Yo me lo busqué - (Capítulo 18)
La convivencia forzada encendió una chispa que no debería haber existido. Mientras ella se prepara para marcharse, la tentación de un encuentro prohibido en el sofá se vuelve irresistible. Pero el alivio no dura mucho, y la necesidad lo empuja de vuelta a los brazos de otros, donde los límites entre amistad y lujuria se desvanecen.
Capítulo 18
Julián
El miércoles después de cenar, nos sentamos un rato en el sofá del salón como era habitual en nosotros antes de irnos a dormir. Ella me contaba como había pasado el día, después de no tener que ir a trabajar, por lo que solo me hablaba de cuestiones de índole doméstica. La doctora le había dado la baja por dos semanas, aunque era muy probable que ya no volviera a trabajar hasta después del período que le correspondería por maternidad.
-Hoy me ha vuelto a llamar mi ex. -Me soltó de sopetón.
-Hoy es su día de descanso. -Le afirmé más que preguntarle.
Ella me miraba sin nada de preocupación por su parte.
-Sí, pero lo hace casi todos los días, hoy lo ha hecho después de comer. Quería venir esta noche a hablar contigo. Insiste en que, si le dejas venir a vernos, te convencerá para que retomemos los encuentros de antes de… lo de nuestra ruptura. Dice que cuantos más días dejes que pase, más pronto te convencerá.
-¿En qué se basa para decir eso? -Le cuestioné.
-Él cree que vas a tener más necesidad de sexo conforme pase el tiempo.
-Pues sí que es un buen estratega, -le planteé con cierta sorna en mi voz.
-Pero él lleva razón en que ahora tienes menos sexo, o ninguno, ¿No? Igual que yo.
-Es que a mí en estos momentos no se me apetece tener sexo con nadie. -Le respondí muy seguro de mí mismo.
-Ya… entonces a los dos nos pasa lo mismo, -me ratificó con esta respuesta, que a ella tampoco le apetecía-, salvo que fuera contigo… pero eso ya tengo asumido que no va a ocurrir.
-Claro que no, -le confirmaba ese punto cuando su teléfono se iluminó con otro zumbido de llamada-, será tu novio otra vez. -Le dije, porque a esa hora no solía llamarnos nadie.
-No, es Agustín, ¿Qué querrá ahora? -Comentó ella volviendo a aceptar la llamada en manos libres y esta vez ni hice intención de marcharme.
-Agustín, es muy tarde para llamarme. -Le dijo directamente para iniciar la conversación.
-Ya lo sé, pero mira, es que me acaba de decir el encargado de la empresa que mañana tendremos tarea hasta un poco tarde y el viernes debemos continuar muy temprano.
-¿Y qué tengo yo que ver con eso? -Le respondió Carmen.
-Te juro que, si me dejáis dormir ahí, me haríais un gran favor, solo iría para eso, de veras.
Carmen me miró por si yo le daba alguna respuesta a eso que él pedía, pero desvié la mirada para evitar pronunciarme.
-Vete a dormir a casa de tu amigo, como otras veces.
-Carmen, es que Julia está de uñas con él y no es el momento. Estáis las dos iguales y no tengo donde quedarme. Es un marrón, ¡Joder! Me tendré que quedar a dormir en el coche.
-¿Y en la casa de Manuel? -Le daba ella otra opción.
-No, mujer, es el jefe de Richard y yo no tengo confianza con él. Déjalo, -le dijo, para que no le buscara otras ubicaciones donde dormir-, me quedaré en el coche.
-Llámame mañana por si se me ocurre algo. -Fue lo último que le dijo antes de cortar.
-Me da pena porque es un buen hombre, -Me dijo-, tú lo sabes.
Claro, un buen hombre y una buena polla muy curva, que de eso yo también podía dar fe. Solo de pensarlo ya me estaba subiendo la bilirrubina, como decía Juan Luis Guerra.
-Carmen, ese buen hombre como tú dices es uno de los que se ha estado acostando contigo en estos meses.
