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Años 70. Vacaciones en Alemania parte II

Jorge nunca imaginó que sus vacaciones en Alemania terminarían entre las sillas de un cine oscuro. Karin, la hija de su familia de acogida, le ofrece más que estudios; le ofrece su cuerpo. Con el riesgo de ser descubiertos y la promesa de un verano prohibido, la tensión crece con cada caricia.

Galleyslave14K vistas9.3· 26 votos

Como he indicado en el relato de la parte I, me llamo Jorge, y mis padres me mandaron un verano a Alemania a una familia de acogida. Mi familia es muy católica y conservadora y la que me encontré en Alemania era todo lo contrario. Además, se unió una familia amiga con una hija adolescente.

Ese lunes me levanté a las siete, desayunamos algo en familia y me fui a la parada del tranvía. Tuve que hacer varios transbordos y al final tardé más de media hora en llegar al colegio.

En las paradas del tranvía se encontraba un cuadro con los horarios, que respetaban al segundo, por lo que se podía perfectamente saber la duración y hacer planes para salir de casa a punto de coger el tranvía. Eso, en comparación con los autobuses de España en esa época, que llegaban cuando les daba la gana, resultaba extraterrestre.

En el colegio nos repartieron por diversas clases en grupos de tres. Como éramos la novedad y la máxima atracción, nos obligaron a contestar todas las preguntas que los alumnos alemanes nos hacían para conocer nuestro país. En aquella época no venía a España casi ningún turismo alemán y el conocimiento de los españoles se reducía a lo que transmitían los trabajadores españoles que emigraban a Alemania, y que generalmente venían de los pueblos con un nivel cultural medio bajo, con muy pocos titulados y que ocupaban, por lo tanto, puestos de trabajo poco cualificados.

Los trabajadores emigrantes en Alemania eran por aquella época mayormente españoles, portugueses, griegos o italianos. Los españoles dejaban la familia en el pueblo en España y se iban solos a vivir en apartamentos compartidos, ahorrando todo lo posible y mandando dinero a casa para la familia y soñando con volver. En los 80 ya se volvieron todos y fueron sustituidos por trabajadores turcos, con otra cultura, que se llevaron a toda la familia, incluso los abuelos y que se han convertido en una inmigración que ahora ronda más del 15% de la población alemana, yendo muchas de sus mujeres de negro tapadas hasta las orejas, incluso las hijas ya nacidas en Alemania, lo que contrasta con la educación liberal de los alemanes. Por lo tanto, la imagen que unos estudiantes de Bremen podían tener de los españoles es parecida a la que ahora tendríamos nosotros de los habitantes subsaharianos.

Como era evidente las preguntas fueron sobre Franco (y lo que se podía o no se podía hacer bajo el régimen), los toros (todo español debía ser torero y llevar el capote en la mochila), el Real Madrid (que hacía cuatro años había ganado se sexta copa de Europa), el flamenco (ya sabéis que todos íbamos de corto a la oficina y las mujeres con falda de volantes a la compra) y la paella (que allí preparaban en algún restaurante con más pollo que arroz, porque un alemán no iba a pagar para comer arroz, como los chinos). Menuda imagen cutre tenían estos alemanes sobre nosotros en esa época. Luego el turismo, la democracia y la entrada en la EU han hecho que nos conozcan mejor, al margen de que nosotros hayamos cambiado mucho. La educación ha sido de mucha más calidad y gratuita, por lo que la juventud ha ido saliendo cada vez más preparada, hasta que hace pocos años hemos iniciado, a mi modo de ver, un camino inverso sustituyendo conocimientos académicos, por mantras en mensajes y videos de las redes sociales.

Les estuvimos contestando a todo y al final ya pasaron a preguntas más personales.

- ¿Tenéis novia? - pregunto una chica morena de ojos azules, con las consecuentes risas de toda la clase.

- ¿Por qué estudiasteis alemán? - preguntó otra.

- ¿En España tenéis coches? - Preguntó un chico que no se le veía muy avispado, pero luego recordé que en mi calle había un negocio de alquiler de carros de madera para transportar enseres a mano, algo así como una carretilla gigante. Mis padres tenían un Seat 1500, pero aún no era habitual encontrar un atasco.

