Diversión en la carretera
Bajo la mesa del restaurante, sus manos ya se conocían. En el asiento trasero, el riesgo de ser vistos no hace más que encender el deseo. Mientras él conduce, ella y su amante descubren que la carretera es el escenario perfecto para su tercera.
Mi esposo y yo tenemos ya algunos años de casados, muy felices. Desde hace algunos años, decidimos gozar de una relación liberal.
Físicamente somos una pareja promedio. En lo personal, soy una chica pettite, bien formada y proporcionada. Mi esposo dice que soy una muñequita!
En esta aventura que a continuación les narro, mi esposo y yo habíamos quedado con un amigo, al que llamaremos Ángel, en ir a cenar a una ciudad cercana de donde vivimos. Así que esa tarde me dispuse a ponerme muy, pero muuuy sexy.
Lo primero que hice fue tomar un delicioso baño. Me fascina sentir el agua tibia recorriendo mi cuerpo, mientras me excito al enjabonarme de manera sensual cada parte de mi cuerpo. Recorrí mis muslos imaginando lo que sería sentir sus manos acariciándome… acaricié mi vagina recién depilada, sintiendo su suavidad y su humedad… recorrí mi abdomen y subí hasta mi pecho, tocando con suavidad mis pezones erectos, deseosos de sentir su lengua… mmmm, qué deliciosa sensación!
Salí del baño envuelta en una toalla. Recorrí mi cuerpo con gran sensualidad, incrementando mi temperatura, al acariciarme mientras me ponía crema en cada centímetro de mi hermoso cuerpecito. Me fascina sentir la suavidad de mi piel recién hidratada.
Comencé a ponerme un coordinado negro de encaje, muy sexy! La tanguita era de esas que se amarran por los lados, agregando una emoción extra a la hora de ser desnudada… Vistiendo sólo el coordinadito, y sintiéndome muy sensual y sexy, comencé a maquillarme y peinarme. Decidí por peinado, sólo hacerme una coleta, ya que así se marcan más mis finas facciones.
Por vestuario, elegí una falda corta con tablones, y una blusa top que dejaba al descubierto mi abdomen, me puse unas zapatillas altas negras descubiertas, que en conjunto con la vestimenta hacía lucir mis piernas más largas y mis pompas más paraditas y antojables.
Me miré al espejo, y la imagen que vi reflejada fue por completo satisfactoria! Me veía como una reina, una diosa, una digna hija de Afrodita.
Salí del cuarto, lista para encontrarme con mi esposo, quien me esperaba en la sala, un tanto impaciente, mientras tomaba una copa de vino tinto espumoso. Se quedó de piedra cuando me vio! Se levantó, me recorrió con la mirada de pies a cabeza, y mientras recorría con su mano mi cintura caminó alrededor de mí, admirando a su hembra.
Me juntó a su cuerpo y me plantó un delicioso y fogoso beso en la boca, nuestras lenguas se encontraron, y la temperatura en ambos se disparó! Me separé de él, haciendo uso de mi fuerza de voluntad, o de lo contrario ahí mismo nos desnudaríamos y terminaríamos haciendo el amor!
Retoqué mis labios, y nos subimos al auto. Me volteó a ver, dejando entre ver un gran deseo en su mirada, y nos dirigimos a la casa de Ángel, para iniciar nuestra mágica velada!
Ángel ya nos esperaba con impaciencia. Subió al auto, y un delicioso aroma nos inundó por completo, elevando mi excitación. Sin más, mi esposo arrancó el auto y nos dirigimos al restaurant donde teníamos hechas las reservaciones. Es un lugar muy especial: un tanto lujoso, música romántica en vivo, una iluminación apropiada para el romance, velitas y demás, todo en su conjunto genera una atmósfera por demás deliciosa.
