Juegos prohibidos (Capítulo 2)
Silvia siempre evitó hablar de las relaciones pasadas de su novio, pero al cruzarse con Blanca, la doctora sensual que la tocó en la consulta, la curiosidad se transforma en una necesidad incontrolable. ¿Qué pasa cuando la mujer que te pone cachonda es la ex amante de tu pareja?
CAPÍTULO 2
Tras reponernos, mi chico arrancó el coche y nos dirigimos hacia el restaurante que había reservado para celebrar su cumpleaños, porque además el sitio era muy novedoso y no podríamos encontrar mesa hasta mucho tiempo después, así que mejor era darse un homenaje en forma de comida y luego rematarlo en casa. Una vez que entramos en el restaurante, preciosamente decorado y que estaba lleno de gente, el camarero nos llevó a nuestra mesa reservada y pedimos un par de copas de vino para ir mirando la carta
- ¿Qué tal el reconocimiento con el viejo de MIranda? - me preguntó mi chico mientras elegíamos los platos de la carta.
- Pues no te lo vas a creer, el hombre se ha jubilado y ahora me ha atendido una chica.
- Ah, pues mejor, ¿no?
- ¿Mejor?
- Quiero decir que, si alguien te tiene que meter mano y no soy yo, prefiero que sea una mujer.
- ¿Ah sí?
- Claro cariño, sabes que me pongo celoso si un hombre te ve desnuda o tiene que tocarte, aunque sea un profesional.
- En cambio, ¿si es una chica no? - le pregunté con todo el sentido de la frase.
- No, es diferente, incluso eso me pone hasta un poco burro. Me encanta que te haya atendido una doctora, ya me estoy imaginando a las dos juntas...
- ¡Guarro! - le dije, pero en el fondo no se podía ni imaginar lo que había ocurrido en aquella consulta.
Las palabras de mi chico me dejaron un poco trastocada, aunque es cierto que siempre le molestaba cuando tenía que ir al médico y este era un hombre, pero el hecho de que el reconocimiento me lo hubiera hecho una mujer, parecía que le agradaba más de la cuenta y creo que a mí también, las cosas como son, especialmente siendo ella Blanca, esa doctora tan sensual.
Cuando Dani me estaba relatando esas fantasías suyas de ver a dos mujeres en acción, aunque una de ellas fuera yo, levanté la vista para ver que una mesa del fondo había una mujer espectacular de pelo rubio, que era la atracción de casi todos los hombres. Iba ataviada con un vestido entallado negro y medias y curiosamente con unos zapatos de tacón como los míos, pero cuando subí la vista para ver su cara casi me da algo al comprobar que se trataba de Blanca, ¡la doctora de mi reconocimiento!
- ¿Te encuentras bien, cielo? - me preguntó Dani, viéndome roja y alterada.
- Sí, sí, estoy bien. - disimulé, pero era la primera vez en mi vida que una mujer me ponía así de nerviosa.
De reojo volví a mirar hacia aquella mesa en la que Blanca reía y charlaba animadamente acompañada por otra mujer. No me lo podía creer, siempre he pensado que no existe el destino, aunque la casualidad o el azar eran demasiado para semejante coincidencia. Miré varias veces, comprobando si era efecto de mi turbación tras el reconocimiento con Blanca, pero no, efectivamente, cuatro mesas más retiradas de la nuestra estaba ella, mi doctora, y no aparté los ojos de allí para confirmar que no era una alucinación.
- ¿Me estás escuchando, cariño? - me preguntó mi chico, pues parecía estar hablándome y yo no fui capaz de contestarle.
- Perdona Dani, ¿qué me decías?
- Pues te preguntaba si vamos a pedir dos platos. No parecen muy grandes, esto es muy pijo, ya sabes, cocina de vanguardia...
- Ya, pues como quieras. Es tu cumpleaños. Hoy es tu día.
