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Historias del complejo turístico (49)

La lluvia golpeaba los vidrios mientras la tormenta afuera parecía reflejar el caos dentro de su casa. Martina no tenía por qué quedarse, pero la tentación de no separarse bajo la lluvia era más fuerte que la prudencia. Esa noche, entre besos y truenos, el dolor de los últimos meses se transformó en la promesa de un comienzo.

jejen16K vistas9.7· 41 votos

La historia de Diego

Capítulo 7

¿Esto es vida? Ya no! Y mi cabeza lo empezó a pensar…

No le encontraba sentido a mi vida, los últimos años habían sido una mentira, una gran y absurda mentira, no sabía para donde encaminarme, no encontraba una razón para seguir adelante, me sentía vacío.

Caminaba esa mañana hacia un negocio por un trabajo particular, hacía casi dos meses había dejado de trabajar en el estudio porque no podía, no lo estaba haciendo bien, y hacía casi siete meses que no sabía nada de Isabela.

Lo único que hacía era trabajar e ir a ver a mi padre, que desde hacía un tiempo no andaba bien de salud, con problemas en el corazón.

Caminaba como por inercia, cuando escuché mi nombre, al darme vuelta, no lo podía creer, después de tantos años, tenía a Gabriel frente a mí, por un lado me alegré de verlo, siempre nos entendimos muy bien, y por el otro, sentía hasta vergüenza de que supiera de mi vida.

Nos saludamos con un abrazo y en ese momento, sentí que el tiempo no había pasado y en verdad me hizo bien tener frente a mí a esa persona con la cual habíamos compartido tantas cosas.

Supongo que al verme así, me dijo de tomar un café, por supuesto acepté y en ese rato le conté un poco de lo que estaba viviendo.

Conociendo a Gabriel no me extrañó que me dijera de irme con él ese mismo día a su complejo turístico en La Lucila del Mar.

En un primer momento, le dije que no, en verdad no tenía dinero para algo así, pero me insistió tanto diciéndome que me vendrían bien unos días de descanso, que terminé aceptando su invitación, y esa misma tarde me pasó a buscar por mi casa con Mora, su esposa.

Y en verdad tuvo razón, esos días hablamos mucho, le conté con detalles, lo qué había sido mi vida en los últimos tiempos, y como hacía años atrás, me sentí comprendido, apoyado y contenido por él y por Mora.

Dos semanas después volví para La Plata, y cuando fui a casa de mi padre, no lo encontré muy bien, y fuimos al día siguiente a ver a su médico.

Ese mismo día el médico decidió dejarlo internado en la unidad coronaria, su corazón no estaba funcionando bien.

Una semana estuvo en el hospital internado, y cuándo le dieron el alta, el médico le dijo, qué en diez o doce días, lo tendrían que operar.

Esos días me quedé con él en su casa, en verdad no lo veía bien.

Una tarde hablando con mi padre, me dijo que había hablado con Néstor, un amigo de suyo, que es escribano y que siempre se había hecho cargo de las cuestiones legales, tanto del estudio de mis padres, como de sus cuestiones personales.

-MARIO: Hijo hablé con Néstor, para que haga todos los papeles, para que esta casa y el departamento de Mar del Plata pasen a nombre tuyo, por si algo me pasa.

-DIEGO: Todo va a estar bien papá, con la operación vas a volver a estar bien! No tenés que hacer eso ahora!

-MARIO: Por las dudas Diego, ahora o más adelante todo va a ser tuyo, quiero hacerlo y quedarme tranquilo!

-DIEGO: Está bien papá! Lo que vos quieras hacer!

-MARIO: También quiero que estén a tu nombre, las cuentas de los bancos, por si no ando bien, vos las puedas manejar.

-DIEGO: Quédate tranquilo papá que todo va a estar bien!

Al día siguiente, me dijo que llamara por teléfono a Néstor, que él me iba a explicar todo lo que tenía que hacer.

Esa misma tarde lo llamé y me dijo que en dos días pasara por su estudio, que ya tendría listo los papeles.

Al día siguiente, papá quiso ir a los bancos para que las cuentas también estuvieran a mi nombre, y anduvimos de banco en banco esa mañana, luego le dije de almorzar en un restaurante antes de volver a casa, no recordaba la última vez que habíamos comido juntos en algún sitio que no fuera nuestra casa, y papá estaba contento.

Dos días después, fui al estudio de Néstor, firmé todos los papeles para poner las propiedades de papá a mi nombre, Néstor me explicó que a pesar de pasar a ser mías, mi padre tendría un usufructo de por vida sobre ellas, y le dije que me parecía perfecto.

Llegó el día de la operación y papá estaba un poco nervioso, teníamos que ir a la clínica a las ocho de la mañana, pero a las seis, ya estaba levantado.

Antes de salir de casa, papá me abrazó y me dijo.

-MARIO: Siempre fuiste un buen hijo y un buen hombre, espero que en algún momento puedas levantar cabeza y ser feliz, es lo que mamá hubiera querido y es lo que te merecés.

-DIEGO: Quedate tranquilo papá, esto ya pasará y vendrán tiempos mejores, ya vas a ver!

-MARIO: Te quiero hijo! Nunca lo olvides, me siento muy orgulloso de vos y te tengo que pedir perdón por mis errores, tendría que haber dejado que te hicieras cargo del estudio, fui un boludo! Perdón hijo!

-DIEGO: No hay nada que perdonar papá! El estudio era tuyo y de mamá y podían hacer con él lo que quisieran!

-MARIO: Pero podría haber sido tuyo! Fui un boludo por venderlo!

-DIEGO: No pienses así viejo! En ese momento creíste que era lo que tenías que hacer y eso está muy bien!

Sus lágrimas me hicieron llorar a mí también, esto parecía una despedida, pero estaba seguro que luego de la operación volvería a ser el de antes.

Llegamos a la clínica y le asignaron la habitación.

