Xtories

Partido de pretemporada

Nico se fue a ver fútbol y dejó la playa vacía. O eso creía ella, hasta que una sombra cubrió su sol. Ahora, bajo la puerta cerrada del apartamento de Antonio, la prudencia se ha disuelto en sudor y gemidos. Él sabe lo que ella quiere, y esta vez, ella no piensa decir que no.

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Mi novio Nicolás y yo decidimos ir de vacaciones de verano al norte de España para huir del sofocante calor del resto del país, y para ello alquilamos un piso en un pequeño pueblo con mar bastante agradable. Cerca de la playa había un local que abría sobre las siete de la tarde al que solíamos ir todos los días. Básicamente era un sitio con mucho espacio al aire libre donde la gente de la zona solía ir para disfrutar de la noche junto al mar mientras tomaban algo. Había veces que incluso traían a alguna banda de música aficionada a dar ambiente. Nosotros empezamos a ir no solo por la noche, sino nada más abrieran cuando salíamos de la playa antes de irnos a cenar. A esa hora todavía no había nadie, y como éramos los únicos a los que los dueños podían atender, hicimos buenas migas con ellos. El sitio lo llevaba un chico de unos 37 años llamado Daniel. Según nos explicó el sitio originalmente era una casa rural que pertenecía a su familia, y el resto del terreno se usaba para cultivar. Su padre heredó la casa, pero él ya vivía en otra ciudad, por lo que no tenía interés en ella, y a Daniel se le ocurrió reformarla y convertirla en el principal local nocturno de la zona. Evidentemente cuando el sitio funcionaba realmente y lo hacía rentable para el resto del año era en verano, y era en esa época cuando los hermanos de Daniel venían a echarle una mano y de esa manera aprovechaban tanto para disfrutar de la playa como para ganarse un dinero extra. Los dos hermanos de Daniel eran Cristian, que era el pequeño y tenía 26 años, y Antonio, que era el mediano y de 31 años. Este último es el que nos interesa para nuestra historia. Antonio parecía una de esas personas que parecen que están todo el año preparándose para el verano. El tipo estaba muy en forma, y aprovechaba la excusa del calor para ir sin camiseta la mayoría del tiempo. Incluso cuando llegábamos al local cuando habrían te lo podías encontrar detrás de la barra solamente con el bañador puesto. Para colmo el tipo también era un surfero y aunque lejos de ser profesional, podías verle cada día en la playa atrayendo la mirada de todo el mundo, sobretodo las chicas. Si a esto le sumamos su bonita cara de portada de revista, su pelo corto cuidado,....Era fácil adivinar que este chico prácticamente salido de una serie para adolescentes se debía poner morado cada verano con las chicas que venían a veranear al pueblo.

Yo soy María, y lo que voy a contar transcurrió cuando yo tenía 29 años. Siempre he tenido éxito con los chicos, así que me considero una mujer al menos atractiva. Por ejemplo, un día volviendo de la playa y entrando en el local de los chicos, no me dí cuenta de que había vuelto sin ponerme nada encima y había llegado en bikini, algo de lo que me percaté enseguida cuando ví como los hermanos me miraban. Soy rubia y de complexión delgada con un pecho más bien pequeño, pero imagino que mi cara y mi figura es suficiente para atraer a varios hombres. Los siguientes hechos sucedieron cuando ya llevábamos una semana de vacaciones y apenas nos quedaban unos cuatro días para irnos. Como de costumbre fuimos al local de los hermanos al poco de que abrieran y como todavía no había nadie, nos empezaron a dar conversación mientras iba viniendo la gente. Ese día Antonio no estaba, ya que según sus hermanos, había quedado con una chica en otro pueblo, lo cual no me sorprendió en absoluto. Aunque la temporada de fútbol no había empezado, sí estaba activo el mercado de fichajes, por lo que los hombres estaban debatiendo sobre que equipo había firmado a quien, lo cual me interesaba entre poco y nada. Pero la cosa cambió cuando la conversación tornó sobre uno de los equipos más importantes de la zona, y el hermano pequeño, Cristian, comentó que al día siguiente iba a jugar a jugar un partido de pretemporada en su estadio, que estaba como a 40 minutos en coche del pueblo donde estábamos. Básicamente este era un partido sin nada en juego que se disputa antes de empezar la liga para que los jugadores vayan cogiendo la forma. Sin embargo, a mi novio le fascinó la idea ya que era un enfermo del fútbol. Ya habíamos ido de vacaciones a otros lugares y me había hecho ir al estadio de fútbol local solo para verlo. Simplemente esas cosas le hacían ilusión, lo cual toleraba porque bueno, cada uno tenemos nuestras aficiones. Cristian le comentó que al ser un partido de exhibición las entradas estarían casi regaladas, y como estábamos en verano y mucha gente estaba fuera de la ciudad, seguro que todavía quedaban muchas a la venta, así que Cristian le ofreció acompañarle a ver el partido con él. A Nico se le iluminaron los ojos y rápidamente me miró. “Ni de coña” no fueron mis palabras exactas, pero sí lo que pensé. No iba a ir en mitad de las vacaciones a ver un partido de un deporte que ni me interesa, y que encima no era ni de un partido oficial. Sin embargo, tratando de ser comprensiva, le dije que se fuera él solo con Cristian, que yo podía quedarme tres-cuatro horas sola perfectamente pasando el día en la playa. Él al principio se negó, pero no me costó mucho insistirle para que aceptara. De verdad estaba deseando ir a esa ridiculez de partido.