En el restaurant todo transcurrió de lo mejor. La cena estaba deliciosa, y yo tenía para mí dos chicos que me dedicaban toda su atención, con total galantería. Ángel resultó tener una plática de lo más interesante, llena de anécdotas chuscas y grandes aventuras. Durante la cena y al calor de las copas, hubo unos coqueteos entre nuestro amigo y yo. Ángel aprovechó la oportunidad cuando mi esposo se levantó al baño, se acercó a mi oído y poniendo su mano en mi pierna, acariciándola suavemente, me dijo: “Qué hermosa te ves… Estás para comerte. Qué no daría por probar tus labios”. Con una sonrisa coqueta y acercándome a su oído le respondí: “solo tienes que pedirlo”. Acercó sus labios a los míos, se detuvo: “aquí no” me dijo. Me tomó de la mano y me condujo a la sección de los baños. Disimulamos mientras se alejaba una muchacha que salía en ese momento del baño. Ni bien se perdió de vista, Ángel me tomó por la cintura y me atrajo hacia él con su toque varonil, acerco sus labios a los míos y me besó con gran pasión y deseo mientras recorría con sus manos mi espalda. El sonido de unos tacones acercándose hizo que nos separáramos. Me metí al baño de damas, y Ángel hizo lo propio, metiendo al baño de caballeros.
Transcurridos algunos minutos, me dirigí a la mesa, y ahí estaba mi esposo. Me preguntó por Ángel y le respondí que había ido al baño. Le conté lo que había pasado apenas algunos minutos atrás. “Te gustó?” me preguntó. Por respuesta, tomé su mano por debajo de la mesa y la dirigí a mi entrepierna. Una sonrisa se dibujó en su rostro al sentir mi humedad: “tanto así te gustó?” Le guiñé un ojo y lo besé en la boca.
En eso Ángel regresó a la mesa, y brindamos lo tres por esta noche, nuestra noche. Estábamos charlando muy amenamente, cuando sentí que una mano acariciaba mi pierna por debajo de la mesa. Voltee a ver a mi esposo con una miradita lujuriosa, pensando que era él. Pero al verlo tan entrado en la plática, comprendí no era su mano sobre mi pierna. Entonces volteé a ver a Ángel, me guiñó un ojo y le sonreí con complicidad mientras abrí mis piernas para facilitarle el acceso. El sentir sus manos acariciándome sin que las demás personas en el restaurante se imaginaran lo que pasaba debajo de la mesa me excitaba aún más, humedeciéndome al grado de sentir que mis jugos escurrían por mi entrepierna.
Una vez que finalizamos tan delicioso festín, y tan amena velada, nos dispusimos a tomar el camino de regreso. Yo me acomodé en el asiento trasero del auto junto con Ángel, ante la mirada atónita de Ángel como del valet parking que mantenía la puerta del conductor abierta para que mi esposo subiera. Mi esposo arrancó el auto, y puso algo de música para amenizar el momento.
Tomé la mano de Ángel que estaba un poco nervioso ante la sorpresa y la puse sobre mi muslo, mientras acercaba mi boca a su boca para darle un delicioso y apasionado beso, con el que permití que mis ansias de sentir sus caricias y su aliento por todo mi cuerpo, se desbordaran en un estallido de sensaciones que tomaron el control de mi cuerpo. Nuestras lenguas se encontraron, y juraría que saltaron chispas de colores todo a nuestro alrededor, mientras mi esposo nos miraba de reojo por el retrovisor.
Me puse sobre Ángel, le tomé su cara con mis manos tibias y lo volví a besar apasionadamente. Él me correspondió con unos labios húmedos y una lengua juguetona, mientras sus manos temblorosas se abrieron paso por debajo de mi corta falda, encontrándose con mis deliciosas nalgas, a las cuales se aferró con fuerza, las acarició y estrujó de manera deliciosa arrancándome un suspiro. Pude sentir su cuerpo temblar de gusto y pasión. Ambos nos deseábamos con ansias. Nuestras lenguas se tocaron nuevamente mientras sentía sus dedos hábiles recorrer mi húmedo rincón con desesperación, que palpitaba como anticipándose a la dicha que estaba por vivir.
Sus labios húmedos y su lengua comenzaron a jugar con el lóbulo de mi oreja derecha. Luego descendió por mi cuello y lo besó con una mezcla justa de pasión y ternura, ¿cómo supo que ese es mi punto débil?. Mi reacción fue abrir su camisa de manera violenta, para acariciar y besar su pecho tan masculino. Él respondió quitándome el top y acariciando mis pechos con ambas manos, para luego regalarme unas deliciosas sensaciones al pasar su lengua sobre mis pezones.
Para estas alturas, yo estaba más que deseosa de sentir su pene. Bajé mis manos para abrir sus pantalones, y por fin acariciar y sentir en mis manos tan deliciosa cosa. Por lo que pude sentir, su excitación era más que evidente, tenía una tremenda erección. No resistí más, tenía que probarlo y sentirlo en mi boca. Así que me acomodé de tal manera que mi boca quedara a la altura de su delicioso pene.