Luego estuvimos de oyentes en varias clases de matemáticas e historia, tragándonos un rollo sobre Carlomagno y sus batallas en Sajonia. Así terminamos la mañana y luego nos reunimos con los demás compañeros españoles a conversar sobre la familia que a cada uno le había tocado.

- A mí me ha tocado una familia un poco desordenada, tienen la casa hecha un asco - comentó uno.

- Pues a mí justo al revés, la señora no para de limpiar y va pasando la mopa por donde ando, como si yo fuera soltando piojos - contó otra chica.

- Pues a mí me han llevado a una granja y huele a boñigas de vaca. - comento un tercero y así fueron contando todos los demás, hasta llegar mi turno.

- La mía es una familia muy normal y seria; estoy bien, contento con la que me ha tocado - mentí yo.

Al final nos despedimos y yo me fui hacia la estación central de tren a esperar la llegada de Karin. Me tomé otra salchicha con patatas fritas y me compré un periódico Bild y me senté en un banco a ver que decían y saber qué había pasado por el mundo. A las cuatro y diez Renate paraba delante de la estación y Karin se bajaba del coche, con un short blanco y top azul con dibujos de velas de barcos, de esos cortos que dejan la tripa al aire y se quedan colgando desde las tetas, dejando espacio por debajo. Noté que venía sin sujetador por cómo se le movían las tetas.

- Hallo Jorge, ¿llevas mucho esperando?

- No, un poco, porque terminé las clases a la dos. ¿Dónde me llevas?

- ¿Te parece que nos vayamos a un cine? - dijo y yo entendí el matiz ir a un cine, no al cine. Esto prometía.

- Vale. - acepté y ya empezaba a levantárseme el pito mientras le miraba los pechos y soñaba con meter las manos bajo ese top.

Nos fuimos a un cine que había junto a la estación y nos metimos a ver la primera película que empezaba. La trama de la película no nos interesaba demasiado, claro, en realidad no nos íbamos a enterar de que iba. No había casi nadie y nos sentamos en las últimas filas sin nadie alrededor y nos empezamos a morrear y yo le metí rápidamente la mano por debajo de esa camiseta que me tenía cardiaco desde que llegó y empecé a acariciarle los pechos y a tirarle de los pezones.

Poco después Karin me abrió la bragueta, saco mi pene que ya estaba casi totalmente empalmado y se lo metió en la boca. Yo le metí la mano por el pantalón y la braga por detrás y empecé a acariciarle el culo, que es a lo único que llegaba desde esa posición. Cuando ya estaba palote total y ella saboreó el líquido preseminal que empezaba a salir, ella se levantó, se bajó el pantalón y se quitó la braga. Yo me bajé el pantalón y el calzoncillo y entonces ella se sentó sobre mí mirándome, dejando que su sexo se apoyara sobre mi pene tieso. Noté la humedad que la invadía y que bajaba fluyendo y mojando todo el lomo de mi polla. Yo le levanté la camiseta y le empecé a besar los pechos y morder los pezones.

Estuvo unos minutos restregando su sexo contra mi polla, mojándola toda, hasta que en un momento dado se incorporó un poco dejando que mi pene se pusiera más vertical y entonces ella, agarrándolo con la mano, volvió a dejarse caer y se lo metió lentamente en el coño. Note un calor húmedo alrededor de mi polla que me encantó. Era mi primer polvo y quería disfrutarlo al máximo. Empezó a moverse de adelante a atrás con ella ensartada hasta los huevos, estrujándola con los músculos vaginales y restregándome su coño contra mi piel. Le puse la mano contra el monte de venus y con el pulgar le empecé a acariciarle el clítoris y le seguí chupando los pezones. Me empecé a concentrar en no llegar, para prolongar ese momento al máximo.

- Jorge, du bist so süß und lieb (eres tan dulce y cariñoso) - me dijo

- Tú también eres preciosa y un tesoro - le conteste, añadiendo - Tenemos que tener cuidado, ya estoy cerca.

- No te preocupes, tomo la píldora, me la consigue mama. Puedes llegar dentro. Quiero notar como me llenas de leche.

- Vale, de acuerdo. ¿Cómo vas?

- Estoy cerca, aguanta un poco más. Venga. Disfrutemos.

