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Soy un poco infiel - Capítulo 10

Mientras su marido se va de fin de semana con otra mujer, ella decide no quedarse sola en casa. Con un sobre de dinero en la mano y la puerta abierta a la tentación, Susi transforma su salón en un escenario donde el dinero compra placer y los límites del matrimonio se desdibujan hasta que la realidad la obliga a elegir.

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Capítulo 10

Dos meses más tarde ya estaba conformándome con la nueva situación por la que pasaba nuestro matrimonio. Nada que ver con lo que teníamos hacía poco más de seis meses, cuando ambos manteníamos en firme la fidelidad de la pareja, de acuerdo que con las fantasías de Andrés con su socio cada vez que teníamos relaciones sexuales, pero sin atisbar en ningún momento lo cerca que estábamos de llevarlas a la práctica. En el fondo sabía que aquello no nos llevaría a nada bueno y así fue, en estos momentos mantenemos nuestro matrimonio simplemente porque Andrés no acaba de dar el paso de irse con Ana, se encontraba cómodo en esa incongruencia y al parecer ésta tampoco le exigía que resolviera de una vez el problema, o sea, que buscara nuestra separación y se fuese a vivir definitivamente con ella.

En los últimos fines de semana Andrés no los pasó con Ana y yo solo estuve un sábado por la tarde con Alberto, pues con mi jefe mantenía relaciones en casi todos los viajes. Lo más curioso es que las nuestras no se habían interrumpido del todo, solo que teníamos sexo con menos frecuencia que antes. Era el jueves por la tarde cuando me avisó de lo que pensaba hacer ese próximo fin de semana.

Estábamos acostados en la cama prestos a dormir, con su brazo pasado por mi cintura y muy pegado a mí como hacía siempre, sobre todo en invierno, rozando su pierna sobre las mías, buscando encontrar el calor de mi cuerpo. Su mano acariciaba mis muslos, el culo, los pelillos recortados del pubis y sobre todo las tetas, con los pellizquitos en los pezones. Yo solo pasaba mi mano hacia atrás para empujarle en el culo, a fin de que se apretase más contra mí.

-Ana quiere que pase el fin de semana con ella. -Me dijo cuando menos me lo esperaba-. Me iré el sábado por la mañana y volveré el domingo ya cenado seguramente.

Pensé en retirarle la mano y el cuerpo también que seguía pegado al mío, pero volví a plantearme mi malestar nuevamente, si Andrés tenía conocimiento de que yo me acostaba con Tomás de continuo, incluso en los últimos meses más veces que con él, ¿Qué razones tenía para oponerme a esa cita con Ana? Ninguna, eso sí, sola no me iba a quedar en casa como una gilipollas esperando su vuelta, de eso nada, me iría con uno de mis amantes a que me follara bien, por no decir mejor que mi propio marido.

-¡Qué haces! -Exclamé cuando me echó el tanga para abajo y me arrimó la polla buscando metérmela desde atrás.

-Uhmmm... -Fue toda su respuesta cuando consiguió introducir más de tres cuartos.

Sabía que aquello era un sin sentido, pero sería seguramente por lo extraño del momento, teniendo en cuenta el encuentro que me acababa de anunciar con la puta de la prima de Alberto, que mis cosquillas se manifestaron con más virulencia que nunca y sin más quejas, dejé que él me elevara la pierna desde la corva, procurando ambos que la penetración fuese por entero y como siempre, acompañada de las caricias de sus dedos en el clítoris. Así fue como conseguí correrme primero yo y luego lo hizo él en mis tetas, manchándome el cabrito todo el pijama.

-¿A quien prefieres que me folle yo? -Le pregunté más tarde como si esas cosas las pudiéramos negociar sin más.

-Mujer, con Tomás te has acostado las dos últimas noches en Vigo, yo creo que mejor quedas con Alberto... pero si prefieres continuar con tu jefe, tú misma.

-¡No! llevas razón, me iré a casa de Alberto. Mañana le llamo.

El sábado se me hizo muy dura la despedida de mi esposo, sabiendo que se iba a pasar casi dos días con la zorra de Ana y a mí ya no me compensaba hacer lo mismo con Alberto, pero era lo que había y tuve que hacer de tripas corazón y poner buena cara cuando me dio un pico de despedida.

Iba a llamar al socio de mi marido, cuando tuve una idea mejor y seleccioné el contacto de Tomás, que no tardó en responderme con un saludo muy cariñoso.

-Hola preciosa, te estaba echando de menos.

-¿Seguro? Si has estado las dos últimas noches conmigo, como sigamos así me voy a hacer rica. -Le respondí con una carcajada.

-Necesitaba una puta y tú eres la mejor de todas, ya no puedo decir que me da apuro porque nunca follé con una.

-Bueno, pero de momento no te busques a otra, que para eso estoy yo aquí. -Volvimos a reírnos con mi respuesta.

-Anda zorrita mía, dime que vais a veniros a mi casa y me das un alegrón.

-Iremos si le haces una mamada a mi esposo. -Le respondí con una gran carcajada que él no compartió.

-Veniros para acá, pero sin mamada y si tantas ganas tienes, que me la chupe él. Mira, me acabo de empalmar.

-¿Te empalmas por pensar que te la chupa Andrés?

-Sí, claro, serás puta, me empalmo de pensar en cómo te voy a follar en cuanto llegues, cabrona. -Me respondió casi de forma soez para que me quedara claro.