El médico pasó a verlo y le dijo que a las diez de la mañana lo venían a buscar para llevarlo al quirófano.

Mi viejo estaba muerto de miedo, supongo que era el temor a no pasar la operación.

A las diez en punto, vino el camillero a buscarlo, se bajó de la cama y antes de subir a la camilla, me abrazó.

-MARIO: Te quiero hijo!

-DIEGO: Yo también Papi! Te espero acá hasta que vuelvas!

-MARIO: Nos vemos en un rato!

-DIEGO: Portate bien! No hagas renegar a los médicos!

-MARIO: Te quiero hijo!

-DIEGO: Te quiero pa!

Caminé junto a él por el pasillo hasta el ascensor, le di un último abrazo y con lágrimas los dos, nos miramos mientras la puerta del ascensor se cerraba.

El médico me dijo que la operación duraría varias horas, y yo lo esperaría allí.

Bajé al buffet de la clínica y me tomé un café, me quedé allí hasta las doce del mediodía.

Subí a la habitación, y me senté en la cama.

Sabía que iba a tardar la operación, pero ya eran casi las dos de la tarde.

Volví al buffet, compré otro café, pero esta vez, regresé a tomarlo en la habitación.

Casi a las dos y media, el médico entró en la habitación, al verlo, un mal presentimiento se cruzó por mi cabeza, mi padre no volvía con él.

-MEDICO: Diego, la operación fue muy complicada, hicimos todo lo que pudimos, pero no lo pudo soportar, tu papá falleció hace unos minutos.

Me quedé congelado, si mi vida venía cuesta abajo, esto no hizo más que terminar de derrumbarme, el médico me siguió explicando la operación y lo que había pasado, pero ya no pude escuchar más.

Las lágrimas me explotaron, me senté en la cama porque me había mareado.

El médico llamó a la enfermera, me recostaron en la cama, me tomaron la presión y me dejaron allí recostado un rato.

Mi padre me había dicho que si algo pasaba, que lo llamara a Néstor que él se ocuparía de todo, y así lo hice, no tenía fuerzas ni para saber qué es lo que tenía que hacer.

Néstor llegó veinte minutos después, y yo aún estaba recostado en la cama.

Por supuesto él se ocupó de todo, y al día siguiente fue el velatorio.

Néstor me dijo que papá había dejado por escrito su deseo de ser cremado y que sus cenizas fueran arrojadas en la Laguna de Chascomús, donde él mismo había arrojado las cenizas de mamá.

El velatorio fue muy duro para mí, lo único que deseaba, era que no apareciera Marcela, no podría soportar verla.

El único que apareció fue Martín, aunque en verdad me sorprendió verlo ahí, ya hacía mucho que no tenía relación con esa gente.

Me dio sus condolencias y me pidió que nos encontremos, cuando yo lo crea conveniente, necesitaba hablar conmigo.

Después de todo lo que pasó con Marcela, no había querido saber más nada con nadie, ¿qué es lo que necesitaba hablar conmigo?

Siempre me pareció un buen tipo, y el daría la oportunidad de escuchar lo que necesitaba decirme, aunque también tenía cosas para decirle.

Antes de que se fuera, le dije que el lunes siguiente, lo esperaba a las siete de la tarde en la cervecería de la calle cinco y sesenta y seis.

El viernes me entregaron las cenizas de mi padre, y el sábado en la mañana, me fui para Chascomús a cumplir su última voluntad, esparcir las cenizas y que de alguna manera se volviera a juntar con mamá.

Me fui solo, en ese momento así me sentía, y luego de hacerlo, me quedé sentado un rato a orillas de la laguna, llorando mi presente.

Después de eso decidí quedarme a almorzar en Chascomús y a eso de las cuatro y media de la tarde ya estaba en casa.

El lunes por la mañana, fui a casa de mi padre, todo estaba tal cual lo habíamos dejado antes de irnos para la clínica, todo esto era demasiado y no pude evitar sentarme en el sillón y llorar como un chico, sentía que estaba tocando fondo.

Esa noche me llamó Gabriel y se lo conté, me dijo que me fuera para el complejo unos días, que no me quedara solo, él no podía venir, pero le dije que quizás más adelante, luego de resolver algunas cuestiones, lo iría a visitar.

Llegué a la cervecería donde me había citado con Martín, unos minutos antes.

A las siete de la tarde en punto, lo vi entrar y buscarme en las mesas, cuando me ubicó, se acercó a mí y me saludó con un apretón de manos.

-MARTIN: Gracias Diego por este encuentro, fui a buscarte un par de veces a tu casa pero no te encontré.

-DIEGO: Estuve unos días fuera de la ciudad y después en casa de mi padre, no quería dejarlo solo en ese estado.

-MARTIN: Lamento mucho lo de tu padre! Y lamento mucho todo lo que te pasó, y por eso es que necesitaba hablar con vos.

-DIEGO: Una mierda la verdad! No se lo deseo a nadie!

-MARTIN: Realmente una mierda, sé que no somos amigos, pero siempre me pareciste un buen tipo, lo que te ha hecho Marcela no tiene perdón!

-DIEGO: ¿Estás al tanto de todo lo que pasó?

-MARTIN: Sí, desde hace un tiempo, cuándo Marcela se fue de tu casa, se vino a la mía, en ese momento no sabía todo lo que había pasado, y con Carolina tratamos de contenerla, pero una tarde llegué a casa, subí a mi dormitorio a cambiarme, y antes de entrar, escuché una parte de la conversación que tenían Carolina con Marcela, no sé que habrían estado hablando antes, pero en un momento Marcela le pregunto a mi esposa, si yo estaba al tanto de sus infidelidades.

-DIEGO: ¿De las infidelidades de Marcela?

-MARTIN: No, de las de mi esposa con un tal Agustín.

-DIEGO: Por Dios!

-MARTIN: Después hablaron de varias cosas de Marcela con Gonzalo, y entonces entendí el motivo de la separación, te había estado cagando con ese hijo de puta!