Mi chico llamó al camarero y eligió un par de platos que ambos habíamos visto como muy apetitosos en la mesa de al lado, aunque a la que yo estaba atenta era a la del fondo, la de Blanca, observándola incesantemente. Nunca me fijo demasiado en las chicas, que no sea para ver cómo van vestidas y bien copiarme su look o simplemente criticarlo, pero en esta ocasión, mis ojos devoraban el cuerpo de esa mujer, me estaba atrayendo más que nunca y no me considero lesbiana ni bisexual, ni nada parecido, era la primera vez que me sentía como un imán hacia una desconocida mujer, bueno, en este caso, ya no tan desconocida.
- Silvia voy a ir un momento al baño. - dijo mi chico levantándose una vez que el camarero nos tomó nota.
- De acuerdo. - le respondí lanzándole un besito y él se iba relamiéndose mirando mi escote.
Cuando Dani se levantó hacia los servicios, justo al mismo tiempo, Blanca se levantaba de su mesa en la misma dirección y a mitad de camino se cruzó con mi novio. Lógicamente él se fijó en ella, aunque no era el único, pues esa rubia era despampanante y atraía a todas las miradas, incluida la mía, pero lo que me chocó realmente era que ambos se quedaron parados mirándose y sonriéndose, para acabar dándose un abrazo y dos besos. Estaba flipando viendo esa escena. Daniel y Blanca... ¿se conocían?
El camarero había traído el primer plato, pero yo ni lo miraba, cuando me explicaba de qué se trataba esa mezcla de ensaladas selváticas con salsas de no sé qué... porque yo sólo veía a Dani reírse a carcajadas sujetando la mano de Blanca y ella reía también con mi chico en una actitud de mucha camaradería, con demasiada confianza diría yo. ¿Qué demonios estaba pasando? No puedo negar que sentí una especie de celos, por un lado, pero confusa de verlos tan alegres... cuando sentí que mi chico señalaba a mi mesa y Blanca cruzó su mirada con la mía.... Entonces sentí que mi corazón volvía a latir fuertemente ante esa mirada de la rubia. Sin duda, tuvo que reconocerme, pues yo iba vestida igual que en su consulta. Me lanzó una de sus sonrisas atrapantes y yo noté como empezaba a mojar mis bragas nuevamente.
De repente, tras estar un rato charlando, vi que ambos se dirigían hacia la mesa en donde yo estaba flipando y toda la excitación y el morbo que había tenido en la consulta volvieron de nuevo al ver a esa mujer llena de curvas acercándose sonriente, haciendo que me mojara al instante, tanto que tuve que cerrar las piernas. Me tapé la cara con la servilleta, tonta de mí, esperando que no me viera, pero cuando quise darme cuenta, ambos estaban de pie a mi lado.
- Mira, cariño, quiero presentarte a alguien. - dijo mi chico junto a esa preciosa rubia.
Bajé la servilleta y los miré sonriente, notando el calor de mis mejillas comprobando que efectivamente era ella, sonriente al lado de mi chico. Estaba preciosa, con aquel vestido negro y si ya me había impresionado con la bata de médico, ahora verla así, tan sexy, era incapaz de reaccionar.
- ¿Silvia? - dijo ella.
- Hola, Blanca. - respondí con un nudo en la garganta.
- Pero, ¿os conocéis? - dijo perplejo mi chico mirándonos a ambas.
- Si, acabamos de estar juntas. - comentó Blanca mirándome con descaro al escote.
- ¿Ah sí? - preguntaba todavía más confuso Dani
- Si, ella es mi paciente. Acaba de pasar el reconocimiento médico de la empresa en mi clínica y todo ha salido normal. - añadió la otra con su eterna sonrisa.
Yo afirmé con una sonrisa forzada, pues ese reconocimiento había sido de todo menos normal.
- ¿En serio? - preguntó Dani riendo.
- ¡Si, qué casualidad! - añadió Blanca – pero no creas que te voy a revelar nada de ese reconocimiento, porque sabes que los temas médicos son muy privados, solo quedan entre doctora y paciente, ¿verdad Silvia? - comentó ella mirándome fijamente con esa ironía traviesa.
