Xtories

Trabajando en el sótano-archivo

La oscuridad del sótano guarda secretos que no deberían escucharse. Mientras él la humilla, ella llora por un amor que no existe. Pero hay alguien más en las sombras, y esta vez, la historia cambiará.

Deverano200317K vistas9.1· 21 votos

Súbitamente se abre la puerta, dos personas entran atropelladamente sin encender la luz en el sótano de la empresa donde trabajo. Aquí tenemos una gran sala, con diversas estanterías repletas de carpetas, papeles y equipos obsoletos. Básicamente la utilizamos como archivo.

La estancia tiene a la entrada un interruptor programado para apagar la luz a los tres minutos si no se reactiva. Si tengo que estar largo rato buscando alguna documentación es un incordio tener que salir a apretar cada vez el botón, por lo que he encontrado la solución: me llevo una pequeña linterna que me da luz y me evito tener que salir a pulsar el botón repetidas veces.

Al oír el ruido de la irrupción en el archivo de forma tan poco usual algo me ha impulsado a apagar la luz. Ahora me encuentro en el sótano, a oscuras con alguien más, al que parece que también prefiere esta situación de permanecer a oscuras y en relativo silencio.

No tengo ninguna necesidad ni intención de rebelar mi presencia, así que permanezco semi escondido, sin encender la luz ni hacer ningún ruido a la espera para ver qué pasa en el otro extremo tras una estantería repleta de archivadores.

Pronto el silencio de la habitación se ve roto por mis desconocidos acompañantes. Se oye una buena colección de suspiros y jadeos, los que se producen habitualmente cuando una pareja se está dando una rápida sesión de apasionados besos y algo más a juzgar por los gemidos.

No los voy a interrumpir…al fin y al cabo yo haría lo mismo que ellos si tuviese oportunidad. Eso no evita que empiece a cavilar quienes de la oficina podrán ser los protagonistas de este encuentro apasionado y furtivo. Tras un rápido repaso de los posibles protagonistas, no llego a ninguna conclusión, la mayoría estamos casados y de entre los solteros no conozco ninguna pareja constituida en la empresa.

La pareja va a lo suyo, como estamos en la más completa oscuridad, se mueven con cierta torpeza, van dando tumbos por en medio de las estanterías, hasta que parecen encontrar el rincón adecuado. Es entonces cuando se oyen con nitidez los resoplidos de él, como si le faltase el aire y tiempo para acabar lo empezado. La mujer permanece en silencio aparentemente con una actitud sospechosamente pasiva.

Todas las incógnitas se resuelven de inmediato cuando oigo la voz de él. Es uno de los encargados de la empresa que se ha traído hasta aquí alguna de las mujeres jóvenes que hay.

—Chupa, chupa… putita mía… chupa… para eso te pago— dice el mamarracho sin duda obligando a la chica a que le haga una mamada.

—Ufff, que bueno…. sigue…sigue…no pares… tengo junta en unos minutos y quiero quitarme los nervios. Venga...venga zorrita mía... lo haces muy bien... sigue...sigue... Ahhh, ahhhh, que gusto.... ya me corro.... ufff que bueno.... ya, ya... aaahhh.

He oído tanto gemido y como tengo una mente bastante calenturienta, que han hecho que me ponga bastante bien con este inesperado encuentro.

Sin encender la luz para no llamar la atención, oigo como él se viste rápidamente y se despide con un sonoro beso a la chica como si fuera un gran premio para ella. No le espera, ni le da tiempo para se arregle, recupere la compostura y pueda volver a la oficina sin levantar sospechas por lo sucedido.

Se abre la puerta del archivo durante un instante para que salga precipitadamente, el muelle hace que se vuelva a cerrar inmediatamente impidiendo el acceso a quien no tenga la debida acreditación. Ella se queda a oscuras en el sótano, enseguida oigo como ella empieza a sollozar y rompe el silencio de la sala. De vez en cuando se le escapa un sollozo más fuerte que suena a desencanto.

De repente se enciende la luz, y por entre los estantes veo como se empieza a arreglar el maquillaje para poder disimular su disgusto. Estaba tan pendiente de lo que hacía, que me he descuidado y sin querer hago un ruido que me delata en mi escondite.

Ella empieza a gritar, se tapa la boca para amortiguar el sonido despavorida, le he causado una gran sorpresa. También porque está llena de rabia por verse descubierta en situación tan comprometida. Voy a su encuentro, le cojo las manos y trato de tranquilizarla con palabras pausadas. Me confiesa que se siente muy mal por lo que hace, pero que no lo puede evitar.

Cree sinceramente que está enamorada de nuestro jefe, y que él la hará su amante y que algún día quizás deje a su familia para estar con ella.

