Años 70: Estudiando en Valencia 1
Jorge creyó que dejar atrás a Karin era el pasado, pero al llegar a Valencia, el deseo no conoce fronteras ni lealtades. Lo que empieza como un reencuentro amoroso se transforma en una semana donde las reglas se rompen, los celos se disuelven en sudor y cada cuerpo se convierte en territorio de conquista compartida.
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El 31 de Julio llegué a Valencia y me esperaban, en el portal, mis padres con mi novia, y mis amigos, en ese orden. Dejaba atrás tres años en Alemania, donde llegué siendo un niño virgen y volvía un hombre, atesorando un montón de experiencias laborales, académicas y sociales y, evidentemente, sexuales. Dejaba tres años de relación con una chica alemana. Como conté, habíamos sido dos rectas que se cruzan. Nos conocimos cuando se acercaban, vivimos apasionadamente el cruce, pero luego se empezaron a separar y solo sentimos que cada vez estábamos más lejos el uno del otro, tanto en ideas como en sentimientos.
Pero una nueva recta apareció, mucho más cercana a mí, que se desplazaba, de momento acercándose a la mía y de la que lentamente me enamoré y decidí compartir mi vida. Pilar era una chica valenciana, de padre español y madre tailandesa, morena, con rasgos achinados, preciosa, y mucho más cercana a mis ideas, o eso pensaba yo.
Al llegar a Valencia aparqué en la puerta. Pilar se adelantó a mi madre y se colgó de mi cuello dándome un beso fuerte. Luego se disculpó con mis padres y estos me abrazaron. El niño volvía a casa, pero hecho un hombre. Subimos las maletas y todas las cajas de libros, papeles, apuntes y recuerdos, entre los que no me pude reprimir de meter, en un sitio muy escondido, a una profundidad semejante a la que se encontraba ya ella en mi corazón, unas braguitas de Karin, que le robé cuando me las tiró a la cara un día que estaba muy mojada y quería ponerme.
Una vez que acabé de colocar todo en mi cuarto, o, más bien, almacenar todo como bien pude, tuvimos la comida con mis padres, mi prima Carmen, mi amigo Fernando, que se había convertido oficialmente en su novio y Pilar, mi novia. Les conté cómo había acabado el curso, qué cosas había dejado allí porque no me cabían en el coche, la cantidad de papeles y gastos que suponía, en esa época, matricular en España un coche con matrícula alemana, y que casi merecía tirarlo por un barranco, y cómo iba el proceso de convalidación de asignaturas. Nadie se atrevió a preguntar por Karin, y yo tampoco tuve interés en sacar ese tema, que, aunque pasado y cerrado, aún quemaba en lo más profundo de mi corazón.
Después de comer tuvimos reunión en mi cuarto.
- Jorge, como me alegro de tenerte aquí – dijo Carmen
- Y yo también, allí me sentía últimamente solo. Ya el último día del lago sentí que me hubiese gustado volverme con vosotros. Y más cuando esta chica, tan preciosa con ese sombrero tirolés que tan bien le quedaba, me mandó un beso– dije, mirando a Pilar.
- Pues aquí no me lo he puesto. Son esas cosas que, donde las compras están bien, y cuando llegas a tu país, no sabes qué hacer con ellas. - dijo Pilar
- No te preocupes, Pilar, le vamos a dar buen uso, porque yo te quiero ver siempre solo en bragas y con el sombrero puesto – dije yo.
- Qué guarro – contestó Pilar – este no cambia.
- Ahora entre nosotros, y perdona Pili – dijo Carmen, sabiendo que el tema de Karin le dolía – cómo han quedado las cosas allí.
- Bien. – empecé a contar - Karin se queda en el apartamento con tres amigos, dos chicos y una chica, por lo que no le va a dar tiempo de echarme de menos. Ralf me imagino que hará un duro ataque para que Karin salga con él. Al final, me cae bien el tío.
- Bueno, pues le podemos invitar una vez al año a que nos enseñe lo que ha aprendido de ti – dijo Carmen y todos nos reímos.
- Carmen – dijo Pilar – yo te gano por seis polvos a tres con ese maromo. La primera vez te toca invitarle a ti, hasta que empates conmigo. Luego, uno tú y otro yo.
- Si le digo a mi madre, que su Carmencita quiere invitar un par de días a un alemán para que se la folle bien, porque lleva con él tres polvos menos que la novia de Jorge, la llevo a la tumba. – y todos nos reímos.
- Bueno – dijo Fernando – ya que yo no sirvo para eso, vamos a ver qué hacemos este verano. A este chico hay que divertirle un poco, que viene con cara de salchicha.
- Espera, la cara no lo sé, pero otra cosa puede – dijo Pilar, pasándome la mano sobre la bragueta del pantalón.
- Yo pienso que podríamos irnos una semana a Gandía, los cuatro a divertirnos a la española, no a la alemana. – dije yo.
- O a la alemana – dijo Carmen, poniendo cara de guarrilla.
- Vengo muy saturado de ver esas cosas en aquella casa donde no paraban de montarse orgias, – dije, - creo que necesito un descanso y, sobre todo, disfrutar con mi chica a mi lado.
- Cuando me veas con el sombrero solo, se te van a pasar esas ganas de descansar. – dijo Pilar.
- Bueno, pues nos vamos los cuatro. – dijo Carmen.
- Que conste que yo este verano tengo que estudiar – dije – hay dos asignaturas que no me han convalidado y me tengo que examinar ahora, en la convocatoria de septiembre, para poder empezar cuarto curso limpio.
- Yo también tengo que estudiar – dijo Fernando, que había terminado tercero de Derecho – me ha quedado una para septiembre, el procesal civil.
- ¿Y que sabemos de los demás?
- Amparo sigue estudiando enfermería y Roberto aprobó todo de tercero de medicina. Ha montado un grupo musical con otros cuatro, una pareja, compañeros de su carrera y otros dos más. No sé si vendrían a Gandía, tocan en fiestas de los pueblos y ahora en verano tienen mucho trabajo
Pues les damos el teléfono de Gandía, ahora que mis padres lo han puesto y que nos avisen si vienen. - dije yo.
El tres de agosto nos fuimos los cuatro en el coche de Fernando a Gandía. La casa iba a estar vacía hasta mediados de agosto, que irían mis padres. Nos instalamos Pilar y yo en el cuarto de mis padres y Carmen en el mismo que la última vez. En ese momento Carmen y yo cruzamos la mirada, recordando ambos, que la última vez estuvimos en esos cuartos con Erik y con Karin.