Así que llegó el día siguiente por la tarde. Un par de horas después de comer, Cristian llegó con su coche en busca de mi novio. Yo bajé con él ya que decidí ir a tomar el sol y a leer un rato en la playa, y nos despedimos en la puerta de la casa con un beso. Pocos minutos después ya estaba sentada en mi toalla sobre la arena leyendo con mi bikini puesto. Pasarían a lo sumo 10 minutos cuando noté que una sombra me tapaba el sol.

-Vaya, creía que os habíais ido al fútbol.

Alcé la cabeza y de repente me encontré a Antonio de pie delante de mí con una tabla de surf agarrada del brazo. Tarde un par de segundos en reaccionar, en parte por la sorpresa, y en parte por tener a ese macizo tan cerca mía.

-En realidad se ha ido Nico con tu hermano, a mí no me interesaba mucho la verdad- Le respondí sonriente tratando de ser educada. Debido a que el sol estaba detrás de su nuca no podía verle bien el rostro, pero juraría que mientras me miraba a la cara, con el rabillo del ojo trataba de observar el resto de mi cuerpo, lo cual me gustó un poco- Pero está bien, también apetece tener un poco relax sola.

-Bueno, si quieres voy a ir a hacer un poco de surf a aquella zona con menos gente por si te apetece venir.

-Mmm, te lo agradezco pero prefiero quedarme aquí un rato.

-Como quieras, pero me parece un poco decepcionante irte de vacaciones y dedicarte a solo leer cuando eso lo podrías hacer en casa. En cambio, yo te puedo ofrecer una pequeña clase de surf.

-¿Clase de surf?- La mera idea me hizo reír-. ¿Vas a enseñarme a surfear en solo unas horas?

-Claro que no, pero nos da tiempo a que te dé la primera lección y cuando alguna vez vuelvas a la playa con unos amigos podrás presumir de tener este pequeño conocimiento.

Lo cierto es que me parecía un plan divertido, pero me daba un poco de cosa irme por ahí con Antonio. Primero de que todo el mundo nos viera y se pensaran que yo era otra de sus conquistas, y segundo porque tampoco conocía tan bien a Antonio y no sabía que intenciones podía tener. Finalmente Antonio me soltó un par de frases motivacionales y al final decidí porque qué narices, si Nico se podía ir en mitad de las vacaciones a ver un partido de fútbol por qué no iba a divertirme yo también. Recogí mis cosas y seguí a Antonio a la zona más despejada de la playa.

-Normalmente el primer paso es practicar en la arena- Me explicó Antonio cuando llegamos al lugar donde quería entrar en la playa-, pero esto es una clase exprés, y como no vas a seguir practicando después de esto, vamos a intentar hacerlo lo más divertido posible, así que vámonos al agua.

Yo asentí y me metí mar adentro con él. Cuando ya empezaba a cubrir, Antonio dejó la tabla sobre el agua y me dijo que me tumbara sobre ella. Yo intenté hacerlo, pero soy una torpe y era incapaz de hacer algo tan simple dentro del agua, así que Antonio me acabó agarrando y colocándome sobre ella. Sentí que me ponía roja como un tomate, no solo porque me avergonzaba de mí misma, sino porque desde que salía con Nico nunca había tenido la confianza con un hombre para que me levantara así y más estando semi desnuda. Pero solo con tumbarme no era suficiente, tenía que colocarme en una posición determinada y con los brazos y las piernas colocados de tal forma, así que Antonio no paraba de tocarme por todo el cuerpo. Aunque nunca trató de sobrepasarse, sentía pequeños escalofríos cuando se acercaba a ciertas zonas. En mi práctica, evidentemente solo me limité a lo básico como bracear un poco, o dejar que las olas pasaran por debajo de mí, siempre con Antonio al lado asegurando que no me pasara nada, pero la verdad es que estaba siendo una experiencia divertida.