-DIEGO: ¿Y qué pasó con Carolina?

-MARTIN: No me anduve con vueltas, esa misma noche, cuando fuimos a nuestro dormitorio, cerré la puerta y le dije qué me contara la verdad de la separación de ustedes dos, y me dijo que Marcela se acostaba con Gonzalo desde que ustedes eran novios, no lo pude evitar, y empecé a putear a Marcela, no podía creer que hubiera una mujer tan hija de puta.

Cuándo terminó de contarme todo, aunque supuse que habría más, de sopetón le pregunté quién era Agustín, la cara se le transformó, se puso blanca y empezó a tartamudear, y le dije que ya sabía que me había cagado con él, no me lo pudo negar, y me terminó confesando las cuatro veces que había cogido con ese tipo.

Yo me he cogido a cuánta mina se cruzaba por mi camino, pero a partir de que estuve con Carolina, no estuve con ninguna otra mujer, y no puedo soportar la traición, esa misma noche eché a Carolina y a Marcela de casa, dos hijas de puta que se cubrían entre ellas!

No pude evitar decirle a Marcela que era una mierda y desearle todo el mal que se merece, si no quería estar con vos, te hubiera dejado, lo que te hizo es imperdonable!

Y que encima Isabela sea hija de ese tipo, me terminó de sacar la cabeza!

-DIEGO: Imaginate a mí! Me hizo mierda! Encima el hijo de puta la reconoció como hija, y no puedo verla!

-MARTIN: Un terrible montón de hijos de puta!

-DIEGO: Te voy a ser sincero, creí que vos también estabas al tanto de lo que hacía Marcela, por eso es que me alejé de todos! No podía soportar que se siguieran riendo de mí!

-MARTIN: Te juro que no sabía nada! Lo veía en casa todo el tiempo, pero siempre pensando que eran del grupo de amigos de esas dos, viste lo que era siempre mi casa, un desfile de gente y una fiesta tras otra por cualquier motivo. Pero te digo la verdad, nunca los vi delante de mí en alguna actitud sospechosa, de haber sido así, aunque sea te hubiera prevenido.

-DIEGO: Lo que me jode es que tu esposa la haya tapado en semejante trastada!

-MARTINA: Mi ex esposa, pero si fue tan hija de puta como Marcela! Aunque yo no fui tan contemplativo como vos, en el divorcio no le dejé un centavo, todos los bienes estaban a mi nombre desde antes de casarnos, y además, firmamos un acuerdo prenupcial, donde decía que ante una infidelidad, no le correspondería nada, menos mal que le hice caso a mi abogado! Solo le permití que se llevara sus cosas, ropa y demás!

-DIEGO: ¿Y sabés donde fue a vivir Marcela?

-MARTIN: No tengo ni idea, por unos conocidos en común, se que tuvo que alquilar un departamento y que el hijo de puta de Gonzalo le pasa dos pesos al mes por Isabela. Me apena eso!

-DIEGO: Ella se lo buscó, pero me jode por Isabela!

-MARTIN: La otra cosa que te quería decir, es que si querés hacer algo contra ese hijo de puta, tengo la manera de hacerlo mierda!

-DIEGO: Ya no sé si quiero vengarme de él, ya le va a llegar lo que le corresponde!

-MARTIN: De eso estoy seguro! Pero podemos apurar el trámite, mi viejo conoce al padre de Gonzalo, que es en realidad quien tiene dinero, ese boludo si no es por el padre, no tiene donde caerse muerto. Y me dijo que el padre es ultra católico, ultra conservador, y que si se llega a enterar de lo que hizo el hijo, lo va terminar echando de la casa y sin un mango!

-DIEGO: La verdad es que ya no quiero tener más nada que ver en todo eso, ya bastante daño me han hecho y los quiero lo más lejos posible, lo único que me gustaría sería bajarle los dientes de un trompazo, como para sacarme el odio que tengo dentro.

-MARTIN: Eso se puede arreglar, se donde vive, donde trabaja, y los lugares que suele frecuentar, te voy a pasar toda esa data, por si algún día te lo cruzás “de casualidad”

-DIEGO: No estaría mal!

-MARTIN: Yo ya le hubiera despegado la cabeza del cuerpo!

-DIEGO: No quiero tener problemas!

-MARTIN: Seguramente, se pueda ver la forma de encontrarlo solo! Sin que nadie vea nada!

-DIEGO: No sé, ya veré!

-MARTIN: Tengo en casa una réplica de un revolver nueve milímetros, es de plástico pero parece un arma de verdad, te la presto y le podés hacer pegar flor de cagazo!

-DIEGO: No sé! No soy de hacer esas cosas!

-MARTIN: Diego, agendá mi teléfono y desde ya te digo que me podés llamar para lo que necesites!

-DIEGO: Gracias Martín! En verdad me alegra que vos no hayas formado parte de esa gente que se cagó de risa de mí por tantos años!

-MARTIN: De haberlo sabido, esta conversación la hubiéramos tenido mucho antes! En serio te lo digo! Llamame para lo que necesites! O aunque sea para tomarnos unas cervezas! Me parecés un buen tipo y creo que podríamos ser amigos! Además ya también sabés donde vivo! Venite a casa cuando quieras!

-DIEGO: Gracias Martín!

Salimos los dos de la cervecería y nos despedimos en la puerta, me dejó tranquilo que al menos él, no estuviera del lado de esas dos mujeres, y aunque parezca mentira, que me pudiera entender y que me ofreciera su amistad, me cayó muy bien.

Llegué a casa, y casi una hora después, me llegó un mensaje de Martin, con la dirección de la casa y el trabajo de Gonzalo, y los bares y restaurantes a los que suele ir, y un día después pasó por casa y me dejó ese revolver de plástico.

Ya vería que hacer con eso, me había quedado con las ganas de verlo cara a cara, ni siquiera sé si para decirle algo, con unas cuantas trompadas, creo que me conformaría.

