INFIDELIDAD PLACENTERA EN LIBERTAD (Segunda parte)
Él siempre ha soñado con verla con otro, pero nunca imaginó que el deseo de su primo fuera tan voraz. Esta vez, la puerta se abre de par en par y la fantasía se vuelve realidad en la cama de su matrimonio.
Ya sabéis como transcurrió la primera parte de lo que os estoy contando, y os aseguré que continuaría; pues aquí tenéis la continuación. Es bastante más explícita, necesariamente.
Estábamos convencidos de que, lo que habíamos comenzado con su primo, tendría sucesión, y no pasaron muchos días para tener la oportunidad de poder comprobarlo.
Llegué a casa a última hora de la tarde con cierto entusiasmo por el regalo que le había comprado a mi mujer, como una sorpresa diferente a las habituales; soy muy dado a presentarme de vez en cuando con algún obsequio, me complace hacerlo y a ella le encanta, aunque de vez en cuando me riñe por gastarme el dinero, sobre todo si el regalo es caro, y esta vez lo fue, y me riñó un poco. En esta ocasión no podía esperar lo que contenía aquel paquete adornado con un precioso lazo que la empleada de aquella tienda se había ocupado en realizar.
Cuando lo abrió, realmente quedó sorprendida, pues se trataba de un precioso body, realmente exótico, de color blanco con espectaculares bordados que adornaban su hechura, de línea especialmente provocativa en muchas de sus terminaciones, como era aquel doble broche que coincidía con esa parte que todos terminamos buscando para comérnoslo o penetrarlo; era como ponerle una barrera de encaje a su coño, de forma que al desabrocharlo se pudiera llegar directamente hasta él para disfrutarlo.
Le pedí que se lo probara, y lo hizo. Cuando salió de su habitación no daba crédito a tanta belleza; me encantaba como realzaba su figura, ciñéndose a su cuerpo y dejando adivinar cada una de sus zonas más íntimas, de ansiado bocado. Cuando desfiló graciosamente por el salón para que le diese mi opinión, contemplé el culo mejor trazado que jamás había visto en mi vida, con un pecho perfectamente colocado, y un coño insinuado a través de una delicada transparencia que invitaba a disfrutar de un más que apetitoso manjar.
Me pareció tan deliciosamente atractiva, la más autentica representación del erotismo, tan sexualmente incisiva en mis sensaciones, que en ese mismo momento quería haberla gozado. Pero teníamos una hija que nos lo impidió cuando llegó de jugar de la calle. Entendimos que lo debíamos dejar para más tarde, a la hora de irnos a la cama.
En ese momento sonó nuestro teléfono. Fue ella quien lo descolgó. Pude observar cómo cambió la expresión de su rostro en un instante; tenía un gesto entre sorpresa y cierto rubor, y alguna alegría que iluminaba su rostro. Comenzó a contestar con frase entrecortadas, que no podía completar para no delatar a quien estaba al otro lado del auricular, ni de lo que estaban realmente hablando. Procuró dar pistas de mi presencia inmediatamente y de lo que dijo solo pude extraer algún esbozo, vago de significado: «Pues si… está aquí» «Vale…si tú quieres» «Yo también…de verdad.» «Cuando tú quieras» «Me gustaría…pero ya veremos cómo lo hago» «Eres un exagerado…»«Puede ser…o lo podemos pensar» «A ver si es posible…yo encantada» Y así un largo etcétera de comentarios, algunos de ellos envueltos en un tono más o menos meloso. Tengo que ser muy sincero y decir que imaginé desde sus primeras palabras de quien se trataba, y no me equivoqué; era su primo. También tengo que ser fiel a la verdad y reconocer que sentí ese cosquilleo de la inquietud que desestabiliza un tanto el comportamiento, y a la vista de que no terminaban la conversación, que ya duraba varios minutos, durante los cuales ella estaba emocionalmente cada vez más implicada, le hice a mi mujer una seña solicitándole que cortase el rollo. Entonces sus últimas palabras para despedir al llamante fueron «Vale, yo se lo digo a ver qué le parece….pero yo no te llamo, llámame tú mañana cuando quieras….vale. Un beso»
Cuando colgó, yo podría haber disimulado preguntándola que quien era, pero fui directo al grano:
—¿ Que quería tu primo?
—Pues que quiere saber cuándo puede venir a pasar un rato….a tomar un vinito con nosotros una tarde de estas—respondió mi mujer aún inmersa en la aureola emocional de la llamada.
—Ese lo que quiere es venir a verte a ti.
—Me ha dicho que quiere venir una tarde y no ha dicho que a verme a mi sola….sin embargo, cuando ha llamado esta mañana, me ha dicho otras cosas.
—¡ Ah, que ya te había llamado esta mañana…¿y esta mañana que quería?
—Si le hubiera dejado quería venir en ese momento. Está disparado. Me decía unas cosas que se le nota que quiera estar conmigo sea como sea.
—O sea, que está como loco por echarte un polvo. Quiere repetir faena—añadí con alguna ironía.
