Voyeur, el placer de espiar 18
Javi y yo estábamos allí, impotentes y excitados, viendo cómo mi novia devoraba a mi hermana melliza. Ella no pedía permiso, solo tomaba lo que quería, mientras nosotros nos masturbábamos en la oscuridad. Pero cuando mi amigo intentó cruzar la línea, yo le recordé quién era el dueño de esa noche.
Javi y yo fuimos testigos, polla en mano de la lujuria de Encarna y la entrega de Ana. Mi novia le pidió que se pusiera boca abajo, el cuerpo perfecto de mi hermana quedó patente en ese perfil, Encarna me miró, lo vi en su cara ella no sabía si se volvería a repetir aquello por eso estaba dispuesta a saborearla, "disfrútala" le dije. Ella lamió sus piernas, sus nalgas al igual que si fueran unos pechos, las amasó, lamió y mordió, la piel de Ana se erizaba con cada lamida, o bocado, paso su lengua por su espina dorsal hasta que se tumbó sobre mi hermana cuya espalda parecía un arco perfectamente dibujado a compás, dejaba su culito resaltado en el cual puso su pubis, clavó sus duros y tensos pezones en su espalda y mientras restregaba su coñito rosadito, lamía, besaba, y le soplaba el cuello y el lóbulo de su oreja.
Pasó su mano derecha por debajo de su cadera para tener acceso al coñito moreno de mi hermana y empezó a masturbarla mientras ella movía su pubis en el culito de Ana, la cual giraba la cabeza buscando el beso y la lengua juguetona de Encarna. Mi diosa le dio en todo momento su tempo, al igual que hice yo masturbándome, cosa que no hizo Javi, ya que se corrió en el primer movimiento de cadera de mi novia que pareciera estar follándola analmente.
Ana gemía y resoplaba, los dedos de Encarna, se movían con maestría en su coñito, Ana se movía buscando en esos dedos su orgasmo, que no tardó en llegar, gimiendo y temblando de placer debajo de Encarna. Ana se volteó y mi diosa no le dio tregua, quería saborear aquellos flujos que habían provocado el orgasmo, y se lanzó a su entrepierna, lamiendo con deseo con lujuria, subiendo a besarla, volvía a bajar y paraba en sus pechos para lamer sus grandiosos pechos, para seguir después lamiendo su vulva, absorbiendo su clítoris, con el cual disfrutaba jugando con su lengua, mi hermana estaba otra vez moviendo sus caderas, gimiendo, su respiración se entrecortaba, Encarna la miraba a los ojos, fijamente. Ana la reclamó, ella también quería dar placer a mi novia. ella se volteó para hacer un 69. La primera en llegar al orgasmo fue mi novia tras lo cual volvió a meterse entre sus piernas para saborear el fruto de su nuevo orgasmo.
Ambas jadeaban en la cama y Javi hizo un amago de entrar en la cama con ellas, lo pare en seco, "quieto todavía no han terminado, disfruta lo que viene ahora. Es su momento no lo estropees, después tienes el tiempo que quieras para disfrutar de Ana" el se envalentonó pensó que aquello abría la posibilidad de acostarse con mi novia también, "pero yo quiero hacerlo con las dos juntas" "por encima de mi cadáver, no vas a tocar a mi mujer ni con un palo" "no te pongas así cuñado que es broma" "ni de coña tío, ni de coña, disfruta esto, demasiado que la estás viendo a desnuda".
Conocía bien a Encarna, sin dale tregua volvió al ataque, y tras disfrutar de mi hermana y conseguir tres orgasmo decidió dar por terminado aquello tras una tijera perfecta de ambas donde sus vulvas se juntaron al igual que dos labios en un beso perfecto, sus caderas se movían buscando sus orgasmos, presas de la lujuria y el placer, ambas llegaron a sus orgasmos, extasiadas, jadeantes, sudorosas, ambas triunfadoras, ninguna vencida. Mi diosa le había dado a Ana 5 maravillosos orgasmos.
Ana miró a Javi y le dijo: "espero que hayas aprendido de mi cuñada a comer un coño" el pobre Javi se había corrido tres veces y le costaba empalmarse. Yo por mi experiencia solo una. Tenía cargados mis huevos todavía para darle a Encarna una sesión de sexo duro, muy duro en presencia de Javi y Ana, mi novia acabó mordiendo la almohada y con las piernas temblando. Varias veces escuché decir a Ana "ole mi hermano, así se folla si señor" ellos se animaron a follar en la misma cama en extremos contrarios, ellas tuvieron un orgasmo cogidas de las manos mirándose frente a frente. De todo lo vivido no cambiaba esa noche por ninguna. Mi diosa otra vez daba placer a una mujer en mi presencia, no una mujer cualquier sino a mi hermana melliza, mi sangre, siendo una gran satisfacción para ella cumplir su fantasía de follar a los dos hermanos.
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