En ese momento le volví a tocar el ojo del culo con la mano libre, con un masaje haciendo círculos sobre él, para después meterle un poco el dedo, moviéndolo dentro. Seguí pasándole la lengua por los pezones que me apuntaban a la cara, alternando de uno a otro. Realmente no quería defraudar a esa mujer que había permitido que metiera el pito por primera vez dentro de un cuerpo de mujer.

- Ya llego Jorge, como me gusta todo lo que me haces, qué gusto, ahggg, sigue, sigue, dame fuerte, ahggg,

Ella empezó a correrse y yo aguanté un poco más, dándole más fuerte en el clítoris con una mano y metiéndole cada vez más el dedo en el culo con la otra. Para ahogar sus gemidos y que no gritase, liberé sus pechos y le empecé a besar de nuevo. Me pegó un mordisco en el labio y empecé a notar como empezaba a tener espasmos y como empezaba a caer liquido por mi polla como si fuese una fuente. Seguí aguantando hasta que ella casi estaba terminando y entonces me relajé y descargué toda mi leche en su interior, con un montón de chorros. Ella contrajo los músculos de la vagina y me ordeñó en profundidad. Joder con la niña.

Nos quedamos abrazados un rato más besándonos. Luego ella sacó un par de paquetes de pañuelos de papel de su bolso, saco dos o tres pañuelos, los extendió y los puso debajo de su coño en cuanto se incorporó, para intentar retener el máximo posible flujos y leche, y no poner todo perdido. Venia preparada. Yo estire los pies para que todo aquello no resbalase y me manchase los pantalones. Nos limpiamos como pudimos con el reto de pañuelos. Ella se puso un pañuelo doblado sobre el coño y se puso la braguita y los pantalones. Mientras yo también me vestí. Entonces miramos a ver si había alguien cerca mirándolo y por suerte nadie se había dado cuenta. Nos cambiamos de asiento al otro lado de la fila y seguimos dándonos besos.

- ¿De qué va la película, Karin?

- Keine Ahnung, läuft weiter? (ni idea, sigue?) - me contestó

- Jaja, claro, pero no sé qué pasa.

Seguimos sentados un momento, pero ante el panorama de ver un trozo de película de la que no sabíamos ni de que iba, decidimos salir del cine e irnos a dar un paseo.

- Aquí hay un parque muy bonito, el Bürgerpark. Esta algo lejos, pero podemos dar un paseo- me propuso.

- Vale Karin, tú eres la que mandas, como ya se ha visto antes en el cine, jaja. - le contesté guiñándole un ojo.

- No sean malo. Si es por ti, aún no me habrías entrado.

- Yo es que soy un poco tímido.

- Justo lo contrario que yo - me reconoció.

Le di la mano y fuimos andando por debajo del túnel de la estación hasta el parque. Allí nos sentamos en una zona con un lago, nos descalzamos y dejamos los pies dentro del agua tumbados en el césped.

- Karin, quiero probar todo contigo, me pones un montón.

- Jorge, tenemos todo el verano.

- Pero yo estoy otra vez con ganas. Me encanta esta camiseta - le dije, mientras le metía la mano en las tetas y luego por la parte delantera del pantalón, llegando a tocar su clítoris y me acercaba con la boca y la metía por debajo de su camiseta mordiéndole los pezones.

- Jorge, aquí no podemos hacerlo. Nos puede conocer alguien, bueno, a mí. Te dejo que me des con la mano y luego te lo hago yo también con la mano, pero te vas a poner el pantalón perdido si vuelves a echar lo de antes.

Nos pusimos uno frente al otro de lado y yo seguí masajeando su clítoris y a veces bajaba hasta introducirle un dedo. Ella me empezó a pajear con la mano. Noté que me chocaba con el pañuelo de papel que se había colocado en el cine, a modo de lo que ahora se llama salvaslip, y lo saqué muy mojado y, evidentemente, me lo llevé a la nariz, oliendo una mezcla de flujo y esperma.

- Jorge, veo que te gustan las cosas guarrillas, ¿no? - me dijo con cara de pilla.

- Me excita todo lo que tenga que ver contigo, Karin - le contesté, y realmente estaba descubriendo aficiones extrañas en mí.

- Vamos a tener que hacer más cositas guarras, cariño. Me gustas porque lo haces todo muy sensual y con cariño - me dijo, poniendo cara de salida.

