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Años 70: Estudiando en Valencia 2

Jorge creía que su viaje a Bremen era solo para trámites burocráticos, pero la llamada de Renate prometía mucho más. Lo que no esperaba era que su novia, Pilar, descubriera en la Alemania de los años 70 un mundo de placer prohibido que desafiaría todos sus límites, mientras él la observaba perderse en la vorágine.

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Una vez que aprobé las dos asignaturas no convalidadas, comenzó el curso y empecé a hacer cuarto de Ingeniería de Caminos en la UPV. Pilar empezó segundo de farmacia en la Universidad de Valencia (UV).

Quedábamos muchas tardes a estudiar, tanto en su casa como en la mía, y si estábamos solos, echábamos un polvete rápido. No tuvimos ninguna sesión de intercambio o sexo en grupo en todo el mes y no pensábamos tenerla.

Un día del mes de primeros de octubre, estando en casa estudiando solo, entró mi madre y me dijo que tenía una llamada de Alemania. Fui al teléfono y me puse.

- Hallo - dije

- ¿Jorge?

- Ja, bitte. – y distinguí la voz de Renate, pero antes de poder decir algo, dijo

- Soy Renate. Perdona que te llame. No pasa nada, estamos bien. Te llamo de parte de Karl. Tiene una citación de Hacienda, no has hecho la declaración de ingresos del año pasado y tienes que presentarte con él para aclararlo, o quedarás como moroso fiscal en Alemania y te pude traer problemas. El ya hizo tus retenciones, pero tú no has liquidado. Y aunque solo trabajaste dos meses, tienes que hacerla.

- Se me olvidó por completo. Tienes razón, no la hice. ¿Y para cuando es?

- Dentro de una semana. Aquí, en el organismo de impuestos, el Steueramt de Bremen. Personalmente, tienes que firmar la declaración frente al inspector y quizás pagar un poco.

- No tenía yo pensado ir a Bremen tan pronto. Estoy ya en la TU de Valencia, que aquí se llama UPV. No hace ni tres meses que me fui de Alemania. Tengo clase.

- Bueno, mira a ver como lo resuelves, podríamos pedir un aplazamiento. Cuando vengas, ya sabes dónde quedarte. El cuarto de Karin esta libre,… y el mío también, jaja.

- Gracias Renate, ya te llamo y te informo.

- Tschüss, Jorge, aufwiederhören.

Colgué y fui a hablar con mis padres. Les conté el problema y que se me había pasado hacer la declaración de impuestos. Tenía que volver a Bremen por tres días. Me iba a costar más el vuelo que la multa.

Luego llamé a Pilar y quedamos en vernos. Fui a su casa y nos sentamos en el salón.

- Pili, tengo un problema fiscal en Alemania y tengo que ir a Bremen por tres días. No puedo dejarlo porque podría tener problemas en el futuro si alguna vez quiero trabajar en Alemania, que no creo. Vuelo la semana que viene.

- Vale, me apunto.

- ¿Como que te apuntas?

- Si, que me voy contigo. - dijo Pili – voy a hablar con papá y que me pague el vuelo.

- No hace falta, si quieres venir conmigo, pago yo los dos billetes. Pero no necesito vigilancia, no va a estar Karin. – dije de broma

- No esta Karin, pero si la lagarta de su madre, y si te vas a divertir, yo también me apunto.

- ¿No te fías de mí?

- No me fio de ella. Y así, veo a Ralf, ahora que sois amigos y me hace una gracia otra vez. – dijo, pasándose la lengua por los labios.

- Que cerda.

- Ya has visto este verano que soy mitad estrecha, mitad puta. Llevo un mes de estrecha, ahora toca un poco más de lo segundo, si Ralf se vuelve a poner a tiro.

- Repito, que cerda. Te voy a enseñar la ciudad de Bremen. No es como Baviera, pero tiene sus cosas.

- Pues alargamos la estancia y nos quedamos el fin de semana

- Podría ser, tengo que verlo con Renate, porque si no, buscamos un hotelito barato. Pero, ¿te darán permiso tus padres?

- Eso déjamelo a mí.

Organizamos el viaje y una semana después, un miércoles por la tarde, aterrizábamos en el aeropuerto de Bremen. Alquile un coche en el aeropuerto y fuimos directamente a la oficina de Karl. Le presenté a Pili y ella se quedó leyendo su novela en un sillón mientras yo resolvía las cosas con Karl. Estuve viendo los documentos que tenía que presentar, hicimos la declaración mía y le dije que necesitaba buscar un hotel. Me dijo que ni se me ocurriera, que, aunque fuese un mes, yo me iría a su casa. Llamó por teléfono a Renate y le pidió que preparara el cuarto de Karin para nosotros.

Dejamos a Karl en su oficina y la llevé a los Imbiss de la estación a tomarnos una Bratwurst. Le encantó la diferencia de sabor con las que se venden en España como presuntamente alemanas.

Luego fuimos a casa de Renate. Me recibió como siempre, en paños menores, con una camiseta muy ancha y unas braguitas finas, casi transparentes y dándome un morreo de escándalo, ante la mirada de sorpresa de Pili. Le presenté a Pilar y se saludaron cortésmente. Dejamos las cosas en el cuarto de Karin.

- Jorge, ya veo a la lagarta ésta preparándose para comerte entero. Si no llego a venir, a estas alturas ya estáis follando.

- Tampoco es eso.

- Te estaba esperando y no te ha metido mano por casualidad. Por cierto, es una señora madurita muy atractiva, tiene cierto morbo.

Luego fuimos a la cocina y allí nos sentamos a tomar un café.

- Bueno Jorge, ya veo que tienes nueva novia.

- Si, la conocí hace casi dos años, y estuvo con Karin y conmigo y con los demás en el lago en Baviera. Entonces se llevaba bien con tu hija. Ahora ya no se. ¿Cómo está Karin?

- Igual de loca. Pasó lo que tenía que pasar, pillaron casi todos los amigos una gonorrea y estuvo dos semanas con inyecciones de penicilina y ya se le ha pasado. Pero sigue estudiando algo, y divirtiéndose bastante, aunque mucho menos que antes. Qué te voy a decir.

- Ya me imagino. ¿Y tú?

- Yo bien, ninguna novedad. Este verano me acordé de ti. Karl no encontraba un empleado cualificado y siempre se quejaba de no tenerte a ti. Le caes muy bien, tanto personal, como profesionalmente. Y de lo otro, me calmo a veces pasándolo bien con Otto, cuando nos juntamos.

- Gracias por el cumplido. Y de lo otro, me alegro de que os llevéis bien las dos parejas.

- Bueno, veo que tu novia es muy guapa. ¿De dónde eres, guapa? – preguntó Renate a Pili.

- De Valencia, pero mi madre es tailandesa.

- Ya se te notaban un poco los rasgos asiáticos. O sea, ¿qué estuviste con los chicos en el lago?

- Si, el verano pasado. – dijo Pili.

- Entonces no eres la típica española estrecha. Eres de nuestro ambiente, ¿no?

- Bueno, no del todo – dije yo, intentando salvar su decencia – a medio camino.