-Me voy ya para tu casa, pero sola, Andrés ha quedado con Ana, la otra puta, pero quisiera que nos acompañara tu amigo Serafín, si no entendí mal se encuentra en la ciudad.

-Muchas ganas de fiesta tienes tú, pero prepárate porque te vamos a estar follando toda la noche sin parar.

-Espero que empecemos esta misma tarde, cabronazo, ¿Para qué vamos a esperar a que sea de noche? No quiero salir de tu dormitorio nada más que para comer. Dile a Serafín que hasta mañana a última hora no pienso irme de tu casa. ¡Ah! Y tarifa doble.

-¡Joder Susi! Lo de puta se te da bastante bien, pero ya sabes que me encanta pagarte por los polvos que te echo y lo que quisiera Serafín es costearte una semana en el Caribe, pero eso mejor conmigo. Lo arreglamos con tu marido y nos vamos en Semana Santa que está cerca.

La pequeña maleta ya estaba hecha, por lo que la completé con otra de mis lencerías de zorrón y en diez minutos ya iba camino de la sierra a verme con esos dos cabrones, a que me follaran hasta que se quedaran sin un gramo de su elixir.

Serafín llegaría por la tarde según me dijo Tomás, así que nosotros nos fuimos a comer al restaurante habitual de él, pues ya no daba tiempo a pedirles que nos trajeran la comida a la casa. El único problema era que corría el riesgo de que algún conocido nos viera, por lo que nos llevamos una carpeta con el dossier de un proyecto, disimulando que era una comida de trabajo que nos sirviera para salir de un posible apuro.

Sin embargo no hubo ningún problema y antes de marcharnos ya le advirtió al gerente que al día siguiente nos tendrían que servir el almuerzo para tres y que le llamaría con tiempo suficiente para elegir los platos. El cabrón asentía con una sonrisilla que no me gustó mucho, pero es que al parecer a él le quedó claro que lo nuestro no era precisamente una reunión de trabajo. Igual acertó el hombre creyendo que la acompañante de su amigo Tomás era en realidad una puta y así se lo hice saber a mi jefe en cuanto abandonamos el local.

-No creo, ya te presenté como la directora de nuevos proyectos de la compañía.

-Sí, eso es cierto, pero a una compañera de trabajo no se le tocan los muslos, ni se le acarician las manos y aunque con mucho disimulo me rozas las tetas y te aseguro que ese cabrón no se ha perdido ni una.

-No te preocupes por eso, éste tío no va a pregonar que vengo a comer acompañado de una puta. Si quieres otro cliente...

-Serás cabrón tú también, con dos ya tengo bastante. -Le repliqué de inmediato, sin dejar que terminara la frase.

Entre risas por las provocaciones que me hacía, llegamos a su casa y nos fuimos al salón donde prendió la chimenea porque hacía un frío que pelaba. En un rato el calor imperaba en el salón y casi en el resto de la casa, obligándonos a ponernos más ligeros de ropa cuando nos sentamos en el sofá con una copa para él y un licor para mí.

El primer beso directo con lengua nos lo dimos de inmediato y su brazo ya me rodeaba la cintura cuando lo paré extendiendo la mano esperando recibir la tarifa acordada.

-Mira que eres profesional, -me soltó con una carcajada, mientras se levantaba para coger un sobre que me entregó al sentarse de nuevo a mi lado-, cuéntalo si quieres.

-Aquí hay dinero de más, -le dije nada más sopesé el sobre en mi mano. Entonces sí que lo conté y había dos mil euros-, ¿Pero esto qué es?

-Ahí está la tarifa doble mía y la de Serafín, que está al caer. -Me respondió y yo acepté con un gesto guardando el sobre en mi bolso.

-Como siga así voy a ganar más con este nuevo oficio que en la empresa. -Le dije siguiendo con el buen humor.

Ya no hablamos más de estos asuntos monetarios y Tomás volvió a rodearme con sus brazos, al tiempo que me daba un beso de órdago, con muchas ganas e intensidad, sin dejar de acariciarme todo el cuerpo. Los fines de semana nunca me ponía pantalones, pues son un estorbo cuando de meter mano se trata, así que ese día llevaba una falda algo corta que en cuanto me sentaba, dejaba ver mis buenos muslazos que eran los que servían para iniciar la excitación de mi amante. Seguro que fue esa falda la que provocó la sonrisa pícara del gerente del restaurante, qué cabrón y suspicaz el sinvergüenza ese, seguro que me vio cruzar las piernas más de una vez y es que cuando estoy en mi papel de puta, hay cosas que no las puedo evitar.

Allí estábamos liados con mi falda cada vez más subida, la camisa casi desabotonada por entero y un pecho por encima de la copa del mini sujetador, cuando Serafín se hizo notar con un timbrazo en el videoportero.

-Vaya momento para interrumpirnos, me cachis en la mar. -Protestaba Tomás que salió fuera con el mando del portón en la mano, sin hacerle ningún caso al videoportero.

Yo me incorporé dándome un retoque para recomponer mi vestimenta e hice bien, porque Serafín venía acompañado por un hombre que no conocía, pero con el que Tomás se había dado un abrazo cuando salió del coche que conducía.

-¡Holaaa preciosa! ¿Has visto lo que te decía? -Le dijo Serafín al amigo mientras me cogía de las manos, levantándolas para que el otro no se perdiera nada de mí-. Éste es Ezequiel, nuestro colega de toda la vida y le he hablado tanto de ti que no quería regresar a Madrid sin conocerte.

