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Amor filialago 2022

Historias del complejo turístico (36)

El cuidado diario se transforma en caricias prohibidas. Cuando el dolor físico cede, surge un deseo que nunca debió existir. Ahora, solos en una nueva ciudad, deben decidir si el mundo está listo para su secreto o si el amor entre hermanos vale cualquier riesgo.

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La historia de Paloma

Capítulo 5

-MARCELO: Nunca te voy a dejar sola!

Lo tomé de la mano y me acosté a su lado, y en la mañana, lo escuché quejarse un par de veces.

Me levanté, sin hacer ruido para no despertarlo.

Preparé el mate con unos sándwiches, ya que eran casi las dos de la tarde y me senté a mirarlo mientras dormía.

Le daba gracias a Dios porque nada grave le había pasado. Pero no pude evitar las lágrimas, pensando en que deseaba que nada malo le pasara, que quería que tuviera una vida feliz, se merece ser feliz, y voy a hacer todo lo posible para que así sea.

Cuando Marce abrió los ojos y me vio mirándolo con lágrimas en los ojos, me miró con esa sonrisa que tanto me tranquiliza.

-MARCELO: Hola Mita! No llores que todo va a estar bien!

-PALOMA: Hola Marce! ¿Cómo te sentís?

-MARCELO: No te voy a mentir, he tenido días mejores!

-PALOMA: ¿Te duele la pierna?

-MARCELO: Un poco, no tanto como ayer!

-PALOMA: ¿Necesitas ir al baño?

-MARCELO: Si Mita!

Lo ayudé a levantarse y lo acompañé hasta el baño.

Mientras tanto, pensé que en vez de llevar la cama de Marce a mi habitación, traería mi cama al comedor.

Mientras Marce tuviera que hacer reposo, podría ver televisión y podríamos conversar mientras cocino. Corrí la mesa contra la pared y como pude, traje mi cama de la habitación.

Le dejaría a Marce esa para que pudiera levantarse más fácilmente, y yo dormiría contra la pared.

Volvió del baño y se recostó, le dije que tenía que ir a hacer unas entregas y también a la farmacia a comprar los medicamentos y todo lo necesario para las curaciones del brazo.

Tardé poco más de una hora, y al volver estaba dormido.

Lo dejé dormir hasta la seis de la tarde, hora en que tenía que tomar la medicación.

Lo desperté con el mate y unos bizcochitos salados que le gustan mucho, y siempre me dice que me salen muy ricos.

Mientras conversábamos, me puse a cocinar las entregas del otro día, cuándo puse los budines en el horno, puse la ropa a lavar, y mientras se cocinaban, me puse a planchar nuestra ropa sobre la mesa.

Saqué la primera tanda de budines, y puse la segunda, y mientras se cocinaban, fui a limpiar el baño.

Mientras se cocinaba la tercera tanda, le dije a Marce que iba hasta la verdulería.

Al volver de la verdulería, puse la cuarta tanda de budines, y me fui a la carnicería, esa noche le haría carne al horno con papas, qué a Marce tanto le gusta.

Cuando volví, y mientras se cocinaba la última tanda de budines, me puse a preparar la cena, para después de la cena, me quedaba cocinar las pastafrolas.

Antes de cenar, ayude a Marce a ir al baño, y mientras estaba en el baño puse la mesa.

Antes de sentarnos a comer, mientras se terminaba de cocinar la carne, le hice las curaciones a Marce en el brazo, cambiándole las vendas, y poniéndole la crema que le había mandado el médico, tenía un raspón importante.

Luego le puse en la pierna golpeada, el antiinflamatorio local.

Nos sentamos a comer, y para que Marce no hiciera fuerza con el brazo lastimado, le corté la carne y el comía con el otro brazo.

-MARCELO: Mita, en verdad te admiro! Creo que no soy consciente de todo lo que vos hacés mientras yo me voy a trabajar!

-PALOMA: Tan solo las cosas de la casa y cocinar!

-MARCELO: Hoy que me he quedado en casa, me di cuenta de que no parás un segundo, lo haces todo, lavas la ropa, planchás, haces las compras, cocinás, haces los budines y tortas, limpiar la casa, y como si fuera poco, me esperas cada tarde con el mate preparado! Y encima los fines de semana, no me dejas hacer nada, siempre me decís que descanse, pero, ¿y vos cuándo descansas?

-PALOMA: Es así Marce! Vos salís a trabajar y yo hago las cosas de la casa, y descanso los sábados a la tarde y los domingos!

-MARCELO: Gracias Mita! Sos la mejor!

-PALOMA: Me gusta hacerlo Marce! Nada hago a disgusto! Al contrario, me gusta atenderte, siento que en parte, te devuelvo todo lo que haces por mí!

-MARCELO: Por eso es que te quiero tanto Mita!

-PALOMA: Y yo a vos Marce! Estamos solo los dos! No hay nadie más! Y nos preocupamos el uno por el otro!

-MARCELO: Tengo que pedirte algo, pero me da un poco de vergüenza.

-PALOMA: No seas tonto! Pedime lo que necesites! Para eso estoy!

-MARCELO: Quisiera darme un baño, pero con el brazo vendado y el dolor, creo que sería complicado para mí.

-PALOMA: No tengas vergüenza, yo te ayudo! ¿Querés bañarte ahora?

-MARCELO: Cuando vos digas!

-PALOMA: Bueno vamos a bañarte!

Le puse una bolsa de nylon cubriendo el vendaje del brazo, luego traje la silla plástica del patio, y la puse en la ducha, para que pudiera estar sentado debajo del agua.

Sabiendo que me iba a mojar junto con él, me quedé en ropa interior, era como estar en bikini en una playa.

Lo llevé hasta el baño, cuando entramos le saqué la ropa, pero me dijo que se quedaba con el bóxer, qué le daría mucha vergüenza estar desnudo delante de mí.

Yo le dije que no sea tonto, pero insistió, y así fue.

Abrí la ducha, y regulé la temperatura del agua, cuando estuvo bien, lo ayudé a sentarse en la silla.