- Cariño, no trates de cubrirme – dijo Pili – sí, soy del club, me lo pasé de maravilla en el lago. Pero sé cuándo se puede una desmadrar y cuando ser sensata.

- Eso es lo que le ha faltado a mi hija. Si no fuese una cabra loca, no le habrías quitado a este chaval. Entonces, en estos días, ¿me lo vas a prestar? – preguntó Renate empezando a poner cara de guarrilla.

- Todo tuyo, pero yo también participo. Me gustan ambas cosas.

- Qué maravilla, no esperaba esto. Nos lo montamos esta noche con Karl. Por cierto, ya no tenemos cosas del sex shop, conseguimos romperlas de tanto uso – dijo riéndose.

Luego ella se vistió y nos fuimos los tres a dar una vuelta por el parque central, el Bürgerpark, y tomamos otro café y un trozo de tarta en el hotel que hay en el centro del parque.

Luego volvimos a casa y Renate se volvió a poner su camiseta XXXL con solo sus braguitas y se puso a preparar la cena y yo me estuve fijando para poder repetir la receta en España. Nos hizo unas patatas fritas con tocino (Bratkartoffeln) y con huevos fritos a la plancha (Spiegeleier). Pili se fue al cuarto, se dio luego una ducha y, para no ser menos, apareció con una camiseta mía y sus braguitas. Yo me puse otra camiseta y un pantalón corto.

- Las Bratkartoffeln o patatas fritas alemanas, las hacen con las patatas cocidas del día anterior – dijo Renate - Suele ser mejor con patatas del año, duras, y se dejan en agua fría 10 minutos. Una vez cocidas se dejan para el día siguiente. Se fríen lentamente con mantequilla, cebolla en tiras y tocino ahumado en trocitos, hasta que estén doradas.

A las siete llegó Karl de trabajar y se sorprendió de vernos así de ligeros. Estuvimos cenando y charlando de cosas. Les conté el proceso de convalidación, lo que me costaba matricular el coche alemán, cómo había sido el verano y les repetí mi ofrecimiento para que pudieran venir a España de vacaciones a Gandía.

- Allí podéis ir siempre que queráis. Nos coordinamos y os dejamos la casa para vosotros. Pero ya sabéis que en España no hay nudismo ni top less, por lo que tenéis que adaptaros al ambiente. Al final de la playa hay dunas y algunos guiris si se van por allí escondidos y enseñan las tetas, pero con cuidado de que no pase la Guardia Civil. Cosas de España.

- Te tomamos la palabra. De momento no podemos en verano porque es la mejor época de trabajo de Karl, y hace mucho calor, pero en octubre o en mayo si nos gustaría ir. Muchas gracias.

- Es vuestra casa. Solo tenéis que avisar con un par de semanas, para no coincidir con nadie.

- Bueno, con vosotros no nos importaría - dijo Renate echándome mano al paquete, y añadiendo, dirigiéndose a Pili – y tú, ¿cómo tienes eso de ahí abajo, rizado o lacio?

- Lacio – se me escapó a mí, y Pili me echo una mirada medio de guarrilla y medio diciendo que cómo me pasaba.

- Eso tengo que verlo – dijo Renate, - ven que nos vamos al baño, por si te da corte aquí delante de mi marido.

Se fueron las dos al dormitorio de Renate. Karl y yo nos quedamos charlando y tomando una cerveza. Al cabo de un rato, y visto que no venían, fuimos a ver que estaban haciendo. Nos las encontramos en la cama, desnudas, morreándose y metiéndose mano.

- Pili, ¿no era a mí al que tenías que proteger de esta lagarta? – le pregunté en español.

- Si, pero sabes que me gustan las dos cosas y en España no me atrevo, salvo con Carmen. Y esta señora está de toma pan y moja. Es super sensual y nunca lo he hecho con una madurita.

- A mí me lo vas a decir.

Nos quedamos un rato mirándolas. Ellas se toqueteaban por todos lados y luego se pusieron a hacer un 69. Nos sentamos en la cama a su lado y estuvimos toqueteándolas, pero sin molestarlas. Se corrieron un par de veces cada una. Luego pararon, se acercaron cada una a su pareja y nos empezaron a morrear. Nos desnudamos también y nos tumbamos Karl y yo en la cama y ellas se subieron encima, se metieron nuestro pene y se pusieron a moverse y como gracia, empezaron a hacerlo de la misma manera las dos, llevando Renate la voz cantante, mientras ellas de vez en cuando se daban un beso o se tocaban las tetas.

Así estuvimos un rato moviéndose, nosotros tocándoles el pecho y el clítoris, hasta que se corrieron las dos. Decidieron cambiar de montura y Renate se metió mi pene y Pili se metió la de Karl.

- Novena polla. – dijo Pili. Y empezó a moverse como loca, intentando disfrutar al máximo de esa situación especial.

Estuvimos un rato y luego fuimos cambiando de posturas. Karl la puso de espaldas y la estuvo taladrando un rato y Pili tuvo un par de pequeños orgasmos más.

Yo tumbé a Renate, me puse encima y estuvimos follando de forma más estándar y tranquila, hasta que nos corrimos juntos y descargué dentro de ella. Poco después Karl se corrió dentro de Pili. Nos quedamos un poco sorprendidos de que nos hubiésemos enrollado tan pronto y Pili me miró con cara un poco culpable, de haberse dejado follar por un tío desconocido a los pocos minutos de verle por primera vez.

- Jorge, lo siento. Creo que me he pasado tres pueblos.

- Pili, cariño, así se han dado las cosas. No pasa nada – le dije mientras me acercaba, le abrazaba y le daba un beso muy fuerte. – ya ves la facilidad con la que aquí se enrolla la gente. Importante es que te lo hayas pasado bien con Karl.

- Es que es nuestro primer día aquí y con un tío que podría ser mi padre, y es solo el noveno tío que me la mete y nada me importa más que tú y que no te enfades conmigo.

- Pili, ¿Has disfrutado? Pues ya está. Es como con Mariano y Rosa. Pasó lo mismo. Si a ambos nos apetece, lo hacemos. Punto. No pasa nada. Me encanta la cara de guarrilla que pones cuando haces estas cosas.

- Te quiero. Y sí, me he corrido a gusto.

- Y yo también te quiero, cariño. ¿Echamos otro?

- ¿Solos o con estos?

- Como venga, solos o con estos, que ya hemos alcanzado velocidad.

Nos salimos al salón, nosotros en pelotas, las chicas con braguitas para no manchar. Nos tomamos una cerveza. Renate estaba encantada comentando cómo le ponía el coño lacio de Pili. Yo me senté en el sofá y Pili se puso entre mis piernas, y yo le pasé el brazo y me puse a tocarle las tetas. Empezamos a hablar de sexo. Renate estaba embalada, como si hubiese encontrado una alumna a la que dirigir.

- No te puedes ir de Bremen sin probar la polla de Otto – dijo, como si estuviera hablando de un plato típico de la zona. – a ti, que pesas poco, como mi hija, te lo hace manteniéndote en el aire, y empotrándotela que parece que te va a salir por la cabeza. Es una gozada.

