Xtories

Fany, la cornuda, capítulo 3.

Julián encontró los videos en su celular. Ahora tiene dos opciones: destruir la relación o convertirse en el espectador de su propia humillación. Eliza no lo sabe, pero su mejor amiga ya tiene el plan trazado, y Mario está listo para tomar lo que Julián le tiene prohibido.

Homelander20K vistas9.3· 9 votos

Aquí el tercer episodio de esta historia. Tengo la cuarta parte ya avanzada. Disfruten, gracias por la espera, como prometí, esta historia será terminada antes de empezar otra cosa, pronto el final de esta saga.

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Capítulo 3.

Las siguientes semanas fueron curiosas. Las parejas eran más felices que hace mucho, la rutina y seguridad da cierta felicidad y mucha estabilidad, nos gusta estar en ese lugar, es reconfortante tener a alguien con quien saber que cuentas para todo, el amor rutinario es fantástico cuando es un lindo noviazgo de 2 años y no un matrimonio fallido de 20 años. El sexo es apasionado y aún abundante, hay confianza y esa persona siempre está ahí para ti, es genial de un modo que no es emocionante. Pero “emocionante” es siempre mejor que “seguro”, ellos no eran nuevas parejas, las emociones de los nuevos e interesantes descubrimientos habían pasado, pero regresaron esos días.

—¿Pau o Gaby? — preguntaba Fany emocionada, amaba ese nuevo juego sádico.

—Paulina — respondía Mario con seguridad.

—¡Claro que no! Gabriela está bien culona y chichona — decía Fany riendo y exigiendo explicaciones.

—Pero Paulina es virgen… Y tiene muy lindo trasero, no están nada mal sus nalguitas — decía Mario sin miedo.

—¿Solo por ser virgen? ¡Guarro de mierda! — decía riendo Fany y besándole la mejilla, inconscientemente recompensándolo, por ser honesto y por darle una deliciosa dosis de tortura.

—Sí te vi mirándole la verga al entrenador… Guarra — decía Julián sonriendo y Eliza derramaba su coca cola riendo a medio trago.

—¡Solo miré por curiosidad! No por morbo, es un señor ya — se excusaba la adolescente.

—Ah, pues que curiosa saliste — remataba Julián y reían.

—¿Crees que se atrevería a follarse a una alumna? — preguntaba Eliza, como si de pronto tuviera una epifanía sarcástica.

—¡Eliza! — decía Julián riendo incrédulo.

—¡Solo es curiosidad! — remataba la chica riendo también.

Ambas parejas redescubriéndose, como si de pronto fuera otra vez una fantástica y emocionante nueva relación, como si sus personas especiales hubieran ganado una profunda capa de personalidad nueva, Eliza y Mario empujando los limites con cada declaración, gozando de toda esa nueva libertad de poder hablar sin filtro, sin preocupaciones ni consecuencias, siendo más ellos mismos, más libres. Julián y Fany adentrándose apasionadamente en esa nueva faceta de sus parejas, disfrutando que podían ver dentro de verdad, que su relación era más honesta y real que la de cualquier otro en toda la escuela, sintiéndose maduros y muy adultos, hablando sin problemas con sus parejas sobre otras personas sexualmente, seguro que así son las relaciones maduras y adultas, ¿Verdad? Jajaja.

Todo era tan increíble, tan nuevo, tan interesante. Los 4 lo amaban cada uno a su modo, pero irónicamente sin acercarse al tema que había desencadenado todo, mejor ni mencionar a Eliza o a Mario.

Las amigas eran las mejores amigas de nuevo, ninguna insinuó nada siquiera, como si el problema se hubiera arreglado mágicamente, las charlas sexuales regresaron básicamente de inmediato, pronto Eliza estaba contándole a Fany sobre el excelente comedor de coño que era ahora Julián, cómo todo había mejorado, cómo era él tan complaciente ahora, Fany no dejaba de presumir cuánto adoraba ahora comerle la verga a Mario, hablando sobre su enorme tamaño ahora sin ningún pudor. Cómo si la relación de ellas también hubiera crecido en confianza y profundidad, pero sin siquiera insinuar nunca que fue gracias al turbio incidente. Cuando estaban a solas o con Paulina y Gabriela eran las mejores amigas otra vez, incluso mejores que antes. Fany ni siquiera preguntó por la nariz de Julián, nada, pero ABSOLUTAMENTE NADA que pudiera llevarlas por el tema, ambas preguntándose porque de pronto todo estaba bien, pero ambas suponiendo que la otra ya sabía todo, aunque ninguna teniendo el valor de preguntar, mejor así. Los 4 se mantenían tan lejos del tema, que cuando se acercaba Mario y ellas estaban juntas, Eliza ni siquiera miraba hacia donde estaba el chico y Mario usaba toda su fuerza de voluntad para no mirar el precioso culo de Eliza cuando ella se alejaba, era demasiado difícil no pensar en que tuvo ese precioso culo desnudo en la cara.

Los 4 estaban tan felices y retorcidamente agradecidos con la otra pareja, que incluso cuando Mario y Julián se encontraron solos en el pasillo 3 días después, se detuvieron un segundo, Mario miró a Julián aún con esa cosa en la nariz y se disculpó, le dijo que no debió golpearlo con tanta fuerza, pero que él (Julián) también se pasó de listo, Julián admitió su culpa y le dijo que no había problema, que lo merecía, rieron un poco, incluso chocaron el puño cuando se despidieron, claro, ni mencionar lo sucedido.

Ambas parejas disfrutaban esas retorcidas charlas cachondas sobre posibles infidelidades, por mensaje, por llamada, en persona y obviamente cuando follaban, aún más. Mario mirando fijamente a Eliza a los ojos cuando le metía la polla, ella hacia preguntas sobre con quién le gustaría follar y él respondía con confianza, perdían el control en la charla, dejaban de hablar y él se la follaba hasta terminar en el condón. Cuando Julián le comía el coño a Eliza, ella le contaba como se había masturbado un día antes pensando en aquel chico del equipo de básquetbol, él se subía sobre ella y se la follaba desesperadamente hasta terminar.

Las mamadas y comidas de coño se volvieron habituales en ambas parejas y para ambos lados, pero era evidente la jerarquía y que era mucho más habitual la labor oral por parte de los cornudos. Julián y Fany mejoraban su técnica a punta de práctica, los cornudos habían aprendido que someterse a sus parejas de ese modo les soltaba la lengua, se había vuelto una dinámica de poder muy clara que ambas parejas disfrutaban, el sexo había mejorado gracias a ese retorcido encuentro entre Mario y Eliza, pero fuera de la primera vez ya contada, ellos no habían vuelto a mencionarlo, los 4 tenían miedo de como terminaría esa charla. Así pasaron 2 semanas, y si Julián nunca hubiera visto eso en la galería de Eliza, te aseguro que nada nunca hubiera pasado otra vez, pero él lo hizo.

—Mmmm — pensaba Julián mirando a su chica posar — De perfil te ves mejor, se ve mejor tu lindo trasero — decía el joven y ambos reían.

—¿Así? — preguntaba Eliza parándose de perfil y levantando un poco el culo, sus lindas nalgas levantaban la falda escolar de tablones, dejando claro que ahí había un lindo trasero.

—Así mero — decía Julián tomando la foto y mirándola 2 segundos — Un poco más levantada la cadera tal vez — agregó el joven.

Eliza se empinaba un poco, terminando doblada sosteniéndose de sus propias rodillas, apuntando su lindo trasero hacia lo que sería el marco derecho de la foto, su culo lucía fantástico, dentro de sus nuevos juegos morbosos, estaba ese, él le tomaba fotos cada vez más atrevidas para sus redes sociales y luego ambos disfrutaban en secreto los comentarios, algunos inocentes, otros no tanto.

—Perfecto.

Decía él mirando morbosamente como el trasero de su novia se apreciaba bastante, ni él sabía porque le gustaba que ella se exhibiera así, su cornudo interior dominaba sus acciones inconscientemente.

—¿Otra? — decía la alegre muchacha, amaba tener a su fotógrafo personal y que él aprobara esas fotos.

—Espera — decía él entrando a la galería del celular.

Julián solo quería revisar la foto más detalladamente, tal vez hacer algo de zoom morbosamente y pensar cuántos buenos comentarios recibiría su chica por esa linda foto, pero de pronto se perdió, demasiado material ahí. Ellos se hacían muchas más fotos a raíz “del incidente”, ellos follando, ella desnuda o en ropa interior, él haciéndole cientos de fotos para redes sociales, sexis, pero vestida completamente y por último a veces se hacían fotos juntos en poca ropa. Incluso habían malabareado la idea de subir esa donde ambos estaban en ropa interior, ella sentada en sus piernas y él abrazándola, nada de poses eróticas exageradas ni enseñar demasiado, estaban en ropa interior, sí, pero apenas se veía medio cuerpo y él, con sus brazos, abarcaba gran parte de la piel visible de ella, al final decidieron que no, pero esas fotos seguían ahí, junto con las otros docenas de fotos que habían hecho esos días, muchas más que en todo su noviazgo de casi 2 años. Por eso él se quedó dudando ante todas las carpetas de fotos, antes jamás hubiera revisado más de lo necesario, él no era así, ni siquiera a partir de lo ya tan mencionado, pero no supo a dónde fue a parar la ultima foto, así que divagó, presionó varias carpetas, entraba y salía.

Hasta que entró en la carpeta de archivos descargados de Messenger, aquella carpeta donde estaban aún esos sucios videos con Mario, videos que él envió con desinterés solo para deshacerse de ellos, videos que honestamente Eliza no había visto, eran tabú, su testigo de aquella irreal tarde que no sabía si era una bendición o maldición, material que estaba en un limbo que aún no sabía que pensar al respecto, por eso los ignoró cuando los vio en su conversación con Mario, solo vació el chat después de descargar los videos sin saber exactamente porque los descargó, casi como si quisiera resguardarlos, ponerlos a salvo en su móvil, no lo pensó realmente.

Julián se quedo congelado viendo la miniatura, Eliza no podía estar más despistada, miraba a su chico, pero él hacía una buena póker-face. El chico miraba perplejo; pero sin alterarse. 2 miniaturas especialmente, aquellas donde su Eliza estaba en ambas de rodillas con una verga en la boca, en una de esas miniaturas con una verga que evidentemente no era la suya… Y presionó firmemente esa miniatura.

El video comenzaba y apenas él primer cuadro le dejaba claro que ESE de ahí no era él, grabado en primera persona apuntando a su Eliza de rodillas, una verga enorme, larga y gruesa le tapaba la cara a su chica, ella reía nerviosa en pantalla.

—¿Qué miras? — preguntó Eliza con genuina curiosidad acercándose al chico al escuchar su propia risa venir del aparato.

Él quiso correr con el celular en mano, encerrarse en el baño y ver todo a detalle aunque ella derribara la puerta a patadas, pero se quedó parado perplejo ante la vista de esa enorme cosa por encima de TODA la cara de su linda novia, en pantalla ella miraba atentamente el falo, hipnotizada, encantada, reía nerviosa, evidentemente hechizada por ese enorme pedazo de carne, debía ser la perspectiva, ¿Cierto? Tal vez la verga estaba demasiado cerca de la pantalla, y por eso parecía un deforme y enorme cilindro de carne con venas, no podía ser TAN grande, se sintió patético, Mario era súper guapo y encima tenia ESO entre las piernas, la genética es tan injusta. En medio de todo eso, sintió un enorme, retorcido y cruel placer en ver a su chica así de feliz, sí, pensó todo eso mientras ella caminaba hacía él, la mente es ágil.

Cuando Eliza miró la pantalla reconoció de inmediato el vídeo, se le fue su agradable color caramelo de la cara y se puso pálida.

—¡Julián! — dijo porque no supo que más decir e intentó arrebatarle el aparato de las manos, él se afianzó al celular con fuerza y le dio la espalda a ella para poder distancia, firmemente, sin poder parpadear siquiera aún viendo la pantalla — ¡Dámelo! — dijo ella aterrada manoteando con el chico.

Él se movía un poco, daba pasos firmes poniéndole la espalda a ella, sin soltar el aparato y sin despegar la mirada de la pantalla, ella forcejeaba con fuerza, pero una mujer de 50 kilos no puede imponerse fácilmente a un hombre, entre su terror Eliza notó que él sonreía, apenas, sin enseñar ni un diente, sin apretar los ojos o ni siquiera torcer los labios, pero ahí estaba, una muy tenue sonrisa inconsciente del chico que parecía no parpadear.

—¿Quieres que los veamos?

Preguntó ella nerviosa, bajando las manos, incluso dándole medio metro de lejanía corporal, él por fin alzó la mirada y la vio.

—…. Sí — dijo mucho más firmemente de lo que parecía que diría después de una pausa de medio segundo.

Ella sonrió nerviosa y se sentó en la cama, él paró el vídeo y tomó asiento a lado de ella, ni siquiera se miraron, ambas miradas fueron directamente al aparato apenas él se sentó a lado de ella. Julián regresó el vídeo desde el principio y presionó, no quería perderse ni un segundo, no estaba seguro de cuando podría volver a verlos o si podría volver a verlos, ambos miraban en silencio. En pantalla Eliza le chupaba la verga a Mario, reía, le decía que tenía una verga asombrosa y le lamia las bolas apasionadamente, ambos estaban hipnotizados viendo el vídeo. Julián pensando mil cosas, la diferencia tan evidente, lo superado que se sentía, lo injusto que era todo, lo cruel y lo cachondo que estaba, intentaba recordar; solo para torturarse mas, cuánto había tardado él en tener a su linda Eliza de rodillas frente a él, 8 meses, estaba casi 100% seguro, Mario lo logró en una tarde, no se decidía si amaba u odiaba eso. Ella solo disfrutaba, recordaba lo fuerte que sabia ese miembro viril y las increíbles caras de placer de Mario, no la invadían tantos sentimientos mezclados cómo a su novio, se sintió extraña por eso, como si quisiera sentirse más culpable o avergonzada, de pronto pensó en que la comparación de tamaños era evidente aunque no dijeran nada, la perspectiva estaba ahí, la enorme verga de Mario le abarcaba todo el rostro y ella se ponía a lamerle las pelotas al chico en el vídeo demasiado, se podía ver bien la enorme diferencia, se sintió mal por su chico, lo miró y no sabía que pensar sobre que él viera la pantalla tan atentamente, tan fijamente que él ni siquiera notó su mirada.

—¿Estás bien? — preguntó ella, sin saber si solo sonreír o reír, hizo ambas a medias.

—Sí… — dijo él despegando la vista un segundo del vídeo solo para sonreírle apenas a ella.

En pantalla ella hundía la cara debajo de Mario, le lamia las pelotas más profundamente, los húmedos sonidos invadían el cuarto, la enorme verga de Mario le abarcaba toda la cara a la chica y ambos se sentían avergonzados a su manera, ella de mirarse a sí misma siendo tan zorra, es vergonzoso confrontarte contigo mismo en un video pornográfico, él sintiéndose patético de ver ese enorme pedazo en la cara de su amada.

—Tiene una vergota — dijo ella avergonzada — Demasiado grande, ¿No? — agregó.

—¿O sea que no te gustó? Parece que te gusta — preguntó él con inseguridad.

—Bueno, es que hay límites — dijo ella rápidamente — Ya sabes, hay una diferencia entre “que lástima” y “me lastima” — dijo ella intentando reír.

—Yo creo que esa vergota te encantaría dentro de ti — dijo él nervioso con timing perfecto cuando el vídeo paró, justo a tiempo para confrontarla con la mirada.

—¡Nah! Eso así de grande ya no se siente bien, incluso Fany me lo ha dicho.

Dijo ella intentando con todas sus fuerzas sonar natural, sin mirarlo, incluso torciendo la boca con aparente desinterés.

Julián miró la galería, justo a lado del vídeo ya visto, pudo reconocer a su Eliza en cuatro patas, dio un dedazo y el vídeo comenzó. Ella en cuatro patas grabando hacia atrás con la cámara selfie, la cara del engreído de Mario bien metida entre las lindas nalgas de su novia, ella hacía algunos gestos y Mario hacía sonidos húmedos tenues con la lengua entre las nalgas de su linda chica, aunque con el silencio de ellos mirando atentamente, esos tenues sonidos húmedos, parecían escandalosos.

—¿Te gustó como te lamió? — preguntó él nervioso, mirándola.

—Lo haces mejor tú, la verdad — dijo ella sonriéndole, sintiéndose bien de no mentir en eso, él había ganado práctica esos días.