Me enjaboné las manos y comencé a bañarlo, le lavé los brazos, las axilas, luego la espalda y el pecho, luego enjabone sus piernas y sus pies.

Después me pidió que lo ayudara a ponerse de pie, y me pidió el jabón.

Me hizo poner de espaldas a él, y entendí que era para lavarse sus partes íntimas.

Luego se volvió a sentar, y por último le lavé la cabeza.

Primero el shampoo, y luego la crema de enjuague, por el reflejo del espejo, los podía ver con los ojos cerrados, supongo que estaría disfrutando de las caricias en su cabeza.

Mentiría si dijera qué no me pasó nada al lavar su cuerpo, mientras lo hacía, pensaba que podría hacerlo toda mi vida, que nunca me cansaría, tocar sus brazos, su pecho y sus piernas, me provocaban una sensación qué terminó impactando en mis fibras más íntimas.

Mientras lavaba su cabeza, imaginaba la situación inversa, que fuera yo quien estuviera allí sentada, y que fuera Marce quién lavaba mi cuerpo.

Y estaba completamente segura, que lo disfrutaría, como creo lo estaba disfrutando Marce.

Cuando terminó el baño, cerré la canilla de la ducha, y comencé a secarlo.

Primero la cabeza, luego los brazos, la espalda y el pecho.

Se puso de pie, y sequé sus piernas, luego me pidió que pusiera el otro toallón en su cintura, cubriendo su bóxer.

Así lo hice y metiendo mis manos por debajo de la toalla, tiré del bóxer hacia abajo para quitárselo, y fue él, con su mano libre, quién seco su intimidad.

Yo también me sequé, pero me quedé con la ropa interior puesta, ya luego me la cambiaría.

Le traje un bóxer limpio, y le ayudé a colocárselo, antes de que se quitara el toallón.

Luego le puse la remera que utiliza para dormir, y antes de que se acostara, le sequé el pelo.

-MARCELO: Gracias Mita! ¿Te sentiste incómoda?

-PALOMA: No tonto! No me hubiera sentido incómoda, aunque hubieras estado desnudo!

-MARCELO: Me da vergüenza!

-PALOMA: Míralo así! Sí yo no pudiera bañarme sola, ¿a quién le pediría que me bañé? A vos! Y si tuviera que estar desnuda delante tuyo! No sentiría vergüenza! Sería una situación excepcional! Una necesidad!

Me fui a la habitación, y me cambié la ropa interior, volví al comedor, puse las pastafrolas en el horno y mientras se cocinaban, me sequé el pelo.

Dos días después volvimos al médico para que lo controlaran, la herida del brazo, estaba mucho mejor, y le dijo que ya no la vendara, que siga poniéndose la crema cicatrizante pero que la dejara al descubierto, pero que tenga cuidado al bañarse.

Esa noche después de cenar, le pregunté si quería darse un baño y me dijo que sí.

Volví a llevar la silla, le cubrí la herida del brazo para que no se le mojara y lo acompañé hasta el baño.

Al igual que la vez anterior, me quedé solo en ropa interior.

Le saqué la remera y el short, y le pregunté si también le sacaba el bóxer, creo que no muy convencido, me dijo que sí, pero me dio la espalda para que se lo quitara.

Mientras lo bajaba, tuve por primera vez, una visión de su culo desnudo, y cuando se sentó en la silla, pude ver su pene en descanso, y me sorprendió que lo tuviera completamente depilado.

Por supuesto, no hice ninguna acotación al respecto, no quería que pensara que lo estaba mirando.

Enjaboné su cuerpo, empezando por su espalda, sus brazos y luego su pecho.

Después fue el turno de sus piernas y sus pies, y tuve que esforzarme por no mirar su entrepierna teniéndola tan cerca, no quería que se sintiera incómodo.

Luego parada detrás de él, le lavé la cabeza, y en esta ocasión, desde allí, lo observé un par de veces, viendo su sexo, y pensando que nunca hubiera imaginado que lo llevaría depilado, aunque alguna vez lo había visto en algún vídeo porno, nunca lo había visto en persona, ni siquiera en el desfile de hombres que llevaba mi prima a su casa.

Por momentos, me parecía, como que estaba creciendo, ¿estaría teniendo una erección? ¿Sería por mis caricias en su cabeza? ¿O estaría pensando algo más?

Por mi cabeza, si que pasaban otras cosas, aquella imagen masturbándose y ese sueño que tengo tan presente, y pensaba que en este momento me sentaría en sus piernas, y lo besaría con pasión, pegando mi cuerpo mojado al suyo.

Creo que con tantos pensamientos, el lavado de su cabeza duró más tiempo, y por suerte, la humedad de mi entrepierna, era disimulada por el agua de la ducha.

Cerré la canilla, y con un toallón, le empecé a secar la cabeza, la espalda y los brazos.

Le di el otro toallón, se puso de pie, y dándome la espalda, se lo ajusté en la cintura.

Lo terminé de secar, le ayudé a ponerse el bóxer, luego le puse la remera, y ya en el comedor, le sequé el pelo con el secador.

Le dije que me iba a dar un baño yo, pero en realidad, necesitaba un momento de intimidad, verlo desnudo y tocar su cuerpo, me había excitado y necesitaba un orgasmo.

Me saqué la ropa interior y abrí la canilla.

Me senté en la silla y me toqué recordando su cuerpo desnudo, enseguida tuve un orgasmo, y recordando mi sueño, un momento después, tuve otro, e imaginando sentarme arriba de él bajo el agua y besarnos, salió el tercero.

Luego me terminé de bañar, y salí envuelta en un toallón, a cambiarme en la habitación.

Casi dos semanas llevó la recuperación de Marce, y yo lo bañaba día por medio.

El anteúltimo baño, cuando le estaba lavando la cabeza, pude ver que empezaba a tener una erección, qué Marce rápidamente tapó con su mano, tenía los ojos cerrados, y supongo que en ese momento se estaría muriendo de la vergüenza, pero en mi cabeza me creía la responsable de esa erección.

Cómo en los baños anteriores, luego de secarme el pelo, iba yo a bañarme, pero antes me tenía que masturbar, por supuesto todas las veces pensando en su cuerpo.

