El marido de la vecina iii
Silvia no solo quiere a su vecino; lo necesita. Con su marido lejos y la soberbia de Sheila a la vista, ella decide cruzar la línea. Esta vez, no hay excusas ni miedos: solo la cocina vacía y la tentación desnuda.
A los tres días de lo ocurrido, Silvia había sido invitada por su vecina a tomar café en su casa. Estuvieron hablando de sus cosas. Ella se mostró algo contrariada porque su marido había marchado de viaje a un congreso, manifestándole así a la vecina, viendo con cierta soberbia, como aquella le restregaba en la cara que su marido, pocas veces la dejaba sola, y que siempre que realizaba un viaje la intentaba llevar.
Silvia, se sonrió para sus adentros, queriéndole contestar que su fiel esposo le había puesto los cuernos precisamente con ella, pero cayo y se mordió el labio. En el fondo, ella se vengaba de la vecina, y de su soberbia, follándose a su marido.
No obstante, esas diferencias, Silvia continuó manteniendo una buena relación con la vecina Sheila, e igualmente no tuvo inconveniente en adquirirle algunos productos que necesitaba, cuando acudía al super. Sin embargo, había observado, que el marido de la vecina, Ayose, intentaba esquivarla para no tener encuentros con la misma. Era evidente, que el joven no estaba por la labor de continuar siendo infiel a su esposa.
La ausencia de su esposo en esos días con motivo de acudir al congreso, y la certeza de la misma de que, seguramente se echaría alguna canita al aire, la incitó una vez más a acosar al vecino para volver a tener un encuentro amoroso. A la mañana siguiente del encuentro con la vecina, fue bien temprano al super, y realizó la compra habitual, adquiriendo igualmente aquellos productos que Sheila le había encomendado. Esa mañana decidió no acudir al gimnasio, sino que vigiló la llegaba del vecino que, por esas horas solía regresar de ir a correr por los alrededores. Se había puesto una falda bastante ceñida y corta, y una blusa algo abierta, decidiendo no colocarse sostén. Se fijó en el espejo y se vio explosiva. ¡Y no era para menos! Al verse, se dijo que parecía una autentica furcia, pero necesitaba encelar de nuevo al vecino. Ese día, se percató de que se encontraba bastante excitada y caliente. Su marido había marchado, y llevaba unos días sin sexo: ¡estaba necesitaba de un polvo!
Esperaba ansiosa el regreso del vecino desde la ventana de su casa. Cada vez se notaba más caliente y agitada. El cálculo de sus días fértiles era algo que no llevaba muy bien, ya que a veces se le adelantaba la regla y en otras ocasiones se le retrasaba. La tremenda calentura que tenía, le llevó a pensar que quizás pudiera estar en sus días de ovulación, pero era algo que no tenía seguro. Sin embargo, su necesidad de sentir de nuevo la tranca del vecino dentro de su coño era algo que superaba todos sus temores.
Al verlo llegar, su cuerpo se agitó. Observó como el vecino entró con gran rapidez en su casa, intentando no ser visto. Era obvio que intentaba esquivarla. Aquel, seguro que se imaginaba que en esos momentos ella se encontraba en el gimnasio, pero esta vez le iba a dar una buena sorpresa. Tomó el bolso de la compra, con los productos que la vecina le había encomendado adquirir, y se dirigió a la casa de Ayose. Tocó la puerta, y aquel le contestó desde adentro, por medio del interfono, pero ella quería que aquel saliera a recibirla. Por ello, volvió a insistir tocando el timbre de forma reiterada para que aquel se decidiera a salir. Lo hizo con tanta insistencia, que al poco tiempo observó como aquel salió algo airado a la puerta, portando una bata de levantar, comprobando que seguramente iba a ducharse y ella le interrumpió.
-Ah. Hola Silvia. ¿No sabía que fuera vd? le contestó el joven abriendo un poco la puerta, sorprendiéndose que fuera la vecina, e intentando calmarse, ante su furia por la insistencia en tocar el timbre.
-Perdona la insistencia, pero no te escuchaba por el interfono. ¿Pensé que no estabas? -le contestó aquella intentando justificar su insistencia.
-Tendré que revisar el interfono. – le contestó aquel algo nervioso, especialmente al contemplar cómo iba vestida la vecina. Al momento se imaginó que aquella, pretendía nuevamente seducirlo, lo que lo llevo a ponerse en guardia.
Antes de que aquel pudiera recogerle el bolso de la compra, ella le contesto: ¿no vas a dejarme entrar?
-si claro. Perdona, le contesto el joven, apesarado, y nervioso, casi sin saber cómo reaccionar, y franqueando la entrada a la vecina, pese a saber que aquello era una temeridad.
