Las consecuencias de Diálogo entre cornudos 9.
Ella no solo le pide que aguante los cuernos; le exige que se prepare para ellos. Depila, modifica y somete su cuerpo hasta convertirlo en un accesorio perfecto para la fantasía de su amante. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para no perderla?
Las consecuencias de Diálogo entre cornudos 9.
El miércoles fotográfico El noveno e mail
De: roberto s p [mailto: [email protected]]
Enviado el: miércoles, 27 de JULIO de 2022 00:08
Para: <[email protected]>
Asunto: Re: Enviando por correo electrónico: contestación.
Hoy es miércoles. El desayuno normal. Como si no hubiera pasado nada en toda la semana. Sé que hoy toca. Se ha levantado y se ha puesto solo su mini camiseta. Es una camiseta corta. Sin mangas. Por supuesto sin nada debajo. Para que viera su culito, y sobre todo el meneo de nalgas y de las tetas bajo la camiseta.
Ayer noche al hacerlo, lo hicimos pensando en ello. Ella seguro que, en su amante, preguntándome de vez en cuando cómo les había comido las pollas, pensando en que así me iba a comer la de su amante. Yo imaginando que por fin vería como la follan delante de mí. Aunque tenga que comerme todas las pollas del mundo.
Me dormí pensando en ello. Soñé toda la noche con ello.
-. Mírame, ¿está bien recortado? Me dijo enseñándome el triángulo de su peludo coño. Esta tarde toca dibujo. Por si me toca posar, ya sabes, dijo con cierto cinismo.
De sobra sabía por qué me lo enseñaba y lo que me estaba diciendo. Mi polla se puso inmediatamente tiesa.
Me miró de reojo. Una sonrisa de mala, malota.
Insistió.
-. Ya sabes… esta noche volveré algo tarde. No me esperes levantado en el sofá…
Vi como sus dedos paseaban provocadores entre los labios de su coño. Abrió obscena las piernas. Comenzó a masturbarse. Alternaba las miradas. Se miraba al coño y luego a mí para ver qué cara ponía.
Me miraba, pero era como si no me viera. No sé, una sensación rarísima. Jamás había hecho algo así. No sé cómo decirte… La miraba. Veía su cara. Era mi mujer. La veía incluso vestida de novia. Y al tiempo miraba y veía la cara de una manipuladora, de una mujer que no tenía límites. Era una puta viciosa que me ponía los cuernos, que follaba con otros, que queria que yo me comiera la polla de su amante, o que hiciera de mamporrero para él.
Si, muy sincera conmigo, sin secretos decía, pero siempre me lo había contado a toro pasado. Nunca me había pedido permiso para nada. Había hecho lo que la había dado la gana.
Y todo sin que su cara se moviera ni un pelo. Era la misma cara, la misma mirada. ¿Y qué pensaría? Sí, qué pensaría el día que me viera hacerlo. Porque tarde o temprano sé que lo haré. ¿Qué pensará de mi? ¿Se excitará de verdad al verlo? ¿Qué pasará cuando deje de ser una fantasía, un morboso juego y se haga real? No quiero ni pensar qué imagen tendré chupando una polla o dejándome dar por el culo. Su hombretón, su marido ensartado en un rabo… pero solo imaginar que ella lo estará viendo, que ella está delante o que se lo estaré haciendo a su amante para que se la cepille mejor me vuelvo loco. Mis huevos empiezan a ponerse duros, empiezan a generar esperma y tengo que tocarme, tengo que correrme… Mi cerebro me lo ordena.
Dicen que todo es químico. Que todo el cuerpo funciona por las sustancias que produce el cerebro. Que la culpa la tienen las hormonas. Joder, no sé qué hormonas harán los cojones, pero las que fabrican los míos, me tienen completamente devorada la cabeza. Jamás había experimentado algo así. La miraba y era una mujer adorable, mi mujer. Pero no era ella. Era una persona distinta, que hacia cosas completamente desconocidas para mí.