- Karin, no me voy a cansar de hacerte cosas, pero me tienes que ir diciendo qué te gusta más, para no perder el tiempo - dije. Y para yo saber qué hacer, pensé, porque no tenía ni idea de sexo.

La verdad es que estábamos muy a gusto haciéndonos cositas, metiéndonos la mano mutuamente por el pantalón, yo con la mano en su coño y ella pajeándome lentamente. Ella empezó al rato a suspirar más fuerte y yo intensifiqué el masaje al clítoris y ella cerro las piernas pillándome la mano y empezó a correrse.

- Ya llego, sigue, ahí, ahí me gusta, dale fuerte al botón, me corro,

Yo seguí moviendo el dedo a pesar del poco espacio que me dejaba.

- Para, para, que me haces cosquillas. Cuando llego lo tengo muy sensible y casi me haces daño si sigues dándome. Ahora te toca a ti - me dijo

- Lo que puedas hacer, Karin - contesté.

- Te lo hago con la mano, ¿vale? - me propuso y empezó a mover la mano dentro del pantalón- y cuando vayas a llegar me avisas y cojo un pañuelo.

Yo me tumbé de espaldas y ella se apoyó sobre mi tripa y soltándome el cinturón y el botón y bajándome la bragueta metió la mano por debajo del calzoncillo y empezó a sobármela y a bajarme el prepucio. Así estuvimos un buen rato, me encantaba lo que me hacía. Como estaba de espaldas a mi le metí la mano por la parte de atrás del pantalón y, mojando el dedo en la entrada de la vagina, le empecé un leve masaje en el culo, metiéndole de vez en cuando el dedo hasta casi la mitad. Al cabo de un rato me empezó un cosquilleo por la polla, aviso de que llegaba mi descarga.

- Ya llego - le dije.

- Espera - dijo, y mirando a ambos lados y viendo que no pasaba nadie, me bajó el calzoncillo, sacó el pene y se lo metió en la boca, y empezó a chuparme el glande pasando la lengua por todo él y moviendo con la mano el resto del pene.

- Ahora sí que de verdad ya llego - le dije sintiendo sobre todo cómo me rozaban el glande con los labios y la lengua, y sintiendo como me subía el semen, empecé a descargar en su boca otra vez bastantes corros de leche, que se tragó hasta última gota, pasando al final la lengua por el glande.

Pero de pronto me subió el calzoncillo rápidamente y se tumbó sobre mi vientre para taparme, porque en ese momento llegaba una familia paseando con un niño que iba dándole patadas a una pelotita.

Luego nos quedamos un rato tumbados boca arriba, ella con su cabeza sobre mi pantalón y yo acariciándole el pecho metiendo la mano por debajo de la camiseta. A las 7 habíamos quedado con Renate y para volver a casa a cenar. Se nos había pasado el tiempo sin darnos cuenta. Salimos corriendo hacia la estación y cuando llegamos, Renate ya llevaba un rato esperando.

- ¿De dónde venís, chicos? Se hace tarde para cenar.

- Yo no tengo mucha gana, ya he tomado algo - dijo Karin, dándome un pellizco en el culo cuando su madre se dio la vuelta.

- Bueno, pero tenéis que cenar bien y acostaros, que mañana hay clase. Karin tú tienes que estudiar, que estás de exámenes finales y sobre todo tienes uno importante dentro de tres días. - dijo su madre.

- ¿De qué tienes los exámenes? - le pregunté.

- El primero de Matemáticas, el viernes - dijo Karin.

- Yo voy a estudiar Ingeniería, te puedo ayudar, si quieres. - me ofrecí.

- Vale, dijo ella al momento. Mamá, ¿por qué no viene Jorge mañana a casa después de clase y le consulto unas dudas?

- Vale, lo veo. Hablo con Hanna y si ellos no tienen nada previsto, lo organizo.

La mirada de Karin no tenía desperdicio. Volvió a morderse el labio inferior.

En casa no había nada previsto para ese martes por la tarde y les pareció genial que ayudase a Karin con sus exámenes y así hacia algo útil por la tarde. Renate me recogería del colegio a las dos y me iría a comer a su casa a esperar que Karin llegara a las tres y media del cole.