No es que no le gustara la visita de la vecina, pero temía que su esposa pudiera llegar a enterarse y dañar su matrimonio. Pero, sus pensamiento se vieron empañados al contemplar el trasero de la mujer y las hermosas piernas de aquella, que pudo observar mientras entraba con dirección a la cocina. Su pene se envaró de inmediato. Para colmo, pensando que era el cartero y que iba a ser una cosa rápida, se había colocado una bata únicamente por toda indumentaria, sin nada debajo.
Silvia, ni corta ni perezosa, y sin consentimiento del joven vecino, se adelantó y entró en la cocina para dejar la compra. Una vez allí, se giró y observó al joven vecino, que esperaba en la puerta de la cocina. Al verlo con aquella indumentaria le preguntó: ¿no me digas que te interrumpí cuando ibas a ducharte?
-Bueno… pues ¡si… acababa de llegar de correr…! le contestó aquel algo nervioso, viendo por donde quería ir la vecina.
Silvia, se acercó hasta donde se encontraba el joven, quien, al verla venir, intento retirar un poco pegándose a la puerta. Ella lo alcanza, llegando a su altura y le susurra: ¿no me digas que estas desnudo debajo de esa bata?
-¡Oh… señora…!…¡no volvamos a cometer más locuras!. ¡Aquello no debe volver a suceder! Le comentó aquel, ante la pregunta de la vecina.
Pero se quedó con la palabra en la boca al contemplar como la mujer metió la mano por entre una de las aberturas de la bata, dirigiendo su mano directamente hacia la zona donde sabía que debían encontrarse los genitales del mismo. Al momento, aquella mano femenina se apoderó de su pene.
¿Oh pero que hace…?
Silvia, totalmente lanzada y seductora, vio como se le iluminó la cara al contemplar que era cierto, y que el joven iba completamente desnudo bajo aquella bata. Mucho más cuando percibió la notoria erección que mantenía. Se le iluminó el rosto y exclamó bastante alegre: vaya. ¡Es verdad que estas desnudo! Pero… ¿Por qué tienes esa erección? añadió sonriendo, para luego volver a decirle: ¿no me digas que estabas pensando en volver a follarme?
-¡Oh Silvia!… ¡por favor…! exclamó el joven, viendo como la mujer le abría la bata, quedando a la vista todo su cuerpo desnudo. Estaba sudado de haber corrido, y se había colocado la bata ya que había sido sorprendido justo cuando iba a ducharse. Oh ¿pero que hace?… ¿puede venir mi esposa…?... ¡esto es una locura!
-Ya. ya. ¡Sabes bien que tu esposa no vendrá hasta bien entrada la tarde! Además, ¿porque te has puesto tan envarado? ¡Se te ha puesto la polla al cien! Le susurra aquella, sin dejar de manosear los genitales del hombre, pasando su mano del pene a los testículos, palpando los mismos, y comprobando que el vecino volvía a llevar una buena carga de semen en ellos.
El joven no volvió a contestarle. Sabiendo que nada podía hacer, y que en el fondo lo deseaba, ¡se dejó hacer! Observó como la mujer le retiraba toda la bata y lo dejaba completamente en pelotas en la misma cocina. Ante la visión del hombre totalmente desnudo, aquella se recreó contemplándolo, procediendo igualmente a retirarse la blusa, dejando que el joven pudiera observar sus hermosos y voluminosos pechos, nuevamente al descubierto.
-Oh señora. ¿qué hace?… o… exclamo. Sus ojos volvieron a abrirse como platos ante la visión nuevamente de los pechos de la vecina, que tanto efecto hacían en el mismo. Pese haberla evitado, era consciente de que se había cascado unas cuantas pajas pensando en aquella mujer. Y ahora, esa mujer estaba de nuevo desnuda ante él.
Sus ojos más de dilataron, cuando comprobó como aquella mujer se retiró igualmente la corta falda, y se quedó únicamente con una tanga minúscula, que apenas tapaba su pubis. Oh… pero ¿se va a desnudar aquí…?
Sin poder contenerse, el joven, claramente excitado, dirigió sus manos a los pechos de la mujer, que tanto el escandalaban. Al instante comenzó a masajearlos, tomándolos entre sus manos, estrujándolos, mientras la mujer no cesaba de manosear y manipular a su antojo, el envarado pene del joven vecino. ¡Oh si Ayose…! ¡Oh si…masajea mis pechos siii… ¿sé que te gustan?… o siiii oo si chúpamelos… exclamo al sentir la boca del joven devorando con ansiedad sus senos.
Al momento, ambos se olvidaron de prejuicios y comenzaron abiertamente a abrazarse y besarse ardientemente, abrazándose, tocando y recorriendo el desnudo cuerpo del otro.
