Voyeur, el placer de espiar 19
La oficina se vacía, pero la verdadera acción comienza en la casa de los tíos. Él observa, él toca, pero hay una línea que no cruza: su propia familia. Sin embargo, la noche tiene planes para romper todas las reglas, y el deseo de verla manchada de semen será más fuerte que cualquier tabú.
No sabía lo que me esperaba en el futuro, pero mi presente era espectacular, era mirón en una relación de infidelidad consentida. Disfrutaba de una mujer que se convertiría en mi esposa y madre de mis hijos, una mujer nacida para el placer y de la lujuria, con la cual había disfrutado de unos cuernos bisexuales y un trio con dos mujeres.
Mi relación con el jefe cada vez era mejor, él lo tenía todo calculado, me contaba con entusiasmo cada fantasía que tenía con mi tía cada vez que veía una porno italiana, me pedía opinión, había en especial dos fantasías que quería realizar, sí o sí, lo tenían loco, en una de ella ya casi me había convencido para que eyaculara sobre ella, pero la otra ya me oponía sin reservas, no podía hacer eso. Se había empeñado en hacer una doble penetración a mi tía, y que el otro macho fuera yo. De ninguna de las maneras podía hacerlo, por más que me gustara mi tía como mujer, por más que me hubiera masturbado y mi imaginación hubiera volado hacia ese acto donde yo soñaba a mi tía cabalgándome. Me negué en rotundo, "nunca, nunca lo haré, es mi tía, no me lo pidas más, Andrés, no voy a follarme a mi tía, no me lo pidas más".
Llegó el sábado noche y salimos a cenar los cincos, unas cenas ligeras con un par de tapas cada uno, tras lo cual llegamos a casa de mis tíos, el ambiente era tenso, yo estaba todavía indeciso, aunque mi tía intentaba calmarme, "tranquilo nene, solo te vas a correr encima mía, nada más". Por otro lado había una invitada de excepción, Encarna la cual me ayudaría en mi tarea aquella noche, no sabía si el jefe la respetaría o intentaría algo con ella, a pesar de mi advertencia, o si ella al ver el pollón de Andrés también quisiera probarlo, aunque ella me dijo que en la vida me sería infiel con otro hombre, en ambos casos no lo consentiría. Encarna, también se desnudó para no desentonar en aquella habitación, como a mí en el primer día, a ella le llamó la atención el pollón de Andrés y ya empezaba a comprender el sometimiento, tal y como yo le había contado, de mi tía a ese macho, viejo, gordo y feote.
Mary estaba en la cama boca arriba con la piernas abiertas, Andrés entre sus piernas lamiendo su coñito moreno. Mi tío de rodillas junto a la cama viendo en primerísima fila como su mujer gemía con el jefe haciendo de las suyas con la lengua, su pollita no rebasaba su mano, parecía que cada día era más pequeña. Mi novia permanecía a mi lado pendiente sin perder detalle, excitada se mordía el labio inferior.
Habíamos llegado al acuerdo que Mary tendría un orgasmo antes de su lluvia de esperma, con lo cual Pepe no se tocaba aún y yo lo hacía con parsimonia, disfrutando el momento, Encarna se empezaba a tocar. El jefe vio que Mary estaba ya preparada y comenzó a follarla como a él le gustaba, duro sometiéndola, me coloqué tras mi novia para no quitarle la visión y comencé a masturbarla mientras le mordía el cuello y pellizcaba sus pezones, el jefe folló a mi tía, boca arriba pies en sus hombros y a 4 patas donde Mary se corrió como siempre lo hacía, temblando, convulsionando sobre la cama y con una gran cantidad de líquidos saliendo de su coño moreno. Encarna sucumbió al placer que le estaba dando mis dedos y la visión del orgasmo tembloroso de Mary, se de más que no le hubiera importado saborear cada gota que salía de allí, pero de momento tenía un propietario, Pepe que limpiaba todo diligentemente con su lengua.
Ahora sí, Andrés, podía disfrutar de la fantasía que lo tenía obsesionado todos estos días, lo había calculado todo, ella se tumbaría en la cama con la cabeza próxima al filo, el la follaría y nosotros nos masturbaríamos cerca de su cara, incluso ella podía masturbar y chupársela a Pepe, a mi me masturbaría mi novia, y si la cosa iba bien y no me echaba para atrás, lo haría en sus pechos.
Andrés la follaba despacio pero con duras embestidas, la boca de Mary estaba abierta, buscando aire, esperando la primera corrida, con una visión perfecta de mi polla cerca de su cara siendo masturbado por mi novia. Nuestras miradas coincidían, y cerró los ojos al sentir los primero chorros de esperma, era su marido, quién empezaba a soltar una cantidad considerable ya que hacía dos semanas que no se masturbaba, se lo había prohibido el jefe, una 5 o 6 descargas mancharon el rostro y el pecho de mi tía.
Siempre me había parecido que una mujer con la cara manchada de esperma era una mujer que incrementaba su belleza considerablemente y mi tía no fue una excepción, estaba preciosa. Andrés quería ser el último, pero compartía mis pensamientos sobre la belleza femenina y ver la cara de eterna adolescente de Mary así de manchada lo puso a mil. Sacó el pollón de su coño y apuntó a la boca y cara de Mary, la cual recibió de nuevo una descarga similar a la anterior, su cara había quedado muy cubierta de lefa. Limpió la cuenca de sus ojos con un pañuelo para abrirlos, quería verme, mi novia se afanaba mastubarme, me costaba hacer aquello, no podia, aunque mi excitación era máxima, Mary me miraba fijamente, "vamos, hazlo, correte" me decía. Su preciosa cara lefada me tenía malo, "vamos, dame tu polla, quiero chuparla" me dijo, alargando su mano..
Mi novia soltó mi polla, "toma toda tuya, chupársela zorra", me acerqué a ella, le metí la polla en la boca y empecé a follársela, hasta la garbanta, mi excitación era máxima, mi tía me estaba comiendo la polla, y estábamos los dos disfrutando, empecé a correrme, una buena corridas, Mary, sedienta tragó casi todo el semen que solte, y el resto lo dejó caer por su barbilla hasta sus pechos ella disfrutó enormente aquello, a mi me había parecido sublime. El jefe permanecía allí de pie mirando a su putita, cómo con sus dedos acercaba a su boca algunos restos mientras Pepe limpiaba a lengüetazos todo aquel baño de semen que había en el cuerpo de Mary.
Aquello había superado con creces lo que el jefe había planeado, contento y nuevamente con la polla dura del atracón de adrenalina que había tenido, volvió a follar con mi tía, no sé cómo como la folló, ni cuántos orgasmos más tuvieron aquella noche. Encarna me empujaba hacia la que fue mí habitación una temporada, reclamándome sexo, estaba fuera de sí, aquello la puso como una moto y follamos como locos, con los niveles de testosterona por las nubes, me corrí un par de veces y Encarna lo hizo al menos 4 veces más, en todas le temblaron las piernas, caímos derrotados cual guerreros en una batalla interminable, sin ningún ganador, ambos vencidos, derrotados por la lujuria y el placer.
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