Pequeñas Aventuras: Escapada (Final)
Jennifer sabe que es su puta, pero hoy quiere recordárselo a todo el mundo. Con la ciudad observando desde las terrazas vecinas, el juego deja de ser un secreto para convertirse en un espectáculo donde el placer y la vergüenza se funden.
Después de ducharnos y vestirnos salimos del hotel camino al lugar que había reservado para pasar la tarde con Jennifer.
-¿Cual es el plan Matías? -. Me preguntó mientras me agarraba del brazo.
-Estamos cerca -. Contesté agarrándola de la cintura.
Tan solo tuvimos que caminar unos minutos hasta que llegamos al lugar indicado. Un lujoso Spa en el que había reservado una sorpresa.
-No traemos ropa de baño -. Me dijo cuando estuvimos parados frente a la puerta.
-Tranquila, no nos va a hacer falta -. Contesté sonriendo.
Nada más entrar al interior la chica del mostrador se dirigió a nosotros.
-¿Puedo ayudarles? -. Preguntó.
-Sí -. Contesté. - Tenemos reservada la sala privada -. Continué diciendo.
-¿Matías y Jennifer? -. Preguntó de nuevo la chica.
-Sí -. Contesté yo riendo. Mi acompañante también rió. Solo nosotros sabíamos el por qué.
La chica de recepción nos guió hasta el fondo del local, hasta una lujosa sala privada que tenía un enorme Jacuzzi en el centro.
-Pasad, en seguida os traemos el champán y la fruta -. Dijo la recepcionista dándonos paso a la sala.
La verdad es que la sala era increíble. Luz tenue, sillones, música ambiente, baños, sauna y el jacuzzi en el centro que era el protagonista de la habitación.
-Ya entiendo por qué decías que no me iba a hacer falta mucha ropa -. Dijo Jennifer comenzando a desnudarse casi sin darme tiempo a asimilar la situación.
Me senté en unos de los sillones a contemplar como esa increíble mujer se iba desnudando poco a poco frente a mí, hasta quedar completamente desnuda ante mis ojos.
-Vales más de lo que he pagado por ti -. Dije riendo.
-Acepto propinas -. fue su contestación.
Justo en el momento en el que Jennifer se dirigía hacía a mí de manera sensual, llamaron a la puerta de la sala.
-Voy yo -. Dije levantándome del sillón.
-No -. Respondió de manera rotunda Jennifer guiñándome un ojo.
Sin pensárselo avanzó desnuda por la sala y sin ocultar ni un centímetro de su cuerpo abrió la puerta. La sorpresa del chico que nos traía el champán fue mayúscula al encontrarse a esa increíble mujer parada frente a él completamente desnuda.
-Gracias -. Dijo Jennifer de manera coqueta cerrando la puerta, no sin antes girarse para lucir su precioso culo ante su espectador.
-¿Te gusta exhibirte? -. Pregunté mientras se acercaba a mí con el champán y la bandeja de fruta.
-Mucho -. Contestó ella con una leve risa.
No pude evitar soltar una carcajada. Me encantaba la actitud de esa mujer.
-Te espero dentro -. Dijo con una amplia sonrisa, dejando la bandeja y la botella en el borde del Jacuzzi para introducirse lentamente en él.
Me desnudé yo también y no dude en acompañarla al interior del Jacuzzi, confieso que ya estaba completamente empalmado tan solo de observarla.
-Aún no he hecho nada -. Rió señalando mi polla dura.
Yo la acompañé en su risa mientras me sentaba a su lado.
-Es que me encantas -. Respondí dándole un apasionado beso en los labios.
Cogimos el champán, nos servimos y brindamos. Fue como el pistoletazo de salida. Comenzamos a acariciarnos con suavidad. Ella acaricia mi polla y mis huevos lentamente por debajo del agua, mientras yo hacía lo propio por el exterior de su coño mientras besaba sus tetas.
-Abre la boca -. Le dije sonriendo.
Jennifer obedeció y comencé a derramar champán por su boca y sus tetas, aprovechando para beber de su canalillo. La situación no podía ser más excitante.
-Me toca -. Dijo arrebatándome la botella de las manos y dejándola en el bordillo.
Se incorporó y en pocos segundos la tenía a horcajadas encima de mí. Comenzó a bajar lentamente sus caderas, para que poco a poco mi polla se fuera introduciendo en su coño. La noté entrar completamente en su interior en el instante en el que soltó un largo gemido.
-Que gustito -. Dijo mirándome fijamente a los ojos.