Yo quería pasar la semana sin intercambiarnos, cada uno con su pareja, para pasar tiempo con Pilar y disfrutar de la playa y de la cama, pero el destino y las circunstancias me hicieron cambiar mis planes.
Salimos a comer una fideua a un bar restaurante del Grao de Gandía, plato que se empezaba a conocer en esos años. Antes nos pedimos un calamar a la plancha y unas pechinas. Lo tomamos en el restaurante Casa Paco, que luego desapareció, que hacía esquina, justo enfrente del puente que cruza el final del puerto. Todo amenizado con dos jarras de sangría; a las cinco estábamos en casa con un colocón majo.
Pili dijo que subía un segundo al baño y bajó cinco minutos después con el sombrero tirolés y unos zapatos de tacón, pero sólo con el sombrero tirolés y unos zapatos de tacón, con el pubis casi afeitado, excepto una línea vertical de tres dedos de ancho.
Carmen venia de la cocina de poner café y se la quedó mirando. Fernando y yo soltamos un silbido.
- Mira la zorra esta, que pronto se ha puesto el sombrero. - dijo Carmen
- Y se ha quitado el resto – dijo Fernando
Pilar se acercó a mi contoneándose y se sentó en mis pantalones.
- Hace un año y medio que no te dejo los pantalones mojados. En ese momento ya soñaba con este momento, tú y yo juntos, saliendo. Te he echado de menos. Te quiero, Jorge.
- Es evidente que la última vez que te dije cierta cosa, te debiste ofender y has decidido demostrarme que, al menos sí que eres, igual de puta que de estrecha. Me pones un montón, Pilar. Te quiero mucho.
Empezamos a morrearnos, y vimos que Carmen y Fernando se subían a su cuarto, dejándonos solos, para disfrutar de nuestro amor y también sexo, el primero desde semana santa. Ella empezó a besarme y yo le empecé a acariciar los pechos y los pezones, para luego tocarla todo el sexo y ella ir mojándome los pantalones como había prometido hacer. Hicimos el amor en el salón, y luego nos subimos al dormitorio y disfrutamos el uno del otro de cien maneras, y ella se corrió varias veces y yo, al final, le llené un par de veces su vagina de esperma. Nos echamos la siesta abrazados. Nos despertamos a las nueve de la noche y nos hicimos un 69, comiéndome yo su coño con ansias y con restos de mi propio esperma, mordiéndole los labios y metiéndole la lengua todo lo dentro que pude, jugando con ella dentro de la entrada de su vagina y luego follándola con dos dedos hasta sacarle un orgasmo bestial. Ella me hizo una mamada espectacular, corriéndome en su boca a la vez que ella lo hacía por mis caricias. Luego bajamos a beber agua, porque la resaca de sangría es mortal.
Fernando y Carmen bajaron poco después, también desnudos. Decidimos no salir de casa y quedarnos a charlar o ver la tele. Preparamos algo de picar para cenar, entre embutidos españoles y alemanes, que yo había traído, para recordar el verano en el lago. Luego estuvimos jugando los cuatro al parchis, ganando Pilar. Al final Carmen dijo que el próximo parchis tendría que ser erótico. Ya veríamos como nos lo montábamos.
Luego nos fuimos a la cama, cada pareja a su cuarto.
Al día siguiente fuimos a la playa. Allí, estuvimos tumbados en una hamaca en un toldo de alquiler, leyendo Pili una novela y yo un libro en alemán, el Demian de Hermann Hesse, que llevaba a medias, por ser algo denso, como todo lo de Hesse. Al cabo de un rato, Fernando preguntó:
- Jorge, y tú en Alemania, ¿qué comías?
- Comida española y alemana, cuando me fui al apartamento tuve que aprender a cocinar, porque Karin no sabía cocinar nada. – dije - Me compré un libro de recetas y me hacía comidas bastante ricas. Luego mi madre me enseñó comidas españolas y las alternaba.
- Pues ya podrías hacernos alguna cosa alemana.
- Fernando, hace mucho calor aquí para las comidas alemanas, que suelen ser fuertes, pero os hago mañana algo. Déjame pensar… Ya sé, os preparo unos Käsespätzle. Es un plato de pasta, del sur de Alemania, en concreto de la zona de Baviera. La pasta se hace al momento, no es seca como la italiana.
- ¿Y otro día?
- No sé, pensaré. Os podría hacer un goulash. Ya veremos, pero también hago cosas españolas. Os puedo preparar unos espárragos verdes a la andaluza con huevos escalfados u otra cosa rica.
- Vamos que tu chica ya tiene cocinero.
- Casi. Pero espero que Pili nos haga algo de comida tailandesa.
Entonces Fernando se dirigió a Pili.
- Oye, Pili, no te he preguntado nunca. ¿Tú hablas tailandés?
- Algo – dijo Pili – mi madre me dice muchas cosas en ese idioma. Entiendo bastante, pero hablo menos.
- ¿Y cocinas comida tailandesa?
- Algo hago, pero os vais a morir de lo picante que es lo que preparo. Así estoy siempre de cachonda – dijo, mirándome y pasándose la lengua por los labios.
Pasamos la mañana en la playa, tomando el sol las chicas y nosotros en la hamaca en la sombra. Yo me seguí leyendo el libro. Las chicas se iban de vez en cuando a refrescarse en el mar y volvían salpicándonos y diciendo que éramos unos sosos. Ese día comimos en el Mesón de los Reyes, cerca de la Ducal. Nos tomamos una buena paella de marisco.
Luego hicimos siesta, perdón, un excelente polvo a la hora de la siesta. Después de estar un rato calentando a Pili, comiéndome sus tetas con deleite, tirando de los pezones con los labios y sobándole bien el ojo del culo y metiéndole un dedo bien mojado en sus flujos, pase a chuparle todo el coño, metiéndole dos dedos con una mano y tocándola las tetas con la otra. Cuando estaba ya muy caliente, Pili se subió sobre mi polla y ella se empezó a mover a su aire, buscando el máximo placer, mientras yo le seguía sobando las tetas con una mano, y le tocaba el clítoris con la otra. Una pena no haber tenido una tercera mano para seguir metiéndole dedos en el culo. Se corrió bastante bien y luego yo descargué dentro de ella. Luego se tumbó sobre mi pecho, y se me quedó mirando y me besó.