—Pues yo creo que sí, a juzgar por sus palabras.—respondió mi mujer con su habitual naturalidad, como si de beber agua se tratase.
—¿Qué te ha dicho?
—¿Esta mañana o esta tarde?
—No me vaciles….solo quiero saber qué te decía?
—Es que la conversación ha sido muy distinta. Esta tarde me ha dedicado algunas tonterías y cumplidos, porque sabía que estabas aquí, yo se lo he dado a entender para que no se pasara, como podrás comprender no podíamos hablar claro…me decía que me quiere, que no ha conocido una mujer como yo en su vida, que le gustaría darme un millón de besos, que lo dejaría todo por mí, y, como te he dicho, que te preguntase si tienes algún inconveniente en que venga a pasar un rato con nosotros…
—¿ Y por la mañana…? porque según tú la cosa ha sido muy distinta.—insistí con cierta acidez en la pregunta.
—Pues para empezar lo primero que me ha dicho es que nunca había conocido un coño tan rico como el mío, que jamás había notado una raja tan suave y húmeda como la mía, que quería comerme de arriba abajo y follarme sin parar hasta morirse de gusto. Que quería echarme un kiki como nunca lo he hecho con mi marido, y que no le importaba si me quedaba embarazada o no, porque él se hace cargo de las consecuencias. Por cierto, esto último me pareció una tontería muy grande. El caso es que pretendía venir sabiendo que tú estabas trabajando. Incluso yo creo que ha calculado el tiempo del que disponíamos para echar un par de polvos y marcharse. Estoy segura de que es lo que buscaba.
—¿ Y tú que le has contestado?
—Bueno, le he seguido un poco la corriente. Pero le he aclarado que no quería andar con planes de si voy y si vengo a escondidas. Le he dicho que todo tiene que ser más natural y sosegado. Me he permitido asegurarle que si un día vienes y él está aquí, no ocurrirá nada…incluso si se da la ocasión de que nos pilles en la cama. Le he dicho esto para que se centre un poco y se sosiegue, y le dé normalidad a esto. Porque supongo que a ti no te importe que venga alguna vez no estando tú…digo yo.
—No…claro que no me importa. Vamos a ver, prefiero que estemos los tres y lo pasemos bien. Pero si un día llego y os pillo follando, pues me agrego y ya está—respondí entre bromas y sentimientos de veras.
—Yo sé que quiere venir cuando esté sola, porque contigo se corta un poco. Pero también le gusta cuando tú estás. Lo que ocurre es que él tiene algo parecido a una asignatura pendiente, queriendo estar conmigo en la cama tranquilamente y follarme a tope, estando todo el tiempo conmigo echándome un Kiki, como él dice, porque considera que la primera vez no fue del todo bien, y quiere aprovechar cada momento que tengamos para ello.
—¿ Y en qué quedasteis por fin?—pregunté ya un tanto encandilado.
—En que te preguntaría a ti…sobre todo lo de venir por la tarde. Porque, espero que te parezca bien que lo de venir en otro momento sea cosa que decida yo.
—Por supuesto. A mí no me tienes que pedir permiso. Si te apetece que venga, pues que lo haga…y eres libre de hacer lo que quieras. Supongo que se lo has dicho a él.
—Cuando me llamó por la mañana no quedamos en nada en concreto. Si quieres cuando venga mañana a vernos sacamos la conversación y le damos a entender que no hay inconveniente en que venga en cualquier momento que quedemos, bien los tres o él y yo— propuso mi esposa convencida de que yo no pondría impedimento.
—Bien, tú lo has dicho. El cuándo, el cómo y el dónde lo decides tú…yo ya le daré a entender que a mí no me importa.
—Pues en eso quedamos.
—¿ A ti te apetece?—le pregunté a mi mujer esperando con interes una respuesta que sospeché que me satisfaría.
—Pues para qué mentirte…me gusta, y me resulta agradable. Además la novedad tiene algunas cosas buenas. Y eso que yo no tengo ninguna queja sobre ti. A los dos nos complace estar metidos en esto, pues nos damos ese gusto. Por cierto, me hace mucha gracia que él cree que me tienes desatendida, que follamos poco. Si supiera…
—Déjale que piense eso, si así se lo pasa mejor. Tu dile cosas que le animen para que te lo haga. Lo único que te pido es que me lo cuentes si lo haces algún día.
—Tenías que haberle oído cuando me llamó esta mañana. Si le hubiera valido se habría metido por el cable del teléfono. Estaba más salido que el pico de una mesa. Le notaba alterado y fue acelerándose en las palabras.
—¿ Qué te decía? —pregunté dispuesto a disfrutar con lo que me contase.