Se tocaba, se acariciaba, pero era como si yo no estuviera. No sé. Daba la sensación de que estaba como comprobando si su coño funcionaba o no. O que le estaba “calentando”, preparando… O simplemente me estaba calentano a mí, me estaba dominando, estaba jugando conmigo. O estaba jugando a ver qué pasaba.
Yo seguía absorto en sus movimientos. Ella lo sabía. Ignorando mi presencia. Mirándome sin mirarme. Con la mirada perdida en el vacío. Jadeando un poco… De vez en cuando suspirando. Apretándose el clítoris o metiéndose dos y tres dedos, cogiendo algo de flujo con la otra mano y rozándose con los dedos el ojete como si quisiera lubricárselo... Recordándome de paso que ya se lo había follado un par de veces… Sin ir más lejos ayer mismo.
Y de vez en cuando, subiendo lenta y lasciva la mano por su cuerpo hasta meterse bajo la pequeña camiseta a acariciar sus pechos. Ver la mano moverse de un lado a otro… Por debajo, como si fuera la de un desconocido. Alguna vez levantando un poco la camiseta para que pudiera ver la base de sus pechos… Una miradita fugaz a un pezón estirado…
Creo que hasta babeaba mirándola embobado.
-. ¿Y tu qué vas a hacer? ¿vas a ir con ellos? Me salta de repente. Tardé en contestar.
Me pilló desprevenido totalmente. ¿qui, qui, quieres que vaya? La respondí casi tartamudeando.
Se levantó. Sonriendo me agarró la polla completamente tiesa y me la dio un par de meneos.
-. Creo que quien quiere que vayas es esta, dijo riéndose…
Me metió sus dedos completamente pringados en mi boca. Luego me sujetó la cabeza y me dio un morreo súper intenso y lascivo con la lengua recorriendo todo el interior de mi boca.
Sin dejar de morrearme, se pegó a mi. Quería que sintiera su cuerpo desnudo pegado a mí. Cogió mi mano y la llevó a su coño. Sin palabras me estaba diciendo que quería que la masturbara. Y obedecí claro.
-. Queda con ellos… susurraba… Ni te muevas… Venga llámales… no… espera… Mándales un WhatsApp. Cogió mi teléfono y me sacó una foto a la polla completamente erecta. Hazlo ahora, dijo tajante. Estaba roja de excitación. Jadeaba sin tocarse. Sus pezones estaban de punta. Y no paraba de tocarse ella sola. No permitía que su coño estuviera libre ni un segundo.
Delante de ella les envié un WhatsApp preguntado si iban a estar en el bar donde les encontré… Puse el texto que ella me mandó: “hola. quiero repetir lo del otro día”. Luego me quitó el móvil, envió la foto y se pasó el contacto.
En ese momento recibí un pitido. Era él. ¿quieres repetir? Si, escribió ella por mi. Y me contestó con un escueto: Ok lo repetirás.
Ella lo leyó. Sonrió. -. Ya tienes plan, dijo burlona. Y no te toques… o si… no sé… si vas con los huevitos descargados aguantarás más… o si llegas con ellos llenos lo coges con más ganas… No sé… ¿qué opinas? ¿Se lo preguntamos a ellos?
La vi coger su teléfono. “Hola, soy su mujer”. Y tal cual, se lo preguntó enviando otra foto de mi polla, pero ahora con su mano acariciándomela, masturbándome.
No tardaron los pitidos. Su sonrisa. Cierra los ojos, me dijo.
Los pitidos se sucedían. Las fotos de cómo me masturbaba también. Supongo que mandaría alguna de cuerpo entero.
Me hizo levantar. Tenía la mirada fija en la pantalla. Estaba siguiendo sus indicaciones. Estaba jugando, interactuando con ellos. Me colocó con las manos apoyadas en la mesa, como la puse yo a ella el día anterior. Piernas abiertas. Sé que me hacía fotos y supongo que se las mandaba. Bueno supongo. No, supongo no, sé que se las mandaba.
Desde abajo con la mano entre mis piernas volvió a sujetar mi pene. A menearlo.
-. Ni te muevas.
