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Dominaciónnov 2022

Selección de personal (4)

No es solo una posesión, es una transacción. Juan acaba de comprar su libertad, pero al cruzar la puerta del banco, descubre que su sumisión ya tenía firma y sello. ¿Qué secretos guardan las cuentas de sus nuevas esclavas?

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Mientras, con una mano, continuaba su exploración, con la otra cogió el pelo de Mónica, que estaba postrada a sus pies y la levantó hasta que la puso a la altura de su entrepierna; Juan no tuvo ni siquiera que dar la orden, porque, en cuanto se dio cuenta de lo que quería su dueño, la esclava acercó su cara a la bragueta del hombre y, con mucho cuidado, bajó la cremallera y metió su mano para sacar la polla ya tiesa, introduciendosela en la boca, empezando a lamer y chupar con suavidad.

Satisfecho con las atenciones que recibía de Mónica, giró a Lu hasta ponerla de espaldas de forma que puediera pasar su mano por el culo palpando y sopesando la dureza y consistencia de las nalgas, a la vez que continuó con su interrogatorio:

- Luego decidiré si quiero o no arreglarte y cómo voy a hacerlo, ahora vas a contestarme a algunas otras preguntas, porque quiero saber más cosas de ti. Así que, dime, ¿qué sientes ahora? Quiero que me describas con todo detalle lo que piensas en este momento.

Con un tono de voz que denotaba la excitación que estaba provocando en la esclava la inspección física a la que era sometida y haciendo un evidente esfuerzo por hablar de manera pausada y no dejarse llevar por las sensaciones a las que era sometida, Lu contestó:

- Amo, la esclava se siente feliz y agradecida por tener el honor de ser adquirida por el Amo; ya he dejado de tener preocupación y ansiedad por mi futuro porque a partir de ahora, sé que lo único que tengo que hacer en mi vida es servir al Amo y cumplir su voluntad, por eso, la esclava solo desea saber cómo complacer a su Amo, conocer cuáles son sus gustos y preferencias; en este momento, la esclava se ha abierto completamente al Amo, tanto física como mentalmente, para que el Amo pueda tomar posesión de su propiedad y usarla a su antojo. Lo que más desea la esclava es ser del agrado de su dueño, darle plena satisfacción y ofrecerle todo el placer que el Amo desee obtener.

- Por eso, en cuanto el Amo ha empezado a tocarla, la esclava ha entrado en estado de máxima excitación, se le han puesto los pezones duros como piedras, con el coño encharcado, la respiración entrecortada, el corazón acelerado; no puedo caso, ni hablar, sintiendo cómo el Amo está apropiandose del coño, invadiendolo y tocandolo; ahora amismo, la esclava está a punto de derretirse, tan cachonda que el Amo podría hacer que se corriese con un solo gesto; pero la esclava no decide cuándo y cómo se corre, depende de la voluntad del Amo y de que se lo ordena o lo autoriza, porque la esclava nunca “se corre”, ya que eso supondría hacerlo voluntariamente, es el Amo el que decide “correr” a la esclava y ésta no hará más que obedecer sumisamente la voluntad de su dueño, agradecida por el honor que le hace al usarla.

- He de informar al Amo que la esclava no ha sido corrida, ni ha sido autorizada para tener un orgasmo, desde hace más de dos meses, poco antes de que el difunto Amo falleciera, ya que los caballeros que la han usado, no se han preocupado ni han tenido ganas de que permitirselo.

Animado por la magistral actuación de la boca de Mónica y con ganas de seguir profundizando en la sumisión de Lu y comprobar hasta donde llegaba el su sometimiento a la voluntad de su propietario, Juan decidió dejarse llevar y la ordenó:

- Lu, me siento generoso, así que voy a autorizarte a tener un orgasmo en cuanto veas que yo me corro en la boca de Mónica. Quiero que te expreses libremente, como te pida el cuerpo, porque quiero verte en tu propia salsa y después, me limpiarás la polla y los huevos, me los secraás y los guardarás dentroo del pantalón.