—Un montón de cosas. Comenzó por lo romántico y terminó diciéndome guarrerias de todo tipo. Me detallaba como le gustaría desnudarme poco a poco, quitarme las bragas con la boca y comerme el coño hasta que no pudiera más y tuviera que metérmela. Llegó a contarme que anoche tuvo que hacerse una paja pensando en que estaba conmigo. Dice que se corrió como lo hizo en mi coño en aquella ocasión y que llegó a pensar en la noche que estuvimos en el mesón y que se arrepiente de no haberme follado en ese momento delante de ti. Me prometió que la próxima vez tardaría más en correrse, que esperaría a que me corriese yo para corrernos los dos a la vez. Y siguió cada vez más acelerado. Yo creo que en realidad según hablaba conmigo se estaba masturbando, pues se lo noté en la voz. Y creo que fue así porque hubo un momento en que no se cortaba ni un pelo en decir barbaridades, como que le gustaría hacérmelo por todos los sitios, follarme por delante y por detrás, que en ese momento se imaginaba como le pedía que la follase más fuerte hasta desgastarse la polla de tanto sacarla y meterla en mi coño…. Todo eso y más cosas, que se me han olvidado ya de tanto que me dijo.
—¿Y tú que sentías en ese momento?—pregunté con cierto entusiasmo.
—Pues si te digo la verdad, al principio me lo tomé un poco en broma, como las típicas fanfarronadas con las que acostumbra a expresarse. Pero en la medida que la conversación iba evolucionando me fui poniendo calentita, Hubo un momento en que sentí ganas de que colgara y se viniera para casa. Pero no tenía claro si era lo más acertado. Lo que sí puedo asegurarte es que si hubiera venido le había recibido como a él le gustaría, dispuesta abrirme de piernas. Llegué a pensar cómo sería si apareciese en casa y le recibiera con una buena ración de besos para irnos después a la cama y desbocarnos. Además, cuando colgó el teléfono tuve durante algún tiempo la sensación de que iba a venir, decidido a sorprenderme. Tanto lo pensé que lo deseaba a tope. Me apetecía que llegara de pronto y me follara como la primera vez, sin quitarme las bragas, de pie en cualquier sitio de la casa... Pero no vino.
—¿ Por qué no le invitaste directamente? —pregunté deseoso de que lo hubiera hecho.
—Estuve a punto de hacerlo. Pero no acabo de tenerlo muy claro contigo. No sé si te puede disgustar otra vez, o si te complacería…estoy muy confusa. Y lo último que quiero es tener líos.
—Pues déjame que te diga algo, que espero que te sirva para aclararte las cosas. Si un día llego y le pillo encima de ti follándote, te prometo que ni os interrumpo. Si llego a casa y comprendo que estáis en la habitación seré lo más discreto que puedas imaginar. No os molestaría. Lo único que no puedo prometerte es que no me quede observando desde algún rincón, para disfrutar de la escena.
—¿Estás seguro de que si nos sorprendes retozando en la cama no liarás alguna de esas cuando te enfadas?
—Mira, solo con imaginarlo me va a explotar la polla, Ojalá llegue un día a tiempo de ver como follais. Yo creo también que se corta cuando yo estoy delante. Pero si no me ve, y procuraré que no me vea si os sorprendo, podéis hacerlo como queráis. Me gustaría observar cómo estrenáis posturas, las cosas distintas que os podáis hacer, como gimes de gusto, cómo te echa hasta la última gota dentro, oír lo que te dice y lo que le dices, contemplarte totalmente abierta para él sin ningún temor, y estar ahí, medio escondido, hasta que terminéis agotados. Si alguna vez intuyes que os estoy mirando, me lo brindas, te empleas más concienzudamente para que yo goce cuando te oiga jadear de gusto, y que de alguna forma relates lo que vas sintiendo, diciéndole que te folla como nadie lo ha hecho, asegurándole que nunca has jodido de esa forma, ni siquiera con tu marido, para que se acelere más y te dé con más fuerza cada vez…me encantaría escucharte decir esa cosas que me harían estallar de gusto, mientras te montas encima de él para que te la clave mejor, y así te veo de espaldas, y en ese caso, cuando cabalgues sobre su polla en esa postura, puedo asegurarte que, aunque yo este retirado, si presencio todo eso, habrá un momento que notes que te cae mi leche por tus nalgas de la tremenda corrida que saldrá disparada hasta tu culo…Eso es lo que pasaría, y nada de enfadarme. Otra cosa podría ser que me desmayase de tanto placer.
—Yo creo que hace mucho tiempo que él lo está intentando. Se ha inventado excusas, como la de venir a hacernos un plato cuya receta dice que domina como nadie, y que nos vamos a chupar los dedos—exclamó mi chica queriendo rebajar un poco el tono.
—Excelente, pues dile que venga un día y lo cocine, que nos haga esa receta de cocina y a ti te haga una buena comida…ya me entiendes. Que te siente en la encimera y se tome el aperitivo de tu clítoris y después te empotre contra la pared como él sabe hacerlo y que te deje el recuerdo de lo excitante que puede resultar follar mientras preparáis el guiso, y yo os miro para que se me abra el apetito, y luego almorzamos juntos los tres.—hice este comentario, evidentemente excitado mientras pellizcaba sus nalgas imaginándolas acariciadas por otras manos, las de su primo..
