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El mejor regalo de una esposa para el mejor profe

Para su cumpleaños, él esperaba una cena romántica, pero su esposa tenía otro plan. Le vendó los ojos, lo ató y le prometió el placer prohibido que siempre imaginó. Cuando retiró la venda, descubrió que la alumna que tanto deseaba estaba lista para ser su regalo.

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Siempre he dicho que la mejor manera de vivir la vida sin que nadie se entrometa en ella es teniendo dos caras y mucha discreción.

Tengo 40 años y llevo siendo profesor durante mucho tiempo. Nunca me ha gustado mezclar mi vida privada con la profesional y en mi trabajo todos piensan que soy serio y muy correcto pero cuando termino mi jornada laboral toda esa fachada queda atrás y en casa soy una persona que me gusta disfrutar de la vida y el sexo.

Me casé con mi esposa muy joven, pero ambos siempre fuimos muy aventureros en esto de amor, aunque como cualquier otra persona teníamos nuestros límites y nuestras fantasías.

Tanto a mi esposa como amí nos gustaba pensar en diferentes situaciones que iríamos probando con el tiempo, otras nos las contábamos en momentos de sexo y nos ponía aún más cachondo como un afrodisiaco más. Nos gustaba contarnos situaciones que podrían darse y a ella le gustaba mi profesión ya que desde joven siempre tuvo la fantasía de enrollarse con un profesor que tuvo pero nunca se atrevió, así que le encantaba pensar que yo era su profesor, que estaba casado y ella como alumna me follaba de todas las maneras posibles.

Yo a su vez, le contaba situaciones que se daban en mi jornada laboral donde alumnas de 17, 18 o 19 años, intentaban llamar mi atención de forma provocativa con el fin de fantasear o querer probar con un chico maduro y no los niñatos que tenían su edad. Esto le hacía sentir celos a mi esposa, pero al mismo tiempo la ponía cachonda de pensar que en su momento ella también deseo ser follada por su profesor.

Mi esposa que con los años fue modificando su cuerpo por las razones obvias de la vida, pasó de ser delgada y pechugona y un culo de infarto, a una gordibuena, como me gusta llamarla porque sigue manteniendo sus curvas, con los pechos grandes, ahora más caídos y su culo espectacular. Según ella, había perdido su belleza, pero siendo sincero, para mí y muchas personas que le rondaban era muy atractiva, tanto que en ocasiones hasta alguna chica se le habia insinuado y esto había provocado ciertas peticiones mías de valorar si probar en algún momento.

Como cualquier hombre, me habría encantado verla con otra, o sino ver la posibilidad de hacer un trío, pero no sintiendo ella atracción por las mujeres nunca se dió el caso.

Hacía ya un año, fuera de mi jornada laboral, preparaba a algunos/as alumnos/as de entre 24 y 29 años, a superar la titulación que no pudieron sacar de jóvenes.

Una de ellas, Rosa. Tenía 28 años. Venía por casa, ya que por su horario de trabajo no tenía mucho tiempo y en mi despacho, le impartía las clases de ocho a nueve de la noche.

Rosa era una chica inteligente, pero además era guapísima. Al igual que mi esposa a su edad, ella tenía un buen pecho, una 100 o 110 copa D, y un culo respingón bien puesto. Aunque lo más que me llamaba la atención eran sus ojos color miel y sus labios carnosos. Encima venía a casa con ciertos modelo de ropa que no ayudaban en nada a distraer mi pensamiento y siendo sincero, fueron la causa de muchas pajas cuando mi esposa no tenía ganas o pensamientos durante las sesiones de folleteo con mi pareja.

Pensaréis que soy un pervertido y que eso no se hace a una mujer como Marga, mi esposa, pero siempre nos contamos muchas cosas y una de ellas es que teníamos libertad de pensar y fantasear cuando quisiéramos. Ella también lo hacía.

Nunca tuve nada con Rosa. Siempre fuí profesional, y siempre impartía mis clases con la puerta abierta como símbolo de respeto hacia ambas. Así tampoco caería yo en la tentación aunque me moría de ganas.

En muchas ocasiones, al finalizar las clases, Rosa cenaba con nosotros, ya que mi esposa entabló una amistad con ella, y algunas veces salían juntas de compras o se iban al cine cuando yo no podía salir por trabajo o agotamiento.

Llegó el mes de mi cumpleaños. Este año le decía a Marga, que no me apetecía hacer nada. La última vez habíamos invitado a amigos y no es que lo hubiera pasado tan bien como cavía esperar, asi que preferí ir de cena con ella o quedarnos en casa.

Ella me decía que no fuera bobo y que todos los años no se cumplía, por lo que se enfadaba por decirle que no. Me preguntaba que qué quería de regalo y siempre le decía que nada, o cuando se ponía muy pesada, le decía que me sorprendiera con algo diferente.

