Las alegrías que a veces da el trabajo
A sus 63 años, creía que su vida laboral era solo jardinería y limpieza. Pero cuando la familia alemana llega, descubre que su trabajo incluye ser el objeto de deseo de dos mujeres desnudas y un esposo que solo mira. La privacidad se rompe, las reglas se cambian y el jardín se convierte en un escenario prohibido.
Yo soy un hombre de lo que hoy se considera maduro, 63 años y creo que bien llevados, cuido una casa rural que se alquila para turistas, me ocupo del jardín y la piscina principalmente pero también limpio el interior y si el cliente quiere, hago la comida, cuando viene un nuevo cliente normalmente las condiciones están pactadas, en el caso que os relato, la familia quería el servicio completo menos la cocina, además como eran extranjeros querían el servicio de limpieza temprano por la mañana y así quedaban libres de gente que merodeara por casa.
Eran un matrimonio alemán con una hija, eso deduje con el paso de los días, el hombre más mayor que la mujer estaba casado en segundas nupcias y la hija era del primer matrimonio, la mujer y la hija parecen hermanas por la edad que aparentan. Él debía tener 70 largos, la mujer los 60 y la hija 50, esta es la edad que yo les puse.
Yo hablaba un poco de varios idiomas lo que me facilitaba interelacionarme con los clientes y donde no llegaba el idioma, lo hacía la mímica.
El hombre delgado y muy alto, parecía un ser frágil, en cambio ellas, las dos mujeres, eran robustas, y bien entradas en carnes, eran alegres, siempre tenían la sonrisa en la boca y eran muy simpáticas, todo lo contrario de el que era muy osco.
Cada día a las siete en punto empezaba mi trabajo, me cambiaba en una caseta donde guardaba los útiles del trabajo y tenía una pequeña ducha para asearme cuando acababa mi labor.
Primero recogía las hojas, regaba las plantas y después me ponía con la piscina, limpiaba si había suciedad y controlaba la higiene y el cloro, por último sobre las 8,30 o 9 según el día, entraba en casa, se supone que a esta hora ya estaban todos en pie, fuera de la cama y yo recogía la basura del dia anterior, si habían dejado ropa para lavar, pasaba el aspirador, quitaba el polvo y limpiaba la cocina y el aseo, a groso modo ese era mi trabajo diario.
Ya al primer día, ellos llegaron el dia anterior por la tarde-noche, mientras trabajo en el jardín, la madre sale al jardin y joder mi sorpresa, tenia sus prominentes tetas al aire y debajo de su colgante barriga estaba su sexo tambien al aire.
Se acerca a mí mientras limpio la piscina, sin dejar de mirar de reojo las tetas y todo su cuerpo, estaba rellena pero la visión no estaba nada mal.
Las dos mujeres se ponen a hablar de una forma distendida, una desde el jardín y la otra desde la ventana de la casa, esta segunda también completamente desnuda, estarían contándose cotilleos (pensé).
El pobre hombre, creo, que no está a la altura de su mujer, una hembra con marcha de muchas cosas y que sus necesidades sexuales y de otras apetencias están distanciadas,
La mujer no paraba de acariciar su cuerpo dejándome una magnífica visión, de su coño rosita y sin un pelo. No se si lo hacía para que yo me fijara en ella, o era su ritual al levantarse.
Se acercó a mí y me dió un beso, fue increíble la sensación de sus labios con los míos calientes por el calor que tenía.
Después de ese beso, me miró a los ojos y volvió a besarme, ésta vez noté cómo su lengua buscaba la mía y sin remilgos fui a su encuentro.
La otra mujer, que al empezar la escena, cortó la conversación que mantenía, soltó un!UUUaaauu!
Estaba de pie, casi paralizado, y su mano entró con un gesto suave por encima del pantalón que llevaba y fue sacando mi verga para verla bien.
Dejó de besarme y bajo con sus boca lamerla, yo no sabía que hacer, pero dejándome hacer.
Ella me propuso la siguiente acción, me lancé a su boca y la besé con pasión. Ella abrió más su boca y metió la lengua para jugar con la mía durante unos instantes.
