La nueva normalidad 3.
Él siempre supo cómo tocarla, pero esta noche Luís no solo la acaricia: la devora. Entre besos salvajes y golpes secos, Mara descubre que la fantasía que guardó en secreto durante años se ha convertido en su nueva realidad.
Tras permanecer en el agua unos minutos nadando y flotando boca arriba, volví a la orilla.
Empapada el agua fue resbalando por mi pelo, escote, vientre, piernas y vulva dejando mí cuerpo húmedo y brillante y el pelo empapado pegado a la espalda. Recogí la melena con las dos manos, la eché hacia adelante, le estrujé para lo cual tuve que doblarme un poco y me quité toda el agua que pude.
Conforme me iba acercando a mí toalla vi que Luís se había tumbado y me miraba sonriendo dando palmadas en mí toalla con una actitud algo paternalista imagino que por la diferencia de edad solo que no me miraba como un padre o un tío mira a su hija o sobrina.
-No te has ahogado de milagro, dijo para picarme.
-¡Ja!, nado mejor que tú y lo sabes, dije mientras me sentándome en la toalla, abrazando mis piernas con los brazos y apoyando la barbilla en las rodillas. Está el agua buenísima me quedaría dentro horas, dije mientras miraba el mar desde la orilla al horizonte en plan pensativa.
-Ven anda, túmbate y descansa, dijo tras pasar su mano por mi espalda aún mojada.
Y así lo hice. Me tumbé a todo lo largo boca arriba estirándome todo lo que pude y arqueándome unos segundos para relajar toda la musculatura y quedé tumbada a su lado.
-¿Te lo imaginabas así?. Me preguntó.
-¿Qué?.
-Que si te imaginabas cuando hablábamos durante estos años de pandemia que terminaríamos follando y además así.
Sí le llego a decir las cosas que imaginé que hacía con él en mis fantasías se habría ido corriendo, así que le dije lo que realmente había sentido durante el polvo que echamos evitando las otras fantasías que había tenido con él.
- Yo lo he disfrutado un montón la verdad, dije pensativa. Ha sido…a ver cómo lo digo…mmm…fantástico. Es que tú lo pones fácil no porque seas un hombre atractivo, que lo eres, sino porque no cumples con la frase: “sabía exactamente qué puntos tocar…pero solo los suyos”. No, tú sabes qué tocarle a una mujer y cuándo.
-Yo ni te cuento. Haber te recordaba de cuando venías a la consulta con tus padres y vuestro perro claro, pero no esperaba que fueras tan suave, agradable de abrazar y acariciar, con cuerpazo. Bueno y muy explosiva sexualmente la verdad, te has corrido tres veces guapetona, dijo con un guiño.
-Vaya pues me alegro de que pienses así porque…
-Perdón que es que no le he dado bien.
Uno de los chicos que antes nos vio follando nos interrumpió para recoger una pelota de voleibol. Tendría como veinte años o así y sería el mayor porque al resto se les veía menores.
-Nada hombre no pasa nada pero poned más cuidado, le advirtió Luís.
-Sí sí, casi tartamudeaba el chico. La verdad que nos faltan dos para poder hacer equipos, ¿les gustaría?.
Luís me miró y vio que a mí no me hacía mucha gracia, estábamos intimando y me había sacado de mi rollo.
-Pues te lo agradezco pero no, quizás mañana.
-Ok gracias, dijo el chaval echando a correr hacia su grupo de amigos.
-Perdona Mara. Estábamos en que…
-En que me ha encantado la follada, la verdad. Le cogí por la nuca, le miré a los ojos y le planté un buen beso en la boca.
-Mmm…joder que bien besas para tener 26, dijo dándome unas palmaditas en el muslo.
-Oye guapo que ya soy una mujer, no fastidies, le dije en tono de reproche.
-No no sí no iba por ahí. Oye, ¿te apetecería quedar ésta noche para cenar en un sitio que te gustará?. Está a unos veinte kilómetros pero merece la pena.
-¿Cenar?, me muero de hambre. A este paso me vas a enamorar, jaja.
-Venga pues te llevo a tu casa, nos vestimos y a ver cómo se da la noche. Una cosa, ponte un vestido elegante, el sitio lo es.
-Claro tengo varios muy resultones.
Nos duchamos en la ducha pública para quitarnos la sal, nos secamos con las toallas, nos subimos al coche y en nada ya estaba en mi apartamento.
Realmente la tarde había salido estupenda por su compañía. El buen tiempo, el lugar…todo mejor de lo esperado y no había estado muy nerviosa. Al contrario, me encontré muy a gusto con él.
Lo que si estaba es cansada y en cuanto llegué me fui al dormitorio, tiré el vestido, el bolso y el sujetador del bikini en cualquier parte, me cambié el tanga por otro seco y literalmente me tiré sobre la cama boca abajo con la pierna derecha y el brazo flexionados.
Estaba algo nerviosa y excitada con las imágenes que de esa tarde llegaban a mi mente, pero aún así me dormí como hasta las ocho.
