Años 70. Vacaciones en Alemania 6 FIN y reflexión
La distancia entre la represión de su hogar y la libertad alemana se disuelve en la cama de Steffy. Jorge no solo viene a estudiar historia, sino a vivir una revolución personal donde las chicas dictan las reglas del placer.
Como he indicado en las partes anteriores de este relato, sigo en Alemania en una familia de acogida, muy diferente de la mía. Estoy dando “clase” a la hija adolescente de una familia amiga y la madre también me ha devorado.
Llegó el viernes, y ese día Karin tenía el examen de matemáticas. Esperaba que le saliera bien. Luego habíamos quedado para empezar a estudiar historia y se iba a añadir una amiga de su clase que también tenía que examinarse de esos temas. Yo preparé una pequeña bolsa con lo más importante para pasar dos días fuera y me fui a clase.
Ese día si tuvimos clase, pero fueron otros rollos impresionantes. Yo me senté en un pupitre al fondo y mientras me puse a hacer resúmenes de historia para Karin. Tuvimos clase de Ciencias Naturales, donde estudiamos el proceso de los gusanos, crisálidas y mariposas; luego de Arte donde teníamos que dibujar un caballo encabritado, y lo hice rápido y con desgana y al final terminó pareciéndose más a un perchero y finamente Música, donde el profesor nos explicó las claves de una pieza de Bach, desmenuzando los trozos y luego personalmente nos tocó al piano esa obra de Bach, que me dejó encantado (en serio). Me dio tiempo a hacer los resúmenes de dos capítulos de historia, la Revolución Francesa y el colapso del mundo corporativo.
Terminamos y tomé el tranvía que me había indicado Karin y llegué a las dos y media a su colegio. Esperé repasando los resúmenes que había hecho en clase hasta las tres, que salieron los alumnos. Karin y Stephany salieron de las últimas, ambas con una faldita a media pierna y camiseta. La amiga era igual de alta que ella, algo más gordita, con mucho más pecho, morena con el pelo rizado y unos ojos verdes claros preciosos. Cuando estaban cerca de mí, Karin se abalanzó sobre mí, dándome un abrazo y colgándose de mi cuello.
- El examen de mates me ha salido genial, bueno, casi, pero seguro que lo apruebo. Muchas gracias, Jorge. - dijo, dándome un beso en los morros.
Luego Karin me presentó a su amiga: Stephany Breuer. Ella me dijo que la llamara Steffy, y hablamos del plan que había para el fin de semana y tomamos otro tranvía para ir hasta su casa, que estaba a solo dos paradas del colegio. Cuando llegamos descubrí que era un chalet adosado con un poco de jardín muy bien cuidado y lleno de flores. Entramos y dejamos las cosas en el salón.
- Mi madre ha dejado algo de comida preparada - dijo Steffy
- Vale - dijo Karin - mi madre me ha dado unos sándwiches también.
Entonces Steffy y Karin desaparecieron un segundo en la cocina y cuando volvieron, se acercaron y levantaron las palmas de las manos y ambas me ofrecieron morbosamente las braguitas que habían llevado toda esa mañana, sacando la lengua y pasándosela, ambas a la vez, por el labio superior.
- Su salario, señor profesor - dijo Karin.
Las tomé, aspirando profundamente la calidad del producto y sonreí. El olor de Steffy era aún más intenso que el de Karin. Al fin y al cabo, se debía haber pasado la mañana excitada pensando en pasar el fin de semana con un desconocido.
A continuación, ambas se levantaron las faldas enseñándome por un par de segundos su sexo desnudo, se rieron y se fueron corriendo a cambiarse al cuarto de Steffy. Ahí me quedé con cara de sorprendido, con dos bragas, una en cada mano. Volví a olerlas y noté como se me levantaba el pene, teniendo que colocármelo para que no me molestase y se notara demasiado.