Ambos nos dimos sendos besos en las mejillas con una gran sonrisa pintada en nuestros labios, estaba claro que los dos nos caímos muy bien. Ezequiel sería de la misma edad que Serafín o quizás algo mayor, yo le echaba unos cuarenta años aproximadamente, desde luego que casado según pude apreciar por el anillo que llevaba, pero con una cara de espabilado que tiraba para atrás, en eso se parecían como dos gotas de agua. Ambos venían bien trajeados y al fijarme en sus corbatas, ya se la estaban quitando a carcajadas limpias.

-Venimos de un encuentro de colegas de la universidad, -dijo Ezequiel con su voz de tono grave-, pero la temperatura aquí está fenomenal.

Ambos quedaron solo con la camisa y el pantalón del traje, pareciéndose más a Tomás que tenía un polo fino con unos chinos de color caqui. Serafín se fue al mueble bar para servirse una copa y un refresco para su amigo, pues decía que tenía que conducir y no podía tomar alcohol. Los cuatro quedamos de pie con nuestras copas en la mano para seguir con nuestra cháchara, pero Serafín que estaba a mi lado no dudó ni dos segundos en agarrarme por la cintura y darme un beso en el cuello.

-Hoy estás para comerte de arriba abajo, cabrona. Ezequiel ¿Qué te pasa que no dices nada? -le habló al amigo refiriéndose a mí.

Todos reímos por ese comentario al que Serafín acompañó con un sonoro cachete en mi nalga.

-Es que me tiene sin habla, -le respondió-, no sé con qué me quedaría de ella, mejor con todo. ¿Puedo? -Me preguntó y con toda la poca vergüenza me agarró una nalga para darle un apretón y dejar allí su mano sobándomela, por si me había hecho daño.

-Quita la mano de mi culo, que no te he dado permiso.

-Pues a este mamón le dejas hacer lo que quiera. -Me respondió en referencia a Serafín que no me soltaba de su agarre.

-Yo he pagado la tarifa, -le respondió su amigo-, negocia la tuya con ella primero, si no, no te va a dejar que la cates. Es muy profesional para eso.

Otra vez nos reímos con unas buenas carcajadas. Al final Ezequiel cogió su cartera de la chaqueta que estaba en un sillón.

-¿Cuánto tengo que pagar? -Me preguntó sin parar de reír.

-Pídele lo que quieras que éste tiene más pasta que yo. -Me animó Serafín.

-¿Trescientos? -Le pregunté porque no sabía cuanto tiempo iba a estar con nosotros, aunque al parecer se tendría que ir pronto porque ni siquiera probó una gota de alcohol.

-¡Toma guapísima! -Me dio varios billetes que con solo mirarlo, sabía que eran el doble o más de lo que le había pedido.

-Pero... -Fui a contarlo para devolverle el exceso, pero no me dejó.

-Déjalo como está Susi, lo único que siento es que solo puedo estar contigo poco más de una hora.

Yo no dije nada más, solo me acerqué a mi bolso para dejar dentro los billetes que me dio, aunque tuve tiempo de fijarme que eran tres de doscientos y dos de cien, desde luego que me iba a forrar con mis servicios de puta para estos tres ricachones. Lo estaba dejando encima del butacón de nuevo, cuando sentí que Ezequiel se acercaba por detrás para pegarme todo su cuerpo, abrazarme contra él con los pechos bien cogidos y darme varios besos en la nuca, subiendo por el cuello hasta tragarse mi lóbulo libre ya de los pendientes. Desde luego que Ezequiel no perdía el tiempo y más sintiendo cómo su rabo se restregaba en mi trasero, sin poder determinar aún el tamaño de ese miembro insolente.

-¡Qué buena estás Susi! -Me dijo mientras con dedos hábiles me desabrochaba la camisa.

No paró hasta dejarla abierta por entero, después me la sacó de la falda antes de darme la vuelta para quedar frente a sus dos amigos que se acercaban para ayudarlo con la falda y el sujetador. En un momento me encontraba en medio de los tres únicamente con el mini tanga y los tacones negros de aguja.

-¡Madre mía! -Exclamó ahora Serafín como si nunca me hubiera visto de esa guisa.

-Desnudaros vosotros, -les pedí a mis clientes habituales, que los nombro así porque me da más morbo-, que yo me haré cargo de Ezequiel.

Sin esperar respuesta me giré para volver a quedar de frente al nuevo cliente y comenzar a desnudarlo, teniéndole que parar las manos porque no dejaba de cogerme las tetas y así no había manera. Cuando le quité los zapatos respiré hondo sabiendo que ya solo me quedaban los pantalones y el bóxer y sin que se lo pidiese él me ayudó abriéndose el cinturón, el botón y paró con la cremallera porque le aticé un manotazo para que se volviera a quedar quieto, ese trabajito lo quería hacer yo. Es como cuando era una niña y tenía que abrir un regalo sin saber lo que había dentro. Yo tenía esa inquietud por saber cómo sería esa pollita, polla o pollón que iba a descubrir en unos segundos.

