Xtories

Locura en la noche.

Lucía llegó para sanar su corazón roto, pero terminó encendiendo la llama dormida en el matrimonio. Lo que empezó como confesiones bajo los efectos del alcohol derivó en una noche de silencio, oscuridad y placer prohibido. Ahora, el narrador debe navegar el riesgo de ser descubierto mientras su esposa ignora completamente la traición que acaba de ocurrir en su propia cama.

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A veces las cosas pasan sin esperarlas, pero quizás por eso son más emocionantes.

Después de años de relación mi esposa y yo habíamospasado por algunos altibajos típicos de unapareja normal. La verdad es que no se trataba de los cambios físicos que nos acompañan después de los 40 años ya que ella lucía siempre espectacularmente atractiva, con un buen culo, una buena talla de pecho y con una barriguita con curvas que me gustaba sujetar mientras la follaba a cuatro patas.

Quizás la rutina diaria del trabajo y los niños, quizás esos momentos de cansancio o el pensar que ya no teníamos esa edad para descubrir cosas nuevas nos llevó a aparcar nuestras inquietudes.

Mi esposa, tenía una muy buena amiga que últimamente no lo estaba pasando del todo bien, de hecho estaba en una fase de ruptura con su pareja ya que este se había centrado mucho en su trabajo y nunca tenia ganas de hacer nada.

Bueno eso es lo que ella pensaba, ya que en alguna reunió de amigos y con unas copas de más nos había insinuado él, que algún juego morboso tenía con una compañera de trabajo más joven, pero claro no era deber mío meterme donde no me llamaban.

Un día tras una discusión fuerte, mi esposa me comentó que Lucía, asi se llamaba ella, necesitaba despejarse y que se vendría a pasar el fin de semana con nosotros. Acordamos dejar a los niños con los abuelos y asi poder atenderla mejor, por lo que accedí sin problema.

La primera noche fue una noche de copas y confesiones, de escucha y duelo. Ella decía que no se sentía guapa y que muchas veces ni ganas de arreglarse tenía. Algo que no entendía ya que tenía un cuerpo espectacular, unos pechos algo grandes casi como los de mi esposa y un culo bien puesto. Pelo moreno, piel blanquecina con pecas y unos ojos preciosos y grandes. Es cierto que siempre fue una chica muy respetuosa y nunca la vi sobrepasarse con nadie, hasta el punto que pudiera parecer muy tradicional porque siempre respetaba a su pareja y no contaba o hacia comentarios subidos de tono.

La segunda noche, decidimos irnos de cena y luego a tomar unas copas. La tristeza había quedado desahoga en la noche anterior y esa noche por primera vez conocí a la Lucía alocada y desinhibida. Tanto que mi esposa y yo la animábamos a beber y bailar para que se olvidara de todo. Llegó la parte de la noche en la que el alcohol la hizo expresarse sin tabues y tras abrazos y bailes, nos fuimos a un parque cercano donde nos contó experiencias sexuales suyas, dejándonos a mi esposa y a mí con la boca abierta ya que no nos esperábamos que fuera capaz de hacerlas.

Esa noche, nos contó que sino fuera porque estropearía la amistad se acostaría con nosotros y así probaría algo que nunca había hecho que era un trio, ya que siempre le habíamos parecido una pareja muy guapa y centrada. Pero entre risas y dada la situació alcohólica, no hicimos caso a sus comentarios, además de que mi esposa nunca mostró interés por hacer algo así.

Esa noche al llegar a casa, me dió las gracias dándome un beso en la comisura de los labios y una nalgada, diciéndole a mi esposa que no quería que dejara a ese culito suelto por ahí. Luego entre risas de ambas mi esposa la ayudó a desvestirse y charlaron durante horas. Yo caí rendido.

A la mañana siguiente no comentamos nada, casi se hizo la hora del almuerzo cuando nos despertamos y de camino a recoger a los niños, la dejamos en casa.

Una semana más tarde, la situación se complicó en su casa, así que mi esposa le propuso quedarse una temporada en casa hasta que encontrara un alquiler.

La situación fue pasando de vernos poco a todos los días, y cuando llegaba a casa me encontraba que poco a poco ella se iba encontrando más cómoda con nosotros, hasta el punto de que iba por casa con ropa más cómoda o nos cruzábamos al salir del baño.

Yo no podía dejar de imaginar aquellas confesiones sexuales y algunas noches, cuando los niños dormían hablábamos de cualquier tema y siempre terminábamos sacando algún tema morboso. Muchas de esas veces, acababan en un polvo brutal con mi esposa y en ellos imaginaba si nos pillara Lucía o si en ese momento en el otro cuarto ella se estaba tocando.

