La Dulce Sara llega a la oficina (5)
Alberto sabía que el silencio de Sara no era inocencia, sino complicidad. Y Samuel, ciego por el amor, solo veía el engaño, no la red de mentiras que lo envolvía a todos. Cuando la verdad estalló, la venganza fue solo el preludio de un encuentro que ninguno de los dos podría resistir.
(Quinta parte)
Resaca, legañas, ojeras y mucho café. La cafetería del hotel de Roma era carne de desguace, con un grupo de españoles que sin duda exprimieron la noche al máximo. Habían pasado cosas, aunque es algo habitual en este tipo de viajes y yo había visto de todo durante los años que llevaba trabajando en la empresa. Sin embargo mi sensación era distinta esta vez, quizá motivado porque las expectativas también eran diferentes. Crucé el pasillo y saludé a algún compañero rezagado, y en el fondo de la sala adiviné la presencia de Sara sentada frente a un zumo de naranja y unas tostadas. Nada más verme ella se levantó y caminó hacia mí, iba vestida de manera informal con unos tejanos ajustados, deportivas y una blusa. Su cara era un poema y delataba que había descansado poco, nada que ver con la brillante mirada que ella me regalaba cada mañana en la oficina. Se acercó a mí de manera cariñosa y rozó mi mejilla.
S- "¡Samuel!, ¿Qué pasó ayer?"
Yo- "Os perdí de vista y se me terminó la batería del movil"
S-"Estuvimos buscándote y esta mañana te he llamado, pero tu movil estaba apagado"
Y- "Volví en taxi y me acosté"
S- "Yo igual, estaba rendida y Hugo me acompañó fuera. Creo que él se quedó un rato más por allí pero no lo verías"
Sus palabras fueron un alivio para mí. Me había pasado la noche dándole vueltas a una situación que solo estaba en mi cabeza (eso pensé), e inmediatamente tuve un sentimiento de culpa por pensar tan mal de Sara. Mi cara y mi derrumbado corazón renacieron en un instante, ajeno a saber que me estaba mintiendo y que Sara y Hugo se habían puesto de acuerdo para generar una coartada que no provocara sospechas. La veía cansada y con una resaca que me producía una terrible compasión, pero desconocía que Sara se había pasado el resto de la noche follando y que por ello no había descansado nada. A pesar de las ojeras y su estilo informal la veía preciosa una vez más.
Y- "En el avión de regreso podrás descansar un poco. ¿Quieres que te traiga otro zumo de naranja?"
S-"Sí, por favor. Y una aspirina aunque termino de tomarme una" (no tardé ni cinco minutos en regresar con ambas cosas), "Es que no estoy acostumbrada a beber tanto y ayer nos pasamos, jeje"
Y- "La ocasión lo merecía, tómate la aspirina. Pero lo pasamos bien, ¿no?"
S- "Muy bien, nos reímos mucho"
Me sentía bien, notaba un vínculo especial con ella en el calor de esa cafetería y me atreví a intimar un poco en la conversación. Quizá algo osado por mi parte.
Y- "Estos viajes sirven para eso, para hacer grupo y conocernos un poco más lejos de la rutina y la presión del trabajo. Además, todo ha salido genial"
S- "Es verdad, a veces viene bien desconectar un poco" (respondió algo dubitativa y con la mirada perdida)
Y- "Quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti y me gustaría seguir trabajando mucho tiempo juntos. Has dado un impulso a la oficina y los jefes notan y valoran las cuentas de resultados"
S- "Ya, es verdad" (Yo trataba de intimar con Sara pero mi modus operandi era todo lo contrario a lo que se entiende como un cortejo eficaz. Con una resaca y un dolor de cabeza de campeonato como el que sentía Sara en ese momento, lo último que deseaba era tener a un compañero pesado hablándole de proyectos. Pero yo estaba feliz y en mi mundo, contento de haber creado un vínculo nuevo con Sara. La protegía, la animaba e incluso antes de finalizar el desayuno me atreví a pellizcarle la mejilla. Algo que le sorprendió y provocó una reacción un tanto tirante que yo asocié al cansancio y la resaca que llevaba).