- Cariño, he deseado poder estar así contigo durante meses. Temí que el zorrón de Karin te hiciera cambiar de idea. Me alegro de que mantuvieras tu petición de que saliéramos.
- No iba a cambiar de ida, pero te reconozco que Karin ha desplegado todas sus artes para hacerme cambiar.
- O sea, que te la has estado tirando.
- No, me cambié de cuarto y ella se me ha estado metiendo en mi cama. Ella me visitaba y, reconozco, que no la echaba. Lo siento. Te debo algún rollo que te compensaré.
- Te tomo la palabra. Pero, al final, has vuelto a mí.
Nos echamos una corta cabezada, nos duchamos, nos vestimos para ir a la compra para cocinar todos esos días.
Por la tarde fuimos a comprar lo necesario para los Käsespätzle. Hice la lista de la compra: Harina, Huevos, Bacon en tacos, Leche, Aceite, Mantequilla, Cebolla frita seca, dos trozos de queso, uno Emmental y otro más fuerte, para rallarlo. (Una pena que aún no vendieran bolsas de queso rallado, hubiéramos comprado una de 4 quesos y otra de Emmental). Compramos pan, más huevos y algo de chorizo fresco para la cena.
Al llegar, nos preparamos cuatro bocatas de tortilla de chorizo, los pusimos en servilletas de papel y en una bolsa, tomamos una rebeca, porque luego refrescaba y nos fuimos al cine de verano, a ver dos películas seguidas. En el descanso entre películas compramos unas cervezas y nos tomamos los bocatas. Durante la segunda película ya era muy de noche y la película era también un poco oscura, por lo que puse mi silla muy pegada a la de Pili y le empecé a meter mano. Ella no me dejaba, porque nos podían ver.
- Pili, no te he metido mano en un sitio público desde el barco en el Königsee.
- Que guarro. Me metiste mano descaradamente, delante de todos. Menos mal que llevaba el sombrero para taparme.
- Pero te hice llegar muy bien, como pienso hacer ahora
- Estás loco, nos pueden ver. Estamos en España. – me dijo y una señora que estaba cerca nos siseó pidiéndonos que nos calláramos y estuviéramos quietos.
Cuando acabó el cine eran casi la una de la madrugada. Llegamos a casa, y nos fuimos a dormir, cada uno con su pareja.
Por la mañana del día siguiente, nos fuimos otra vez a la playa, para seguir leyendo y haciendo el vago. Las chicas se pusieron cerca de nosotros y se tumbaron al sol. Me resultaba extraño no poder quedarme en pelotas. Sobre la una, Fernando y yo nos subimos a hacer la comida y las chicas se quedaron en la playa. Estábamos tranquilos porque en España no podían hacer ninguna golfada.
Una vez que llegamos a casa pusimos en el bol 500 gr de harina, 4 huevos, 2 vasos pequeños de leche, un pellizco de sal y una cucharada de aceite. Puse a Fernando a remover bien con una cuchara de madera. Mientras, yo estuve friendo el bacon en tacos en 50 gramos de mantequilla.
- ¿Así vale? – pregunto Fernando
- Tiene que quedar cremoso. Si se espesa, le echas algo más de leche. La mezcla estará lista cuando se vea que, al parar de remover, salen pompas.
Una pena no tener una Thermomix, pensé, como la que tenía Renate, que había comprado hacía dos años, el primer modelo, el TM2000, que se había lanzado en Alemania en 1971, porque nos hubiéramos ahorrado remover como locos.
Cuando el bacon quedo medio frito, lo eche en una bandeja metálica de horno. Puse abundante agua a hervir con sal. Cuando estuvo hirviendo tome un rallador plano de agujeros grandes y poniéndolo horizontal encima del agua, con la parte plana hacía arriba, empecé a echar cazos de mezcla a través del rallador, que caían al agua como churretones a través de los agujeros. Cada tres o cuatro cazos, parábamos, dejábamos cocer unos treinta segundos hasta que flotaban y, antes de que se empezaran a hinchar, los sacábamos a un escurridor. Mientras se cocían, pusimos el horno a 180ºC. Cuando acabamos de cocer toda la pasta, metimos la bandeja con el bacon en el horno y cuando empezó a freírse el bacon de nuevo dentro del horno, que indicaba que la bandeja ya estaba caliente, lo sacamos, echamos en la bandeja la pasta cocida bien escurrida, removiendo bien con el bacon, luego añadimos bastante cebolla frita y mucho queso. Lo revolvimos bien, y lo metimos al horno. Cada 5 minutos le dábamos una vuelta para que el queso se fundiera bien y que la pasta lo absorbiera.
- Esto ya está, apagamos el horno y esperamos a las chicas. – dije al cuarto de hora.
- ¿Y esto se come, así a palo seco?
- Se sirven con algo de cebolla por encima y, si se quiere, algo más de queso. Es fuerte. Está bueno y se puede guardar en la nevera para otro día si sobra.
Llegaron las chicas de la playa y se fueron a duchar, y nosotros fuimos detrás, a ducharnos con ellas, cada pareja en un baño, metiéndolas mano y no dejándolas en paz.
Luego comimos en la terraza, y a todos les gustaron los Käsespätzle.
La tarde la pasamos en casa charlando. Me pidieron que les contara con detalle la sesión de dominación con los tres alemanes, que había llevado a la amistad con Ralf. Se la conté y se estuvieron riendo con ganas, sobre todo el por culo a Ralf y la sesión con los ojos ventados.
- ¿Y por qué no nos lo haces a nosotros? – pregunto Carmen
- Mira, prima, primero porque no soy un mono de feria divirtiendo al personal, y segundo porque supone que aquí el colega se follaría a mi chica, y tercero, porque...
- Yo ya lo he hecho muchas veces – interrumpió Fernando,
- No – dije – te has enrollado con Pili antes de que fuese mi novia, pero desde que salimos, solo ha estado conmigo.
- Que tu sepas – dijo Carmen y la fulminé con la mirada.
- Cariño, en estos meses algún rollo con los del grupo, con Carmen, Fernando y Roberto, ha caído. No me voy a pasar meses a palo seco. Pero ningún tío nuevo. – dijo Pilar – Y tú, no puedes ir de un extremo a otro. Tú sabes que te quiero y que prefiero estar contigo siempre, pero no puedes pretender atarme a la pata de la cama y que no participe de juegos ni de juergas. Tú déjame decidir a mí, que bastante modosita estoy siendo desde que te dejé en el lago con esas zorronas y todo lo que tú te debes de haber estado divirtiendo este curso pasado con ella y con todo el mundo que pasaba por esa casa.