Yo no era capaz de hablar y asentía como una tonta, totalmente avergonzada por un lado y muy caliente al mismo tiempo por otro.
- Vale, pues os dejo cenar, que se os enfría eso. - dijo Blanca señalando los platos servidos sobre nuestra mesa.
- Claro... oye, nos llamamos, Blanca. - dijo mi chico.
- Sí, sí, que hace mucho que no nos vemos. Me tienes que contar de tu vida y ya veo que estás en muy buena compañía. - añadió la doctora volviendo a mirarme con ojos de niña mala.
Dani se agarró a su cintura para plantarle dos besos y luego ella se giró dándome otros dos a mí, aunque muy cerca de la comisura de mis labios. Me dejó impregnada con su olor y ese calor que desprendía toda ella.
Una vez que volvió a su mesa con su amiga, cuando yo le pregunté a Dani.
- ¿De qué conoces a Blanca? - lo dije con cierto tono de celos, era inevitable, a pesar de que yo había sido presa de los dedos de esa doctora.
- ¡Qué casualidad!, ¿verdad? Bueno, cariño, ella es una vieja amiga. Fuimos juntos al insti. Hace mogollón.
Dani empezó a cenar comentando el buen sabor de su plato, como queriendo esquivar la conversación. Entendí al instante que eran algo más que compañeros.
- ¿Ah sí? Nunca me hablaste de e ella. - comenté alucinando con el cumulo de sorpresas y casualidades que se desgranaban ese día.
- ¿No? Bueno, hace muchísimo de aquello. No nos vemos desde hace años.
- Es raro que no me hablaras de una chica tan guapa.
- Ya... No ha cambiado nada. Sí, está muy guapa.
Sonreí forzadamente, por ese cumplido hacia la chica, aunque no podía negarlo, Blanca era realmente preciosa y si se conservaba igual que cuando era más joven, le daba todavía más aliciente para pensar que había vuelto loco a Dani en aquella época.
- Supongo que tendríais muchas cosas de qué hablar. - dije mirando a mi chico y luego en dirección a los baños de donde salía Blanca y me dedicaba una sonrisa y un saludo con su mano yendo hacia su mesa.
Mi chico también siguió su trayectoria y esas piernas botando a cada paso de sus altos tacones.
- Dani ¿Y Blanca y tú no habéis tenido contacto en todo este tiempo? - volví al ataque, medio celosa y cachonda al mismo tiempo, imaginando a esa rubia y mi chico desnudos follando como locos.
- Pues la verdad es que no. Ella se fue a estudiar fuera, luego curró en otra ciudad...pero ahora me ha dicho que se está instalando aquí con ese nuevo trabajo en la clínica.
- Genial, ahora os podéis ver alguna vez. - dije para saber por dónde salía.
- Ya, puede que sí.
- Si eráis tan amigos...
Dani se me quedó mirando y puso una media sonrisa.
- ¿Qué pasa? - pregunté.
- Había pensado que podíamos invitarla un día de estos a cenar a casa y así la conoces mejor, pero por tu cara creo que no es buena idea. - comentó Dani.
- ¿Por mi cara?
- Bueno, cielo, no hay más que verte, estás colorada, te sudan las manos, oigo tu tacón nervioso sonando en el suelo. Sé cuándo estás celosa, aunque no tienes por qué preocuparte. Blanca es una vieja amiga, nada más.
En el fondo, no era capaz de confesarle a Dani que, si estaba colorada, medio sudando, con el pulso acelerado y taconeando nerviosamente, no era precisamente por los celos, o quizá en parte sí, pero, ante todo, por lo cachonda que me ponía esa tía.... ¿cómo le iba a reprochar a Dani que él pudiera sentir lo mismo? Aunque parecía hablar de amistad, en el fondo estaba casi segura de que había habido algo entre ellos. Esa complicidad no me parecía de amigos de instituto.