Julián dejó de lado el celular y besó a su chica, no soportaba ver a Mario con la cara metida entre las preciosas nalgas de su novia, eso era demasiado, de algún modo lo consideraba peor que ella chupándole la verga, como sino pudiera culparla por rendirse ante semejante pedazo de carne, era obvio que cualquier chica estaría feliz de hacerlo, no podía culpar a la suya por haber tenido la oportunidad y tomarla, pero que Mario tuviera la cara metida ahí, lo enfurecía, lo sentía mucho más íntimo, como si estuviera bien que ella le chupara la verga egoístamente porque para ella era divertido, pero le enfurecía que él hubiera tenido desnuda a su chica contra su cara y se sentía estúpido de pensar que ese idiota lo hizo primero que él, casi culpable de que ella tuviera que haber recibido ese placer primero de ese hombre y no de él, yo que sé, todos tenemos rangos diferentes.

Se besaron y desnudaron rápidamente, ambos estaban jodidamente cachondos, y ambos se sentían liberados de esa retorcida y deliciosa tortura de mirar los videos, se desvestían con velocidad de pie uno al lado del otro, ella se ponía de rodillas y le chupaba la verga de inmediato, él la retiraba avergonzado, como si no lo mereciera, como si no quisiera que ella le chupara la verga por compromiso después de haber tenido semejante manjar con Mario. La acostó sobre la cama, le abrió las piernas y ella le sonreía dispuesta a dejarlo complacerla, él hundió la cara y comenzó a darle placer rápidamente.

—Ahí, ahí — indicaba ella entre sus tenues gemidos, mirando a su chico devorarle desesperado el coño.

—Quiero que folles con él — dijo él nervioso, separándose de su coño solo para decir eso.

—No — dijo ella firmemente, nerviosa, orgullosa de ser tan firme, lamentándose de ser tan noble.

—¿Segura? No me enojaré — dijo él, haciendo exactamente lo mismo de solo retirarse para hablar claramente, pero regresando de inmediato.

—Sí te vas a enojar — dijo ella mirándolo fijamente — No es buena idea.

Dijo desesperada, clamando piedad con la mirada, como el rehabilitado que le rogaría a un antiguo compañero de drogas, que no le ofrezca más porque caerá en la tentación de nuevo.

Él notó eso en su mirada, instinto de cornudo, se levantó de su entrepierna, se puso las piernas de ella a sus hombros y entró de golpe en su novia, ella le clavó las uñas en los antebrazos y se mordió el labio para no gritar como una perra en el cuarto de su novio, siempre estaban los padres de él en la sala.

—Dale el coño — dijo él desesperado y follandosela de 0 a 100 en un segundo.

—¡No! ¡Julián! ¡No! — dijo ella mirándolo fijamente, él le restregó la verga tan profundo como pudo y ambos gimieron.

—No me enojaré, en serio — dijo él desesperado, ella solo lo miró.

Eliza miró hacía su coño, la idea le llegó de golpe, no lo había pensado hasta ese momento, veía obsesionada entrar la verga de su novio en ella, ¡Se sentía increíble! Estaba por tener un orgasmo tan, pero tan, rápido, era delicioso como él iba a buen ritmo entrando en ella por completo… Y la de Mario era mucho más larga y definitivamente al menos el doble de gruesa, lo pensaba obsesionada mientras miraba entrar y salir a su novio de ella… Sintió el orgasmo venirle, pensando más en aquel guapo chico que en su propio novio que estaba follandosela en ese momento, imaginando lo que Mario podría causarle y su coño la empujó.

—¿Seguro? — preguntó nerviosa mirándolo de nuevo.

Él enmudeció, le recorrió un escalofrío y le metió la verga de golpe, se arrepintió en un segundo, quiso hablar y solo balbuceó, le clavó la verga y ambos gimieron mirándose fijamente. Ella pudo notar la histeria y dolor del chico que la miraba confundido, no lo culpaba, ni ella estaba segura de que pensar, Eliza quiso tener piedad, sabía que si empujaba, él le daría lo que ella quería aunque no estuviera seguro, sabía que era ruin presionarlo, aunque él lo pidiera, sabía que él seguramente se arrepentiría, pero que le sería difícil retractarse, ella también sentía esa cachonda confusión todo el tiempo respecto a Mario, sabía que para Julián era peor, ella era quien ganaba más, ¿Correcto? Sabía que no debía presionar, que era egoísta, cruel y ruin, que era una decisión que debía tomarse con la cabeza fría, hablarlo por días y seguramente al final decidir que era mala idea, porque lo era… Pensó todo eso, pero no quería hablarlo con la cabeza fría y que al final decidieran que era mala idea.

—¿Seguro? ¿Julián? — insistió ella desesperada y él se acostó por completo ella.

La penetraba con fuerza y rapidez, buscando el esclarecedor orgasmo, mordiéndose el labio figuradamente para no decir una estupidez, su verga lo dominaba, peleaba fuertemente y no quería perder, debía follarsela más fuerte, que ella se callara, que él tuviera un orgasmo y volver a alejarse del tema, tenía pavor de sí mismo.

—¿Ok? Lo haré, ¿Ok? — dijo ella mirándolo fijamente, empujándolo al punto de que él solo dijera que sí.

—Ok.

Dijo él hundiendo la cara a lado de ella y así sin mirarla, le dio su bendición con un simple monosílabo, arrepentido en ese mismo segundo.

Ella lo abrazó, su coño se derretía de una manera tan deliciosa alrededor de la verga de él que solo le tomó 2 minutos venirse, una eyaculación tan firme y poderosa que tuvo miedo real de romper el condón, una eyaculación tan firme que ella sintió su verga palpitante dentro de ella Incluso a través del forro.

Se quedaron abrazados recuperando la respiración, por más largo tiempo que nunca, no querían mirarse las caras, confrontarse, ella sabía que él intentaría escapar, él sabía que ella no se lo permitiría, habían ido lentamente por ese terreno minado y él había pisado una mina, de algún modo durante esos días ambos sabían que pasaría en algún momento y sabían que se darían cuenta cuando sucediera, lo esperaban.

Él se levantó por fin y fue a tirar el condón a su retrete, ella permaneció desnuda y colocó su celular lejos de él, no se miraron cuando él regresó al cuarto ni cuando ella se recostó en su pecho y veían cualquier estupidez en Netflix, no dijeron nada del tema, ni siquiera cuando ella se fue 2 horas después.

Eliza no pudo dormir mucho esa noche, sabía que tenía que actuar rápida, pero sigilosamente, mortal, un tajo directo a la yugular, rápida y cuidadosa, como un ninja, porque si tardaba demasiado Julián recobraría la cordura y si no era cuidadosa, Fany no accedería, y por más ruin que te parezca Eliza hasta, créeme, ella no lo haría sin la bendición de ambos.

Lo pensó por horas esa misma noche, tenía el tiempo en contra, lo pensó concienzudamente, era crucial que haría, cómo lo manejaría. Era imposible que Fany y Mario no hubieran hablado de lo que sucedió ese día en casa de ella, absolutamente imposible, ¿Cierto? Fany no era una fría psicópata, no estaba más allá de la maldita curiosidad que nos acosa a todos y Mario parecía bastante culpable y temeroso aquella tarde que ella le dijo que Julián sabía que habían estado juntos, tenían que haberlo hablado. Tenía los ojos bien abiertos con la vista clavada al techo mientras estaba acostada, aunque realmente no miraba el techo, solo tenia los ojos puestos ahí, pensaba más. Ellas estaban bien ahora, de hecho parecía que mejor que antes, las buenas relaciones humanas son cómo el acero, el fuego las forja y les da forma, después de los incidentes toman nuevas formas, igual que el fuego puede reforjar el acero, si ellas estaban aún mejor ahora, debía ser porque Fany sabía todo, porque inconscientemente ahora compartían ese sucio secreto que las hacía aún más cercanas. No lo había pensado de ese modo, tuvo una epifanía de pronto, en esas semanas no había cuestionado su relación con Fany, solo estaba feliz de que hubiera mejorado y que Julián no la hubiera dejado, cuando estamos felices con alguien rara vez nos cuestionamos esas relaciones, volvieron las charlas felices otra vez y los buenos momentos, sobre todo las charlas sexuales. Ambas hablaban de los avances sexuales abiertamente, Eliza contándole cómo Julián no paraba de comerle el coño y Fany hablando sobre lo mucho que le encantaba chuparle la verga a su Mario ahora, incluso parecía hablar con bastante más orgullo sobre su enorme verga, ya no había pudor sobre el tamaño, esos avances orales nunca hubieran sucedido sin aquella tarde entre Eliza y Mario, y ambas lo sabían, Fany tenía que saberlo, era evidente, y si estaba bien con Eliza, era porque le había agradado también lo sucedido, era obvio, Eliza sonrió.

Así que después de esa concienzuda reflexión esa noche, su primer movimiento fue un sencillo mensaje a Fany, una cita para comer makis al día siguiente, bueno, específicamente un kimbap.

Las chicas llegaron ambas a tiempo, Eliza nerviosa, Fany por completo con la guardia baja, nunca pudo imaginarlo.

—Un kimbap mejor, sí traigo hambre.

Dijo Eliza con aparente naturalidad, Fany sintió una pequeña bandera roja alzarse de inmediato, recordó la estúpida charla cómica sobre ese largo y grueso rollo de arroz con sus amigas, Eliza siempre cuidaba no comer demasiado, especialmente carbohidratos.

El silencio invadió la mesa, Fany odiaba sentirse acechada. Recordó aquellas anécdotas de Eliza sobre cómo fue metiéndole la idea a su Julián sobre follar, parecía que el chico no llevaba prisa y ella sí, un poco al menos. Así que Eliza le contó a ella que comenzó a hablar sobre pornografía cómo un tema cómico, incluyendo en sus "graciosas charlas" ver pornografía cómo tal con él, después sentarse en las piernas del chico como algo completamente natural e inocente entre clases, sobre todo los días que ella llevaba esas apretadas licras de voleibol después del entrenamiento, luego intentar quedarse más tiempo a solas con él en su cuarto, aunque él estaba aterrado de que sus padres entraran en cualquier momento, usar tanga con la falda escolar porque eso hacía que la "redondez" de sus nalgas sobresaliera más, besarlo de una manera "más profunda" según decía ella, sabe Dios a qué carajos se refería. Eliza le contó cómo usó toda clase de artimañas para hacer que Julián fuera más allá. Fany recordó con rabia como su mejor amiga le dijo (sintiéndose muy lista) que Julián comenzó a estar más "tocón" y cariñoso que de costumbre, hasta que follaron, mientras ella fingía no estar lista durante algunos días y luego, una semana después, fingió caer ante las tentaciones de su Julián, habiéndole dado la victoria al chico, pero una victoria que vino de una total manipulación para llegar a donde ella quería, no es que Julián sufriera por eso evidentemente, y por supuesto que era gracioso como Eliza se lo contó riendo mientras ella la llamaba guarra. Pero ahora no era divertido en lo más mínimo, miraba a Eliza revisando su celular con aparente desinterés, odiaba pensar que se creyera más lista que ella intentando colarse en su mente, lo peor era ese sentimiento de emoción que sentía en el fondo de su cerebro primitivo, cómo si disfrutara por momentos el ser acechada.

Algunos minutos después el mesero ponía el enorme cilindro de comida sobre la silenciosa mesa, ambas miraban atentamente el enorme cilindro de arroz sin decir nada, ambas imaginando a Mario, pensado que definitivamente era muy atinada la comparación, ambas sabiéndolo de primera mano ahora, ambas sabiendo que la otra lo pensaba.

Eliza esperaba, Fany alzó la mirada y se topó con la de su amiga, bajó de inmediato los ojos.

—Ahora siempre que veo un kimbap me acuerdo de tu novio — dijo Eliza nerviosa, casi en voz baja, sin mirar a Fany.

—¿Ya no dices "maki coreano?" — respondió Fany nerviosa de inmediato, esquivando rápidamente a Eliza.

—No... Ahora le diré “rollo de Mario” o “Mario de arroz”, no me decido aún — respondió ingeniosamente Eliza, siempre una respuesta ingeniosa, Fany amaba eso normalmente, hoy no, ninguna rio.

—Guarra — dijo Fany, más por llenar el silencio que otra cosa, se atrevió a tomar un pedazo por fin y lo engulló de una.

—Es curioso, ¿No? — dijo Eliza comiendo un pedazo ella misma, Fany sintió fastidio, pero accedió a tomar el anzuelo.

—¿Que cosa?

—Cómo todo mejoró con nuestros novios a partir de mi cita con Mario — dijo Eliza eligiendo cuidadosamente sus palabras, Fany lo sintió como una granada "MI CITA CON MARIO".

—Jaja eso no fue una cita — respondió de mala gana, no se miraban, el juego comenzaba.

—Mmmm fue bastante cómo una cita — decía Eliza, esperando que Fany pícara otra vez.

—Estás loca — respondió riendo forzadamente.

—¡Es verdad!

Dijo riendo nerviosa, sonriendo y buscándole la cara a Fany, una negociación complicada, no quería que su amiga se enfadara, porque eso la haría retroceder 10 kilómetros de dónde la quería poner y porque era su mejor amiga, quería obtener su bendición y aunque estaba dispuesta a maltratarla un poco, no estaba dispuesta a enemistarse con ella.

—Fuimos al cine, comimos... — seguía Eliza, yendo cada sílaba más y más despacio, buscando reacción, Fany comía, no la miraba —... — silencio de un segundo — Fuimos a mi casa... — su amiga alzó la mirada exactamente cuando ella quería — Incluso "vimos Netflix" — dijo riendo nerviosa y entrecomillando escandalosamente, insinuando sin sutileza, Fany bajó la mirada aterrada.

—¿A qué hora se fue él de tu casa?

Preguntó Fany aterrada, entre todos los sucios y deliciosos detalles que le dio Mario aquella irreal tarde, sobre lamer y correrse en la cara de su mejor amiga, ella nunca preguntó a qué hora se fue de ahí, no se atrevió, saber cuánto tiempo había estado con su mejor amiga lo volvería más real, saber si fue mucho tiempo la haría pensar cosas que no quería, nadie queremos la apestosa realidad, solo la divertida fantasía y los deliciosos detalles sin preocupaciones, por favor.

—Mmmm ¿No te lo dijo?

Preguntó Eliza nerviosa, sabía que tenía que tenía que ser muy cuidadosa con sus palabras, solo hacerle saber lo necesario y pertinente para su plan, solo sacar la charla para intentar buscar el hueco, no comenzar una serie de declaraciones desafortunadas, ni una sola palabra más, y también estaba la mínima (pero real posibilidad) de que Fany no lo supiera, eso no solo arruinaría su plan, sino que también la dejaría sin amiga.

—No, ¿A qué hora se fue? — preguntó mirándola fríamente, necesitaba saberlo.

—Emmm bueno, no tan tarde — balbuceaba Eliza y el gato quedaba acorralado por el ratón.

—¿Entonces no viste a Julián ese día? No me contaste si usaste la pastilla — dijo la más fea con honesta curiosidad, de pronto le surgían mil preguntas que no se había hecho por alguna razón, sanidad mental tal vez.

—No, no, le cancelé — respondió sin pensar.

—¿Para estar con Mario? — preguntó sorprendida, emocionada, confundida, celosa, de algún retorcido modo se sentía halagada.

—Sí... — dijo nerviosa, miró a Fany y estaba ahí mirándola fijamente.

Eliza se acomodó en su silla, se puso cómoda ante la retadora mirada de Fany, al carajo su plan, al carajo su manipulación y diálogo quirúrgico, su mejor amiga merecía que ella fuera frontal, la respetaba y amaba.

—La cosa con Mario se puso interesante — dijo Eliza sonriendo con naturalidad.

—Guarra — dijo Fany sonriendo, aliviada, notó por completo el gesto de su amiga, se abría de verdad, era su amiga de nuevo, no una fría cazadora, rieron ambas.

—¡Oye! Necesitábamos tiempo... Y él también es bastante guarro, ¡Eh!

Dijo Fany y fue la catarsis perfecta, rieron aliviadas, mirándose, en complicidad otra vez, juntas en el mismo equipo, no antagonizadas.

—Ok, wey — dijo Fany mirándola con el mentón en alto.

—¿"Ok" qué? — preguntó sonriendo Eliza.

—Cuéntame, obviamente quieres hacerlo — dijo Fany comiendo un pedazo de kimbap.

—Y tú ahora sí quieres escucharlo — respondió sonriendo, su amiga se encogió de hombros sonriendo, ambas rieron.

—Follaron, ¿Verdad? — preguntó Fany nerviosa y astutamente en modo trampa, de pronto saber que Mario hubiera mentido sobre eso sería fatal... ¿O jodidamente cachondo? Carajo.

—¡No! — respondió histérica mirándola fijamente — ¿Él te dijo eso? — reía nerviosa.

—No, pero quería ver si él había mentido — respondió riendo Fany, no sabía si estaba más aliviada o decepcionada, carajo.

—¡Hey! Jajaja ¡No me hagas trampa!

—Bueno, entonces cuéntame... Todo.

Dijo Fany agarrándose figuradamente a su asiento, en teoría lo sabía, pero todos sabemos que una historia contada desde la otra perspectiva, es prácticamente otra historia.

—Ok.