- Y tercero, - proseguí, algo mosqueado - porque si lo hacemos todo, le tengo que volver a dar por el culo a este tocapelotas.
- Esa parte te la puedes ahorrar – dijo Fernando.
- Venga primo, no seas estrecho. Hazlo light, si quieres, pero no entiendo que tengas ese ataque de cuernos a estas alturas, cuando delante de ti se han follado a tu chica Fernando, Roberto y tú, aquella nochevieja, y luego Ralf y Fernando en Alemania, y Ralf le ha metido dos buenas sesiones, como me hizo a mí una vez.
- Chicos, perdonad, vengo muy sensible con el tema de los cuernos. He pasado malos momentos y el tema me duele. Pero antes o después voy a tener que aceptarlo. Además, no es justo para Pili. Pues que sea hoy y con amigos.
Todos se alegraron. Yo salí al jardín y corté una rama fina de naranjo, quitándole las hojas y pinchos. Probé la vara dándome un golpe en la pierna y me hice daño. Tendría que tener cuidado, a estos realmente los quería mucho. Luego fui a la cocina y reuní tres trapos para taparles los ojos, porque de esa manera se acentúan el resto de los sentidos, tanto el tacto, como el oído o el gusto. Así sentirían mucho más los estímulos sexuales y también se sorprenderían aún más por las acciones esporádicas que pensaba hacer, como tirarles de ciertas partes del cuerpo y rozarles con cosas, como hielo o similar. Decidí hacer todo en una sola sesión, estimulación, prohibición de orgasmos y leves agresiones con la vara.
Entré en salón y di el golpe en la mesa y dije que allí mandaba yo. Todos se rieron, pero luego asumieron su papel.
- A ver, esclavos. Aquí ahora mando yo. Regla número uno, aquí nadie se corre sin mi permiso; regla número dos, aquí nadie bebe o mea, sin mi permiso; y regla número tres, aquí nadie habla sin mi permiso, se levanta la mano hasta que yo de permiso, y regla número cuatro, el que no se emplee con intensidad, recibe un golpe con la vara. ¿Entendido?
- Dijeron que si con la cabeza.
- Bien, de momento, os vais a comer los unos a los otros. A ver, pichafloja, tú se lo comes a mi zorrita y ésta a tu zorrita y ella a ti.
Se pusieron a chuparse los sexos. Mientras que lo hacían, yo les fui tapando los ojos.
- Muy suave os coméis, quiero intensidad, buenos lengüetazos y toqueteos, y nada de correrse. – dije y le solté un varazo a cada uno, que al no ver nada, les pillaba de sorpresa y no sabían si venia otro o no.
Luego empecé a meterles la mano, tocándoles por sorpresa, ya fuese una teta, tirarle de un pezón, o algo que pillase a mano.
- Venga, daros la vuelta, ahora mi zorra se la chupa al pichafloja y la otra zorrita a la mía, y el pichafloja a su guarra, y quiero dedos dentro de los coños, con ritmo, tocando el punto G, y tú, chupa con fuerza, que la sienta y nada de correrse – dije, y según se cambiaban les soltaba un golpe con la vara.
Empezó Fernando a chupar y meterle los dedos a Carmen y ésta a hacerle lo mismo a Pili, y Pili a hacerle una buena mamada a Fernando. Me acerqué y le empecé a agarrar los huevos a Fernando, que paró un segundo, se llevó un varazo y continuó. Ya empezaban a excitarse mucho. Fui a la cocina y saqué algo de hielo del congelador. Me acerqué y se lo empecé a pasar a Pili por las tetas y la tripa. Luego hice lo mismo con Carmen, pasándoselo también por la tripa y por la espalda. Finalmente, se los pegué a Fernando a los huevos. Un varazo suave, nunca viene mal, por lo que le aticé un par de ellos a cada uno, al azar y sin fijarme mucho donde.
- A ver mamones, no os calentáis suficiente. Guarra – dije, dándole con la vara a Pili, - ponte de perrito, que el pichafloja te va a follar con ganas. Y mientras le vas a seguir comiendo el coño a la golfa de mi prima, metiéndoles dos dedos con ritmo fuerte. Y nada de correrse hasta que yo lo diga.
Fernando se levantó y Pili se puso delante y se la clavo en el coño. Empezó a bombear y Pili bajo la cabeza y empezó a comerle el coño a Carmen, metiéndole dos dedos con buen ritmo.
- Zorra – dije, dándole a Carmen – ponte al revés, como un 69, y le chupas o tocas los huevos al pichafloja y le chupeteas el clítoris a mi zorrita. Y nada de correrse. Hay que aguantar.
Con los ojos tapados, Pilar de perrito, metiéndosela Fernando desde atrás, Carmen debajo chupándole el clítoris y masajeando los huevos a Fernando, y Pili chupando el clítoris a Carmen y metiéndole dos dedos con ganas. Yo dándole varazos por sorpresa y toqueteando a todos, pellizcándoles, tirando de tetas y huevos, pidiendo más ritmo y sin dejarles correrse. Y ellos obedeciéndome. Yo empezaba a alucinar. Lo que hace un juego de rol. Y no me mandaban a la mierda.
Así les tuve excitándose, hasta que empezaron a ponerse muy nerviosos, a gemir más fuerte de lo normal y a necesitar correrse. Para darles un respiro propuse cambiar.
- A ver, guarros, vamos a cambiar y así os dejáis de poner nerviosos. Quiero lo mismo al revés. Tu pichafloja, dale a tu zorrita, que se comerá el coño de mi zorra.
Se cambiaron y ese parón les permitió relajarse unos segundos, menos Fernando, que volvería a meterla segundos después. Volvieron a toquetearse y yo empecé a intensificar los golpecitos, tirarles hielos sobre la tripa, la espalda o los pechos, y se seguían cargando sexualmente y empezaron de nuevo a jadear. Estaba viendo que Fernando no aguantaría mucho más, pero era preciso que las chicas estuvieran a punto de explotar. Seguí dándoles con la vara hasta que vi que estaban a punto, incluso sufriendo, y entonces le liberé.
- Venga chicas, descargad ya que os veo un poco estresadas. Tu pichafloja, sigue dándole a tu zorrita y nada de correrte antes que ellas.
Las dos se corrieron prácticamente a la vez. Las chicas soltaron mucho líquido y se corrieron bastante bien. Fernando se pasó medio minuto jadeando y luego se corrió, mientras le llenaba a Carmen el coño de esperma.