- ¿Te la follaste? - le pregunté de sopetón.
- ¿Qué?
- Si, que si te follaste a esa rubia.
- ¿Ves tus celos?
- No son celos, Dani... es curiosidad y sabes que te noto si me mientes. - dije muy segura.
- Bueno, cariño...
- Vamos, Dani, sé sincero. Esa chica era algo más que una amiga. Dime, ¿te la follaste? - pregunté casi ansiosamente.
- Pues sí, lo hicimos, pero en aquella época no te conocía a ti todavía.
- Ya... ya lo sé, pero ¿cómo follaba? - pregunté notando el calor en mi rostro y mis pezones duros como piedras.
- Pero Silvia.
- Vamos, cariño, cuéntamelo. Estoy intrigada. - dije y era totalmente cierto.
- No sé si es buena idea de que te cuente eso y además no creo que sea el momento.
- ¿Dani?
Mi pregunta y mi cara de intriga, no le dejaron otra que empezar a confesar.
- Éramos muy jóvenes- decía mi chico aturdido por mis preguntas tan directas, creyendo que yo le quería hacer un interrogatorio de novia celosa, pero no era esa mi intención. Estaba loca por saber más de esa mujer. Conocer lo más íntimo de ella, saber el mínimo detalle.
- ¿No me lo quieres contar?
- Silvia, yo... me siento un poco cortado con eso.
MI cara debía decirlo todo y Dani sabe que cuando quiero saber algo, me lo tiene que contar.
- Pues sí, follaba muy bien, pero tú también eres la caña, mi amor. - respondió mi chico queriendo ser políticamente correcto.
- Detalles... quiero detalles - dije.
- ¡Joder, cariño!
- ¿Dani? - me puse con mi cara curiosa y mordiéndome el labio.
- Pues lo mejor es su boca, la mamaba de maravilla. Es increíble, pero de verdad, estoy incómodo hablando de Blanca, eso fue hace mucho tiempo - comentó nervioso.
No quise seguir atosigándole, aunque durante la cena, yo seguí observando a Blanca, que de vez en cuando cruzaba su mirada con la mía.
- ¿Por qué no la invitamos este sábado? - pregunté.
- ¿A quién?
- Hijo, pareces bobo... a Blanca.
- ¿En serio?
- Claro, ¿no sois amigos?
- Si bueno, tuvimos un rollo entonces, pero ahora no tenemos relación.
- Bueno, ¿no te gustaría estar con ella y hablar de los viejos tiempos? A mí me gustaría saber cómo eras en aquella época.
Mi chico estaba apurado y hasta se le notaba colorado.
- No sé si te vas a encontrar cómoda sabiendo eso. - dijo.
- Me gustaría conocerla mejor, bueno, ya la conozco, pero me cae muy bien y además es simpática y muy guapa.
- ¿Entonces no estás celosa sabiendo que ella y yo...?
- ¿Por qué iba a estarlo? Es normal. Si yo fuera tú, me la habría follado. Es un bombón. - dije eso instintivamente.
Mi chico pareció alegrarse por mi conducta, poco habitual, pues siempre quería huir de sus relaciones anteriores, ni casi nunca hablábamos de eso, porque no quería conocer esos detalles, sin embargo, durante todo el trayecto a casa, no dejé de preguntarle cosas de Blanca, dónde follaban, cómo lo hacían y aunque él me rehuía casi todas las preguntas, acababa confesando y poniéndome aún más caliente, imaginando esa escena, con ganas de llegar a casa y que apagase mi calentura.
Nada más llegar a la entrada de la casa me lance a devorar la boca de Dani y como era previsible, él rápidamente me siguió el ritmo y me acorralaba contra la misma puerta de entrada sin dejar de acariciar mi cuerpo por encima de la ropa, pero tras una mirada de las suyas, dejó de arrasar con mi boca para seguir devorando mi cuello y clavícula.
- Joder Silvia, no sabes lo cachondo que estoy. - me dijo muy salido.