-Oye- Le dije un poco envalentonada- ¿Crees que me podría poner de pie en la tabla? Quiero decir, no domar una ola ni nada parecido, pero solo estar de pie para ver qué se siente.

-Si te hace ilusión, aunque sinceramente lo más probable es que te caigas al primer oleaje.

Como una tonta empecé a pelear con el mar para intentar ponerme de pie. Al ver que era imposible hacerlo de golpe, comencé a colocar poco a poco las rodillas, apoyar un pie, y cuando por fin pensé que ya podía hacerlo me levanté. Durante un segundo y medio logré permanecer en pie sin llegar a estirar del todo las piernas, pero efectivamente caí al agua de inmediato. Mi cuerpo se sumergió enteramente en el agua, así que al menos me sirvió para darme un chapuzón. Cuando saqué la cabeza Antonio estaba enfrente mía queriendo saber si estaba bien. Yo totalmente feliz por lo divertido que me había parecido le dije que sí, pero Antonio insistió en mirarme la cabeza por si me había golpeado con la tabla aunque yo le decía que no me notaba nada. Eso hizo que nuestros dos cuerpos se pegaran casi por completo, y como la marea nos movía continuamente yo me agarré a él para que no nos separáramos y me pudiera observar bien. Este cara a cara me puso un poco tontorrona. Él era muy guapo, y lo tenía ahí solo para mí. Antonio me miró a los ojos y yo ya no sabía como responder hasta que se me ocurrió decirle que su tabla estaba siendo arrastrada por el mar, lo que hizo matar el momento y que Antonio se fuera a por ella separándose de mi.

Decidimos que ya llevábamos suficiente rato y salimos del mar. Me puse una camiseta y le dije a Antonio que él podía quedarse y practicar por su cuenta ya que no le había dejado con mi presencia, pero insistió en invitarme a una cerveza en el bar de su hermano, y yo acepté porque la verdad es que me apetecía. Sin embargo estaba tan distraída que no me dí cuenta que era demasiado pronto para que el bar estuviera abierto, por lo que cuando llegamos estaba todo cerrado. Yo le dije que no pasaba nada, que ya me invitaría luego cuando volviera Nico, pero me insistió que esperase porque tenía una llave en su casa. Encima de lo que es el bar en sí, había un segundo piso que se había mantenido como casa. Por lo que había oído no era muy grande y era donde Antonio y su hermano pequeño se quedaban cuando venían a ayudar en verano, mientras que el mayor tenía su propia casa en el pueblo. Como Cristian se había ido al fútbol con mi novio la casa estaba vacía. Antonio dejó la tabla en un pequeño almacén donde ví que también guardaban bebidas para el bar y se dirigió a una pequeña escalera que llevaba al piso superior.

-Voy a tardar unos minutos así que sube si quieres.

Me dejó de piedra que me dijera que subiera a su piso. Es decir, no había insinuado nada, pero no era tan ingenua para saber lo que podía pasar.

-No, en serio Antonio, me vuelvo a casa. Luego nos vemos.

-Pero mujer, has venido hasta aquí, deja que te invite a algo. Además así te enseño como es la parte de arriba.