En eso que una de mis manos ya tocaba sus tetas, por lo grandes y caídas que las tenia, estaban duras y unos enormes pezones oscuros muy salidos apuntaban hacia el suelo.
De reojo veía a la otra mujer que tocaba su cuerpo, intuí que empezaba a masturbarse, peró lo que me dejó helado que casi corta la emoción de ese momento fue ver al hombre mirar impasible por la terraza del jardín.
La mujer notó al instante mi reacción ya que además me quedé inmobil, ella sin inmutarse giró la cabeza y al verlo a él quiso tranquilizarme, en un vasto español, me dijo que tranquilo que era su única forma que tenía de disfrute, un “voyeur” dijo, casi todas las noches, si no se duerme antes, le gusta espiar como mantengo relaciones con su hija, nunca lo he visto pajearse ni me ha pedido que se lo haga, solo mira, las dos ya nos hemos acostumbrado, incluso le dejamos la puerta entreabierta.
¿Quieres que continuemos?, me dice…
Asiento con la cabeza, aunque estoy un poco aturdido por la historia y por la escena, parece que esté actuando delante de público.
Me propone ir al interior de la casa y si no me importa se uniría a nosotros Elisabeth y de él ni lo menciona.
Nos dirigimos a la casa y soy recibido por un ardiente beso de Elisabeth, que al instante hace que recupere mi erección y un hinchazón de polla como creo que nunca había tenido.
La mayor puso la boca abierta sobre mi sexo para que fuera entrando despacio y la lengua fue directamente primero al capullo e iba lamiendo todo el tronco a medida que entraba. Era la primera vez que alguien me lo hacía así, con sus manos tenía cogidas mis nalgas que utilizaba para entrar y sacar la verga a su antojo.
Intenté separarla un poco, más por pudor que por falta de ganas, ella insistió con un par de fuertes succiones, suficientes para llevarme al orgasmo. Me corrí retorciéndome y presionando con las manos su cabeza contra mí pene.
Sin tregua, cogió el pene empapado de su saliva y mi semen y con la mano y lo puso a la entrada de su vagina. Entró lentamente y con la lubricación que llevaba no paró hasta que mis bolas quedaron frenadas en su pubis. Estaba totalmente dentro presionaba un poco la matriz.
Cuando estuvimos amoldados el uno al otro, empecé a follarla lentamente, le hacía sentir suave fricción de las pieles. Entraba despacio y con la misma delicadeza volvía a salir.
La edad, aquí jugó a mi favor, no aceleré y mantuve el mismo ritmo cuando empezó a correrse. Nunca había tenido un orgasmo tan placentero y sensual. Esperé a que acabara de gemir y su corazón dejara de palpitar tan deprisa, cuando salí, un gran suspiro de placer salió de sus labios. Se reclinó a mi lado y puso mi pene junto a sus pechos, tocándole un pezón. Note que empezó a masturbarse y al primer suspiro de placer aparté su mano y seguí con la mía hasta que las convulsiones denotaron que había tenido un nuevo orgasmo.
Mientras reposaba tendida en la cama, ayudé a Elisabeth a acabar con su masurbación, teniendo un intenso orgasmo acompañado por unos excitantes gemidos hasta culminar con un fuerte espasmo, me dió las gracias por haberla ayudado y le pedí perdón porque me había dedicado a la otra mujer y a ella la había dejado de lado.
Con un español difícil de entender me dijo algo así como que esperaría su turno y que no lo dejaría pasar.
Volví con la otra mujer, le pregunté si quería un nuevo orgasmo y asintió con la cabeza y con una gran sonrisa. Nos besamos con la lengua tan dentro como pudimos y empecé a acariciarle directamente el clítoris. Mi excitación era tal que me corrí casi solo con sus besos y a pesar de ser mi tercer orgasmo, logré completarlo con éxito.
¡Qué polla tienes y qué hombre!...quise entender que decía.
Ya sin más, me dirigí al cuarto a ducharme y cambiarme, y mi cabeza solo daba vueltas a cómo sería y que pasaría al día siguiente.
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