El joven, estaba vencido y a disposición de aquella mujer. Se había olvidado de todo prejuicio, y observando la mesa de la cocina de su casa, la cual estaba completamente libre, tomó a la mujer y la llevó hasta aquel mueble. Antes le terminó de bajar decididamente la tanga que llevaba, dejándola completamente desnuda. Tras contemplar la entrepierna de aquella, recreándose con la vista, la incorporó y la subió sobre la mesa, haciendo que se sentara colocando su trasero al borde de aquella, mientras él tomó una silla y se sentó ante ella, quedando todo el coño de la mujer a su plena disposición.
Con una morbosidad manifiesta, expresada en su rostro, comenzó a besar las piernas de la mujer, recorriendo desde el tobillo, subiendo hasta la rodilla, para luego continuar sin pausa, centímetro a centímetro hasta llega cerca del sexo de Silvia. El coño de aquella fluía jugos sin cesar. El joven acercó su boca a la jugosa panocha, la olió primero, aspirando el olor a hembra en celo, para luego abrirle bien las piernas, quedando todo el coño a su disposición.
Sin embargo, cuando aquella pensaba que se iba a emplear a fondo en su raja vaginal, aquel decidió hacerla sufrir un poco, concentrándose en lamer la ingle, lo que llevó a Silvia a sufrir espasmos de placer. Ayose sabía que aquella estaba deseando que alcanzar su vagina, pero se demoró con la finalidad de ponerla más ansiosa.
Por fin, el joven colocó su boca sobre la abertura del jugoso coño, pasando su larga y áspera lengua por toda la raja, de arriba abajo,, levantando grandes gemidos de forma entrecortada a la vecina: o siii o… si o sigue….
Tras varias lamidas, en plan de brocha, a lo amplio y largo de aquella cueva, logró alcanzar el agujero trasero de la mujer, recibiendo un suspiro de sorpresa de la misma. Luego, por fin terminó alcanzando el abultado o clítoris, que la instante lamió, chupando con sus labios, haciéndola gemir con furor. Gemidos que se incrementaron tras varias succiones del joven de aquel punto G, que acabó enloqueciendo de placer a Silvia. Pero, el joven, pese a verla gritar y revolverse incontroladamente al borde de la mesa, no se detuvo. Las succiones del joven fueron de tal intensidad que la mujer terminó exclamando: ¡Oh no puedo más!… o joder me corro.. siiii ooo me vengo ahhhh terminando en un orgasmo agitado, que se prolongó, colocando sus manos sobre la cabeza del joven, forzándolo hacia ella, atrayéndolo contra su coño, con la finalidad de terminar. El joven vio presionada toda su cara contra el coño de la vecina, quien morbosamente, comenzó a lanzar sus fluidos en toda la boca del joven vecino: Ohh siii oooo me vengo ooo
Ayose, observó como aquella mujer comenzó a convulsionarse, apretando su cara contra el sexo de la misma, para acabar vertiendo todos sus fluidos dentro de su boca, que al costarle respirar se vio obligado a tener que tragar parte de ellos.
Tras cesar la presión de la mujer, el joven recuperó su postura. Luego, viendo que la vecina comenzaba a recuperarse de su orgasmo, se puso de pie, volvió abrir en par las piernas de la misma, observando que tenía todos los labios vaginales brillantes por la abundante lubricación. Excitado, manoseó un poco su nabo hasta alcanzar la erección suficiente, para acercarlo hasta alcanzar el chorreante coño.
Silvia, veía como el joven vecino volvía acercar su dimensionado pene a su abierta vagina. ¡Se la iba a meter de nuevo! Estaba muy caliente, era consciente de que era una locura, no estaba protegida y el joven tampoco. Ella le miró a los ojos, ansiosa y en el fondo preocupada, viendo como el joven se acercó para besarla en la boca, correspondiéndole, percibiendo el olor de sus propios jugos vaginales. Luego, observó como el joven tomó impulso y de un certero golpe de riñones, le introdujo su potente falo en su totalidad.
-oh despacio ooo me llenas ooo
El joven la sujetó por las caderas, y comenzó un mete y saca continuo, abriendo el coño de la vecina al máximo, clavándole sin cesar su verga hasta los mismos huevos. La mujer presenciaba como entraba y salí el tremendo falo de su concha. Intentaba realizar los movimientos con su vagina para atrapar el pene, pero el joven abría cada vez más sus piernas impidiéndoselo, al tiempo que penetraba su cueva una y otra vez, cada vez más profundamente.
La penetración se hizo bastante profunda, hasta el punto de que, tras unos minutos de continuo bombeo, Silvia percibió que volvía a sentir un nuevo orgasmo. ¡Se iba a volver a correr! ¡Necesitaba correrse de nuevo!
El joven lo intuyó e intensificó sus penetraciones, haciendo que acelerara la venida de la vecina: Oh si me vengo otra vez ooo siii
Ayose entonces, comenzó a realizar con una especie de baile con su polla, mientras la penetraba, realizando movimientos circulares y de abajo hacia arriba, abriendo totalmente la panocha de la mujer, y clavándole profundamente su tranca hasta el fondo. Viendo que la mujer estaba por venirse, se echó sobre la misma, besándola en la boca nuevamente, mientras acelera sus arremetidas.