Ella no dijo nada de momento, aunque hizo un gesto para hacerlo, que evitó al instante. Pasado un buen rato en que seguíamos viendo un programa en la televisión del que yo no me enteraba de nada, ella me salió por otros derroteros.
-¿Tú tampoco has tenido sexo estos días? ¿Ni con Marta o Sonia?
-No, ya te he dicho que no se me apetece en estos momentos. ¿Acaso estás pensando en tu amigo Agustín?
-No, que va, además, ya ha comentado él que solo vendría a dormir. Para otra cosa tendrías que ser tú el que propiciara el encuentro.
-¿Y eso por qué? Yo no voy a propiciar nada.
-Julián, la vez que estuvo aquí te cayó muy bien y te quedaste con ganas de repetir. Déjale que venga a dormir y si después te animas… él no va a poner problemas.
-Y tú tampoco, ¿Verdad? -le respondí.
-Si tú estás presente, ninguno. Sin tu participación, se amontonarían todos los problemas juntos, lo que no permitiría que hiciéramos nada.
No pude evitar tener una erección que fue observada con mucho interés por ella. Hizo un intento de posar su mano encima del bulto en mi entrepierna, pero lo evitó dejándola caer junto a mi muslo. Segundos después sí que se atrevió al buscar un apoyo para levantarse del sofá y dirigirse al servicio. El apretón que me dio no fue normal, pero lo aguanté sin decir nada. Unos minutos después volvía junto a mí, esta vez sin sujetador debajo de la camiseta, procurando que sus tetas sufriesen un bamboleo cada vez que daba un paso. Luego se volvió a sentar a mi lado, quedando sus muslos pegados a los míos.
Sabía que el estar en mi casa esa semana extra, iba a suponer un grave riesgo de que ocurrieran situaciones como la que estaba sucediendo en esos momentos, pero tenía que ponerle las cosas claras de que nuestras jodiendas se habían acabado.
Entonces me levanté del sofá y me llegué a la cocina con la excusa de ir a por una botella de agua mineral. A mi regreso me senté justo al otro extremo de donde se encontraba ella, que no dijo nada, aunque entendió perfectamente la maniobra. Después de tomar un trago directamente de la botellita, continué hablando con ella.
-No entra en mis cálculos verme con Agustín o Richard en ninguna otra ocasión, Carmen, estaría bien que se lo hicieras saber a todos ellos de una vez por todas para que no te insistan más.
La cosa se puso seria entre nosotros, yo cabreado por culpa de la erección que intentaba inútilmente que desapareciera y ella por la decepción que le produjeron mis palabras. Al final fue Carmen la que expresó lo que parecía más bien una reflexión.
-Ya te lo dije el otro día, que ellos no te querían hacer daño, no los estoy defendiendo porque ni ellos ni yo misma tenemos ninguna excusa para hacer todo lo que hicimos, te juro que solo pretendían tener sexo con nosotros, pero como tú me dijiste después que preferías continuar únicamente con nuestros amigos…
-Entonces ¿Por qué me fuiste infiel? Te avisé que eso no lo iba a tolerar.
-Te juro que el primer miércoles que fui con Richard al apartamento, te lo pensaba decir nada más llegaras a casa, pero ese día venías enfadado de tu trabajo por culpa de un cliente, bueno te acordarás de aquel día, porque le llamaste gilipollas y todo eso. Entonces me di cuenta de que no era el momento de confesarte lo de esa tarde con Richard y a partir de ahí ya no me atreví a revelarte que hacía unos días me había acostado con mi ex. Luego, tuvimos un segundo encuentro con Agustín y tampoco tuve valor para contártelo, después vino todo lo demás. Siempre me trataron bien, ya te he dicho que son buena gente, hasta Richard ahora se comporta siempre con su lado bueno.
-¿Y ese tal Unai? -Le pregunté para enterarme ya del lote completo.
