Descubriendo el sexo con 18
El aire frío de la noche no puede apagar el fuego que lleva dentro. Con solo 18 años, decide que la noche es suya y que Eric será su maestro. Pero en el coche, el juego de manos y miradas es solo el preludio de lo que él tiene planeado para cuando lleguen a su casa.
Me pongo los tacones en cuanto cierro el portal. El coche de Eric está al final de la calle, lo había visto llegar mientras saltaba por la ventana. Camino rápido por la acera alejándome de donde se supone que debo estar durmiendo. Siento como el aire se cuela por debajo de la gabardina y me acaricia, estoy mojada y hace que me den escalofríos. Abro la puerta del coche y me siento. ‘¿Vamos?’ pregunta Eric, ‘Corre, porque si no me corro yo’ estaba muy cachonda y sabía que el también.
A sus 20 años tenía toda la experiencia que me faltaba a mí con 18, y eso me encantaba. Había perdido mi virginidad meses atrás con mi ex novio, y ahora quería probar cosas nuevas, MUCHAS cosas nuevas. Puse mi mano sobre su rodilla y vi como sonreía. Fui subiendo poco a poco por su pierna acariciándole sensualmente, mientras con la otra desabrochaba la parte de debajo de mi gabardina para enseñarle que no llevaba nada puesto.
-Joder, vas a hacer que tengamos un accidente. No deberías tocar por ahí.
-Shhh. Tú atiende al volante que yo me encargo del resto.
Le desabroché el pantalón luego de un rato tocándole por encima. Metí mi mano izquierda y empecé a pajearle mientras yo me masturbaba con la derecha. Él no paraba de desviar la vista para ver como mis dedos se empapaban al entrar y salir de mi coño mientras su polla estaba cada vez más dura con los movimientos de mi mano. Llevé mi mano derecha a mi boca para saborear lo lubricada que estaba y acabé de sacar su pene del pantalón.
-No sabes que ganas tenía de hacer esto.
-¿El qué? –y lo miré zorramente.
Me agaché sobre él y empecé a rozar su dureza con mis labios. Estaba húmeda. Lamí su glande como si fuese una piruleta. Sentía como él se movía e intentaba no gemir. Mojé su polla con mi saliva lamiéndola de arriba abajo, luego empecé a metérmela en la boca. Primero solo la punta y le pajeaba con la mano, cada vez que me acercaba a su frenillo el no podía evitar gemir. Se agarraba al volante mientras yo cogí su mano derecha y la puse en mi cabeza para que me guiase. Me movía sobre su polla al ritmo que él marcaba. Cada vez que me llegaba a la garganta no podía evitar las arcadas y eso a él le ponía muy cachondo.
‘Levántate.’ A regañadientes me incorporé y le abroché el pantalón, joder, estaba muy cachonda. El puso su mano en mi pierna e intentó seguir mis mismos pasos. Finalmente llegamos a su casa. Me cogió por la cintura y me apoyó contra la puerta del coche, acercó sus labios a mi boca pero cuando estaba a punto de besarle se apartó:
-¿De verdad pensabas que iba a ser tan fácil?
Descendió sobre mi cuello rozándome y dejando algún beso que otro mientras sus manos rozaban mi espalda desnuda, desde mi nuca hasta el principio de mi culo. Yo ardía en deseo y sabía que el también. Me tapó los ojos con las manos y me llevó hasta dentro de su casa. Me sentó en lo que supuse era su cama, no sin antes sacarme la gabardina y las botas. Se tumbó encima de mí y siguió besando mi cuello y la parte alta de mi pecho.
Aproveché una distracción para subirme encima de él y empezar a devorar su cuello con ansia. No tenía control para delicadezas, quería impregnarme de su sabor y su olor. Desabroché su camisa botón a botón y jugué a lo que él había estado haciendo conmigo. No le dejé besarme. Bajé por su torso musculado dejando besos en cada centímetro sin dejar de mirarle a los ojos. Desabroché de nuevo su pantalón y en cuanto le saqué la ropa interior su polla funcionó como un resorte. Estaba tan duro como antes. En cuanto me disponía a chupársela me agarró de los brazos y me impulsó hacia arriba dejándome luego debajo de él.
En cuanto me dí cuenta tenía una cuerda en cada muñeca y no podía moverme. Estaba cachonda y él me miraba con deseo y lujuria. Empezó a morderme como yo lo había hecho antes, puso sus manos en mi culo y besó mis muslos. Abrió mis piernas y empezó a lamerme de forma desenfrenada. Sentía como no paraba de lubricar y como a él le gustaba. Empezó a comerme con ansia y yo no podía parar de mover mis caderas y de retorcerme. Metió sus dedos en mi coño y ahí no pude evitar gemir.
-¿Te gusta cómo te lo hago?
-Si follas igual de bien que haces eso te adoraría.
Después de soltar un par de gemidos cada dos frases él empezó a devorarme con intensidad y cada vez más rápido. No podía evitar demostrarle todo el placer que me estaba dando, mis piernas temblaban y yo no podía evitar elevar mi cadera a cada momento. Hasta que vino, uno de los mayores orgasmos que había tenido en mi vida. Gemí y noté como Eric disfrutaba con mis espasmos.
-Eres lo más rico que he probado.
-Déjame probarte a ti –dije mientras tiraba de las cuerdas.
Pero antes de darme cuenta lo tenía besándome el cuello con su polla preparada para el ataque. No té como se hacía paso en mi vagina. Me dolía y fue despacio. A los pocos minutos podía meterla entera. Sentía su polla dando en el cuello de mi útero y no podía evitar gemir. Nunca había sentido algo así. ‘Fóllame así.’ Eric no paraba de darme cada vez más fuerte. Soltó mis cuerdas y yo me puse encima. No paraba de devorarle el cuello mientras movía mi cadera cada vez más rápido.
-Dios me encanta como te mueves. Dame más. Así. –las palabras de Eric me ponían aún más cachonda. Y me moría por besarle, así que me acerqué a su cara y le besé. Introdujo su lengua en mi boca y me puso a cien. No parábamos de besarnos mientras su polla seguía entrando y saliendo de mi coño.
Me incorporé y dejé que me admirase mientras me tocaba para conseguir llegar al orgasmo con el dentro. No tardé mucho y con mis movimientos de placer y las contracciones de mi vagina el acabó corriéndose dentro de mí. Caí rendida encima de su cuerpo. Besó mi cabeza y me tapó con las mantas.
-Que sepas que esto no acaba aquí.
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