Volvieron vestidas a juego, ambas con una camiseta blanca ajustada, de tirantes, que dejaban translucir sus pechos y marcaban sus pezones y unas bragas también blancas finas, con ribetes rosas una y con un lacito azul en el centro la otra. Estaban preciosas e impresionantes.
- Bueno Jorge, una vez que has comprobado la calidad de la mercancía, cuéntanos que nos traes tu. Si aprobamos historia tendrás un premio adicional, pero eso es sorpresa.
- Me dejáis intrigado. Pero bueno ya veremos. También depende de vosotras. Vamos a ver.
Saque de mi mochila los resúmenes de los dos primeros capítulos que había hecho durante la mañana.
- Mirad, estos son los resúmenes. Para estudiar bien deberíais haberlos hecho vosotras, pero como no tenéis práctica en estudiar bien, empiezo haciéndolos yo y luego ya vemos. Los pasos son: primero, os leéis el capítulo entero para tener una idea de qué va y ver qué puede ser importante y qué no. Segundo lo leéis ya despacio y vais haciendo un resumen tipo esquema con los datos mas importantes, Tercero os aprendéis bien el resumen y luego os contáis varias veces una a la otra el tema con los resúmenes delante, rellenando de paja lo que falta entre conceptos. Finalmente intentáis hacer lo mismo, pero sin el resumen delante.
- Parece fácil así cuando lo cuentas, pero es un rollo espantoso - dijo Steffy
- Bueno, vamos a empezar. Tengo aquí el primer tema. Vamos a verlo con el libro delante.
Nos sentamos en un sofá con una mesita delante. Yo en el centro con el libro y los apuntes. Una a cada lado mío. Empecé a leer párrafos del libro y les iba indicando que es lo que yo había resaltado en el resumen. Cuando iba por la mitad del capítulo, Karin me puso la mano sobre la bragueta y apretó. Yo se la retiré y le dije
- Karin, como me hagas estas cosas no vamos a acabar jamás.
- Veo que has hecho bien los deberes. Entiendo, nos tenemos que aprender el resumen. Hay que descansar.
Ella entonces se levantó, me dio la espalda y se bajó las bragas lentamente metiendo los pulgares a cada lado de ellas. Se quedó flexionada enseñándome el coñete que tan bien conocía.
Un par de segundos después Steffy hizo lo mismo. Este era nuevo para mí. Lo llevaba también sin depilar, con pelillos oscuros a cada lado de los labios mayores, que eran bastante grandes. Le salían los labios menores un poco, rosaditos y con pliegues. Me acerqué y le pasé la lengua, metiéndola un poco entre los gajos que formaban esa almeja joven y fresca. Me supo un poco diferente que Karin. Seguí subiendo con la lengua y se la pasé por el culo, recreándome un rato ahí.
- Jorge, cabrón, eso no me lo has hecho tu a mí todavía y vas y se lo haces a una desconocida. - me recrimino Karin, medio en broma, medio en serio.
- Touché, Karin.
Me puse de pie y me acerqué a Karin y le di un morreo considerable, apretándole las tetas y tirando de sus pezones. Ella me siguió, pero mientras me desabrocho el cinturón y el pantalón y me bajo el boxer, liberándome el pito. Al darme la vuelta vi que Steffy se estaba sacando la camiseta por la cabeza. Vi que sus pechos eran bastante más grandes que los de Karin. Las tetas estaban más caídas y con areolas grandes como Galletas María y con pezones grandes. Se las cogió con las manos y se llevó una a su boca y se pasó la lengua por su propio pezón, haciendo lo mismo luego con la otra. Me que mirándola hipnotizado.