La mujer aún estaba en su orgasmo, cuando percibió claramente que, al joven vecino ante aquella excitación, se le había comenzado a inflar su nabo dentro de ella. Silvia percibió claramente que el joven vecino se iba a volver a venir dentro de su vagina. Esta vez, un sentimiento de preocupación la invadió. Era consciente de que podía estar en sus momentos fértiles. Mientras se corría, su mente pensaba en que podía ser fertilizada por aquel joven semental. ¿Y si su vecino la embarazaba?... Ella no estaba protegida. Se le produjeron sentimiento encontrados.
En su preocupación, hizo un intento por detener al joven. Oh Ayose… mejor no… dentro no…
Pero aquel, pese a percibir la intención de la mujer, de evitar que se viniera dentro, solo pensaba en correrse dentro de aquel caliente coño. ¡La vecina lo había buscado y lo había calentado!. Ahora iba a pagar las consecuencias. Los intentos de la mujer por evitar que se viniera dentro produjeron un efecto contrario en Ayose, quien más ansioso se volvió en su deseo irrefrenable de derramar su semen dentro del coño de la vecina.
Al joven le extrañó un poco la pretensión de la misma de evitar que se corriera dentro. Era cierto, que es día había percibido a la vecina más caliente que la primera vez. Pero ese calor, más ganas le incitaron por vaciarse dentro. Pese a la inicial oposición de la mujer, que intentaba evitarlo, a pesar de estar alcanzando su orgasmo, lejos de amilanarse, sujetó fuertemente a la vecina, clavándole totalmente su polla hasta la misma empuñadura, cargando un poco su cuerpo sobre el de ella, comenzó a lanzar su semen dentro de su caliente vagina.
Oh.. siii ufff que ganas tenía ohhh… oo sii suspiró al ver como se venía regando el coño de la vecina.
Silvia, casi enloqueció cuando sintió nuevamente el caliente semen lanzado por el joven dentro de su vagina, el cual sentía colisionar claramente contra las paredes de la misma. Era tan profunda la venida otra vez, que pensó, con total seguridad que aquel semental se estaba viniendo muy cerca de su útero. Era como si intuyera que el joven lanzaba sus espermatozoides claramente contra sus desprotegidos óvulos. Se dio cuenta, que, si por casualidad, era cierto que estaba ovulando, las posibilidades de resultar preñada por su joven vecino resultaban más que probables.
-oh te estas viniendo dentro oooo
El joven por su parte no paró de lanzar su preciada semilla dentro de la mujer. Era como si hubiera querido deslecharse dentro de aquella. Se había corrido varias veces dentro de su esposa, pero el coño de aquella vecina le parecía especial, lo sentía, lo percibía, le encantaba clavar su polla en el mismo, y venirse dentro del mismo. Poco imaginaba, los pensamientos que pasaban por la cabeza de la mujer, respecto a su posible ovulación. El solo pensaba en el intenso placer que le estaba produciendo aquella sensación, sumamente placentera, de deslecharse dentro del cálido y acogedor coño de la vecina.
Cuando por fin acabó, Ayose aún permaneció unos instantes dentro del coño de la vecina, besándola nuevamente, para luego retirarse, extrayendo del coño su enorme nabo. Aquel salió reluciente, bañado por los fluidos de aquella hembra, y con restos de semen aún en su punta. Observó la panocha de la mujer, y comprobó que estaba nuevamente muy abierta, enrojecidos los labios, y brotando restos de semen que descendían por su culo, hasta alcanzar la propia mesa de la cocina.
-¡Oh Ayose!. ¡Te has vuelto a venir dentro!¡me has vuelto a llenar! ¿Chico? ¿pensé que no ibas acabar?
El joven le preguntó: ¿no querías que me corriera dentro? ¿Pensé que habías venido buscando eso?
La mujer enrojeció un poco, y luego le contesto: Es cierto que tenía ganas de sentir tu polla. Pero, no pensé que te fueras a volver a correr dentro. ¡no estoy protegida, y aun soy fértil!
El joven vecino, frunció el ceño, y le pregunto: ¿Qué pretendes decirme? ¿Qué estas ovulando?
La mujer le contesto: No lo se realmente. No llevo mucho el control de mis periodos. Pero hoy me siento bastante caliente.
El joven se puso algo nervioso diciéndole: ¡eso sí que lo he percibido! ¡Tenías el coño ardiendo!
Tras lo cual, ambos comenzaron a vestirse, con la finalidad de no correr riesgos de poder ser sorprendidos por la llegada imprevista de su esposa.
continuara?
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