Primero le bajé los pantalones y Serafín le soltó un cachete en el culo que hasta me hizo pensar que este cabrón me podría quitar la ilusión del regalo, pero al final no pasó de ahí y yo pude tocar esa protuberancia a la que le quedaba un poco para su total desarrollo, pues estaba blandita aunque ya sabía que no me iba a defraudar ni un pelo. El ansia por verlo ya sin más dilación, pudo más que cualquier otro tipo de morbo y lentamente pero sin descanso, con mis dedos en la cinturilla fui bajando ese bóxer gris oscuro hasta ver los pelillos de su pubis bien recortaditos, -igual se lo arreglaba su esposa-, y la base de su polla fue dejando paso al tallo, un buen tallo moreno, hasta que sobrepasado su glande, el cipote se vino hacia mí con un suave balanceo que me mataba de gusto y su polla no defraudaba a nadie por lo solvente que se veía. A partir de ahí tiré del bóxer como si fuera un trapo viejo para arrojarlo luego hacia un rincón. Enseguida me hice con su miembro para pasarlo por toda mi cara varias veces, hasta detenerlo en mis labios que se mostraron cariñosos dándole unos besitos y unos lengüetazos por todo él, de inmediato conseguí su máxima erección, luego no me olvidé de sus huevos rasurados que chupé un rato cada uno. Yo no tenía prisas, pero al parecer ninguno estaba de acuerdo conmigo y ya tiraban de mí para ponerme de pie nuevamente rodeada por ellos, ahora con las pollas en ristre golpeándome en las nalgas y el pubis, volando en esos momentos el tanga porque Tomás quería seguir dándome pollazos, pero en la mismísima raja a la que abrió un poco más con dos dedos de su mano izquierda.

Ezequiel que acababa de ponerse un condón, se colocó tras de mí haciendo presión con la yema de sus dedos en la espalda, hasta que me tuve que inclinar para apoyarme en sus dos amigos, al tiempo que notaba cómo paseaba su glande desde mi culo hasta el coño. Allí se tropezó con el mastodonte rabo de Tomás que le sirvió de guía para saber donde estaba el inicio de mi vagina, luego flexionó las rodillas y me la dejó ir hasta las bolas el hijo de puta, haciendo que diera un lastimero gemido que enseguida fue acallado por la boca de Tomás, que seguía todos los pasos que estábamos dando desde su posición frente a mí. Serafín alternaba sus magreos en mis tetas con los repasos a mi clítoris y algo más abajo también donde se encontraban las pollas de sus amigos.

-¡Qué pedazo de pollón! -Creo que en eso se repetía Serafín con lo de Sevilla, lo mismo que en agarrar el rabo de su amigo.

Sentía un calor muy agradable en el costado izquierdo que era el que estaba más cerca de la chimenea, pero el calor que me estaba quemando era el de la polla de Ezequiel que no cesaba de entrar y salir y que a pesar de colarse sin permiso como un ladrón, le tendría que dar mil indulgencias por el gusto que me estaba dando. No sé porqué, pero ver cómo Serafín seguía agarrando y moviendo la polla de mi jefe me daba un morbo tremendo y el muy cerdo aprovechaba que Ezequiel me tenía sujeta por las caderas para darle también unos buenos pollazos en su mano, hasta que consiguió que le dejara entrar entre esa mano y mi cadera pareciendo que se la follaba. Los besos de Tomás no me dejaban expresar libremente los gemidos, pero estaba claro que ya no iba durar mucho más.

-Sigue cabrón... sigue asííí... qué gusto joder... aaahhh... yaaa... me corrooo...

No fueron tan seguidos mis gemidos porque mis labios seguían atrapados por los de mi jefe, pero creo que les dejé bastante claro que mi caída hacia la alfombra se debía a que mis piernas no me sostenían, me estaba corriendo como la puta que era y aunque entre los tres evitaron el derrumbamiento total, entre sus brazos seguí zarandeándome hasta que mi orgasmo se diluyó como un azucarillo en el café. Pronto me repuse y volviéndome hacia Ezequiel le solté un primer morreo que ya tocaba, pues el cabrón me había follado y todavía no me había dado ni un mísero pico en los labios.

Todos me agarraban para que no cayera al suelo, empezando a sobarme allí donde se encontraran sus manos, haciendo que de alguna manera que mi recuperación fuese bastante más rápida. Enseguida puse un poco de orden porque si no, aquello sería un desmadre.

-¿Qué tiempo te queda para marcharte? -Le pregunté a mi nuevo cliente.

-Poco más de media hora, no lo puedo retrasar más. -Me respondió atribulado por su inminente abandono.

-Será mejor que me dejéis con él hasta que se corra o se tenga que ir, -les dije a los otros muy profesionalmente-, luego seguiremos nosotros hasta que os deje secos.

Los tres rieron, pero el que más contento estaba era Ezequiel por el polvo que le quedaba pendiente, los otros dos no pusieron ninguna pega reconociendo las razones que les di.

-¿Cómo quieres follarme? -Le pregunté abiertamente sin ningún pudor, ignorando que lo conocía desde hacía solo un rato.

-¿A cuatro en el sofá? -Me cuestionó buscando mi aprobación.

Yo asentí y me coloqué lo mejor que pude para que mi agujero quedara a la altura correcta de su polla y él se cambió el preservativo antes de acercarse por detrás para clavármela sin ningún esfuerzo, toda entera. Pronto comenzó a incrementar el ritmo de sus penetraciones buscando con toda seguridad correrse él, pero su rabo hacía estragos en mis adentros y nuevamente fui yo la que acabó por correrse otra vez. ¡Qué gusto, por Dios! Ezequiel no sacaba su polla, seguro que para insistir en correrse antes de tener que marcharse.

-¿Quieres que te la chupe? -Le ofrecí, pero dudaba si el resultado sería mejor que follarme directamente-. Soy muy buena -Le insistí, mientras los otros dos asentían con grandes sonrisas de aprobación.