Respondió Eliza sonriendo con sencillez, una retorcida y morbosa emoción las invadió al saber que volverían a compartir notas sexuales como siempre, aunque era evidente porque esta vez era más emocionante.

Eliza comenzó con los pormenores poco interesantes, cómo una buena historia, comenzó por el principio. Incluso contándole cómo Mario le abrió la puerta del taxi al entrar y salir, como él pagó los boletos cortésmente sin preguntar, la incomoda película, con esa horrorosa escena sexual de 7 minutos y medio, reían, Fany sentía la confianza de decirle que prosiguiera y Eliza sintió el deber moral de decirle a su amiga que se recostó sobre el pecho de su novio la mitad de la película, Fany intentó no parpadear cuando Eliza lo dejó caer.

Le contó sobre la hamburguesa después de la película y sobre el helado también, aunque no se atrevió a decirle que ella ya tenía pensamientos oscuros en este punto, no le dijo que disfrutó tocar la mano de su novio fingiendo preguntarle por las pulseras, se sintió lo suficientemente bien en su moral contándole únicamente los hechos, pero sin desvelarle su pensar en ese punto.

Bajaba la velocidad, ambas lo hacían, porque cuando Eliza terminó de contar sobre el helado ambas sabían que se acercaba lo peligroso. Eliza alargaba cada hecho intrascendente hábilmente, como que esperaban el taxi y tardaba demasiado, Fany hacía bromas, quedándose ahí, teniendo pánico y ansiedad por qué su amiga continuara con la historia.

—Vayamos a la tienda de ropa, quiero algo — dijo Fany de pronto, el kimbap se había terminado hace tiempo.

Las preparatorianas pusieron un alto a la historia y revisaban los jeans, shorts y blusas, siempre lo hacían con todas sus anécdotas sexuales, las dosificaban, parecía lo correcto también esta vez. Así que bromeaban con naturalidad aunque esa extraña emoción y nervios no se iban, ambas sabían que la historia estaba en pausa y ambas sabían que cuando regresarán a ella vendría lo mejor/peor.

—Mmmmm ven, vamos a ver las tangas, necesito nuevas — dijo Eliza de pronto.

Revisaban con risitas nerviosas, la adolescencia es esa etapa curiosa dónde las personas queremos vivir como adultos, pero aún nos queda mucho de niños y se nos sale sin querer. Eliza tomaba unos lindos cacheteros azules con encaje.

—Usas muchos de esos, ¿Verdad? Cuando nos pusimos pedas y dormiste en mi casa llevabas unos de esos, casi idénticos — dijo Fany intentando ser madura.

—De estos o estilo bikini — respondía con el mismo tono — Las tangas de hilo están medio incómodas — se miraron medio segundo — Deberías comprarte unos iguales, se ven lindos — dijo con sencillez, Fany pensaba — ¿Qué?

—¿Llevabas unos cuando...? ¿Mario te vio con unos de esos? — preguntó riendo nerviosa.

—Emmmm este... O sea sí llevaba unos de estos, pero él no me los vio puestos, es qué... — balbuceaba torpemente.

—Mejor ahorita me cuentas bien — recompuso Fany, se dio cuenta de que era una terrible idea spoilearse tan emocionante historia.

—¡Sí! — respondió igual de emocionada, reían — Sí deberías comprarte unos de estos — finiquitó Eliza entregándole los que llevaba en la mano.

Las chicas pasaron por caja, fueron por un helado, ambas sabían que terminarían la noche en casa de Fany, en su cuarto, contándose el chisme, como hacían siempre cuando el chisme era demasiado bueno, porque así era mas divertido, más íntimo, más personal, ¿Y que cosa más íntima y personal que esta?

Así que las chicas terminaron su helado y tomaron el taxi, hablaron sobre cualquier cosa hasta que llegaron a casa de Fany, saludaron amablemente a su madre y subieron al cuarto. Fany se sentó en la cama, miró a Eliza, ella tomó lugar a lado de ella.

—¿Y la segunda parte? — dijo Fany riendo nerviosa.

—Sí.

Respondió Eliza con naturalidad aparente, el corazón a tope. Hizo una pausa, rio un poco. Alzó la cabeza y suspiró, Fany intentó no moverse, no reír, no parpadear, todo en silencio.

—Lo lleve a mi casa, bueno, él se acomidió a acompañarme hasta la casa, es muy caballeroso tu novio — dijo Eliza sin mirarla.

—Es súper lindo él — respondió Fany emocionada.

—Yo la neta no lo iba pasar... No sé we, se sentía raro pasarlo a la casa — dijo mirándola, sonriendo nerviosa.

—¿Por qué tú ya querías hacer algo? — preguntó con seriedad.

—Creo... La verdad sí — dijo sintiéndose aliviada, todos contamos historias a todos, pero pocos contamos la intención detrás de nuestros hechos en esas historias, Fany asintió — Pero él me dijo que quería pasar al baño, yo estaba como "¡No por favor! ¡Lárgate de aquí, hombre hermoso!" — dijo liberada, Fany reía nerviosa — ¿Crees que él haya tenido ya alguna idea? — preguntó con morbo.

—No lo sé... Él nunca dijo nada de ti antes, pero jamás dice nada de ninguna por mis celos — respondía honestamente — Pero tienes mejores nalgas y chichis que yo wey, y él es hombre a final de cuentas — remató cómicamente.

Eliza no supo que responder ante el retorcido halago acompañado de sumisión, ¿Que se hace? ¿Se da las gracias? ¿"Gracias por admitir que le gustan más mis nalgas que las tuyas a tu novio"? ¿Se intenta recoger del piso a la amiga cornuda que se tiró ella misma? Eliza solo rio nerviosa.

—Entró al baño ¿Y...?

—Salió, platicamos un poco... Luego le cancelé a Julián, bueno, lo pospuse un poco y él se emberrinchó y ya no quiso ir — dijo rápidamente.

—¿De verdad le cancelaste a TU NOVIO para estar con MI NOVIO? — dijo remarcando las palabras y ambas rieron fuertemente.

—¡Sí! ¡Soy la peor! Jajaja.

—Yo también le cancelaría a Julián para follar con mi novio — dijo y reían más — Sin ofender — agregó, pero rieron aún más.

—¡Cállate, piruja! Jajaja.

Eliza permitía el gesto de "mi novio está más bueno que el tuyo", porque también tuvo el gesto de "tienes mejor culo que yo".

—Además, no follamos — agregó Eliza.

—¿Pues que hicieron entonces?

—Estábamos viendo Netflix, de verdad solo viendo Netflix — reían — Luego la neta, la neta... Me lo besuqueé... ¡Ja! — dijo nerviosa, la cara roja, sonrisa idiota, viendo el piso, Fany no se movió — ¿De verdad quieres que te cuente TODO? — dijo por fin mirándola.

—Todo — respondió con seriedad — Cero consecuencias — agregó emocionada, Eliza asintió.

Eliza comenzó nerviosa, abriendo esta vez su psique a su amiga, comentándole lo que pensaba en el momento, lo emocionada que estaba, que la disculpara por no pensar en ella, pero que el momento no estaba para eso. Lo que comenzó cómo una tímida confesión, fue escalando en una divertida charla, emocionante, Fany haciendo preguntas, Eliza respondiendo sin pudor, llegaron a lo sexual y de pronto Eliza hablaba de lo maravilloso que era el novio de su amiga, de cuanto había disfrutado chuparle la verga, Incluso bromeando sobre que la corrida de Mario sabía realmente asquerosa, que debería ir con el doctor, reían, platicaban cómo buenas amigas, casi olvidando en segundos de quién hablaban específicamente.

—Me comió bastante bien el culo para ser supuestamente "su primera vez" que lo hacía, ¡Eh! Jajaja — decía por ahí Eliza y Fany reía ruidosamente.

—¡Cállate! ¡No me malviajes con mis celos! jajaja.

—Y creo que es todo... Se fue como a las 10 y media de la noche.

—Fue un buen rato... ¿Cómo desde las 6 y media dices? — confirmaba Fany nerviosa, el coño le goteaba.

—Sí.

—¿Por qué no follaron? Estás bien pendeja — agregó cómicamente la más fea.

—Jajajaja ¡Perdón! — reían como locas, Eliza vio el ansiado hueco — La próxima te juro que no se va sin metérmela — agregó riendo nerviosa, Fany paró de golpe.

—No habrá próxima vez, pinche loca jaja — reía forzadamente.

—¿¡Por qué no!? ¡Por favor! — dijo Eliza riendo, desesperada, emocionada, cachonda, al carajo la dignidad, si tenía que rogar, lo haría de rodillas si hacía falta.

—¡Por qué no! ¡Estás loca! — dijo intentando reír, le aterraba ver lo animada y dispuesta que estaba Eliza, literalmente la tenía tomada del brazo en un amago de rogar.

—¿¡Ya que más da!? ¡Ya hicimos básicamente todo lo demás! Jajaja — agregaba nerviosa.

—Sí... — paró un segundo — Le chupaste la verga antes que yo y te comió todo a ti, antes que a mí, tú lo sabías y lo usaste para convencerlo — dijo casi ofendida.

—¡Uy sí! No sabes cuánto tuve que rogarle — respondió Fany a la defensiva.

—Él me dijo que literal le rogaste para que te follara y aún así no lo hizo — argumentó alzando los hombros.

—Pero pude... Yo que sé, pude convencerlo si hubiera querido — dijo herida.

—¿Y según tú por qué no quisiste?

—Porque él parecía demasiado nervioso... Y por ti... — dijo parando y la miró, haciendo ver qué algo venía, Fany esperó — Pienso que lo mejor sería hacerlo únicamente si tenía tu bendición o algo así, por eso no quise presionar demasiado — dijo mirándola, parecía honesta.

—Es que... No creo que él quiera, primero tuvimos una pelea por eso, luego me contó y estábamos bien, luego ya no lo hemos hablado más y no hagas preguntas de porqué, solo no sé, no lo hemos hablado más.

Dijo Eliza a súper velocidad. Había muchas cosas que no se había cuestionado sobre su relación con Eliza, pero no dejaba de cuestionarse el porqué ella y Mario se mantenían a kilómetros de distancia sobre el tema de Eliza. Todo eso le salió fácilmente porque así lo tenía, tan presente. Lo dijo aturdida, acorralada, estaba a punto de caer y no quería.

—Además no quiero ni que le hagas eso a Julián ni que haya pedos... ya ves cómo le rompió la nariz — remató y disfrutaban el pequeño alivio cómico con risitas.

—Emmmm Julián está de acuerdo... Me dijo ayer — lo dejó caer, Fany la miró fijamente.

—¡No, no! Pero... ¡No! No es buena idea... — balbuceó desesperada, el único clavo ardiendo al que se agarraba; que no hubiera bendición de Julián, desaparecía.

—Bueno, pero si él está de acue-

—No, Eliza, por favor... — rogó con la mirada.

—Pero... — paró al ver la mirada suplicante de su amiga, vio esa misma emoción y confusión que en los ojos de su Julián, esa súplica que le dijo que no siguiera porque aceptaría, y en lo que su novio pudo ignorar cruelmente, en su mejor amiga no — Sí, ok, ni modo — finalizó sonriendo dulcemente.

Las chicas bajaron a cenar al grito de la madre de Fany que las sacó de ese lugar incómodo con timing perfecto. Después de 2 minutos de estar degustando la deliciosa lasaña y algunas preguntas amables de la señora hacía Eliza, las chicas eran las mismas. Eliza contemplaba a Fany riendo, lástima, eso de follar con Mario le quitaba el sueño de buena manera, pero amaba a esa chica frente a ella, más que a Julián, más que a sí misma, más que al deseo de follarse a Mario sin duda, era lo correcto. Y así las amigas se despidieron con un beso en la mejilla y un abrazo profundo cuando Eliza se fue en taxi una hora después.

—¿Y como te fue? ¿Qué cuenta Eliza? — preguntaba Mario en el teléfono, la pregunta que ya no le incomodaba a Fany, de pronto la puso alerta de nuevo.

—Nada, ¿Qué haces? — cortó abruptamente.

—Jajaja ¿Que fue eso? ¿Pelearon? — preguntó con naturalidad el sexi adolescente.

—No... Sí, no... — balbuceó torpemente, Mario lanzó una risita dando espacio — Me contó lo que sucedió esa tarde — dijo rindiéndose y literalmente se sentó en la cama para enfocarse con el teléfono en la oreja.

—Oh, ya veo — dijo sin más risitas el joven — Pero yo te conté todo, no debió haber peleas — se cubría del posible golpe.

—¡No, no! No te preocupes, no peleamos exactamente por eso... Es que no peleamos como tal.

—... ¿Quieres hablarlo o...? — preguntó nervioso, ¿Eso cuando presientes que va sobre ti el asunto y quieres saberlo, pero no quieres presionar? Eso.

—Me dijo que quería follar contigo... — silencio total, 2 eternos segundos así — Me pidió permiso básicamente — remató exigiendo reacción.

—¡Oh! ¿En serio? Jajaja obvio dijiste que no — dijo nervioso, se pegaba con fuerza el teléfono a la oreja.

—¿"Obvio dijiste que no"? — reclamó ella sabiendo que eso era un anzuelo y no una negativa — ¡Tú deberías decirme directamente que no, que es una locura! — apretó los dientes con rabia.

—¡Sí, sí! ¡Obvio! ¡Por eso sé que dijiste que no! — se excusaba de inmediato.

—¿Lo harías? — preguntó sin siquiera dejarle terminar bien.

—No — respondió él de inmediato.

Fany no supo si creer, pero eligió que sí, Mario se sintió aliviado de que el tema se cambiara rápidamente y así la charla no duró mucho más, ambos huyeron del otro por sus propias razones y fingieron intentar dormir. Ambos espiando al otro en WhatsApp, viendo que aún estaban conectados en momentos. Mario anhelando ser más listo, poder conducir la charla, decirle algo que la hiciera cambiar de opinión, hacerle ver qué no era la gran cosa, bueno, más bien hacerle creer eso, una oportunidad inmejorable, ¡¿Que adolescente no querría un buen culo y encima tener la bendición de su novia para tomarlo?! ¡Carajo! Era idiota por no saber darle la vuelta, nunca se sintió más imbécil, ¡Doblemente carajo! ¡El culo de Eliza estaba hermoso! Ojalá no hubiera borrado los videos, eso daría consuelo ahora mismo al menos, pero el joven fue cobarde y no tuvo ni una sola idea que no terminara en desastre en su mente. Arrojó su celular frustrado en un cajón, no quería verlo, tomó su verga y se decidió a darse alivio.

Fany más bien esperando algo, cualquier cosa, que Mario le dejara claro que él no quería hacerlo para ella poder dormir bien, que él la hiciera sentir segura, ellos podrían verse a espaldas de ella, ¡Claro que sí! Había sido tan idiota, no, no, ¡Él era el idiota por no hacerla sentir segura!... Pero luego la noche avanzó, sus crueles pensamientos de cornuda la abordaron y anhelaba que él tuviera huevos de una vez y le dijera que se iba follar a su mejor amiga quisiera o no, que le dijera que ella tenía la culpa por ponerle el culo de Eliza en bandeja de plata y que él no era un pendejo como para no tomarlo, que se impusiera como el macho de la relación, retorcidamente lo anhelaba, se tocaba pensándolo, ojalá pudiera meterle la idea en su cabeza, no quería decírselo, no quería dejárselo fácil, le excitaba que él se impusiera, no solo decírselo, quería que él lo hiciera, meterle la idea de algún modo de que él hiciera lo que quisiera, hacerle saber de algún modo que ella estaría bien, no tuvo el valor de decírselo... Pero un demonio de la lujuria interfirió y mientras Fany se tocaba con esos retorcidos pensamientos, un mensaje de Eliza llegó.

—Mira esta pendejada jajaja — escribía la linda morena, enviando un meme estúpido, Fany ni siquiera lo vio.

—Pásame los videos — escribió Fany apenas abriendo la conversación.

—¿Cuáles videos? — escribió Eliza nerviosa sabiendo perfectamente de que hablaba, Fany alzó los ojos con fastidio.

—Mario me dijo que grabaron videos, pásamelos y haré que te folle hasta dejarte idiota — escribió histéricamente.

Mensajes leídos, "escribiendo"... "Escribiendo"... Fany se desesperaba con el pasar de los segundos, de pronto Eliza dejó de escribir, Fany sintió el corazón un puño, aparecieron los videos en la conversación y sintió una punzada en el coño al verlos.

—Ya dijiste, ¿Ok? — escribió Eliza respondiendo al intercambio de su amiga.

Fany apagó el wifi del celular rápidamente para no ser molestada ni interrumpida cuando confirmó que los videos estaban en su galería, Eliza se quedó esperando una respuesta y al ver qué Fany huyó se emocionó. Tomó una captura de la conversación y se la envió a su Julián, quien jugaba videojuegos sin pensar en eso, pero cuando vio la captura hizo lo mismo que los otros 3, comenzar a masturbarse. Y así los 4 adolescentes acabaron su noche del modo en que lo hace la mayoría de adolescentes, masturbándose con intrincadas e irreales fantasías, aunque estos eran afortunados, su peculiar fantasía tan irreal parecía factible.

