Un encuentro inesperado y ansiado 18
Lleva un collar que grita su pertenencia y un juguete que marca su sumisión. Pero hoy, ella no se conforma con el control privado: quiere que el mundo entero vea dónde está su lugar.
No estaba seguro si debía preguntarle esto a mi Ama. Tras mucho pensarlo me decidí por hacerlo.
Mí Ama, me gustaría preguntarle algo. ¿Me lo permite usted?
Dime Luisa
Ese señor Juan, ¿le conoce como sumiso?
Nooo, Juan es un antiguo amigo mío. Participa como yo de mis gustos. El es Amo, muy dominante. El solo busca sumisos y sumisas para sesiones. Hemos coincidido en varias ocasiones y hemos intercambiado puntos de vista sobre la D/s.
Por sus palabras de despedida lo creía sumiso, lo siento.
Bueno, ¿que tal te sientes llevando tu nombre grabado en el collar?
Ha sido una experiencia nueva para mi, como cuando conocí a la señora Mónica. Cuando me ha mandado darle el collar me ha costado asimilar el hecho de hacerlo público, pero como habrá podido comprobar no lo he dudado ni un solo instante.
Si, eso es cierto. Me he dado cuenta de tu comportamiento. No olvides nunca que tú me perteneces y por tanto puedo hacer contigo lo que desee y de ti ya te dije desde un principio que lo que más valoro es tu obediencia. Nunca te humillaré como persona ya que lo que siento por ti me lo impide pero si se que tú obediencia ciega a mi te puede hacer sentir así. Al aceptarlo te hace mejor esclavo y eso lo valoro mucho.
Gracias por sus palabras, mi Ama.
Ahora vamos a almorzar a un restaurante que conozco aquí cerca. Podemos ir andando.
Marchamos uno al lado del otro como cualquier pareja. Me sentía muy bien después de sus palabras. Le hubiera dado un abrazo y un beso. Llegamos y tomamos una mesa. Le tomé su silla para que se sentara y después lo hice yo frente a ella aunque lo hice un poco de lado ya que el rabito del plug me presionaba en mi ano.
¿Te ocurre algo? Siéntate bien, estás sentado que parece que tienes prisa para irte.
Le confieso que me siento así para que me presione más de la cuenta el plug.
Ja, ja, ja no recordaba ese detalle. Ja, ja, ja. Pues quiero que te sientes normal. Si te presiona es mejor, así hará mejor su efecto. ¿No lo crees tú así?
Me senté normal y al hacerlo era como si el plug penetrara mucho más mi culo. La miré y le sonreí. Ella entonces me cogió la mano y me lanzó un beso.
Dame un cigarrillo, en toda la mañana no me he fumado ninguno y me apetece.
Mientras fumaba mi boca se abría una y otra vez intentando tomar la mayor parte de él. En eso llegó el camarero.
¿Que van a beber?
Tomaremos dos vino blancos bien fríos, dijo ella.
Gracias mi Ama, no lo esperaba.
Hay situaciones especiales en las que sin olvidar lo que somos priman los sentimientos y esta es una de ellas.
¿Brindamos, Luisa?
Antes de hacerlo le ofrecí mi copa.
Me gustaría recordar el día en que nos conocimos.
Muy bien, me gusta tu ofrecimiento.
Acercó su cigarrillo a mi copa echando su ceniza en mi copa.
Brindemos, así está mejor. Veo que sigues deseando que todo esté impregnado de mi. Así ha de ser y seguirá siendo.
Nos trajeron dos cartas y yo cerré la mía. Sabía que sería ella quien elegiría por los dos.
Pues quiero probar estos dos platos así es que pedirás esto y así los probaré. Tú ya sabes que tomarás lo que yo te de.
Por supuesto mi Ama Paula.
Seguimos charlando y tomando el vino hasta que nos trajeron lo deseado por ella. En la mesa me dediqué a prepararle el pescado y dárselo limpio de espinas.
Me gusta como me preparas todo. Eres un encanto. Toma no me apetece tomar más. Pásame el otro que lo pruebe.
De la misma forma le troceé la comida para que no se molestase y le pasé el plato.
Como esclavo suyo el estar mirándola mientras movía su boca masticando la comida suponía un gozo difícil de entender por quien no siente esta condición. Aquí mi imaginar como estaría la comida en su boca mezclada con su saliva añadía un toque de excitación extra.
¿Te gusta mirarme, Luisa?
Sabe bien que si, mucho.
Toma, abre la boca.
Llevó su tenedor al interior de su boca y lo sacó repleto de comida ya masticada. Al acercarlo a mi boca me trasladó a obtener un placer que provocó mi excitación. Lo tomé y lo mastiqué. Era una comida que antes había estado en su boca, que la había masticado, que la había mezclado con su saliva y que había tomado una temperatura y un sabor muy distinto al plato original.
¿Te gusta mucho, verdad?
Más de lo que puede imaginar. Gracias mi Ama.
Cuando terminamos me mandó pagar para irnos a casa. Íbamos andando cuando al pasar por una tienda de animales se paró.
Vamos a entrar aquí, quizás tengan lo que busco.
Entramos y dirigiéndose a la empleada le preguntó por una colchoneta grande para una perra que tenía.
Si, claro. Venga por aquí y las ve.
Fuimos tras la empleada y nos mostró todo tipo de colchonetas.
¿Pesa mucho su perra?
Mi Ama me miró y sonrió.
Échate y dime si es cómodo, pruébala.
Rojo como un tomate me agaché y tumbé en la colchoneta que había elegido.
Es bastante cómoda, si.
Bien entonces me la llevo.
La empleada me miraba un poco perpleja por lo que había visto. Seguramente también había visto mi collar y la inscripción que tenía.
Son quince euros.
Paga y lleva tú la bolsa.
Cuando nos íbamos la chica de la tienda me miró y le habló a mi Ama.
Espero que su perra esté cómoda. Hasta pronto.
Seguro que sí. Al menos la he comprado a su gusto.
Salimos de la tienda y de verdad que muy contento de ir a su lado con la colchoneta liada en mi mano.
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