Tengo una fantasía
Lleva años imaginando cómo sería si él dejara de ser solo su fisioterapeuta. Hoy, en la clínica vacía, la barrera profesional se rompe y el masaje terapéutico se convierte en algo mucho más intenso.
Tengo una fantasía. Bueno, en realidad no sé si es una fantasía o un deseo, o quizás ambas.
Yo soy una mujer casada. Muy felizmente casada de hecho. Tengo una familia genial a la que adoro y un marido impresionante que me hace sentir puro fuego en la cama. Digamos que no soy una mujer insatisfecha en ningún plano, ni en el emocional ni en el carnal. No siento que tenga carencias. Precisamente pienso que tengo deseos fuera de mi matrimonio porque soy una persona sexualmente activa y el sexo no es un tabú en ningún sentido para mí.
Mi fantasía en realidad, es muy básica, diría que frecuente. Seguro que a la que más o a la que menos le pasa o le ha pasado alguna vez lo mismo que me pasa a mí.
Veréis, hace algunos años tuve un accidente de tráfico. Lo suficientemente leve como para no sufrir lesiones importantes pero lo suficientemente grave como para dejarme secuelas de por vida en la espalda. Tengo una pequeña desviación en la columna que provoca que mi musculatura se sobrecargue con frecuencia y aunque me cuido mucho y me ejercito en el gimnasio para mantener mi espalda fuerte y tonificada, el dolor es inevitable, así que estoy abonada al fisioterapeuta.
Seguro que ya sabéis por donde voy. Mujer casada, fisioterapeuta buenorro.
Pues no. Mi fisioterapeuta no está buenorro, ni mucho menos. De hecho, es un hombre casado de mediana edad, pero cada vez que voy me pongo muy cachonda, y tengo que ir al menos, una vez al mes.
Los motivos por los que me sucede esto, los desconozco. El hombre ni siquiera es mi tipo y además casi me dobla los años. Puede que sea el hecho de que un hombre que no es mi marido toque mi cuerpo con esa intensidad, o que cada vez que tiene que alcanzar determinados músculos, los más alejados, su paquete me roza el brazo, la pierna o incluso la cabeza. He llegado a pensar que lo hace adrede. Puede ser también algún componente afrodisíaco del aceite que usa para darme los masajes…yo que sé. Lo que sí sé es que un día se va a dar cuenta, si no lo ha hecho ya, porque yo salgo de allí con las bragas empapadas, y eso me da tanto morbo que empeora drásticamente la situación.
En el camino a casa después de mi sesión terapéutica suelo ir fantaseando las formas en las que me podría insinuar y de qué maneras podría él reaccionar a mis gestos, hasta que llego a casa y me como vivo a mi marido. Esos calentones no se pueden desaprovechar.
¿Qué por qué os cuento esto? Bueno, es que hoy tengo cita para mi masaje mensual. Tengo la espalda hecha un desastre y necesito un buen masaje y esta vez, si puede ser, con un final muy feliz.
Ha llegado el momento. Me dirijo a la clínica a la hora citada. He pedido la última cita porque sé que la recepcionista se va cuando entra el último paciente y estaremos solos en la clínica.
Hoy me he preocupado de ponerme unas bragas de algodón gris que evidencien la humedad de mi entrepierna. Quiero que se dé cuenta de lo que provoca en mi cuerpo. Me he asegurado también de ir bien rasurada. Literalmente no queda un solo bello en todo mi cuerpo, de cuello para abajo. Me he hidratado la piel con aceites y leche hidratante, para resultar tersa y jugosa. Voy a por todas.
Entro y la recepcionista me hace pasar a la sala de espera mientras mi fisio termina con su paciente. Estoy muy nerviosa. El corazón me late muy fuerte, las manos me sudan y tengo las sensaciones a flor de piel.
Mientras espero intento mantener la mente ocupada con la esperanza de templar mis nervios leyendo las últimas noticias y ojeando las revistas que tienen dispersas en varias mesas.
Pronuncian mi nombre. Me levanto y camino hacia la puesta de la consulta intentando disimular mi estado.