Ya no me lo podía negar a mí misma, no solo sentía estar enamorada de él, sino que también lo estaba deseando como hombre.

Cuando ya estaba mejor, fuimos a la comisaría a buscar la moto, el día del accidente, la habían llevado allí, y como los papeles estaban a nombre de él, solo él podía retirarla.

Marce volvió a trabajar un lunes, y esta vez fui yo quien lo llevó a él en la moto, y luego me volví a casa.

Ese día al llegar, tenía pensado cambiar las sábanas de la cama de Marce, y ponerlas a lavar mientras cocinaba.

Pero antes de desarmar la cama, tuve la loca idea de acostarme desnuda en su cama, y sintiendo tu olor, me masturbé pensando en él, cada vez tenía más claro, el deseo de qué Marce fuera mi primer hombre, y tuve tres orgasmos seguidos, imaginando ese momento.

Después de eso saqué las sábanas y las puse a lavar, volví a armar su cama y la dejé lista para cuando volviera.

Estuve todo el día cocinando, y antes de ir a buscarlo, hice las entregas de Doña Lidia con la moto.

A la hora de la salida de la ferretería, ya lo estaba esperando en la puerta, salió con don José, que como siempre me saludó muy cordialmente.

Marce no quiso volver a manejar la moto, y cada vez que lo llevaba o lo iba a buscar, me decía que anduviera despacio y con mucho cuidado, que si a mí me pasara algo, el se sentiría culpable.

Marce después del accidente, dejó el equipo de fútbol, al menos por el momento, quería recuperarse bien, y luego ver si podía volver a jugar, así que descansábamos los sábados por la tarde y los domingos.

En el mes de noviembre, una tarde que lo fui a buscar al trabajo, salió hablando con don José, y este le decía que lo pensara y le avisara.

De camino a casa, me contó que don José, le ofreció comprar un Fiat ciento cuarenta y siete qué un vecino había puesto en venta, y vender la moto, que él le ayudaría a pagar el resto.

Mientras cenábamos esa noche, Marce me preguntó qué me parecía la idea, a él le entusiasmaba, porque decía que tenía miedo de que me pasara algo andando en la moto.

Yo le dije que si lo veía posible, que le dijera que sí, yo no tenía problemas.

Y así fue que una semana después, Marce vendió la moto, le entregó ese dinero a don José, qué puso el resto del dinero para pagarle al vecino el auto, y Marce le pagaría a don José, el resto todos los meses.

A mediados del mes de diciembre, llegó Marce una tarde de la ferretería, y mientras tomábamos mate me dijo que teníamos que hablar.

En un primer momento me preocupé, pensando que quizás él se había dado cuenta de lo que me estaba pasando con él y me puse nerviosa, pero el tema era otro.

-MARCELO: Mita, quería contarte una propuesta de Don José!

-PALOMA: Decime Marce!

-MARCELO: Viste que don José abrió una ferretería en San Bernardo, allí trabajan dos personas, el encargado y un empleado. El encargado le dijo que a fin de año dejaba el trabajo, y Don José me ofreció ser el encargado de esa ferretería, por supuesto con un mejor sueldo.

-PALOMA: ¿Y vos qué pensás Marce?

-MARCELO: El tema es que de aceptar, nos tendríamos que ir a vivir a San Bernardo!

-PALOMA: Si vos crees que es una buena oportunidad, yo no tengo problema!

-MARCELO: Creo que sí, es un progreso económico, pero pensaba en tu trabajo y en tus clientes!

-PALOMA: Creo que eso no sería problema, así como pude conseguir clientes aquí, supongo que podré conseguir clientes en San Bernardo, y desde ya te digo, que mientras sea con vos, voy a donde sea!

Marce se puso de pie, y tomándome de la mano, me puse de pie también.

Me abrazó y lo abracé.

-MARCELO: ¿Creés qué nuestro futuro esté en San Bernardo?

-PALOMA: Creo que nuestro futuro estará allí dónde decidamos ir! ¿Qué nos ata a Gesell?

-MARCELO: En verdad nada! Cómo te quiero Mita! Sos lo más!

-PALOMA: A no ser que quieras irte con alguna otra!

-MARCELO: No Mita! Si nos vamos, nos vamos los dos! No me iría ni solo ni con nadie más!

-PALOMA: Entonces nuestro futuro está en San Bernardo! San Bernardo allá vamos! Pero..., ¿dónde viviríamos en San Bernardo?

-MARCELO: Don José tiene un departamento, qué alquila a turistas, es más o menos como este, y me dijo que podríamos arreglar igual que acá!

-PALOMA: Listo entonces! Decile que sí y nos vamos!

Al día siguiente Marce le confirmó a don José, qué aceptábamos ir a San Bernardo, y el fin de semana, fuimos los tres a ver la ferretería y el departamento.

La ferretería estaba en una zona hermosa, y el departamento estaba a solo tres cuadras.

Don José le dijo qué a diferencia de la ferretería de Gesell, qué hacía horario corrido, está cerraba al mediodía, el horario sería de nueve de la mañana a una del mediodía, y de las cuatro de la tarde, a las siete y media, y los sábados solo de nueve a una.

Días antes de mudarnos pasé por la plaza para contarle a Dora qué nos íbamos a vivir a San Bernardo, y para despedirme de ella, agradeciéndole el haberla conocido, me dio su teléfono y su dirección, por si algún día volvía a Gesell, la fuera a visitar, y para seguir en contacto aunque sea telefónicamente.

Antes de irme, me dijo algo que me dejó pensando, "quizás allí que nadie los conoce, puedan vivir su vida", ¿podría darse? Sería mi deseo, pero no sé qué pasa con Marce, que es lo que siente.

Nos mudamos el veintisiete de diciembre, en una camioneta llevamos todas nuestras cosas, y antes de fin de año, ya estábamos instalados en el departamento de San Bernardo.

Yo no conocía la ciudad, y salimos a recorrerla con Marce en el auto, antes de que comenzara a trabajar los primeros días de enero, incluso aprovechamos un par de días para ir a la playa.

