Xtories

Me resigné por no perderla 10

Daniel creía que aguantaba el dolor y la humillación por amor, pero cuando Lucía le confiesa que otros han tocado su cuerpo mientras él solo observaba, la máscara del deseo se cae. Ya no es una cuestión de lujuria, sino de quién tiene el poder real en la cama y en la vida. Esta vez, él decide no resistirse a la verdad, aunque le cueste la relación.

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“Para llegar al olvido, primero tienes que cruzar el Aqueronte”

(Momento actual)

Nunca había visto un arnés de eso. A Lucía se le tenía que estar haciendo el coño agua solo de imaginar lo que me estaba a punto de hacer. Yo intentaba mantenerme lo más calmado posible y me repetía mentalmente una y otra vez “solo será un momento, solo será un momento”, después todo habría pasado, volveríamos a disfrutar, se la metería por el culo a mi mujer, disfrutaríamos de nuestra experiencia.

Lucía cogió el arnés, lo subió por sus piernas, se introdujo en el coño el pequeño consolador interior y gimió, me dedicó una sonrisa lasciva y viciosa.

Me quedé observando la parte externa. Que aquello no imitara a una polla real me alivió en cierta medida, también que el tamaño fuera más pequeño de lo que mi mente imaginaba atormentándome. Mi polla era más grande, Lucía sí iba a terminar con el culo bien preparado.

Se ajustó el arnés a la cintura. Pese a la situación, estaba hermosa. Se había recogido el pelo en una cola, sus pechos con sus pezones erectos, la expresión de su cara… emanaba belleza, lujuria, placer, control y poder.

Respiré hondo, me día la vuelta y me tumbé boca abajo. Intenté relajarme lo más posible pero una sensación de vergüenza y humillación se estaba apoderando de mí.

-Venga, Daniel, no creerás que te voy a follar de espaldas. Date la vuelta, quiero mirarte a los ojos cuando te la meta.-

Me giré y me puse boca arriba. Ahora me sentía más vulnerable si es que eso era posible, y mucho más avergonzado. Lucía cogió un bote de vaselina, se echó un pegote en las manos y los refregó sobre el artilugio que iba a meterme en el culo. Volvió a echarse un poco más en las manos, se acomodó entre mis piernas, y empezó a deslizar su mano pringosa por mis nalgas, moviéndola con suavidad desde mis huevos a mi ano.

Yo seguía respirando hondo. Pese a que me estuviera tocando también los huevos, la situación no me excitaba en absoluto, mi polla parecía encogerse hasta desaparecer con tal de no ser testigo cercano a lo que iba a acontecer.

Lucía introdujo, con menos resistencia de la que me hubiera gustado debido a la vaselina, su dedo en mi culo. Me miró sonriente.

-¿Estás preparado? Ha llegado el momento.

No contesté, solo cerré los ojos.

Me cogió ambas piernas a la altura de las rodillas, me las flexionó y separó. Se aproximó a mi cuerpo. Con una mano separaba más una de mis piernas, con la otro agarró aquél consolador que estaba unido a su arnés y lo acerco al agujero de mi culo.

-Mírame, Daniel.

Empezó a presionar el consolador en la entrada de mi culo y se fue introduciendo.

-uff, uff.- Agarré las sábanas e intenté retroceder en la cama.

- Relájate, Daniel, deja que entre, si te resiste te dolerá más.

Había metido la mitad del armatoste. Se detuvo un momento. Supongo que me quería dar una tregua. Acto seguido empujó y lo metió por completo. Ella gimió de placer, yo emití un aullido de dolor. Se tumbó sobre mí, me besó, pasó sus brazos bajos mis hombros y empezó a mover su pelvis, gimiendo.

Intenté dejar la mente en blanco, intenté evadirme mentalmente, pero el movimiento de esa cosa entrando y saliendo me lo impedía.

Lucía seguía gimiendo. Lo sacó.

-Date la vuelta, ponte a cuatro patas.

Me giré y adopté la posición que me había pedido. Por lo menos así podía ocultar mi cara.

La volvió a meter de golpe. Yo aguantaba mis ganas de chillar. Me agarró por la cintura y empezó a moverse con ganas. Se echó sobre mi espalda, acercó su cara a la mía.

-Me encanta, estoy disfrutando mucho. Al final eres tan guarra como yo-

Se incorporó, aceleró sus movimientos y sus gemidos. Se corrió.

Fue muy desagradable, pero al menos más breve de lo esperado. Se tumbó junto a mí y se quitó el arnés.