Una tarde, pasé con el auto por su casa, para ver donde vivía, es una enorme casa en el barrio norte de la ciudad.

Ese mismo día, pasé por uno de los restaurantes, que me había dicho Martín y efectivamente, unos metros más adelante, estaba estacionado su auto, con los que supuse el tipo estaría allí dentro.

El viernes me desperté con la intención de encontrarlo, sin saber si lo iba a terminar usando, guardé el revólver de plástico en el auto.

Me estacioné en aquel restaurante a eso de las ocho y media de la noche, para ver si ese día también cenaría allí y si vendría con alguien.

A las nueve y cuarto, lo vi estacionarse a unos metros de la puerta, bajarse solo del auto y esperar a alguien en la vereda.

Diez minutos después, estacionó otro auto del que bajaron una mujer y un hombre, se saludaron y entraron al restaurante.

Me quedé esperando hasta que a las once y media, salieron los tres, se despidieron en la puerta, la mujer y el hombre se fueron en su auto.

El hijo de puta, antes de subir al auto, hizo una llamada telefónica, arrancó el auto y se fue, y yo tras él.

Lo seguí por diez minutos, hasta que se acercó a la zona de un bar. Estacionó a la vuelta y yo lo hice unos metros más atrás. Miré el arma de plástico, pero la dejé ahí, esto era como hombre, bajé rápidamente y llegué hasta su auto y antes de que se alejara, me acerqué por detrás y dije su nombre.

-DIEGO: Gonzalo!

-GONZALO: Diego!

-DIEGO: Que casualidades tiene la vida! ¿No?

-GONZALO: ¿Qué…qué hacés vos acá?

-DIEGO: Quería hablar con vos un momento, bueno en realidad quería despegarte la cabeza del cuerpo!

Y lo tomé del cuello

-GONZALO: Pará! Pará! ¿Qué hacés?

-DIEGO: Escuchame hijo de mil puta! Hoy te la perdono, pero la próxima vez que te cruce por la calle te limpio! ¿Entendiste?

-GONZALO: Si..sii

-DIEGO: Hablá fuerte cagón! ¿Entendiste?

-GONZALO: Siiii! Pará no me hagas nada!

-DIEGO: ¿Tenés miedo cagón? Te merecés todo lo que se me ocurra hacerte!

-GONZALO: Pará! Pará! Esto lo podemos arreglar!

-DIEGO: La cara te vas a tener que arreglar!

Le solté el cuello, y me separé un paso de él, para darme cuenta que el cagón se había meado en los pantalones como un chico del cagazo que tenía.

-DIEGO: Dale cagón!

Y en el momento que movió su brazo para atrás como para tirar una trompada, mi puño se estrelló en su cara, haciéndole sangrar la nariz, y tras ese, otro más en la boca, haciéndole sangrar el labio, pero con la ira ya apoderada de mí, le di otro derechazo rompiéndole los dos dientes de arriba, y cuando quiso amagar a pegarme, le di una patada en las bolas que lo dejó doblado en el piso.

Lo tomé de los pelos levantando su cabeza y le dije a la cara.

-DIEGO: Yo que vos me iría de la ciudad, la próxima vez que te cruzo por la calle, te rompo todos los huesos y te dejo tirado en un zanjón! ¿Me escuchaste?

-GONZALO: Si! Pará! No me pegues más!

-DIEGO: Y si tenés huevos, andá a hacer la denuncia, o intentá hacerme algo y de verdad te mato, que ganas no me faltan! Dame el teléfono y las llaves del auto!

-GONZALO: Pará! Está bien!

Me dio el teléfono y las llaves del auto, apoyé el teléfono contra el cordón de la calle, y de un pisotón se lo partí al medio, y las llaves del auto me las llevé.

-DIEGO: Si me entero que hacés la denuncia te limpio! Te la bancás con la boca cerradita, porque la próxima no la contás! ¿Entendiste?

-GONZALO: Si, Si!

Me fui caminando hasta mi auto, me subí y me fui de allí, tres cuadras más adelante, tiré las llaves de su auto, que se vuelva caminando con la cara rota y todo meado el cagón hijo de puta.

Llegué a casa y me lavé las manos que tenía llenas de sangre del hijo de puta, tenía la mano hinchada de los trompazos que le había dado.

Me acosté y me quedé pensando, recapacitando sobre lo que había hecho, no me sentía orgulloso de haber sido tan violento, pero ese hijo de puta se lo merecía, y un poco más también.

El sábado por la tarde, le mandé un mensaje a Martín preguntándole si estaba en la casa, quería devolverle el juguete, me dijo que sí, y me fui para allí.

Al llegar a esa casa en la que tantas veces había estado, me recibió Margarita y me saludó muy amablemente, dándome las condolencias por mi padre.

Me acompañó hasta el parque donde Martin estaba sentado con varias personas, más de diez, entre hombre y mujeres de distinta edad, se levantó acercándose a mí, y me saludó con un abrazo.

Nos acercamos a la mesa, y mirando a sus invitados, me presentó como Diego, un amigo, pero no me presentó a cada uno de sus invitados.

Todos me saludaron, incluso los más alejados, haciendo un gesto con sus manos.

Martín me dijo que me sentara junto a él, las personas hablaban entre ellas y por momentos con Martín.

En un momento Martín me preguntó:

-MARTIN: Diego, ¿Qué te pasó en esa mano?

-DIEGO: Anoche por casualidad me encontré con Gonzalo y me quedó así por las trompadas en su cara.

Un hombre de unos setenta años de pelo corto canoso y perfectamente vestido de traje pero sin corbata, al escuchar lo que le había dicho a Martín, me preguntó:

-ANIBAL: Perdón muchacho, ¿se encontró anoche con Gonzalo Varela Ponce?

-DIEGO: Sí, ¿usted lo conoce?