Recibimos el año nuevo, cómo lo hacíamos los últimos años, en la playa, junto al mar, y esta vez brindamos, por nuestra nueva vida y por mamá!

El dos de enero, Marce empezó a trabajar, él ya conocía el trabajo y por suerte, el hombre que trabajaba allí, tenía experiencia y buen trato.

Rápidamente se acostumbró a la ferretería, y yo comencé a ofrecer los productos de Doña Lidia en bares y casas de comidas, una semana después ya tenía cinco clientes.

Me encantaba esperar a Marce con el almuerzo preparado, teníamos un rato para estar juntos, y yo lo disfrutaba, cómo cada momento que paso con él.

Al igual que en el departamento de Gesell, me dejó la habitación a mí, que tenía una cama de dos plazas, y el dormía en una cama en el comedor, que también durante el día, funcionaba como un sillón.

Llegó mi cumpleaños y también el de Marce, que por supuesto, los festejamos los dos solos.

En el mes de Marzo, los primeros días, Marce llegó una tarde de trabajar y entró un poco serio, pensé que habría tenido algún problema en la ferretería, y cuando le pregunté me dijo que no pasaba nada.

Durante la cena hablamos de trabajo y de otras cosas, pero no estaba alegre como otros días.

Después de cenar le preparé la cama y nos acostamos a dormir.

Los días siguientes, lo noté de esa forma, más callado que lo habitual, en un par de oportunidades, lo noté con la mirada fija en ningún lugar, como si estuviera triste por algo.

Un par de veces le pregunté si estaba bien, y me volvió a decir que no pasaba nada. No quise insistir, se me ocurrió pensar, que quizás estaba extrañando un poco la vida en Gesell.

Un sábado en la tarde, después de almorzar, me dijo que le habían contado de un equipo de fútbol que estaba buscando jugadores, y que iba a ver el partido, cuando le pregunté si quería que lo acompañe, me dijo que no hacía falta, que descansara.

No le insistí, quizás necesitaba estar un tiempo solo.

El domingo en la tarde, después del almuerzo, se acostó a dormir una siesta, cosa rara en él, nunca dormía siesta.

Me fui a la habitación para no hacerle ruido, y tirada en la cama, me puse a pensar que le estaría pasando, y si algo le pasaba, ¿porque no lo hablaba conmigo? ¿Estaría arrepentido de habernos venido a San Bernardo? Aquí aún no teníamos amigos ni él ni yo, y quizás le estaría faltando eso.

El fin de semana siguiente, el sábado en la tarde, volvió a dormir la siesta, y luego de cenar, me dijo que saldría a tomar algo.

Por supuesto le dije que estaba muy bien, no me dijo si salía con alguien, o sí iba solo.

A eso de las doce de la noche me acosté, y mi cabeza no paraba de pensar, aunque el trato entre nosotros seguía siendo muy bueno, lo notaba algo distante, antes lo hablábamos todo, pero ahora sentía que algo no me estaba contando, ¿habría conocido a alguna chica? ¿Extrañaría a la rubia que lo perseguía? Ya no sabía que pensar.

Así pasaron varias semanas, sábados y domingos dormía la siesta, y los sábados en la noche, salía.

Los domingos mientras almorzábamos, le preguntaba cómo le había ido en la noche anterior, y siempre me decía que bien, pero no me daba más detalles.

No sabía bien que hacer, y unos días después, estábamos terminando de cenar, y le volví a preguntar.

-PALOMA: Marce, ¿te pasa algo?

Y en un tono raro en él, como fastidiado, me respondió.

-MARCELO: Nada Mita! Ya te dije un montón de veces que no me pasa nada!

Esa respuesta me dejó sin palabras, que yo lo recordara, era la primera vez que me hablaba así, y para que no me viera llorar, me puse a levantar la mesa, y me quedé llorando en la cocina.

Terminé de lavar los platos, y me fui a mi habitación y me tiré en la cama a seguir llorando.

Antes de quedarme dormida, llegué a pensar qué la cosa era conmigo, la distancia y esa forma de hablarme, me decían que estaba así por mí, que yo era la culpable de lo que le pasaba, y empecé a pensar, ¿qué hice mal? ¿Qué pude haber dicho o hecho que le haya molestado?

Me dormí muy triste esa noche.

En la mañana creí que quizás me diría algo, pero tan solo desayunó y se fue a trabajar.

Me quedé haciendo las cosas de la casa y cocinando, pero no podía dejar de pensar.

Cerca del mediodía, me dijo que no venía a almorzar, tan solo eso. En otro momento me hubiera contado el por qué, pero esta vez no había dicho nada más.

Me sentía mal, muy triste, no podía ver así a la persona que más quiero en el mundo, y sin saber qué hacer para remediarlo.

Los días seguían pasando, y yo me sentía cada vez peor, después de la última contestación, ya no quise preguntarle que le pasaba, pero lo veía más serio y triste.

Un sábado en la noche, después de cenar me dijo que salía a tomar algo, le dije que estaba bien, se cambió y se fue.

Yo terminé de ordenar todo y me fui a acostar.

En la cama me largué a llorar, no podía verlo así, sin saber lo que le pasaba y sin saber que hacer o decir para que esté mejor.

Llorando me quedé dormida, pero cuando lo escuché llegar, miré la hora, eran casi las dos de la mañana y me extrañó que volviera tan temprano.

Lo escuché ir al baño, y luego volver al comedor.

Desde la habitación, podía ver que la luz de la lámpara pequeña, aún seguía encendida, y supuse que aún estaría despierto.

Pensé en ir a hablar con él, pero no me decidía, no sabía si quería hablar conmigo.

Me senté en la cama, y lo volví a pensar, ¿voy o no voy? ¿Querrá hablar conmigo? ¿Querrá compartir conmigo lo que le está pasando?

Tomé coraje y salí de la habitación en dirección al comedor, antes de llegar lo vi sentado en su cama, sus codos apoyados en sus rodillas, y sus manos sosteniendo su cabeza, la mirada triste y llorando.

-PALOMA: Marce, ¿qué pasa? ¿Por qué estás llorando?