Ya en el aeropuerto de Madrid el grupo se dispersó, pero me llamó la atención ver a Sara y a Hugo hablando a unos metros de distancia de donde se encontraban el resto de compañeros. Fui a despedirme de Hugo y a agradecerle su trabajo en estos días, las caras de ambos mostraban algo de inseguridad (como si hubieran sido sorprendidos), pero no le di la más mínima importancia. Era obvio que se sintieran incómodos, horas atrás Sara estaba arrodillada mamándole la polla a Hugo en la habitación de un hotel de Roma. Los dos sabían que yo no tenía ni idea y que de haber tenido conocimiento de ello mi despedida del viaje no habría sido tan afectuosa.
Llegué a casa, absorto en mis pensamientos y asumiendo el regreso a la dura realidad cotidiana. Era feliz con mis hijos pero no lo era en mi matrimonio. El mínimo gesto negativo de mi esposa me producía mucha ansiedad y resquemor, de la misma forma que era capaz de tragarme la mayor de las mentiras (aunque con las evidencias no debería hacerlo) que pudiera decirme Sara. Me enfadaba con mi esposa de la misma manera que me convertía en el ser más blando del mundo con una sonrisa o gesto de Sara. Estaba enamorado y cegado con la mujer que deseaba, y obviamente la madre de mis hijos empezaba a sospechar cosas y a percibir comportamientos extraños. Tras llegar de Roma y antes de dormir volví a encerrarme en el baño, con la necesidad de masturbarme pensando en Sara y viendo las fotos que nos habíamos tomado la noche anterior. Fue una paja lenta, sin improperios ni groserías en mi mente producto de la impotencia de no tenerla. Disfruté y me corrí con el mismo gozo que lo habría hecho dentro de ella. Sara me tenía enloquecido y contaba las horas para volver a verla.
La semana siguiente al viaje a Roma transcurrió con absoluta normalidad. Sara recuperó su tono habitual y con ello devolvió mis ganas y satisfacción por compartir oficina y cafés cada día, daría lo que fuera por tener algo con ella pero seguía paralizado, incapaz de dar el paso y declararme definitivamente. Al fin y al cabo lo más probable es que ella se sorprendiera y corría el riesgo de que mi historia terminara para siempre, un mal paso podría alejarme de Sara. Era hora de sacar conclusiones de la Feria de Roma y por ello me reuní con Alberto. Las noticias no podían ser mejores, parecíamos tocados por una varita e incluso salieron algunas reseñas en la prensa italiana por lo acertado de nuestras ponencias.
Alberto- "Solo puedo felicitaros, es que no puedo poner ni una coma a vuestro trabajo. Mira esto" (Me enseñó unas gráficas con balances, la empresa estaba en su mejor momento y dentro de ellas mi oficina era la mejor)
Yo- "No sé que decir la verdad. Hemos pasado años muy malos y supongo que esta buena racha debía llegar"
A- "No digas nada tío, soy yo el que te tiene que agradecer el trabajo. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y hemos estado en las buenas y en las malas, en el último año me has salvado el culo porque estaba contra las cuerdas".
Y- "Tampoco es justo que solo me agradezcas a mí. Ha sido un trabajo en equipo codo a codo con Sara, y quiero que parte de mis bonus vayan para ella"
A- "De eso nada, lo acordado es lo acordado. Esas primas las negociamos hace dos años y has cumplido, es parte del trato. Sara tiene su sueldo y sus bonificaciones individuales, somos nosotros los encargados de elegir al personal adecuado en cada sitio y recolocar cuando es necesario, sabes perfectamente cuál es nuestra política de empresa. Estos bonus son para ti y para tu familia, demasiado tiempo les has robado como para no tener el premio que te corresponde"
Y- "Solo digo que me gusta ser justo, y sin Sara en la oficina todo esto no habría sido posible. Ella es dinámica, entiende la política de la empresa, ordena mis agendas y gran parte de las ideas que han terminado resultando bien salieron de su cabeza. Te digo la verdad, si no hubiera llegado ella a mi oficina probablemente ya no estaría trabajando con vosotros, me sentía hundido y bloqueado hace unos años".
