El Instinto que habita en mi parte III
Sabe que es una traición, pero cuando él la embiste, su mente se apaga y solo queda el instinto. Le pide que la preñe, sabiendo que eso la destruirá a ella y a su vida actual. ¿Está lista para perderlo todo por un orgasmo?
Me vine fuertemente empapando a mi compañero pero él seguía embistiéndome, por un momento recordé a mi novio, las noches de placer con él no se comparaban con esto, sentía como cada embestida hacia que mi vagina olvidara la verga de mi novio…
Mi primera vez no fue con mi novio actual, y no estaba muy dotado, así que cuando estuve con mi novio que la tiene de 15 cm sentía que él tenía el mástil más grande de toda la ciudad, aparte de ellos dos no había estado con nadie más hasta ahora. Mi novio yo habíamos cogido mucho a lo largo de nuestros 7 años de relación y después de un par de años sentía que mi vagina había “tomado la forma” de su pene, esa sensación me agradaba porque me hacía sentir muy unida a él, pero ahora en unos pocos minutos eso se había ido…
Él me había recostado en el sillón, con las piernas abiertas, empalada por su enorme virilidad y me tenía gimiendo como una perra en celo porque estaba jugando con mis pezones, apretándolos y jalándolos de arriba abajo para ver como rebotaban mis pechos con sus juegos, mientras me venía no sé por qué número de vez ya sentí como su miembro se hinchaba dentro de mí, sabía que se iba a venir, no sé cómo pude pero recordé que no se había puesto condón, recuerdo claramente como pensé que tenía que hacer que ese enorme miembro saliera de mi antes de que me impregnara, recuerdo como voltee la cabeza a un lado para no mirarlo a los ojos, recuerdo como cerré los ojos, recuerdo como tome aire y sobre todo recuerdo como fui traicionada por mi instinto…
- ¡Por favor préñame! – le grite.
Él se vino con un fuerte y varonil gemido al escuchar mis palabras, yo volví a correrme, mi corazón latía más fuerte que nunca y mi cuerpo nunca fue tan sensible, había alcanzado la iluminación con el orgasmo más maravilloso de toda mi miserable existencia.
El saco su enorme miembro de dentro mío y pude sentir como el semen se desbordaba de mi interior, después me sentí vacía, mi cuerpo seguía caliente, seguía sensible y mi mente al igual que yo estaba jodida.
Mi amigo se dejó caer junto mío, lo mire y me di cuenta como su miembro aún estaba algo duro cubierto de su semen y mis fluidos, me incorpore como pude y me hinque frente a él, en cuanto me vio él supo que pasaba así que abrió las piernas para que yo pudiera acomodarme más fácilmente y comenzara a limpiar su verga con mi lengua… puse mis labios sobre su glande y comencé a succionar suavemente para poder beberme la leche que aun quedara en su interior… quedaba más de la que podía imaginar, mientras le daba placer a ese macho a quien antes solo veía como un amigo pude recordar que jamás había probado el semen de mi novio, me daba asco, pero este lo amaba.
Lamí cada centímetro hasta asegurarme de que quedara limpio, el acariciaba mi cabeza de vez en cuando y me miraba con cara de satisfacción, cuando termine de limpiar empecé a besar sus bolas mientras lo veía a la cara en señal de agradecimiento.
- Ya vez Roció, una buena verga hace puta a cualquiera. – Me dijo mientras se recargaba en el sillón.
Su comentario me lleno de rabia por que le me había ganado, aunque a pesar de esto yo no quería discutir solo asentí con la cabeza y seguí besando sus huevos.
La tarde paso, seguimos estudiando pero el no dejo que yo me volviera a vestir, al terminar la sesión de estudios empecé a vestirme y mi amigo se quedó con mis panties como trofeo, debió de haberme molestado pero aunque ya no estaba excitada sentía un deseo enorme por complacerlo de cualquier forma posible.
De allí fui a ver a mi novio, no podía verlo a la cara después de lo que paso, pero decidí que “ignoraría” lo sucedido, esa cita paso sin nada destacable, puede que si haya pasado algo pero mi mente estaba más jodida que mi vagina.
Al llegar a casa mi novio juguetonamente levanto mi falda y se dio cuenta de que yo no tenía nada debajo de ella, pensé que se enojaría, no me importaba sinceramente, pero no, pensó que era algún juego sexy, tuvimos sexo… no lo sentí, su pene era insignificante en comparación, el amor que me había dado, los buenos recuerdos nada valía ese sexo tan mediocre.
Allí me di cuenta de la diferencia entre un hombre y un macho.
Lo detuve a media faena, y lo saque de casa, termine con él, termine con ese mundo de relaciones aburridas, termine con esa vida de chica modosita y bien portada, descubrí que soy una hembra deseosa de sexo, deseosa de placer y que mi instinto de hembra no puede ser llenado por alguien que no sea un verdadero macho.
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