Cuando acabaron, se quitaron los paños de la cara y se les veía radiantes.
- Ha sido genial – dijeron todos
- Has hecho trampa, Jorge. – me dijo Pili - Fernando se ha corrido dentro de Carmen.
- ¿Esperabas otra cosa? – dije yo
- Que tramposo eres. Al final sólo me la ha metido un rato y tú te has encargado de que no se corra dentro de mí.
- ¿Querías eso?
- No Jorge, es broma. Pero no te vas a librar de echármelo tú. Al margen de eso, ha estado bien, eso de no saber qué va a pasar ni qué nos vas a hacer, te hace estar todo el rato nerviosa y además, con los ojos tapados sientes más y llegas antes y como no podíamos, estaba que explotaba.
Al día siguiente las chicas se fueron a la playa y Fernando y yo fuimos a hacer la compra, la dejamos en casa y nos íbamos a ir a la playa, cuando sonó el teléfono. Era Roberto para decirnos que les habían anulado un concierto y que podía pasarse por allí, y que llegarían a comer al día siguiente, pero que iría con Amparo y con otra pareja más, que eran parte del grupo musical, el de la percusión y la cantante. Les dije que perfecto y que ya veríamos cómo nos organizábamos para dormir.
Antes de irnos a la playa dejé en la nevera varios filetes de pechuga de pollo, macerándolos en limón con cayena molida, para freírlos estilo sureño.
Luego nos fuimos a la playa y las encontramos hablando con unos chicos de Madrid que estaban de vacaciones. Los sentamos todos juntos y estuvimos hablando de lo que estudiaba cada uno. Quedamos en vernos por allí.
Nos subimos sobre las dos de la tarde a comer. Nos duchamos por parejas y luego preparamos una ensalada y yo terminé de hacer los filetes de pechuga de pollo empanados, y para ello tomé los filetes que había dejado macerando en limón y cayena molida, y, pasándolos primero por harina mezclada con una cucharada de pimentón dulce y una pequeña de picante y otra de orégano, y luego por huevo y pan rallado, los freí en aceite, por lo que quedaron muy crujientes y picantitos.
Estuvimos comiendo en la terraza con algo de sangría y al final decidimos no irnos a echar la siesta y jugar a algo también picante. Decidimos jugar al parchís, cambiando las reglas. Si te comían la ficha, no te ibas a la casilla de salida, sino masturbabas al que te había pillado. Empezamos a jugar y Carmen se comió una ficha de Pili y ellas decidieron que ya puestas, mejor hacerse un 69 y estuvieron comiéndose un rato. Luego yo me comí una de Carmen y me la chupó un rato. Luego me comió a mi Fernando y me tocó sobársela y masturbarle y le advertí, que como se corriera, se la cortaba. Luego Fernando le comió la ficha a Pili, y esta le hizo una mamada. Luego yo me comí una de Carmen otra vez, y ya se la metí y me la follé un minuto. Lo siguiente fue Fernando a Pili y ahí se vengó del día anterior, porque empezó a follársela y no paró hasta que ella se corrió y entonces él se corrió dentro de ella. Yo empecé a follarme a mi prima Carmen y también nos corrimos juntos. Una vez relajados y habiendo bajado la comida, nos fuimos a dar un paseo y tomar un helado a la Arenera, la heladería de la esquina. Esa noche dormimos todos juntos en la cama de mis padres y estuvimos echando unos buenos polvos, yo con mi prima Carmen y Fernando con Pili. Se había roto el veto mio sobre Pili.
Al día siguiente volvimos a ir a la playa y nos encontramos con los chicos de Madrid y estuvimos jugando al vóley un rato, dándonos un baño y tomando el sol. Sobre las tres llegarían Roberto y los demás y yo a la una me subí a hacer la comida para todos.
Les hice un goulash de la zona de Baviera del Allgäu, donde el castillo de Neuschwanstein. Ya había comprado un trozo de cabeza de lomo de cerdo de 2 Kg, caldo de carne, pimientos rojos, verdes y cebolla y un bote de tomate frito. Me aseguré de que teníamos pimentón y cominos. Corté el cerdo en trozos pequeños de bocado y los freí bastante en un poco de aceite de girasol, para que se friera la grasa, y los fui echando en una cacerola, echando un poco de sal y removiendo los trozos para que se distribuyera. Luego poché la cebolla y los pimientos en trozos pequeños, hasta que estuvieron blandos y, escurridos, los añadí a la cacerola. Eché el caldo de carne que cubriera y lo puse a cocer una hora. Mientras freí, en el aceite donde había frito la carne y la verdura, dos cucharadas de pimentón dulce, una de picante y una pequeñita de cominos molidos y antes de que se quemara el pimentón, añadí un poco de agua, disolví bien el pimentón y lo eché al guiso, añadiendo sal. Lo dejé cociendo una hora hasta que estuvo blanda la carne, removiendo para que no se pegara. Preparé arroz blanco como acompañamiento y lo dejé colado, tapado y reposando.
Un rato después, llegaron las chicas y Fernando. Me subí a duchar con Pili y la estuve metiendo mano. Estaba bastante animada, porque había visto como uno de los chicos de la playa se había empalmado mientras jugaban en el agua y la tocaba discretamente. Se hizo un dedo ella misma, mientras nos besábamos. Bajamos y pusimos la mesa en la terraza para ocho personas, nos abrimos una cerveza y esperamos la llegada de la visita.
Roberto llegó, junto con Amparo y su pareja de compañeros del grupo musical. El, Mariano, era un chico de raza negra, de uno ochenta de alto y fuerte. Ella, Rosa, era una mulata tan alta como yo, con un cuerpo espectacular, guapísima, con un pelo rizado afro genial. Nos presentamos y terminé de calentar el guiso, le añadí un poco de tomate frito, que no había echado antes para que no se pegara y algo de azúcar para quitarle la acidez, removí bien y lo llevé a la mesa. Nos sentamos a comer.
- Roberto, ¿cómo fue lo de montar un grupo? – pregunté
- Bueno, todos somos compañeros de tercero de medicina, nos vemos en clase y nos gusta la música y otro del grupo propuso montarlo y, la verdad, es que con Rosa cantando y moviéndose triunfamos donde vamos.