Una noche, mi esposa se fue antes a la cama ya que tenía migraña, y aunque le dije que yo iba ya, me quedé hasta tarde hablando con Lucía. Ella me confesó que llevaba mucho tiempo sin hacerlo con su pareja y que sentía que ya no era atractiva para él, que sabía que había otra mas joven. Yo le dije que no entendía a su marido ya que cualquier hombre desearía tener una mujer como ella, y más aún sabiendo lo que nos contaba. Parecía una chica seria y correcta pero luego era fogosa y juguetona

Ella se rió y sin pensarlo me dijo que no entendía como cpn lo que le gustaba meterse una buena polla en la boca él había dias que no la dejaba. Yo viendo el subidó que me daba y costándome disimular mi empalmado miembro, me reí diciendo que cuando quisiera me visitara, pero tomé el ultimo trago de ron y me fui a mi cuarto. Esa noche me costó dormir pensando en aquello y junto a mi esposa que dormía me toqué dos veces descargando todo mi semen en un pañuelo pensando en el cuerpazo de Lucía y sus insinuaciones.

A la noche siguiente, evité quedarme a solas con ella. Sabía que cada vez se notaban más mis ganas de morbo y me fui a dormir antes que mi esposa. Ellas se quedaron hablando un buen rato. Cuando mi esposa llegó a la cama, me dio un beso y me comentó que se había tomado una pastilla para dormir que le había dado Lucía, ya que la noche anterior no había descansado bien.

Cerré los ojos y me dormí. No se bien que hora eran pero, sentí algo frío, yo suelo dormir desnudo, y al desvelezarme me di cuenta que no solo estaba empalmadp, sino que mi esposa me la estaba chupando. ¡Qué rico lo hacía!, hasta por momentos sentía que hacía cosas con su lengua que jamás me había hecho. Intenté reclinarme y encender la luz ya que me gusta verla cuando me lo hace, pero sin hablar puso una de sus manos en mi pecho y sin dejar de chuparme evitando que me moviera.

Lo hacía tan bien que no podía dejar de suspirár y paso su mano a mi boca para sellarla, al morder su dedo me resultó extraño, estaban húmedos y olían y sabían diferentes, pero nada podía hacerme pensar en otra cosa que en aquella mamada.

A ella no le gusta que me corra en su boca asi que le avisé de que estaba a punto. Busqué con mimano algo donde descargar mi semen, pero no encontraba nada. Nuevamente y con una se sus manos tapó mi boca, sabiendo ella que iba a correrme. Lance mi mano izquierds a un lado y para mi sorpresa tocó el cuerpo dormido de mi esposa. Un escalofrío recorrió mi espalda. ¡no me lo podía creer! Era Lucía la que cumpliendo sus palabras de la noche anterior, vino a mi cuarto a cobrar sus ganas de chupar una polla. En cuestión de segundos y casi sin poder reaccionar me corrí en su boca. En ningúnmomento ella hizo por apartarse ya que masajeaba mi polla a ritmo que succionaba con su boca y su otra manp tapaba mis labios. El sabor de sus dedos era dulce y sabroso. Y con cada succión yo soltaba chorros de semen que notaba resbalar por mi polla y llegar a mis huevos.

Una vez recuperé el aire, ella limpió cuidadosamente mi pplla con alguna tela y desapareció en la oscuridad de la noche. Yo aún sin poder asimilarlo me quedé el resto de la noche despierto con el corazón a mil por hora.

A la mañana siguiente todo parecía un sueño, en ningúnmomento me dijo nada y su manera de actuar fue normal, como cualquier otro día.

Unos días después, aprovechando que había salido ella con unas amigas y venía con unas copas de más, y mi esppsa estaba en la ducha, se acercó a mí que estaba en la cocina y en voz baja me dijo, quizás esta noche o en otro momento una vampira aparezca en tu posada. Yo reí nerviosamente y le dije que mi esposa esa noche pensaba pasar una velada conmigo. Ella me miró con ojitos desconsolados y dijo que pena, aquella noche te limpié con mis tanguitas y luego me fui a mi cuarto a jugar yo solita con mi premio. Se giró, levantó su bestido dejandome ver su culo y una tanga pequeñita de color negro que hacía su culo más apetitoso, y se fue a su cuarto.

Esa noche, follando con mi esposa, el recuerdo de aquella escena fue tal, que mi esposa estaba asombrada de las embestidas que le daba y de las postura que le pedía. No podía dejar de pensar en la sorpresa que me había dado Lucía y el posible problemón que me vendría si todo seguía así.