- Me lo puedo imaginar- contesté yo mientras me frotaba contra su prominente bulto que estaba haciendo presión contra mi sexo.
- A ti también te noto cachonda.
- Lo estoy y mucho. - sentencié.
A la vez que le contestaba eso, mí chico comenzó a bajar una de sus manos por todo mi cuerpo hasta dejarlas en mi cadera mientras su otra mano se encargaba de amasar mis tetas por encima de la ropa hasta que las liberó y se dedicó a pellizcarme los pezones con sus dedos.
- Dime Silvia ¿si meto mi mano dentro de tu tanga cómo me lo encontraré? - me preguntó con sus labios rozando los míos y sin dejar de masajear mis pechos.
- Eso cariño solo hay una forma de averiguarlo. - dije de forma sibilina.
Y eso hizo, en un rápido movimiento me subió la falda e introdujo su mano dentro del tanga y comprobó lo caliente y mojada que estaba.
- ¡La hostia Silvia!... ¡estas chorreando!
Yo no podía contestarle en ese momento porque Daniel me metió de golpe dos de sus dedos y provoco que cerrara los ojos y soltara un gran gemido de puro placer, agarrando su muñeca mientras esa mano me follaba.
- ¡Cariño esto entra solo!, ¡cómo estás!
Dani se extrañaba de verme así de empapada, porque de hecho siempre necesito mi tiempo para estar preparada, ya que tiene una polla bastante grande y sabe que necesito estar muy lubricada, incluso a veces usamos un gel especial para eso, pero esta vez, el mejor lubricante es el pensamiento, entre los que estaba la imagen de la cabrona de Blanca.
De pronto, Dani pareció leer mi mente y me soltó:
- ¿Y que es por mi o por Blanca? No has dejado de hablar de ella en toda la noche.
Me quedé muda unos segundos y es que Dani me había descubierto y era evidente lo cachonda que me ponía esa chica. En el fondo no era capaz de confesarle que en cierto modo le había sido infiel con ella. ¿o quizás no?
- ¿Te pone Blanca? - me dijo él - ¿Estás así por ella?
- Joder, estoy así por ti cielo. ¿Por quién va a ser? - le dije mintiendo y eso incrementaba mi infidelidad, si es que la hubo, aunque desde luego mi deseo iba más allá del pensamiento.
- Entonces... ¿Blanca no? - insistió él, que me conoce y sabe cuándo me pongo realmente caliente.
Agaché la cabeza hasta colocar mis ojos a la altura de los suyos a la vez que me mordía el labio inferior para no contestarle verbalmente, pero él sabía con una sola mirada que lo que me tenía a tope era principalmente por ella. Dani y yo siempre aportamos muchos juegos en la cama, como el de adivinar y entre otras cosas siempre me ha confesado que le encantaría verme con otra mujer y aunque aquello eran sólo fantasías y que yo siempre le seguía el juego, lo cierto es que a mí nunca me han llamado las tías. Puedo sentir atracción por su belleza y admirar su cuerpo, incluso envidia o celos, pero atracción física del tipo sexual, jamás, hasta hoy que conocí a Blanca y Dani sabía que esa mujer era todo un imán, incluso conmigo. Entonces, ¿debía confesarle que esa mujer me había masturbardo en su consulta y yo me dejé llevar?
- Vamos, cariño, ya sé que te gusta una buena polla, pero tienes que reconocerme que Blanca te ha puesto muy burra. Dime que no... - me insistía él descubriéndome por momentos, o al menos viendo mi cara de evidencia.
Yo callaba y viendo que él no recibía la respuesta que quería, el muy cabrón dejo de follarme con los dedos y sacó su mano de dentro de mí mostrándome sus dedos goteando.
- ¡Nooo por favor sigue, Dani, joder! - exclamé fuera de mí,
- Contéstame primero. - dijo él, chupándose los dedos que habían estado alojados en mi sexo.