-Ahora sí, ahora puedes follarme el culo.

Me incorporé dolorido. Necesitaba un momento para reponerme, no estaba muy excitado en ese momento, tenía que pensar en lo que iba a suceder ahora y olvidarme de mi culo.

Lucía me lo puso fácil, se dio la vuelta, se puso a cuatro patas y levantó su hermoso culo.

-Venga, Daniel, desquítate, métemela, fóllame el culo.

Necesité concentrarme, mirar ese culo que se me ofrecía, ver su coño que también estaba expuesto. Me masturbé un poco hasta que mi polla reaccionó. Me escupí en la mano y me la refregué en la punta. La acerqué a la entrada de su culo y empecé a presionar.

Vi como mi polla fue desapareciendo dentro del culo de Lucía, lo hacía lentamente, retrocediendo y volviendo a empezar. Lucía gemía y eso me animaba. Cuando ya había entrado casi al completo, me agarré a su cintura y empecé a sacarla con un ritmo suave. Era una sensación muy agradable.

De pronto me estaba sintiendo muy bien, ya no solo por la sensación de mi polla entrando y saliendo del culo de mi mujer, sino por la posición en sí, me sentía con control, con poder, yo mandaba.

-Fóllame más fuerte, métemela más adentro-

La voz de Lucía me levantó más el ánimo y aceleré el movimiento.

-Sigue, Daniel, sigue, fóllame, sin miedo.

Giró su cabeza y me sonrío. La miré con excitación mientras la follaba.

-Daniel- me hablaba entre gemidos-dale fuerte, llevan follándome el culo desde hace días, ya está acostumbrado a que las pollas entren y salgan de él.

Mis movimientos cesaron como a cámara lenta.

-¿¿¿Qué??? ¿Qué has dicho?

-Ya me han follado el culo muchas veces, Daniel, y me encanta.

-Pero… ¿Cómo me dice eso? ¿Por qué? He dejado que me dieras por culo ¿Por qué? ¿Qué clase de persona eras? Eres una hija de puta, Lucía

Me separé de ella y me quedé de pie junto a la cama.

-¿Qué me estás haciendo, Lucía? ¿Por qué me tratas así? Yo te quiero. Eres…eres… eres una grandísima hija de puta.

Lucía estaba sentada en la cama, mirándome.

-Daniel, no he hecho nada que tú no quisieras que hiciera. Necesitaba explorar mi sexualidad y tú has formado parte de ella. Estoy explorando mis límites y te estoy llevando a los tuyos.

-Hija de puta. Me has puesto los cuernos, he aguantado que folles con otros, que lo hagas delante de mí, te he comido tu coño recién follado, me has..me has… prácticamente violado, porque yo no he disfrutado de nada de esto, lo he aguantado todo porque te quería y no quería perderte y tú has seguido con tus mentiras…

-¿Qué me quieres? Daniel, nuestra relación hace mucho que está muerta. Intenté salvarla metiendo otros hombres en la cama, pero no ha funcionado. Al menos lo intenté, pero quererme… Eso no es amor, Daniel. El amor no es resignarse ni aguantar cosas que no disfrutas, eso es una obsesión, una dependencia. Yo estaba explorando mis límites y te he llevado conmigo para que tú explores conmigo, para que despertaras. Ha sido como un regalo, Daniel, para que entiendas, para que te conozcas.

-¿Qué me estás diciendo, Lucía, que encima soy yo el responsable? ¿Qué clase de persona eres? ¿Qué clase de persona le hace a otra lo que tú me has hecho a mí, Lucía? Después de tantos años ¿Esto me merezco? Eres una jodida sádica que me has jodido por completo, me has anulado, me has utilizado, has arrastrado por el suelo mi autoestima, ¿Cómo has podido disfrutar viéndome sufrir?

-No te he obligado a nada, Daniel, todo lo has hecho porque tú has querido. Si no estabas disfrutando, haberlo parado cuando hubieras querido.

-Eres una zorra, Lucía. Ojalá alguien te haga lo que me has hecho a mí. No te entiendo, no eres la Lucía que conocí, ¿Qué te ha pasado? Ojala te partan el culo pero bien. Espero que te follen veinte pollas, o cien, o las que sean, y te abran todos tus putos agujeros si es lo que quieres. A mí no me vuelves a ver.

Me vestí como pude. Metí algo de ropa en una mochila, cogí las llaves del coche y conduje hacía el único lugar donde me apetecía estar.

“Atrás quedaron las aguas del Aqueronte, y me aproximo ahora a orillas del Leteo”.

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