Fany y Eliza se saludaron por la mañana en la escuela, con naturalidad, con descaro mutuo sabiendo lo que se cocinaba, se acostumbraban a ese mood de hacerse idiotas mientas la otra lo sabia, ambas sabían que era demasiado pronto para decir nada. El cornudo y el semental se cruzaron por el pasillo, ¿Qué sabría el otro sobre todo el asunto? A Mario no le importaba, tomaría el culo de Eliza con o sin conocimiento ni bendición de Julián, con que su chica diera la señal, él saltaría, Julián no pensaba arruinarlo por ningún motivo, menos uno tan estúpido como incomodar a Mario, se ignoraron.

Cuando las parejitas se encontraron, decidieron fingir demencia también. Mario sabiendo que era demasiado pronto para retomar el tema, Fany sin saber cómo retractarse de lo dicho a Mario, Eliza no quiso abrir la boca con Julián hasta tener alguna novedad importante, de hecho, se arrepintió de haber enviado esa captura de pantalla tan precipitadamente a su Julián, si Fany se arrepentía de nuevo, ella le decía a Julián que todo se cancelaba y luego Fany recapacitaba, sería una pesadilla volver a planteárselo a Julián, mejor solo abrir la boca cuando hubiera novedades. Y Julián pasaba de la emoción y cachondez histérica a la rabia y celos enfermizos, ya sabes, un día típico de adolescentes con sentimientos confusos.

Así los 4 jóvenes fingieron normalidad un día más durante sus clases, los 4 aguardando un momento que no sabían si llegaría ni si lo reconocerían cuando lo vieran. La chicharra final sonó, tocaba entrenamiento de nuevo, pero esta vez de voleibol. Mario y Julián asistieron religiosamente cómo siempre, porque ahí estaban sus amadas y porque ningún adolescente se perdería la oportunidad de ver a sus compañeritas en licras apretadas. Las chicas salían del vestidor, las gradas aplaudían un poco, 28 jovencitas luciendo unas preciosas, diminutas y apretadas licras rojas, muchos lindos culos que ver, unos ligeros brasieres deportivos, unas calcetas largas y nada más que estorbara la vista de las partes importantes.

La mayoría del entrenamiento pasaba sin pena ni gloria, hasta que por rotación quedaron Fany y Eliza una al lado de la otra. De inmediato los novios se pusieron alerta, aunque cada uno de los jóvenes estaban literalmente hasta el otro lado de las gradas uno del otro, ambos miraron con atención en sincronía.

Vino el saque y ambas chicas se empinaron al mismo tiempo, solo pasaron 2 segundos antes de que se tuvieran que mover, pero 2 segundos son más que suficientes para ver bien si estás viendo atentamente.

La diferencia quedó clara, ni Julián se había fijado nunca demasiado en la desabrida Fany porque no había razón, ni Mario se había fijado en Eliza en los entrenamientos porque antes no tenía las turbias razones actuales.

Las pequeñas y planas nalgas de Fany perdían forma en esa posición, como ya lo sabía Mario de haberla visto en cuatro patas tantas veces, no sobresalía carne a los lados, el hueso pélvico se marcaba, como si quedarán "picudas" las nalgas de la chica de Mario. Pero era aún más dolorosamente obvio junto del perfectamente redondo y lindo culito de Eliza. Una forma tan preciosa, parecía que sus nalgas daban forma a las licras y no al revés, parecían hechas a la medida, la delgada tela se metía entre las hermosas nalgas de la chica resaltando la curva. Mientras que en su Fany las licras solo parecían un pedazo de tela apretada y lisa, en Eliza daban forma de una manera deliciosa. Aunque no parecía que las caderas de Eliza fueran más anchas que las de Fany, el volumen total de su culo sí era superior, eso restante fuera de la anchura de sus caderas, desbarbándose un poco por los lados, solo era carne, las piernas más definidas y gordas cerraban el trato.

Ambos jóvenes se quedaron con la imagen todo lo que sobró del entrenamiento, Mario pensando que tenía que tomar ese culo, lo merecía, más aún, Eliza merecía que él la tomara, porque él era el macho superior de la especie, porque tenía la verga más grande que su novio y porque seguramente se la follaria mejor que él, era más guapo y tenía mejor cuerpo, es como si le hiciera un retorcido favor a Julián, darle todo ese placer que él seguramente no podía. La recordaba extasiada de rodillas frente a él, ella lo necesitaba y él iba a dárselo.

Julián divagaba pensando en lo superior que era su chica, un culo mucho mejor que el desafortunado trasero de Fany, una forma muchísimo más agradable, recordaba que su novia le contaba que Fany no era de dar mamadas, no hasta "el incidente" al menos, pero no importaba que Fany lo hubiera hecho diario desde entonces, 2 semanas no se comparaban a más de medio año de experiencia, menos aún a la buena actitud de su chica en chupar polla, evidentemente Eliza era una chupa vergas muy superior y en el apartado de tetas, bueno, eso siempre le quedó claro desde que Fany uso ese ridículo escote en aquella fiesta de Saraí, los chicos hicieron chistes crueles sobre que Fany llevaba ahí aire y nada más. Mejores piernas, un vientre plano y un rostro más lindo ponían a su chica muy por encima de Fany, Mario obtendría una mejora substancial sin duda al follarse a su Eliza... Y por alguna turbia razón, pensar que Mario disfrutaría más con su Eliza que con su propia novia, le ponía cachondisímo. Ambos decidieron que tenía que pasar.

El pitazo final de la entrenadora despertó de su sopor a los jóvenes, las gradas aplaudían el insípido partido y las chicas iban al vestidor. Las mejores amigas tomaban los lockers de la esquina como siempre. Fany se tocaba el tobillo sentada en una banca a un lado de Eliza, le dolió un poco al final, alzó la vista desde abajo y se topó con su amiga. Eliza tenía el pie más cercano a ella sobre la banca, arreglaba las agujetas de sus tenis, la contempló mejor que nunca antes, de perfil con una pierna sobre la banca y en esa ligera ropa podía verla bastante bien. Incluso la vio aquella vez en bragas cuando estuvieron ebrias y Eliza durmió en su casa para evitar un castigo, pero nunca la vio tan atentamente como hasta ahora, esa noche solo reían cómo idiotas y se quedaron dormidas sin darse cuenta, ni siquiera se puso a pensar en eso la noche anterior masturbándose cuando miró los turbios videos, estaba demasiado ocupada tocándose y corriéndose cómo loca.

Miraba atentamente el culo algo pequeño, pero perfectamente redondo de Eliza. Una curva perfecta se le marcaba a su amiga de perfil, todo estaba bien delimitado, sus muslos terminaban dónde debían y ahí empezaba esa preciosa curva firme de su culo y cerraba fuertemente en su delicada espalda. Fany recordaba amargamente mirarse a ella misma en el espejo así mismo de perfil y le frustraba que pareciera que su espalda llegaba hasta sus tobillos, las piernas bien torneadas de su amiga mejoraban todo. La chica se reincorporó y sus lindas tetas rebotaron un poco, su amiga pasaba las manos detrás para arreglarse el cabello y esas 2 lindas toronjas se veían aún mejor así levantadas, firmes, pero completamente redondas, parecía que el brasier deportivo le quedaba algo apretado. Su vientre, plano, no como ella con su pequeña barriguita de bebé, además a Eliza se le marcaban unas lindas líneas oblicuas por los lados, definiendo bien su cintura, aún siendo tan delgada, quedaba clara la forma femenina de la chica. Fany se sintió idiota de siempre haber pensado que era del "tipo" de Eliza, pero ahora, en 2 segundos de simple contemplación en ropa ligera, le quedaba claro que sí, era del "tipo" de Eliza, pero que ella era la versión austera y su amiga era la versión deportiva y cara.

Salieron de ahí, Eliza intentó buscarle la cara, hablar del tema, no había habido tiempo ni oportunidad y sabía que muy seguramente dejar que Fany lo pensara demasiado le jugaría en contra, pero no hubo modo, la chica parecía absorta en sus pensamientos, cuando apenas salieron de ahí, Julián la esperaba, Fany apenas se despidió y la vio a lo lejos encontrarse con Mario.

Las parejitas se entregaban a los placeres de la carne por la tarde. Cómo buenos adolescentes apenas unos minutos después que estaban a solas comenzaron a tocarse y disfrutarse. Eliza y Julián cómo siempre a medio gas en el cuarto del chico con la puerta cerrada y los padres abajo, Mario y Fany disfrutándose sin limitantes en la solitaria casa de Fany. Los 4 con el tema en mente, irónicamente los 4 queriéndolo sin saberlo, cada uno con sus peleas internas y deseos, los 4 aún esperando ansiosos por el momento idóneo para atacar, porque la juventud tiene muchas virtudes, pero la paciencia no es una de ellas.

Fany y Mario habían terminado el primer apasionado round, reían, jugueteaban y la chica le traía algo de beber a su hombre, ambos jóvenes habían resistido cómo campeones mencionar el tema y con la claridad que daba el orgasmo ambos ahora se sentían liberados, Mario pensando que no valía la pena arruinar eso que tenía con ella, era fantástico, increíble, sí, un buen culo es un buen culo, pero el amor es bastante mejor. Fany pensando que era una idiota por siquiera haber pensado en compartir a ese impresionante chico que estaba acostado y desnudo en su cama a lado de ella.

Pero todo es contexto, y el contexto de todos es diferente, mientras que ellos estaban ya tranquilos y con la mente clara, Eliza estaba sentada en la cama de Julián, solo llevando el brasier deportivo y nada más, mientras que su chico estaba de rodillas con la cara metida entre sus piernas, torturándola, usando la lengua de 2 maneras diferentes.

—¿Entonces cuando? — preguntaba el chico, solo salía de entre las piernas de la chica para tomar aire y hablar.

—No sé… Es que… — intentaba hablar, la lengua de su chico en su clítoris entorpecía la suya.

—¿No quieres su vergota? — decía el joven y regresaba de inmediato a su labor.

—Mucho.

Respondía Eliza gimoteando un poco y acariciando la cabeza de su novio, ahora le gustaba quedarse así, sentada, tal vez el placer físico era mayor cuando ella estaba recostada, descansando el cuerpo, solo gozando. Pero estar sentada frente a él le hacía sentir superior a su hombre y valía el pequeño sacrificio.

—Entonces díselo, pregúntale que cuando — insistía el joven que se jalaba la verga con una mano fuertemente.

—Es que… No, mejor deja que ella me diga a ver qué — hablaba como podía entre sus gemidos, miraba a su chico con la cara metida entre sus piernas, cuanto había cambiado todo.

—¿Sabes? Tengo una fantástica idea.

Le dijo su chico tranquilamente, bajando la velocidad, le acariciaba los muslos, mirándola atentamente, pensando, Eliza se emocionó.

—¿Qué es esto eh?

Preguntaba sarcástica y lujuriosamente Fany a su Mario acariciándole la erección a medias, bendita juventud, erecciones 24/7.

—Algo que te voy a meter a la boca por preguntona — respondía ingeniosamente él, risitas, besos, caricias, retomaban el mood.

—¿Si pregunto? ¿Qué cosas? ¿Lo que sea? — agregaba cómicamente ella, él le sonreía lujuriosamente y le hundía la cara en su entrepierna.

Fany comenzaba su labor oral, Mario se ponía cómodo, pero la firme y ruidosa vibración del celular de Fany sobre la mesita de madera a un lado lo distraía, una vez, Fany seguía, él intentaba disfrutar, de nuevo, 2 veces seguidas ahora, Mario miraba molesto el aparato, Fany ni siquiera había escuchado nada, estaba perdida en el aroma fuerte de su hombre lamiéndole las pelotas, 3 veces más se movió el aparato, en su desesperación Mario alucinó que él móvil se movía tanto que parecía caerse por una orilla de la mesita.

—Ten — le dijo algo molesto entregándole el celular a su chica.

—¿Qué? — decía ella tomándolo.

—Está vibrando, alguien molesta, apágalo, no sé — dijo de mala gana.

—¿En serio? — decía la chica desbloqueando el celular, saltando a la pantalla una muralla de notificaciones de WhatsApp “6 mensajes nuevos de Eliza” — Es Eliza, apagaré el wifi — dijo con desinterés genuino.

—¿Qué dice? — preguntó él rápidamente, Fany sintió una punzada, lo miró.

—¿No que lo apague? — dijo sonriendo involuntariamente.

—Bueno, es que… — dijo afianzando su erección, Fany revisaba rápidamente sin escucharlo realmente.

“Hey pendeja jajaja”

“¿Estás con Mario?”

“¿Te está follando?”

“¿Cuándo me toca? Jajaja no te creas”

“¿O sí? Jajajaja”

(Un audio.)

Fany sintió una punzada en el coño, de esas que tanto le daban últimamente por ese tema, que primero odiaba sentir, pero que se estaba acostumbrando a disfrutar.

—Si quieres apágalo y ya — dijo Mario acobardándose, pensando que la seriedad de su chica venia por él.

—Es sobre ti — le dijo Fany con sencillez mirándolo fríamente.

—¿Qué? — preguntó aterrado — Claro que no — dijo intentando tranquilizarse y Fany presionó a reproducir el audio, sabiendo que estaba el volumen alto, que seguramente sería algo sucio y obviamente sobre él.

“Dile que quiero darle mi culo”

Resonó fuertemente en el silencioso cuarto de Fany, ambos se miraron a los ojos fijamente y en ese instante mientras apenas terminaba el audio, llegó uno más que se reprodujo automáticamente.

“Perdón wey, pero quiero follar como puta toda una noche con él”

Resonaba de nuevo la voz de Eliza en la habitación, parecía desesperada, definitivamente cachonda, evidentemente sin pensar mucho lo que decía, solo sintiéndolo.

—¿Cuándo? — dijo Fany nerviosa, pero con voz firme, grabando un audio y enviándolo de regreso, Mario la miró histérico, pero no pensó ni por un segundo en detenerla.

—Dile que mañana.

Dijo desesperado Julián escuchando el audio de inmediato del otro lado, solo saliendo de entre las piernas de Eliza para decir eso, se esforzaba, sabía los ritmos que a ella le gustaban, aplicaba la marcha máxima en ese momento, Eliza dudaba, lo miraba tan desesperado lamiéndola, tan patético, que se esforzara tanto para empujarla a los brazos de otro hombre, tan cachondo.

—Pero…

Balbuceaba y enseguida gemía honestamente, Julián lo hacía muy bien, su lengua no la dejaba pensar claramente, la adolescente alzaba la cara disfrutando y gemía de nuevo, casi demasiado fuerte para estar solo a 6 metros y 2 paredes de los padres de Julián.

—Dices que se arrepentirá, ¿No? Tómalo ahora — decía él y regresaba a torturarla.

—Mañana — envió Eliza en un audio intentando no gemir.

—¿Segura?

Respondía Fany rápidamente, en una mano su celular, en la otra la verga de Mario como piedra y cuando dejaba de usar la boca para enviar ese sencillo audio, de inmediato seguía chupándole la verga a su hombre.

—Sí, neta — respondía rápidamente Eliza, estaba de pie, restregándole el coño en toda la boca a Julián, el chico la tomaba desesperado del culo y le comía el coño lo mejor que podía — Tengo un plan…

Dijo Eliza contándole a detalle, un largo audio dándole todos los pormenores, mientras se retorcía, se mantenía en pie como podía, logró hablar sin gemir, aunque la voz le sonaba claramente desesperada.

Fany le comía la verga a toda velocidad a su Mario mientras escuchaban el audio, él se estremecía cómo gusano sin gemir porque no quería entorpecer la respuesta de su chica y quería escuchar todo, la mirada al techo, disfrutando las buenas mamadas de su chica, pero cruelmente pensando en Eliza.

—Suena perfecto — respondió Fany apenas terminó de escuchar el audio.

Eliza arrojó el celular a la cama apenas su amiga confirmó, comenzó a acariciarse con fuerza el clítoris mientras su hombre la miraba desde abajo con su coño en la boca, Fany dejaba caer el móvil de su mano, Mario se levantaba, la ponía desesperado contra la pared para que no pudiera huir y le clavaba la verga sin piedad en la boca, la chica daba una arcada escandalosa, le escurría saliva por las comisuras de los labios, apretaba los ojos y se le deformaba la cara, pero Mario ni siquiera la miraba, miraba la pared frente a él e intentaba ir más profundamente en la boca de su novia, Fany le acariciaba el trasero y los muslos desesperada. Eliza miraba a su Julián, se concentraba con rapidez en su clítoris con una mano y con la otra restregaba a Julián en su entrepierna teniéndolo tomado firmemente por la nuca, las piernas le temblaban un poco, su chico la sostenía firmemente del culo contra su cara, le metía la lengua en el coño, la verga de Mario comenzó a palpitar con fuerza dentro de la boca de Fany, mientras Julián aceptaba todo lo que salía de la entrepierna de su chica y Fany hacía lo mismo.