- Ya lo sabes. - dije intentando atrapar su lengua con la mía, pero él se apartó ligeramente, haciéndome rabiar.
- Pero quiero oírlo, Silvia.
No tenía más alternativas que contestarle para que el muy cabrón siguiera con sus dedos dentro de mí.
- Estoy así de imaginaros a ti y a Blanca follando. - le contesté rotunda, aunque no tenía muy claro si era eso o simplemente viéndome tener sexo a mí directamente con ella.
- ¡Joder, nena! - dijo él eufórico.
Tras sonreírme y visiblemente cachondo, una vez que le dije eso volvió a introducirme sus dedos, pero esta vez fueron más y comenzó a follarme tan rápido que no tardé nada en correrme encima de su mano.
- ¡Ay Dani, joder, qué gusto, si, Dios! - decía yo, asimilando ese orgasmo increíble con tan solo sus dedos, acabando lo que la propia Blanca casi había conseguido hacer en su consulta.
Él se separó un poco de mí y se llevó nuevamente sus dedos impregnados de mi sexo a su boca para comenzar a lamerlos y saborearlos delante de mí.
- ¡Qué rica sabes! - me dijo.
- Me toca.
Sin más preámbulo y como seguía más cachonda todavía, después de tener ese pedazo de orgasmo comencé a desnudarlo, despojándole de su camisa y sus pantalones, en tiempo récord y empujándole contra la pared. Me coloqué de rodillas y saqué su gran miembro de los calzoncillos que parecían que estaban a punto de reventar.
- ¡Joder, cielo, cómo estás! - dije admirando una vez más ese enorme miembro que tiene mi chico, pero que parecía incluso más hinchado que nunca.
- Creo que de verte tan salida. - dijo sonriente.
- ¿Sólo por verme a mí o por volver a ver Blanca e imaginarla follando contigo y conmigo?
- ¡Qué hija de puta! - me dijo mientras yo sonriente, era la que sabía que esa tía también le tenía loco.
Así que no me lo pensé dos veces y me introduje esa polla a mi boca y me dediqué a darle placer y a devorarla con todas mis ganas, pero como también quería jugar un poco con él me la saqué de la boca y con mi mano muy despacito le acariciaba con la punta de mis dedos.
- ¡Joder, Silvia! - protestó al ver que había dejado de mamársela.
- ¿No te gusta?
- Prefiero tu boca. ¿Es una venganza por lo de antes, Silvia? - me dijo empujando mi cabeza hacia su extrema dureza.
- No, ¿por qué? - dije con cara de niña buena.
- ¿Y por qué has dejado de chupármela?
- Me apetecía acariciarte. - dije para seguir jugando con mis uñas alrededor de sus huevos.
Mi chico respiraba entrecortadamente.
- Joder, preciosa, estaba a punto de correrme. - dijo.
- ¿Ah sí? - pregunté inocentemente.
- Vamos, mi amor, vuelve a metértela en la boca, por favor.
Siempre me ha gustado ver a Dani, contra la pared, en este caso literalmente, pero, además, sabiendo que le tengo a mi merced y visiblemente excitado teniendo en cuenta de que Blanca también tenía mucho que ver en ello. Yo, a pesar de desear metérmela en la boca, seguí masajeando su miembro y a la vez que le miraba, le sonreía diabólicamente.
- ¿Quién la chupa mejor? - le pregunté de pronto, dándole un besito a su capullo brillante.
- ¿Qué? - preguntó confundido.
- Ya sabes, Blanca o yo.
- Joder, tú. - respondía mientras yo seguía jugando con mis dedos dibujando las venas de su tronco.
- La verdad o te dejo así. - respondí retirando mi mano.
- Los dos ¿vale?, tanto tú como Blanca la chupáis de miedo.
- Muy bien, cariño.
- Ahora por favor, sigue.
- Una pregunta más. - dije.
Le oí resoplar, pero estaba segura de que contestaria sin problema a lo que fuera, porque estaba totalmente entregado y deseando de volver a sentir mis labios y mi lengua comiéndose esa verga.