- ¿Otto es el que la tiene enorme? – preguntó Pili

- Si – dije yo – el padre de la familia de acogida. Te los presentaré.

- No, les invitamos mañana a cenar y nos lo montamos. ¿Vale? – dijo Renate, que estaba embalada.

Poco después, como estábamos empezando a calentarnos, le empecé a sobar el coño y meterle un dedito. Al final, decidimos dejarlo para otro día y nos fuimos cada pareja a su cuarto a dormir. Pili y y nos echamos otro polvo memorable, con la excitación del intercambio que acabábamos de hacer.

Al día siguiente, el jueves, Karl y yo fuimos al Steueramt a resolver el tema de la declaración. Me tocó pagar 320 DM, 200 de multa y 120 de la declaración, porque Karl ya me había retenido suficiente. Luego nos fuimos a su oficina y me dijo que siempre podría trabajar con él, que se había quedado contento de mi rendimiento.

Luego pase por casa y Renate, Pili y yo nos fuimos en su BMW a recorrer el centro de Bremen. Estuvimos en la plaza del Ayuntamiento viendo éste, un edificio típico alemán, la estatua del Roland, los Bremer Stadtmusikanten, la catedral, la Bötchestrasse con su carrillón de campanas de porcelana que tocan una melodía cada hora, y luego le enseñé a Pili el colegio donde yo estuve un mes en clase y luego nos fuimos a comer a la estación de tren, donde trabajaba Otto. Allí. Le presenté a Pili y luego comimos con él. Quedamos para cenar en casa de Renate y ésta ya le encendió la mecha a Otto.

- Ayer nos lo montamos con los chicos. Lo pasamos de maravilla. Aquí la chinita tiene un coño lacio de escándalo.

- Renate, que putita eres – dijo Otto.

- No lo sabes tu bien – dijo ella – esta noche te dejo a la chinita y me llevo al caballero.

- No es chinita – dije yo – es medio tailandesa.

- Peor me lo pones – dijo Otto - ¿Y querrá servicio completo? – me preguntó a mí.

- Otto, si se anima Pili, con calidad, pero sin pasarte, como la vez con Karin, sin dominación ni chorradas. Pili es especial para mí, la quiero un montón, te la corto si le haces daño. – y todos nos reímos.

Luego, de camino a casa, Pili me interrogó

- Jorge, esto de programar que un tío desconocido me folle a las ocho de la tarde, ¿no nos estamos pasando un poco?

- No, un poco no. Un huevo. Pero tienes que conocer todas las especialidades de Bremen. Solo conocías Ralf, te llevas un maduro normal y ahora a Otto, otro maduro XL. Y se acabó por este año, ¿vale?

- Lo que quieras, ya sabes que a mí me gusta, pero, me gustas tú mucho más y no quiero, por nada del mundo, estropear nuestra relación.

Llegamos a casa cuatro horas antes de la cena, para preparar esta sin prisas, ya que requería su tiempo de asado. Estuve ayudando a Renate a cocinar y preparar la cena, mientras Pili se dio una ducha y estuvo en el sofá recostada leyendo su libro. Preparamos media paletilla de cerdo al horno, en un cacharro de metal con tapa para el horno. La carne estaba con su hueso y piel, y Renate le hizo unos cortes en la piel en forma de rombos grandes. Pusimos unas lonchas de mantequilla en el fondo del cacharro, salpimentamos bien la carne y la colocamos en el cacharro por el lado de la piel hacia abajo, tapada, y metimos el cacharro en el horno a 180ºC y lo dejamos media hora. Nos quedamos en la cocina charlando mientras se hacía. Renate me metió la mano dentro del pantalón y me estuvo toqueteando la polla. Yo hice lo mismo, sobándole el pecho y metiéndole un dedo.

Luego le dimos la vuelta a la carne, poniendo la piel algo tostada hacia arriba y seguimos toqueteándonos, Renate se corrió una vez y me dio un beso con lengua, metiéndomela hasta la campanilla.

- Esta carne con la piel esta de cine, pero a veces la hago sin piel ni hueso y tarda menos, pero hoy la hacemos así y te puedo tener en la cocina más tiempo conmigo.

- Tu mandas, Renate, me encanta cómo cocinas todo, y como me lo haces todo.

- Si tuviera veinte años menos, te ibas tu a escapar – dijo, mientras se arrodillaba y me empezaba una mamada de escándalo, corriéndome al cabo de un buen rato y tragándose todo mi esperma y dándome luego un beso con parte de él aún en la boca.

Al cabo de otra media hora, destapamos el cacharro, vimos que tenía algo de líquido, pero le añadimos un par de vasos más de agua para tener más salsa, lo volvimos a tapar y lo dejamos dos horas más a fuego a 160ºC. Como acompañamiento preparamos pure de patatas, por un lado, y lombarda con manzana, por otro. Para ello, pusimos también en una cacerola pequeña, un bote de lombarda cruda en juliana en el fondo, con una capa de manzana en rodajas finas encima y dos nueces de mantequilla encima de la manzana y lo pusimos en el fuego, tapado, al mínimo de calor posible, para que se cocinara muy despacito, fundiendo la mantequilla y la manzana y sin remover hasta que empiece a oler a pegado, que es cuando se retira del fuego y se remueve. Cuando lo dejamos, nos fuimos con Pili al salón y la estuvimos metiendo mano Renate y yo, sin dejarla leer tranquila.

Un par de horas después le echamos un ojo al asado de carne y vimos que la carne aún estaba dura. La dejamos un poco más, siempre tapada, para que no evapore al liquido.

A las siete llegó Karl y se fue a duchar. Abrimos el cacharro y conectamos el gratinador solo un par de minutos, sin dejar de mirarlo, y dejamos que la piel se empezara a tostar, porque una vez apagado, sigue tostándose y hay que tener con mucho cuidado de que no se queme. Luego apagamos el horno y se quedó reposando.

A las siete y media llegaron Otto y Hanna. Le presente a Pili a Hanna. Venían con dos botellas de vino. Se sirvieron una copa de vino a la alemana, es decir, en copa grande y hasta el borde. Con cuatro copas vaciaron la primera botella. Cortamos la pieza de carne, y servimos a cada uno un trozo de carne asada, con algo de puré, un poco de lombarda y el caldo de la carne por encima. Cenamos y calló la segunda botella. Yo tomé cerveza y Karin un zumo de piña. Luego, a los postres, se tomaron un par de copitas de Jägermeister, con lo cual alcanzaron el punto de no retorno. Pusieron música, como la primera vez, y empezamos a bailar por parejas. Luego fuimos cambiando de pareja, pero sin pasarnos nada, hasta que Renate, que era la más salida, le metió mano a Otto y se la sacó y ya la tenía bastante grande. Renate se arrodilló y empezó a chupársela y llamó a Pili, que estaba abrazada a mí, para que se acercara. Pili me dio la mano y me pidió que la acompañara. Se puso de rodillas también, miro el bicho y me miró.

- Jorge, no había visto nada igual. Es mucho más grande que la de Ralf. Esto me va a hacer daño, seguro.

- Cariño, tu misma. De momento, si te apetece, métele una chupada y yo te meto mano, que siempre estoy deseando hacerlo.