Se trata de una sala pequeña, con una camilla, una estantería con toallas, aceites y diferentes aparejos, un perchero de pared donde cuelgo mi bolso y una silla para dejar mi ropa. Como siempre, me pide que me desvista del todo excepto la braguita y me tumbe boca abajo en la camilla. Él sale de la habitación mientras tanto para dejarme intimidad.
Me desvisto, doblo mi ropa y la dejo con cuidado sobre la silla. Tengo los pezones empitonados por lo que la excitación la anticipación de lo que pueda suceder hoy me está provocando. Me tumbo boca abajo sobre la camilla y meto la cara en el agujero facial. Mis brazos estirados a lo largo de mi cuerpo y mis piernas casualmente entreabiertas.
Él entra en la habitación.
- ¿Cómo estás hoy? ¿tan dolorida como la última vez?
- Mucho peor. Llevo varios días con un dolor tremendo en el glúteo derecho y ciático.
Es mentira. Pero muero porque me pegue unos buenos restregones en el culo y, además, forma parte del plan.
- Eso es nuevo, nunca te había dolido esa zona. Veremos qué podemos hacer.
Pone la música New Age de siempre con sonidos de aves y cascadas. Esa música nunca me había parecido tan adecuada para una peli porno como hoy. Se pone aceite en las manos para calentarlo y pone las manos sobre mi espalda. Sentir su tacto me pone la piel de gallina y un escalofrío recorre mi cuerpo.
- Vaya ¿tienes frío? ¿Enciendo el calefactor?
- No, no tengo nada de frío. Gracias
Emite un sonido de conformidad y sigue masajeando mi espalda de la misma forma que lo hace habitualmente. Esta vez baja un poco mi braguita para dejar al descubierto la parte superior de mis glúteos. Masajea llegando justo hasta esa zona, insiste ahí, presiona con sus dedos tratando de encontrar la lesión que me he inventado.
- El dolor empieza ahí y me baja por la pierna hasta la rodilla
- Entiendo
Sigue masajeando mi espalda y glúteo hasta el filo de mis bragas. Noto el roce de su paquete en mi brazo varias veces. De verdad no sé si esto es a propósito porque me parece que ocurre demasiado. En una de las veces que se acerca, presiono leve y fugazmente el brazo contra él, como si se tratase de un pequeño espasmo. Se aparta rápidamente y como sin darle importancia, continúa con mi masaje.
Llega el turno de mis piernas. Debe masajearlas sobre todo por la cara posterior del muslo ya que es donde más “me duele”. Pone más aceite en sus manos y masajea mi muslo desde la rodilla subiendo y ejerciendo presión hasta el pliegue de la nalga. Eso es demasiado erótico como para no reaccionar. Separo las piernas un poquito más. Lo justo para que entienda que estoy facilitando su acceso a la cara interna de mi muslo. Él lo aprovecha. Sube su mano masajeando el interior de mi muslo hasta casi rozar mis braguitas. Lo hace durante un rato. Yo me siento tan excitada en ese momento que creo que se me debe notar hasta en mi olor. El corazón me late fuerte y la respiración se me acelera.
Siento que cada vez que sube desde la rodilla llega un poquito más cerca de mi sexo. Separo las piernas un poquito más. Noto que estoy completamente mojada ahora mismo y que empiezan a mojarse mis bragas. La siguiente vez que sube su mano toca mi vulva. Esta vez creo que lo ha hecho con toda la intención. Suelto un mínimo gemido, y separo las piernas todavía más, subo un poquito el culo.
Vamos, te lo estoy poniendo en bandeja, ¿vas a aprovecharlo, o no? Pienso.
Sigue masajeando mi muslo, insiste mucho en la zona alta, pegada a mi ingle. Noto sus dedos chocar con mi clítoris dos veces. Con los movimientos de sus manos, la tracción sobre mi piel hace que mis labios vaginales se separen y se vuelvan a juntar.
Me baja la braga hasta debajo de las nalgas dejando mi culo totalmente expuesto y calienta más aceite para trabajar esta zona.
Posa sus manos directamente en mi nalga, amasando y estrujando separándola de la otra. Estoy segura de que puede ver perfectamente mi ano y mi vagina desde su posición.