Al final aceptó, saliéndose de mi interior para sentarse en el centro del sofá, aprovechando de camino para quitarse el condón sin saber qué hacer con él, hasta que se lo alargó a Serafín que se lo quedó sin poner ninguna pega. Yo me coloqué de rodillas entre sus piernas para comenzar la felación. Sabía que no tenía que andarme por las ramas y hasta me hacía reír internamente pensando que aquello parecía un asunto de vida o muerte, pero tenía claro que lo iba a matar con la mamada que le iba a dar. Su polla era un poco más larga y gruesa que la de Serafín o la de mi propio marido, pero nada que ver con la de Tomás, por lo que no podía emplear la misma técnica que usaba con mi jefe. Ya me estaba metiendo casi toda la polla con grandes lamidas tanto internas como desde fuera de mi boca, principalmente en el glande. Pasados unos minutos sabía que lo tenía a punto, pero le faltaba un pelín para lograr su eyaculación, así que empleé la otra táctica, la de mi dedo bien ensalivado para metérselo en el ano y aquello fue mano de santo, sin que nadie se me ofenda, la cuestión es que ya se retorcía bufando como un toro bravo, hasta que por iniciativa propia él mismo se agarró el rabo para darse unos últimos meneos que le hicieron descargar cuatro latigazos de semen, casi todos iguales, dirigidos a mi cara y mis tetas, que se las ofrecí con la intención de que me las regara como a mí más me gustaba. Después quedó echado contra el respaldo del sofá y los brazos laxos a sus costados, sudando como un pollo y esperando recuperarse para poder vestirse e irse.

Cuando Serafín quiso auparme desde mis axilas, tuve que pedirle un descanso porque me encontraba agotada. Me quedé allí donde estaba, pero reposando sobre la alfombra, con toda la leche de Ezequiel deslizándose tetas abajo. Otra vez Serafín acudió en mi ayuda para limpiarme toda la lefa, primero con las manos y luego con una toalla, haciendo lo propio con la polla de su amigo.

Ezequiel se despidió de mí con un beso de tornillo y algún que otro magreo en las nalgas y a los demás les hizo la peineta antes de ponerse la chaqueta y dirigirse a la puerta.

-Que os vayan dando cabrones, que no veas como os lo vais a pasar. Tomás ya sabes, no te olvides de mí y llámame para estar con vosotros lo más pronto posible.

-Que sí hombre, anda, vete ya y ten mucho cuidado que vas sin reservas energéticas.

Entre todas nuestras risas Ezequiel salió a por su coche y se fue camino de Madrid.

-Ufff... ¡Qué trabajito me ha dado mi nuevo cliente! -Ahondé yo en las gracias para continuar con el buen humor.

Iniciábamos ya nuestro encuentro a tres, cuando mi móvil se iluminó con un mensaje de entrada, viendo claramente que me lo enviaba mi esposo.

“Estás en casa?

Alberto me ha dicho que no has llegado”

“Estoy con Tomás”

Sé que fui muy escueta, pero qué le podía contar si no, pues nada que esa tarde me iban a follar tres tíos, que además eran mis clientes porque me había metido a puta. Tampoco él se explayó, respondiendo con el icono típico del OK.

Inmediatamente continué colaborando con los escarceos de mis amantes, los tres desnudos muy pegaditos en el sofá hasta que decidimos irnos al dormitorio principal. Aquella cama era ideal para follar varias personas por lo amplia que era. Estábamos echados en la cama con ellos dos a mis costados, cuando decidí darme un atracón de pollas, porque nunca había mamado dos pollas a la vez. Fue fácil deslizarme hacia abajo repartiendo besos y caricias entre ellos hasta que me dí de bruces con el pollón de mi jefe, siempre tan admirable por su altiva presencia, digna de todos los lengüetazos que le di antes de girarme un poco para agarrar la de Serafín y darle una pequeña mamada. Enseguida presioné sus nalgas exteriores para que se juntaran más, bueno, sus miembros que era lo que quería juntar, pero si con Serafín todo eran facilidades, Tomás en cambio estaba en clara retirada, por lo que al final tuve que desistir yéndome de nuevo hacia arriba con el disgusto de no haberme comido las dos pollas juntas. Pronto me olvidé de esa contrariedad por lo bien que me atendieron aquellos dos granujas. Serafín estaba empeñado en follarme y correrse dentro de mí sin preservativo, pero no le dejé y las dos veces que lo hizo fue con la goma puesta. A mi jefe solo le faltó darle por el culo al juguetón de su amigo, pero la verdad es que los tres lo pasamos muy bien ese fin de semana.

Todo acabó cuando entré en mi casa justo cinco minutos antes de que lo hiciera Andrés y allí estábamos los dos nuevamente sin apenas dirigirnos la palabra para luego dormir de lo más abrazado posible.

Pasaron varias semanas más, repitiéndose nuestros repartos de destinos, él con su Ana y yo con mi jefe, pues no volví a quedar más con Alberto. Tomás era mi preferencia inicial y ahora también la final.

Al ver lo involucrado que estaba con Ana, cada día con menos expectativas de solucionar lo nuestro, volví nuevamente a planteárselo abiertamente. Estábamos en la cama prestos a dormir cuando se lo dije.

-Andrés, no podemos seguir así, esto no tiene sentido. Tú estás cada día más decidido a compartir tu tiempo con Ana y yo no dejo de acostarme últimamente con Tomás.

-Claro, porque tú quieres. Es que tienes abandonado a mi socio, para ti solo existe tu jefe.