Pili se la metió en la boca, pero casi no le cabía. Y la empecé a desnudar y a tocarla entera. Otto se tumbó en el sofá y Pili se puso a lado, ya desnuda, y siguió mamándosela. Renate se acercó y empezó a ayudarme a calentarla, tocándole ella los labios y el clítoris y yo el pecho. Poco después Pili empezó a gemir y a soltar bastante flujo.

Otto, como buen alemán, tenía su método y rutina, que no le iba mal, y no lo cambiaba por nada. Se puso de pie, levantó a Pili en el aire como si fuese un peluche y la bajó sobre su polla metiéndosela poco a poco hasta el fondo. Pilar dio un gemido al notar todo ese pedazo de carne ir abriéndose camino dentro de ella. Luego Otto, la empezó a follar incrementando progresivamente el ritmo, manteniéndola en el aire, levantándola a pulso y dejándola caer cada vez con un poco más violencia sobre su polla, hasta que ya empezó a dejarla caer de golpe. Pilar se agarró con los brazos a su cuello y con las piernas a su cuerpo y empezó a gemir cada vez más fuerte, y me miraba porque yo estaba a su lado acariciando su espalda. Otto siguió dándole cada vez más fuerte, según veía que ella se iba mojando más, y oíamos el chapoteo del pene entrando en un coño encharcado. Un rato después de estar recibiendo ese polvo salvaje, Pili cerró los ojos y se corrió gimiendo muy fuerte, con temblores y soltando mucho flujo. Y Otto, como yo suponía, no paró, porque quería satisfacerla al máximo, y siguió dándole caña sin cansarse, durante mucho rato y Pili volvió a mirarme, como alucinada de lo que estaba viviendo, y me envió un beso, y poco después volvió a cerrar los ojos y empezó a decir que no parase, que siguiese, y se volvió a correr con grandes gritos y espasmos y varios chorros de líquido seminal por la uretra, que empaparon a Otto por todos lados.

Otto me miró como preguntándome si la dejaba ya y yo le dije que siguiese y él me dijo que de acuerdo con un gesto y no paró de darle caña, levantándola y dejándola caer contra su polla, clavándosela en el coño con fuerza, durante bastante rato, hasta que Pili se volvió a correr, casi con la misma intensidad, y cuando estaba acabando su orgasmo, Otto también llegó, llenándole el coño de esperma, y como yo esperaba, aun siguió sin pararse, intentando que no se le bajase la erección y, mientras caía todo el esperma y el flujo por sus huevos. Otto seguía follándose a Pili sin bajar el ritmo, penetrándola hasta el fondo y sacándole un jadeo profundo en cada embestida y yo ya le dije que fuera parando, pero Otto no paró hasta que Pili se corrió por última vez con grandes jadeos, temblores y mucho flujo. Entonces ya paró, le dio un beso en la frente y me la pasó. Yo la ayudé a descolgarse de Otto y me abrazó y se pegó a mi como una lapa y se quedó así agarrada a mí durante muchos minutos, sin decir nada, porque seguía sintiendo el orgasmo de forma continua, gimiendo, temblando y tiritando bastante y con respiración entrecortada. Luego ya se fue serenando poco a poco y me dio un beso, metiéndome la lengua hasta el fondo.

- Jorge, no sabía que se podía sentir así. Ha sido brutal. El mejor polvo de mi vida. Deja a Ralf en nada. Verás cuando se lo cuente a Carmen. Te quiero un montón. Porque no ha sido sólo el tamaño, sino tambien la forma de hacérmelo y la duración.

- Me alegro de que te lo hayas pasado bien.

- Esta vez sí que sé, que lo dices de verdad, no como con Ralf aquella vez. Estoy todavía temblando. Me ha encantado que me hayas dejado hacerlo con este tío. Y sobre todo que hayas estado a mi lado en todo momento. Y tú, ¿no has hecho nada?

- No, quería estar a tu lado.

Los otros estaban liados, Otto, ya recuperado, follándose a Renate que gemía como una bestia y Karl dándole a Hanna. Pili me tomo de la mano y nos fuimos al dormitorio. Me tumbó en la cama y se puso encima mio. La tomó con sus manos y se la metió dentro,

- Déjame descansar un poco y te lo hago con todo el amor del mundo – dijo, quedándose así, sobre mi tumbada sobre mi pecho con mi pene dentro de ella.

- Tranquila, descansa y disfruta del polvo que has tenido.

- Jorge, van diez, pero quiero que sepas que contigo tengo suficiente.

- Ya puedes dejar de llevar la cuenta.

El viernes por la mañana estuvimos Pilar y yo solos en el mar del norte, andando por el barro. Comimos en un restaurante de pescado. Por la tarde estuvimos viendo algunas zonas cerca de Bremen.

A media tarde quedamos con Ralf y Steffy. Estuvimos en una cervecería hablando. Ralf me estuvo contando los éxitos que últimamente tenía cuando aplicaba sesiones de dominación a sus amigos, basadas en la que yo les hice en Munich. Nos dijeron que esa tarde noche tenían una fiesta y que fuéramos. Aceptamos, pero le advertimos que íbamos de pareja y sin intención de liarnos con nadie más.

Llegamos a casa de los amigos de Ralf. La casa estaba realmente abarrotada, había como unas 30 personas, entre chicos y chicas. Tenían música alta y mucha cerveza y algún porro. Pili estuvo más con Steffy que le presentó a varias amigas suyas. La imagen de una española era de ser una estrecha, por lo que una amiga de Steffy le preguntó a Pili, a modo de test, cuál era su récord con varios tíos a la vez y dijo que tres, por lo que consideraron que ya formaba parte del selecto club de tías que habían compartido a varios hombres y que estaba vacunada de espanto y no era una estrecha. De hecho, Steffy les dijo que había estado con ella y Ralf un par de noches, por lo que la conversación derivó hacia la forma de hacerlo de Ralf y de otros allí presentes. Ralf también me fue presentando a sus amigos y no pude evitar pensar que todos esos mamones se habían follado a mi antigua novia, lo que me demostraba a mí mismo que seguía siendo relativamente celoso o que tenía un límite a partir del cual no estaba dispuesto a ceder.

La fiesta se fue calentando lentamente. Había algunas parejas morreándose y metiéndose mano. Ralf estuvo comentando que las sesiones que les aplicaba a veces a sus amigos estaban basadas en la que yo les hice y todos empezaron a pedirme que hiciese una global. Hacer una sesión con 30 personas no es tan sencillo y no me sentía capacitado. Se pusieron pesados y le dije que yo necesitaba que todos estuvieran de acuerdo. Ralf se subió a una silla y les explicó a lo que podían jugar. Casi todos estaban de acuerdo, porque era un juego nuevo, pero algunos comentaron que no querían violencia. Les tranquilizamos.

Mientras hacían hueco, me salí fuera de la casa con Pili y estuvimos hablando de cómo hacerlo. Necesitaba que Pilar me ayudase, lo íbamos a hacer entre los dos.

- Pilar, esta gente está chalada. Quieren que montemos un pollo de sesión para 30 personas.