A- "No hace falta que me cuentes quién es Sara. Que me hables de su valía, de verdad, no hace falta. Yo fui quién la ubicó en tu oficina e hice presión para ello, ¿te piensas que es casualidad que sea de mi ciudad y tras llegar a Madrid fuera directa a tu despacho? Tenía la intuición de que funcionaríais muy bien, una intuición empresarial y el tiempo me ha dado la razón; era lo mejor para dos personas que aprecio mucho. Lo que no me esperaba, conociéndote tanto tiempo, es lo que está pasando.
Y- "No sé a qué te refieres, solo te he dicho que es justo que ella se lleve una parte de los bonus de este ejercicio"
A- "Lo que está pasando es que te has encoñado de ella. No te juzgo ni acuso, es más, te comprendo. Eso es lo que ha pasado, y me siento responsable en cierta medida".
Por primera vez alguien terminaba de poner las cartas sobre la mesa, de sacar a la luz una realidad que me carcomía por dentro. Alguien desenmascaraba al farsante en el que me había convertido en el último año. Alberto no era de esos tipos a los que no tomas en serio, no digo que tuviera amistad con él pero siempre me había demostrado una gran lealtad. Reconozco que sentí celos al descubrir que conocía a Sara desde mucho antes que yo y que había trabajado con ella en el pasado, celos de hombre como me terminaba de llamar: "encoñado". La presión y la tensión de los últimos meses hizo que de repente me derrumbara en el despacho. No me llenaban ni los elogios, ni los bonus, ni las gráficas ni el dinero que iba a ganar.
Y- "Me gusta mucho" (dije)
A- "Ya lo sé. y no soy nadie para darte consejos Samuel, pero era algo con lo que no contaba. Pensaba que eras feliz con tu esposa, y creí que podría ser un impulso colocaros a los dos juntos. Yo estaba acorralado y me inspirabas la confianza que casi nadie me traslada en esta empresa, puede que la haya cagado porque sé más de lo que te piensas. No cometas locuras, no tires por la borda tu matrimonio. No te dejes llevar".
Y- "No lo voy a hacer, pero me he enamorado Alberto. Cuando tienes una relación de trabajo y las cosas funcionan tan bien estas situaciones pasan. Me conoces y sabes que no soy un descerebrado, he guiado a Sara lo mejor que pude y creo que el resultado no ha estado mal. Yo la veo feliz e integrada, no era fácil para ella viniendo de una ciudad más pequeña. Tampoco el cambio fue fácil para ti, recuerda cuando ibas y venías. También traté de ayudarte, pero claro, tú no eres una mujer y es imposible que me enamore de un hombre (dije resignado, como queriendo darle un toque de humor a la conversación desgarradora que teníamos)".
A- "Tengo que decirte algo que no te va a gustar. Me duele en el alma pero te considero un amigo por delante de un buen compañero...."
Y- "¿El qué?"
A- "Tú sabes que nosotros controlamos todo. Nos enteramos de muchas cosas y hazme caso por favor, esto me ha dolido mucho porque también me afecta a mí. Me enteré ayer y te prometo que traerá consecuencias, pero no sé cómo decírtelo. Si lo hago es para que reacciones (Mi cara era un poema, no tenía la menor idea de lo que me estaba comentando Alberto). Y- "¿a dónde quieres llegar?"
A- "Mira, a ver. En el viaje a Roma Sara y Hugo, el chico de Zaragoza, sabes quién es ¿no?... (largo silencio) "Se acostaron. Y no es un rumor, me he encargado personalmente de confirmarlo ya que Hugo encima es un gilipollas. Lo ha contado a varios compañeros y todo cuadra. Sé que puede dolerte pero debía decírtelo. Y por favor, hazme caso. Olvídate de Sara o al menos trata de calmarte con ella, si lo deseas podemos cambiar la estructura. Sé de lo que te hablo y ya te dije que conozco a Sara más de lo que te piensas".