- Y vosotros, ¿de dónde sois? – pregunto Carmen
- De Guinea Ecuatorial. – dijo Mariano – mi padre es médico y estudió la carrera en Sevilla. Estábamos viviendo y él ejerciendo provisionalmente aquí, cuando España le dio la independencia a Guinea en el 68. Nosotros somos de raza bubi, mayoritaría en la isla. Los bubis somos minoría y la otra raza, los fang, que vienen del continente, no nos quieren. El presidente Macías es fang, y está desatando una persecución a los bubis y muchos están siendo encarcelados y torturados, especialmente los que tienen carrera, como médicos, profesores o ingenieros. Decidimos quedarnos en España ya que teníamos la nacionalidad. No hemos podido volver.
- Yo también soy de Guinea – dijo Rosa – aunque mi padre es español y era jefe de correos destinado en la isla de Fernando Poo, ahora Bioko. Mi madre también es bubi y trabajaba con él y se enrollaron y se quedó embarazada y mi padre me reconoció como hija suya, por lo que soy también española. En cuanto vieron la que se avecinaba, se casaron y mi padre nos mandó a España. A él le echaron de la isla al día siguiente de la declaración de independencia, pero a nosotras no nos hubieran dejado salir, porque no aceptaron esos matrimonios mixtos y los anularon. Tuvimos suerte. Allí se quedó el resto de mi familia y muchos murieron. Y aquí conocí a Mariano y empezamos a salir. Ahora estudiamos los dos la carrera de medicina con Roberto. Somo cinco en el grupo, y los otros dos se han ido en la furgoneta con el equipo a Valencia y Roberto nos propuso venir, pero no queremos molestaros.
- Aquí no molestáis – dije yo – sois bienvenidos.
- Oye Jorge, este guiso, ¿Qué es? – preguntó Rosa
- Es un goulash de la zona de Baviera, el Allgäu. He estado tres años viviendo allí y tuve que aprender a cocinar y les estoy haciendo comida alemana a estos chicos – dije
- Pues está muy bueno.
- Gracias
Después de comer nos metimos en casa a reposar un poco la comida. Pili le ofreció a Rosa cambiarse, pero Rosa no tenía bañador, porque no pensaban ir a la playa en la gira. Entonces le dijo que ella le dejaba algo, aunque le quedara corto, por ser mucho más alta que Pili. Se subieron las cuatro al dormitorio. Tardaron bastante en bajar. Al final se pusieron de acuerdo y bajaron las cuatro en camiseta, sin sujetador y una braguita. Nos quedamos asombrados, sobre todo al ver a Rosa, con un cuerpo escultural como una diosa de ébano. Cada una se acercó a su pareja y nos empezaron a morrear. No pudimos dejar las manos quietas y les empezamos a meter mano por debajo de la camiseta y ellas al rato se miraron y se quitaron las camisetas a la vez. Las tetas de Rosa eran asombrosas, de tamaño medio, con unos pezones que cubrían toda la punta. Su piel era bastante negra para ser mulata, pero tenía una piel preciosa y brillante. Nos pusimos a comerles las tetas y un rato después se levantaron, se pusieron en fila de espaldas y se bajaron la braga a la vez, dejándonos ver su sexo. Nuevamente mis ojos se fueron hacia ese coño muy oscuro, con labios vaginales muy rojos y muy grandes, que sobresalían de los labios externos. Mariano se fijaba más en Pilar, con sus rasgos asiáticos.
Se volvieron a acercar a nosotros y nos abrieron el pantalón, sacándonos el pene. El de Mariano era totalmente negro, como su piel y bastante grande. Nos las empezaron a chupar. Luego nos desnudaron a los cuatro y nos tumbaron en el suelo y nos empezaron a cabalgar duramente, intentando sacarnos un orgasmo, apretando los músculos vaginales, saltando o moviéndose desenfrenadamente.
Al cabo de un rato se miraron y decidieron cambiar de cabalgadura, pasándose de unos a otros. Carmen y Pili querían probar ese pene negro, duro y caliente de Mariano. Por su lado, la diosa de ébano se puso sobre mí y me empezó a cabalgar como la diosa que era, notando yo el calor que desprendía ese coño oscurito. Me encantaba ese pubis negro, con solo un triángulo pequeñito de pelo ensortijado. No la dejé irse, la agarré y la tumbé y me puse a comérselo con furia, aspirando ese olor ligeramente diferente, chupándole y metiéndole la lengua entre los labios y dentro de la vagina. Luego me puse a follarla con dos dedos, con las yemas hacia arriba, con un ritmo fuerte, chupándole las tetas y tirando de los pezones. Por el rabillo del ojo veía a Pili sobre Mariano, ordenándole con frenesí, mientras él la sobaba el pecho. Rosa se corrió al poco y me puse sobre ella y se la empecé a meter con ritmo, sobándole y mordiéndole las tetas. Los demás estaban también cruzados, Roberto con Carmen y Fernando con Amparo. Un rato después Pili consiguió llegar fuerte y se corrió con bastante placer, temblores, flujo y gemidos y Carmen lo vio y se levantó de Roberto y fue a echarla de allí. Ella también quería correrse con ese nuevo chico con tan exóticos atributos. Pili se salió y se acercó a mí y se puso a sobar a Rosa y me dijo que se la dejara a ella. Me salí y empezaron a hacer un 69 ellas dos, siendo como dos figuras entrelazadas, una de fina porcelana blanca y la otra de brillante ébano negro.
Roberto y yo nos quedamos mirándolas.
- No me esperaba esto – dije
- Yo sí. Nosotros a veces nos liamos con ellos, cuando estamos en algún hotel de pueblo. Empezamos un día con unas copas y hemos repetido. Les comenté que veníamos aquí y cómo era nuestra relación y se apuntaron. Ha sido una sorpresa que te hemos guardado, Amparo y yo.
- Me dejas sorprendido Roberto. O sea, ¿qué te follas a esta diosa de vez en cuando y no nos lo habías contado? Que cabrón.
Carmen consiguió correrse, pero no se levantó de esa polla, sino que siguió moviéndose hasta que Mariano se corrió dentro de ella.
Roberto y yo nos unimos a las chicas en su rollo lésbico y se la conseguimos meter, yo a Rosa y Roberto a Pili, y las ayudamos a disfrutar. Un buen rato después ellas se corrieron con mucho flujo y nosotros descargamos también, corriéndome yo dentro de Rosa y Roberto dentro de Pili. Cuando la saqué, vi ese fluido blanco salir de su cuerpo negro y me llenó de morbo y la volvía meter y sacar unas cuantas veces.