Jennifer comenzó a mover sus caderas sentada encima de mí. Moviéndose en círculos, arriba y abajo sacando mi polla y volviéndosela a meter por completo, sin dejar en ningún momento de mirarme a los ojos mientras no dejaba de jadear. Yo no podía dejar de acariciar su espectacular cuerpo ni un instante. Estaba siendo un polvo increíble, pero muy distinto a la follada salvaje que habíamos tenido en la habitación del hotel. Estaba siendo sexo tierno, dulce e incluso romántico.
-¿Te gusta así? -. Me preguntó con media sonrisa.
Yo solo asentí.
-¿O prefieres follarme como una puta? -. Volvió a preguntar esta vez dejando escapar una leve risa entre suspiros.
Esta vez negué con la cabeza.
-Me está gustando follarme a Jennifer -. Fue mi respuesta.
Jennifer me abrazó con fuerza y pegó su cuerpo al mío. Continuó follándome con movimientos lentos y profundos, con calma. Sentía sus pechos aplastados contra mi torso, notaba como su corazón se iba acelerando cada vez más, sin dejar de suspirar y gemir, notaba su respiración cada vez más entrecortada junto a mi oído.
-Me encanta tu polla Matías -. Dijo con un largo gemido.
Esa frase me excitó sobremanera. La agarré de las caderas y comencé a moverla arriba y abajo aumentando la intensidad de mis movimientos. Los gemidos de Jennifer ya comenzaban a ser continuos.
-Me voy a correr -. Me susurró al oído.
-Tienes permiso -. Le dije yo.
Jennifer separó su rostro del mio y se quedó mirándome fijamente a los ojos.
-Si haces que me corra como una loca, te hago descuento -. Dijo medio riendo entre suspiros.
-Tenemos un trato entonces -. Contesté yo.
Jennifer dejó caer su cuerpo hacía atrás, alineándose con el agua, y alzó sus caderas para que pudiera penetrarla más profundamente. La agarré de la cintura y comencé a follarme con fuertes embestidas. Notaba como su cuerpo se estremecía cada vez que mi polla tocaba el fondo de su coño. Sus gritos resonaban en toda la estancia.
-¡Joder! -. Gritó en el momento exacto que sentí que estaba llegando al orgasmo.
Se incorporó. Me abrazó con fuerza y pude sentir como su coño se contraía una y otra vez apretando mi polla mientras se corría temblando pegada a mí. Ese momento hizo que mi excitación llegara al límite y a su orgasmo le acompañó el mio.
-¡Me corro! -. Exclamé yo sintiendo como toda mi leche la rellenaba por dentro, obteniendo un orgasmo increíble.
-¡No la saques! -. Casi suplico Jennifer sin separarse un milímetro de mí, sin dejar de abrazarme.
Y así nos mantuvimos durante varios minutos, abrazados y unidos por nuestros sexos, por lo menos el rato que mi polla aguantó dura dentro de ella, que fue bastante.
-¿Me he ganado el descuento? -. Le pregunté riendo cuando al fin separamos nuestros cuerpos.
-¿Que te parece si te hago un bono para la próxima vez, que esta ya está pagada? -. Dijo entrecerrando los ojos.
-Me parece bien -. Contesté besándola en la frente.
Después de nuestra sesión de sexo en la sala privada, el resto de la noche transcurrió con relativa normalidad sexual. Fuimos a tomar algo, a cenar, todo normal. El momento clave se dio al volver a la habitación del hotel.
-Voy al baño -. Dijo Jennifer nada más entrar en la habitación.
-Vale -. Respondí. -Voy la terraza -.
Salí a la terraza de la habitación y me senté a fumar en uno de los pequeños sillones que había allí. No pasó demasiado tiempo cuando Jennifer salió a mi encuentro a la terraza, completamente desnuda.
-Escucha Matías -. Dijo nada más salir.
-Dime -. Contesté yo algo sorprendido mirando a mi alrededor, viendo como cualquiera de las personas que estaban en sus respectivas terrazas podían verla perfectamente a través de los balcones acristalados.
-No quiero que te confundas con lo que ha pasado esta tarde -. Dijo con tono muy serio.
Esa afirmación me pilló por sorpresa, por varios motivos, pero no supe muy bien por donde iban los tiros.
-No sé a que te refieres -. Dije apagando el cigarro.
-Aunque hayamos follado de manera romántica, no hay amor entre nosotros, soy tu puta y tú me has pagado por follar -. Continuó explicando.
Hubo unos instantes de silencio entre nosotros. Ninguno de los dos apartaba la mirado del otro.