Estaba en shock. Abandoné el despacho de Alberto indignado, convencido de que solo se trataba de una estrategia de tiburón empresarial con algún objetivo oculto. Había atacado donde más me podía doler, y lo que es peor, mi atracción por Sara ya era palpable a pesar de mi discreción. Me sentí humillado, por mí y porque las palabras de Alberto habían mancillado el honor de Sara. La había calificado como una cualquiera delante de mis ojos, había negado que merecía mayor reconocimiento aunque fuera a costa de mi sueldo. Alberto me había hecho daño, pero la verdadera pesadilla era dar algo de crédito a esa afirmación de que Hugo se la había follado en Roma.
------------------------
Llegué a la oficina malhumorado, nervioso y visiblemente alterado:
Sara: - "¡Hola!, ¿Qué tal la reunión?"
Yo- "Luego te cuento" (Cerré la puerta de mi despacho con ademanes violentos y eché el pestillo para no ser molestado. Necesitaba estar solo y reflexionar. Pensar en el golpe que terminaba de recibir, o al menos en la puñalada que mis superiores querían darme utilizando a Sara como Chivo Expiatorio. A los pocos minutos tocaron a la puerta pero no respondí, probablemente fuera Sara, preocupada por mis formas al entrar en el despacho).
¿Qué buscaban? ¿Quién habría podido inventarse algo así? ¿No pensaban en el daño que podían hacerle a una mujer casada? Pero entonces algo de luz llegó a mi cerebro intentando recomponer las piezas de un puzle demasiado difuso como para ser real. ¿Sería Hugo capaz de inventarse algo así? Es posible que fuera un hijo de puta, el mayor hijo de puta que pudiera existir en ese momento, pero, ¿por qué había llegado a oídos de los gerentes de la empresa esa historia? La única explicación es que Hugo se hubiera ido de la lengua, y a pesar de su deleznable actitud, si lo había hecho era porque existía algo de verdad. ¿Por qué hablaban Hugo y Sara en el aeropuerto de manera tan extraña? ya estaba claro, me habían mentido; Sara me había mentido de manera descarada y no fui capaz de darme cuenta.
Estaba rabioso, me sentía engañado. Había montado un circo delante de Alberto y en el fondo quizá no todo lo que me trataba de decir era mentira. Me lancé a llorar en la soledad del despacho y levanté la cortina (recuerden que estaba preparado con un cristal con el que poder ver la sala contigua sin ser visto). Y allí estaba Sara, trabajando y atendiendo una llamada. ¿Me había fallado? Todo indicaba que sí. "Qué buena está" (pensé). Vestida con uno de sus innumerables jeans que se adaptaban a la perfección a su hermoso trasero y ensalzaban sus piernas. Subida a los botines de tacón que calzaba esa tarde y erguida mientras hablaba por teléfono asomando tras su camisa los dos pitones que calzaba como tetitas, hice lo que nunca me había atrevido antes: usar mi cristal de incógnito con fines sexuales.
Tenía el ansia de venganza de un hombre despechado. Me saqué la polla en mi despacho y comencé a masturbarme mientras la miraba por el cristal. Me la sacudía con ganas y rabia, con deseo y desesperación. La tenía durísima por ella, y no me sentía culpable por estar cascándome una paja mirándola después de lo que me había hecho. Ahora era yo quién tenía el control de la situación y no la dulce Sara. Deseé follarla con desprecio, seguramente como la habría penetrado el impresentable de Hugo. Excitado y fuera de mí, eyaculé mientras la miraba tecleando en el ordenador. Era mi venganza, que en este caso no fue fría, sino que llegó adornada del semen caliente que nuevamente Sara, siempre ella, terminaba de sacarme.