- Y tú, Mónica, no te tragues mi corrida, guardala en la boca para que, en cuanto Lu acabe de limpiarme, os deis un buen morreo con lengua y la compartais.

La mamada de Mónica surtió, casi enseguida, el efecto deseado y Juan, en cuanto acabó de hablar, se vació en la boca de la esclava con un ronco gruñido de placer.

Lu, en cuanto estuvo segura de que su dueño se había corrido, cerró los ojos dejandose llevar, empezó a jadear profundamente con la lengua fuera, jadeando, a la vez que su cuerpo se convulsionaba, paara acabar emitiendo cortos, pero intensos, sonidos guturales y gritos de placer que finalizaron con un profundo y prolongado gemido.

Pero, lejos de relajarse y detenerse a disfrutar del orgasmo, la esclava recuperó inmediatamente su compostura, abrió los ojos y, sin pensarselo dos veces, se arrodilló ante su dueño para limpiarle la polla, chupando con avidez y lamiendo toda la zona genital, secando los restos de su saliva con su propio pelo, metiendo, con delicadeza, la polla en los pantalones y cerrando la braguetappaara, a continuación, chupoar y limpiar los dedos que el hombre acaba de sacar de su coño.

En cuanto acabó la tarea de limpieza, todavía de rodillas, Lu se acercó a Mónica, y, sin pensarlo dos veces, la besó en la boca introduciendo la lengua para abrir los labios de su compañera que, inmediatamente, hizo lo mismo, compartiendo de esa forma, los restos de la corrida de Juan; cuando se separaron, ambas muchachas miraron a su dueño y, como si lo hubieran tenido preparado, inclinaron la cabeza y, con una amplia sonrisa, dijeron:

- Gracias, Amo, tus esclavas están para servirte y complacerte.

Mientras recuperaba la compostura, Juan contempló, incrédulo, a las dos bellezas que, desnudas y arrodilladas, se encontraban a sus pies.

Aunque ambas acababan de demostrarle, de forma más que evidente, que era cierto que estaban a su servicio, su curiosidad seguía sin estar del todo satisfecha, por lo que continuó su interrogatorio:

- Me gusta vuestra disposición y entrega, pero quiero saber más cosas de vosotras. Lu, cuando te has desnudado para que te inspeccionase, te has disculpado por si no me gustaba la disposición de los pelos del coño, y has comentado que podía castigarte por ello, es obvio que no puedes saber como me gustaría que lo lleves, por lo que no acabo de entender porqué crees que debería castigarte, es que ¿te gusta que te azoten, que te maltraten o que te castiguen físicamente?, ¿tu anterior Amo lo hacía?, ¿has sido adiestrada para aguantar el dolor?

Sin moverse de la posición que ocupaba, y manteniendo la mirada hacia el suelo, Lu contestó:

- Mi Amo, si me permite decirlo así, un dueño nunca “maltrata” a su esclava, porque está en su derecho de tratarla como le da la gana, ya que la esclava es un objeto de su propiedad, por eso, no puedo decir que el difunto Amo me haya “maltratado” nunca; exactamente igual que puede hacer el Amo a partir de ahora, tratar a esta esclava como le apetezca, no importa lo que haga, en ningún caso será “maltrato”, ya que el Amo usará, como quiera, aquello que le pertenece.

- Pero, mi Amo, lo cierto es que a la esclava no le es agradable, ni siente placer ni le gusta ser azotada, que le peguen, la castiguen o, en general, que se le cause dolor físico, pero eso no tiene ninguna importancia; la esclava sabe que el Amo está en su perfecto derecho de aplicar a la esclava la disciplina, el castigo o cualquier otro acto que pueda ocasionarle dolor y lo aceptará sin quejas, sometiendose voluntariamente y sin siquiera atreverse a manifestar ninguna oposición a los deseos de su dueño.