—Espero que me estes hablando en serio, y que te lo tomes de esa forma si un día ocurre todo eso que estamos diciendo. Ya me conoces, si me propongo una cosa la consigo, y con las ganas que tiene de metérmela no creo que me sea muy dificil encontrar la oportunidad—añadió mi mujer evidenciando bastante solidez en lo que decía, con una firmeza y convencimiento que erizaba mi piel.
—Pues se me está ocurriendo una idea… a ver qué te parece. Si quieres le invitamos mañana por la tarde. Te pones el body que te he comprado y se lo enseñas para que te dé su opinión sobre el regalo que te he hecho. Insinúale que si quiere estrenarlo estas dispuesta y nos lo podemos pasar estupendo. Cuando hables con él le dices que se traiga uno de esos buenos vinos, para ponernos a tono.
—Me parece muy buena idea. Mañana cuando me llame se lo digo. Pero..¿ y si vuelve a acelerarse y quiere venir enseguida y no esperar a la tarde, que hago?
—A mí me gustaría que la primera vez lo disfrutásemos los tres juntos. Después podéis quedar cuando queráis…incluso si te quieres ir con él algún sitio para estar más a gusto. Ahora bien, si no puedes evitarlo, déjale que venga, os lo pasáis un rato bien pero procuráis dejar un poco para luego, para disfrutarlo los tres.
—Bueno, bueno….que ya sabes que no será la primera vez.
—Quiero decir la primera vez en que soy consciente de que queréis follaros. Me gustará ver cómo te mete la polla hasta que se corra y ver cómo te quedas con su semen dentro para que yo te la meta inmediatamente después. Me encantará si lo noto en mi punta al metértela.
—Lo dices de una forma que parece que lo estás viendo. Pues vale, mañana cuando me llame le invito a que venga…por la tarde.
—Puedes decirle que no habrá límites de nada. Es decir, que intuya que vamos a jugar un buen rato a lo que deseemos. Tal vez diciéndole eso aguante las ganas de venir por la mañana y le parezca bien compartir un buen rato por la tarde.
—Lo que ocurrirá, es que se vuelva loco como entienda que nos vamos a montar una orgia. Precisamente recuerdo ahora otra de las cosas que me dijo por teléfono. Me dijo que nada le gustaría más que follarme delante de ti para que aprendas cómo se hace…
Reímos los dos al pensar en lo que su primo había dicho. No me importaba en absoluto que pensara en que podría follarla mejor que yo. No obstante utilicé a modo de broma la siguiente pregunta;
—¿Supongo que a ti no te guste más como te folla él, comparado conmigo?
—Tenéis vuestras cosas cada uno. Hay cosas que me pueden gustar más en uno que en el otro y viceversa. Él sabe tocarme como nadie con sus dedos, los maneja que me muero de gusto. Besa también muy bien….me gusta cómo me muerde suavemente la boca. Te soy sincera, igual que creo que nadie me follará como tú lo haces, él tiene algunas habilidades, como esa de besarme, que te supera., besa formidablemente. Me pone muy a tope.
—Entonces es por eso por lo que prolongáis tanto tiempo vuestros besos. ¿ No es así?—insistí un tanto suspicaz por la comparación.
—La verdad es que me encanta como me besa, ya te lo he dicho. No me cansaría de besarle todo el tiempo. Él dice lo mismo de mí, asegura que nadie le había besado como yo.
—Entonces también te provoca el deseo de fallártelo cuando te besa…supongo—pregunté, esta vez pensando en que no podría ser de otra manera.
—Pues si….todo va acompañado. Con el gusto que me da cuando me besa las ganas de que me haga más cosas aumentan.
—Estaría bien que pudiéramos saber en directo que es lo que más te gusta. Yo te beso, él te besa, yo te acaricio, él te acaricia…yo te la meto, él te la mete, y así comparas—propuse imaginando a un tiempo tan estupenda escena.
—Pues venga. Para saberlo no hay nada como comprobarlo…por ejemplo mañana.—dijo mi mujer muy convencida haciendo una broma de lo que realmente era un deseo..
Y así fue: a la tarde siguiente, mi mujer y yo, habíamos procurado quedarnos solos en casa. Le recibimos cuando el reloj marcaba las siete y media. Fue ella quien le abrió la puerta, y sin pensárselo dos veces le dio uno de esos besos que ella sabe dar cuando quiere, prolongando el placer infinitamente. «Buen comienzo» pensé yo, que me limité a contemplarlos desde el pasillo, siguiendo el curso de las manos de ese hombre que aprovechaba el intenso abrazo para recorrer la larga melena de una rubia preciosa, que se desplomaba en la entrega a modo de rendición, vencida por la sensación que aquellas caricias y aquellos labios le estaban produciendo.
Después de ese más que cálido recibimiento, apenas si acabó de entrar, él, algo nervioso, nos enseñó una botella de vino:
—Traigo un vinito para brindar y ponernos contentos.—dijo con exagerado entusiasmo.