- Jorge, es divertido. Yo ya he pasado por eso y está bien.

- Necesito que me ayudes. Lo vamos a hacer entre los dos.

- Jorge, siempre me liberas de participar y que me folle a alguno de éstos, creo que eres un celoso

- Pili, puede ser. Luego, cuando acabemos, vemos qué hacemos, si te apetece mucho.

- No lo necesito. Pero gracias. Bueno, ya veremos cómo hacemos.

- A lo que estamos, primero tenemos que ver cómo les tapamos los ojos.

- Sencillo, - dijo Pilar, - con una tira de papel en los ojos y sujetos con la braguita o el calzoncillo.

- Pero del tío o tía de al lado, no la suya. – Dije yo

- Genial. ¿Y la vara? Necesitamos dos.

- Es fácil, mira de ese arbusto. – dije, señalando uno de la calle.

- ¿Y cómo se van a calentar?

- Esa es a la parte a la que le estoy dando vueltas.

- Déjame sorprenderte – dijo Pili y yo le dije que adelante.

Entramos y nos encontramos a todos esperando. Sobraban dos chicos, por lo que Ralf decidió ayudarnos y al otro le dijimos que ya se lo haríamos otro día.

- A ver, esclavos. – dije dando con la vara y señalando a Pilar - Aquí mandamos ahora mi chica y yo. Regla número uno, aquí nadie se corre sin mi permiso; regla número dos, aquí nadie mea, sin mi permiso, pero quiero que os toméis una botella de cerveza ya, mientras hablo, os qyuiero con ganas de ir; y regla número tres, aquí nadie habla sin mi permiso, se levanta la mano hasta que yo de permiso, regla número cuatro, el que no se emplee con intensidad, recibe un golpe con la vara y regla número cinco, no se puede ver, os taparemos los ojos. ¿Entendido?

Aceptaron todos y les pedimos que se pusieran en fila alternos, sin repetir un tío o una tía. Luego tenían que cerrar en un círculo, mirándose todos.

- Ahora os vas a desnudar, excepto bragas o calzoncillos y se la pasáis a Pili que pasa por detrás a recogerlas – dije y todos se desnudaron.

Pili fue recogiendo la ropa y poniéndola en un montón. Luego les fue entregando a cada uno un antifaz recortado burdamente de un periódico, pero sin agujero para los ojos. Y delante de todos, Pili y yo nos desnudamos también.

- Ahora, quiero que os quitéis la ropa interior, se la pasáis al que está a vuestra derecha, poneis el antifaz sobre los ojos y os metéis la braga o calzón del de al lado en la cabeza, necesito que quede justo. Si alguno le queda grande, aquí tenemos unas pinzas de la ropa.

Se quedaron sorprendidos, y así lo hicieron todos. Allí vimos Pili y yo a treinta personas, los chicos con las bragas de la vecina y las chicas con calzones en la cabeza. Era realmente cómico.

- Pili todo tuyos.

- A ver, golfos y golfas, ahora vamos a pasar cada uno la mano izquierda por entre las piernas hacia atrás, echándonos hacia delante y alarguemos la derecha hacia delante. Bien, ahora os giráis hacia la derecha y os dais las manos. No os preocupéis por meterle las narices en el culo al de delante. Bien, la que alargáis tiene que estar debajo del de delante y la izquierda debajo de tu cuerpo.

Pili y yo fuimos ayudándoles a los que estaban un poco perdidos. Cuando todos quedaron así, Pili siguió

- Ahora con los pulgares os empezáis a tocar el sexo, ya sea los labios o la polla. Cada uno recibirá la caricia de su propio pulgar y del que está detrás. Y quiero las lenguas acariciando la espalda del de delante.

Todos empezaron a toquetearse con los pulgares, sin ver nada, acariciando con la lengua al de delante por la parte de la espada de encima del culo. Ralf, Pili y yo pasamos por todos ellos y les sobábamos las tetas, tirábamos de los pezones, manoseábamos la polla o los huevos de los tíos o añadíamos un par de dedos, que sobaban el clítoris o entraban en la vagina.

- Jorge, nunca había tocado tanto coño y tanta polla – me dijo Pili riéndose

- Ni yo tanta polla colgando – contesté.

Así les tuvimos un rato. Los tíos estaban totalmente empalmados y las tías empezaban a estar empapadas. El verdadero magreo se lo estábamos dando Pili y yo, sin ningún escrúpulo de sexo. Ralf tocaba menos pollas que yo. De vez en cuando le dábamos con la vara al de la derecha o la izquierda del que estábamos sobando. Les tuvimos un rato así.

- Bueno, pues ya que conocéis bien el sexo del de delante, os vais a hacer una cadena. Chicas, al suelo boca arriba, chicos al revés, a comerles el coño a la de delante y que te la coma la de detrás. – dijo Pili.

Se soltaron y a tientas y con nuestra ayuda se fueron colocando y empezaron a chuparse.

- Nada de correrse, y quiero intensidad, los chicos deben meter los dedos con rapidez, follándose fuerte el coño y chupando bien el clítoris. A las chicas quiero verles una buena mamada, con labios, lengua y metiéndosela bien, Y nada de correrse. – dijo Pili.

- Intensidad – dije yo golpeando a algún lento.

Seguíamos nosotros tocando en plan aleatorio, a este los huevos, a aquella las tetas, a otra un pellizco en los pezones, a otro un dedo en el culo, a aquel una toba en los huevos, todo bien amenizado con golpes con la vara. Al cabo de un rato empezaron los gemidos.

- Nada de correrse. Y os veo muy suaves, dadle más fuerte. – dije, y yo notaba que tenían gas de correrse, porque además estaban últimamente acostumbrándose a los polvos rápidos.

Hice una seña a Pili, como preguntando qué hacíamos y Pili me dijo que esperara.

- Bueno, como calentamiento está bien. A ver, guarras. Os vais a dar la vuelta. Os ponéis de perrito y el de detrás os la mete y os bombea, pero nada de correrse. Chicas a tocarse también. No vale correrse. – dijo Pili

Allí empezaron a follar todos y las tías a tocarse.

- Cambio de turno. Chicas quietas, chicos, la sacamos, andamos a gatas hacia delante y se la metemos a la siguiente. Quiero intensidad. Pero sin correrse.

Así lo hicieron, todos se pusieron a follarse a la que antes estaba dos posiciones delante. Les dejamos menos de un minuto y mientras seguíamos toqueteándoles entre los tres a todas en las tetas. Ya eran jadeos muy fuertes y los tíos ya no sabían cómo hacer para no correrse y se paraban un poco, llevándose el varazo.

- Cambio de turno, avanzamos una posición.

- Cambio de turno

- Cambio de turno

Le hice una seña a Pili, indicando que ya estaba bien.

- Venga, los chicos no pueden correrse, pero las chicas sí. Y los chicos dadles fuerte, que se corran bien – dijo Pili.

Allí empezaron a liberarse y correrse como locas, unas más que otras y algunas con mucho flujo.

- Chicos, ahora vosotros - dije - y todos se corrieron en el coño que en ese momento estaban penetrando, sin saber ni de quien era.

- Todos liberados. Daros un buen abrazo con la chica a la que le habéis llenado el coño.

