Xtories

María, mi secretaria

La oficina se vacía y el silencio permite que los secretos salgan a la luz. Ella confiesa lo que su novio no le da; él, sin esperarlo, ofrece lo que ella necesita. Entre la discreción del despacho y el riesgo de ser descubiertos, la jerarquía laboral se desmorona ante el deseo más crudo.

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MARÍA, MI SECRETARIA

Todos los hombres tenemos la fantasía de tirarnos a nuestra secretaria, si es que la tenemos, eso es lo que pensé cuando contrate hará un año a María. Igual no es muy correcto decirlo pero la contraté porque aparte de su simpatía, era la tía mas buena que había visto en mi vida. Veintisiete años, rubia, con media melena, culo y tetas de infarto y una cara preciosa, como la de una muñequita de porcelana. Tenía novio pero por algunos comentarios que me había hecho las cosas no iban nada bien entre ellos. Yo estoy casado y tengo dos hijos, aunque podríamos decir que mi matrimonio es lo que ahora se define como liberal, el fin de semana para la familia y entre semana mi mujer no me pregunta donde la meto y yo no le pregunto quién se la empotra a ella. Igual suena un poco radical pero podemos decir a boca llena que así hemos encontrado la felicidad, que al fin y acabo es de lo que se trata. Vivo en Madrid y me dedico a la abogacía, he de reconocer que laboralmente las cosas me han ido muy bien, a mis cuarenta años tengo un bufete con veinte empleados, siete de ellos abogados como yo. Volviendo a María, aquella mañana de jueves se presentó en el trabajo vistiendo una minifalda negra y una blusa blanca, en los pies zapato de tacón de aguja como siempre, estaba sexy a rabiar. Cuando entró en mi despacho a entregarme unos documentos pude observar en ella una mirada de tristeza, tuve el presentimiento de que algo le pasaba.

-María, ¿Estás bien?

-Sí, ¿Por qué?

-No sé, te noto algo triste.

-Bueno, ya sabe, cosas de pareja.

-Joder María como te tengo que decir que no me hables de usted, tutéame por favor.

-Ya, ya, la costumbre ya sabes.

-Bueno, ¿Qué te pasa con tu novio? –Por norma general evito hablar con los empleados de temas personales, pero como a María le quería bajar las bragas desde de segundo uno en que la vi, con ella esa norma me la pasaba un poco por los cojones en mi intento de intimar con ella.

-Nada, peleas, lo típico en las parejas.

-Anda, siéntate y cuéntame lo que te pasa, si quieres, claro.

María me miró pensativa y finalmente se sentó en una de las dos sillas que hay delante de la mesa de mi despacho, quedando así uno frente al otro separados por la mesa. No pude evitar que la mirada se me perdiera entre sus piernas cuando las cruzo, con la esperanza de que su corta falda me dejara ver algo más que sus piernas morenas y contorneadas gracias a horas y horas gimnasio.

-¿Puedo hablarte abiertamente de algo muy, pero que muy personal? –Me preguntó buscando mi complicidad con la mirada.

-Por supuesto, ya hace más de un año que nos conocemos, y aunque no seamos amigos personales tenemos confianza.

-Bien, prepárate porque voy a ser muy directa, mi novio me folla poco y mal, no es que la tenga pequeña ni nada de eso, simplemente es que no me folla todo lo que yo necesito ni me da la caña que a mí me gusta, a veces pienso que le gusta más hacerse pajas mirando porno antes que echarme un polvo a mí, y ya que estoy siendo totalmente sincera te tengo que confesar que soy una verdadera cachonda, si por mi fuera estaría todo el día abierta de piernas. Bueno, me has pedido que te explicara que me pasaba, ya sabes lo que me pasa.

Durante tres segundos trague saliva intentando mostrar normalidad ante tal confesión, por un lado estaba alucinando con lo que me había explicado y por otro lado estaba excitado sabiendo que aquella mujer preciosa que tenía enfrente estaba sedienta de sexo.

-Vaya, es una situación complicada, lo que no entiendo es que un tío prefiera cascársela mirando porno cuando tiene a una mujer como tú, que además me acabas de decir que el sexo te va mucho, y aunque como es lógico nunca te lo he dicho, estas que te rompes de buena.

-¿Me lo dices en serio? ¿Tú me encuentras atractiva? –Estaba alucinando viendo a la tía más buena del puto planeta preguntándome eso.

-¿Estás loca? Eres un cañón de mujer, vamos… a mi no me engañas, tu sabes de sobras que eres un monumento y que todos los tíos se giran al verte.

-Bueno, ya sabes cómo somos las mujeres, nos gusta vestir bien, sentirnos sexys, ¿Te puedo hacer una pregunta?

-Claro.

-Tú me ves como una empleada o de vez en cuando me miras con ojos golosones, ya me entiendes.

Como el nivel de la conversación era más que subidito pensé que era el momento de echarle huevos a ver qué pasaba.

-A ver María, claro que te observo muchas veces, yo y todos los hombres del bufete, joder estas muy buena y además sabes vestirte, como quieres que no te mire.