—Pues enseguida saco las copas—respondí dirigiéndome a por ellas a la par que le saludaba.
—He puesto unos aperitivos. Voy a la cocina y os los pongo ya mismo, que este encuentro hay que celebrarlo. Vosotros iros al salón—sugirió mi mujer.
Acatamos la instrucción, y tal como nos indicó nos acomodamos en el sofá esperando a que ella trajera los platos. Tras unos segundos me levanté a buscar el sacacorchos en la cocina. Cuando llegué, mi mujer ya traía unas exquisitas viandas para acompañar el vino. La detuve un instante el paso, para susurrarle en voz baja:
—¿Te has puesto el body?—le pregunté.
—Lo llevo puesto….debajo del vestido.—respondió discretamente a la vez que expandía una encantadora sonrisa.
Ella siguió su camino hacia el salón y yo seguí buscando el sacacorchos.
No apareció el sacacorchos inmediatamente y trascurrió algo de tiempo; el suficiente como para que ellos aprovecharan y se comieran la boca. Así es como les sorprendí cuando volví al salón. Ni se inmutaron; siguieron besándose mientras yo descorchaba la botella y llenaba las copas.
Por fin, tras un ratito de apasionado morreo, decidieron coger sus copas para brindar. Fui yo quien pronuncié las palabras del brindis:
—Por nosotros. Por el amor y porque lo pasemos esta tarde lo mejor que podamos.
Chocamos las copas y bebimos.
—A mí, este vino me pone de aquella manera—dijo mi esposa después de agotar su copa.
—¿ De qué manera?—preguntó el primo con clara intención, aproximándose otra vez a su boca para besarla.
—Pues lo que quiero decir es que me pone muy contenta, y cuando yo me pongo contenta soy muy traviesa y no respondo de mí.
—Pues bueno es saberlo. Ya puede traer tu primo todas las botellas que quiera—añadí, bastante animado ya por las escenas que me habían brindado besándose y toqueteándose en el sofá.
—Pero además he traído unos bombones especiales—dijo el primo, mostrándonos una caja de chocolatinas que imitaban a pequeñas caracolas, estrellas de mar y otras piezas similares.
—Yo quiero uno.—grito con ilusión mi mujer a la vez que habría la caja.
—¿ Me dejas que yo te lo dé? Pero tienes que quitármelo de la boca…—sugirió el primo poniéndose una de aquellas piezas de chocolate en sus labios.
Mi mujer accedió y se lo quitó con su boca. Sus labios se unieron y sucedió un tiempo impreciso de un beso largo, muy largo, otra vez de las muchas veces que quedaban por suceder… pero en este momento fueron más excitantes los complementos: las manos de su primo apretaban,en un pellizco calculado, la esbeltez del delicioso culo de ella, multiplicando seguidamente sus caricias en su pecho sobre el sedoso tacto de su vestido, pinzando levemente sus exasperados pezones, que se manifestaban prodigiosos en la lujuria que presentían.
Aliviado ese momento en un oportuno receso de su calentura, aproveché para plantear una idea:
—¿Qué os parece si os pongo un poco de música romántica y bailáis los dos. Mi mujer sabe hacerlo muy bien.
—Vale—contestó ella incorporándose del sofá—pero primero me voy a quitar el vestido, porque con esto del vino tengo un calor que no veas…
Se lo quitó inmediatamente, delante de nosotros. Entonces apareció su mejor figura adornada por aquella prenda que no podría tener mejor estreno que ofrecerlo a nuestra incontenible admiración. No podía estar más bonita. Su vientre adornado por elegantes ribetes parecía invitar al más urgente desenfreno. Sus muslos se ensalzaban entre los encajes, y la transparencia en torno a su maravilloso coño era la propia lascivia servida en bandeja de platino.
Su primo enmudeció de asombro, mientras yo gozaba contemplando el cuerpo más apetitoso que se puede imaginar, estremeciéndome como si fuera la primera vez que presintiese su incondicional disposición erótica. No acierto a describir siquiera tan inmensa sensación.
—¿ Te gusta lo que me ha regalado mi marido?—expreso con cierto coqueteo mi mujer.
—Ya veo que tiene gusto—respondió el primo sin evitar alargar su mano para acariciar la perfección de tan esplendido culo envuelto en aquella seda blanca.— Hija mía, estas para echarte cuatro polvos seguidos. No he visto cosa igual.
En tanto que volvían a besarse y toquetearse, preparé el tocadiscos poniendo una música lenta de aterciopelado sonido. Me ocupé de apagar la luz central, dejando solo la lámpara de la mesa de la rinconera. A media luz comenzaron a abrazarse y, de aquella manera, a seguir con sus muy lentos y sensuales pasos el ritmo de una canción que suscitaba el más íntimo acercamiento. En realidad los movimientos insinuantes de mi mujer eran en sí mismos una envolvente provocación a los sentidos. El de desearla locamente era uno de ellos.