Estaba indecisa. Me lo estaba pasando bien con Antonio, pero no quería que pasara nada incómodo entre nosotros. Él debió ver mis dudas y siguió presionándome hasta que dije que sí. Me decía a mí misma que no tendría que hacer nada que yo no quisiera y que si intentaba algo podría pararle los pies, pero todavía no me había dado cuenta de que era incapaz de decirle que no a nada. Subimos a su piso el cual era apenas una habitación y un baño con ducha. La verdad es que el espacio estaba bien aprovechado porque había un sofá retráctil y una cama, los cuales imagino que los hermanos se turnaban por usar, una pequeña cocina y un armario empotrado para guardar la ropa, aparte del mobiliario básico como una mesa o un televisor. Antonio cogió el mando y buscó el canal autonómico donde estaban echando el partido a ver si veíamos a mi novio y a su hermano. Después fue al armario y sacó un pantalón corto y dijo que se iba a cambiar al baño porque el bañador le molestaba. Me quedé de pie porque me incomodaba estar a solas con Antonio, por lo que no quería sentarme y darle a entender que quería pasar más tiempo allí. Miré un instante el partido y me encontré un estadio a media entrada mientras el partido iba 0-0 en el minuto 23. Estaba tan enfadada con Nico por haber ido a esa ridiculez en mitad de nuestro viaje. Por un momento sonreí imaginando la cara de tonto que se le quedaría si supiera donde estaba ahora, pero yo no estaba dispuesta a hacer nada. Mi novio era un estúpido, pero no se merecía eso. Me despertó de mis pensamientos el escuchar el bañador de Antonio caer y me dí cuenta que se estaba cambiando con la puerta abierta. Evidentemente él estaba detrás de la pared y no podía verle, pero él saber que estaba completamente desnudo tan cerca de mí me excitó un poco. Con solo una pequeña mirada podría ver la totalidad de su cuerpo y comprobar que lo que no había visto de él estaba a la altura del resto. Sentí que me estaba empezando a calentar, así que traté de quitarme esa idea de la cabeza, pero pronto apareció ante mí Antonio con un pantalón corto pero aún con su torso al descubierto.

-Oye, no quiero abrir el bar porque podría venir algún cliente y no me apetece tener que atender a nadie. ¿Te importa si la cerveza a la que te invito sea de mi nevera?

-No, sin problema- Acepté con tal de finiquitar esto.

Antonio fue a la nevera, sacó dos cervezas y me dijo de sentarnos en el sofá. El partido seguía puesto en la televisión y continuamos hablando de mi experiencia con el surf.

-Siento haberte estropeado la tarde teniendo que cargar conmigo toda el rato- Le dije con tal de ser educada y por continuar la conversación hacia ningún tema concreto.

-Por favor, pasar el rato con alguien como tú nunca puede ser perder el tiempo- Era un piropo muy básico pero eso no me impidió sonreír como una boba-. La verdad, no quiero malmeter, pero no puedo comprender como tu novio puede preferir un partido de fútbol a estar contigo.

-No tenemos que estar juntos las 24 horas del día- Le dije ya en tono serio ya que no me gustó su “no quiero malmeter” para luego soltar la puñalada-. Me gusta que Nico tenga sus propias aficiones, y aunque no las comparta con él, me alegra que pueda disfrutar de ellas.

-Sí, entiendo lo que quieres decir. Solo creo que si estuviera con alguien como tú, no creo que pudiese encontrar un hobby que me interesase más que pasar el tiempo contigo.

Me miraba a los ojos confiado de que unas frases tan simples fueran hacerme temblar las piernas, pero no iba a ser el caso y me puse en pie.

-Pues lo siento Antonio, pero no estás con alguien como yo. Y francamente, dudo que lo estés alguna vez si sigues tratando a las mujeres como si fueran imbéciles- Me dispuse a irme pero Antonio se puso en pie y me agarró del brazo.

-Yo diría que no me va a costar tanto cuando he conseguido que subieras a mi apartamento- Dijo con tono desafiante y acercándose a mi cara.

-Mira Antonio, solo he intentado ser educada contigo. Te llevo viendo las intenciones desde el primer momento, pero como tu y tus hermanos os habéis portado tan bien con nosotros me he contenido de mandarte a paseo, pero ahora te estás pasando de la raya.

-Así que has tenido lástima de mí todo este rato. ¿Nunca te has interesado por mí? ¿No me consideras atractivo?

-No, no me has interesado nunca, y ahora déjame irme- De un tirón me solté de su brazo pero me bloqueó el camino a la puerta.

-Solo contéstame a una pregunta. Si te pareciera feo, o un cuarentón calvo y con barriga, ¿me habrías dejado pasar la tarde conmigo? ¿Te habrías bañado conmigo y dejado que te tocara? ¿O te hubieras agarrado a mí de esa forma cuando estábamos dentro del agua? Y ya ni hablemos de haberte ido a mi casa. Lo has hecho porque te gusto y quieres pasar tiempo conmigo, y yo deseo lo mismo, incluso más que tú.

-Antonio, me dan igual tus pajas mentales. ¡Apártate!- Quise empujarle pero me detuvo y ambos empezamos a forcejear.