Cuando reaccioné me encontré a Karin también desnuda. Se puso con el culo en pompa y tuve que jugar un poquito con la lengua también en su culito. Ahora sí que empezaba la revolución francesa. Nos subimos al cuarto de Steffy. Tenía una cama grande. Me tumbe en la cama con el pene vertical. Steffy se adelantó a Karin y se sentó sobre mí y tomándolo con la mano, empezó a bajarse y a metérselo lentamente en su vagina. Karin se sentó sobre mi cara mirando a Steffy, poniéndome el coño a un centímetro de mi boca. Se empezaron a tocar las tetas la una a la otra, dándose masaje y alternando pellizcos en los pezones. Steffy empezó a subir y bajar, apretando o soltando los músculos vaginales en cada dirección. Con el pene poco podía hacer, salvo aguantar; con la boca comerme todo lo que se encontrase a mi alcance. Mi mano derecha solo podía alcanzar el clítoris de Steffy, poniendo la mano sobre su pubis y acariciando con el pulgar, y mi mano izquierda, alternaba entre profundizar en el culito de Karin que estaba sobre mí, y acariciarle el clítoris con el dedo medio e índice, aunque no viese nada porque el conejo me tapaba toda la cara.
Al cabo de un rato decidieron que era el momento de cambiar entre ellas. Karin se subió sobre mi polla y cambió la forma del movimiento, con ese sistema de restregarse con el coño contra mí y mover la polla dentro de su vagina como un badajo. La ayudé a disfrutar también con el pulgar sobre su clítoris. Hasta aquí ninguna novedad, pero si lo fue comerme el coño de Steffy. Tenía los labios menores mucho más grandes que Karin. La vagina estaba ya bastante dilatada por los minutos de folleteo, soltando mucho flujo. El clítoris era mucho más grande también, casi como un dedo y sobresalía un centímetro o más. Empecé pasándole la lengua por la vagina y moverla en todas direcciones. Entonces ella empezó a restregarme el coño contra la lengua de adelante a atrás, y mi lengua iba desde la vagina hasta el clítoris. Solo tenía que moverla en circulos, ella ya se acomodaba para que le diese el mayor placer. Mi mano derecha seguía sobre el clítoris de Karin, y como tenía la otra mano libre, la subí y les tocaba los senos, juntándonos allí cinco manos que apretaban amasaban y pellizcaban, ya que ellas estaban muy juntas, me imagino que besándose, porque ver, no veía nada más que un culo que se desplazaba a escasos milímetros de mi nariz.
Al cabo de otro rato así, Steffy empezó a gemir fuerte y Karin se contagió al ver la excitación de su compañera y llegaron juntas. Steffy casi me ahoga, entre la presión sobre mi cara y la cantidad de flujo que soltó, Karin se corrió también sobre mi polla, mientras intensificaba el masaje de su clítoris. Cuando dejaron de gemir, dijimos:
- Que fuerte, Karin - dijo Steffy
- Ha estado genial - contestó Karin
- Pero yo me ahogo - dije yo
Se rieron y se levantaron. Juntaron ambas caras y empezaron a mamármela por turnos. Karin lo hacía bien, pero Steffy era una maestra. Fue la que me consiguió sacar toda la leche, porque no puede aguantar ese chupeteo por el glande con los labios, mientras la lengua se movía en círculos por la parte del frenillo. Genial mamada. Luego estuvo tragándose casi todo el esperma que solté, que no fue poco, pero cuando notó que estaba acabando de echar, lo retuvo en su boca, le dio un beso a Karin en la boca pasándole parte de ese esperma y luego Karin me lo dio a mí, haciendo lo mismo. Al final probé mi propio esperma por primera vez en mi vida.
Nos quedamos agotados. Se tumbaron junto a mí en la cama una a cada lado y nos relajamos. Karin se acercó a mi oído y me susurró:
- Schätzchen, aber du gehörst nur mir. (tesoro, pero tú eres solo mia)
Yo asentí y le di un beso largo, aunque mientras Steffy ya me estaba agarrando el pene y jugueteando con él.