-MARCELO: Es que ya no puedo más Mita!

Me senté a su lado, lo abracé apoyando su cabeza en mi hombro.

-PALOMA: No puedo verte así Marce! Contame lo qué te pasa! Solucionémoslo juntos!

-MARCELO: Es que lo que me pasa me está matando y no tiene solución!

Tome su cara con mis manos, para que me mirara a los ojos.

-PALOMA: Estoy segura que tiene solución Marce! Contame por favor!

-MARCELO: Es que es una locura Mita! Ni yo me lo puedo explicar!

-PALOMA: Por favor Marce, contame lo que te pasa, dejame ayudarte! Sos la persona más importante de mi vida, y quiero verte bien! Es lo único que me importa!

Había estado tomando, en su aliento se notaba.

-MARCELO: No puedo parar de pensar que es una locura! Es una locura Mita! Nunca creí que pasaría, pero no lo pude evitar!

-PALOMA: Por favor Marce, decime qué es eso que te atormenta!

-MARCELO: Prométeme que no te vas a poner mal, qué vas a tratar de entenderme!

-PALOMA: Claro que sí! Nada de lo que pueda pasar, hará que deje de quererte!

Se quedó un momento en silencio, mirándome a los ojos, sus lágrimas no dejaban de caer, y supuse que estaría tomando coraje para decirlo.

-MARCELO: Mita...

Volvió a hacer otra pausa, yo estaba desesperada, qué podía ser lo que lo tenía así, quise dejarlo hablar, pero que supiera que yo estaría ahí sea lo que sea.

-PALOMA: Estoy acá Marce! Para vos!

-MARCELO: Mita... Lo que pasa es que... Es que ya no me lo puedo guardar más!

Veía que le costaba decirlo, creo que por temor a mi reacción

MARCELO: Es que… me di cuenta... Me di cuenta que estoy enamorado de vos Mita!

No me lo esperaba, y en ese momento mi corazón, se me salía del pecho. Mi hermano me estaba confesando, lo que yo no había podido decirle, me estaba diciendo que sentía por mí, lo que yo sentía por él desde hacía tanto tiempo.

Supongo que por mi cara de sorpresa, Marce bajando la mirada, me dijo:

-MARCELO: Perdón Mita! Sé que es una locura pero es lo que siento! Y ya no puedo ocultarlo más!

Esta vez fui yo la que tomó aire, le volví a tomar la cara para que me mirara a los ojos, y con lágrimas también en los míos, le dije:

-PALOMA: Es una locura Marce! Claro que es una locura! Pero es lo mismo que siento por vos hace mucho tiempo! Pero yo nunca me atreví a decírtelo!

Ahora la sorpresa en la cara era la suya.

-PALOMA: Hace tiempo que te amo en silencio! y también siempre pensé que era una locura, porque somos hermanos, pero nunca pude ver a ningún otro chico como a vos, y me moría de celos por dentro cuando se te acercaba alguna mujer!

-MARCELO: Trataba de sacarte de mi cabeza, pero es imposible, cada vez que te veo, cada vez que me mirás, que me atendés, que te preocupas por mí, no hace más que confirmar lo que siento por vos.

-PALOMA: Sé que para todos los demás, seguramente, seremos unos enfermos, pero nada me importa, lo que siento por vos es tan profundo que nada me importa.

-MARCELO: Mita, desde hace tiempo me di cuenta, no puedo pensar mi vida sin vos! Y en este último tiempo no sabía ya más como frenarlo, por eso estaba tan mal!

-PALOMA: Ya no estés mal mi amor! Nos vamos a seguir queriendo pero más aún! Ahora vamos a estar más juntos que nunca!

-MARCELO: Es lo único que quiero! Estar con vos!

-PALOMA: Si mi amor! Nada ni nadie nos va a separar! Somos dos locos!

-MARCELO: Pero dos locos que se aman!

Me abrazó, apoyé mi cara en su pecho, y ya nada más me importó.

Acarició mi cabeza suavemente, su respiración se fue tranquilizando y levantando la cabeza, busqué su mirada con una sonrisa.

Me devolvió la sonrisa y acercando su cara a la mía, nuestros labios se juntaron en un suave beso.

Tantas veces lo había imaginado, tantas lo había deseado, y al fin se estaba haciendo realidad.

Fue un beso tierno, suave, con mucho amor, cerré mis ojos y me entregué a sentirlo, en ese momento no había más nada en el mundo.

Seguimos abrazados un buen rato, Marce acariciaba mi cabeza, y yo su espalda.

-PALOMA: Marce, no me importa lo que digan los demás, aunque aquí nadie nos conoce, sólo don José y tu compañero de trabajo, pero así y todo no me importa, desde hace tiempo nos tenemos solo el uno al otro, y estoy segura de esto que me pasa!

-MARCELO: Yo también Mita! No me importa lo que digan los demás! Lo único que me importa es estar con vos! Estar siempre con vos!

-PALOMA: Y así vamos a estar! Siempre juntos mi vida!

Lo tomé de la mano y de camino a la habitación, le dije que a partir de ese momento, dormiríamos juntos en mi cama.

-PALOMA: Esos días en Florianópolis, me hicieron ver que es lo que deseaba, dormir con vos cada noche, y despertarme a tu lado.

-MARCELO: Es lo que deseo desde hace mucho tiempo!

Nos acostamos abrazados y entre tiernas caricias nos quedamos dormidos.

El domingo me desperté cerca de las once de la mañana y Marce aún dormía, lo abracé sin culpa pegando mi cuerpo al suyo, y lo llené de besos, pero tratando de no despertarlo.

Después me levanté al baño, y en silencio fui a la cocina a preparar el desayuno.

El día estaba lluvioso, y se me ocurrió pensar, que quizás después de almorzar, nos podríamos entregar el uno al otro, y sellar nuestro amor.

Volví a la habitación con el mate y unos bizcochos y Marce ya estaba despierto.

-PALOMA: Buenos días mi amor!

-MARCELO: Buenos días mi vida!

-PALOMA: Es un día horrible, llueve y está fresco!