- ¿Te gustaría vernos a Blanca y a mí, juntas? - disparé.
- Sabes que es una fantasía loca verte con otra tía.
- No, Daniel, hablo de vernos en realidad.
- ¿Qué? Pero Silvia, si no te gustan las tías.
- Bueno, tú imagina. Estamos jugando a fantasear, ¿no? - dije pensando en lo bien que me lo hizo pasar ella en su consulta, más allá de todas nuestras fantasías.
- Si, claro que me gustaría veros juntas. Debe ser la hostia.
Contestó rápido y sincero así que me volví a meter su polla en mi boca, dándole unos cuantos chupones a la punta y sacándola mientras la agarraba por la base.
- ¿Así te la chupaba ella?
- ¡Si, uf, joder! - exclamaba cuando yo volvía al ataque intentando tragar ese enorme miembro.
- ¿Dónde quieres correrte? ¿En mi cara? ¿En mi boca?
- En tu boca.... - respondió con la voz entrecortada.
- Pues cierra los ojos e imagina que es la boquita de Blanca, piensa en ella, es Blanca quien te la chupa, ¿lo notas?
- Pero Silvia...
- En serio cariño, piensa que soy ella.
El temblor de mi chico era cada vez más intenso, sus manos se aferraban a la pared que tenía tras de sí, pero de pronto, me agarró de la cabeza y la sostuvo por ambos lados, para empezar a follarme de forma brusca, metiendo su polla, hasta la garganta, haciendo que sonara de forma gutural, mientras yo intentaba coger aire por la nariz, hasta que explotó como nunca, inundándome con su semen que fui tragando para poder respirar al mismo tiempo.
- ¡Uhhh, joder! - exclamaba él soltando chorros sin parar que yo tragaba desesperada para poder coger algo de aire.
Tarde un rato en recuperar el aliento y pensando que esa era la primera vez que Dani me follaba la boca de esa manera. Me separé de él y le lamí los restos de semen para tragarlos también y meneándosela lentamente.
- Si que es buena esta Blanca, ¿eh?
- Uf, cielo, perdona, si he sido un poco bruto. - me dijo acariciando mi mejilla.
- ¡Me ha encantado! ¿Te ha inspirado ella?
- No seas tonta. - dijo con cierto apuro.
No quise presionarle más y seguimos abrazados durante un rato, tras esa corrida que se había pegado mi chico, que sin duda había sido especial gracias a esa Blanca, ni con mucho mis mamadas siempre han sido “guays”, pero esta había resultado apoteósica.
Estuvimos un rato dándonos mimitos y por más que le preguntaba por ella, mi chico rehusaba contestar, pero yo sabía que esa mujer había sido muy especial, seguramente tanto como había sido conmigo y eso que apenas había estado con ella unos minutos, no quería ni imaginar cómo debía ser tener una sesión con ella a tope. Él seguía creyendo que hablaba de fantasías, pero yo estaba pensando en algo mucho más real.
- ¿Cuál era la postura preferida de Blanca? - le pregunté de sopetón.
- Joder, Silvia, no empieces.
- Hijo, estamos fantaseando, ¿no? - le comenté, siguiendo ese juego, aunque en el fondo yo no estaba pensando en fantasías.
Él me miró y me sonrió, para volver a darme un piquito y luego a explicarme.
- A ella le encantaba a lo perrito.
- ¡Pues hagámoslo! - dije incorporándome de un salto en la cama y poniéndome a cuatro patas.
- ¿Ahora?
- Claro. Quiero que me folles y que imagines que soy ella.
- Pero Silvia, ¿Estás segura?
- Completamente, piensa en ella.
Mi chico me miraba con la cara extraña y tardó un rato en reaccionar, pero al ver esa pose y mi sonrisa mirándole hacia atrás... entonces hizo algo que me dejó estupefacta, me agarró la cabeza y me la empujó contra la almohada, dejando mi culo en pompa, colocó su polla a la entrada de mi coño y de una fuerte embestida me la clavó, haciendo que tuviera que agarrarme al cabecero de la cama.