Como Luís venía a recogerme sobre las diez me dio tiempo para ducharme, lavarme el pelo, secarlo, pasarme la plancha para ondularlo como me gusta y volver al dormitorio para elegir la ropa que me pondría.
-Mmmm…a ver, dije mirando primero los vestidos porque la lencería iría después a juego.
Elegí un vestido de gasa negro muy guapo con una cenefa troquelada en el vientre que permitía pasar el aire por el vientre y la espalda. Por la parte de arriba se anudaba tras el cuello y tenía dos bandas que se cruzaban en el pecho haciendo un escote bonito y nada provocativo. El escote en V dejaba ver las tetas justo tres dedos sobre los pezones y por los lados si separaba los brazos del torso también se me veía una buena parte del costado y tetas.
Lo guapo de ese vestido es que no necesitaba sujetador, así que solo elegí un tanga de encaje y zapatos de tacón.
Después un maquillaje suave, pintalabios “rouge” de Dior y unas gotas de Euphrat que me encanta como huele.
-Din…donnn.
¡Ostras Luís!, no lo esperaba tan pronto eran las nueve y media.
-¡Bajo!, le dije por el portero electrónico.
-No no, es pronto, subo yo. ¿Me abres?.
-Sí claro, dije apretando el botón. Bueno así hablaríamos un rato y me tranquilizaría, pensé.
Me recoloqué bien las tetas, me ahuequé un poco el pelo y abrí la puerta justo para verle llegar con un pantalón chino color marfil y una camisa abierta color burdeos.
No me dio tiempo a ver nada más porque cuando llegó a mi altura me cogió por la nuca y el culo apretando fuertemente, me estampó un beso y, sin separar los labios, me metió en casa, cerró la puerta con un pie, me cogió el otro cachete del culo obligándome a agarrarme a su nuca para no caerme y me llevó en volandas al sofá.
-Te como, te como, te como…dijo mientras me echaba en el sofá y me cogía una de las tetas sobre la fina tela del vestido.
-¡Pero Luís!, dije casi asustada por lo inesperado del recibimiento.
-Mara…ufff…no puedo esperar Mara, me pones a mil.
Debo de confesar que, aunque me cogió del todo desprevenida, aquella tormenta de besos, apretones, caricias y demás me puso de cero a cien en segundos. No me explico cómo pudo desabrochar el tirante de la nuca pero el caso es que en segundos ya me había bajado las copas del vestido que cubrían mis tetas y se puso a comerme una con una pasión descontrolada.
La besaba, la apretaba y hundía sus dedos en mi carne hasta hacerme gritar para pasar a aflojar, aplastarla con la mano dejando salir el pezón entre sus dedos…se cegó con mis tetas lo que me daba tanto placer como dolor…que ni idea de por qué me volvía a dar placer.
-Luís…oooh…Luís…gemía mientras acariciaba su pelo como si fuera un niño que mamase de mis tetas mientras con la otra mano le acariciaba la espalda aún cubierta por la camisa.
Él continuaba enredado en mis tetas solo con la boca y la cara que restregaba por las mismas o la metía entre ellas mientras con la mano empezaba a acariciar uno de mis muslos. Lo acariciaba de abajo a arriba y volver. Lo hizo varias veces tanto por arriba como por la cara interna pero sin llegar al tanga, cosa que me tenía en vilo porque deseaba que me metiera sus dedos en la vagina ya, que me penetrase con algo, lo que fuera.
Yo tampoco es que me quedara quieta porque desabroché sus botones, le abrí la camisa y acaricié su pecho a placer. Se veía tan pequeña mí mano en un pecho tan ancho como el suyo que era entonces cuando tenía consciencia de la diferencia de fuerzas entre él y yo, de lo pequeñita que me sentía a pesar de medir metro setenta de alto y pesar cincuenta y cinco kilos.
-¡Ay!, un pequeño mordisco en la parte baja de la teta me hizo volver de mis pensamientos. Sin embargo no le dije que no siguiera, me dejaba llevar.
De repente se separó de mí y se colocó arrodillado mirando a mi coño que comenzó a comerme aún con el tanga puesto.
-Espera espera, dije mientras cogía el tanga por las tiras y lo bajaba por mis muslos. Luís hizo el resto echándolo al suelo tras lo cual volvió a encajar su boca en mi coño mientras tras abrir yo bien mis piernas.
Después levanté mis caderas y le dije que tirase del vestido ya que salía por abajo. Al hacerlo me quedé desnuda y ya con la piel algo perlada de sudor, hacía mucha humedad.
Colocó una mano en mi vientre acariciándolo mientras la otra, que descansaba aún sobre uno de mis muslos, se dirigió hacía la entrada de mi vagina y comenzó a jugar con los labios de la vulva paseando el dedo por todos lados. No dejó un solo rincón o pliegue de la misma sin acariciar, sin explorar consiguiendo que se hinchase y humedeciese rápidamente.
-¡Espera, espera, espera!, dije levantándome y saliendo disparada hacia el baño.
-¿Pero qué haces?.