-Yo lo que creo es que has disfrutado de recibir la atención que mereces. Porque eres una diosa por la que los hombres nos deberíamos de arrodillar y no un pasatiempo intercambiable- Al ver que no podía con él me estaba resignando a luchar y Antonio se empezó a acercar a mí pero esta vez dejé de moverme. Con su brazo rodeo mi cintura y volvió a hablarme susurrándome al oído-. Déjame tratarte como te mereces. Déjame tratarte como deseas que lo hagan.

Antonio empezó a besarme en la boca y yo le correspondí. Comprendí que no iba a dejarme salir de allí porque me deseaba tener, y como me gustaba esa sensación. Tener a ese macho prácticamente suplicándome que le dejara follarme me encantaba. Mientras nuestras lenguas jugaban no pude evitar pensar que era estúpido privarme de esto por un novio que había preferido irse al fútbol a hacerme lo que Antonio estaba dispuesto a conseguir a cualquier precio. Tras besarnos y comprender que ambos queríamos esto la intensidad subió. Antonio me empujó contra el armario y ahí seguimos magreándonos mientras me quitaba la camiseta y la parte superior de mi bañador. Yo era una cabeza más bajita que él, así que me levantó como si fuera una pluma para dejar mis pechos a la altura de su boca. Mientras era sostenida en el aire mis senos eran devorados por Antonio. Yo gemía de placer mientras apretaba su cabeza contra mi cuerpo y mis piernas hacían una pinza sobre su cadera. Deseaba que me follara ahí mismo, pero sin soltarme se dirigió hacia la cama y me lanzó contra ella. Yo quedé tumbada jadeando con solo la parte inferior del bikini puesta, la cual no me duró mucho ya que Antonio no tardó en desnudarme del todo lentamente. Ya no recordaba la timidez que una sentía cuando un hombre la ve desnuda por primera vez, y a la vez la excitación de saber que vas a estar con alguien nuevo. Antonio se tumbó conmigo y volvimos a besarnos y acariciarnos. No teníamos prisa, todavía quedarían cerca de dos horas de que volvieran Nico y su hermano, pero yo deseaba verle totalmente desnudo y traté de bajarle los pantalones. Él se dió cuenta y me dijo mirándome a los ojos:

-¿Quieres verme la polla, es eso?- Simplemente asentí- De acuerdo, ven entonces.

Antonio me hizo sentarme sobre el borde la cama y quedé delante de la tienda de campaña que era su pantalón corto. Antonio liberó a su polla y está se mostró delante de mí. Eran unos 14 centímetros totalmente rígidos apuntados a mi cara.

-Venga, ¿no quieres jugar con ella? Tócala.

Estaba a punto de agarrarla pero Antonio me detuvo. “Antes de eso lubricate la mano” dijo, y dirigió mi mano hasta mi entrepierna. Su mano iba dirigiendo la mía y tanto él como yo empezamos a meter dedos dentro de mi coño. Era como hacer manitas pero dentro de mi sexo. Era un sensación agradable aunque lo que estaba logrando era hacerme tener ganas de más. Finalmente Antonio volvió a agarrar mi mano y esta vez la llevó hasta su polla. “Ahora sí” me dijo y yo empecé a masajearle lentamente. Su glande desaparecía entre mis manos y volvía a aparecer ante mi cara. Me resultaba casi hipnótico y hasta me hacía desear emplearme a fondo para verle estallar, pero no quería que la diversión se acabara ahí. Antonio, que ya estaba satisfecho con mi trabajo manual, me cogió de la cabeza y la acercó a su miembro. No sé por qué no puse oposición ya que solo le hago esas cosas a un chico cuando tengo especial confianza con él, pero esta vez abrí la boca como un resorte y dejé que Antonio me la fuera llenando con su carne. Empezó a moverla lentamente como si me estuviera follando oralmente hasta que dejó que fuera yo quien le diera placer. Le agarré del tallo con una mano y con la otra le acariciaba los testículos al mismo tiempo que le chupaba la polla como si fuera un bastón de caramelo. Escuchaba sobre mí los bufidos de Antonio y eso me hacía saber que le estaba encantando. Temía que se fuera a correr ya sin haberlo tenido dentro, así que tras jugar con su glande con mi lengua durante unos segundos le miré a los ojos y le dije “fóllame ya”.