Todos se quitaron las bragas de la cabeza, se sorprendieron de con quién habían follado, se dieron un abrazo y luego se pusieron a saltar, a reírse y a darnos las gracias por una experiencia, al menos, nueva y sorprendente.

Luego vi que Pili hablaba de lo que había pasado con Ralf, mientras yo hablaba con otros. Luego vi que se acercaba a la tía más buena de todas ellas, una rubia impresionante con unas tetas de escándalo y muy guapa y con el coño rasurado, como el de una niña. Estuvieron charlando un rato y Pili le pasó la mano por el pecho y por el pubis. Luego se acercaron a nosotros.

- Cariño, estoy como una moto. Te presento a Claudia. Si no tienes inconveniente nos lo vamos a montar los dos con ella y con Ralf, que se ha quedado a dos velas, como nosotros.

- Pili, que mala eres.

- Ya sabes que puta y estrecha a partes iguales. Este viaje toca puta. En España volvemos a ser estrechos.

- Venga – dije

Nos fuimos a un cuarto. Ellas se empezaron a comer la una a la otra, no importándole a Pili comerse los restos del esperma del desconocido que se acababa de follar a Claudia, lo que me resultó un poco guarro por su parte. Esta chica no dejaba de sorprenderme como se estaba volviendo salvaje. Ralf y yo les dejamos un momento disfrutar la una de la otra y estuvimos charlando del resultado de la sesión

- Esto va a ser un éxito. Tenemos que añadir cosas. Tenemos que hablar cada cierto tiempo y comentar. A ver si me busco algún viaje a España y charlamos.

- Por mí encantado. Hablamos cuando quieras. Nos damos los teléfonos. Y si vienes a España, te vienes a mi casa. ¿Vale?

- Gracias Jorge

- Por cierto, ¿qué sabes de Karin?

- Sigue igual. Estuve un fin de semana en Munich y la estuve consolando bastante, ya me entiendes. Realmente te quiere aún, y reconoce que se pasó de ligera. No es una chica para un español, por liberal que éste sea. Tienes que haber mamado esto para no estar celoso con su comportamiento. Cuando venga en navidades atacaré con fuerza, y si ya te ha olvidado un poco, intentaré que salga conmigo.

- Realmente me gustaría, porque tal como va, terminará mal.

- Oye Jorge, ¿qué hacemos aquí hablando con estas dos mujeres a tiro? Tu chica lo quiere hacer conmigo. Solo lo haré si a ti no te molesta.

- No Ralf. Adelante.

Nos metimos en medio de ambas y nos las comimos enteras a las dos. Luego estuvimos follándolas de todas las formas posibles. Pili disfrutó como una loca, aunque a la mitad de la faena, se acercó a darme un beso y me dijo

- Jorge, después de lo de Otto, esto ya no es lo mismo. Pero un buen polvo siempre se agradece y Ralf me pega bien.

- Claudia está buenísima. Gracias por buscármela y convencerla.

- No le he hablado de ti, me la quería tirar yo. Cuando estuvo convencida de hacérselo conmigo, le hable de vosotros dos.

- Que puta. Yo pensé que era para mí. – y nos reímos y volvimos a la faena.

Al poco Ralf ya tomó su rutina y empezó a follarse a Pili con ritmo. Yo notaba una diferencia grande entre los polvos antes y después de ser amigos. Ahora se la follaba con cariño y con ganas de que disfrutase, sin querer demostrar lo macho que era.

Pilar recibía una follada sensacional, sin parar y metiéndosela todo lo profundo que podía. El primer orgasmo fue bestial, porque venia excitadísima de la sesión, incluyendo todo tipo de jadeos, squirt, flujo por la vagina y contracciones.

Yo mientras le hice de todo a Claudia. Comérmela, follármela con los dedos hasta sacarle un primer orgasmo, luego desde atrás hasta una segunda corrida y luego la puse de espaldas y yo me puse encima y me la follé de forma más normal, chupando sus extraordinarias tetas y admirando su belleza. Una chica espectacular.

Ralf le sacó a Pili otro orgasmo más, bastante fuerte y siguió dándole hasta que se corrieron ambos a la vez, llenándole el coño de esperma.

Yo cambié de posición y me puse de espaldas y Claudia se metió mi polla y estuvo moviéndose de maravilla. La cabrona de mi novia, cuando acabó de correrse Ralf dentro de ella y se relajaron, viendo que yo estaba esperando que Claudia se corriese para correrme yo también y que no me podía mover, se me subió encima y me puso el coño sobre la cara, teniendo que tragarme todo el esperma de Ralf, mientras que este se reía. Las dos se pusieron a morrear y poco después Claudia llegó y yo me relajé y me corrí dentro de ella, mientras las chicas se besaban y toqueteaban.

Cuando acabamos le metí a Pili un azote en el culo con fuerza, y ella me sonrió y dijo

- Ale, por todas las veces que me has llamado puta.

Luego nos fuimos en el coche a casa de Renate.

El sábado por la mañana, como hacía aún buen tiempo, fuimos al lago nudista de la Uni con todos. Allí estuvimos desnudos tomando el sol, aunque casi no nos bañamos, porque el agua estaba helada ya.

Un rato después vimos al otro lado del lago a Ralf con un montón de amigos y nos acercamos a verle. Muchos habían estado la tarde anterior en la fiesta. Allí estuve yo charlando con ellos y Pili más con ellas, que se fijaban y comentaban mucho sobre el coño lacio y negro de Pili, mientras ellas lo tenían rubio y rizado.

Muchas parejas estaban tumbadas al sol y de vez en cuando se iban un poco apartados entre los arbustos y echaban un polvete rápido sin que nadie se escandalizase. Yo notaba que Pili estaba como una moto, por lo que decidí que tenía que irme de allí, si no quería terminar mal. Nos estábamos despidiendo de Ralf, quedando en mantener el contacto y vi a Pili mirar mucho. Se lo comenté.

- Pili, te veo algo cachonda, ¿no?

- Estoy empapada. Con cuarenta pollas y coños alrededor y algunos follando, es difícil mantenerse. Es la primera vez que estoy con tanta gente desnuda y a mí me gustan ambas cosas. Y algunas están muy buenas. Bueno y algún tío también.

- ¿Necesitas algo especial?

- Pues si, pero contigo también.

- ¿Ahora? - pregunté

- Ahora

Nos fuimos un poco apartados. Al pasar junto a Claudia, Pilar la miró y ésta se levantó y vino detrás de nosotros. Nos sentamos los tres sobre el césped entre unos arbustos, y Claudia y Pili se empezaron a morrear. Un minuto después vino otra chica y se les unió. El coño de Pili era una atracción para cualquier chica bisexual o lesbiana del grupo. Allí empezaron a hacerse de todo entre las tres, chupándose todo y toqueteándose. Yo estaba mirando, realmente alucinado, ya que nunca había asistido a una sesión lésbica tan intensa.

Les dejé allí disfrutando y me fui con Ralf y estuvimos charlando, hasta que volvieron las chicas con cara de satisfacción y Pili con una mirada de zorrita completa.