Poco después Steffy se levantó para ir al baño y Karin la llamó, diciéndole que nos esperase. Nos miró extrañada, pero nos fuimos los tres juntos. Steffy se sentó y cuando empezó a hacer pis, acerqué la mano, pero me encontré también con la de Karin, y así le metimos la mano los dos en el conejo mientras lo hacía, metiéndole yo dos dedos en la vagina mientras caía sobre mi mano y frotándole Karin el clítoris. Cuando acabó, le seguí follando con los dos dedos y fruto de la sorpresa y la excitación de dos manos toqueteándola, se corrió otra vez.
- Pero que guarros me habéis salido - dijo cuando acabó - pero, por una vez, me ha encantado y llenado de morbo.
Luego se levantó y le tocó el turno a Karin, que se sentó y abrió las piernas. Yo me puse de rodillas entre sus piernas. Ella me agarro el pene y mientras la besaba y lo hacía y yo jugaba con sus labios menores y su clítoris, y ella con mi pene.
Luego nos dimos todos una ducha en condiciones. Acariciándonos con el gel por todos sitios, me excitaron tanto que no lo pude resistir y se la metí en el coño a ambas desde atrás. Luego me hicieron llegar nuevamente con la mano y con el jabón.
Bajamos desnudos a merendar algo. También tocaba seguir estudiando. Pusimos unas cuantas rebanadas de pan con embutidos, los sándwiches de la madre de Karin y tres vasos de leche y nos pusimos a terminar de ver el tema de la Revolución Francesa. Luego hice que Steffy le contara el tema a Karin con lo apuntes delante y luego al revés, Karin a Steffy.
- Chicas, tenemos que ir más deprisa. Reconozco que necesitábamos una buena sesión de sexo por la novedad, pero tenemos que terminar tres temas mañana y, por la mañana iremos al lago. Yo solo tengo hecho uno más. Poneros a estudiarlo ahora y yo mientras hago el resumen de los temas tres y cuatro.
Yo me puse a escribir el resumen de la tercera parte, la revolución burguesa de 1848 y 1849, donde en el Imperio Austríaco se produjo la caída y huida de Metternich y el emperador Fernando I hubo de aceptar la formación de una Asamblea Constituyente y en Alemania, el Kaiser Federico Guillermo IV de Prusia hubo de aceptar una Constitución de base censitaria. Menudo coñazo, pensé yo. No me extraña que estas crías prefieran un polvo a estudiarse semejante muermo.
Steffy, sentada enfrente mio, abría y cerraba las piernas enseñándome todos sus labios hinchados.
- Steffy, no seas mala - le recriminé - hay que estudiar. No me obligues a que nos vistamos.
- Ok jefe - contesto, y empezó a leerse los apuntes frente a mí, pero pasándose la pluma estilográfica cerrada por los labios de su sexo, metiéndose de vez en cuando el capuchón.
Me estaba poniendo malo. Yo seguí con los resúmenes hasta terminar ese capítulo y el cuarto, la revolución industrial, la lucha de clases y las teorías de Marx y Engels. La cabeza me daba vueltas. Miré el reloj. Las 9 de la noche. Ellas ya se habían mirado los dos primeros capítulos y yo tenía listos los dos siguientes.
Entonces recordé que el miércoles había hablado con mi madre y habíamos quedado en hablar el viernes.
- Perdona Steffy, me voy a vestir, tengo que salir a hacer una llamada. ¿Dónde está la cabina de teléfonos más cercana? Tengo que hacer una llamada a España para avisar a mi madre que no estoy en casa, porque se puede preocupar. También necesito que me cambies este billete de 5 marcos por monedas, si tienes cambio.
- Jorge, la cabina más cercana está a tres manzanas, en la calle principal, junto al Dresner Bank. Vas a tardar un montón en ir y volver. Llama desde aquí si no va a ser mucho tiempo. Ahí tienes el teléfono.
- Gracias Steffy, pero no quiero que tus padres se enfaden
- No pasa nada, en serio. Además, no salen las llamadas en la factura.
- Bueno, pues intento que sea el mínimo posible.