Sin decir palabra, Antonio me dió la vuelta haciendo que me quedara de espaldas a él, y me empujó la cabeza hacia abajo. Me empecé a colocar a cuatro patas ya que estaba entendiendo lo que quería y al poco noté su pene buscar su camino a través de mi raja. Sin llegar a ser brusco, Antonio me metió la totalidad de su masculinidad de una y yo no pude reprimir un gemido solamente por la sola sensación de tenerlo dentro en su totalidad. Antonio colocó una pierna sobre la cama, y empezó a follarme sin miramientos. Nunca me había sentido tan sucia haciendo el amor con alguien, y nunca me había gustado tanto. Sin contar que estaba engañando a mi novio, estaba con un hombre al que apenas conocía y siendo follada por detrás como una perra en celo, sin una mirada cómplice o una muestra de cariño, simplemente sexo pasional. En cada penetración sentía las ansías de Antonio, las mismas que tenía yo por recibir cada embestida. Por mis experiencias con otros hombres como mi novio, después de la guerra que le había dado pensé que Antonio no tardaría mucho en venirse, pero el cabrón había desarrollado un total autocontrol, probablemente debido a follarse a otras como yo en esa misma cama y posición. Perdí la cuenta de lo que llevábamos cuando mi cuerpo no lo soportó más y tuve el mejor orgasmo de mi vida. Grité y blasfemé, era una sensación increíble. Una vez visto cumplido su trabajo, Antonio se subió conmigo en la cama, y sin sacarme la polla en ningún momento hizo que nos colocásemos de rodillas para poder seguir follándome pero esta vez más pegados.

“¿Te ha gustado lo que te he hecho?”. Yo no tenía capacidad de decir palabra, así que me limité a asentir. “Esto es lo que te mereces. Este es el trato que deberías estar recibiendo las veinticuatro horas del día”. Mientras me seguía piropeando, comenzó a besarme y acariciar mi torso y mis pechos. No se podía negar que el tipo sabía hacer a una sentirse deseada. Finalmente me rodeó con los brazos y volvió a lo que tanto deseaba que era seguir follándome. Yo ya estaba de nuevo encendida, pero tras haberme corrido me quedé más predispuesta a algo más cariñoso y le agarré de la mano la cual apretaba con fuerza cada vez que sentía un latigazo recorriendo mi cuerpo. De nuevo no sé cuanto estuvimos en esa postura, pero al rato el ritmo de Antonio se empezó a sentir a irregular, por lo que intuí que había alcanzado su límite. “¿Puedo correrme dentro?” dijo pidiéndome permiso. Hasta ese momento ni me había percatado de que no estábamos usando preservativo. Yo le dije que sí, le habría consentido cualquier cosa en ese momento, y apenas 3 segundos después notaba como su caliente esperma era derramado dentro de mí.

Seguimos de rodillas unos instantes cada uno saboreando esos instantes post orgasmo a su manero hasta que nos acabamos tumbando en la cama. Antonio me sacó su semi flácido pene y noté como mi vágina se convertía en un carril por el que los fluidos de Antonio caían sobre las sábanas. Me recosté sobre su pecho y ambos descansamos mientras nuestros poros se terminaban de abrir y nos dejaban empapados de sudor. En la televisión ví como el segundo tiempo del partido llevaba apenas unos minutos, lo cual me hizo darme cuenta que todavía podía disponer de Antonio un poco más, así que cuando pasó el tiempo oportuno comencé a besarle y a provocarle para que su aparato se volviera a poner en marcha. En cuanto volvió a tener una erección firme comencé a cabalgar sobre él y comenzamos un segundo asalto en donde probamos nuevas posturas y en donde volvió a hacer que me corriera. Cuando acabamos estaba sudorosa y con mi entrepierna más que bañada por el semen de Antonio. Decidí darme una ducha allí mismo, y en la soledad de debajo del agua me empecé a preguntar si no la había cagado por engañar a Nico, pero al salir de la ducha y volver a ver a Antonio desnudo se me disiparon las dudas. Una oportunidad como esta apenas se tiene y cuando eché una mirada al televisor y observé que el partido había acabado en un tedioso empate a cero que apenas provocó el aplauso de un par de espectadores, pensé que hasta mi novio se lo merecía por imbécil. Sin embargo los remordimientos me entraron esa misma noche cuando volvimos al bar de los hermanos y no paré de verles hablar entre risillas mientras me miraban. Estaba claro que Antonio se lo había contado todo a sus hermanos y me dió pena que Nico se volviera el hazmerreír a sus espaldas. Sin embargo no intenté que fuéramos menos al bar porque pensé que Nico lo vería sospechoso, y para qué mentir, me gustaba ver las miradas que Antonio me lanzaba cada vez que estaba cerca de mí. A pesar de estar mal, había sido la mejor experiencia sexual de mi vida, y no podía, y no quería evitar que su presencia siguiera excitándome.