- Con el permiso del Amo, en cualquier caso, la cuestión no es si la esclava está preparada para aguantar el dolor o los castigos, porque la esclava no “aguanta” nada, es más sencillo que eso, la esclava está adiestrada para asumir y recibir el trato que el Amo desee aplicarle en cada momento, por eso, si el Amo toma la decisión castigar, azotar o golpear a la esclava, lo puede hacer como y cuando quiere y de la forma que le apetece; la esclava ha sido programada y domada para someterse a la voluntad de su dueño, y este puede hacer lo que le de la gana, según su capricho; el Amo hace lo que quiere y la esclava sólo se somete y cumple la voluntad de su Amo.

- Por eso, el Amo no tiene porqué plantearse lo que a la esclava le guste o no; el Amo hace lo que le da la gana y puede estar seguro de que laa esclava sentirá, pensará o deseará lo que el Amo quiera. Lo único importante es la voluntad del Amo que es el que tiene el control absoluto y total, sin límites ni condiciones, tanto del cuerpo como de la mente de la esclava y eso incluye sus sentimientos, sensaciones e incluso sus pensamientos.

- Con el permiso del Amo, la esclava se atreve a comentar al Amo que, entre Mónica y esta esclava, hay una diferencia importante.

- Mónica es sumisa de nacimiento, ella no sabe, no ha sabido nunca, tomar decisiones o tener voluntad propia, pero es sólo eso; ha asumido su condición de esclava cuando se le ha adiestrado para serlo, pero no forma parte de su naturaleza, al contrario, va a tener que ser adiestrada para asumir que pertenece a su Amo, porque ella se ha creido, siempre, que era una persona normal, sólo que muy obediente.

- Sin embargo, esta esclava fue concebida para ser esclava, fue parida por una esclava y ha sido criada, domada y adiestrada, desde cachorra, de forma que su naturaleza es la esclavitud; para mí, lo normal es ser esclava, mi vida no tiene sentido si no estoy entregada con una total y absoluta docilidad y sumisión al Amo, lo que significa que, ya desde cachorra, he sido plenamente consciente de las obligaciones y los deberes de una esclava, y ahora, tengo completamente asumido cual es mi lugar y no tengo más ambición ni objetivo que el de ser una esclava.

- Por eso, al Amo le va a ser muy fácil amaestrar a esta esclava para adaptarla a su voluntad y a sus preferencias, mucho más que a la esclava Mónica; porque para esta esclava lo natural es ser doblegada, instruida y adiestrada en los gustos y preferencias del Amo para servirle y satisfacerle, mientras que la esclava Mónica sabe obedecer, pero no tiene interiorizada su condición.

Cuando Lu acabó de hablar, Mónica, evidentemente incómoda con las palabras de su amiga, hizo un amago de replicar, pero Juan la silenció con un gesto, porque lo que le interesaba era analizar con detenimiento el significado último de las palabras de Lu, que le parecían mucho más increibles e interesantes que la sorprendente conversación inicial con Mónica.

La realidad era que a Juan le daba cierto vértigo asumir en toda su extensión la inesperada oportunidad que la vida la brindaba y, hasta cierto punto, le preocupaba el futuro que se la abría después de dar a su vida un cambio totalmente radical.

Como queriendo cambiar de tema, Juan recordó, de golpe, que ambas esclavas le habían mencionado la existencia de cuentas corrientes, depósitos, acciones y otras propiedades, e incluso habían hablado de la existencia de una caja fuerte con documentación, todo ello, al parecer, depositado en una sucursal bancaria, así que, con ánimo de ganar tiempo para poder tener una perspectiva completa de la situación, hizo un gesto a ambas esclavas para que se pusiesen en pié y volvió a dirigirse a ambas:

- Bueno, por el momento me doy por satisfecho, voy a tener mucho tiempo para conocer los límites de cada una y hasta dónde llega vuestra sumisión y entrega: pero ahora quiero conocer tu situación legal y económica, antes has hablado de unas cuentas en las que ingresaban dinero por usarte; ya he visto la documentación de Mónica, y ahora quiero ver la tuya.