-¿Qué cómo es? Increíble, no creo que haya mucha gente que sea capaz de controlar su eyaculación de esa manera que él lo hace. Hay veces en que está a punto de correrse y le pides que no lo haga todavía y sigue dándote igual, pero no se corre hasta que le dejas hacerlo. -Me comentaba ella como si fuese yo mismo el que manejaba la corrida del cabrón ese-. Por otro lado, es bastante sumiso a pesar de su apariencia, que hasta parece que se va a comer el mundo con su pedazo de cuerpo, aunque luego todo el que lo desea lo encula y en eso ha hecho muy buenas migas con Manuel.
Se había explayado a base de bien con el puto Unai y yo seguía luchando con la contrariedad que se manifestaba en mi entrepierna, perdiendo la batalla seguro que por el tiempo que hacía que no echaba un polvo y a las tetas de ella, que seguían bamboleándose al menor movimiento de su cuerpo. Terminé por ponérmela hacia arriba metiendo mi mano por dentro de las bermudas.
-Perdona, Carmen. -Le dije casi sin mirarla a los ojos.
-Yo… estoy igual que tú… -me decía en un susurro, como si pudiese haber alguien a nuestro lado que no se debía enterar.
-Será mejor que nos vayamos a dormir, -le dije, para dar por finalizada la velada.
Los siguientes días fueron un verdadero trámite entre nosotros hasta que llegó nuevamente el domingo de los cojones. Carmen tenía todas sus cosas preparadas que yo cargué para llevarlas al coche, luego volví a subir para desayunar juntos por última vez. En esta ocasión no hubo ningún tipo de desmayo, más bien todo lo contrario, porque manteniendo un rictus bastante serio, dio una última vuelta por toda la casa hasta que volvió al salón, donde me encontraba yo.
-No dejes de regar las plantas, que ahora es cuando se ponen bonitas.
Terminar nuestra convivencia de casi un año hablando de unas puñeteras plantas no era precisamente la mejor manera de despedirnos.
-Carmen, siento mucho que tengas que marcharte, sabes que te lo digo de corazón, voy a estar mucho tiempo echándote de menos en esta casa, tu forma de ser ha llenado todos los rincones de ella, la manera en que dispones qué me debo poner para vestirme cada día, tus masajes en mi cuello, nuestros encuentros de tantas noches en nuestra cama, que a partir de ahora estará vacía... no creas que soy un insensible que te lleva a casa de tu prima para quitarse un peso de encima. No sé qué nos deparará el futuro a nosotros dos, pero te juro que solo deseo que todo te vaya muy bien y ya sabes, estaremos en continuo contacto en todo lo que concierne a nuestra hija, es un tesoro que hemos creado entre los dos y que lo vamos a cuidar toda la vida.
Con mis palabras su rostro fue tomando un tono de tristeza que seguramente estaba tratando de obviar esa mañana, pero yo sabía que ella estaba sufriendo mucho más que yo aunque tratara de disimularlo y al final, no pudo evitar que unas lágrimas surcaran su cara.
-Julián, mi vida, durante esta última semana he intentado de todas las maneras que sé, que me perdonaras por lo que había hecho, pero llevas razón y yo debo desaparecer del entorno de tu vida, te he hecho mucho daño sin que tú merecieras lo más mínimo de lo que te hice, ahora debo comenzar una nueva etapa en mi vida, de momento con la ayuda de mi prima a la que se lo debo todo y luego, ya veremos si tengo suerte, pero ahora mismo tengo mucho miedo por lo que me espera fuera de esta casa, donde tú me has hecho tan feliz.
Con un asentimiento de cabeza por mi parte, ya que no me salían las palabras del nudo que tenía en la garganta, dimos por acabada nuestra convivencia en mi casa, marchándonos los dos camino de la de Marta donde Carmen tenía ya preparada su habitación y que tuve que ver por insistencia de ella, para que me quedara más tranquilo por lo bien que quedaría instalada. De allí me fui a casa de Marcelo y Sonia, con los que había quedado para comer.