Sábado. Por eso era un día perfecto. Julián había pensado todo claramente, sabe Dios en qué momento, pero tenía todo claro. Eliza puso especial atención, se bañó a conciencia, ponte a pensarlo, rara vez lo hacemos, es mecánico, una burocracia para la convivencia, claro, excepto precisamente cuando se viene un gran evento como este. Se lavó el cuerpo con esmero, saliendo se miró al espejo desnuda detenidamente, sin pudor, toalla fuera, no lo hacía desde que ella sabía que el siguiente día sería “el día” con Julián, sonreía involuntariamente, le encantaba como lucían sus preciosas nalgas, había aprendido a apreciarse, el culo de doble semi-remolque lo tenía Gabriela, pero ella tenía el culo hermoso y redondo, estilo petite. Se pasaba el rastrillo con delicadeza y cuidando dejar todo terso, ni un solo vello en ningún lado, para dejar sus piernas, axilas y vagina completamente tersas, apenas había un raso pastito en la zona peligrosa, apenas crecido, nadie se quejaría, ni ella se avergonzaba con Julián, pero quería que la experiencia fuera perfecta para Mario.

Mario levantaba con esfuerzo la barra en su pecho, 5 kilos más de los acostumbrados. Hacía pocas repeticiones, pero bien hechas. Lo mismo con las mancuernas en bíceps y un poco de espalda, incluso hizo una sesión para su trasero y piernas. Todo con un poco más de peso del habitual, pero no demasiado y sin cardio esta vez, quería que los músculos sobresalieran pero no estar exhausto, se miró triunfal en el espejo sin camisa, definitivamente funcionaba, las pocas, pero lindas rayas que había en su cuerpo, parecían más profundas, apretaba los brazos y le gustaba lo que veía, sonreía con malicia, se vistió y se dio una ducha helada para terminar de tonificar.

El gran día era ese día y cómo cosa extraña, las parejitas no se hablaron demasiado durante esa tarde. La noche anterior había sido confusa y emocionante, apenas durmieron ninguno de los 4, irónicamente ninguno se masturbó cómo psicópata esta vez, cómo si quisieran reservar sus orgasmos, no desperdiciarlos en estúpidas fantasías cuando tendrían la inmejorable realidad al día siguiente. Así que ese día, ninguno de los 4 quiso decir mucho, se corría el riesgo de decir algo estúpido, incómodo o muchísimo peor, arruinarlo, cómo cuando arreglas una cita por fin con esa hermosa chica, hablas diario con ella a todas horas, pero el día de la cita, solo confirmas 2 horas antes, todos sabemos que es así. Además, ¿Qué se dice en estás retorcidas situaciones?

“¡Hey, mi amor, disfruta el culo de mi mejor amiga, te amo!”

“Chúpale la verga a Mario hasta dejarlo seco, te amo”

Se dedicaron a fingir que nada sucedía, todo estaba dicho, una simple despedida de ambas parejas cuando el plan comenzaba, el “te amo” más honesto nunca dicho por parte de los 4 jóvenes y una despedida, los cornudos prometiendo no interrumpir y los protagonistas de la noche prometiendo ponerse en contacto apenas pudieran.

—Me hablan por cualquier cosa — le decía la madre de Eliza a Fany.

—Sí, señora, no se preocupe — respondía Fany con una sonrisa y una buena póker-face.

—¿Nos vamos? — decía Eliza nerviosa.

—Claro — respondía Fany, la miraba rogándole tranquilidad.

—Con cuidado muchachas, ¿Seguras que no quieren que las lleve? — repetía la mujer por tercera vez.

—No, señora, todavía iremos por botana o algo a la plaza — respondía rápidamente Fany, Eliza se acercaba a la puerta.

Las chicas salían, la madre las miraba desde la puerta alejarse y pararse en la esquina a esperar un taxi.

—¿Y si mi mamá llama a tu casa? — preguntó aterrada Eliza.

—Tranquila, nunca lo ha hecho, no sospecha nada — fingía tranquilidad — El plan es perfecto — la miraba, un short diminuto de mezclilla y apretado, una blusa demasiado ligera.

—Ok, ok — decía intentando tranquilizarse, miraba por la calle buscando el taxi, miraba detrás, su madre seguía mirando — Te subes conmigo al taxi, mi madre sigue ahí — agregó y Fany asintió.

Mario se probaba unos boxers, las mujeres con su complicada lencería, los hombres con un simple bóxer apretado están bien, como Mario, le gustaba lo que miraba y terminaba de vestirse. Otro mensaje de Julián en su bandeja de spam, le ponía nervioso, ¿Él muy tarado no sabía y estaba amenazando? ¿Preguntando? ¿Sí sabía, pero estaba cancelando? Ya 3 mensajes del cornudo, pero ni uno de su chica ni de Eliza, todo parecía seguir adelante, mejor no mirar los mensajes, nunca veas a la presa a los ojos, sentirás piedad. Bajaba las escaleras y su mal encarado padre ahí estaba.

—¿Entonces quien es este tal Raúl? — preguntaba mirándolo fríamente.

—Es el hijo de los Mendoza, amor, buen muchacho, no pasa nada — intercedía la madre, el hombre no dejaba de mirar a Mario.

—Eso mismo, ahí será la fiesta y ahí mismo me quedo a dormir — respondió con frialdad, le temblaban las rodillas, su padre lo miraba de arriba abajo.

—Tal vez me pase a ver cómo está todo — decía el hombre amenazante, Mario se daba la vuelta fingiendo mirarse en un espejo solo para poder alzar los ojos con fastidio cómodamente.

—Está bien, ya me voy — respondía el muchacho dándose la vuelta intentando lucir cool, su padre siempre hacia esa amenaza con cada fiesta, Mario rogaba porque esta no fuera la primera vez que la cumpliera.

—Si quieres pues yo me quedo en el centro comercial y de ahí te vas — le decía Eliza a Fany en el taxi.

—Sí… ¿O que harás hasta las 9? Faltan 2 horas y media — preguntaba con curiosidad genuina.

—Emmmm pensaba comprar algo — respondió nerviosa, miró al taxista delante, luego el piso del auto, 2 segundos de silencio.

—¿Lencería o algo así? — preguntó nerviosa Fany en voz baja, Eliza asintió.

Mario salía de su casa, se aliviaba, su padre ponía muchas trabas siempre antes de dejarlo libre, pero al menos nunca lo regresaba una vez él estaba fuera, por eso prefirió salir temprano, por eso y porque la espera lo mataba, no quería repensar nada, huía de sus miedos y dudas, también de masturbarse cómo loco, había resistido cómo un campeón, necesitaría esas erecciones, mejor no malgastarlas. Caminó con tranquilidad al autobús, lo tomó, intentaba escuchar música, un podcast, cualquier cosa, tranquilizarse, se avergonzada por primera vez en su vida de su evidente erección en los pantalones que no se iba. Bajó en el centro de la ciudad y vagaba por las tiendas de skating, podía hacer eso por horas. Intentaba distraerse, pero lo sobresaltó una llamada, ¡Carajo! Por supuesto que era demasiado bueno para ser verdad, seguro era Eliza o Fany cancelando todo, miró sin contestar la llamada, era peor de lo que pensaba, una llamada de Julián, revisó los mensajes por fin, “Maricón celoso de mierda”, pensó con furia contenida mientras abría la conversación.

—Bueno, aquí me quedo, wey — decía Eliza sin saber a dónde mirar.

—Si quieres te acompaño — respondió nerviosa, ambas sintieron el cubetazo de agua fría.

—Yo, es que… — balbuceaba Eliza, la miró confundida.

—Quiero ver con que te vas a follar a mi novio — dijo Fany firmemente mirándola.

—¿De verdad?

—La verdad es que sí… Yo… No sé, puede ser divertido.

—¿Dónde estás? Ya sé que esto es raro, pero necesito verte, darte algo — decía el último mensaje de Julián, Mario torcía la boca confundido, furioso — No es nada malo de verdad — insistía en ese momento con un nuevo mensaje, sabiendo que Mario lo leía porque las apps son demasiado chismosas — No cancelaré nada — escribió por último.

—Estoy en Jhon skate en el centro, ¿Ubicas? — escribió Mario más tranquilo, jodidamente curioso.

Las chicas se acercaban con timidez al área de “mujeres adultas que follan”, bueno ya me entiendes, área de lencería, pero así parecía en ese instante, estuvieron ahí mil veces, incluso en algunas ocasiones haciéndose fotos estúpidas con tangas encima de los jeans para Facebook, ahora parecía un lugar súper turbio.

—Yo creo esta — decía Eliza tomando débilmente una tanga azul, como si estuviera hecha de lava.

—¿Segura? — La miraba Fany, “¿Solo eso? ¿De verdad?” pensó decepcionada — No quieres llevarte eso — dijo riendo nerviosa la chica, Eliza miraba la tanga en su mano.

—Bueno… Nah, esto está bien — decía sonriendo sin enseñar los dientes.

—¿Cuánto tiempo pasará antes de que esto vuelva a suceder de una manera tan perfecta? — dijo Fany confrontándola — Que Julián acepte, que yo acepte, que tú te atrevas, que mi Mario quiera… y lo de la noche de hoy… ¿Crees que sea pronto? — dijo firmemente, a Eliza se le erizó la piel, la miraba sin parpadear — Tú quieres llevarte algo como eso… Deberías llevarte algo como eso — dijo apuntando al morboso conjunto en el maniquí a 4 metros de ellas.

—¿Qué tal? — decía Julián saludando a Mario, el guapo alzaba una mano.

—¿Qué tal?... ¿Qué sucede? — nunca preguntó Mario nada con más curiosidad.

—2 cosas, perdón, tardé porque estaba en el cajero.

Respondió Julián, alcanzaba su cartera, la abría y le daba un pequeño grupo de billetes, Julián los tomaba con un escalofrío al saber perfectamente para que eran.

—¿Tú…? ¿Tú vas a pagar?

Preguntó sin saber que sentir, ¿Orgullo? ¿Lástima? ¿Poder? ¿Simplemente darle normalidad? ¿¡Por qué carajos preguntó!? Miraba los billetes.

—Sí… Lo que pasa… No importa, recibo buena mesada de mis padres.

Mintió rápidamente para no sentirse patético, Julián pasó por muchas peripecias para arañar ese dinero de aquí y allá, tenía otros planes para esos billetes.

—Ya… Ok — dijo espabilando y sin saber que decir, guardó el dinero cuando se dio cuenta de que aún lo tenía en las manos y lo miraba como idiota, había VARIOS billetes — Esto… Dices que lo tenías en tu cuenta — dijo pensando aún, Julián asintió — ¿No podías reservarlo y pagarlo en línea a nombre de Eliza? ¿O depositárselo a ella? — preguntó mirándolo.

—Sí… De hecho le dije que lo reservaría a su nombre — dijo sonriendo torpemente, Mario esperaba — Quería darte otra cosa — dijo nervioso.

—Ok — respondió Mario nervioso.

Las chicas pasaban por la caja, Eliza guardaba rápidamente eso en su bolso con vergüenza, pensar que todo eso cabía en su pequeño bolso. Caminaban sin decir nada, Eliza miraba su celular, ni confirmación de nada de Julián ni la hora estaba cerca como para deshacerse fácilmente de Fany.

—¿Vamos por un late? Falta más de una hora todavía — dijo Fany.

—Claro.

—¿Qué te parece si primero te invito una rebanada de pizza? Giorgio’s está cerca y es increíble — decía Julián nervioso, Mario no quiso revisar su celular, sabía cuánto tiempo faltaba.

—Ok.

—Yo pago, ¿Ok? Ya gastaste tú — decía Fany sacando un billete y entregándoselo al mesero, Eliza asentía — Mmmm ¿Tienes la…? — preguntó sin terminar.

—Sí, sí, aquí la traigo — dijo Eliza sonriendo sin mostrar los dientes.

—Jaja ok… eso le va gustar a Mario — río forzadamente, daban un sorbo a su café — Mmmm si quieres podría darte consejos — dijo con el corazón agitado, sin mirarla, Eliza asintió pesadamente.

—Quería darte esto jajaja — reía Julián forzadamente dándole una pequeña caja a Mario, el guapo joven la miraba con curiosidad.

—¿Esto…? Yo… Nah — balbuceaba sin saber si regresarle eso.

—Es solo por si acaso — dijo Julián aún riendo forzado, devoraba su pizza para no mirarlo, para que no se lo regresara.

—Claro, gracias — dijo el chico guapo guardándola.

—Estaba pensando también en darte algunos consejos, no es que los necesites, pero yo la conozco mejor que tú — escupió Julián de pronto a súper velocidad, lo llevaba pensado.

—Claro, sí, es tu novia — dijo Mario torpemente y ambos sintieron un incómodo escalofrío ante las últimas 3 palabras.

Julián y Fany comenzaron tímidamente, con vergüenza, con eufemismos e insinuaciones vagas. Eliza y Mario asentían solo entiendo la mitad, incómodos, queriendo que eso acabara, odiando un poco al cornudo que tenían delante, pero teniendo misericordia por esa peculiar persona que les estaba diciendo cómo hacer más feliz en la cama a su pareja. Los 4 preguntándose qué sentía el otro que tenían delante, como sería estar en su posición, pero ninguno de los 4 queriendo intercambiar, eran ideales una pareja para la otra.

Pero los cornudos le tomaron gusto pronto a su castigo auto-impuesto. Fany comenzó a ser muy clara en como poner a Mario a tope, llamando a las cosas por su nombre, usando palabras guarras, riendo un poco por vergüenza y emoción, le pesaba decirlo, pero quería hacerlo, que su macho gozara. Preguntándole a Eliza si comprendía todo, su amiga preguntando un poco casa vez más, emocionándose con la anticipación, sin saber si Fany era guay o le faltaba un tornillo. Julián con la verga como piedra en sus pantalones, disfrutando decirle a Mario como tomar del pelo a su chica y azotarle el culo con fuerza, que no se limitara, que ella soportaría con gusto, sobre la posición favorita de la aperlada de lindo culo, Mario escuchando atentamente, absorbiendo, tomando las armas que le daba el mismo cornudo para que lo superara y dejara a su chica idiota por él.

El tiempo pasó y los 4 decidieron que la hora era propicia para retirarse, Mario debía ir por Eliza en 20 minutos. Los chicos caminaron a dónde se detenían los taxis, las chicas a la salida de la plaza comercial.

—Por cierto, le dije hace rato por mensaje a Eliza que la reservación ya estaba hecha, pero llegando tú simplemente pagas, le dices que no pude comunicarme con ella ni depositarle a su cuenta y te deposité a ti — dijo Julián, lo venía pensando mientras caminaban.

—Ella no debe saber que nos vimos entonces — respondió Mario entendiendo.

—Exactamente — dijo Julián sonriendo nervioso.

—Ok, ok — respondió Mario.

—Oye… — dijo Julián y se miraron — Disfruta el culo de mi novia— le dijo nervioso, necesitaba hacerlo, se masturbaría mas tarde pensando en que le dijo eso y simplemente se fue sin dejarlo responder.

—Bueno, me voy en este — decía Fany mirando el taxi que se detenía frente a ella.

—Sí, te quiero — le dijo Eliza emocionada, acercándose a abrazarla.

—Mas te vale que saltes en la verga de mi novio como puta — le dijo Fany sonriendo perversamente, Eliza se echó medio paso atrás riendo nerviosa ante su mirada psicópata, su amiga rio, se subió al taxi y el auto se alejó.

Mario llegó apenas 20 minutos después, emocionado y jodidamente nervioso, vio a Eliza parada exactamente donde paraban los taxis fuera de esa plaza comercial, donde ella dijo que estaría en ese largo audio que selló el trato, mientras su novia le comía la verga como loca y Julián le acariciaba el coño profundamente a Eliza con la lengua. Salió rápidamente del taxi, Eliza lo saludó alzando una mano, el chico le abrió la puerta y ella subió tímidamente evitando tocarlo, sin mirarlo, sin saludarlo físicamente, Mario subió al otro lado y ambos se sentaron separados por una distancia muy prudente.

—¿Para dónde jóvenes? — preguntó el amable cincuentón detrás del volante.

—Emmm para… Mmmm el motel Quinta imperial — dijo torpemente Mario, Eliza se puso roja sin darse cuenta, agachó la mirada y se alejo 20 centímetros más de Mario sin darse cuenta.

Al hombre ese obviamente no le escandalizaba, creía que eran tiernos, en la flor de su juventud y se dio cuenta de la timidez de Eliza, si tan solo hubiera sabido la intrincada situación… tuvo 5 segundos de una turbia envidia por Mario al mirar las lindas piernas de Eliza por el retrovisor.