Una vez terminada la sesión múltiple, decidimos seguir por la tarde follando todos con todas, descansando a ratos para reponer fuerzas y erecciones. Luego las chicas se pusieron a preparar la cena y nosotros nos pusimos detrás de ellas y no las dejábamos de tocar las tetas, el coño y, si se podía, metérsela un poco. Al final dormimos mezclados. Pili y yo invitamos a nuestra cama a Rosa y Mariano y, la verdad, dormimos poco. A Pili le encantaba como se la follaba Mariano y se lo hizo de varias maneras, corriéndose en un par de ocasiones dentro de ella y otra en la boca, después de que Pili le hiciera una espectacular mamada.
Yo estuve chupando con deleite toda esa piel oscura que tanto me estaba atrayendo, aunque no dejaba de estar un poco impresionado del cuerpazo de la mulata. Nos estuvimos comiendo mutuamente, haciéndome ella una mamada con esos labios carnosos y esa lengua traviesa; y yo le estuve comiendo ese coño casi negro, con esos labios rosa oscuros y ese clítoris enorme que sobresalían de ellos. Luego la estuve follando de varias maneras, aguantando porque tenía unas ganas enormes de volver a correrme dentro de ella. Ella tuvo dos o tres orgasmos, uno de ellos muy fuerte. Al final se subió sobre mí, me apoyo ese coño sobre la base de la polla, transmitiéndome un calor bestial, y moviéndose solo como los africanos saben hacer, me hizo pasar uno de los mejores momentos de mi vida, para luego, corrernos juntos y descargar dentro de ese maravilloso coño. Luego se tumbó sobre mi pecho y se quedó mirándome.
- Para ser blanquito, eres bueno haciéndolo, de lo mejor que he conocido entre vosotros.
- Gracias, y tú eres una diosa de ébano, qué cuerpazo y que máquina de follar. Me ha encantado hacerlo contigo. Me encanta chuparte entera.
- Me alegro, pero ahora me gustaría montármelo con Pili. Descansa, porque no creo que quieras montártelo con Mariano – me dijo, riéndose.
Ellas se lo montaros solas, haciendo un 69 y comiéndose el coño a una a la otra, tragándose el semen de la propia pareja. Mariano y yo nos pusimos un pantalón y nos bajamos a tomar una cerveza a la terraza.
- Mariano, podéis quedaros aquí lo que os apetezca. Mañana vamos a la playa. Os dejamos unos bañadores y luego nos lo volvemos a montar.
- Vale. Por mí, de acuerdo. Me ha dado mucho morbo tu chica con ese pelo lacio y su mirada achinada.
- Pues no te digo yo con ese pedazo de mulata que tienes por pareja.
- Pues nada, a disfrutar.
Seguimos hablando un rato y me estuvo contando los problemas en su país. Que echaba de menos volver, porque había dejado muchos amigos y que no sabía si seguirían vivos. Guinea Ecuatorial había sido una provincia española más, hasta que se encontró petróleo y empezaron las revueltas para la independencia, que tuvo lugar en 1968. El primer presidente, Francisco Macías, que era hijo de un famoso brujo de la región de Río Muni de la etnia fang, y ganó las primeras elecciones y se convirtió en 1972, durante el II Congreso del Partido de Unidad Nacional, en presidente vitalicio, pero en realidad se convirtió en dictador vitalicio y cruel. El problema más grave era la rivalidad étnica entre los bubis de Fernando Poo (actual isla de Bioko), unos 15.000, y los fangs de Río Muni, que sumaban más de 210.000. Macías cambió el nombre de la capital, Santa Isabel, por el de Malabo, y el de la isla de Fernando Poo por Bioko. Me contó que el año anterior, en 1974, una comisión internacional publicó un informe en el que se calificaba a su régimen como el más brutal del mundo. Luego se convirtió en un régimen comunista, mató o encarceló a los opositores, expulsando a la mayoría de los religiosos del país y decretando el cierre de todas las iglesias. Su familia fue encarcelada y dos tíos suyos habían muerto en la cárcel. La historia de la familia de Rosa era parecida a la suya.
Un rato después subimos y nos las encontramos abrazadas y durmiendo.
Por la mañana desayunamos todos juntos y les dejamos ropa para ir a la playa. Rosa, con un biquini de Carmen, estaba espectacular. Yo le dejé un traje de baño a Mariano. Fuimos a la playa y nos encontramos con los de Madrid, que se quedaron con la boca abierta al ver a Rosa.
Estuvimos jugando con ellos con la pelota y charlando. Luego yo me subí a hacer la comida y Rosa dijo que se subía ya conmigo, que ella no necesitaba tomar el sol y ponerse morena, y todos reímos la broma.
Al llegar nos fuimos a duchar y yo me metí en el baño de mi cuarto y ella vino detrás de mí y se metió en la ducha conmigo. Estuvimos sobándonos un poco, pero teníamos que hacer la comida. Yo iba a hacer un arroz caldoso con cangrejo, como lo hacían en el Perellonet, en la Albufera de Valencia. Ella se puso a ayudarme, pero en pelotas y acercándose mucho a mí. Estuve friendo en aceite de oliva tres dientes de ajo muy picados y los aparté. Luego freí unas gambas peladas y las aparté. Luego hice lo mismo con unos calamarcitos pequeñitos, o chopitos. Luego, en ese aceite puse a freír la pulpa de un par de tomates, con los ajos fritos, y empecé a darle vueltas para que no se pegasen, removiendo hasta que estuvieran espesos. Rosa vino por detrás y me agarro el pene y empezó a darle vueltas, al mismo ritmo que yo movía la cuchara de madera con el tomate. Luego se puso debajo y se puso a chupármela. Era difícil cocinar así.
Añadí las gambas y los calamarcitos y el caldo de pescado, a razón de más de cuatro vasos de caldo por vaso de arroz, ya que es un plato de arroz caldoso. Puse el arroz y la sal hasta quedar bien, pero con cuidado, porque el buey de mar o Cangrejo, suele salar. Mientras empezaba a hervir, intenté abrir el buey de mar, pero Rosa no me dejaba en paz y no podía tocarla con las manos llenas de pescado. Ella empezó a pasarme la lengua, arrastrándola desde los huevos hasta el glande. Me di prisa, le quité las antenas, la tapa y las agallas al Cangrejo, lo abrí, y lo partí en trozos de un par de patas cada uno y los eché al guiso. El caparazón lo partí en dos, y vi que tenía bastantes huevas que es lo que le da el sabor. Lo eché también al guiso y lo dejé cociendo. Me lave las manos. Le di la vuelta a Rosa y se la metí en el coño de un solo golpe. Mientras el arroz se hacía, le metí una buena follada, al estilo Ralf combinado con una parte guarra mía.