No le di tiempo casi ni a acabar la frase. Aparecí de nuevo desnuda con una toalla, la coloqué en el sofá y me senté sobre ella.
-Es que no quiero manchar la tapicería perdona.
De inmediato me senté otra vez frente a él con las piernas abiertas y, cogiendo su cabeza entre mis manos, la llevé a mí coño. Cuando volví a sentir su lengua torturar mí clítoris y dos de sus dedos dentro de mi vagina volví a conectar enseguida. Mientras él tenía una mano ocupada en mi vagina y la otra se alternaba entre mi teta, vientre o muslo. Al mismo tiempo me cogí la teta libre con la mano y comencé a acariciarla, apretarla a veces con mucha fuerza, con rabia, excitarme el pezón...
-¡Oufff!...sigue amor, murmuré sintiendo como llegaban a mi cerebro oleadas de placer provenientes de mi vagina y mis tetas.
-Chof chof chof chof sonaban sus dedos follando mi vagina mientras su lengua acariciaba mi clítoris que también estimulaba rozándolo con sus dientes.
Me estaba volviendo loca y cuanto más me acercaba al orgasmo con mayor fuerza me apretaba la teta, con mucho mayor con la que apretaba él la otra.
-Ah…Aaaah…mmmmm…¡diosssss!, grité cuando por fín mi cuerpo estalló en un orgasmo que me llevó a apretarme la teta a tope mientras me arqueaba y mi vientre y muslos no dejaban de tener espasmos.
No me dejó ni terminar a gusto porque de repente me cogió, me levantó del sofá aún orgasmando mis últimos espasmos y me puso sobre uno de los brazos del sofá con las piernas hacia afuera, mi culo a la altura de su polla, mi vientre hundido por el brazo del sofá y mis tetas y cara sobre el mismo.
No me dio tiempo ni a quejarme, fue colocarme en esa postura, poner su glande en la entrada de mi vagina, cogerme por las caderas y empezar a follarme a lo loco, sin darme respiro.
Me follaba con una dureza bestial, hasta me hacía algo de daño al chocar sus muslos contra los míos y su abdomen contra mi culo en un: “plop, plop,plop,plop,plop” interminable que me hizo alcanzar otro orgasmo enseguida. Su glande golpeaba mi cérvix llegando a mi cerebro sensaciones de dolor y placer.
-¡Plash, plash, plash!. Sonaron las nalgadas que empezó a darme secas, duras y continuadas con distinta dureza.
-Aufff…ahgggg…auffffff, alcancé a gritar mientras me corría como una loca una y otra vez porque no dejaba de follarme.
Afortunadamente unos cinco minutos después de los diez que ya llevaba follándome y entre caderazos y nalgadas oí sus bramidos al correrse.
-¡Ouggggg…ogggg…oufffff!.
Sentí dentro los espasmos de su polla y sus chorros de semen que se mezclaban con mi eyaculación blanquecina juntándose ambos líquidos que empezaron a resbalar por mis muslos hasta el suelo cuando dejó su pene hincado en mi coño.
Cayó sobre mi espalda hundiendo aún más mi vientre contra el brazo del sofá lo que me dio una sensación como de que las tripas se separaban que en principio fue dolorosa pero conforme me acostumbré me gustó.
Pasados unos minutos se levantó resoplando y se sentó en un sillón que había frente al sofá aún con la polla dura como un hierro. Yo seguí medio muerta en la postura que me colocó con el culo levantado, el vientre sobre el borde interior del brazo del sofá y mis tetas y cara aplastadas sobre los cojines.
Tras unos minutos en los que reinó el silencio él comenzó a hablar mientras yo me sentaba sobre la toalla con los muslos empapados en semen y mis fluidos y el cuerpo en sudor. El pelo completamente mojado.
-¿Recuerdas aquella noche en la que hablamos de nuestras fantasías?, ¿de una en particular en la que imaginabas que un hombre te follaba con dureza mientras te azotaba el culo, torturaba tus tetas y te hacía correrte hasta casi desmayarte?.
-Sí claro, lo recuerdo. Le dije mientras cruzaba mis piernas en una muestra de pudor sin mucho sentido.
-¿Y era esto que hemos hecho lo que imaginabas?.
-Mmm…sí, ha sido muy parecido.
-Vale pues fantasía cumplida y a mí me ha agradado tanto como a ti, las miradas no mienten y el cuerpo menos. Y tu cuerpo apenas acaba de dejar de tener orgasmos. ¿Siete no?.
-Ocho, dije casi avergonzada. Me he corrido ocho veces.
-Pues ya solo te quedan algunas más. Es tarde para ir a cenar, ¿pido unas pizzas hechas al horno en una trattoría cercana?.
-Sí por favor, me muero de hambre pero antes me voy a la ducha. Le dije poniéndome de pie, acercándome a él que también se levantó, rodeando su nuca con mis brazos y aplastando mis tetas contra su pecho mientras sentía su polla contra mi vientre.
-¿Cuánto durará esto Luís?, le dije colgada de su cuello.
-Ni idea cariño.
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