Llegando al ansiado lugar, se detuvo en la puerta, un alto parlante preguntaba cuántas personas, Eliza se preguntaba nerviosa si debía mencionar la reservación o como carajos funcionaba eso, no dijo nada, buscó la mirada de Mario, pero él no se enteraría ni en un millón de años, lidiaba con sus propio tifón de pensamientos internos. El hombre dijo que era solo una pareja, le indicaron que habitación y condujo hacia dentro, conocía bien el lugar, porque de hecho ese era un muy buen hotel, uno muy concurrido y grande. La parejita disfrutó la vista del lugar. Elegante, con clase, parecía caro, un lindo lugar con habitaciones de buen gusto, por dentro parecía una linda privada de casitas, con jardín y todo cada casa, nada de un mórbido sitio de mala muerte con habitaciones pequeñas de mierda, no, un bonito sitio con una espaciosa avenida de por medio, alumbrada con faroles de buen gusto y las habitaciones que parecían casitas a los lados.

—Esta es su habitación, jóvenes.

Dijo el hombre, queriendo agregar algún morboso comentario, pero vio el nerviosismo en los jóvenes que miraban detenidamente el lugar y se lo guardó, ellos solo asintieron.

Ni Eliza esperó, ni Mario recordó abrirle la puerta esta vez a la chica. Simplemente bajaron guiados por sus ansias y nerviosismo. Miraron la habitación, parecía obvio que esa era la suya, no tenía número, pero estaba abierto, incluso el lugar tenía un jardín delantero que servía para aparcar, pero había pasto, bien cuidado de hecho y algunas plantas coloridas, ¿Cómo para qué carajos? Quién sabe.

Caminaron, sin tomarse de la mano, ni mirarse, solo mirando al frente. Mario se adelantó medio paso, detuvo la puerta y dejó que ella entrara primero.

Mario cerraba la puerta, Eliza miraba detenidamente la habitación, lindísima. Una cama impoluta, bien arreglada, con colchas gruesas, una mesita rústica al centro de la primera sección de la habitación, unos arcos adornando el lecho, las paredes pintadas con colores sobrios y mate. Una segunda sección con otra mesita y 2 sillas, un sillón de posiciones negro y una puerta que conducía al baño. Nada de tubos para table dance, ni luces neón, el lugar era sugerente, pero con clase.

Eliza sintió la presencia de Mario a un lado suyo como si el chico estuviera hecho de una tonelada de mármol, Mario la miraba, casi dice algo.

—Voy al baño — dijo Eliza rápidamente.

La preparatoriana cerraba la puerta. Se mordía el labio, miraba rápidamente hacia el espejo, se miraba el cabello, el maquillaje, la blusa, pensaba en lo que había en su bolsa, ¿Ponérselo ya? ¿Salir con eso puesto cómo señal de que el gran evento comenzaba?... No, no se atrevería, ¿Tocaban la puerta?.

—Buenas noche, bienvenidos — decía una linda chica con un uniforme sencillo en la puerta.

—Sí, ¿Qué tal? ¿Sucede algo? — preguntó Mario nervioso.

—¿Cómo sería el pago? Aceptamos tarjeta — dijo la joven sonriendo amablemente.

—Claro, no, efectivo — dijo buscándose en los pantalones — ¿Cuánto sería? — preguntaba sacando la cartera, buscando los billetes.

—Por 4 horas son $X, por 8 horas manejamos la tarifa de $X y toda la noche, salida al mediodía con desayuno incluido, serían $X.

Dijo la mujer, parecía aprendido de memoria porque así era. Mario contó los billetes y sonrió con incredulidad al ver la cantidad entregada por Julián, una cantidad importante de hecho, suficiente para el paquete caro, incluso había un extra.

—Seria toda la noche, por favor — dijo Mario entregando lo correspondiente y guardando lo demás.

Cuando Mario cerró la puerta, Eliza miraba desde la puerta del baño con curiosidad, se miraron y sonrieron nerviosos.

—¿Quién era? — preguntó la chica riendo nerviosa.

—Del motel, el pago — dijo con sencillez sentándose en la cama.

—¡Oh! La reservación est-

—Sí, no te preocupes, lo mencioné, Julián me lo dijo por Facebook, sin problemas — agregó él rápidamente, ella caminaba hacia la cama.

Eliza se sentó a lado de él. No decían nada, el mirando sus pies, ella sus manos, fingiendo buscar algo que sabía no estaba ahí.

—Tenemos el lugar hasta mañana a mediodía — dijo Mario aún sin mirarla.

—Sí… Es demasiado, ¿No? — reía nerviosa — Nunca he follado tanto tiempo solo follando jajaja.

—¿Ni con Julián? — preguntó él.

—No… Cuando se queda mi casa sola, él llega ponle que a las 7, cenamos, follamos una o dos veces, luego vemos algo y nos quedamos dormidos… Se suele ir por la madrugada antes de que lleguen mis papás o en la mañana sin hacer ruido — dijo rápidamente, con detalles para hablar mucho, llenar el silencio.

—Yo tampoco he follado tanto tiempo, normalmente la madre de Fany llega a las 8 de la noche como máximo — respondía él, de alguna bizarra manera ya no se sentía extraño hablar de sus parejas.

—Tal vez sea demasiado tiempo, más si solo vamos a follar — dijo ella sin pensarlo demasiado.

—Bueno, si quieres podemos hacer otras cosas — respondió torpemente.

—No, solo follar está bien — respondió de igual manera, se ponían nerviosos — O sea, no sé, como quieras — recomponía rápidamente.

—No, sí, sí, solo follar suena demasiado bien — dijo llegando a la cúspide de incomodidad y torpeza, se miraron y rieron honestamente.

Bajaron la velocidad, se sentía bien que ambos supieran lo incómodo y nervioso que estaba también el otro. Ella recostaba por reflejo la cabeza tiernamente sobre el hombro del guapo chico, su cuerpo exigía contacto, él relajó la espalda apenas sintió el cálido cuello de la chica sobre él.

—Debemos aprovechar — dijo Eliza recordando las palabras de su amiga, sobre todo eso al respecto de cuántas oportunidades así habría, ahora mismo sonaban a amenaza — Quién sabe cuándo volvamos a tener una oportunidad así.

—Sí… — dijo débilmente él, recordando todo lo que tuvo que suceder para estar ahí.

Ella levantó la cabeza. Se miraron, ella sonrió nerviosa y él la besó apasionadamente. Apenas un beso basto para exorcizar los demonios de los nervios. Ella se subió a él de inmediato, extrañaba eso, él le tomaba su precioso culo con ambas manos de inmediato, él había extrañado eso también. Ella le arrancaba la playera a él, Mario hacía lo mismo con la blusa de ella, sonreían emocionados, se besaban apasionadamente, ella le abría los pantalones y él desabrochaba su sujetador, ella le sacaba la verga, que extrañamente estaba flácida, aunque no le importó demasiado, seguía luciendo como algo impresionante. Ella acariciaba la espada en reposo de Mario, se besaban cómo locos… Y eso entre las piernas de Mario no arrancaba.

—Voy al baño — dijo ella de pronto, él solo asintió.

Eliza corrió al baño, regresó rápidamente por su bolso y corrió de nuevo, él no puso atención. Estaba sumergido en sus pensamientos, nunca tuvo que esforzarse ni un poco en siquiera pensar en ponerse erecto, ningún adolescente lo necesita. Se acariciaba desesperado a sí mismo por fuera de los bóxer sin mirarse la entrepierna, miraba al techo, ¡Carajo!

Eliza sacaba cuidadosamente, pero con premura eso de su bolso. Lo miraba colgar de sus manos frente a ella, un complicado artilugio de hilos y tela, ¿Cómo demonios se ponía eso? Se sentía de nuevo una adolescente idiota, no una adulta empoderada.

Revisaba la cajita, ni siquiera sabía si eso podía envenenarlo, miraba la puerta del baño, quién sabe que hacía la linda adolescente ahí dentro. Lo pensaba detenidamente, leyó un poco sobre esa cosa en internet mientras iba por Eliza en taxi, supuestamente esa dosis precisa debería de durar 8 horas, miraba la cajita y un pequeño bote de agua en la mesita rústica en medio de la habitación.

Se ponía primero las largas medias porque era lo más fácil, luego se acomodaba el liguero, sujetaba las pequeñas pinzas a las medias pensando que era inútil, puro show, las medias se quedaban en su lugar, no lo comprendía. Miraba la tanga, por supuesto que iba por dentro primero que el liguero, “¡Idiota!” Pensaba alzando los ojos con fastidio, desabrochaba el liguero y se ponía la diminuta tanga. El “brasier”, abrochaba el liguero de nuevo, miraba que todo estuviera en orden y alzaba la vista para enfrentarse al espejo, rogando no sentirte como una imbécil. Ni un poco, el liguero adornaba su linda y estética cintura, las medias definitivamente resaltaban sus piernas y el “brasier” que no tenía copas, marcaba de una manera increíble sus lindas tetas, el encaje triangular que solo rodeaba sus preciosas toronjas y dejaba a la vista sus pezones, lucía bien, fantástico de hecho. Se miraba de perfil y de espaldas, la linda tanga con encaje, que formaba una “V” entrando en sus preciosas nalgas quedaba fenomenal, su precioso y redondo culo lucía delicioso, todo en color negro, se sentía poderosa.

Salió lentamente del baño, esperando encontrarse a Mario sentado en la cama, incluso hizo esa típica pose sexi idiota que vio en las porno, alzando el brazo y descansándolo sobre el marco de la puerta, pero el chico no estaba ahí, lanzó la mirada por el cuarto y él estaba de espaldas a ella, de pie delante de la mesita, volteó a mirarla y dejó la botella de agua abierta sobre la mesa.

Mario la miró de arriba abajo lentamente mientras ella se acercaba a él caminando despacio. La chica pensaba mil cosas, él solo una, que ella se veía absolutamente deliciosa. Con un hábil movimiento de manos él guardó la caja vacía de Sildenafil en sus pantalones, ella llegó con él, Mario la tomó firmemente del trasero, la pegó a su cuerpo, disfrutaba su olor femenino, delicado, pero penetrante.

—Te voy a hacer mi puta toda la noche — dijo él mirándola fijamente a los ojos y ella sintió una punzada en el coño.

Ella llevaba esa compleja parafernalia de zorra, él se quitaba los pantalones y así ya solo iba en sus apretados boxers. Se besaban y toqueteaban, la pastilla funcionaría dentro de media hora, pero el efecto placebo y la lencería de Eliza hacía reacción inmediata y Mario se ponía como piedra en 2 minutos. Ella sentía su erección en el ombligo y le bajaba los boxers emocionada, la enorme erección de Mario salía de un salto y Eliza se ponía de rodillas de inmediato.

Seguía siendo impresionante la vista de eso en su cara, tan larga y gruesa, algo chueca hacía un lado, pensaba un segundo en las implicaciones de esa la curva en la verga de Mario, pero lamia gustosa sus pelotas con la lengua de fuera. Él disfrutaba la vista y la cálida lengua de Eliza en sus bolas, ella le acariciaba los muslos con ambas manos aún lamiendo sus testículos, iba un poco más allá y le alcanzaba el perineo con la lengua y él daba un pequeño salto, reían un poco, se miraban profundamente al siguiente segundo, ella le lamia el falo a todo lo largo con la lengua de fuera y él acariciaba casi con ternura su cabeza.

Eliza comenzaba a chuparle la verga como Dios manda, tenía la cabeza húmeda y viscosa, ella disfrutaba el penetrante sabor, él su cálida boca, le abrazaba bien la verga con los labios, Mario la miraba fijamente, había olvidado como lucía ella con su gruesa verga en la boca, se había acostumbrado a ver a su Fany ahí debajo, la vista sin duda era mejor con esa chica bastante más linda complaciéndolo con la boca, cero culpa ya con esos pensamientos, eso le gustaba.

El guapo semental le tomaba la cabeza con ambas manos, le follaba la cara un poco, ella lo permitía sumisa, yendo de arriba abajo con profundidad, hasta donde podía, claro, no más allá de la mitad, él dejaba su verga ahí unos segundos, disfrutando la calidez de esa boca, ella le acariciaba la verga por dentro de la boca, en la parte inferior del falo con la lengua con firmeza y velocidad, un truco que aprendió volvía loco a Julián, que olvidó aplicar con Mario la primera vez por la premura. Él se retorcía un poco más, gemía honestamente alzando la cara, empujando la cabeza de Eliza un poco más, ella hacia una arcada ruidosa, le lagrimeaban los ojos y él por fin la dejaba escapar, con un espeso hilo de saliva entre la boca de la chica y la verga de él colgando.

Se miraban, ella se limpiaba una lágrima, reían, “perdón”, decía él riendo nervioso, “¿Por qué?” Preguntaba la emocionada chica y reían nerviosos un poco más.

Mario la tomó de la mano, ella se levantó, él caminaba hacia la cama y ella de pronto veía ese mueble como si fuera enorme, definitivamente más grande que una cama matrimonial, estarían cómodos. Subían a la cama, se detenían a medio camino de rodillas sobre la cama y se besaban. Él apretaba con confianza y lujuria sus preciosas nalgas, ella disfrutaba explorando su espalda, se sentía más firme que aquella vez.

La acostó sobre la cama con un firme movimiento al que ella no se resistió ni un poco, Eliza cerraba las piernas un poco al mirar el descomunal pedazo de carne entre las piernas de Mario, cada que lo miraba parecía más grande. Mario se puso de rodillas frente a ella, no notó el tímido gesto de la chica, tomó las rodillas de la adolescente frente a él y las abrió con determinación, ella reía nerviosa sin dejar de verle la verga, su coño no se decidía si quería que ESO de ahí entrará de una vez o salir corriendo.

Disfrutaba la morbosa lencería, las tetas de Eliza lucían aún más lindas enmarcadas en ese triangulo de minúsculas tiras de tela y encaje, el liguero también con encaje le quedaba bien, le acariciaba las piernas, las medias se sentían increíble. Le besaba los muslos, hundía la cara cada vez más entre las piernas de la mejor amiga de su novia, cuando llegó al preciado tesoro notó la abertura que tenía la tanga, una puerta amplia de fácil acceso y sonrió abriendo un poco la tela con ambas manos.

No había ni un pelo, como la ocasión anterior, solo la deliciosa carne de los lindos labios vaginales de Eliza y le pasó la lengua a todo lo largo. La preparatoriana se retorció de cuerpo completo, sus piernas cedieron por completo y ella cerró los ojos inconscientemente, Mario era un comedor de coño muchísimo mejor que la última vez, no mordía nada ni de manera “sexi”, no sorbía tontamente su vagina y sabía dónde poner la lengua ahora, acariciándole el clítoris con fuerza únicamente usando la sin hueso, Eliza gemía honestamente y sin ningún pudor esta vez, cero vergüenza disfrutando al guapo chico entre sus piernas.

Se ponía cómoda, su Julián sabía comerle mejor el coño, pero abría los ojos y la vista de ese semental entre sus piernas atendiéndola mejoraba todo, abría las piernas con libertad, le tomaba la cabeza con ambas manos y le restregaba bien el coño en la cara. Se sonreían, reían nerviosos, pero él no perdía más de 2 segundos para seguir complaciéndola.

Mario alzó la vista de golpe, buscaba sus pantalones, Eliza esperaba con curiosidad.

—¿Qué pasa? — preguntó riendo.

—Condones — dijo él con sencillez.

Se levantó de la cama, fue a dónde estaban sus jeans y buscaba rápidamente en las bolsas, le daba un escalofrío al no encontrarlos en una bolsa, revisaba la otra de inmediato en silencio.

—Emmm — expresó ella, él ni volteó, se aclaró la garganta ruidosamente, él la miró — No lo necesitas — dijo tímidamente.

—¿Por qué? — preguntó sin mucho interés y seguía buscando — Eso de las cuentas no sirve, nos dijeron en sexualidad, acuérdate— agregó rápidamente.

—No, es que… — expresó ella, él paró de buscar — Mira — dijo ella yendo a su bolso.

La chica buscó y encontró en un segundo en la enorme bolsa, sacó una pequeña cajita de cartón y se la mostró al muchacho que llegaba con ella, “Postday”, decía la cajita blanca con vivos en rosa, se la entregó y él la revisaba con curiosidad.

—Es una pastilla del día siguiente — dijo nerviosa mientras el muchacho no dejaba de ver la cajita.

—Pero… No sé, ¿O sea esto en vez del condón? ¿O juntos? — preguntó nervioso.

—Sí, son súper seguras, solo esto — afirmó con confianza.

—¿Las has usado? — preguntó aún nervioso, ella le miraba la erección.

—No, pero… Ya sabes, me dijo mi prima que es enfermera que funcionan súper bien si solo es 2 veces al año — dijo rápidamente de memoria.

—¿Julián nunca…? ¿Te ha follado al natural? — preguntó mirándola.