Llevabamos unos meses algo alejados de la lujuria y el sexo, por un problema de salud de ella, y bromeando, le decía que me trajera un juguete humano para hscer un trío o calmar mis ganas de follar.

Ella siempre contestaba con una negativa respuesta así que tampoco insistía mucho. Sabía que no le gustaban las mujeres y era celosa, así que tenía la batalla perdida.

Llegó el día de mi cumpleaños y al final, mi sorpresa fue una cena romántica en casa, con una mesa a la luz de las velas, muy chula y bastante currada. La verdad es que me había encantado. De postre un polvito canario, que viene siendo como el polvito uruguayo pero este en vez de tener nata, galleta y duce de leche, tenía crema de plátano como sustituto del dulce de leche.

Al terminar, nos pusimos a oir música y estabamos relajados en el check long, pero yo quería otro postre más. No paraba de acariciar los muslos de mi esposa y de querer follarla. La besaba y buscaba poder tocar su coño, pero ella parecía impaciente por algo y no paraba de mirar el reloj.

Pasado un rato, me levanté. Tiré de sus piernas hacia mí y abriéndolas fui besando sus muslos hasta llegar a su coño.

Subí el vestido que tenía y rodé su tanga a un lado para poder besar y acariciar con mi lengua su afeitado coño. Luego fui humedeciéndolo con mi lengua y ya ahí ella no pudo resistirse y se dejó llevar. Me acariciaba el pelo mientras yo lamía y succionaba sus labios vaginales. O jugaba con su clítoris.

Por fin, tenía mi regalo de cumple, pensaba mientras lo saboreaba.

Cuando mejor se ponía la cosa ella me obligó a parar. Me sentó en una silla y me dijo que esperara sin moverme de allí. Pensé que iría al baño a orinar o lavarse, pero volvió con una venda larga y un antifaz para dormir.

¡Quería jugar! pensé. Algo que me exitaba, así que me puso el antifaz, me amarró las manos al espaldar de la silla y me quitó los pantalones y los calzoncillos.

Luego se me hizo eterno. Pero cuando mi polla que ya estaba erecta hacía rato empezó a caer, sentí como sus labios rozaban mi glande. Algo que hizo que volviera a coger firmeza y a palpitar.

Su boca succionaba mi polla, y con su mano, me pajeaba al ritmo que la chupaba. Luego sacaba la polla de su boca y escupía sobre ella para seguir masturbándome con sus manos.

Lo hacía de vicio, y lo mejor, movía la lengua de una forma diferente pero igual de placentera como siempre.

Luego abrió mis pies y llevó sus pechos a mi polla. Los apretó dejando mi polla en medio y oyendo como escupía entre ellos, empezó a masturbarme. Hacía años que no me hacía una paja turca, se sentían duros y suaves. Un escalofrío recordaba mi espalda y me movía como si me los follara.

- ¡Si sigues así, me voy a correr rápido!, le dije entre jadeos. ¡Quiero follarte!.

Ella se acercó a mi oido y me dijo que aguantara o me quedaría sin regalo.

Soltó sus tetas y cerró mis pies. Noté como el calor de su cuerpo se acercaba a mis muslos y sentándose sobre mí, casi sin tocarme, sugetó mi polla con una mano y apoyándola en la entrada de su coño la fue introduciendo lentamente.

Algo raro pasaba, normalmente mi polla entraba sin más, pero esta vez su coño parecía prieto, y le costaba un poco entrar. Puso sus pechos en mi cara. Quería soltarme y sujetarlos porque parecían diferentes.

Oí una risa, supongo que al ver mi cara de confundido.

- Cariño, ¿qué pasa? ¿Por qué te ries?

Ella se mantuvo en silencio.

Empezó a subir y bajar sobre mi polla, sujetándose sobre mis hombros.

- ¡Qué rico se sentía!, pensé.

Y cuando mejor estaba, de pronto retiró mi antifaz, que me tenía algo ciego.

Mi cara fué de asombro y sorpresa.

- ¡Felicidades mi amor!, dijeron ella que estaba en el sofá sentada con el vestido por la cintura y su mano derecha en su coño y Rosa, mi alumna que era la que tenía enterrada mi polla en su coño, mientras que tenía las tetas por fuera y solo como vestido un liguero sujeto a su cintura.

Yo ni podía articular palabra. Miraba a Marga y a Rosa. Ámbas reían y me decían que disfrutara de mi sorpresa.

Rosa soltó mis ataduras y no dudé en llevar mis manos a su culo. Ella seguía subiendo y bajando, pero esta vez me besó con lengua de una forma muy sensual y apasionada.

- ¡Hoy soy toda tuya!, me susurró entre jadeos. ¡Soy tu regalo, dale las gracias a tu querida esposa!¡cuídala porque no hay otra como ella! Y volvió a besarme.