-Te vuelvo a decir que si quieres retomamos nuestra relación matrimonial con la más absoluta normalidad, nada de acostarnos con otro u otra. Yo estoy dispuesta a tomar esa decisión a partir de mañana.

-¿Otra vez con lo mismo, cielo? Yo no quiero parar nada, estamos bien así.

-¿Sabes que últimamente pasamos todas las noches juntos en nuestros viajes? No comprendo cómo quieres prolongar esta situación. Estoy pensando seriamente darnos un tiempo y después ver qué hacemos.

-Es que yo me encuentro muy cómodo conviviendo contigo. No somos follamigos, nos comportamos como un matrimonio, igual que siempre y lo compartimos todo.

-Sí, menos el sexo, tú con la zorra de Ana y yo haciendo de zorrón con mi jefe. ¿Pero qué es lo que sientes por ella?

-No siento nada especial, ni ella por mí tampoco, tenemos sexo porque nos gusta follar entre nosotros.

-¿Pero ella se acuesta también con otros? -Quise sonsacar algo más ya que había empezado a contarme algo.

-¡No! Que va... bueno, yo creo que no, porque tiene mucha amistad con Alberto, pero si follaran me lo diría alguno de los dos. Estoy seguro.

-¿Mucha amistad es que se ven a solas en su casa?

-Sí, claro, son primos hermanos y se han tratado desde que eran chicos.

-Sabes que Alberto es un sinvergüenza redomado y además que folla muy bien, tú lo has visto conmigo y si alguna vez a tu Ana se le ha ido la mano con el primo, te aseguro que no dejará de follar con él toda su vida.

-Joder Susi, cariño, no digas esas cosas, mujer.

-Otra tema que debería preocuparnos es que la familia sabe que algo no anda bien entre nosotros, últimamente no acudimos apenas a las comidas de nuestros padres y mucho menos los dos juntos.

-Eso sí que podemos arreglarlo. Vamos con ellos a comer y luego nos vamos cada uno a lo nuestro.

-¿Me sigues queriendo?

-Claro que sí, siempre, mi vida.

-¿Porqué no te importa que me acueste con otro? Porque a ti te da igual con quien eche un polvo.

-Claro que me importa, ya te dije que me da más confianza mi socio, pero sé que tú prefieres a Tomás y tampoco me cae mal.

Tenía que ponerlo contra las cuerdas porque Andrés estaba muy conforme con nuestra situación, si ésta no sufría cambio alguno.

-En Sevilla vive Serafín un amigo íntimo de Tomás y una noche hicimos un trío.

Andrés guardó silencio y creí que se estaba durmiendo porque no reaccionaba para nada.

-¿Porqué lo hiciste? -Me preguntó al fin.

-Es un tío muy divertido, es como de tu edad y también es muy experto en la cama, ya sabes.

-No, no sé, cielo.

-Pues que hizo que me corriera varias veces y él también se corrió tres o cuatro veces esa noche.

-¿Solo esa vez?

-Van tres veces, la última un fin de semana en casa de Tomás. El día que me enviaste el mensaje porque no sabías si estaba en casa.

-Ya... no sé qué decirte, confiaba más en vosotros dos. Es como si te dijera que follo con Ana y una amiga.

-Pues ya una vez puestos, puedes follar con Ana y un harén si lo deseas, bueno, lo dejamos ya, hasta mañana.

-¿Lo vais a seguir haciendo con el Serafín ese?

-Seguro que sí, salvo que cambies de idea y aceptes mi propuesta. Además los amigos son tres y el tercero sabe de lo nuestro y también me quiere follar. Vive en Madrid y se llama Ezequiel.

-¿Vais a quedar también con él?

-No lo sé, eso es más bien cosa de Tomás que si un día lo invita a su casa sabiendo que estoy allí, con toda seguridad haremos otro trío. A mi jefe le gustan los tríos, igual que a ti... antes de conocer a la zorra de Ana.

-Está bien, lo pienso al menos ¿Vale? Vamos a dormir ya que es muy tarde.

Terminando de decirme ésto volvió a abrazarse a mí pasando su brazo por mi cintura y su pierna por encima de mi culo, más pegados que nunca, pero sin empalmarse porque ese día al parecer había descargado con Ana. Vamos, una incongruencia total, un cornudo consentido y una gran falta de sangre en las venas, a pesar de todas las puyas que le conté esa noche.

El fin de semana siguiente elegí pasarlo con Alberto que la verdad es que follaba como nadie, pero yo estaba a otra cosa y se lo solté en medio de uno de los polvos.

-Me hubiese gustado hacer otro trío contigo y con mi esposo, pero no se que le da tu prima Ana que lo tiene loquito, según Andrés es que folla como los ángeles, aunque no creo que sea para tanto.

-Mujer, si lo dice tu marido, seguro que tiene razón.

No me entró al trapo a la primera y eso que lo tenía a punto de correrse, por lo que le cabalgué más rápido y cuando lo vi más derrotado, paré de golpe, abriendo él los ojos y la boca al mismo tiempo, aunque no le dejé hablar.

-Pero tú también lo sabes de motu propio ¿Verdad? -Volví a darle tres arreones parando en seco de nuevo.

-¿Qué haces? Bueno sí, ella se tira todo lo que se menea, menuda es mi prima. Me la follo cuando me llama y sí, folla bien... sigue, no te pares que me has cortado ya dos veces... cabrona.

Había conseguido lo que quería saber y por supuesto que dejé que se liberara, pero en mis tetas, como siempre, además que el cabronazo no quería ponerse un condón ni a tiros.