Los dos me recibieron con una cierta seriedad, suponiendo ambos como podría encontrarme en esos momentos, a pesar de las apariencias con las que yo me mostraba ante ellos. No pudiendo aguantar más, Sonia se acercó a mí para darme un abrazo con el que quiso hacer causa común conmigo, provocando que mis ánimos se vinieran abajo, poniéndonos los dos de lo más lagrimosos, bueno, Marcelo decía que iba a por unas cervezas, aunque antes de salir del salón se iba restregando la cara con la palma de la mano.
-¿Cómo te encuentras? -Me preguntó mi amigo más tarde, en clara referencia a lo ocurrido esa mañana.
-Mal, muy mal Marcelo, ahora no pienso en que Carmen me hubiese hecho algo malo, solo que ya no va a estar cuando vuelva a casa... en fin, el segundo palo que me llevo en la vida, cuando os juro que todavía no he olvidado el primero.
Antes de irme Sonia me lo dejó caer muy claramente.
-Te esperamos cualquier día de esta semana, sabemos que estás muy necesitado de sexo y nosotros estamos deseando de volver a tenerlo contigo, ¿Verdad cariño?
Marcelo asintió varias veces con la cabeza dándome de camino un fuerte cachetazo en el culo.
-Que no pase del martes mamonazo. -Ratificó las intenciones de su novia.
Esa noche sufrí otra más de las peores de mi vida, hasta que al final me quedé dormido con la tele puesta en una serie que siguió emitiendo no sé cuantos episodios. Como pude me levanté a mi hora y me fui a trabajar. Durante la tarde me llamó Marta para decirme que Carmen no amaneció nada bien tampoco y que para distraerla se la llevó a un centro comercial a ver tiendas con ropa de bebés y que comieron allí mismo.
También me dijo que Richard la había llamado, pero que ella le advirtió que por favor no la volviera a llamar y que se lo dijera a los otros para que tampoco lo hicieran, pero claro, que no sabía si ellos le harían caso o no.
Al menos de momento parecía que nos encontrábamos bien los dos, dentro de las circunstancias por las que estábamos pasando y eso al menos para mí, suponía un gran alivio. Me daba la impresión que se había ido a pasar unos días a casa de su prima y que para el fin de semana ya estaría de vuelta en casa.
Lo que no tenía enmienda eran mis empalmes más que esporádicos diría yo, por lo que al final me presenté en casa Marcelo el miércoles. Verdaderamente necesitaba un desahogo sexual porque llevaba mucho tiempo sin echar un polvo y sabiendo lo que me iban a dar mis amigos, no venía a cuento que me hiciera una triste paja sin más.
Sonia estaba acojonantemente buena, con sus tetas más pronunciadas debido a los más de seis meses de embarazo, una tripita muy erótica, al menos para mí y una cara preciosa que transmitía felicidad a todo aquel que estuviese a su lado.
Primero me tomé una cerveza con mi amigo, mientras Sonia terminaba de hacer la cena sin que permitiera que le echáramos una mano, bueno al culo y a sus tetas sí que se las eché cuando me acerqué a ver cómo le iba en la cocina. Después de volverse para darme un besazo de cuidado, me ordenó que me fuera con su novio para ir preparando la mesa.
Después de la cena Sonia se marchó al dormitorio para cambiarse y nos dejó a nosotros la tarea de adecentarlo todo tal como a ella le gustaba, cosa que tampoco nos llevó mucho tiempo. Pronto nos encontramos los tres en el salón, Marcelo y yo con nuestras copas y ella con un refresco. Curiosamente a mí me pusieron en el centro y así fue como mi amiga me metía mano por la izquierda y su novio Marcelo por la derecha. Enseguida Marcelo con el mayor de los descaros, me estaba dando unas prolongadas caricias por encima de mi paquete, mientras Sonia y yo nos dábamos un atracón de besos desordenados. Mi mano izquierda la tenía atrapada por la nuca y la derecha era la que se despendolaba por sus pechos, su vientre y sus muslos bien separados para que no tuviese problemas a otros accesos más íntimos.