—No… ¿Tú con Fany? Ella me dijo que no — dijo emocionada.

—No… todos dicen que se siente mejor — dijo emocionado, el miedo se iba — No sé… Es que… — decía dudando, miraba la caja intentando averiguar quién sabe qué.

—Quiero sentirte al natural... — le dijo lujuriosamente, le acariciaba las pelotas, él la miró nervioso — Quiero sentir como te palpita la verga dentro de mí — agregó mirándolo de una manera que nunca lo habían mirado.

La chica le quitó la pastilla de las manos, la puso sobre la mesita de noche a lado de la enorme cama, se besaban profundamente, ella se acostó llevando consigo de la mano al chico. Se miraban emocionados, ella se ponía cómoda sobre su espalda, abría las piernas para que él cupiera ahí, no quería mirar debajo, ESO entrando en ella sería doloroso solo de mirarlo, Eliza tomó su erección con una mano y él se acercaba, ella sentía la GIGANTESCA diferencia por las mil veces que guio a su Julián, abrumador.

Puso esa enorme cosa en la entrada, apenas metió la punta y a él se le deformaba el rostro, ella abría inconscientemente más las piernas haciendo espacio, ella soltaba eso dándole la estafeta, lo miró nerviosa, "Despacio, ¿Ok?", Dijo nerviosa, él asintió.

Él asumió el cargo, ella intentaba relajarse sobre su espalda, lo miraba al rostro atentamente, para no ver esa cosa enorme entrando en ella y porque quería verle la cara, él se detenía con ambas manos puestas a lado de ella, como si hiciera una lagartija. Comenzó a entrar delicadamente, se miraban fijamente, profundamente, intentando ver dentro de la mente del otro. Él empujaba un poco, Eliza subía las manos involuntariamente de golpe, con destino a su pecho, pero se afianzó en sus antebrazos para no frenarlo, él entraba un poco más, apenas a la mitad y ella hacia un ruido gutural con la garganta que no se parecía nada a un gemido, más bien a un quejido, le clavaba las uñas en los antebrazos. El interior de Eliza estaba caliente, demasiado, casi lo quemaba, demasiada estrecha, le apretaba la verga con fuerza, no parecía que pudiera ir más allá, pero cedió un poco su peso sobre la chica y fue por completo dentro de ella.

Ella abrió la boca por completo, alzó los ojos y lanzo otro de esos ruidos con la garganta que comenzaban a encantarle a él, Mario se acostó sobre ella y relajó sus bolas sobre su vagina entrando por completo en Eliza. Mario gimió profundamente, ella hizo un quejido hueco a medias mientras le clavaba más las uñas en los antebrazos, el chico puso su cara a lado del rostro de ella, los brazos de Eliza le estorbaban y ella lo abrazó con desesperación, le pasaba las manos por toda la espalda histéricamente, acariciándolo firmemente, intentando darle salida a su lujuria desesperada, lo abrazaba al final, disfrutaba sentir su amplia espalda, su pecho firme contra ella, Mario hizo un movimiento de cadera y salió y entró en Eliza 2 veces, entre gemidos profundos de él y esos ruidos con la garganta de ella.

El joven tomaba confianza, intentaba ir despacio, porque ella parecía sufrir, sus ruidos y movimientos bruscos se lo hacían saber y él no quería llegar a ese asqueroso punto donde ella le pidiera ir más despacio como su Fany, lo odiaba. Pero el apretado coño de Eliza se sentía demasiado bien, mucho mejor que nunca lo había sentido él con Fany, tal vez la falta de condón, tal vez la retorcida situación, la lencería, la pastilla o simplemente Eliza tenía un coño que se sentía mejor.

Comenzó a tomar velocidad, no sabía si era la ausencia de condón, nunca ni una sola vez lo hizo a pelo, él tenía demasiado miedo de un embarazo y su Fany nunca discutió contra esa lógica, cada vez él se ponía el forro y ella esperaba pacientemente, pero este agujero le quemaba la verga en el punto preciso en el que se sentía increíble sin incomodarlo ni un poco, le clavaba la verga con velocidad 3 veces más, ella se retorcía debajo de él, su cuerpo quería escapar o sufrir un poco menos, pero eran movimientos inútiles, jamás podría mover ni un centímetro a ese pesado chico sobre ella, lanzaba esos sonidos histéricos y lo miraba pidiendo clemencia sin darse cuenta, pero aunque Eliza peleaba con un dolor que nunca había experimentado con su Julián, no pensó ni por un segundo en decirle que se detuviera, y cuando se miraron y sonrieron, él supo que tenía ese poder sobre ella.

Se acostó con confianza sobre ella, sin sostener su peso ni un poco y puso su cara sin preocupaciones a lado del rostro de Eliza y comenzó a follarsela sin preocupaciones. Iba tan profundamente como podía en ella, por completo sin detenerse por el camino como siempre hacía con su Fany, deteniéndose al final ante los ruidos sexuales que bien conocía de su chica, solo iba por completo dentro de Eliza sin miramientos, siendo egoísta. Eliza gritaba un poco, se mordía el labio para no berrear cómo loca, pero cuando él se dejaba caer firmemente sobre ella con la cadera, se le escapaban ruidos que jamás hizo con Julián, ni a solas con su mano. Escuchaba a Mario gemir en su oído e intentaba callarse la puta boca para escucharlo mejor, quería atesorar esos ruidos sexuales que le causaba con su apretado agujero del placer, lo abrazaba con firmeza con los brazos y piernas, no quería dejarlo escapar, Mario le clavaba la polla sin piedad y le restregaba con fuerza las bolas en la concha estando dentro de ella completamente y ella perdía el conocimiento por milésimas de segundo, sintiendo como ese asombroso hombre iba tan dentro de ella que no creía su vagina fuera tan profunda, le causaba cosas indescriptibles que nunca había sentido antes, iba tan lejos que no sabía que pudiera sentir algo tan profundamente en ella, lugares nunca alcanzados por su Julián.

Mario tomaba más velocidad, iba tan rápido como podía, tan rápido cómo no había ido antes, tan rápido que no sabía que pudiera ir, se emocionaba al escuchar esos húmedos sonidos de toda buena peli porno que nunca hizo con su Fany, se perdía en el placer que esa chica le daba por alguna razón sin deberle nada. Eliza superaba el dolor, el placer venía en cantidades ingentes, de pronto no podía sentir otra cosa que no fuera placer desde su coño proyectado a todo su cuerpo, cómo si su cuerpo no la dejara sentir otra cosa, ni siquiera estaba consciente de que aún abrazaba al chico, cerró los ojos, el placer la abrumaba, la invadía, no le permitía pensar, era abrumador, peor que el dolor que la mantenía ahí, el placer sobre-estimulante la alejaba de sus pensamientos consientes y la mandaba a un lugar sensorial inconsciente en el que nunca había estado, no se escuchaba a sí misma, solo a Mario gemir en su oído, sentía los 85 kilos de músculo del chico caer sobre ella con completa ligereza, su cuerpo completo parecía entrar en un sopor, su vagina no sentía más las penetraciones por separado del chico, únicamente un placer uniforme que solo aumentaba cada segundo que parecía alargarse y alargarse.

Las piernas le temblaban ligeramente, los dientes le chocaban cómo titiritando de frío, gemía de manera aguda y mantenía los ojos cerrados, Mario podía sentir los cálidos jugos de Eliza escurriéndole en las pelotas, sentía como el coño de ella se derretía figuradamente alrededor de su verga, se ponía más suave, pero no perdía ni un poco de firmeza, sintió un firme apretón que le dio la chica, ¡Wow! ¡JODIDAMENTE WOW! Gimió fuertemente sin darse cuenta, casi como un pequeño gimoteo que le vino de dentro honestamente, le clavó la verga cómo psicópata 5 veces más, el coño de la chica no paraba de apretarle la verga con fuerza rápidamente, con un compás perfecto, le clavó la verga histéricamente tan fuerte, profunda y rápidamente como pudo, gemía a todo pulmón, se dejó caer sobre ella con fuerza, le clavó desesperado la verga y le restregó con fuerza las pelotas contra la concha y su enorme verga comenzó a estremecerse con fuerza dentro de Eliza.

Eliza estaba perdida en villa orgasmo, pero como un estruendoso terremoto, la despertó la palpitante verga de Mario dentro de ella, cayó de golpe de la nube donde estaba trepada y de pronto abrió los ojos y se topó con la histérica mirada del joven sudado encima de ella, la miraba con lujuria total, de pronto ella sintió de nuevo la firme espalda del chico en sus brazos, lo abrazó con fuerza y desesperación, apretó sus piernas alrededor de él, de pronto él parecía pesar el doble, ser el doble de grande y vasto sobre ella, robarle el aliento, él bufaba, apretaba los dientes y le restregaba con fuerza y desesperación las bolas contra ella, sintió de nuevo lo enorme que él era dentro de ella y un leve dolor le regresó, pero la verga de Mario se estremeció tan violentamente dentro de ella que sintió un segundo orgasmo venirle. Mario le clavaba tanto como podía la verga, como si quisiera tenerla aún más grande para metérsela más, sentía como su lefa salía disparada de su verga dentro de la chica y gemía profundamente, la concha de Eliza no le daba descanso, le apretaba la verga una vez más y él con timing perfecto se retorcía dentro de ella otra vez.

Bajaban la velocidad, se miraban recuperando el aliento, ella le sonreía aturdida y la verga de Mario se descargaba una última vez dentro de ella, ambos sonreían ante eso que ambos sintieron, rieron un poco y él se desplomó derrotado encima de ella.

Ella dejó de respirar para escuchar perfectamente como él recuperaba el aliento sobre ella, guardaría ese recuerdo auditivo cómo trofeo. Él se levantaba lentamente de ella, Eliza echó la mirada abajo en el último segundo y sintió un escalofrío al ver ese enorme pedazo de carne espumoso saliendo de ella fácilmente. Mario se recostó a lado de ella simplemente viendo el techo, ella extrañó que Julián la jalaba automáticamente para recostarla sobre su pecho, él extrañó que su Fany rápidamente buscaba su pecho para lo mismo. No supieron si acercarse, después de estar lo más cerca que pueden estar 2 personas en un orgasmo compartido, se quedaron acostados uno al lado del otro sin mirarse, viendo el techo, recuperando la respiración, pensando mil cosas, Mario perdiendo la erección, Eliza con la lefa de ese chico escurriéndole del coño.

Mario se miró la polla después de unos segundos, espumosa y flácida, miró a Eliza cuidando de que ella no lo atrapara, su coño escurría un mar blanco y espeso lentamente, se levantó sin decir nada y fue al baño. Se miraba desnudo en el espejo, todo era tan extraño, no reconocía ese lugar y de pronto se sentía en peligro, se limpió rápidamente la verga y salió.

—Toma — le dijo tímidamente a Eliza dándole la misma toallita con la que él se limpió y la chica la tomó sin mirarlo

—Gracias.

Dijo ella tomando el pedazo de tela y limpiándose tímidamente la entrepierna, el primer lechazo que le dejaban dentro, eso de limpiarse lefa escurriendo era nuevo, ¿Había que hacerlo fuerte y profundamente? La toalla no era tan suave, se limpiaba delicadamente, ¿Estaría limpia? ¿Cuando la habrían lavado? ¿Cuántas sucias putas se habrían limpiado antes con eso? Definitivamente se limpió superficialmente.

Ella dejó la toalla sobre la mesita, él la miraba hasta que ella dejó de hacerlo y entonces lanzó la mirada lejos, pero ella lo miró y él lo sintió.

—Eso estuvo bien — dijo ella tímidamente sentándose en la cama.

—Bastante — dijo él riendo tímidamente.

—Valió la pena todo el desmadre — agregó ella riendo honestamente.

—Vaya que sí — respondió él y rieron más.

Silencio. ¿Que se hace en el lecho con un nuevo amante cuando no hay que salir corriendo? ¿Cuando se tiene todo el tiempo del mundo? ¿Cuándo sé es tan joven y la situación es tan retorcida?

Mario simplemente se levantó, tomaba el bote de agua medio lleno, bebía un poco solo por quemar tiempo, pensar, hacerse idiota en toda regla. Eliza lo miraba, ¿La espalda? Fantástica, ¿Las piernas? Amplias y fuertes, ¿El trasero? Bastante lindo para ser un chico, tenía suerte, pero su suerte tenía fecha de caducidad, miró el reloj en su celular, había tiempo.

El chico echó la vista atrás, Eliza se había levantado, le daba la espalda y buscaba algo en su bolso, revisaba su celular, luego parecía que volvía a buscar algo en su bolso, ella volteó detrás y sus miradas se encontraron.

—Hola.

Dijo ella torpemente, avergonzada, rieron nerviosos, de pronto ella se percató de nuevo de lo que llevaba puesto, que le daba la espalda y él no miraba sus ojos precisamente, se sentía más vulnerable que desnuda... Pero también más poderosa, más sexi que sí solo estuviera desnuda.

—¿Te gusta? — preguntó nerviosa, arqueó apenas visiblemente la espalda, lo suficiente para que él supiera que ver estaba bien.

—Demasiado, tu culo... En serio, tu trasero está increíble.

Decía mirando lujuriosamente el precioso par de nalgas de Eliza, el liguero, las medias, la pequeña tanga que se metía entre sus nalgas, todo enmarcaba perfectamente su precioso culo.

Eliza miró un poco debajo, su erección, crecía, ¡¿Tan rápido?! La pastilla cumplía su función. Mario comenzó a caminar hacia ella, la chica forcejeó contra su timidez, le dio la espalda, puso las manos sobre la cama y empinaba bien el culo para dejárselo a su merced. Mario le tomaba su lindo trasero con ambas manos, contemplaba ese lindo manjar a todo lo largo, la delicada y exquisita espalda de la jovencita, sus hermosas nalgas, el encaje... Pensó en cuanto tiempo pasó antes de ver así a su Fany, casi 9 meses, tal vez 10, en su momento fue lo más emocionante de su corta vida, esto era mejor, muchísimo mejor, y en sincronía, Eliza pensaba lo mismo, 8 meses tardó ella en mostrarse así a su Julián y en descubrir, sin emocionarse demasiado, la muy normal verga de Julián erecta.

Mario le acariciaba la espalda, la chica disfrutaba la firme y fuerte mano del chico, cerraba los ojos, sintió el pesado cuerpo del chico descender detrás de ella, él le abrió un poco las piernas, desabrochó su liguero, retiró la tanga y volvió a abrochar. Disfrutaba la hipnótica vista del culito de Eliza frente a su cara, le abrió las nalgas, acercó la cara y comenzó a comerle los agujeros a la chica. Disfrutaba los interesantes y peculiares sabores, diferentes, pero curiosamente familiares con Fany. Eliza arqueaba la espalda por completo, le ofrecía bien el culo al novio de su mejor amiga, disfrutaba la lengua del chico pasarle profundamente entre las nalgas y acariciarle el coño, lo miraba reflejado en uno de los espejos que tenía frente a ella, le gustaba la vista del chico con la cara metida en su culo, le restregaba las nalgas en el rostro solo por diversión.

Mario alzó el rostro, la chica intentó levantarse y darse la vuelta riendo un poco, buscarle el rostro, besarlo, pero el instinto dominaba a Mario de nuevo, le puso la mano firmemente sobre la espalda, como una firme orden sin palabras para que ella no se moviera, y Eliza obedeció, se afianzó en su lugar emocionada.

Tomó su verga ya erecta y la acomodó en la entrada de Eliza, la pastilla funcionaba cómo magia negra, obviamente a su edad no tenía ningún problema en ese apartado, pero sin duda quedaba claro que ese químico le daba erecciones más rápidas y firmes, hasta él sabía que eso había sido rápido y sentía su miembro como piedra y más sensible. Empujó un poco solo para posicionarse, Eliza lanzó un pequeño quejido y su espalda se arqueaba, Mario la regresaba violentamente a una posición más erótica presionando firmemente su espalda con una mano y Eliza retomaba la posición.

Tomó su linda cadera con ambas manos cuando estuvo un poco dentro de ella, empujó lentamente, pero sin detenerse, el coño de Eliza se sentía fantástico, ¿Tal vez el de Fany se hacía acoplado a su tamaño y por eso se sentía menos apretado? Tal vez solo era su mente jugándole chueco, pero la sensación era real aunque fuera un engaño de su psique. Entró y salió 2 veces más en Eliza lentamente, la chica gimoteaba, se retorcía un poco, bufaba con fuerza buscando alivio.

—¿Te duele? — preguntó más por ego que preocupación.

—Sí... Es que así se siente más — dijo la chica sin dudar, incluso con su Julián notaba que en esa posición era más intensa la sensación.

—Te la meteré tan fuerte como pueda, ¿Ok? — dijo con sadismo, entrando lentamente en ella.

—Sí, como tú quieras — dijo ella lujuriosamente.