Me faltó tiempo para ponerlo en conocimiento de Andrés, pero tampoco fuera que se alterara más de la cuenta, solo se lo quedó pensando unos segundos y después se dio la vuelta para dormir.

Tres semanas más tarde ya no aguanté más y se lo pedí.

-Andrés, quiero que recojas tus cosas y te vayas de casa. Nuestra relación está más que acabada si es que pretendes que continúe por estos derroteros. Yo sí se lo que quiero, pero tú sigues con tu postura indolente, tragándote todos los cuernos que te pongo como si el cornudo fuese nuestro vecino y además te estás follando a una zorra, ¡Sí, joder! Que hasta se está acostando con su primo hermano la muy puta, -le dije interrumpiendo lo que me iba a decir en ese momento, seguro que para afearme el insulto a su delicada Ana-, y yo nunca te dí permiso para que lo hicieras con otra, no tengo tus putas fantasías que mira donde han acabado. Haz las maletas y te marchas ya. Dentro de un mes hablamos.

Estaba convencida que me iba a armar un pollo o pedirme que fuese yo la que me largara de casa, pero sin hacer el menor comentario se fue arriba a recoger sus cosas y al poco se acercó a mí para darme un pico en los labios antes de marcharse en su coche rumbo a no sabía donde, aunque imaginaba que se iría con Ana.

Pero no se fue con su follamiga, si no a casa de sus padres como me confirmó mi suegra al día siguiente, muy apurada la pobre mujer porque ya se lo veía venir, aunque la quise tranquilizar con que se trataba solo de un tiempo que nos estábamos dando antes de tomar una decisión definitiva. Tres días después fue el propio Andrés el que me llamó.

-Perdona cielo que te llame, pero es que no se si durante este mes podemos tener relaciones sexuales con otros, de eso no me dijiste nada y Ana... quiere que me quede con ella unos días.

-Tú haz lo que quieras, en cuanto a mí, todo este tiempo lo voy a dedicar a reflexionar sobre lo que nos está pasando y si merece recomponer nuestra relación. No te aseguro que no vaya a follar con nadie, pero desde luego no es mi intención.

-Entonces yo tampoco iré a verla durante este tiempo y que sepas que ya te echo de menos... mucho... -se le cortó en ese momento la voz y hasta me pareció que estaba llorando-, hasta dentro de un mes... adiós cariño.

-Adiós mi vida.

Me quedé muy preocupada por la manera en que me planteaba qué era lo que debía de hacer durante ese mes, como si fuese yo la que tendría que marcarle la senda a seguir, estaba muy raro, su comportamiento se parecía más al de un niño pequeño que al del hombre decidido y resolutivo con el que felizmente me casé. Todo esto no tenía ni pies ni cabeza.

En las siguientes semanas me volqué totalmente en mi trabajo para no verme obligada a pensar las veinticuatro horas en Andrés y en cómo íbamos a afrontar nuestro reencuentro en menos de dos semanas. Tomás que estaba al tanto de lo que nos ocurría y en mi decisión de no acostarnos durante el tiempo de reflexión, me ayudó en todo lo que pudo y hasta tuvo que pararle los pies a Ezequiel según me dijo, porque quería pasar todo el sábado siguiente en su casa y no era precisamente para hacerle una visita a él.

También tengo que confesar que en el último viaje que hice con Tomás, estuve en su habitación para darnos unos buenos morreos acompañados de los consabidos sobeos por todos nuestros cuerpos, hasta que después de dos intentos poco convincentes, por fin dejó que me marchara a mi habitación.

La última semana mi esposo y yo acordamos por mensajería que él se vendría a casa el sábado por la mañana y que entonces expondríamos cada uno el resultado de nuestras reflexiones y todo lo demás que tuviésemos que hablar para tratar de llegar a un acuerdo o acabar para siempre con nuestro matrimonio.

A decir verdad, yo no había tenido que reflexionar nada de nada, pues mi propuesta seguía siendo la misma de siempre, o sea, que retomábamos nuestra relación partiendo del compromiso de no seguir manteniendo relaciones sexuales con terceras personas. Lo tenía muy claro, pero también estaba abierta a otras propuestas que hiciera mi marido.

A las doce del mediodía se presentó en casa sin siquiera pegar a la puerta, entró usando su llave, lo cual me pareció una decisión perfecta. Fui a saludarle con un piquito en los labios, pero terminó abrazándose a mí con mucha fuerza y por un buen rato, luego me llevó hasta el primer butacón donde dejó que me sentara y él hizo lo propio en el otro para quedar frente a mí.

-¿Qué tal estás? -Me dijo con una leve sonrisa-, si quieres que te diga, yo te veo preciosa.

Una gran sonrisa se mostró en nuestras caras.

-Pues no creas, porque estoy nerviosa. Tú te ves igual que el día que te fuiste, incluso lo mismo de sereno, es que ni siquiera te fuiste enfadado.

-Contigo no tengo ningún motivo para enfadarme, sé que todo lo empecé yo y que fui el que te empujó a hacer todo eso... lo de follar con ellos, vamos.

-En este período que nos hemos dado no me he acostado con ninguno. Tomás se ha portado muy bien, porque si hubiera querido llevarme a la cama, seguramente que lo habría logrado, pero además de mi jefe y últimamente mi amante, también es nuestro amigo y ha optado por respetarnos a los dos.

-Imagino que él conoce lo que ha pasado con nosotros.