Había que ver el contoneo, lento pero preciso, de las caderas de mi mujer.. Los vaivenes acompasados de su figura, ceñida de elegancia, podían interpretarse como la más pura invitación, de una hembra en celo, a ser tomada de forma exacta por quien pudiera mimar sus sensaciones. Seguir su silueta en su danza medida de sensualidad extrema, era como mecerse en el embeleso mismo de lo increíble, como si una mujer así no pudiera existir nada más que en la más atrevida imaginación. Al dar sus pasos coordinados con los de él, se me antojaba la más grande de las provocaciones por parte de una mujer dueña absoluta de la máxima sensualidad en perfecta armonía en los encuentros de sus cuerpos. Dos cuerpos inseparables, en pleno afán de tenerse el uno al otro sin más condición que la de amarse cuanto antes, sintiendo sus ganas de empezar a denudarse ya.
Luego, la excitación creciente convirtiendo sus pasos de baile en pura intención lasciva, procuraban frotar cada vez más sus cuerpos en una perfecta compenetración para hacer coincidir sus genitales sin disimularlo, con gestos que evidenciaban el comienzo de ese algo más al que conduce el irresistible deseo. De vez en cuando las manos de él recorrían con delicadeza las nalgas de ella, metiendo la punta de sus dedos entre las costuras de la seda del body para notar más próxima lo que su piel prometía. Bailaban en algunos momentos sometiéndose a sus mutuas caricias, como si las notas musicales les dictasen cual era el siguiente lugar de su cuerpo donde detenerse para saborearlo. Y se detenían para ofrecerse sus más ardientes besos.
Comenzó una nueva canción, cuando él ya recorría con su labios el cuello de mi esposa y con sus manos la parte interior de sus muslos. Yo creí morir de gozo. Necesitaba cada vez más cualquier escena, cualquier gesto impregnando el mejor ambiente con su presencia, fundidos en un hermoso conjunto. Yo quería que siguieran bailando a la vez que deseaba que dejaran de hacerlo para disfrutar de los besos que se regalaban, los delicados mordiscos que marcaban su piel. Querían arrancarse los labios para llevarse con ellos el alma y quedársela para siempre.
Me quité los pantalones sin dejar de observarles y deleitarme con aquella forma de desearse tan plenamente. Lo que estaba viendo descubría un tesoro a mis emociones. Bajo mis calzoncillos me dolía la erección de mi polla, a la que nunca había notado tan dura y febril, y libre ya de tela que la escondiese, me la aprete anillándola con mis dedos dispuesto a masturbarme. Pero quise aguantarme, seguir presenciando tan maravillo espectáculo.
Sutilmente, él deslizó sus manos hasta los corchetes que abrochaban la entrepierna del body para desabrocharlo sin demasiada prisa, pero impaciente por conseguirlo.. Mis palpitaciones en ese momento desbordaban mi pecho, y las pulsaciones en mi pene se aceleraban. Por un momento pensé que no podía evitar correrme.
Poco a poco fueron deteniendo sus pasos haciendo caso omiso de los compases que sonaban. Casi detenidos del todo, inmersos en un ardiente beso que inyectaba fuego en sus leguas, él desabrochó su bragueta y liberó su polla hambrienta disparada de deseo, merodeando por las ingles de una mujer que se dejaba hacer cualquier cosa, que ansiaba ser invadida definitivamente en sus entrañas. Por la expresión de sus facciones comprendí cómo le gustaba que aquellos dedos la hurgaran como ella quería y como él sabía hacerlo.
No pude evitar aproximarme cuando comprendí que él ya jugueteaba con sus clítoris frotándoselo con su polla insistentemente, hasta penétrala, primero lentamente, y después en un impulso que hizo esbozar un grito de placer a mi esposa, en el instante justo en que mirándome pareció invitarme a participar.
Al acercarme introduje mi pene en la apetitosa raja del culo de una señora totalmente enajenada por el placer. Llegué a rozar su ano, y a punto estuve de apretar en un impulso que realmente me inclinaba a hacerlo. Pero ella, aun absorta en lo que estaba ocurriendo, me hizo un gesto que venía a recordarme que teníamos un pacto, el de no metérsela por el culo. Lo habíamos hablado muchas veces, y aunque nunca lo habíamos probado, ella estaba segura de que no le gustaría. Por tanto contuve mi deseo y sencillamente baje mi polla profundizando hasta los labios de su coño, donde dos pollas se encontraron frotándose en el intento. Durante algunos momentos hurgamos con nuestros miembros por su jugoso coño. Nuestros penes se encontraban una y otra vez mientras ella gemía de placer. Él la tenía en algunos momentos totalmente metida, empotrada en un coño cada vez más ardoroso. Las manos de mi mujer rectificaron la posición de mi polla y la bajó un poco, permitiéndome volver a rozar su agujero prohibido, que tampoco en ese momento me atreví a penetrar, no por falta de ganas, sino por simple respeto a la decisión de mi mujer. Bien es verdad que llegué a apretar un poco esperando la reacción de ella, que no fue otra que la de volver a darme a entender que no lo intentara, pero me dejaba mantenerla ahí, tan cerca de la tentación, que casi me corrí en una de las enculadas que le di, mientras su primo parecía aflojar un poco. Y efectivamente, hubo un momento que aquel hombre realmente se vino abajo. Y me extrañó que le sucediera eso, como también le extrañó a mi mujer:
—¿Qué te pasa, se te han quitado las ganas de pronto?—le preguntó mi mujer un tanto decepcionada — Yo creo que es que te intimida mi marido. No te preocupes, ya sabes que a él le gusta, y a mí me gusta follar con los dos.