Me hizo apoyar el pecho en la mesa. Estaba casi en ángulo recto.
-. Sepárate las nalgas. Que te abras el culito, coño. Dijo impaciente.
Obedecí sin saber ni porqué, ni lo que iba a hacer conmigo.
Noté algo frio a la entrada de mi ano. Jugó un poco ahí. No me desagradó.
-. Quieto. Luego sentí el caer del líquido pringoso. Algo denso entre mis nalgas. ¡Aceite! ¡Era aceite!
-. Un poco de aceitito… dijo burlona.
Y zas, algo entró en el ano. El mango de una cuchara de madera o de una cacilla de servir… Confirmó lo que yo pensaba. Me iba a penetrar, me iba a dar por el culo.
Todo mi cuerpo se tensó. Una sorpresa, aunque supiera que eso iba a pasar que en algún momento, algo iba a acabar metido adentro. Fue totalmente inesperado. Pero no me hizo daño. Ni me desagradó. Lo movió un poco. Adelante atrás. Adelante atrás. Firme, pero con cuidado. Cada vez un poco más profundo. Un poco más adentro.
Me estaba metiendo algo por el culo y yo estaba gozando. Me acariciaba. Se restregaba por todo mi cuerpo, pero sobre todo por los glúteos y los muslos. Me hacía sentir sus pezones en las nalgas. Con los pezones hacía dibujos en mi piel. Una mano, con la otra acariciaba mis testículos y hacia bailar mi polla.
Yo temblaba de placer. Tenía convulsiones. Tremendos escalofríos. Jamás había disfrutado tanto. Eran sensaciones contradictorias. Todo mi cuerpo estaba como electrizado, tocara donde tocara me hacía sentir calambres de placer, escalofríos de placer. Y volvió a meneármela.
-. Te estoy ordeñando, dijo riéndose. Notaba como mi cuerpo se iba tensando, como iba perdiendo el control sobre mi… Queria retenerlo, seguir disfrutando todo lo que pudiera, que no parara nunca, aunque el orgasmo me matara.
Lo que fuera que me estaba metiendo por el culo se movía más y más rápido. Más y más profundo, pero su otra mano cada vez era más lenta. Era al revés. Me estaba hasta haciendo gritar de placer.
Hasta que no pude aguantar más. Fue impresionante. Se me doblaban hasta las rodillas.
Me quedé tumbado sobre la mesa. Sin moverme. Jadeando, con los ojos cerrados… Agotado… Y noté como algo viscoso caía sobre mi cara, sobre mi mejilla resbalando hasta mis labios… ¡Era mi propio semen! No tuve ni fuerzas ni ganas para protestar. Tampoco tenía intención, no me importaba que hiciera conmigo esa cochinada… Lo había recogido en un platito y me lo echaba por la cara. Por eso dijo lo de que me estaba ordeñando.
Oí perfectamente el clic del teléfono al hacer la foto. En ese momento caí en la cuenta que hacía tiempo que había dejado de prestar atención al clic del teléfono. ¡La de fotos que podía haber mandado!
Solo estaba pendiente de recibir, de notar ese delicioso placer. De gozar, sin importar nada más.
Me dijo que mi nuevo amigo era muy simpático. Que si el otro era igual. Desde atrás sujetando, tirando de mi pelo sin sacármelo del ano me dio un beso, un morreo súper intenso.
-. Mi amor… Ya sé que lo haces por mi… pero… ¿Estás seguro de que quieres seguir? Estos te van a reventar el culete… piénsatelo…
Luego un fuerte azote en mis nalgas. Y allí me dejó. Sin un adiós.
Tumbado en la mesa de frente, fui sacándome yo solo el mango. No me lo había metido muy adentro, pero me había excitado mogollón. No me dolió, aunque ahora estaba algo molesto. Era una espumadera.
Leí mi WhatsApp. Menuda mujer tienes. Cuando le enseñe las fotos a… ya sabes… va a alucinar. Ha sido divertido. Nos vemos esta noche. Y más vale que vengas o nos la cascaremos sin ti.
La “amenaza” era innecesaria.