De pronto noto su paquete rozar contra mi muslo. ¡Está duro! ¡Por fin una reacción perfectamente identificable! Separo las piernas descaradamente. Encuentro con mi pierna la dureza de su pene, él no se aparta, al contrario, se aprieta contra mi muslo todavía más.
Sigue trabajando mi glúteo, bajando la mano cada vez más cerca de mi ano, cada vez más cerca de mi vagina. Y de pronto me sube la braga tapando mi culo.
Mierda. Creo que hasta aquí ha llegado la fantasía. Se aparta de mi y da la vuelta al otro lado de la camilla. Empieza a masajear mi otro muslo.
- ¿Este también te da molestias?
- Emmm, sí, también me molesta bastante. - A estas alturas sospecho que ya se ha dado cuenta de mi mentira.
Empieza a masajear otra vez dese la rodilla hacia la nalga, pero esta vez no se detiene y alcanza descaradamente mi vulva, busca el camino por el filo de mi braguita y llega con su dedo a la entrada de mi vagina.
Bufff, va a pasar, y estoy completamente lista para que pase. La piel se me eriza una vez más. Él pasa su dedo arriba y abajo por debajo de mi braga a lo largo de toda mi raja, desde mi clítoris hasta mi vagina, una vez y otra, y cuela un dedo dentro de mí. Lo introduce bien adentro. Me estremezco. Esto es demasiado rico, no quiero que pare.
Con la otra mano aparta completamente mi braga hacia un lado y deja toda mi vulva a la vista. Separa mis labios vaginales y me penetra otra vez con su dedo, con la otra mano busca mi clítoris y lo masajea. Yo me dejo hacer, no quiero tomar la iniciativa, esto es demasiado placentero como para interrumpirlo.
- ¡Hasta mañana!
Se oye fuera la despedida de la empleada y el crujido de la puerta al cerrarse. Había olvidado completamente que estaba fuera, él se ha quedado inmóvil, con su dedo dentro de mi coño, la respiración de ambos contenida del susto, pero ahora sí, estamos solos.
- Ven aquí, joder
Tan pronto como se oye silencio fuera, me agarra de las caderas y tira de mi hacia los pies de la camilla. Yo le ayudo. Me pone en pompa, de pie en el suelo con medio cuerpo tumbado. Me baja las bragas y me separa las nalgas con las manos.
Se arrodilla tras de mi y me mete un lametazo desde mi clítoris hasta mi ano.
Madre mía, noto todo muy muy mojado. La dulce mezcla de mis flujos con su saliva.
Se incorpora, se quita los pantalones y apoya la punta de su miembro en mi entrepierna, y empuja, y se abre camino poco a poco dentro de mí.
- Llevo mucho tiempo deseando esto. – confesé entre suspiros y gemidos.
- ¿Ah sí? Pues deja que te diga que lo sabía. He notado como mojas tus bragas cuando te toco, y yo también he fantaseado con este momento.
Al decir esas palabras, de un empujón termina de hundir su pene en mí. Me siento llena de su carne y de la forma más excitante empieza a bombear. Me agarra fuerte por las caderas con sus expertas manos de fisioterapeuta y me folla de una forma deliciosa. Primero me embiste fuerte y rápido y luego suave y muy lento. Esos cambios de ritmo me están volviendo loca.
- Déjame ver esas tetitas jugosas tuyas. Lo poco que intuyo cuando estás tumbada boca abajo me deja siempre con ganas de lamerlas.
- He notado que me las rozas demasiado.
- Ahora sí que te las voy a rozar demasiado.
Me ayuda a incorporarme y me sienta en la camilla hundiendo su cara en mis tetas. Con su lengua recorre mi areola y succiona mi pezón, mientras con las manos aprieta mis nalgas hacia él.
Este hombre sabe tocar a una mujer, en todos los sentidos.
Mientras se entretiene con mis pechos busca nuevamente mi coñito con su polla. Lo encuentra e introduce solamente la punta. Me succiona los pezones, uno, luego el otro y la punta su polla entra y sale. Este juego está llevando mi excitación al máximo.