-Me parece bien -. Dije con cierto tono de enfado. - Estoy de acuerdo -.
Al instante me puse de pie, me desabroché los vaqueros y me saqué la polla.
-Pues pagué por todo y aún no me la has chupado -. Dije de manera asertiva.
Jennifer me miró sin inmutarse.
-Aquí mismo y de rodillas, que cualquiera pueda ver lo puta que eres -. Ordené.
De nuevo Jennifer no soltó ni una palabra, se recogió el pelo, se arrodilló delante mía y se metió mi polla en la boca sin pensárselo ni un segundo.
-No vas a parar hasta que me corra -. Volví a decir comenzando a mover mi cadera al ritmo de su mamada.
Jennifer comenzó a chupármela lentamente, con maestría, sacándosela de la boca tan solo para lamerme los huevos o escupir sobre mi polla para lubricarla. La verdad es que estaba siendo una mamada increíble que ya había captado la mirada de algún que otro espectador vecino.
-¿Te gusta que vean lo puta que eres? -. Dije sacando mi polla de su boca para que pudiera girar la cabeza para ver como nos observaban.
-Me encanta -. Me contestó volviéndosela a meter hasta el fondo.
La verdad es que la situación me estaba excitando de manera exagerada. La agarré de la nuca y apreté su cabeza contra mi cuerpo, sintiendo como su rostro rozaba mi pubis. Notando como mi polla tocaba su garganta, mientras Jennifer trataba de respirar entre leves arcadas.
-Estoy apunto de correrme -. Dije cuando sentí mi polla palpitar dentro de la boca de Jennifer sabiendo que mi orgasmo estaba cerca.
La saqué para dejarla descansar y tomar aire unos segundos.
-No quiero que desperdicies ni una gota de mi leche -. Le dije mirándola a los ojos. Jennifer solo asintió y se la volví a meter sin pensar.
Esta vez fue ella la que marcaba el ritmo. No dejaba de chupármela con intensidad, mientras me acariciaba los huevos con una mano y llevaba la otra a mi culo. Noté como comenzaba a hacer círculos alrededor de mi agujero, hasta que se detuvo y me miró a la cara.
-Sí -. Fue lo único que dije viendo sus intenciones.
Confieso que la combinación de su mamada, mientras me acariciaba los huevos y me metía un dedo en el culo, hizo que mi excitación llegara a su punto álgido.
-¡Trágatelo todo! -. Exclamé, casi grite, cuando sentí llegar al orgasmo.
Exploté con varias descargas en la boca de Jennifer, sintiendo con esta succionaba con dificultad para conseguir tragar todo mi semen.
-Increíble -. Fue lo único que alcancé a decir cuando termine de correrme y recobré el aliento.
Jennifer me miró relamiéndose los labios, para después abrir la boca y sacar la lengua para mostrarme que no había dejado escapar ni una gota de mi leche. No pude nada más que inclinarme para besarla en los labios.
-Ha sido la mejor mamada de mi vida -. Le dije sonriendo.
-No se lo cuentes a tu mujer -. Respondió riendo.
Solté una carcajada. La cogí en volandas y la metí en la habitación para quedarnos ambos tumbados en la cama. Nos quedamos así varios minutos, sin decir nada, hasta que al final ella se giró hacía mi.
-Oye -. Me dijo apoyando su mano en mi pecho.
-Dime -. Contesté.
-Ha sido divertido ¿Verdad Papi? -. Me preguntó sonriendo.
-La verdad es que sí Mami -. Respondí.
-¿Crees que Matías y Jennifer se volverán a encontrar alguna vez? -. Me preguntó con brillo en los ojos.
-Estoy seguro que sí -. Volví a contestar a su pregunta.
Me quedé embelesado mirando a mi mujer, cuando una pregunta surgió en mi mente.
-Por cierto Marta -. Comencé a decir. - ¿Le diste tu número real a los chicos del bar? -.
-Negocios Juan, negocios -. Contestó encogiéndose de hombros.
No pude más que echarme a reír, me encantaba esa mujer.
Nda: Creo que no lo he dicho nunca... pero gracias por leerme... jeje.
Con este relato pongo fin a esta aventura corta dividida en dos, me ha gustado mucho escribirla e intentar jugar al despiste, no sé si lo habré conseguido, al menos espero que la hayais disfrutado.
Como siempre cualquier cosa que querais decirme es bien recibida, por que sabeis que os quiero.
Besos de pico.
"Nada de lo que cuento es mentira, pero tampoco es totalmente cierto"
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