—No, no es eso—contestó él entre tímido y abochornado—Puede ser el vino, que me haya afectado.
Mi mujer se dirigió a mí, muy cariñosa, y me dio un beso, que a mí me pareció como una brasa aproximada a mis labios, para decirme provocadora:
—Si queréis nos vamos a la cama, es más cómodo.
Asentí inmediatamente, aunque me pareció que había algo que no la estaba gustando del todo. Nos conocemos tanto que ella sabe que yo lo intuí, pero no pude saber todavía de qué se trataba. Una vez en la habitación, ella se desprendió del body concediéndonos el privilegio de su desnudez, y se puso bocabajo sobre el colchón. Nosotros dos nos desnudamos también totalmente. Su primo puso su polla, algo más recuperada ya, delante de la cara de mi mujer, mientras yo puse mi pene, mucho más duro cada vez, próximo a su culo. Él arrimó su polla a los labios de ella solicitándole con un gesto una mamada. En principio accedió chupándosela mientras yo ya la penetraba directamente su coño palpitante por detrás.. Pero de pronto ella reaccionó de forma un tanto sorprendente, a la vez que apartaba aquel pene de su boca.:
—Esperad un momento chicos….A mí esto me gusta de otra forma. Como lo estamos haciendo me parece un poco de puteo barato, y a mí lo que me gusta es disfrutar de verdad sin incomodidades.
—¿ Qué te pasa cariño?—pregunté bastante inquieto— No queremos incomodarte. Si algo te molesta lo dejamos de hacer. Sabes que respeto tus deseos. Hace un momento te habría partido el culo y no lo he hecho….porque sé que no te gusta. Dinos cómo quieres que hagamos esto.
—No sé….no se trata de nada en concreto, pero no me gusta como lo estamos haciendo. A mí me gusta estar con los dos, pero de otra forma. No quiero poner límites, pero para mí si hay algunos.
—No te gusta hacerme una mamada, supongo que es eso—dijo el primo tímidamente.
—A lo mejor no es exactamente eso. Lo que me ha pasado es que me he sentido presionada, un poco forzada…o quizá tampoco sea eso. Bueno, no quiero aguaros la fiesta. Supongo que se me pasará…pero prefiero hacer otras cosas que me resulten más placenteras., al menos para mí.
—Yo creo que podemos hacer otra cosa mejor—intervine decididamente— Hace mucho tiempo que he soñado con este momento. Pero yo también me lo había imaginado de otra forma. A mi realmente lo que me gusta es verte follar, que lo hagas con este hombre a tope, hasta que se corra dentro de ti. Y si luego no te importa también acabo yo, pero sin presiones. Incluso no hace falta que yo te folle, puedo meneármela viendo como lo haces con otra polla.
—Yo lo que no quiero es que nos enfademos otra vez. No pretendo molestar—se disculpó él, mientras pretendía ponerse los calzoncillos que había dejado en el suelo.
En ese momento mi mujer se incorporó y le abrazó impidiendo que acabara de vestirse. En un pequeño impulso lo tumbó sobre la cama, se subió encima de él, y abriendo su propia raja con una mano, con la otra dirigió el pene de su primo, bastante más tieso que en el anterior intento, hasta metérselo en el coño profundamente.
Yo me retiré a un extremo de la cama, contemplando desde esa perspectiva el movimiento del precioso culo de mi mujer que realizaba acometidas perfectamente calculadas para notar aquella polla entrando y saliendo de sus entrañas. Sus jadeos me llegaban como un glorioso rito de satisfacción. No quería masturbarme para no perder la tersura de mi polla para cuando terminase su primo, si ella me permitiera que la follase inmediatamente después.
Muy pronto, demasiado pronto, aquel hombre se vació dentro de ella, retirándose inmediatamente después.
En ese momento ella me hizo un gesto para invitarme a que siguiera yo. Al tumbarme sobre ella me dijo al oído:
—Cariño, córreme tú que él no lo ha conseguido. Esta vez no la tenía tan dura y se ha corrido demasiado rápido. ¿ Te ha gustado lo que has visto?
Apenas si pude contestarla. Solo me importaba culear con todas mis fuerzas, clavársela hasta el fondo. Me excitó muchísimo notar lo que comprendí que era la leche que su amante le había dejado en su vagina. Follé con más ganas que nunca a una mujer que comenzó a correrse y prolongó sus orgasmos hasta tres veces.