Me empuja gentilmente de los hombros, me recuesto sobre la camilla, esta vez boca arriba, levanta mis piernas y las pone sobre sus hombros. Creo que me va a volver a penetrar, pero no. Empieza a lamer mi pierna desde la rodilla, bajando con su lengua, rozándome con sus dientes, dejando un camino de saliva por mi muslo hasta mi vagina, introduciendo finalmente su lengua en ella. Siento esa humedad y ese calor moverse dentro de mí haciendo que una contracción de placer recorra mi cuerpo desde lo más interno de mis entrañas hasta los pelos de la nuca y la punta de mis pies.
Un orgasmo tremendo se avecina, lo siento venir y aprieto los puños y los dientes, entonces él se detiene, saca su lengua de mi entrepierna.
-Aún no.
- ¡¿Qué?!, ¡¿Por qué?! - Pregunto desesperada.
No me creo que me corte de esta manera con lo que estaba empezando a pasar. ¡Acabo de desperdiciar uno de los mayores orgasmos de mi vida!
-Por esto nena.
Mete su polla en mi y empieza a empotrarme frenéticamente.
Cabrón perverso…
Solo quería hacerme sufrir para después dármelo todo.
Su miembro roza intensamente las paredes de mi vagina. Es una sensación indescriptible el sentir su glande empujando mi pared vaginal a lo largo de toda mi cavidad, se me hace un nudo en el vientre y mi clítoris está hinchado y palpitando. Todo mi sexo late con sus movimientos, mis pezones están erectos, la piel erizada y la boca seca.
Noto un enorme chorro de líquido caliente salir de mí, es como agua, transparente y mana de mi sexo a presión con cada contracción orgásmica. No controlo mi cuerpo, me retuerzo con la intensidad de los espasmos que produce mi orgasmo, desde el interior de mi vagina, más caliente y mojada de lo que ha estado jamás. Hasta cada centímetro de mi piel. Baño a mi fisio en puro líquido sexual, y parece encantarle, tanto, que empieza a contraerse él mismo, noto su polla gorda y dura latir dentro de mí, con embestidas acompasadas va descargando su leche dentro de mi coño hasta la extenuación.
Sudados, empapados y exhaustos, nos derrumbamos sobre la camilla, él aun entre mis piernas, jadeantes y satisfechos. Su cabeza apoyada sobre mis pechos, pongo la mano sobre su pelo y juego con mis dedos entre sus mechones por unos instantes.
Miro el reloj de la pared, faltan 5 minutos para que acabe mi sesión de fisioterapia.
Mi cuerpo se niega a moverse, no tengo energía. Ese increíble orgasmo se ha llevado hasta el último ápice de ella. Me siento flotar, cierro los ojos y me adormezco.
-Nena, tenemos que irnos. Mi mujer me espera y seguro que tu marido también.
-Es cierto. - Respondo, mientras nos incorporamos lentamente.
-Eres una bomba- Me dice mientras se limpia y me ofrece toallas para limpiarme- - Cuando te venga bien seguimos con esta terapia.
Me echa una mirada picarona y una sonrisa maliciosa que casi hace que me caiga.
La verdad es que estoy fatal, creo que tendré que aumentar la frecuencia de mis sesiones de fisioterapia.
Relatos similares
- Hetero: General
El ingeniero penetra analmente a la doméstica
El uniforme de sirvienta apenas cubre lo que sus ojos ya han visto. Él sabe que ella lo desea tanto como ella sabe que él no debería hacerlo.
Comparte:Dominacion masculinaInfidelidad consentidaBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
El dia que me dijiste que te gustaba Parte II
María creía que solo querían repetir lo del cine, pero él tenía otros planes. En un hotel aislado, las reglas cambian: ella se entrega, él toma las…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
50 años, seducción inesperada, día completo
Águeda no es solo una directora; es una mujer que ha soñado con ser usada en su propio escritorio.
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaBdsm suave
- Sexo con maduras
Entregada: al inquilino – 2º parte
Mientras su marido duerme plácidamente arriba, ella baja a la cocina sabiendo que la espera no es para la cena.
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Chantajeada por el amigo de mi novio
El video llegó a su celular con el peso de una sentencia: o se deja follar por el desconocido que la grabó, o su vida se desmorona.
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Historias de oficina II
En la oficina, las reuniones se interrumpen por el placer. Cuando Pilar decide llevar a toda su familia a la cena de gala, el jefe no solo ve una…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveDominacion masculina