-MARCELO: Nos tendremos que quedar en casa!

-PALOMA: Nada me gusta más!

Mientras tomábamos los mates, estuvimos hablando de nosotros, de cómo nos habíamos sentido en los últimos tiempos, le conté de Dora, de las conversaciones que había tenido con ella, y lo que me había ayudado a darme cuenta de lo que me pasaba.

Marce me dijo que él no había podido hablarlo con nadie, que incluso había pensado en empezar terapia, para que se le pudieran aclarar las cosas.

Nos quedamos el resto de la mañana en la cama, luego me levanté a preparar unos fideos, y también los comimos en la cama.

Después de juntar todo, volví a la cama con Marce, me abracé a él y entre caricias me quedé dormida.

Al rato me desperté, y Marce me estaba mirando, él no se había dormido.

-MARCELO: Sos hermosa Mita! Sos la más hermosa del mundo!

-PALOMA: Vos también amor mío, sos el más lindo del universo! Y quiero decirte algo!

-MARCELO: Decime corazón!

-PALOMA: Nada me haría más feliz en este mundo, que ser tu mujer y que vos seas mi primer hombre!

-MARCELO: ¿De verdad?

-PALOMA: Sí mi amor, desde hace mucho tiempo lo deseo, no sabía si tendría la oportunidad, pero ahora quiero ser la mujer que te haga feliz, en todos los aspectos, de todas las maneras, te entregué mi corazón, y quiero entregarte también mi cuerpo.

-MARCELO: Escuchar eso me hace el hombre más feliz del mundo!

Me arrodillé en la cama y me saqué la remera y luego el pantaloncito de dormir.

-PALOMA: El resto te lo dejo a vos!

Marce se sacó la remera y el short.

-MARCELO: El resto vos! Aunque vos ya me conoces desnudo!

-PALOMA: Eso es verdad, vos a mí no me conocés desnuda! Pero eso tiene solución!

Pasé mis manos hacia atrás y me desprendí el corpiño, y me lo quité quedando en tetas frente a él, y su erección no se hizo esperar.

-PALOMA: Cuándo tuviste el accidente, y te ayude a bañarte, la primera vez que te vi desnudo, me sorprendió que estuvieras depilado.

-MARCELO: Desde hace mucho tiempo lo hago, me resulta más cómodo.

-PALOMA: Pensando en que quizás te pudiera gustar así, también me depilé toda!

Recostándome en la cama, me saqué la bombachita.

Marce miraba mi cuerpo, y a mí me encantaba que lo hiciera, podía ver el deseo en su mirada.

Luego se sacó su bóxer y por primera vez veía perfectamente su pija bien dura.

Me pareció enorme al verla, y pensé que semejante miembro no me iba a entrar.

Desnudos los dos, nos volvimos a abrazar y a besar, sentir su cuerpo desnudo me lleno de felicidad y no pude evitar las lágrimas, sentir sus manos acariciando mi cuerpo, y su boca en la mía, una delicia.

Besó mi cuello, y fue bajando hasta mis tetas, las acarició y las besó suavemente.

Cuando mis pezones terminaron en su boca, mi conchita ya estaba empapada, estaba deseando ser suya.

-PALOMA: Marce, nunca lo hice, no tengo experiencia!

-MARCELO: Eso no importa! Yo tampoco soy un gran experimentado! Aprenderemos juntos!

-PALOMA: Conmigo no hace falta que uses preservativos, hace casi dos años que tomo pastillas para regular el ciclo, y no hay peligro de quedar embarazada, además me gustaría sentirte plenamente.

Acariciaba su pija con mi mano, y me seguía pareciendo enorme, pero así y todo, le dije que deseaba con el alma y con el cuerpo ser suya, qué mi amado Marce sea mi hombre, mi primer y único hombre.

Me dijo que sería muy cuidadoso, y que no me haría ningún mal.

Bajó besándome las tetas y la panza, hasta llegar a mi entrepierna, su lengua la recorrió por completo, y le di mi primer orgasmo, solo para él.

Volvió a besarme, y me dijo que lo hiciéramos cuando yo estuviera preparada.

Le dije que lo hiciéramos ya, que ya estaba segura y preparada, y que además lo estaba deseando desde hacía tiempo.

Se ubicó entre mis piernas, y su glande rozó mi vulva de arriba a abajo, iba y venía, y yo ya estaba a punto de tener otro orgasmo.

-PALOMA: Métela amor mío! Quiero dártelo! Quiero que seas mi hombre!

Sentí su glande abriéndose pasó entre mis labios, estaba tan mojada qué resbalaba.

-MARCELO: Voy corazón! Por favor decime si te hago mal y me detengo!

-PALOMA: Es ahora! Y no te detengas, quiero ser tuya!

Lo sentí entrar, y en un momento detenerse, supongo que al encontrarse con mi himen, moví mis caderas, y él siguió penetrando, iba muy lento y muy suave, y en un movimiento mío de cadera hacia adelante, sentí el pinchazo, un pequeño dolor, una molestia qué siempre creí que sería mayor.

-PALOMA: Ya está mi amor! Ya soy tuya! Métela toda!

Marce esperó un momento, me besó muy tiernamente y me dijo que me amaba.

Poco a poco esa molestia fue cediendo, dándole pasó al mayor placer de mi vida, el de sentir a mi hombre dentro de mí.

Sus penetraciones eran lentas y pausadas.

-PALOMA: Sí mi amor! Así! Soy toda tuya! Solo tuya!

Aceleró un poco la penetración y sintiéndolo bien dentro de mí, tuve otro orgasmo, en ese momento hubiera querido tener dos manos más, para tocar todo su cuerpo, le tocaba la espalda, el culo, los brazos, la cabeza, lo besaba, estaba gozando entre lágrimas, como nunca creí que lo haría.

En el momento que me dijo que estaba por acabar, le dije que lo hiciera dentro, qué quería sentirlo, y en el momento que eyaculó en mi interior, le di el tercer orgasmo.

Las lágrimas me caían, me reía y lloraba a la vez, pero de felicidad, mi corazón iba al galope, me sentía plena.