Luego nos volvimos con Renate y Karl. Al llegar estaban también Otto y Hanna y otra familia amiga con dos chicas adolescentes, de la edad de Karin cuando la conocí. Se acercaron a nosotros y estuvimos charlando de música y de libros.

- Es alucinante estar hablando en pelotas con dos crías que te nos están enseñando un coño tan joven. Yo, en este país, me volvería loca.

- Por eso nos volvemos mañana. No quiero que te desmadres más. - dije yo

- Si, mejor nos vamos que me paso cachonda todo el día.

- Vale, pero esta última tarde qué te apetece hacer.

- ¿Me dejas elegir?

- No sé, depende de lo que digas – dije.

- A ver, enumeremos lo que puedo elegir, por orden, de lo que más me pondría a lo que menos. Primero, una fantasía boba de mi época de adolescente, que sería que veinte tíos me follaran uno detrás de otro y me llenaran de leche, segundo a Otto otra vez, tercero sería otra con Ralf, luego repetir con Claudia y sus amigas, porque acabo de hacerlo, y finalmente un polvo casero con Renate y Karl.

- Y conmigo, ¿no? - pregunté

- A ti te tengo en Valencia – dijo Pili

- Realmente estas sacando todo lo putita que hay en ti. No se te puede sacar de Valencia.

- Pues sí. Lo que pasa es que no depende solo de mí, pero si pudiera elegir, ya te digo que serían, por ejemplo, veinte amigos de Ralf, junto con él, para que me follaran bien una vez en la vida y saber qué se siente quedando colmada. Pero como sé que a ti no te gustaría, y te haría daño, y como te quiero, me olvido de ser así de guarra.

- ¿Tanto te pondría? – le pregunté

- Pues es algo que jamás podría hacer en España. Me correría un montón de veces. Pero no te lo voy a pedir. Es solo una fantasía. Me conformo con algo sencillo, siempre que no te moleste.

- Tu dirás.

- La segunda opción es Otto. Es una experiencia única.

- Pero habría que hablar con todos y montar algo esta tarde. Déjame verlo y sorprenderte.

Al final lo monté, sin contarle nada a ella, en casa de Ralf. Al llegar estuvimos charlando un poco y luego la empecé a sobar todo y luego, digámoslo claro, nos la follamos entre los dos, a medias, no dejándola tranquila ni un momento, metiéndosela uno por el coño y otro por la boca, cambiando varias veces, como si fuéramos dos amigos cepillándose a un ligue de una noche, en plan bastante guarro, pero muy excitante para ella. Nos fuimos a la cama de Ralf y allí le provocamos tres orgasmos fuertes, y luego yo solo le di caña otro rato y me corrí dentro de ella. Luego lo hizo Ralf, dándole otra buena follada él solo, que le arranco otro orgasmo. Ella se quedó rendida y la dejamos un rato descansar, abrazada a mí.

Al rato, llamaron a la puerta y la dejamos sola en la cama, medio durmiendo y fuimos a abrir. Era Otto, con el que habíamos quedado así y se lo presenté a Ralf, y le dije lo que iba a presenciar, para que lo uniera a su repertorio, si alguna vez hacia pesas, porque con el cuerpo larguirucho de Ralf era imposible aún. Otto saludo, charlamos unos minutos y se desnudó, y le llevamos hasta el dormitorio. Cuando Pili le vio llegar se quedó asombrada, pero puso cara de guarrilla. Otte le repitió el polvo que le echó dos días antes, conmigo a su lado viéndola disfrutar, y con Ralf al otro lado aprendiendo nuevas técnicas. La volvió a levantar a pulso y ya se la clavó sin piedad, porque estaba muy dilatada y mojada. La sostuvo en el aire, ella agarrada a él, levantándola y dejándola caer conta su polla, metiéndosela hasta el fondo. Tuvo otros tres orgasmos larguísimos y fuertísimos, porque ella sabía lo que iba a pasar y aprovechó para disfrutarlos a tope. Cuando le llegó el tercero, Otto se corrió dentro de ella, y le siguió dando un poco más, para que lo disfrutase bien y ella siguió corriéndose durante un rato, con temblores y respiración entrecortada. Luego le dio un beso en la frente y la dejó y ella volvió a abrazarse a mí, hasta que se le pasaron los temblores del último orgasmo. Luego me tumbé en la cama de espaldas, en el borde y la subí encima mio y así nos quedamos abrazados, ella tumbada, besándonos y nos quedamos unos minutos descansando juntos y ella me sonreía y me daba las gracias por una tarde tan extraordinaria.

Poco después oí la puerta y yo la empecé a excitar de nuevo, tocándole el clítoris y el pecho y ella me miró extrañada. Me encogí de hombros y le dije que se relajara y disfrutara. Y yo le levanté las piernas, poniendo las rodillas hacia mí, una a cada lado de mi cadera, como si fuera a metérsela, pero solo la tumbé sobre ni y se quedó con el culo en alto hacia los pies de la cama. Seguí toqueteándola. Poco después entraron en el cuarto dos amigos de Ralf, y uno le puso el pene en la boca, a escasos centímetros de mi cara y ella empezó a chupárselo y luego notó que el otro le empezaba a restregar su pene por los labios del coño y luego, se la metió, empezando a follársela con ganas. Yo le seguí tocando el clítoris y acariciándole el pecho, y pellizcándole los pezones. Tuvo un pequeño orgasmo y el chico descargó dentro de ella, cambiándose entre ellos y follándosela el otro.

- Disfruta lo que quieras y paramos cuando te apetezca. Te van a estar follando hasta que tú quieras o no puedas más. Yo llevo la cuenta, y aprovecha que no te voy a volver a dejar que me hagas esto. – le dije. Ella me dio un beso, puso cara de puta y se dedicó a disfrutar.

Por allí pasaron hasta dieciséis amigos de Ralf y todos se la follaron bien y le llenaron el coño de leche y así, junto a mí, besándonos y yo toqueteándola y acariciándola, tuvo cinco o seis orgasmos más, algunos fuertes.

- No puedo más cariño, diles que paren. – me dijo en el número dieciséis y yo le hice una seña a Ralf y nos dejaron solos.

Nos quedamos así tumbados, abrazados. Ella fue relajándose y nos dimos besos y luego se durmió, en la misma posición, sobre mí. Ralf vino y hablando bajito estuvimos comentando. Estaba alucinado del polvazo que había visto hacer a Otto.

- Tío, este Otto es mi ídolo. Que máquina. Mañana me meto a hacer pesas. Eso lo tengo yo que poder hacer. Y encima con 40 años que me ha dicho que tiene.

- Él es deportista profesional, aunque trabaje en la Bundesbahn (trenes alemanes). Lleva años entrenando y haciendo pesas.

- Ya, pero yo soy un año más joven que tú, por lo que puedo ponerme en forma. Yo no sé cómo lo haces, Jorge, para ir dirigiendo mi vida sexual. Ahora a hacer pesas. Entre los juegos de rol y ahora esto, me lo voy a pasar de maravilla.