-Bueno, ya puestos a hablar abiertamente tengo que decirte que todos los que trabajan aquí rumorean que tu y tu mujer tenéis un matrimonio abierto y que te has pasado por la piedra a más de una empleada.

-Bueno no te voy a mentir, algo de verdad hay en eso.

-Y… yo, como empleada no tengo derecho a que me eches un polvo. –Me dijo abriéndose de piernas acariciándose el coño mientras se relamía los labios. Aunque sorprendido, no pude evitar que mi polla pasara de flácida a morcillona, apuntando a una empalmada de las que hacen historia.

-Por supuesto que sí, veo que no te has leído la letra pequeña de tu contrato, ahí pone que la polla del jefe está a disposición de todas las empleadas.

-Por mí con que esté a mi disposición ahora mismo me vale. –Me dijo poniéndose de pie acercándose a mí. Se acercó y abriendo las piernas se sentó sobre mí, su corta falda se subió dejándome ver la raja de su rasurado coño a trabes del minúsculo tanga de encaje que llevaba. Se abalanzó sobre mí besándome, gimiendo mientras su lengua entraba en mi boca. Mi mano izquierda estrujaba sus grandes tetas mientras que con la derecha le sobaba su duro culo. Tenía la polla tan dura que parecía que iba a reventar el pantalón, justo en ese momento me miró con la cara más lujuriosa que había visto en mi vida.

-Prepárate porque te voy a hacer la mejor mamada que te han hecho en tu puta vida.

-Joder me has puesto la polla como una barra de hierro. -Le dije abriéndome el pantalón mientras ella se ponía de rodillas en el suelo.

-Vamos sácatela, estoy deseando metérmela en la boca, me encanta chupar pollas, ver como un tío disfruta, no tengas compasión, clávamela hasta los huevos, me pone cachondisima que me follen la boca.

Me cogió la polla por la base y empezó a succionarme el capullo como si de un biberón se tratara, poco a poco fue tragándosela cada vez mas hasta que su barbilla tocó mis huevos, entonces la cogí por detrás de la cabeza dejándole la polla clavada en la boca mientras ella se atragantaba y no dejaba de emanar saliva mojándome totalmente el rabo y los huevos.

-¡Hufff! ¡Qué gusto! Eso es, buena putita, así, así, ensalívamela bien ¡Joder que pedazo de mamada me estás haciendo! –Le dije dejado su cabeza libre para que pudiera coger aire por un segundo, que es lo que tardó en escupir sobre mi polla volviendo a chupármela siguiendo con la demencial felación que me estaba haciendo.

Durante unos minutos me la estuvo chupando con verdadera maestría, se notaba a la legua que por aquella boca habían pasado infinidad de rabos. Mis piernas empezaron a tensarse anunciando lo que iba a ser una corrida antológica, la verdad es que ver su preciosa cara llena de mi leche era una visión que me ponía especialmente cachondo, pero decidí echárselo en la boca para disfrutar de su mamada hasta el último momento, también quería comprobar si era tan puta como ella misma se defina y se lo tragaba o lo escupía.

-Eso es preciosa, vamos, sácame toda la leche.

-¡Sí, sí, dámela, estoy desenado tragármela!

Hundí la polla en su boca explotando en un orgasmo de los que hacen época soltándole un chorro tras otro de semen en su garganta.

-¡Haaaa! ¡Haaaaa! ¡Joder que gusto! Eso es pedazo de guarra trágatelo todo ¡Dios que gusto soltarte todo el lefazo en la boca!

Durante al menos un minuto más estuvo chupándome el cimbrel con verdadera devoción, saboreando hasta la última gota de semen.

-Joder, que puta eres, anda que no tienes que haber chupado pollas para hacerlo así de bien.

-¡Hufff! No lo sabes bien, y esto solo acaba de empezar, estoy deseando que me la metas en el coño y el culo, estoy tan cachonda que me voy a correr enseguida -Me dijo poniéndose en pie quitándose el tanga, sin dejarme descansar ni un momento se sentó sobre mí clavándose mi polla en el coño.

-¡Sí, sí! ¡Fóllame cabrón! ¡Fóllame duro! ¡Dios tengo el coñito chorreando!

La cogí con las dos manos del culo y bombee con fuerza follándola lo más duro que podía mientras ella se quitaba la blusa y el sujetador para que le chupara las tetas.

-¡Joder! ¡Qué rico me estas follando! ¡Vamos, vamos, fóllame mi coñito de putita! ¡Haaaa! ¡Me corro! ¡Me corro! –Gritó arqueando la espalda entre espasmos de placer- Por favor, por favor, no me la saques, sigue dándome duro. –La visión de aquella zorrita disfrutando de aquella manera me puso especialmente cachondo, seguí unos cinco minutos más bombeando mi rabo dentro de su coño, hasta que volvió a tensarse anunciándome que iba a volver a correrse.

-¡Joder María me tienes al límite! Yo también me voy a correr.