Las fotos tenían que ser ridículas, patéticas. Me metí yo solo otra vez la espumadera y me saqué una foto. Salió fatal claro, pero me hice una idea del aspecto tan ridículo, triste y lamentable que tendrían las otras. Seguía tremendamente excitado. Aunque ya no pudiera ponérseme tiesa.
Esa tarde volvió caliente del trabajo. Había estado hablando con él en la cafetería. Sí con Andrés. No habían hecho nada, solo hablar. Además, tocaba pintura… ya habría tiempo para eso, dijo.
Andrés la había estado contando que una vez se había follado al marido y a la mujer. A los dos… al tiempo. En la misma cama. Ella le había estado sonsacando. No solo era meterle la polla al marido, era demostrarle quien follaba a su mujer, era hacerle cornudo, era…
Pero no era tan sencillo tenía que darse muchos factores, confianza, que le tío claro tuviera un cuerpo que le pareciera bonito, como por ejemplo que estuviera depilado… Eso y alguna cosilla más. A Andrés, artísticamente hablando, le gustaban los cuerpos de los hombres ambiguos, no muy musculosos, normalitos, pero algo “feminizados”.
Yo no podía salir de mi asombro mientras mi mujer me decía esto, pero estaba muy cachondo, sus palabras me habían excitado muchísimo. Además, eso solo podía significar una cosa. Ella ya lo había decidido. La “caza de Andrés” había comenzado.
-. ¿Te gustaría que te pusiera como le gusta a Andrés??
- Supongo que sí. Esa frase me salió sin querer. Pero era completamente cierta, sincera a mas no poder.
- Pues vamos a empezar ahora. Mi mujer salió de la habitación conmigo y me llevó al servicio. Desnúdate, me ordenó.
Me sentó en un taburete dentro de la bañera y lo primero que hizo fue hacerme los agujeritos en los lóbulos de la oreja izquierda para que comience a usar unos pendientes de aros. Luego cogió su depiladora, y me recortó el vello púbico. Cogió las tijeras y me hizo un “corte de pelo moderno”. La verdad es que se superó a sí misma. Hizo un trabajo excelente.
Después me embadurno de espuma y con una cuchilla me depiló todo el cuerpo. Apenas tengo vello, pero me quitó todo lo que vio. Pecho, piernas, culito,… Fue súper excitante sentir la espuma, las caricias al extenderlo, el paso cuidadoso de la cuchilla…
Para terminar, tomó unas pinzas y me depiló un poco las cejas, no tanto como una mujer, pero si algo más finas de cómo las llevaba yo. Mientras ella hacía todo esto, yo estaba empalmadísimo. Me hizo dar varias vueltas en redondo para observarme.
-. Espera, un segundito. Separó mis nalgas. Tienes esto muy sucio dijo pasando el dedo por mi ojete. Me hizo abrirme las nalgas un poco agachado. Como pudo me depiló el ano y como ella dijo, “mis bajos”.
Cuando terminó, me puso delante del espejo y me preguntó:
- ¿Qué tal te ves?
- Perfecto.
Se colocó detrás de mí.
-. Joder…. ¿Y esto? Dijo pegándose a mi espalda y tocando mi excitado pene desde atrás.
Desabrochó su blusa y me hizo sentir sus pechos desnudos en mi espalda. No hacía falta ser muy listo para adivinar que se iba a ir sin sujetador, con las tetas rebotando bajo la blusa. A lo mejor volvía a posar desnuda en clase…
-. Ummm Cornudito… Esto no se puede desaprovechar…
Y suavemente empezó a hacerme una lenta y deliciosa paja. Una mano sopesando los hinchados huevos, otra deslizándose lentamente por mi polla, desde el principio hasta el final…Y sin dejar de restregar sus tetas por mi espalda.