Años después, Ralf montó uno de los primeros Boys de la zona del Ruhr, siendo yo su socio y asesorados en el aspecto femenino por mi esposa. Él lo dirigía y seleccionaba a los chicos tratando de que fueran lo más parecidos a Otto, con esos criterios y realmente tuvieron éxito, siendo el uno de los participantes, pero vuelvo a adelantarme en la historia.

Luego Ralf me ayudó, apartamos a Pili y la dejamos descansar tapada con el edredón. Nos salimos al salón a tomar una cerveza.

- Jorge, nunca pensé que fueras a permitirle esto a tu chica, después de lo que te pasó con Karin.

- Mira Ralf, Karin hizo cosas parecidas sin mi permiso y no me gustó. Pili estaba enamorada de mí y sabía que me estaba enrollando con Karin y con cincuenta más y esperó, y debió sufrir, hasta que yo me di cuenta y cambié. Le debía algo, y esto son muchos menos rollos de los que yo tuve en esos meses.

- Entiendo, – dijo Ralf – tenías un poco de cargo de conciencia-

- Y realmente quiero a Pili y sé que nunca en España va a poder hacer algo así, porque se sabría y sería un escándalo. Alguno de todos ellos lo contaría y quedaría marcada. Ella había estado hasta ahora con muy pocos hombres y tenía la fantasía sexual de un día así. Si se la doy como pareja y la hago feliz, me quedo bien, aunque algo jodido, no te lo voy a negar. Pero sé que, si alguna vez ella necesitase algo especial, tendrá la confianza en decírmelo.

- Visto así, vale. Eres muy generoso con ella.

- Eso me lo dijo una vez Renate, poco antes de que Karin me pusiera los cuernos contigo y trescientos más. Esperemos que no se repita. Bueno, pues nunca pensé en estar hablando así contigo, entre amigos. Me caías fatal.

- Yo tampoco. Y tampoco te soportaba – me contestó Ralf.

- Y espero que consigas salir con Karin. Aún le tengo mucho cariño. Y te voy a contar un secreto. Fue mi primera mujer; era virgen antes de acostarme con ella.

- ¡No me digas! Eso explica muchas cosas.

- Pues sí. Me gustaría que salieras con ella y a ver si tú la consigues dominar o frenar, porque parar es imposible, pero sé que a ti su ritmo no te importa, al contrario de lo que me pasa a mí. Y si podéis, os venís los dos a España de vacaciones. Y si no la consigues, te vienes tú solo, a mi casa, que mi prima Carmen aún habla maravillas de ti y con las nuevas técnicas vas a ser una máquina. – y nos reímos ambos.

- Me acercaré a España a verte.

- Te tengo que agradecer lo de esta tarde. Y que hayas encontrado tanto chico dispuesto.

- He buscado a los mejores, que la tuvieran grande, follaran bien, aguantaran y estuvieran limpios. Todos son compañeros míos.

- Se han portado muy bien, muy educadamente, y la han dejado destrozada y muy bien follada. Muchas gracias.

Seguimos charlando un buen rato y cayeron otro par de cervezas. Luego me ayudó a levantar a Pili, a lavarla y a vestirla. Estaba rendida y se dejaba hacer. Nos fuimos a casa de Renate y entre ella y yo, la llevamos al dormitorio de Karin, la acostamos y se quedó dormida al instante.

Renate, sabiendo que eran nuestra última noche allí, se quitó la ropa y, desnuda, cachonda y empapada, se sentó encima mio y nos pusimos a morrear, mientras le sobaba el pecho. Nos fuimos a su cama y follamos como locos. Luego llegó Karl y nos pilló in fraganti y nos dijo que éramos unos chicos malos y preguntó si él se iba el con Pili. Le dije que no y se fue a duchar y se unió a nosotros y entre los dos le dimos fuerte a Renate, que era una hembra que podía con los dos y con el que viniera. Le hicimos correrse bien y disfrutar. Luego nos dormimos los tres juntos.

De madrugada noté que me daban un beso y me desperté, y era Pilar, que estaba a mi lado. Nos fuimos a la cama de Karin, me tumbé de espaldas y ella se montó sobre mí y se empezó a mover con el único objetivo de darme placer. Yo disfruté y ella me dijo que ya no podía llegar más veces, que lo hiciera yo. Y así, al cabo de un rato moviéndose sobre mi pene, me corrí dentro de ella. Volvió a tumbarse sobre mí.

- Me da miedo tumbarme así contigo, no vayan a aparecer diez tíos a follarme – dijo de broma y riéndose.

- No van a venir. – le dije riendo – pero no han sido diez, sino dieciséis, que, sumados a Ralf, Otto y yo, suman diecinueve. A uno de tu fantasía.

- Con este tuyo de ahora hacen veinte y has hecho realidad una fantasía que nunca pensé en vivir. No sé cómo me voy a poder sentar en unos días, me duele el coño de lo escocido que lo tengo. No sé cuantas veces me he corrido, creo que mas de diez.

Por la mañana nos dimos una buena ducha y luego desayunamos los cuatro juntos. Nos despedimos de Karl y de Renate, agradeciéndoles su hospitalidad y su amistad. Renate nos dio un beso con lengua de despedida a los dos, a Pili y a mí. Karl nos dio un abrazo a ambos.

Ese domingo volamos de vuelta a Valencia. En el avión Pilar se quedó medio dormida nada más despegar. Se despertó cuando el avión empezaba su descenso.

- Ha sido muy fuerte. Entiendo que te guste esa libertad.

- Pero me gusta sólo si estoy junto a una persona a la que quiero. Estando solo, no lo soporto. Soy así de gilipollas.

- Me has dejado para el arrastre. No me contaste esto cuando me dijiste que me ibas a enseñar Bremen. La verdad es que se me ha metido bien dentro.

- No te acostumbres, que sabes que a mí no me gusta que se corran dentro de ti. Ha sido en compensación por los seis meses que me esperaste, sabiendo que aún estaba con Karin y sus diversiones.

- Ya lo sé y sé que es una vez en la vida. Pero me lo he pasado genial. Te quiero un montón.

- Por experiencia te digo que ahora es difícil el cambio de ambiente. Los primeros días te encuentras extraño, como reprimido. Pero luego se pasa.

- Verás cuando se lo cuente todo a Carmen. Vas a tener que organizar viajes turísticos a Bremen.

- Que guarras y putas sois. Pero os adoro y a ti te quiero un montón. Habrá que montar un local para recibir a todo el mundo – dije de broma

- Oye, ¿entonces van a venir Ralf y Karin? – dijo poniendo cara de zorrita.

- Hable con Ralf. Es un tío mucho más sano de lo que me imaginaba. Quiere a Karin y soporta su comportamiento, lo que yo no podría.

- O sea, ¿qué va a venir Ralf a España?

- ¡Aviso, eh! No quiero más sesiones tuyas con él.

En el aeropuerto nos esperabas los padres de Pilar y los míos. Se saludaron y hablaron de quedar algún día para comer juntos. Pili y yo nos dimos un beso y nos despedimos. Al irnos oí a la madre de Pilar, esa señora tailandesa preciosa, como una figurita de porcelana, decirle a su hija que esperaba que se hubiese portado bien y no me hubiese dejado pasarme con ella. Si supiese…

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