-Claro que sí, lléname el coñito de leche, ¡Córrete, lléname de leche bien caliente!

Sus palabras acabaron conmigo, empecé a soltar chorros de semen dentro de su glorioso coño mientras ahogaba mis gemidos en sus grandes tetas y ella se corría entre gritos ininteligibles.

¡Huuufff! ¡Qué rico! Me encanta sentir una buena corrida dentro del coño, el payaso de mi novio apenas hecha un par de gotas, que ganas tenía que me echaran un buen polvo. –Me dijo poniéndose de rodillas lamiéndome la polla saboreando los restos de nuestros fluidos.

-Dios, que pedazo de golfa estás hecha.

-Descansa un poco, voy a refrescarme al servicio, cuando vuelva espero que la tengas dura como una piedra y me la metas duro por el culo. –Me dijo sonriendo mientas se alejaba.

La observe mientras se dirigía al servicio, la visión de espaldas de aquel monumento de mujer, totalmente desnuda a excepción de sus altos zapatos, hizo que inconscientemente me mordiera el labio inferior, por mi mente solo pasaba la idea de ponerla a cuatro patas y reventarle su perfecto culo hasta que suplicara que parase. No me podía creer que habiéndome corrido dos veces siguiera totalmente cachondo. María tardó unos cinco minutos en volver, durante los que no me moví de mi sillón, su sonrisa de oreja a oreja me indicó que íbamos a seguir pasándolo pero que muy bien. Se acercó a mí y sin mediar palabra se agacho frente a mí y empezó a cascármela, pasados unos segundos escupió sobre mi glande y se amorró al pilón, durante un par de minutos me la chupo con furia dándome un placer increíble.

-Bien, ya la tienes bien empalmada y salivada, anda ven aquí y dame por la puerta trasera. –Me dijo poniéndose de pie dándome la espalda apoyándose en la mesa de mi despacho ofreciéndome su perfecto culo para que se lo petara- Vamos, métemela sin compasión, en el servicio me he metido los dedos para abrírmelo para ti. –Aunque ella ya lo había hecho me chupé un par de dedos y se los metí en el culo para asegurarme de que lo tenía suficientemente abierto, después puse la punta de la polla en la entrada de su ojete y se la fui metiendo lentamente dejando que su estrecho culo se dilatara.

-¡Haaaa! Joder que culo más rico tienes.

-¡Eso es vamos! ¡Dame duro! ¡Rómpeme mi culito de putita! ¡Dios! ¡Como me gusta ser tan puta! –Grito arqueando la espalda para sentir mi polla lo más dentro posible.

-Joder, como te gusta que te den por el culo, menudo pedazo de guarra estás hecha.

-¡Si, si! ¡Soy una guarra! ¡Sigue, sigue enculándome!

Mi polla resbalaba perfectamente dentro de su estrecho culo, cada vez la follaba con más violencia haciendo que sus nalgas rebotaran en mi pelvis.

-¡Toma polla puta! ¡Joder, que guarra eres! –La excitación que sentí por estar dándole por el culo a ese pedazo de tía buena hizo que mi cuerpo empezara a tensarse y mi corrida fuese inminente-

-¡Haaaa! ¡Haaaa! ¡Qué gusto joder! ¡Me voy a correr! ¡Me corro en tu culo de puta!

-No, échamelo en la cara y la boca, quiero volver a saborear tu leche –Me dijo poniéndose rápidamente de rodillas con la boca abierta y la lengua fuera, por si me quedaba alguna duda aquello acabó de confirmarme que María era aun mas puta de lo que creía.

Apenas me pajee un par de veces y el primer chorro de semen salió cayendo sobre su lengua. No quería acabar aquella fiesta sin la visión de su preciosa cara llena de mi leche, así que apunte a sus mejillas y solté un par de chorros mas embadurnándole toda la cara, para ser mi tercera corrida fue bastante abundante, me la sacudí haciendo que un par de gotas mas cayeran sobre su lengua.

-Buena putita, eso es trágatelo todo. –Le dije mientras ella con una gran sonrisa arrastraba con sus dedos la lefa hasta su boca para tragársela. Por supuesto después me lamio la polla para dejármela bien limpia. –Eso es zorrita, límpiamela bien.

-Dios, como me gusta tragar corridas, si pudiera me instalaría un grifo de semen en mi casa. - Me dijo mientras se relamía los labios.

Pasamos al servicio y nos dimos una ducha. Después nos vestimos y la invité a comer en un restaurante que hay justo debajo mis oficinas. Una vez repusimos fuerzas nos fuimos a un hotel que hay al otro lado de la calle y nos pasamos la tarde follando hasta caer extenuados. Por supuesto desde ese día hemos seguido follando. En la oficina todos saben que estamos liados, de hecho la llaman “La putita del jefe” pero a ella en lugar de molestarle le pone cachonda que todos sepan lo puta que es. En definitiva, la mujer perfecta en la que todos los hombres pensamos, una señorita de puertas para afuera y una puta en la cama.