-. Ummm… Cariño… esta noche cuando venga bien follada me va a gustar hacérmelo contigo…. Estás muy sexi depiladito… Ummm y este culito…. seguro que te le van a perforar de bueno que está… ya verás… vas a ser la estrella…. Cuando me estén perforando el coñito, solo voy a poder pensar en lo sexy que estás… Me vas a poner celosa… Con este cuerpo te van a querer follar más que a mi… Vas a chupar más pollas que yo… Ummm… Y eso no puede ser ¿verdad cariño? Voy a tener que ser más puta todavía…
Yo no decía nada. No podía ni hablar. Solo jadeaba… La vi coger el cepillo del pelo. Quitarle las púas, darle la vuelta. Su mango se paseó por mi pecho. Bajó hasta mi pene. Jugó con él allí. Por mucho que tratara de despistarme jugando con él por mis nalgas, sabía dónde iba a acabar. Apenas sin esfuerzo se internó en mí sin necesidad de lubricante. Jadeé desde el primer instante.
-. Joder cariño, qué relajado le tienes… Ni que te le hubieran follado ya… susurraba en mi oreja… Este culito está muy abierto… o me has estado engañando y te han estado dando por el culo más que a mí o tienes unas ganas locas de sentir un rabo aquí adentro…
Mi polla comenzó a temblar… y ella siguió y siguió.
Su voz sonaba sensual, melosa, lasciva, provocadora…
-. ¿Te gusta?... No… Si al final vas a ser un cornudo maricón… Si te gusta esto, ya verás cuando te metan un buen rabo de verdad… Si mi amor, cuando te la ensarte Andrés vas a flipar…
Me empujó hasta hacerme apoyar en el lavabo…
-. Ummm mírate… mírate cómo tienes la polla… te va a explotar mi amor… Vamos… Córrete cornudito…Que sé que te gusta… No te de vergüenza...
Puso la otra mano delante. Recogió toda la corrida y me la extendió por mi cara haciendo que la lamiera.
-. Eres un cerdito… dijo pellizcándome en el culo.
-. Ahora dúchate y sécate, que aún no he terminado contigo.
Cerré la puerta del cuarto de baño y me metí en la ducha, sus últimas palabras me habían excitado aún más y estuve pensando en intentar hacerme una paja en cuanto me quedara solo, pero decidí aguantar por el momento. Con cuidado saqué el cepillo de mi culo. Terminé de ducharme y llamé a "mi mujer".
- Ya estás.
- Aprende a hacer tú todo esto, porque a partir de ahora, lo vas a hacer tú solito.
Cuando terminó, se peinó un poco y me besó mientras yo me secaba. Me dio a besar sus tetas antes de abrocharse la blusa. Intenté besarla el coño, pero no me dejó. No que nos liamos, dijo. Lo que sí hizo fue introducirse dos dedos y luego metérmelos en la boca. Sabían a ella. Estaba húmeda.
-. Me va a encontrar jugosita, dijo riéndose con picardía. Hoy le has calentado muy bien el coñito a Andrés… O a quien toque… Ufff. Cómo voy… Cariño, no te quepa la menor duda de que hoy voy a venir follada…
Volvió a besarme. Salió del cuarto de baño y se fue al salón.
-. Date prisa que se hace tarde, oí desde la habitación. Habíamos estado jugando más de una hora en el cuarto de baño.
-. Por cierto, cariño, no te olvides de dejarme firmados los papeles. Te los dejo en el taquillón. Chao.
-. ¿Los papeles? ¿qué papeles?
No me contestó. Oí cerrar la puerta y llamar al ascensor.
Cuidadosamente en el taquillón de la entrada había colocada una carpeta con una peculiar serigrafía. Academia de Bellas Artes Andrés. Clases de dibujo y pintura. Clases reducidas. Boletín de solicitud de Admisión.
Introduje me mano en mi bragueta. Quería sentir el tacto de mis genitales depilados. La “caza de Andrés” no solo había comenzado, ya era imparable.
Agradecimientos. Agradezco los comentarios. Todo es opinable. Recordad que este "cuento" está basado en correos que me enviaís, y que mis personajes pueden tener un regflejo en la vida real. No por ello san malas persoanas. Cada uno vive su sexualidad como quiere.
Agradezco especialmente a Laura, Ana P, y Alicia por darme esa visión femenina.
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