Si el mundo se hubiera terminado en ese momento, hubiera muerto feliz.

Después de hacer el amor de esa manera tan maravillosa, nos dormimos un rato abrazados y entre besos.

Cuándo nos despertamos, Marce me dijo que se iba a dar un baño, y yo le dije que iba con él.

Ahora podría bañarlo al completo, y nos bañamos mutuamente.

-MARCELO: Sos hermosa Marce! Me siento feliz!

-PALOMA: Quisiera que me digas lo que te gustaría hacerme y que te haga, quiero complacerte, en lo que me pidas, quiero que me enseñes, quiero ser la mejor mujer para vos!

-MARCELO: Ya sos la mejor mujer para mí! Y ya nos iremos conociendo, íntimamente digo, el resto ya nos conocemos bien!

Nos secamos y volvimos desnudos a la cama.

Por supuesto lo volvimos a hacer, y esta vez fue mejor aún que la primera, volvió a eyacular en mi interior en mi segundo orgasmo.

Comimos algo y volvimos a la cama, y por supuesto, lo volvimos a hacer, esta vez le dije que quería hacerle sexo oral, qué me enseñara cómo le gusta, y me encantó hacérselo, no me entraba toda en la boca, pero me dijo que lo hacía muy bien.

Dos orgasmos más le di esa noche, y luego nos quedamos dormidos.

Había comenzado nuestra nueva vida, juntos, bien juntos, y sobre todo nuestra maravillosa vida sexual.

Día tras día nos dábamos cuenta la atracción que teníamos el uno por el otro, hacíamos el amor casi todas las noches, quizás intentando recuperar el tiempo perdido.

También nos encantaba bañarnos juntos, y rememorando los baños de cuándo Marce, había tenido el accidente, llevábamos la silla blanca al baño, y mientras lo bañaba, ahora sí lo tocaba todo, y varias veces, terminamos haciendo el amor bajo el agua, sentados en la silla.

Los dos éramos muy calientes, y había fines de semana, qué no salíamos de casa, nos hacíamos el amor varias veces.

Por supuesto empezamos a experimentar, a darnos placer de muchas formas, a Marce le encantaba que se la chupara, y a mí me encantaba darle placer con mi boca, un tiempo después, le pregunté si le gustaría acabarme en la boca, y cuando me dijo que sí, lo hicimos y pasó a ser una de nuestras prácticas habituales, a mi me encanta, es otra forma de tenerlo dentro mío.

También empecé a comprarme ropa interior más sexy, siempre había usado conjuntos básicos de algodón, casi todos blancos, pero ahora los compraba, bien chiquitos y en varios colores, y a Marce le encantaba.

Cuándo compraba algún conjunto nuevo, lo esperaba al llegar del trabajo, solo con eso puesto, y había noches en que ni siquiera cenábamos, por irnos apurados a la cama.

Nuestra vida era plena, si antes nos llevábamos muy bien, ahora mucho más, sobre todo por la complicidad que teníamos en el plano sexual.

Nos pusimos de acuerdo en qué nadie supiera que somos hermanos, al único que se lo contaríamos, sería a don José, ya que él nos conoce desde hace mucho tiempo, en San Bernardo nadie nos conocía, y a partir de ahora, para todo el mundo, éramos una pareja.

Un par de meses después, don José vino a San Bernardo un sábado, venía a ver un departamento con intensiones de comprarlo.

Marce lo invitó a almorzar, y aceptó encantado.

Mientras comíamos, Marce decidió contarle sobre nuestra relación.

-MARCELO: Don José, queríamos aprovechar que ha venido hoy para contarle algo.

-JOSE: Claro hijo, decime, aunque si es lo que imagino, me alegraré mucho!

-MARCELO: Le queríamos contar, que a pesar de ser hermanos, con Paloma nos hemos enamorado, y desde hace un tiempo estamos viviendo como pareja.

-JOSE: Ya les digo hijos, no me sorprende, y me parece bárbaro, que no les importe lo que piensen los demás, siempre vi como se quieren, como se cuidan, como se miran, y sabía que tarde o temprano, así sería. Les deseo que sean tan felices como puedan imaginarlo. Y desde ya les digo, qué me siento feliz por ustedes y que por mi boca nunca nadie lo sabrá!

-MARCELO: Gracias don José, de todos modos, aquí nadie nos conoce, y para todos somos una pareja!

Parece que don José la tenía más clara que nosotros, creo que se había dado cuenta mucho antes.

También quise llamar a Dora para contarle lo feliz que estaba, y al saberlo, también ella se puso feliz por mí, y me dijo que si en algún momento iba para Gesell, que pasara a saludarla, quería darme un abrazo.

Habían pasado cinco o seis meses, y una tarde Don José llamó a Marce diciéndole que tenía que hablar con él, Marce le preguntó si el vendría para San Bernardo, o quería que fuera él a Villa Gesell.

Don José le dijo si podía ir el sábado por la tarde para Villa Gesell, y para allí fuimos.

Llegamos a Gesell, y fuimos a la casa de Don José.

Nos ofreció tomar unos mates, y por supuesto le dijimos que sí.

-JOSE: Hijo, los hice venir hasta aquí, porque necesitaba hablar con ustedes.

-MARCELO: Dígame Don José!

-JOSE: Sabés lo que te aprecio desde que trabajas conmigo, y la confianza que te tengo, quería decirte qué tengo un problema serio de salud, me detectaron un cáncer de páncreas, y no me han dado buenas perspectivas.

A Marce se le llenaron los ojos de lágrimas

-MARCELO: Cuánto lamento escuchar eso don José, ¿no puede operarse o hacer algún tratamiento? ¿Ver a algún especialista en Buenos Aires? ¿Hacer algo más?

-JOSE: Ya he ido a Buenos Aires hijo, también a un especialista en Mar del Plata, me han hecho un montón de estudios, y todos llegan a la misma conclusión, no tienen solución.

-MARCELO: Dígame usted lo que puedo hacer, estoy para lo que necesite!