-ANIBAL: Soy Aníbal Varela Cid, padre de Gonzalo, y esta mañana vi como tenía la cara! ¿Fue usted entonces? Eso fue muy grave y disculpe que se lo diga, pero lo que pasó tendrá sus consecuencias!

Entonces recordé lo que me había dicho sobre lo conservador de ese hombre, y me envalentoné.

-DIEGO: Lamento que sea su hijo, pero lo que le pasó anoche es poco comparado con todo lo que ha hecho su hijo.

-ANIBAL: ¿Y qué es lo que ha hecho mi hijo?

Y decidido a que lo supiera todo, se lo dije.

-DIEGO: Su hijo estuvo manteniendo relaciones con mi esposa por años, incluso la que creí que era mi hija, no es ni más ni menos que su nieta.

-ANIBAL: ¿Cómo?

-DIEGO: Así como lo escucha, mi esposa me fue infiel con su hijo por cinco años y es el padre de la que creí era mi hija, se han reído de mí, y si no lo maté a golpes es para no ir preso, pero es lo que se merece, él siempre supo que esa mujer estaba casada y sin embargo no le importó acostarse con ella, incluso teniendo encuentros sexuales con otros hombres, comprándole ropa y zapatos caros, además hacerle un hijo y serle infiel a Martina, su novia ¿Qué hubiera hecho usted en mi lugar señor Aníbal?

-ANIBAL: Sin dudas hubiera matado a un malnacido así! Y a mi esposa también!

-DIEGO: Quizás sea lo que merezcan, pero ya les llegará la justicia divina!

-ANIBAL: Eso es verdad, pero antes le llegará mi justicia! ¿Está seguro que todo eso es verdad?

-DIEGO: Por supuesto que es verdad! Se lo puede preguntar a su hijo, o si se anima a verlo, le puedo mostrar más de veinte horas de fotos y videos de su hijo con mi esposa y hasta de ellos dos con otros hombres.

No me importaba que las demás personas estuvieran escuchando lo que estaba diciendo, incluso me pareció que no vendría mal de que también se enteraran.

-ANIBAL: Qué vergüenza por Dios!

-DIEGO: Disculpe usted por esto, no sabía que usted era el padre de Gonzalo!

-ANIBAL: Ese hombre no es mi hijo!

Y en ese momento intervino Martín.

-MARTIN: Perdón Aníbal, yo desde hace un tiempo estaba al tanto de todo esto, pero creí que no era yo el que debiera decírtelo, es un tema muy delicado de familia y entendí que no tenía que meterme en medio!

-ANIBAL: Esta bien Martín! No pasa nada! Y encima este pelotudo gastándose el dinero en ropa y zapatos caros para una zo…

-DIEGO: ¿Zorra? Dígalo! No es ni más ni menos de lo que pienso de mi ex esposa!

-ANIBAL: Se lo tiene merecido! Tener relaciones con una mujer casada y además con hombres, y como si fuera poco, una hija de la que no estoy enterado! Este pelotudo ya me va a escuchar!

Un momento después, disculpándome, les dije a todos que me tenía que retirar, aún sin saber su respuesta, al ponerme de pie, estiré mi mano para estrechar la suya, el tipo me miró, se puso de pie y me dio la mano.

-ANIBAL: Lamento mucho lo que pasó en su familia! Espero no tenga más problemas, y quédese tranquilo que mi hijo no hará la denuncia!

-DIEGO: Gracias! Que tengan buenas tardes!

Martín me acompaño hasta la puerta de su casa, y con una sonrisa, me dijo:

-MARTIN: Ni sabe ese boludo la que se le viene!

-DIEGO: No sé si esto me hace sentir bien, ya nada me cambia lo que pasó!

-MARTIN: Un poco de justicia no viene mal Diego! Llamame cualquier cosa que necesites!

Le entregué su revólver de plástico, nos despedimos en la puerta y me volví para casa, pensando en que lo que había pasado no me daba satisfacción alguna, pero el hijo de puta se lo merecía.

Dos días después, me sonó ese segundo teléfono que había comprado y que solo usaba con Martina, cada tanto me mandaba un mensaje o me llamaba por teléfono, pero siempre por cuestiones de trabajo.

-DIEGO: Hola Martina! ¿Cómo estás?

-MARTINA: Hola Diego! Me enteré lo de tu papá! Cuánto lo lamento!

-DIEGO: Gracias Martina! En verdad yo también!

-MARTINA: ¿Vos cómo estás? Una detrás de la otra!

-DIEGO: La verdad que la vida no me está dando respiro!

-MARTINA: Me gustaría verte! Darte un abrazo Y conversar un poco, Si tenés ganas claro.

-DIEGO: Sí, me gustaría verte también, pero no quiero que tengas problemas con tu chico! Sabiendo lo que pasó, no sé si le haga gracia que te encuentres conmigo!

-MARTINA: De eso también te quería contar!

-DIEGO: No me digas! Te vas a casar!

-MARTINA: Sí me voy a cazar patos a la laguna! Dale, nos encontramos y te cuento!

-DIEGO: Bueno! decime cuándo!

-MARTINA: ¿Te parece el viernes? Te espero en casa a cenar! ¿Qué decís?

-DIEGO: Dale!

-MARTINA: Tipo nueve venite!

Esos días, seguí apagado como en los últimos tiempos sin ganas de nada.

Llegué a casa de Martina ese viernes a las nueve en punto, toqué timbre y al abrir la puerta, me saludó con un abrazo.

-MARTINA: Lamento mucho lo de tu papá! Te han Pasado muchas cosas en estos tiempos!

-DIEGO: Gracias Martina! En verdad sí que me han pasado cosas, te juro que hay días en que no quiero salir de la cama, me siento roto, viviendo una vida vacía, la verdad sin saber qué hacer.

Entré a su casa y nos sentamos un momento en el sillón.

-DIEGO: ¿Vos cómo estás?