No la quiero desencantar y dejo que se abrace a mi para consolarse. Me gusta su perfume, le pongo la mano en la cintura y le acaricio el costado con la mano. Para animarla le digo que es muy bella, reconozco que es muy atractiva y sexy, que todos los hombres de la oficina la tenemos en nuestras fantasías.

Esto último le gusta y se queja que el jefe no se lo tenga en cuenta y no la valore suficiente. Le digo que para mí tiene unas piernas estupendas y que ganaría mucho si se pusiese unos zapatos con un poco más de tacón. Ella me mira dubitativa, —¿a qué viene ese comentario?— y se da la vuelta y me lo muestra. Ahora puedo ver mejor sus estupendas piernas y su culete respingón.

En estas circunstancias me parece poco acertado hacer ver que no ha pasado nada y que quiera coquetear conmigo. Al fin y al cabo ella es la putita del jefe del que dice estar enamorada y yo solo soy el compañero de oficina que ocupa su puesto en otro departamento distinto. Después del pequeño calentón que he cogido mientras les escuchaba, no ando bien de reflejos y antes que se arrepienta te pongo la mano en la parte posterior del muslo y la subo hasta llegar a la nalga.

—Vaya…vaya, veo que te gusto, y que no te cortas nada — dice ella dándome la cara de nuevo.

—Marga, tienes un cuerpo estupendo— le susurro — es una lástima que no lo disfrutes como mereces— le digo poniéndole ambos manos sobre los pechos aprovechando que ella también tiene bajadas las defensas.

—Si, bueno…pero es que yo espero a Marcos, cuando se de cuenta lo mucho que le quiero, el lo dejará todo, vendrá a mi y seremos muy felices— dice poniendo la mirada perdida pensando en el jefe.

Mientras ella está en las nubes, le pongo las manos en el vientre abriéndome paso debajo de su corto jersey y las subo hasta agarrar sus tetas cubiertas por un sujetador de sedosa tela. Noto el bulto de sus pezones erizados, y como ella no hace objeción se los acaricio como si fueran míos.

—Marcos siempre va con prisas y apenas se entretiene conmigo. Siempre quiere que se la chupe, y en cuanto se corre se va. Cuando hagamos el amor le demostrare lo cariñosa que puedo llegar a ser.

—Mientras tanto vive la vida y deja vivir— le digo acariciando sus pechos— por una vez déjate llevar y disfruta mientras yo te adoro. Te prometo que es algo que necesitas y a mi me va a venir de perlas.

A Sandra se le escapa un suspiro de complacencia y resignación, mientras se acomoda para dejarse tocar mejor las tetas. Llevo la mano a su entrepierna y le meto los dedos por debajo de las bragas.

—Sandra, estas mojadita. ¿acaso Marcos no se da cuenta que estas rendida por él? ¡Qué gilipollas!... no sabe disfrutar de la vida... con una chica tan rica a sus pies... y solo sabe ponerse delante con los pantalones bajados para que se la chupes.

—Si...si... eso que se está perdiendo— dice dejando que yo haga a mi antojo

—¡Uy!... ¡que dedos tienes!— dice cuando siente que le acaricio la vulva y le paso un dedo por encima de la raja con suavidad y la presión adecuada.

—¿Eso le haces a tu novia?...debe estar encantada— dice mientras se acomoda para dejarme el camino libre hacia su sexo.

Poco a poco ella se siente más cómoda y confiada con mis tocamientos, abre las piernas y me deja que le meta mano a mis anchas. Le bajo las bragas y luego me pongo comerle las nalgas y chuparle en la entrepierna. Ahora es ella la que se despatarra apoyando un pie sobre la estantería. Le chupo la almejita dándole lametones y succionándole el clítoris. Ahora le toca a ella disfrutar del morbo que proporciona el archivo oscuro de la compañía.

Sandra pierde el control y gime de gusto ante mis continuas lamidas y caricias. Cuando la tengo completamente rendida, la coloco dándome la espalda, con un pie apoyado sobre una caja e inclinada hacia delante.

Me coloco detrás y se la meto hasta las bolas. Me la follo hasta que su coñito queda completamente lleno. Mientras lo hago pienso que no olvidara los veinte minutos que he estado bombeando duro y seguido contra sus nalgas, quizás haciendo lo que su amado jefe no sabe, no quiere o no tiene tiempo de hacer.

Cuando me corro, ella empieza a apretar sus músculos…los de la vagina de forma espectacular.

—Jejeje…hago ejercicios con la pelvis para estar en buena forma para cuando esté con él—

Me moja con sus flujos y culea con fuerza hacia atrás para sentirme bien adentro. A modo de despedida, Sandra me suplica que no cuente a nadie lo sucedido en el sótano, sería desastroso si el jefe se enterase y peor si el que se entera es su actual “novio tapadera”.

Por mí no lo sabrá nadie, lo único que le pido es que lo repitamos otro día, solo tiene que avisarme y bajamos al sótano a “investigar entre los archivos”.

Deverano.