- Estás hecha una pedazo de puta.- lo que tú quieras pero termina pronto o nos pilla, pensaba.

Y es lo que hizo volviendo a llenar su coño de leche, ya eran tres veces en menos de tres horas, Mateo y Samuel ya estaban en el comedor, que si Sauvignon, Mencia o Syrah, lo que tú quieras, pero a tu mujer se la están follando en la cocina.

- Date la vuelta, me quiero correr en tu cara de puta.- y dale, que manía con llamarme puta.

Cerró los ojos notando como su cara recibía los impactos de semen, de fondo las voces de Mateo y Samuel discutiendo sobre los caldos; caldo el suyo, abrió la boca¿para respirar?, pues no, quería recoger los hilos que resbalaban como lágrimas sobre sus mejillas.

- Voy a ver qué hacen esos.- dijo el cabrón dejándola de rodillas.

La cena pasó sin más, Mateo aún sorprendido por Samuel, y un tanto mosqueado con Alonso, no sabía él porque, pero no le hacía gracia. Carmen intentó no hablar demasiado, se la habían follado dos veces y quieras que no, sus cincuenta años le pasaban factura, lo único que quería era irse a dormir cuanto antes, una para descansar y dos, ¡joder!, como se volviera a quedar a solas con alguno de ellos, se la volvían a follar.

Pasó la noche recordando lo sucedido;¡joder con el porro!, venga, no le eches la culpa a que estabas colocada, bien que lo disfrutaste, los ronquidos de Mateo no la dejaban dormir, eso y lo cachonda que estaba pensando en los gemelos, no pudo, o mejor no quiso evitar tocarse el coño; "- que coño tiene la guarra.

- si un poco peludo, pero eso tiene solución", recordaba la conversación de los gemelos mientras se tocaba el coño húmedo, joder Carmen, ¿pero que coño te pasa?, y decidió que no estaría mal depilárselo,¿pero a las tres de la madrugada?, total, este ronca y yo no puedo dormir, así que, se levantó de la cama intentando hacer el mínimo ruido, aún sabiendo que a Mateo no lo despertaba ni una bomba nuclear, salió de la habitación como un ladrón en busca del lavabo, tendría que revisar entre las cosas de su marido, espuma y cuchillas; ¡joder!, si Mateo se afeitaba con máquina de afeitar eléctrica, se maldijo no haber pensado en eso, y mientras se debatía en el pasillo con su camisón vio la luz en el cuarto de Samuel; igual ellos sí que usan espuma, ¿voy o no voy?, he ahí la cuestión, si voy me follan, y si no voy no me puedo depilar, y en eso estaba cuando la puerta de Alonso se abrió apareciendo este en calzoncillos.

- ¡Carmen!.- dijo sorprendido de verla.

- Alonso, iba...a tomarme un vaso de leche, la cena me ha dado sed.- le dijo bajando la voz.

- Yo iba a fumarme un porro, ¿me acompañas?.- Alonso recorrió los pocos metros que los separaban.- es lo mejor para dormir.- sí y tu mano en mi culo también, pensó Carmen al notar como su camisón se levantaba.

- Uno y a la cama, y ya está.- dijo apartando la mano de su culo.

- Claro,¿qué pensabas?.

Pasaron por la cocina, lo que iba a ser un baso de leche se convirtió en la media botella de vino que había sobrado de la cena, un Rioja del noventa y cinco, Alonso decidió pasar de los vasos y ella lo aprobó, mientras el preparaba el porro ella le dio un trago al vino sintiendo las mariposas en el estómago, se sentía otra vez joven, como una adolescente escapando de su habitación a media noche. Se sentaron en el césped apoyados en el murete de la barbacoa.

- Tenéis una casa preciosa.- la luz del mechero iluminó la cara de Alonso, por primera vez vio el torso de Alonso al desnudo, los músculos perfilaban su cuerpo, su abdomen completamente plano terminaba en unos calzoncillos blancos que dibujaban una marcada silueta encerrada en ellos, ¡joder con el niño!.- lastima que la piscina este sin agua.

- Pues si.- Carmen cogio el porro que Alonso le ofrecía.- supongo que mañana vendrá una cuba y nos podremos bañar.- el humo entró directamente a los pulmones.

- Eso espero, no estaría mal darse un baño, con la calor que hace.

- Si, pero que le vamos a hacer.- y otra calada más, y nuevamente aquella sonrisa mezcla de cachonda y colocada.

- ¿Qué haces con mi tío?.- le dijo pasando el brazo sobre sus hombros.

- ¿Qué quieres decir?.- dijo dejándose querer.

- No se, no pegáis.- la mano de Alonso fue directo a sus pechos.- tú eres muy distinta a el.- la mano buscó los tirantes del camisón para bajarlos.

- Tu tío...- dijo suspirando al notar como capturaba su pezon.

- ¿Nos puede ver?.- Alonso miró hacia la terraza de la habitación.- no estamos haciendo nada.- dijo irónicamente sobando sus tetas.- es más, si quieres puedes irte ahora mismo, de lo contrario ya sabes lo que va ha pasar, dicho lo cual, tú tienes tantas ganas como yo.- le cogio la mano y la llevo a su entrepierna para que notara el grosor de su verga.- no digas que no quieres, porque no es verdad. - claro que no era verdad, notaba como aquella culebra crecía en su mano, eso y los dedos del gemelo retorciendo su pezon, otra vez Carmen, si es que no puedes contenerte, el gemelo puso su mano sobre su cabeza empujándola hacia abajo.- Anda chupa un poquito tía.-. Le dijo bajando el pantalón para dejar libre a la cobra.

En la habitación de matrimonio se encendió una luz, la maldita acidez lo martirizaba hacia ya varios meses; tienes que controlar las comidas Mateo, le decía una y otra vez Domingo,amigo y médico, se dio cuenta que su mujer no estaba; tampoco le importó.