Nada más escuchar la orden, Lu comentó:

- Amo, la esclava no puede entregar ningún documento, porque no sabe si tiene o no documentación para enseñar al Amo que que mi difunto Amo no me dio ninguna instrucción sobre ello, pero la esclava sabe que la Directora de la sucursal es quien gestiona las cuentas, las propiedades y conoce perfectamente la situación económica del difunto Amo, ya que era de su absoluta confianza, así que, seguramente, tendrá la información y los documentos necesarios; de hecho es la propia directora, la que ha venido entregando a la esclava el dinero necesario para mantenerse durante este tiempo, ya que, cuando menos en mi caso, es conocedora de mi condición de esclava.

- En cualquier caso, creo que el Amo debe saber que tanto las cuentas como la documentación de ambas esclavas están en la misma sucursal bancaria, que, además, está muy cerca de aquí, por eso, si el Amo lo desea, la esclava puede llamar por telefono para concertar una cita con la Directora, de manera que el Amo pueda tener la información completa y tomar las decisiones que le parezca.

Juan contestó:

- De acuerdo, Mónica, llama al banco y queda con la Directora en 15 minutos, me gustaría ver esos documentos y tener la información antes de ir a comer, mientras tanto yo haré unas llamadas.

La reacción de Mónica llamó la atención de Juan, no ya porque obedeciese inmediatamente su orden, sino porque, al escuchar a su dueño, miró desafiante a Lu, orgullosa por ser la elegida para hacer la gestión, y marcó el número de la sucursal, bajo la mirada, entre envidiosa y disgustada, de su amiga que, obviamente se había dado por aludida.

Cuando Mónica finalizó la conversación, permaneció quieta y callada, hasta que Juan colgó su teléfono, y entonces le informó:

- Amo, tu orden ha sido obedecida, he hablado con la Directora de la sucursal y te atenderá inmediatamente si así lo deseas, ahora mismo está preparando toda la información y los documentos para ponerlos a disposición del Amo y darle las explicaciones necesarias en cuanto el Amo lo desee.

Satisfecho, pero algo extrañado, por la rápida respuesta de la Directora de la Sucursal, decidió ir al Banco antes de comer y así satisfacer la curiosidad que le estaba suscitando el hecho de que las dos muchachas hicieran tantas referecnias a “las cuentas” y a la “documentación”, así que se levantó, y ordenó:

- Vale, levantaros que nos vamos a la sucursal, quiero hablar, cuanto antes, con esa Directora tan amable y saber que es todo eso de las cuentas y la documentación, luego iremos a comer.

Nada más escuchar a su dueño, Mónica y Lu, se levantaron y, desnudas como estaban, siguieron a su dueño hacia la puerta, pero antes de que salieran del salón, Juan, al darse cuenta de cómo iban las dos les dijo:

- ¿Dónde vais así, pretendeis salir desnudas a la calle?, Id inmediatamente a poneros algún vestido.

Al escuchar a su dueño, ambas esclavas se giraron para dirigirse a sus habitaciones, pero, antes, Mónica, no pudo evitar contestar:

- Perdón, Amo, pero tus esclavas obedecen tus órdenes, así que como el Amo no ha dicho nada de ponernos vestidos antes de salir, se han limitado a obedecer la orden que se les ha dado; las esclavas no deciden si van desnudas o vestidas, porque es el Amo el que decide si van a llevar o no ropa así como que vestido quiere que se pongan sus esclavas.

A la vez que Mónica daba las explicaciones, las dos muchachas entraron en sus respectivas habitaciones, dirigiendose a los armarios y abriendo sus puertas, quedansoe paradas a la espera de que su dueño se acercase y eligiese el vestido que debia ponerse cada una.