-MARTINA: Yo bien, pero estaba preocupada, en este tiempo que no hemos hablado, estaba preocupada por vos!

-DIEGO: Qué no te escuche tu novio decir eso!

-MARTINA: Eso también te quería contar, no hay ningún novio!

-DIEGO: ¿Qué pasó con ese chico?

-MARTINA: Al principio me pareció un buen tipo, buena onda y salimos un par de veces, pero de a poco fue teniendo algunas actitudes qué no me gustaron, que si alguien me llamaba por teléfono cuando estaba con él, que si siempre usaba polleras tan cortas o que no le respondiera los mensajes al instante, y decidí cortar por lo sano, con decirte que ni siquiera llegamos a la cama, no necesito en mi vida un tipo controlador, te imaginarás que viniendo de un fracaso, no me interesa una relación con algún tipo de complicación.

-DIEGO: Qué pena! Pensé que quizás podías empezar algo lindo con él!

-MARTINA: Al principio yo también lo pensé, pero con el pasar de las salidas, no encontré algo que me atrajera de él, y preferí dejarlo ahí.

-DIEGO: Eso está bien, si no hay ningún tipo de conexión con una persona, no tiene sentido entablar una relación, a lo sumo, si te gusta, pasar tan solo algún buen momento.

-MARTINA: Te juro que la última vez que nos vimos, no me daba ni para eso!

-DIEGO: Bueno, espero que pronto aparezca ese hombre! Te lo mereces!

-MARTINA: Contame cómo estás vos!

-DIEGO: Qué te voy a contar, mi vida es un sin sentido, me levanto para ir a trabajar, porque de algo tengo que vivir, pero en verdad no tengo ganas de nada!

-MARTINA: Esto va a pasar Diego, ya vas a ver que esto va pasar, y en un tiempo tan sólo será un mal recuerdo!

-DIEGO: Te juro que siento como que toqué fondo!

-MARTINA: No es para menos, pero la vida te va a compensar de alguna forma, pensá que si tocaste fondo, ya más abajo no podes caer, solo hace falta mirar para arriba y pensar que aún te queda mucho por vivir, y tenés que tratar de enfocarte en eso.

-DIEGO: Te juro que eso intento, hace un tiempo me encontró un amigo por la calle, habíamos estudiado juntos, pero la vida nos fue distanciando, es más, ya no vive en La Plata, solo viene a visitar a la familia y a los amigos, tiene un complejo turístico en La Lucila del Mar, y me insistió para que fuera con él un par de semanas. En esos días hablamos mucho, le conté todo lo que había pasado en mi vida, y me dijo lo mismo que me estás diciendo vos, que todavía me queda mucha vida por vivir.

-MARTINA: Es así Diego! Y qué mejor que tomarse una cervecita!

-DIEGO: Dale!

Martina ya tenía la comida preparada, una carne al horno con papas, de la que dimos cuenta, tomándonos entre los dos una botella de vino.

Durante la cena conversamos de muchas cosas, y hasta me hizo reír con sus locuras.

Después de comer, nos sentamos a tomar un café en el sillón, y seguimos conversando casi hasta la una de la mañana, no quería que se hiciera más tarde, sabiendo que ella al día siguiente tenía que ir al negocio.

-DIEGO: Ya me voy Martina que se hizo muy tarde, y vos mañana tenés que ir a trabajar!

-MARTINA: No pasa nada! Nunca me acuesto antes de la una de la mañana.

-DIEGO: Gracias por esta noche! Me hiciste reír, hacía meses que no me reía!

-MARTINA: Eso merece otra cena!

-DIEGO: Pero esta vez invitó yo, cenamos en mi casa, y yo te cocino!

-MARTINA: Trato hecho! ¿El sábado que viene?

-DIEGO: Por supuesto! Así no tenés que madrugar!

Me acompañó hasta la puerta, y nos despedimos con un abrazo!

De camino a casa, iba pensando qué hacía tiempo no me había sentido tan bien, y me sorprendió, que me dijera que estaba preocupada por mí. Y esa noche dormí más tranquilo.

El lunes, entre en el home banking de las cuentas que eran de mi padre, y no entendía nada, me sorprendí con lo que encontré, no sabía que mi padre tenía todo ese dinero en sus cuentas, una cuenta en el Banco Nación, con siete millones quinientos mil pesos, una en el Banco de la Provincia de Buenos Aires, con dieciséis millones doscientos mil pesos, y una cuenta en dólares en el banco BBVA con doscientos noventa mil dólares, se me aceleró el corazón, no lo podía creer.

¿Qué haría ahora con todo ese dinero?

Ese mismo día, sentado en el sillón, mirando mi departamento, decidí que lo vendería, y me iría a vivir a la casa de mi padre, necesitaba salir de ahí, dejar atrás esos recuerdos.

Hablé con Néstor y le expliqué lo que quería hacer, él me dijo que se ocuparía de la venta de mi departamento y de todos los papeles, y que cualquier otra cosa que necesitara, que no dudara en avisarle.

Durante esa semana, hice la mudanza de mis cosas a la que fuera la casa de mis padres, y dónde yo había vivido hasta la compra de mi departamento.

Era una casa de unos treinta años de antigüedad, pero mi padre y mi madre la tenían impecable, la mantenían como nueva y tenía todas las comodidades que se pueda pretender de una casa.

El sábado siguiente, para la cena con Martina, le envié la dirección de mi nueva casa, y aunque le dije que no hacía falta que trajera nada, hizo un flan casero y trajo dulce de leche y crema chantilly.

Volví a pasar una noche muy amena con ella, conversando de mil cosas, de sus viajes, de películas, de series, de libros, y de sus proyectos, en verdad no me cansaba de hablar con ella.

Esos encuentros de los sábados por la noche, se nos hicieron costumbre, cenábamos una noche en cada casa, un sábado en la suya y un sábado en la mía, aunque me daba un poco de miedo, que ella volviera sola a su casa de madrugada cuando cenábamos en casa.