Marcelo se tomó la tarea de desnudarme sin que se lo hubiese ordenado su novia, aunque ellos se entendían a las mil maravillas cuando de tener sexo se trataba. En un receso que tuve que hacer para levantar el culo cuando él tiraba de mis pantalones, pude darme cuenta que él ya se había adelantado en eso de quedarse en pelotas y cuando pensó que le tocaba el turno a su novia, lo paré.
-Espera cabronazo, deja que disfrute un poco más de esta lencería, distráete mientras chupándomela un ratito.
Todos reíamos con las tonterías que le acababa de decir a mi amigo, pero cuando me volví hacia Sonia para seguir con nuestros besos y magreos, él ya se estaba ocupando de hacerme esa rica mamada que le pedí y tanto esmero puso que le tuve que dar un preaviso de lo que podría pasar si seguía poniendo tanto afán en su tarea.
-No me queda ni un minuto para correrme, cabrón, así que tú sabrás lo que haces.
Sonia vio cómo él aminoraba los movimientos de sube y baja de su cabeza, pero en contra de lo que me figuraba, fue ella misma la que poniendo su mano izquierda sobre su coronilla libre de pelos, le obligó a acelerar su ritmo al tiempo que me pegaba un chupetón en mi pezoncillo que fue el detonante de mi eyaculación. Marcelo casi paró de dar cabezadas en cuando notó mi primer trallazo de esperma que le debió inundar toda la boca, luego se ve que fue tragándose todo lo que le soltaba, porque mi falo no llegó a salirse en ningún momento hasta que finalizó toda la corrida, que la verdad es que fue de lo más abundante por la cantidad de días que hacía que no me corría.
Después y como me imaginaba por la costumbre entre ellos, se cambió de sitio para darle un buen morreo a su novia, intercambiando todo el semen que pudo mantener en la boca sin tragar.
Qué bien me sentó esa mamada de mi estimado amigo Marcelo, estaba en la gloria disfrutando de mi corrida, viendo con mis ojos entrecerrados como ellos disfrutaban con ese beso marrano, que hasta el semen les corría por la barbilla. Eran unos amigos envidiables para cualquiera, los tenía que querer porque no cabía otra posibilidad. En cuanto me espabilé ya tenía ganas de follarme a Sonia, era imprescindible que lo hiciera ya, sin falta.
Pero ella al igual que Carmen estaba ya molesta con su prominente barriguita, así que me incorporé y sin decirles nada la cogí de la mano y tiré de ella para ponerla de pie y que me siguiera al dormitorio principal, donde tantas noches de sexo habíamos pasado en nuestras veladas de los viernes y alguna que otra excepción. Marcelo nos seguía viendo como le iba dando unos cachetes suaves en su culo, a la vez que se lo acariciaba y apretaba como si fuese un acto rutinario.
Para reponerme un poco más de mi corrida, le cedí el protagonismo a mi amigo que fue el que se folló a su novia de costado, con una pierna de ella levantada y sostenida por él mismo, mientras yo ayudaba como podía dándole unos besos breves pero intensos y unos buenos restregones en su clítoris que la estaban llevando a su final más que feliz con el bueno de Marcelo.
Ella se abrazaba a mí subiendo y bajando sus manos por mi espalda, llegando hasta mi culo, aprovechando para presionar mis glúteos, tanto, que hasta pensé que me los dejaría bastante perjudicados, qué fuerza tenía en las manos la puñetera.
-No paréis putos cabrones... aaaggg... me viene... ya... aaahhh...
-Toma zorra... -respondía él totalmente desbordado-, toma polla, so putita... uhmmm...