(Dos días más tarde)
Sara nadaba sus últimos largos de la tarde. La piscina era el lugar en el que solía desestresarse tras una dura jornada, y a la vez le servía para seguir manteniendo su cuerpo en forma con una afición que le atrapó desde bien joven. Con su bañador negro de una conocida marca pegado a su cuerpo por la humedad del agua, apareció en el vestuario dispuesta a cambiarse al tiempo que liberaba su preciosa melena rubia del incómodo gorro de baño. Tenía llamadas perdidas en el movil, pero antes de mirar el aparato Sara decidió ducharse y arreglarse. Ya una vez en la calle y en dirección al coche, Sara miró su movil. Tenía una llamada de Alberto, algo muy extraño ya que desde que dejaron de trabajar en la misma oficina solo habían tenido contacto el día que el asesor estuvo en la delegación de Samuel donde trabajaba ella. Nerviosa y dubitativa, decidió devolver esa llamada perdida.
Sara:- "¿Alberto?
Alberto:- "Hola Sara, te llamé antes, ¿te molesto?"
S- "No, no. Salgo de la piscina, solo que no esperaba tu llamada, ¿ocurre algo?, ¿Cómo estás?"
A- "Muy bien, cuánto tiempo ¿eh?"
S- "Bueno, sí. El otro día en la oficina tampoco pudimos hablar demasiado"
(Tras las preguntas triviales y de rigor, el motivo de la llamada empezó a tomar forma)
A- "Verás, es que hay un asunto complicado que tengo que hablar contigo. Comprenderás que no es nada fácil"
S- "Dime Alberto"
A- "Voy a ser muy directo: sé todo lo que ocurrió en Roma. Lo bueno y lo malo, lo que se puede contar y lo que no"
S- "¿A qué te refieres?" (Sara contestó con voz temblorosa)
A- "Lo de Hugo, el chico de Zaragoza. Escucha...a mí no me tienes que dar explicaciones"
S- (Sara suspiró e hizo el silencio durante algunos segundos) "Ufffff, qué hijo de puta"
A-"Tranquila, no te he llamado para recriminarte"
S- "Mira, pasó y ya está. Lo que no entiendo es cómo se puede ser tan cabrón de ir contándolo....no hace falta que me expliques, ya sé. Se habrá ido de la boca y al final os ha llegado, Bufff, si es que..."
A-"Tranquilízate, no te llamo ni como jefe ni queriéndote sacar información. Lo hago como amigo y alguien que te aprecia" (los silencios de Sara eran cada vez más largos, no se esperaba recibir una comunicación como esa en este momento). "Creía que estabas muy contenta en la oficina y con la vida en Madrid, estamos encantados con tu trabajo y en ningún momento he querido inmiscuirme con vuestro día a día en la oficina. Ya lo has visto. El viaje a Roma era un premio. Dime con sinceridad, ¿has vuelto?"
S- "No" (Sara no podía articular varias frases seguidas). "No sé lo que pasó, he sido una idiota. Trato de ser perfecta en todo, como madre, como esposa, dejándome la piel en el trabajo. Por primera vez me sentía eufórica y contenta tras muchos meses, y me han engañado como a una tonta" (respondió, al borde de la lágrima).
A- "¿Puedes dejar de justificarte? ¿puedes dejar de venderte como si no fueras humana? ¿Puedes dejar de hablar conmigo como si fuera tu enemigo?
S- "Es que me siento muy mal. Pensé que lo de Hugo se quedaría ahí y no me lo esperaba. Ni siquiera he vuelto a hablar con él en estas semanas, me duele mucho que haya salido"
A- "¿Te piensas que para mí ha sido fácil? ¿Tan cabrón e inhumano me ves?"
S- "No sé a qué te refieres, Alberto"
A- "¿Crees que no lo echo de menos? ¿que no me cuesta dejar de pensar en ti? Pues sí, me cuesta mucho. Y al enterarme de lo de Hugo no consigo quitarte de mi cabeza hasta que al final te he tenido que llamar. Pero lo importante no soy yo, sino tú, y tú y yo sabemos perfectamente las razones".