No tuve ni que contestarle, con un leve asentimiento de mi cabeza y una mirada sincera, bastó para quedar más que convencido que así había sido.

-Yo también estuve en casa de Ana para contarle lo nuestro... y aunque no llegamos a acostarnos, sí que estuvimos a punto de hacerlo, no te quiero engañar, cielo.

-A nosotros nos pasó algo parecido hace unos días en su habitación del hotel, donde estuvimos casi un cuarto de hora besándonos, pero conseguimos calmarnos y tampoco llegamos a tener sexo.

-¿Lo echas de menos?

-Sí, bastante, pero me importa más nuestro matrimonio. Tomás tiene una buena polla como tú sabes y me da unos orgasmos excepcionales, pero con quien quiero pasar el resto de mi vida es contigo y no con la polla de mi jefe.

-Yo también añoro a Ana, no creas y sigo pensando que no sería necesario dejar de tener sexo con ella, Susi. Si los dos acabásemos nuestra relación, no vayas a pensar que iniciaría otra de inmediato con Ana, de eso nada y además es que ni me planteo convivir con ella tres días seguidos, ¡Qué horror! Yo solo quiero seguir contigo, mi amor.

-En definitiva que los dos queremos continuar con nuestra relación matrimonial, con la única salvedad de que tú prefieres que sigamos teniendo sexo con otras personas, mientras mi idea es retomar nuestra relación de siempre.

-Tendremos que llegar a un acuerdo entre nosotros, Susi, mi amor. Mi propuesta es retomar nuestra convivencia desde ya y dejar que ambos tengamos un poco de libertad para satisfacer nuestros deseos más acuciantes llegado el momento.

-¿Quieres decir que si te entran ganas de estar con ella...? -Le estaba preguntando cuando él me cortó.

-Susi, Susi, espera cielo, me acabas de decir hace un momento que estuviste a punto de acostarte con Tomás hace unos días, pero que al final lo pudisteis controlar, ¿No es así?

-Y tú quieres que la próxima vez no me controle.

-Exacto, cariño. Siempre que los dos quedemos de acuerdo en estos momentos. Además estoy seguro que tu jefe también estará ansioso por follarte de nuevo después de este mes de abstinencia. Lo peor que puede pasar es que tú me quieras dejar algún día por irte con él, pero estoy convencido que eso no va a pasar.

-¿Porqué no? Dime qué es lo que te convence.

-No es una cosa, son dos, vamos los dos amigos de Tomás y que a ninguno de vosotros os importa incorporarlo en vuestras relaciones. De veras que no lo veo pidiéndote que te vayas a vivir con él, mi amor. Yo puedo ser un cornudo, pero Tomás no tiene pinta de serlo, no todo el mundo lo es.

-Tampoco yo soy una consentida para que te vayas cada vez que quieras a echarle un polvo a tu amiga, follamiga o lo que sea.

-¿Sabes una cosa? Que tenías razón, que el cabrón de mi socio y que además es su primo, se la folla cada vez que la visita. Me lo ha confesado él mismo, ya sabes lo aficionado que es a contar sus hazañas. Y lo último, no creo que me eche mucho de menos, cualquier día me pedirá que no vuelva, estoy seguro que ya se está acostando con otro tío.

-No entiendo nada, pero si esperas que te pregunte que va a pasar si eso ocurre, no lo voy a hacer.

-Lo tuyo no cambiaría, no quisiera que cambiara Susi, quiero que sigamos teniendo sexo con Alberto y Tomás los fines de semana y si tú tienes que cumplirle a tu jefe con uno de sus amigos, lo hablamos, lo mismo que si quieres pasar una noche con él en uno de tus viajes, ya sabes, no en todos, me parecería bien.

-Pero si terminas con Ana, no quiero que haya otra. ¿Te enteras? -Le reprendí, aprovechándome quizás de la coyuntura-, con ella hasta que todo termine entre vosotros, pero ninguna más. -Casi volví a repetirme y es que la puta de Ana me ponía de los nervios.

-No, ninguna más, cielo. El lunes iré a hablar con ella a ver cómo están las cosas y si quiere que sigamos teniendo sexo. Ya te diré luego si hemos follado, porque no te niego que tengo muchas ganas de volverlo a hacer con Ana. ¿Sabes? Me gustaría que tú permitieras también que lo hiciéramos aquí contigo, es una cachonda y te lo pasarías pipa con ella, cielo.

-¿Yo? Nada de hacerlo con otra tía, ni siquiera me lo he planteado nunca, ¿Pero qué dices...? Seguro que ya estás fantaseando con que hagamos un trío con Ana.

-Sabes que a fantasioso no me gana nadie, pero de todos modos no es para nada hacerlo una realidad, creo que no te gustaría, ¿Verdad?

¡Joder con las cosquillas! Así empezamos fantaseando la otra vez y ya habéis visto como hemos terminado.

-¿Cuando quieres volver a casa? -Le pregunté con ganas de tenerlo ya a mi lado nuevamente.

-Tengo las cosas en el coche. -Me sorprendió con una amplia sonrisa de pillo el muy cabrón y yo solté una carcajada mientras me iba hacia él para darle el abrazo de la reconciliación, resuelta a que sería el primero de miles que le daría el resto de nuestras vidas.

Aquí termina la historia que os quería contar, eso sí, siempre positiva y deseando que todos los que me rodean disfruten de esa positividad.

PD. El domingo fuimos los dos a casa de Tomás a comunicarle nuestra reconciliación y para agradecerle su comprensión en ese último mes.

FIN

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