El primo se había ido al lavabo para asearse. Nosotros permanecimos derrotados por el éxtasis durante unos minutos. Después nos levantamos. Al él parecía que ya se le había olvidado su incipiente gatillazo, su pequeño fallo momentáneo, y comenzó con sus bromas.
—Así da gusto venir a vuestra casa, esto ha estado muy bien. Y espero que a vosotros también os haya gustado…o repetimos si queréis. Yo estoy despuesto a meterme en la cama otra vez.
Mi mujer se quedó en la habitación vistiéndose. Yo respondía a sus bromas:
—Tenía que haber durado un rato más, tío. Pero te has corrido nada más meterla. Además te he visto un poco indeciso, no sé qué te pasaba. Ella estaba para pasar toda la noche si hubiéramos querido.
—Ya, pero yo no tengo la confianza que tenéis vosotros, y es lógico que me corte un poco. Además no sabía cómo te iba a sentar a ti viéndonos follar—replicó bastante dubitativo.
—Vamos a ver…yo creo que había quedado perfectamente claro lo que queríamos, que al fin y al cabo es lo que hemos hecho…Pero puedo entenderte, seguramente me pasaría a mi algo parecido si follase con una mujer delante del marido, porque…
—¿ Lo has hecho alguna vez?—me pregunto interrumpiéndome antes de que yo acabara lo que le iba a decir.
—Es lo que quiero aclararte respecto a otras mujeres. No, nunca., no me he follado a otra mujer delante de su marido, ni a solas tampoco.. Ni creo que lo haga jamás, pero no solo haciendo un trio o algo parecido, es que no me seduce follar con otra mujer. Seguro que te parecerá extraño, pero me excita infinitamente más lo que he visto aquí hace un momento que la tía más estupenda que me pudieran presentar. Sé que es algo raro, es como si tu prima me hubiera embrujado para hacerme gozar solo con ella. No puedo ni quiero irme con una tía por esa razón. Haría el ridículo ya que no podría ofrecerme los alicientes que mi mujer me da. Y ya no solo me refiero a esto que hemos hecho hoy, sino a su forma de follarme, de excitarme hasta perder el conocimiento. Mira, para que lo entiendas de una vez por todas, viendo lo que he visto hoy es como disfruto. Por tu parte has tenido lo que querías, y creo que puedes seguir teniéndolo. Por tanto no tenemos de qué quejarnos, seguro que habrá más ocasiones.
Él ya no dijo nada más, y se limitó a esperar a que ella saliera de la habitación. Cuando lo hizo ya se había vuelto a poner su vestido inicial, si bien se le notaba que no llevaba nada debajo
Nos sentamos otra vez en el salón, pero solo para apurar el pequeño contenido que quedó en la botella de vino, del cual dio buena cuenta mi mujer que, alzando su copa medio llena, brindó diciendo:
—Chicos, me lo he pasado muy bien. Esto me ha servido para comprender que hay otras formas de disfrutar del sexo…y me ha gustado. Algún día podremos repetirlo, si os apetece.
—Claro que sí—respondí apoyando la propuesta—Y estoy convencido de que la próxima será mejor. Yo creo que todavía nos quedan cosas por superar y las superaremos.
—Estoy de acuerdo—manifestó el primo, besando en la cara a mi mujer, que le devolvió el beso a modo de despedida, pero lo hizo, sujetándole la cara, con uno de sus besos especiales.
Nos levantamos los tres entendiendo que era el momento de ponerle fin a la velada que, efectivamente, había sido más breve de lo previsto, pero al fin y al cabo sustanciosa. Por fin habíamos vivido una experiencia que hasta entonces solo había sido una fantasía de remoto cumplimiento. Si, se había realizado uno de mis sueños, aquella extraordinaria mujer me lo había concedido; nunca se lo agradeceré suficientemente.
Sepan los lectores y lectoras de este relato, que cuando estaba escribiendo estas líneas, estos días, le pedí a mi esposa que lo leyera y me dijese si quería añadir algo, ya que me había dicho que quizá podría aportar datos que yo no conocía. Además, una vez que lo había leído hasta este punto, le pregunté:
—¿Por qué crees tú que tu primo se aflojó en un momento en que todos estábamos tan calientes…..? A no ser que ese día por la mañana hubiera pasado por casa y estuviera agotado por la tarde ¿ Había estado por la mañana contigo?
Mi mujer se limitó a sonreír y decirme:
—Vamos a la cama y allí te lo cuento…
—Pero antes contéstame a lo que te he preguntado ¿ Estuvo tu primo ese día contigo por la mañana?
—Yo solo puedo responderte a eso que…ese día follé tres veces.
Entonces nos acostamos, y en la cama me lo contó, con todo lujo de detalles. Últimamente, es uno de los mejores alicientes cuando follamos, se trata de recordar aquellos tiempos, que es de lo que van en estos relatos que os estoy ofreciendo.
CONTINUARÁ
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