- ¡Joder! - dije al sentir lo violento de la embestida
Conmigo Dani siempre lo hacía despacio y esta vez me la clavó con una brusquedad desconocida en nuestras relaciones, me llegó a hacer algo de daño, pero al mismo tiempo un placer extraño. Sin duda esa era la forma de follar con Blanca, lo tenía claro y era tan explosivo como la propia Blanca.
- ¿Sigo? - dijo él sacando casi por entero su enorme polla de detrás de mí.
- ¡Sigue, Dani, joder...! - exclamé
- ¡Toma puta, toma tu ración de polla! - me repetía en frases que jamás usaba conmigo y aquello me volvía absolutamente loca.
En ese momento Dani me agarró del pelo y tirando de una coleta improvisada, empezó a follarme con fuertes sacudidas, haciendo que nuestros cuerpos chocaran en un “chas, chas” enérgico, salvaje y maravilloso.
- ¡Joder, Dios, Dani, qué gusto! - exclamé, retorciéndome de gusto en cada uno de sus golpes secos y contundentes contra mi culo.
- Te gusta así, fuerte ¿eh zorra? - me decía dándome una palmada en el trasero.
Me sentí más llena que nunca y siendo follada de una forma brutal, con un placer extraordinario y que dio paso a un orgasmo alucinante, sin apenas llevar un minuto de follada, mis gritos, mi cuerpo tambaleándose, la energía de mi chico, que me la clavaba con todas sus ganas sujetándome del pelo me hicieron gritar de placer como nunca y al tiempo que él mismo se corriera dentro de mí, entre hipidos y un largo:
- ¡Si, sí, zorra! - dijo él dejando su polla totalmente metida en mi coño y llenándome con chorros incesantes de su semen.
Caímos rendidos sobre la cama y mi chico acarició mi pelo.
- Perdona, cielo, se me fue la cabeza. - me dijo.
- Ha sido alucinante, Dani. Nunca me habías follado así.
- Ya, se me ha ido la olla.
- Esta Blanca sí que inspira...
Mi chico se mantuvo callado, pero sin duda esa mujer había marcado un antes y un después en nosotros, al menos en mí, claro y ahora sabiendo que además de preciosa, era una diosa follando, más me apetecía estar con ella, quería sentir algo más que sus dedos.
CONTINUARÁ
Laura & Sylke
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Una viuda y una infidelidad
Ella prometió ser su puta, no su amante. Y él, sin dudarlo, aceptó el juego. Entre el silencio de una cafetería y la pasión de una mesa de trabajo,…
Comparte:Dominacion masculinaTrio fffFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Nueva infideliad tras la ceremonia
La bebida en la cena fue solo el pretexto; la verdadera intención de Nancy era dejar a su marido dormido para entregarse a la pasión que llevaba años…
Comparte:Trio fffDominacion masculinaFetichismo ropa
- Hetero: General
Cogiendo con mi vecino
La línea entre la ficción y la realidad se difumina cuando el fan que escribe a la autora resulta ser el vecino de al lado.
Comparte:Dominacion masculinaDeseo reprimidoFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Jugando con fuego (Libro 4, Capítulos 7 y 8)
Pablo controla el juego: su esposa debe comer con un viejo cliente mientras él la humilla en la cama.
Comparte:Infidelidad ocultaTrio fffDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Helena con H Parte 2
Helena tiene un secreto que solo él puede escuchar. Entre las sábanas de una casa de campo, con el riesgo de ser descubiertos por la amiga que duerme…
Comparte:Infidelidad ocultaTrio fffFetichismo ropa
- Hetero: Infidelidad
De señora a fulana.
Nunca imaginó que una simple compra de ropa desataría un deseo tan prohibido. Mientras el probador se convierte en su escenario, la mirada del…
Comparte:Fetichismo ropaInfidelidad ocultaTrio fff