En ese momento me di cuenta de que ya se estaba convirtiendo en una costumbre hablar con mi casa en pelotas y rodeado de mujeres desnudas recién folladas. Si alguna vez me confieso de esto, pensé, me van a tener rezando Credos el resto de mi vida. Marque mi casa y contestó mi madre.
- Diga
- Mamá, soy Jorge, estoy cenando fuera y me he acordado de que íbamos a hablar hoy, no me puedo alargar mucho, es solo para que sepas que estoy bien.
- ¿Dónde estás?
- En el restaurante de un hotel, los viernes salimos a cenar fuera - mentí.
- Pues no oigo ruido.
- Es que estoy en una cabina en la recepción. - dije, mientras Steffy se acercaba y me cogía el pene con la mano, se arrodillaba y se lo metía en la boca.
- ¿Y la familia?
- Están conmigo. - dije, esperando que mi madre no hubiese llamado a casa.
- ¿Cenando todos?
- Claro, mamá, no voy a ser yo el único que cene. - Karin empezó a restregarme las tetas por la espalda y a tocarme el culo. Les encantaba ponerme nervioso y excitarme.
- No me entiendes. Me refiero a si estáis toda la familia o hay más gente.
- Solos, mamá, ¿Qué más gente va a haber?
- Y los amigos esos donde estabas el otro día, ¿no han ido?
- No, mamá.
- ¿Y qué vas a cenar?
- Conejo. Venga, te dejo, que me lo están sirviendo - dije tocándole a Karin el sexo y metiéndole un dedo en la vagina y viendo que estaba empapada.
- ¿Conejo?
- Si, en salsa. Es típico de Bremen. Venga te dejo. Un beso.
- Bueno hijo, qué soso estas y qué cosas más extrañas coméis ahí. Ya me llamas el domingo con más tiempo. Un beso
- Un beso mamá.
También llamé a los Sauer, mi familia de acogida, para decir que estaba bien. Karin hizo lo propio con su madre.
- Bueno, niñas, un poco de leche y a la cama - dije.
- Vale, yo ya estoy en ello. - dijo Steffy soltando mi pene y pasándose la lengua por los labios
- No me habéis entendido.
- El que no has entendido eres tú - dijo Karin. - antes de dormirnos vas a volver a cumplir.
Joder con las niñas, pensé. Nos subimos a la cama, me tumbé boca arriba y se volvieron a colocar una sobre el pene y la otra sobre la boca. Ellas empezaron, de nuevo, a tocarse y besarse. Decidieron estar un rato cada una en cada sitio, primero Karin con mi pene dentro y yo comiéndome el sexo de Steffy y luego al revés.
Luego propusieron un cambio drástico, fruto de la excitación y del morbo. Nunca habían hecho nada lésbico, pero decidieron que era el momento de probarlo. Decidieron hacer un 69 entre ellas y que yo se la metiera a la que estuviera encima, mientras la otra le pasaba la lengua por el clítoris a ella y a mi por los huevos y la base del tronco.
Primero le toco a Steffy. Karin se tumbó boca arriba y Steffy se puso a comerle con maestría todo el conejo. Yo se la metí a Steffy desde atrás en la vagina y Karin chupaba alternativamente, mis huevos y su clítoris. Al rato decidieron cambiar y yo se la metía a Karin. Ambas se corrieron varias veces y en una de esas, me corrí yo también dentro de Karin.
Nos dimos otra ducha, esta vez rápida y decidimos comer algo más. Mientras comíamos les estuve preguntando sobre sus relaciones anteriores. Resultó que Steffy ya había estado con doce tíos y Karin con ocho, lo cual era notable siendo tan jóvenes. Steffy si había hecho además un trio con dos tíos, pero Karin aún no. Ambas reconocieron que les habían puesto los cuernos a sus novios, cuando los habían tenido, pero que esos novios les duraron muy poco, excepto el famoso novio de Karin. Evidentemente ellas me preguntaron a mí y yo les di un pase de media verónica, y como buen torero, me escapé a refugiarme en la barrera, huyendo del tema como pude.