S- "Es difícil cambiar y dejar atrás todo. Al menos ser perfecta siempre y en cada momento, pero lo intento, créeme que lo intento y en ocasiones hasta lo consigo (...)"
A- (Alberto respondió con tono firme) "¿Sabes lo que me gustaría ahora? ¿Lo que sería más fácil para mí? preguntarte dónde estás y pasar toda la noche contigo, eso sería lo más sencillo, ¿ves como todos somos humanos?"
S- "No me digas eso"
La conversación había adquirido tintes dramáticos ya que ambos confesaban sus pecados e instintos. Nadie reñía al otro ni sacaba facturas, pero Alberto era el más racional de los dos.
A- "Es imposible olvidarte, me cuesta pero hago el esfuerzo. No habrá nadie como tú pero sabes que es imposible. Contigo nunca ha sido posible mantenerse en la lógica. Por eso lo de Hugo en Italia no me ha sorprendido aunque tengo que decirte que sí me ha decepcionado un poco"
S- "No me digas eso por favor" (dijo Sara entre lágrimas) "Ven, por favor. Olvídate de todo, necesito verte"
A- "¿Lo ves? Nada ha cambiado"
S- "Sí, ha cambiado todo aunque no lo creas. Pero te necesito, ¿o no lo recuerdas?
A- "Cómo olvidarlo" (Volvió a hacerse el silencio durante diez largos segundos en los que la tensión se cortaba con un cuchillo fino)
S- "¿No quieres que tu Sarita putita te dé aquello que te gusta? sin rencores, como en los viejos tiempos" (Sara había cambiado el tono de la conversación, de mujer hundida había pasado a gata seductora. Al mismo tiempo que un convincente Alberto trataba de frenar la situación, pero las palabras de ella habían logrado excitarle).
A- "No sigas, por favor"
S- "Estoy cachonda y necesito que me folles. Si quieres no hablamos de nada más ni nos damos explicaciones. Puedo parar en la carretera (...). lo hacemos en el coche, ¿no quieres?"
Entre las súplicas de Sara y la fortaleza de Alberto para no caer en la tentación finalizó la conversación. Un reencuentro telefónico entre dos viejos conocidos y compañeros de trabajo. ¿Por qué preguntaba Alberto si había vuelto? ¿Por qué tanta preocupación por ella? ¿Cómo era capaz Sara de pasar del sollozo a insinuarse de esa manera? ¿Por qué ninguno de los dos nombró a Samuel pese a que ambos mantenían una estrecha relación con él? Era todo demasiado turbio y con muchas tensiones por resolver, ¿acaso la dulce Sara escondía luces oscuras?
Continúa en
- Relato #191992— title-regex: contiguous parts (4 -> 5)
Relatos similares
- Hetero: General
Las mamas del fútbol 2
La lesión en la ingle era solo la excusa perfecta. Gaby sabía que el masaje era una puerta abierta al deseo, y Pablo, tentado por la visión de su…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Jugando con fuego (Libro 4, Capítulos 17 y 18)
El beso con Begoña fue un error inevitable, pero el verdadero peligro acaba de llegar a la barra.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
El enemigo de mi esposo. Parte 1
El enemigo de mi esposo acaba de mudarse al lado. Jaime lo odia con toda su alma, pero cuando Rober la mira desde la piscina, Lena siente que el…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
Vecinita despechada
Llevaba años escuchando sus gemidos desde el balcón, imaginando cada movimiento. Pero cuando la vio llorar por la traición de su novio, la fantasía…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Camila
Sabe que su padre lo tiene atrapado en una jaula de placer y dolor. Sabe que Samantha es la única grieta en esa prisión, pero cruzar esa línea…
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo accidentalRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Comprometidos
Llevan dos años escribiendo juntos sin haberse visto, pero la distancia se rompe en el aeropuerto.
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo accidentalRelacion profesor alumna