Y sin quererlo, sin darme cuenta, sin pretenderlo, unos meses después, me vi deseando que llegara el sábado. Cuando tocaba cenar en mi casa, desde la mañana estaba pensando en que cocinarle para sorprenderla, al igual que yo, Martina comía cualquier cosa, no había nada que no le gustara, hasta un sábado me jugué, y yo preparé el flan, aunque no me salió tan rico como a ella.

Durante la semana, hablábamos por teléfono o nos mandábamos mensajes contándonos cosas, incluso alguna tarde entre semana, nos tomábamos un café.

Un sábado que tocaba cenar en casa, cuando habíamos terminado de comer, se largó a llover torrencialmente, relámpagos, truenos y una cortina de agua, casi a las dos de la mañana, me preocupaba que se fuera sola a su casa con esa tormenta.

-DIEGO: Martina, tenés dos opciones, o te llevo hasta tu casa y mañana venís a buscar el auto y de paso te quedás a almorzar, o te quedas a aquí esta noche, no estaría tranquilo si te fueras sola con esta tormenta.

-MARTINA: ¿Tengo que elegir?

-DIEGO: Llueve muy fuerte y hay mucho viento!

-MARTINA: Son dos buenas opciones, pero me gusta la idea de almorzar mañana!

-DIEGO: Bueno! En ese caso podemos modificar la segunda opción, y si te quedás esta noche, igualmente podemos almorzar mañana!

Y con carita de pícara, me dijo:

-MARTINA: Que tentador suena eso! Además me dan un poco de miedo las noches de tormenta!

-DIEGO: Entonces quedate aquí esta noche, así ninguno de los dos tiene que salir!

-MARTINA: Me parece muy bien!

-DIEGO: Te invitaría a dormir conmigo, pero no quiero sonar tan atrevido!

-MARTINA: Me encantaría!

En ese momento me acerqué a ella, la tomé de la mano y fuimos hacia mi dormitorio.

La abracé y la besé con los truenos de fondo, entre los dos nos fuimos sacando la ropa, y ya desnudos los dos, nos metimos en mi cama, abrazados y besándonos, solo se escuchaba la lluvia, hasta que las caricias y besos empezaron a sacar leves gemidos de su boca, gemidos que fueron aumentando de intensidad hasta su primer orgasmo.

Fue todo muy lento, muy suave entre muchos besos y caricias, recorrí todo su cuerpo, y para cuando llegó el momento de la penetración, Martina ya había tenido tres orgasmos.

Durante el coito me regaló dos hermosos orgasmos más, el último junto con mi eyaculación en su interior.

Nos quedamos un momento abrazados y besándonos, hasta que Martina se quedó dormida sobre mí pecho.

En la mañana, la dejé que seguiera durmiendo y me levanté a preparar el desayuno.

La desperté un rato después y su sonrisa me confirmó lo bien que lo había pasado en la noche.

Mientras desayunábamos, le conté de esa noche en que le había dado unas trompadas a Gonzalo y lo que había pasado en casa de Martin con el padre.

Me causó gracias cuando me dijo que de haber sabido, me hubiera dicho de pegarle una trompada más en nombre de ella, se las tenía merecidas.

A partir de ese fin de semana, hacíamos el amor y dormíamos juntos, en su casa o en la mía, y durante la semana, nos encontrábamos una o dos veces.

Nunca le había comentado del dinero que me había dejado mi padre, no estaba seguro de cómo seguirían las cosas después, no quería que ese dinero formara parte de esta especie de relación que yo sentía que estábamos teniendo sin que ninguno de los dos dijera nada.

Pero hubo actitudes de Martina que me decían que el dinero no era lo importante, sin tener en cuenta las cuentas de mi padre, ella tenía mejores ingresos que yo, y eso nunca hizo que nuestra relación cambiara, incluso muchas veces era ella la que me pedía que la dejara pagar nuestros encuentros, que por supuesto yo me negaba, o al punto de ofrecerme un trabajo estable en su negocio, aunque sea de media jornada, para que pudiera mejorar mi economía, al que por supuesto me excusé por mis horarios.

A estas alturas, sentía que estar con ella, era lo mejor que me estaba pasando en mucho tiempo, pero no quería apresurar las cosas, que pasemos buenos momentos y tengamos un muy buen sexo, no siempre significa que los sentimientos estén involucrados.

Pero en mi caso, sentía que mis sentimientos ya estaban involucrados, pero los tenía allí, en la línea de largada, a la espera, siendo cauto en las ilusiones que podía hacerme.

Pero fue casi dos meses después, cuando un en uno de nuestros encuentros de los sábados, esa vez en su casa, luego de cenar la veía un tanto callada, raro en ella.

Y cuando nos sentamos a tomar el café en el sillón, se lo pregunté.

-DIEGO: Martina, ¿pasa algo? Hoy no te veo como siempre, ¿algo no está bien? Me preocupa esa carita!

Hizo un silencio con su mirada baja, al levantar su cara, tenía los ojos llorosos.

-DIEGO: ¿Qué pasa corazón? Decime lo que sea!

-MARTINA: Es que tengo miedo Diego!

-DIEGO: ¿Miedo de qué?

-MARTINA: Tengo miedo de lo que estoy sintiendo, tengo miedo de decírtelo y que te alejes!

-DIEGO: No tengas miedo!

-MARTINA: Es que tengo miedo de decirte que me enamoré de vos y de que vos no sientas lo mismo!

Y el explotaron las lágrimas, no podía verla llorar.

-DIEGO: No tengas miedo corazón! Yo hace tiempo que me enamoré de vos, cada vez que nos vemos ya estoy deseando el próximo encuentro, despertarme con vos a mi lado es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo!

-MARTINA: Me pasa lo mismo! Nunca me sentí así con un hombre, nunca deseé tanto estar con alguien como con vos, no me importa lo que hagamos, me da lo mismo, me gusta mirarte y que me mires, me gusta tocarte y que me toques! Nada me gusta más que sentir tus abrazos! Me siento en el mejor lugar del mundo!