Juan tomó nota mentalmente de la incómoda situación que se había ocasionado a sí mismo, para evitar que, en el futuro, volviese a repetirse pero, mientras tanto, revisó ambos armarios y eligió dos vestidos muy similares abotonados hasta la cintura y con faldas amplias y cortas, que tanto Mónica como Lu se apresuraron a ponerse, obviamente, sin ningún otro complemento, excepto las sandalias que les señaló su dueño.

Mientras andaban por el pasillo, en dirección a la puerta, Lu se adelantó a Mónica, para comentarle a Juan:

- Amo, si se le permite el atrevimiento a la esclava, los vestidos que les ha puesto están diseñados específicamente para facilitar el libre y cómodo acceso del Amo (o de quien el Amo desee) al coño, al culo o a las tetas de las esclavas en cualquier lugar o situación. Si al Amo le apetece, no tiene más que levantar la falda, abrir el escote o, si lo prefiere, ordenar que lo hagamos nosotras, para poder disponer del cuerpo de las esclavas como mejor le parezca.

Aprovechando que Lu callaba para mostrar físicamente lo que acababa de explicar, Mónica se apresuró a tomar la palabra, y comentó:

- Además, si el Amo no decide otra cosa, en cualquier situación, siempre que vayan vestidas y deban sentarse, las esclavas se levantarán la falda para que su culo se apoye directamente sobre el asiento, de forma que, incluso sentadas, tengan los agujeros disponibles para ser usados por el Amo.

A Juan no se le escapó la ironía de la situación, dandose cuenta de que entre ambas esclavas, antes íntimas amigas, se había establecido una especie de competición por ganarse el favor de su dueño y presentarse como la mejor sumisa, lo que, sin duda, le brindaba enormes oportunidades de cara al futuro, pero que encerraban un considerable peligro si no tomaba las medidas adecuadas para mantener bajo control la situación.

En cualquier caso, antes de que la batalla llegara a más, con una aparente seriedad que intentaba disimular la diversión que le provocaba la competencia entre las dos, ordenó con voz tajante:

- Basta!!!!!!!. Que sea la última vez que alguna de vosotras os atreveis a hablar sin mi permiso, y mucho menos que teneis la osadía de decirme lo que puedo o no hacer con vosotras. Más tarde decidiré el castigo que voy a imponeros por vuestro atrevimiento, pero ahora, vais a permenecer calladas hasta que os haga una pregunta directa; si teneis algo que decirme, ronroneareis primero para pedirme permiso pero teneis prohibido abrir la boca hasta que yo os autorice.

- Ahora, en silencio, vamos a ir a la sucursal y, después, a comer. Mónica, tú irás delante indicando el camino, y tú, Lu, un paso detrás de mí, atenta por si quiero usarte.

Con la mirada baja y en completo silencio, sin atreverse siquiera a dirigirse una mirada, tanto Mónica como Lu se colocarón en la posición que les había sido ordenada y salieron de la vivienda, subieron al ascensor y, una vez en la calle, se dirigieron hacia la oficina bancaria, a la que llegaron en pocos minutos.

Nada más entrar en la oficina, salió a recibirles una mujer de algo más de treinta años, elegante y de muy buena presencia que, sin mirar siquiera ni a Mónica ni a Lu, se dirigió a Juan haciendo una ligera reverencia saludandole con una amabilidad y respeto que parecieron algo exagerados:

- Buenas tardes, caballero, mi nombre es Elena y soy la Directora de la oficina, estoy a su disposición; he sido informada del motivo de su visita y, si es tan amable de pasar a mi despacho, le ofreceré la información y las explicaciones que sean necesarias.

Sorprendido, tanto por el recibimiento, como por el hecho de que estuviera esperando su llegada, Juan entró en el despacho y se sentó en una de las cómodas butacas ubicadas alrededor de una pequeña mesa de reuniones; la Directora, después de cerrar la puerta del despacho, permaneció en pie, al igual que Mónica y Lu, que habían entrado detrás de su dueño, y que se colocaron a ligeramente detrás y a ambos lados del sillón ocupado por Juan.

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