Comencé a besar de manera lenta la cabeza de aquella delicia…!!! Mmmm…. sentir su sabor, su suave textura, sentir cómo se estremecía Ángel al sentir la humedad y el calor de mi boca. Comencé a introducir cada vez más su verga en mi boca, saboreándola como niña con su paleta. Estaba totalmente hipnotizada disfrutando del placer divino que Afrodita nos regala.
Podía sentir una de sus manos acariciando mis nalgas. Sus dedos juguetones recorrían mi clítoris y vagina, que gracias a mis jugos que salían de manera abundante se deslizaban de manera deliciosa a lo que yo respondía elevando mi colita.
En determinado momento, Ángel me detuvo, él todavía no quería terminar. Me puso boca arriba sobre el asiento, me abrió de piernas y me acarició sobre la tanga, para acercarse y oler mi humedad. Hizo a un lado mi tanga y con su lengua me exploró a profundidad, arrancando de lo más interno de mi ser un gemido al sentir en mí recorrer una descarga de electricidad que atravesó todo mi cuerpo. Sus hábiles caricias con su lengua me transportaron a otro universo, mi cuerpo comenzó a moverse sin control, sentí cómo oleadas de placer explotaban en mi interior, haciéndome retorcer sin control. Sostuve su cabeza con fuerza. Sentía que el orgasmo se acercaba. Arqueé mi espalda. Mi cuerpo comenzó a estremecerse. Sentí salir de mi ser jugos abundantes mientras de mi garganta salía un gemido que parecía venir del mismísimo centro del Universo.
Ángel me quitó la tanga, se acomodó sobre mí. Abrí mis piernas al máximo lista para recibirlo, le abracé dándole la bienvenida, y sentí cómo su rico pene se abría pasó en mi interior, haciéndome conocer nuevas dimensiones de placer.
Ángel agarró un ritmo delicioso, metía y sacaba su verga con fuerza, acelerando por momentos sus movimientos, y por momentos disminuía el ritmo, aunque la fuerza con que me penetraba, la fuerza con la que se abría paso hasta lo más recóndito de mi ser. Arrancó de mi otro orgasmo, el cual anuncié con grandes gemidos, sintiendo cómo mi jugos salían y se mezclaban con nuestro sudor, mi cuerpo temblaba sin control, mis uñas se enterraban en su espalda…. Aaahhhh!
Ángel se salió de mí, dejando un gran vacío en mi interior. Aproveché para levantarme y aferrarme a su pene, para regalarle una deliciosa mamada de agradecimiento. Le indiqué que se recostara boca arriba, y me monté sobre él. Dirigí su pene hacia mi interior. Ahora ya entraba con más facilidad. Me recosté sobre él, y comenzamos un delicioso movimiento en perfecta sincronía.
Él me tomaba con fuerza de mis nalgas, mientras yo le besaba con intensidad en la boca. Mis gemidos anunciaban que se acercaba un nuevo orgasmo. Nuestro ritmo se incrementó, sentí cómo su pene se ponía tenso y más ancho. Apreté mi vagina con fuerza. Él lanzó un gemido a la vez que mi cuerpo se estremeció al sentir su potente venida en mí, llenándome de su deliciosa leche. Sentía sus contracciones mientras nuestros cuerpos se fundían en un abrazo. Ambos nos quedamos recostados en la misma posición durante mucho rato. Creo que incluso dormitamos en algún momento.
Finalmente, nos decidimos a separar nuestros cuerpos. Su pene, ahora en reposo salió de mí, cubierta de nuestros jugos. Él me besaba con ternura, mientras sus manos recorrían mi espalda con cariño. No queríamos separarnos uno del otro, estábamos como hipnotizados.
La voz de mi esposo nos regresó a este mundo. -¿Cómo están los tortolitos? Ya estamos por llegar, pero si requieren más tiempo, doy la vuelta en el siguiente retorno.-
Ambos sonreímos con la idea de pasar más tiempo juntos, abrazados, saboreando este delicioso momento. –Necesitamos más tiempo- le dije a mi esposo y el tomo nuevamente rumbo a la carretera.
Y así fue como continuo nuestra inolvidable velada.
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