-DIEGO: Hace tiempo que siento esto, pero los dos venimos de anteriores fracasos y no quería apresurar las cosas, pero deseaba cada vez más estos sábados, incluso antes de que pasemos las noches juntos!

-MARTINA: La última vez que salí con Facundo, no podía dejar de pensar que no era con él con quien quería estar en ese momento, prefería estar con vos, por eso me animé a invitarte esa primera vez!

-DIEGO: De lo bien que hiciste! Yo en ese momento no tenía las cosas muy claras, y no pensaba en que podía llegar a sentir esto que siento ahora. Nos puede salir bien o nos puede salir mal, pero siento que podemos intentarlo!

-MARTINA: Claro que podemos! Y es lo que quisiera, siento por vos lo que nunca he sentido por nadie! Y no me importa si no tenés una buena posición o un buen trabajo, con tu corazón me alcanza, la forma en que me mirás, como me tratás es lo único que me importa, con el negocio va a ser suficiente, y estoy segura que con tus conocimiento lo podemos hacer crecer! Me encantaría que trabajáramos juntos! ¿Qué decís?

-DIEGO: Por supuesto! Nada me gustaría más!

-MARTINA: ¿Esta noche te quedás verdad?

-DIEGO: Esta noche y las que vos quieras!

-MARTINA: Todas entonces! Quedate conmigo todas las noches!

Y así fue, me quedé esa noche y todas las que siguieron hasta el día de hoy.

Le conté del dinero de mis padres y del departamento de Mar del Plata y decidimos darle un giro a nuestras vidas, Martina vendió su departamento del centro y yo el mío, alquilamos la casa de mis padres y la de ella, Martina vendió su negocio y decidimos comenzar nuestra nueva vida en la ciudad de Mar del Plata, con ese dinero, más lo que tenía en las cuentas de mi padre, montamos nuestro propio estudio de diseño, comunicación y publicidad en Mar del Plata, donde poco a poco, comenzamos a tener trabajos cada vez más importantes.

Dejamos de ser las víctimas de dos hijos de puta, ahora estamos por sobre todo ese dolor, somos mucho más que eso, somos socios, somos compañeros, somos pareja, somos amantes, pero por sobre todas las cosas, somos felices, como me dijera Gabriel aquella vez, la vida te dará otra oportunidad, y vaya si me la dio.

FIN

Epílogo

Esos días que Diego estuvo en el complejo, lo vi abatido, como viviendo por inercia, conversamos mucho, siempre tratando de hacerle ver, que la vida le daría otra oportunidad, que lo que le tocó vivir, había sido muy duro, pero que tenía que intentar seguir adelante.

Cuando se volvió para La Plata, en verdad me quedé preocupado por él, y lo llamaba por teléfono varias veces por semana, donde conversábamos bastante también.

Me preocupé mas por él, cuando me contó de la muerte de su padre, una de tras de otra pensé.

En ese momento teníamos turistas en el complejo y no podía dejar a Mora sola para hacerme una escapada a La Plata, le dije que se viniera unos días, pero me dijo que tenía que resolver algunas cosas allí.

Con los meses lo fui sintiendo un poco mejor, me contó de las trompadas que le había dado a ese hijo de puta y aunque se sintió mal después por haber sido tan violento, le dije que no se sintiera mal, se merecía eso y mucho más.

Después de unos meses me contó de Martina, me dijo que aunque sabía que era la ex de ese hijo de puta, no pudo evitar enamorarse de ella, aunque no se atrevía a decírselo por el momento.

De todo corazón me alegré cuando me contó que habían comenzado una relación con ella, y por supuesto le dije que podrían venir al complejo sin pagar un peso, que los invitaba de corazón, me sentía feliz por ellos, sobre todo por Diego, que en algún momento creí que estando tan mal podría cometer una locura.

Por suerte el universo le puso a esa mujer en el camino, no importa lo que hubo en el pasado, lo más importante es el presente, y si este presente de los dos los tiene juntos y enamorados, pues bienvenido sea, el futuro ya Dios dirá.

Aunque le prometí que sería la última vez que lo haría, le pregunté si tenía alguna noticia de Marcela y de Isabela, y me contó que se había encontrado con Martin para despedirse antes de mudarse a Mar del Plata y que le contó que el padre de Gonzalo lo había echado a la mierda de la casa, que ya no le daba dinero, que se había casado con una mujer, que se había ido a vivir a Buenos Aires y que trabajaba como vendedor en una agencia de autos, que ni siquiera veía a Isabela.

Le contó también, que hasta ese momento Marcela vivía sola, que trabajaba como secretaria en un estudio contable y que apenas le alcanzaba para vivir, y que el padre de Gonzalo, mantenía solo a su nieta, no así a Marcela, que le había dicho que si se volvía a ver con Gonzalo, le cortaría la mensualidad, y si tenía relación con algún hombre, por ende trato con su nieta, el lo tendría que aprobar, por el bien de Isabela.

Marcela hizo su elección, y tendrá que soportar sus consecuencias.

Para el mes de diciembre de ese año, Diego me llamó para venir dos semanas al complejo, pero con la condición de que le cobrara lo que correspondía.

Por supuesto acepté y el dieciséis de diciembre los vi llegar.

Cuando Diego bajó del auto me di cuenta que era otro, nada quedaba, por suerte, de ese hombre abatido y sin ganas de vivir que había encontrado de casualidad por la calle hacía más de un año atrás.

Martina me pareció una chica muy simpática y amable, la forma en que miraba a Diego lo decía todo, eso era amor de verdad.

Me alegró mucho que Diego pudiera rehacer su vida, ¿qué más puedo pedir?

Aunque en este caso hubo mucho dolor, ya lo sabemos, las historias de amor, me pueden!

jejen

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