-JOSE: Ya lo sé hijo! Siempre fuiste como un hijo para mí, ese hijo que no pudimos tener con Aída, y desde que ella se fue, has sido la persona más cercana, y por eso es que quería que vinieras. Ya tengo listo los papeles, para que las dos ferreterías pasen a tu nombre, quiero que sean tuyas, y que vos hagas con ellas lo que creas necesario. Las propiedades, quedarán para mi hermana y mis sobrinos, menos el departamento en que ustedes están viviendo, ese también quiero que sea tuyo.

-MARCELO: Pero don José...

-JOSE: Sin peros Marcelo, ustedes tienen toda una vida por delante, y a mí me queda poca cuerda, disfruté de mi vida, ahora les toca a ustedes hacerlo. Ni mi hermana ni mis sobrinos se van a ocupar de las ferreterías, mi hermana es tan vieja como yo, y mis sobrinos tienen sus profesiones. Es mi deseo que sean para vos, conocés bien el negocio y siempre lo hiciste muy bien.

-MARCELO: Don José, no podemos aceptar eso, es mucho!

-JOSE: No hijo, al contrario, sos una buena persona, y mereces mucho más! Acéptalo por favor, es mi deseo.

Marce le dio un abrazo a don José, y lloramos los tres.

A partir de ese día, Marce se ocupó de Don José, viajaba permanentemente a Villa Gesell, para llevarlo a los médicos, y hacerle compañía.

Le contrató dos enfermeras que estaban todo el tiempo con él, y por las noches, una vecina se quedaba en su casa a cuidarlo.

Casi dos meses después, Don José falleció, en la clínica de Villa Gesell, dónde hacía tres días que estaba internado, y en los que Marce estuvo todo el tiempo a su lado.

Pasados esos días en qué Marce estuvo muy triste, empezamos a pensar en qué hacer, sí quedarnos en San Bernardo o volvernos a Villa Gesell.

Después de casi un mes de ir y venir de una ferretería a la otra, Marce decidió vender la de Villa Gesell, y quedarnos con la de San Bernardo.

Don José había dejado todo arreglado, incluso el departamento donde vivíamos estaba a nombre nuestro, y no nos había dejado correr con ninguno de los gastos.

Con el dinero de la ferretería, y la venta del departamento en que vivíamos, compramos una casita en Costa Azul, casi La Lucila del Mar.

No era muy grande, pero tenía un lindo jardín adelante, y un pequeño fondo.

Una tarde, al llegar del trabajo, Marce me dio una sorpresa que no esperaba, había decidido cerrar la ferretería por vacaciones en el mes de abril, durante quince días, y volveríamos a Florianópolis, pero esta vez, como pareja.

Decidimos ir al mismo hotel, y disfrutarlo por completo, durante el vuelo, íbamos diciendo, que si Adrián aún trabajaba allí, cuándo nos dijera, “Buenas noches parejita”, tendría toda la razón del mundo, esta era por así llamarla, nuestra luna de miel.

Esta vez estuvimos doce días en Brasil, y además de Florianópolis, estuvimos en Camboriú y de regreso, dos días en las Cataratas del Iguazú.

En ese viaje no nos privamos de nada, nuestra situación era un poco más holgada que en el viaje anterior, y nos dimos varios gustos.

Por supuesto, nuestra intimidad fue maravillosa, entre las cosas que nos faltaba probar, en esas noches de pasión en el hotel, probamos el sexo anal, que por supuesto, pasó a ser una de las prácticas de nuestra sexualidad.

No podía pedirle más a la vida, seguiríamos trabajando, Marce en la ferretería, y yo cocinando, me gustaba tanto, que a pesar de no necesitarlo, quise seguir haciéndolo, aunque con pocos clientes, y luego de que consiguiera cocinar para el complejo turístico “Mi Destino”, solo hacía trabajos por encargue.

Mora y Gabriel me abrieron las puertas de su casa, congeniamos rápidamente con Mora, tiene muchas actitudes que me recuerdan a mamá, sobre todo en la forma que me cuida y me aconseja, y hoy puedo decir que es como mi segunda madre.

Luego de un tiempo y de contarnos nuestras vidas en esas charlas de cocina, le terminé contando mi vida y mi historia con Marce.

Alguna vez le dije a Marce, si no quería que cambiáramos el auto, pero me dijo que por el momento, seguiríamos con este, en agradecimiento a don José.

Muchas veces hablábamos con Marce, en cómo nos había cambiado la vida, a pesar del dolor de la muerte de don José, teníamos un presente muy tranquilo, con mucha paz, pero por sobre todo lleno de amor, y mucha, pero mucha pasión.

Fin.

Epílogo

Mora: Con el trato diario, fui conociendo a una chica divina, de buen corazón, trabajadora y buena persona, siempre de buen humor y por sobre todo, con una alegría en su ser muy pocas veces vista en estos tiempos.

Poco a poco fuimos siendo cada vez más confidentes, cuando Marcelo la venía a buscar, muchas veces se ha quedado charlando con nosotros, y era innegable el amor con que se miraban, como se trataban, como se cuidaban el uno al otro.

Luego de unos meses de trabajar con nosotros, una mañana, mientras esperaba que Marcelo la viniera a buscar, tomábamos unos mates y hablábamos de cómo se notaba el amor que se tenían, y sin esperármelo, me terminó contando que Marcelo era su hermano.

Cuando me lo contó, creo que con un poco de vergüenza por lo que pudiéramos llegar a pensar de ellos, me salió darle un abrazo y decirle que nunca tendríamos un problema con eso, que nunca los juzgaríamos y que estaba feliz por ellos, por tener el coraje de asumirlo y vivir ese amor de la mejor manera, y eso…, eso estaba a la vista.

Si me preguntaran como es Paloma, sin lugar a duda, les diría, es feliz!

Gabriel: Cuando Mora me lo contó, en verdad no me importó que sean hermanos, en el fondo son un hombre y una mujer que se aman profundamente y son felices viviendo la vida que han elegido vivir.

No soy quien para juzgarlos, los cánones sociales no abalan este tipo de relaciones, pero el amor que se tienen, es de admirar, y a mí, como siempre digo, las historias de amor me pueden!

jejen

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