Mario quiso imitar un vídeo que vio. La tomó con una mano del hombro, con la otra enredó su cabello en una firme coleta y jaló un poco alzándole la cara. Se miraron en el espejo, él entró en ella una vez más, le restregaba el pubis contra las nalgas, disfrutaba el quemante interior de Eliza, salía de ella y comenzaba a follarsela cómo siempre quiso follarse a su Fany y ella nunca lo dejó.

Entraba con brusquedad, precipitadamente, con total firmeza y fuerza, lo que no tenía en velocidad en ese momento, lo compensaba con fuertes penetraciones aplaudiendo el trasero de Eliza contra él. La pobre chica sufría, se retorcía, se hacía al frente involuntariamente con cada aplauso sexual, apretaba los dientes con fuerza y aún así se le escapaban ruidos desesperados de la garganta, cerraba los ojos, cerraba tan fuerte los puños que las yemas de los dedos se le ponían blancas, Mario arremetía de nuevo con fuerza, aplaudiendo su trasero, clavándole la verga entera, restregándole el pubis contra las nalgas y de nuevo saliendo, solo para volver a entrar con la misma violencia, y otro gimoteo desesperado de la chica. Era demasiado, sentía que su lindo y apretado coño era ampliado hasta limites que no creía posibles, el dolor era fuerte, cada vez parecía doler más, quería escapar, casi lo intenta, pero abrió los ojos, lo miró reflejado en el espejo detrás de ella, viéndole el culo sin parpadear, con la cara torcida del placer y de pronto lo escuchó gemir, el dolor le privaba los sentidos, pero verlo la hizo poder escucharlo de nuevo, él fue dentro de ella una vez más y escuchar su viril ruido sexual al penetrarla, la hizo querer quedarse y soportar la tortura con tal de complacer a ese asombroso chico.

Mario soltó su cabello y hombro, tomó su cadera con ambas manos, seguía penetrándola, pero comenzó a ir más rápido, se ponía más cómodo así, Eliza se sacrificaba, hundía la cara en la cama, le entregaba el culo, Mario comenzó a hacer un vaivén increíble con el culo de la chica, él iba delante y la traía hacia él, salía de ella y la alejaba un poco, solo para repetir el proceso, sin limitarse ni un poco, utilizando toda su fuerza y penetrándola tan rápido como podía, sonando fuertemente las lindas nalgas de la chica contra él cada vez más rápido y más fuerte, yendo rápido pero sin sacrificar ni un poco de profundidad.

El cuarto se llenaba de los profundos gemidos de él, los escandalosos aplausos del culo Eliza y los ahogados gimoteos desesperados de la chica contra la cama, le enviciaba la vista de su enorme madero entrando en la chica, iba tan rápido y profundo como podía, los histéricos ruidos de Eliza solo lo alentaban a no detenerse, le azotaba el culo tan fuerte que la adolescente levantaba la cara y gritaba, y su mano quedaba ahí marcada, le repetía la dosis en la otra nalga y Eliza se movía tanto que casi se le escapaba, casi, pero él la tenía tan bien agarrada de la cadera que eso no sucedería.

—¡¡Más fuerte!! — gritaba Eliza histérica, masoquista.

Le clavaba la verga tanto como podía en respuesta, usando la cadera y sus brazos para jalarla hacía él, un húmedo y ruidoso aplauso sonaba en toda la habitación junto con un honesto y escandaloso alarido de Eliza, ella se movía tan violentamente que perdía la posición y se precipitó quedando acostada en la cama, él se acostó sobre su espalda por completo y siguió follandosela.

Mario se puso cómodo encima de la chica sin sacarle la verga, ella bufaba, él le robaba el aliento con todo su peso sobre ella, Mario tomaba de los hombros y se deslizaba dentro de ella, sentirla tan cálida contra su cuerpo lo ponía más cachondo que mirarle el culo, se desesperaba, comenzaba a levantarse y dejarse caer sobre ella para alcanzar su orgasmo.

—¡Que buena puta eres!

—¡Quiero ser tu puta siempre! — respondió desesperada entre sus quejidos y los gemidos de Mario.

Le restregaba la verga desesperado, Eliza se quejaba, Mario se la clavó con fuerza y comenzó a disfrutar correrse dentro de esa linda chica por segunda vez en la noche, clavándole cuánto podía la verga, alargando su delicioso orgasmo y el sufrimiento de la chica debajo de él.

Recuperaban el aliento, Mario no sacaba su miembro de aquel delicioso lugar, le besaba el rostro a la chica.

—Esta estuvo increíble — decía él, cero risas, respiración agitada.

—Me dolió un chingo — decía ella con el mismo tono desesperado.

—Tú dijiste que hiciera lo que quisiera, eso hice — decía él levantándose de ella, le azotaba gentilmente el trasero y reía.

—Quién sabe cuándo volvamos a follar... Hay que hacer todo lo que queramos — dijo ella mirándolo.

—Todo — dijo él sonriéndole.

—Hablando en serio... — decía ella sentándose, él esperaba — De verdad quién sabe si esto vuelva a pasar.

Dijo Eliza con determinación, ya no estaba segura de si se mantendría leal a Julián o siquiera a Fany si tuviera que elegir, pero parecía que Mario lo tenía claro, ella estaba convencida de que estaba más en eso que él.

—Quiero... Quiero disfrutarlo mucho... — decía ella, pero parecía no estar satisfecha con sus propias palabras, parecía buscar la expresión adecuada, por falta de imaginación o valor, respiró profundamente y lo miró — Quiero que TÚ lo disfrutes mucho… me gustas mucho — dijo ella y se sintió como una declaración obvia, pero poderosa, no lo miraba — Quiero complacerte en todo, todo lo que quieras, eso haremos... En serio quiero ser tu puta — dijo sonriendo torpemente, Mario la besó.

Se recostaron, se besaban cómo novios y él la tocaba sin pudor, ella seguía húmeda, lo estaba todo el tiempo, Eliza descendía, él lo permitía sonriendo, la chica le lamia las pelotas y miraba emocionada como la erección mágica del chico crecía de nuevo.

—Ven, puta — le dijo él subiéndola encima.

"Mas te vale que saltes en la verga de mi novio como puta" recordaba las palabras de su amiga y sentía un escalofrío. Eliza enarcaba las piernas subiéndose a él, dejaba que Mario se acomodara debajo de ella y se sentaba lentamente en la verga del chico, sentía emocionada como el enorme tamaño de él no pasaba de moda, seguía siendo tan imponente y poderosa la sensación, Mario disfrutaba entrar lentamente en la jovencita, la tomaba firmemente de la cadera, la penetraba por completo y comenzaban a follar estilo vaquero.

Tomaban velocidad rápido, después de ese violento perrito, cabalgarlo se sentía muy bien, él la hacía bajar y subir con rapidez, los aplausos volvían, se miraban emocionados, Eliza gemía honestamente y él más, se recostaba sobre él y le ponía las tetas en la cara a propósito, él tomaba su culo y no paraba de entrar en ella. Eliza lo sentía como mil mares precipitándose dentro de ella, el orgasmo le llegaba con fuerza, él no soltaba sus redondas nalgas, no dejaba de penetrarla, sentía como el coño de la chica le estrujaba violentamente la verga, gemía desesperado, alternaba el ritmo, yendo más despacio, disfrutando la palpitante vagina de la chica, le besaba el cuello, le acariciaba la espalda, le clavaba la verga y se corría dentro de ella.

—Ese estuvo increíble — decía ella riendo a lado de él.

—¡Sí! Ya te acostumbraste a mi vergota — decía sonriéndole y se besaban.

—Más o menos eh, no creas — respondía cómicamente y reían.

—Mmmm — expresaba él para llamar su atención, la chica esperaba — Siempre he querido bañarme con Fany, pero le da miedo que su madre pregunte algo si la ve con el cabello húmedo llegando — dijo él sonriéndole.

—Tampoco me he bañado con Julián, suena divertido — respondió ella sonriendo.

Los adolescentes corrieron de la mano al baño, una linda ducha con puertas de cristal, Mario entraba y abría la llave, se echaba atrás por el agua fría y abría la caliente, ella se quitaba rápidamente la lencería, reían, él la jalaba dentro apenas ella estaba desnuda y se besaban bajo el agua, para 10 minutos después estar gimiendo al compás de los aplausos del culo de Eliza contra Mario mientras ella estaba empinada con las manos contra la pared.

—¡¿Cómo se te para tan rápido?! — preguntaba cómicamente y con histeria Eliza mirando la verga de Mario como piedra otra vez, acostados por completo desnudos, aún algo húmedos por el regaderazo.

—Un mago nunca revela sus secretos — dijo él riendo.

—Me encanta.

Dijo ella tomándole firmemente la verga, se besaban, se preparaban de nuevo, no querían perder ritmo, sonaba el celular de Eliza, la chica tomó el móvil de inmediato, podían ser sus padres, Mario lo sabía, esperaba.

—¿Quién es? — preguntó con nervios.

—Julián — respondía Eliza, aliviada en un segundo, mirando la llamada en la pantalla del móvil, miraba a Mario esperando ayuda.

—¿Crees que sea importante?

—No sé... Es que me dijo que solo llamaría si era importante, no sé, ¿Y si se enteró de algo de mis papás? — preguntaba nerviosa.

—Contéstale.

—Bueno — respondió nerviosa, se ponía de pie desnuda con el celular en la oreja.

—Hola amor, ¿Interrumpo?

Preguntó Julián nervioso, histérico, emocionado, respiraba con fuerza, pensó durante 2 horas que diría si ella contestaba, preguntarle si interrumpía le parecía lo menos patético.

—Emmmm no, ¿Pasa algo? — preguntó nerviosa.

—No, no, todo bien, no te preocupes — respondió rápidamente el chico, quería preguntar mil cosas.

—Ok — respondió ella en seco, Mario se acercaba detrás de ella con curiosidad, Eliza lo miró y alzó los hombros confundida.

—Solo quería ver cómo estabas — dijo el nervioso Julián.

—Estoy bien, todo bien — dijo Eliza, Mario le preguntaba que sucedía usando solo el rostro, ella volvía a encogerse hombros, Mario le acariciaba el culo.

—Ya me voy a dormir, quería decirte buenas noches — dijo Julián.

—Ok,ok, amor, hablamos mañana, ¿Ok? Descansa — decía la chica tomando la erección de Mario, lo besaba en silencio.

—Te amo — le decía Julián pegándose el celular con fuerza al oído.

—Yo también — dijo ella rápidamente, intentando no hacer ningún ruido raro, Mario le metía 2 dedos.

—Bye — dijo Julián herido, ella jamás dijo solo "yo también* cuando él le decía que la amaba.

—¿Todo bien? — dijo Mario besándola.

—Sí, solo quería decir buenas noches — respondía ella, arrojaba el celular en la cama.

—Yo sí voy a pasar una buena noche — respondía Mario y reían besándose.

—Métemela — le dijo lujuriosamente.

Se subieron a la cama, él la ponía firmemente en cuatro patas, la lamia profundamente entre las nalgas 2 veces y le acomodaba la verga en la concha.

—¿Lista? A ver si ahora la aguantas mejor — dijo con sorna.

—Aunque chille no pares — dijo ella lujuriosamente y Mario sonrió.

Comenzó despacio y profundo, él gemía y ella hacia esos ruidos sádicos que él amaba, y subían la velocidad, se tomaron el compás rápido, 10 minutos después Mario estaba follandosela a toda velocidad, aplaudiéndole el culo, azotándole con fuerza las nalgas, gimiendo desesperado.

—¡TU VERGOTA! — decía ella entre sus berridos histéricos.

—¡Cállate zorra!

Le respondía sin parar de penetrarla, sin dejar de mirar su precioso culo y gimiendo como psicópata, Eliza retorciéndose, quejándose, soportando más que disfrutando por complacerlo, bufando con desesperación y Julián aun en llamada masturbándose cómo loco, sin poder creer que su chica estuviera haciendo esos ruidos tan histéricos que jamás ni una sola vez escuchó por parte de ella, creyendo aún menos esos escandalosos y jodidamente rápidos aplausos que Mario hacía con el trasero de su linda novia.

Durante 20 minutos los 3 gozando, Julián confundido, sin dejarse de masturbar, pero retrasando su corrida, su chica haciendo esos ruidos desesperados y Mario gimiendo profundamente, hasta que el cornudo reconoció que Mario se corría, porque pararon los aplausos penetratorios después de que vino uno especialmente fuerte, porque Mario gimió liberándose y porque su chica por fin descansaba, Mario clavándole la verga entera, desesperado sosteniéndola de la cadera contra él firmemente, descargándose dentro de ella, Julián se apresuró y se corrió junto con él, colgando de inmediato por miedo a ser descubierto.

La parejita reía, se limpiaban, aunque ya no había mucho jugo de Mario por ahí, Eliza ni siquiera sospechó que su novio espió todo cuando puso su celular en la mesita de noche, se recostaban, se besaban, se tocaban y 15 minutos después él se la follaba de misionero por 20 minutos más.

Platicaban cualquier cosa cómo amigos, pero se acariciaban todo el tiempo como amantes, las erecciones mágicas de Mario no permitían que las charlas durarán más de 15 minutos, después estaba Eliza sentada en la cara de Mario a petición de él y comiéndole la verga en un delicioso 69, cosa que ella había hecho con Julián y nunca le encantó, pero que para Mario fue nuevo y disfrutó cada minuto con el precioso culo de la chica en su cara y más cuando eyaculó en la boca de ella.

Se cansaron por fin un poco, durmieron sin acordarlo explícitamente, ya era casi las 2 de la mañana, ella solo se recostó aturdida, cansada y sudada, él le hizo la cuchara grande y durmieron profundamente por algunas horas, desnudos, apenas con una sábana encima, ni un terremoto hubiera despertado a Eliza... Bueno, pero la verga de Mario entrando en ella lentamente sí la despertó.

—¡Oye¡ ¡Ma-Mario! — dijo asustada, le dio un codazo, quiso voltear, quitarse, la sensación era abrumadora, pero Mario la tenía bien sujeta de la cadera y volvía a entrar en ella.

—Dijiste que podía hacer lo que quisiera — dijo entre sus gemidos en su oído.

Ella rio un poco y lo dejó continuar, él se la folló suavemente y cuando terminó dentro de ella se quedaron así y durmieron para no despertar hasta la mañana siguiente.

El teléfono de la habitación sonaba fuertemente, Mario contestaba rápidamente para que la cosa se callara y Eliza revisaba su celular rápidamente, 10am.

—Buenos días, ¿Estaría bien ya el desayuno? — preguntaba una mujer amablemente.

—Sí, está bien — respondió Mario con sencillez, aún intentando espabilar.

—¿Que pasó? Nos vamos hasta mediodía, ¿No? — preguntaba Eliza también modorra.

—Sí, el desayuno — decía el chico caminando al baño.

Les llevaron el desayuno 10 minutos después. Les dejaron una linda mesita con ruedas fuera del cuarto que Mario tomó en boxers. Nada especial, el desabrido desayuno continental de siempre, que los adolescentes devoraron desnudos y entre risas, no habían cenado y quemaron muchas calorías y por supuesto que quemaron más apenas acabando el desayuno, Eliza saltando en la verga de Mario una vez más, ella pensaba que definitivamente ese era su modo favorito con él, llegó 2 veces en ese delicioso mañanero.

Eran más de las 11am. Los echarían de ahí hasta el mediodía, pero Eliza quedó con Fany precisamente a mediodía, para ir a su casa y terminar así el gran día. Se vestían, ya no había besos ni siquiera tocamientos, regresaban a la aburrida realidad mientras se ponían la ropa. Mario veía las redondas nalgas de la chica en su diminuto short y hubiera podido y querido echar 2 rounds más, Eliza hubiera querido 5 más y 2 tardes enteras de ser posible, pero siempre tenemos que regresar a la asquerosa realidad y empezar algo más en ese momento, solo les hubiera dejado a medias.

—Lastima, te queda genial — decía Mario sobre que Eliza dejaría la lencería abandonada ahí, no podía arriesgarse a que su madre se lo encontrara.

—Y no fue barato — respondía la chica torciendo la boca.

Salieron de ahí y entraron al taxi que les ofrecieron pasiva-agresivamente de parte del motel, Mario le abrió la puerta, Eliza entró, reían en complicidad, pero viajaron en silencio.

Se despidieron sin tocarse cuando él bajó una cuadra antes de su casa, preparándose mentalmente para mantener la póker-face frente a su padre, mismo silencio cuando ella se encontró con Fany y fueron a su casa sin decir básicamente nada y Fany refrendó la mentira sobre que había estado la noche anterior con ella en su casa como le dijeron a esa mujer. Un final anticlimático para un día asombroso.

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Espero la hayan disfrutado. Originalmente la segunda y tercera parte eran una misma, pero al final creo que en 2 partes tenía mas sentido.

Subiré pronto la cuarta parte que será la última de esta saga. Si te gustó, por favor comentame y dame una valoración positiva. Saludos.

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