Un encuentro inesperado y ansiado 12
Paula no busca solo tu obediencia, busca tu esencia. En esa habitación insonorizada, cada latigazo y cada quemadura son lecciones que no olvidarás. ¿Estás listo para ser su perra?
Me mandó seguirla a su dormitorio no sin antes tirar de mi de la correa de mi collar. Al llegar me señaló el suelo con su mano mientras ella se desnudaba y se vestía con la ropa que había comprado con Mónica.
Cuando terminó se acercó a mi y dirigiéndome una mirada soltó una sonrisa.
Hoy vas a conocer realmente a tu Ama Paula. Te aseguro que no lo olvidarás.
En su dormitorio había una puerta que nunca había abierto y que yo desconocía a donde llevaba. Me cogió de la correa y me llevó hasta ella.
Hoy vas a conocer el sentido de esta puerta, mi perra.
Abrió la puerta y nos introducimos dentro cerrándola tras nosotros.
Esta es mi habitación preferida. Me ha costado mucho ponerla a mi gusto. Está insonorizada. ¿Te gusta perra?
Si, mi Ama pero me da un poco de miedo y nerviosismo de ver todo lo que hay en ella.
No has de temer nada ya que todo lo que ves me produce placer el utilizarlo. ¡Levanta y acércate!
Me llevó a un aspa de madera que había en la pared. Levantó mis brazos esposándolos para después abrir mis piernas y hacer lo mismo que con mis brazos. Quedé totalmente inmóvil.
Me gusta verte así. Ahora quiero que veas lo que hay aquí.
Miré donde me indicó y vi una gama de látigos largos, cortos, trenzados, de colas, etc. Junto a estos había una colección de pinzas y pesas de todos tipos y tamaños.
¿Cómo tienes los pezones? No hace falta que me contestes, lo comprobaré yo misma.
La vi alejarse de mí y encender un cigarrillo para luego coger unas pinzas. Se acercó a mi y cogiendo uno de mis pezones lo apretó entre sus dedos para colocar después una de las pinzas. Con el otro pezón hizo lo mismo. El dolor era fuerte pero sabía que debía soportarlo para recabar su perdón. Acercó su cara a la mía y abriéndome la boca con su mano enguantada en látex echó el humo del cigarrillo que fumaba.
Toma y traga lo que te voy a dar.
Y escupió gran cantidad de saliva en mi boca.
Puedes gritar lo que quieras, ya sabes que está insonorizada.
Tomó una pesas y las colgó de las pinzas estirando los pezones hacía abajo y aumentando la tortura.
¡Qué bonitos se ven! - a la vez que hacía balancear las pesas.
¡Uy, tus huevos están muy descuidados! Tendré que hacer algo para que estén a juego con tus pezones.
Ató un cordel alrededor de mis huevos y polla provocando que estuviera tiesa e hinchada. Se sentó frente a mi terminando de fumarse el cigarrillo.
Te ves muy guapa. Espero que te veas igual cuando termine contigo, puta perra desagradecida.
Con la colilla aún encendida se levantó, se acercó a mi, pegó su cara a la mía y diciendo “Te quiero mucho esclavo” sentí como apagaba la colilla en uno de mis pezones apretándola hasta que se apagó.
¿Cómo te sientes perra?
No fui capaz de articular palabra. La quemazón era grande y no podía aliviarme al estar atado a la cruz. Se alejó de mí para encender otro cigarrillo.
Como supondrás no puedes quedarte con un solo pezón así. ¿Lo entiendes, verdad?
Se acercó nuevamente a mi, ahora con una pequeña fusta en su mano y comenzó a dar golpes con ella en el pezón quemado.
Creo que se te pondrá algo hinchado pero pronto cicatrizará. Ja, ja, ja.
Levantó su pierna y a la vez daba golpes a las pesas colgadas de mis huevos haciendo que se balancearan. Era tal el dolor que no sabía distinguir si era del pezón quemado, de la fusta o de mis genitales. Se separó nuevamente de mí llevando en una de sus manos el cordón que ataba mis huevos.
Me gustan tus huevos hinchados.
Encendió otro cigarrillo y fue depositando la ceniza en mi polla usándola como cenicero.
Usarte me excita y me vuelve loca.
Soltó el cordón de su mano haciendo que las pesas dieran un tirón brutal de ellos. En todo momento mi boca no emitió quejido alguno. Era mi forma de demostrarle que entendía que mi castigo era necesario para ser mejor esclavo para ella.
Ahora fue a una de las paredes en las que había todo tipo de látigos. Tomó uno de mediana longitud con varias colas. Se acercó nuevamente a mi volviendo a llenar mi boca del humo de su cigarrillo enseñándomelo.
¡ Uy! No me he dado cuenta de que me lo he fumado. Estoy tan concentrada en el placer que estoy sintiendo.
Una de sus manos apretó mis huevos y con la otra apagó la colilla en el otro pezón.
Creo que después de hoy no se te va a olvidar nunca más nada de mis gustos y deseos. ¿Verdad que no?.
Con lágrimas en mis ojos le contesté que nunca más olvidaría algo suyo. Tras decírselo me soltó de piernas y brazos. Creía que todo había terminado pero mi sorpresa fue cuando me hizo ponerme de espaldas a ella para volver a atarme. Una vez atado me puso un sujetador alrededor de mi pecho con unos recortes circulares que tapaban mis pezones y que al ajustarlo fuertemente noté que tenía una especie de tachuelas que se clavaban en ellos.
Desde atrás me abrazó posando sus manos en las pezoneras y me preguntó.
¿A que ahora estás más cómodo, mi perra preciosa?
Mucho más mi Ama.
Eso es lo que pretendo que entiendas. Si tú me sirves bien yo te cuidaré siempre.
Dicho esto cesó su abrazo y durante un rato no supe nada de ella hasta que un golpe seco sacudió mi espalda.
¿Sabes cuantas horas he estado sin recibir tus atenciones?
Creo que desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde.
Un nuevo latigazo descargó sobre mi espalda.
¿Te he preguntado la hora en que me fui y que volví, perra estúpida?
Lo siento mi Ama, han sido ocho horas.
Esa respuesta si es la correcta. Ahora empieza a contar.
Uno tras otro fui recibiendo sus latigazos hasta completar los ocho indicados. Cuando terminó me soltó y sentándose en un sillón me mandó postrarme a sus pies acariciando mi cabeza como se acaricia a una perra.
Tienes madera para ser un buen esclavo. Espero que hayas entendido que mi correctivo es fruto de lo que te quiero. Si no hubiera sido así ni me hubiera molestado en dedicarme a ti para corregirte pues es tanto lo que siento por ti que necesito que seas perfecto para mi.
Gracias, mi Ama y Dueña, por preocuparse de mí y aceptar mi perdón. Gracias de nuevo.
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