De reojo veía frente a mí a Marga, viendo aquella escena mientras se tocaba. Me daba respeto, no quería hacerla sentir mal, pero me gustaba muchísimo la experiencia y más siendo consentida por ella y que fuera iniciativa suya.

Perdí la noción del tiempo. Tanto fue así, que Rosa, empezó a correrse con mi polla. Su lengua humedecía sus labios, y se los mordía de placer, mientras se retorcía y daba espasmos.

Al finalizar se levantó, me cogió de la mano y me llevó junto a Marga.

-¡Ahora te toca a tí!, dijo exhausta.

Se puso a cuatro patas junto a Marga y dejándome su culo en pompa me acerqué y la penetré de nuevo. La sujetaba por sus caderas, mientras ella apoyaba su cabeza en el hombro de mi esposa. A veces le daba besos en el hombro.

No pude aguantar más, viendo como se tocaba Marga a nuestro lado, y les dije que me iba a correr, pensando en sacarla y correrme fuera.

- ¡Yo me corro ya!, dijo mi esposa muy exicitada y resoplando. ¡Correte dentro de ella, por favor!, añadió mientras cerraba sus pies y se retorcía, sin parar de mirarnos.

No aguanté más y sujetando fuerte a Rosa, la embestí para empezar a soltar mi chorro de semen en su apretado coño. Ella empujó su culo contra mí y luego sacó de un tirón mi polla pidiendo que le echara por su culo. Obedecí sin rechistar y el tercer y cuarto chorro, llegaron a su culo y bajó chorreando hasta encontrarse con el que ya salía de su coño que movía con pequeños espasmos para vaciarse.

Ella se levantó, me dió un peso en la boca y con una mirada pícara y brillante, me dijo:

-¡Gracias profe! ¡qué rica la lección de hoy, ya tenía muchas ganas de probar esta sesión!, y sonrió.

Luego se acercó a Marga, y dándole un abrazo, le agradeció la confianza y se fué corriendo al baño.

Yo miré a Marga incrédulo.

-¿Te gustó tu regalo no? Dijo sonriente.

- Me encantó, contesté. Pero...

- No digas nada, me interrumpió ella. Sé que tenías muchas ganas, ya lo habíamos hablado, y aunque yo no quería estar con una chica, me gustó ver como te la follabas ante mí. Me puso muy cachonda. Fue como ver mi fantasía de joven desde un punto de vista de espectador en directo y me encantó. ¿O no viste como me corrí como una perra?

- Lo ví amor, contesté muy agotado

Me acerqué a ella, la abracé y la besé.

- Rosa me cae muy bien, pero ahora nl vayas a dejarme por ella que es más joven, o ha tirartela detrás mío, dijo advirtiéndome.

- No amor, y menos con el regalazo que me has hecho. Ha sido maravilloso.

Nos besamos desnudos en el sofá.

Luego Rosa salió del baño, vestida y perfumada.

- Bueno pareja, me ha encantado, pero les dejo el resto de la velada para ustedes, dijo.

- ¿No pasas la noche aquí? ¡Es tarde!, añadió Marga.

- ¡Nooo! Yo ya cumplí mi parte y si quieren otro día quedamos a comer, pero hoy es su día y mejor lo pasan juntos. Me encantan como son y por eso me atreví a dar este paso pero ya es hora de irme.

Rosa se fue y Marga y yo fuimos a la ducha.

Cuando llegamos a la cama, mi polla estaba de nuevo en pie de guerra. Parecía que tenía otra vez 20 años.

- ¿Ya estas pensando en ella? Dijo Marga

- No, la verdad es que es verte y me emociono. Eres fantástica por dentro y por fuera.

Me acerqué y la dejé caer en la cama boca arriba. Abrí nuevamente sus piernas, y acercando mi polla a su coño, la metí. Ella me miraba y sonriendo me decía:

- ¡Qué dura! ¡No seas bruto que lo tengo más sensible que ella!.

- Lo tienes perfecto, le dije mientras la embestía.

Así estuvimos un rato, hasta que ya casi no podía aguantar.

- ¡Me falta poco! Dije intentando contenerme.

Al oirme ella empezó a correrse al mismo tiempo que yó. Descargué todo mi semen dentro y me quedé así hasta que me aseguré que ella ya había terminado. Mi polla se recogió y ella con su músculo vaginal la empujó fuera junto con mi semen.

Nos limpiamos y volviendo a la cama pasamos mis últimos minutos de cumpleaños escuchando como nuestros corazones recuperaban su latido normal.

Que mejor forma de cumplir años. Y qué decir de esa vuelta a las clases con Rosa. Una sensación extraña, pero entre ambos muy adulta ya que nunca sacamos el tema durante las sesiones.