Entre estas frases de lo más cariñosas, ambos compartían su clímax sin necesidad de grandes aspavientos como ya nos habíamos acostumbrados últimamente. Los besos se los daban entre ellos dos dejándome allí en medio de la cama más olvidado que un paraguas en un taxi, pero me daba un gran morbo verlos allí agradeciéndose el uno al otro el gran momento que acababan de vivir y que seguro repetirían infinidad de veces el resto de su vida.
Enseguida Sonia me atrajo hacia ellos para que esos besos fuesen a tres y no me dio ningún reparo complacerla, ya no me importaba nada y además suponía un añadido a los placeres que me reportaba el sexo más básico con mis amigos. El resto fue un no parar hasta quedar más que satisfechos. Solo nos detuvo el cansancio y el sueño reparador, quedando los tres abrazados de cualquier manera durante el resto de la noche.
La alarma del móvil de Marcelo fue el que nos despertó momentáneamente y tuvo que ser él mismo antes de marcharse, el que me zarandeó para que hiciera lo propio e irme a trabajar. Sonia también se desveló y mientras yo me aseaba, ella nos hizo un estupendo desayuno que compartimos entre charlas y risas.
-Ayer me dijo Marta que Félix tenía ganas de darle caña a tu novia. Así que no me extraña que ellos también hayan pasado la noche juntos.
Si eso hubiese ocurrido, me alegraría enormemente por Carmen que la pobre seguro que lo necesitaba igual que yo, aunque solo fuera por necesidad biológica. Además qué mejor que hacerlo con mis otros dos mejores amigos en esta vida junto a Marcelo y la propia Sonia a la que tenía ante mí vestida con un camisón de puta que no podía con ella. Ganas me estaban dando de echarle un último polvo antes de irme al trabajo, al menos, así lo reclamaba mi polla todo erecta que mi amiga detectaba con un rictus de cabrona total.
-Si quieres me echas un rapidito antes de irte. -Me ofreció entreabriendo más si cabe sus piernas para que me fijara en el triángulo de seda que mal tapaba su conejito.
Sopesé el hecho de que llegaría unos minutos tarde a mi trabajo y cómo podía justificarlo por un día con el tráfico que estaba imposible... mi decisión fue de lo más positiva y echamos ese rapidín de media hora antes de irme.
***
Nota.-
Os comunico que voy a estar unos días fuera por eso de la vacaciones, así que voy a tardar un poco en publicar los siguientes capítulos.
Sé que sois razonables y comprenderéis las razones que os doy por mi retraso.
Saludos.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Lo qué pasó en Las Vegas IV
El anillo ya está en su dedo y el amor de su vida la espera, pero el depósito del hospital guarda secretos que ella no puede olvidar.
Comparte:Infidelidad descubiertaRelacion clandestinaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Mi marido no sabe quién me preñó (II)
El embarazo que no es suyo es la excusa perfecta para mantener el secreto, pero la verdad tiene patas cortas.
Comparte:Infidelidad descubiertaTrio mfmDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Paula, amor platonico a los 16, amante a los 40
Llevaba quince años guardando el secreto de un amor que el tiempo no pudo borrar. Cuando Paula, su vecina y antigua musa, cruza su puerta, la…
Comparte:Infidelidad descubiertaAmor apasionadoDeseo reprimido
- Hetero: General
No tengo novio
Cada vez que Juliana rompe con su novio, él recibe un mensaje que lo lleva a su puerta. Esta vez, la espera terminó y la puerta se abre para una…
Comparte:Amor apasionadoRelacion clandestinaDeseo reprimido
- Hetero: General
Martha
Martha siempre fue un enigma: seria, callada y distante. Pero esa noche, bajo la lluvia y con el alcohol de por medio, la fachada se quebró.
Comparte:Amor apasionadoRelacion clandestinaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Nunca debimos hacer eso
Llevaban diez años juntos y el sexo se había convertido en un ritual vacío. Cuando él sugiere invitar a su mejor amigo a la cama, ella cree que es…
Comparte:Trio mfmAmor apasionadoRelacion clandestina