Luego Steffy se fue para arriba a preparar su cuarto para dormir los tres y antes de subir nosotros, se me acercó Karin y me preguntó:
- Jorge, tú y yo, ¿estamos saliendo o solo follamos? - me dejó de piedra.
- Karin es pronto para saberlo. ¿Cuál sería para ti la diferencia?
- Si salimos, tenemos que contarnos lo que hacemos y no hacerlo a escondidas del otro, aunque juntos podamos hacer cosas guarras como las de este fin de semana, porque nos apetezca. Si solo follamos, ambos podemos hacer lo que queramos.
- Y, ¿por qué me preguntas eso?
- Porque Steffy quiere que nos vayamos el próximo fin de semana con esos dos amigos suyos con los que hizo el trio y quiere que me una a ellos para tener una noche de sexo loco y yo no quiero ir, si estamos saliendo.
- La pregunta seria, ¿quieres ir con tu amiga y con esos tíos? - le pregunté.
- Jorge, la pregunta es también, ¿tú quieres que me quede contigo? Piensa qué somos y hablamos.
Me quedé bloqueado. Karin empezó a subir la escalera, estaba preciosa desnuda. Se paró a los tres escalones y me tendió la mano, y yo le dije que luego subía, que necesitaba un momento de tranquilidad y soledad. Ella me sonrió, me miró con cariño, se mordió el labio inferior y aceptó y subió.
Yo me senté en la cocina con un vaso de leche fresca y empecé a descubrir que lo que realmente me apetecía era pasar la noche con Karin, los dos solos. El morbo del trio con su amiga ya se había acabado y yo llevaba una semana muy movida, pasando de cero a tener relaciones con varias mujeres y quería descansar, pero me apetecía hacerlo con Karin a mi lado. Además, me entraban ligeros celos, al imaginarme a ella con otro tío, sin estar yo delante.
Éramos muy jóvenes y yo no sabía lo que duraría una posible relación, pero para mí estaba claro que había pasado en una semana de una vida española represiva, donde todo estaba mal y era pecado y encima sin sexo, al ambiente liberal europeo, donde podía preguntarme si quería salir con una chica adolescente o no quería, sin ataduras y practicando un sexo tan sano o tan guarro como nosotros quisiéramos, sin miedos ni pecados, sin que los padres considerasen que la virginidad de sus hijas era su tesoro más preciado y las encadenasen a sus miedos y frustraciones, y donde se podía ser novios dos días o cinco años, follando, sin que pasase nada y sin que la chica quedase marcada de por vida o la llamasen puta, porque follar no era malo ni pecado, sino algo divertido si se tenía cuidado y educación sexual, y donde no había tabúes y los padres te dejaban hacerlo sin ponerte impedimentos, sino soluciones y medios, y donde se podía ir desnudo o vestido, vivir solo o en comuna, donde la gente no iba reprimida e intentaba ser lo más feliz posible, y donde se trabajaba como bestias para ganar dinero como único problema real, sin añadir inútiles comeduras de coco.
Subí la escalera muy despacio, peldaño a peldaño, pensando cómo venirme a estudiar Ingeniería a Alemania y no volver a ese ambiente represivo y cuando llegué al cuarto abracé a Karin por detrás y le dije al oído:
- Karin, somos muy jóvenes y nos queda mucha vida por delante. No podemos saber qué va a pasar, pero me acabo de dar cuenta de que te quiero con locura y que si, que a partir de este momento estamos saliendo, dure lo que dure. Y que hoy quiero dormir contigo, solos, sin tener tus bragas en mi mano para olerlas, sino a ti y olerte a ti y mañana, cuando nos despertemos juntos, y solo si a los dos nos apetece, nos volvemos a cepillar a tu amiga.
FIN
Bremen, viernes 16 de julio de 1971
Dedicado a la generacion del moviento de 1968, que consiguieron hace 50 años algo que ahora nos quieren revender. Hoy los hippies cumplen 80 años.
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