- No sabes cómo me estás poniendo zorrita; cómo se puede ser tan guarra y tan golfa. Te la voy a meter hasta por la oreja.
Cada vez que cambiábamos de postura, le daba una vuelta al arroz para que no se pegara. Luego me la volvía a follar, diciéndole:
- Nunca he visto a una tía más golfa que tú, pero voy a calmarte ese furor de coño que tienes hasta que me pidas que pare. Me encanta sobarte.
Antes de que llegaran los demás a comer, Rosa tuvo un par de orgasmos. Cuando llegaron los otros y nos pillaron cocinando y follando, Pilar se me acercó, me dio un beso y ella y Mariano se subieron a duchar juntos y tuvimos que avisarles que la comida estaba ya en la mesa, porque seguían follando en nuestro dormitorio como si no hubiera un mañana. Pili bajó con una sonrisa de oreja a oreja, señal de que se lo había pasado genial y se había corrido un par de veces. Me dio un buen beso con lengua y yo le eche mano al coño metiéndole la mano por la braga y lo tenía aun lleno de flujo mezclado con esperma de Mariano. La sobé bien y le metí un par de dedos y estuve hurgando dentro de ella y poniéndome la mano tan perdida que me tuve que ir a lavármela goteando.
Estuvimos comiendo el arroz con cangrejo y realmente tengo que decir, aunque lo hubiese hecho yo, que estaba de maravilla. Habría que añadir el polvo guarro a la receta.
Por la tarde nos tumbamos en los sofás para hacer la digestión. Pili se quitó la braga y se subió encima mío, mojándome el pantalón. Se puso a morrear conmigo y yo a sobarle las tetas y a meterle un dedo en el coño. Mariano se sentó a mi lado y Rosa hizo lo mismo sobre él. Las chicas se pusieron entonces a morrearse y tocarse las tetas. Nos costó a ambos bajarnos los pantalones con ellas encima, pero lo conseguimos y se la metimos bien dentro. Rosa se puso a tararear una canción y ellas se pusieron a moverse al mismo ritmo que la canción, moviendo las caderas a la par, bailando con nuestras pollas dentro. Resultaban dos tías geniales, pero radicalmente diferentes físicamente. Un rato después, se levantaron e intercambiaron las posiciones. Rosa se movía de una forma muy sensual, apretado los músculos vaginales según se movía y cantaba. Nosotros les sobábamos las tetas, les mordíamos los pezones y les restregábamos el clítoris. Al final se corrieron casi a la vez y nosotros hicimos lo mismo, llenándoles el coño casi simultáneamente.
- Tu chico me encanta, y lo hace bien, para ser blanquito - le dijo Rosa a Pili
- Ya me encargo de tenerle entrenado – dijo Pili – el tuyo también es genial.
- Tenemos que hacer esto más a menudo – dijo Rosa
- Por mi encantada, si a ellos le parece bien – respondió Pili
- Además, ese toque guarro, que añade de vez en cuando, me excita un montón – dijo Rosa
- Ahí lo siento, eso no se lo he enseñado yo, sino su anterior novia, que era mitad sumisa, mitad masoca y le ponía que le llamaran guarra, zorra o puta. – dijo Pili – y te diré que a mí me conquistó así.
- A veces me gusta también y antes me lo ha hecho y me ha dejado sorprendida.
- Pues si te hace una sesión completa, de corres a gusto.
- Eso no me lo pierdo – dijo Rosa – cualquier día nos lo montamos los cuatro solos.
- Tampoco es que los demás nos estén molestando – dijo Pilar y nos reímos.
El resto del día fue una cosa semejante, zorreando todas con todos. Carmen y Pili querían jugar más con Mariano y se fueron a pasar la noche juntos Fernando, Mariano, Carmen y Pili, y les dejé el dormitorio principal, alternando en follarse a Mariano y consolándose mientras con Fernando.
Yo me fui con Rosa al cuarto de Carmen. Estuve chupándola por todo el cuerpo, deleitándome con su olor y su sabor. Luego estuvimos haciendo un largo 69 comiéndome ese coñito negro que me atraía un montón, hasta que se corrió, y luego me la follé, corriéndonos juntos al final. Luego nos dormimos abrazados. Por la mañana Rosa acercó su cara a la mía y me habló bajito.
- ¿Realmente te gusta tanto chuparme? ¿No se te hace raro mi color o mi olor?
- No sé por qué, pero me encanta chuparte todo el cuerpo, saboreando tu sudor y me atrae mucho ese color de tu piel. Eres maravillosa. No me cansaría de comerte por todos lados. Y, además me pareces una tía genial, muy simpática y sensual.
- Eres el primer blanco que siento que me lo dice verdad, porque veo como disfrutas haciéndolo y lo noto en la forma en que me miras. ¿Has estado con más chicas de color?
- Nunca, eres la primera.
- Me dejas algo sorprendida y confusa.
- ¿Por qué?
- Nada, cosas mías.
Al día siguiente nos despedimos, nos dimos los teléfonos y nosotros nos quedamos un día más en Gandía. Ellos se fueron a tocar y cantar a las fiestas de un pueblo cerca de Játiva.
El rollo con Mariano y Rosa nos dejó lo suficientemente saturados de sexo como para pasar los restantes días tranquilos y tener solo relaciones en pareja. Yo dormí dos noches con Pili, haciendo el amor antes de dormirnos y durmiendo abrazados.
Volvimos al final de la semana y me pasé el resto del mes de agosto estudiando y me examiné a primeros de septiembre y aprobé las dos asignaturas. Unos días después empezó el curso en la Universidad Politécnica (UPV). Pilar empezó segundo de farmacia en la Universidad de Valencia (UV). Quedábamos muchas tardes a estudiar, tanto en su casa como en la mía, y si estábamos solos, echábamos un polvete rápido. No tuvimos ninguna sesión de intercambio o grupo en todo el mes y no pensábamos tenerla.
Nota del Autor: las recetas de cocina de este relato son reales (Käsespätzle, Allgäuer Goulash y Arroz caldoso con Buey de mar y filetes de pollo estilo sureño). Seguiré dando mis recetas alemanas y españolas, si os apetecen, bien amenizadas con mucho folleteo.
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