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Soy un poco infiel - Capítulo 9

Andrés siempre fue el más paciente, pero su silencio ahora pesa más que cualquier grito. Cuando la lencería prohibida sale a la luz, el matrimonio se quiebra no con un divorcio, sino con un acuerdo frío: cada uno por su lado, follando con otros, mientras la casa se convierte en un museo de lo que ya no sienten.

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Capítulo 9

Sin decir nada cogí de la mano a mi esposo para seguir a Tomás que ya se adentraba en el salón.

-¿Tienes un agua con gas? -Le pregunté.

-Venid a la cocina y coged lo que queráis del frigorífico. -Nos dijo Tomás.

Yo encontré mi agua, Tomás una tónica y Andrés se pilló otra. Cuando volvimos al salón, ellos se prepararon un gin-tonic y se sentaron bien pegados a cada uno de mis lados en el sofá. Nadie decía nada ante la total desnudez de los tres, aunque la polla de mi marido decayó un poco en su rigidez, la de Tomás se mantenía firme.

-La tienes muy grande, -me dirigí a mi jefe como si no la hubiese visto nunca-, ¿Has visto? -Le dije a Andrés dedicándole una gran sonrisa, pero él solo asintió y no dijo ni hizo nada.

Con mi mano derecha agarré la polla de Tomás y con la izquierda la de mi marido, no quería entrar en chorraditas de tocamientos insulsos para acabar donde todos queríamos acabar, en caso contrario mi esposo se hubiera puesto algo para taparse y me hubiera pedido que hiciera lo mismo. El primer beso se lo llevó Andrés que ya metía su mano en medio de mis piernas rozando con sus dedos la raja de mi coño. Tomás se entretenía sobando mis tetas y pellizcando los pezones esperando su turno y fue Andrés quien dándose cuenta de lo ansiosos que estábamos los dos, me dejó libre para que pudiera girar la cabeza y encontrarme con los labios de mi jefe que me dio un beso con más pasional de lo que debiera, dadas las circunstancias, metiéndome la lengua lo más adentro posible, mientras se escuchaban los sonidos de esa batalla que no acababa nunca.

Mis manos seguían haciendo su trabajo pajeando al mismo tiempo ambas pollas y en mi sexo se empleaban también los dos alternativamente, como dándose un tiempo prudente cada vez y así dejar que el otro también disfrutara.

-¿Subimos? -Les pregunté a los dos, que mostrando complicidad conmigo se incorporaron para cumplirme el deseo, aunque con el rabillo del ojo pude ver como Andrés se llevaba el móvil consigo.

Tomás nos dirigió a su cuarto, llevándome simplemente de la mano y en un instante preparó la cama para que nos pudiéramos echar los tres en ella. Era una cama muy grande, probablemente de dos por dos metros y allí echada con ellos pegados a mis costados nos encontrábamos muy cómodos. Enseguida reanudamos nuestros besos y caricias, si bien, ninguno tomaba la iniciativa para follarme en primer lugar, así que sabiendo el bajón que le daba a mi esposo cuando se corría, preferí mantenerlo excitado más tiempo, viendo como Tomás me follaba como él sabía hacerlo.

Solo tuve que remeterme un poco más debajo de mi jefe para que él comprendiera lo que quería y apoyado en su codo, no tardó ni un segundo en cederme el espacio que necesitaba antes de colocarse encima de mí. Así no tuvimos ningún problema para enlazar varios morreos seguidos en los que pusimos mucha pasión, tanta, que sabía que podríamos mosquear a Andrés, por si aquello había ocurrido antes entre nosotros. Pero no estaba en esos momentos para intentar ser más moderada. Tomás estaba intentando clavármela una y otra vez y antes de que atinara, lo paré pues no quería que Andrés se lo perdiera.

-Espera... uhmmm... Andrés, me va a penetrar ya... deja que lo vea... -Le indiqué a Tomás.

Mi jefe se incorporó hasta quedar de rodillas entre mis piernas y luego se acercó un poco más para coger mejor distancia y agarrando su pollón por la base me dio varios golpes con el capullo en toda la raja del coño, justo cuando se encendía el flash del móvil, luego colocó el glande en el sitio preciso y empujó y siguió empujando más y más, hasta que todo su miembro se perdió en mi interior. Como siempre me ocurría en esos momentos solté un fuerte gemido que no quise reprimir.

-Aaaggg... espera un poco que eres muy impulsivo... ahora, empieza ahora despacio... sííí... sigue... uhmmm... qué gusto... aaahhh...

Las acometidas, pasadas las iniciales que fueron muy lentas, pronto cogieron un ritmo ligero pero soportable y más tarde lo hacía con estocadas secas y fuertes, casi se salía toda la polla y volvía a entrar haciendo crujir el cabecero y la cama entera, no podía aguantar ni dos segundos más aquella manera de follarme.

-¿Te gusta como te follo...? ¡Toma puta! Mira como te entra cabrona, míralo bien... acerca la cámara Andrés...

Desde luego, así no había manera de disimular nuestra follada como si fuese la primera que lo hacíamos los dos, más bien parecía que follábamos de rutina.

-Ufff... sigue así cabrón, sigueee... aaaggg... no aflojes, más fuerte... aaahhh... yaaa... yaaa...

Unas fuertes sacudidas muy intensas recorrieron todo mi cuerpo sin poder describir su duración, luego quedé desmadejada sobre el colchón notando cómo Tomás introducía lentamente su cipote y lo volvía a sacar de la misma manera y no cesó de hacerlo una y otra vez, incrementando la cadencia poco a poco hasta volver a coger un ritmo infernal y yo sabía por experiencia lo que venía y es que el muy cabrón paró en seco para darme una nalgada y pedirme que me pusiera a cuatro.

Le hice caso y al instante ya me tenía nuevamente ensartada siguiendo con sus tremendos pollazos que me estaban alterando las cosquillas que ya venían subiendo poco a poco de mi vagina, hasta la nuca.

-Me estás matando cabrón... no pares... dame más fuerte... no te corras tú mamonazo... lo quiero todo en mis tetas... -esto se lo pedí porque podría hacerlo sin que se lo dijera, lo que sería otro toque de atención para mi esposo-, uhmmm... aaaggg... me corrooo...

Nuevamente perdí el control de mi cuerpo que se zarandeó cómo y cuanto le dio la gana, hasta que me desplomé sobre el colchón girándome para quedar con las tetas a disposición de mi follador que ya se pajeaba como hacía siempre, hasta que explotó en un potente orgasmo soltándome los tres consabidos lechazos, sobre todo el primero y principal que me embadurnó las tetas como a mí me gustaban.

En ese momento se apagó el flash y Tomás se adentraba en su baño dejándonos allí a mi marido y a mí dispuestos a dar rienda suelta a nuestra manera de follar, sencilla unas veces y muy cerdas otras, según estuviera nuestro ánimo en cada momento. Yo no estaba para tomar decisiones después de la follada que me metió Tomás, así que le dejé la iniciativa a mi marido que optó al menos en principio por hacerme el amor, o sea, que despacito y con buena letra. No íbamos a romper la cama, eso seguro, pero era muy morboso y durábamos más.

-¿Qué te ha parecido Tomás? -Le susurré muy bajito.

Ya me había colocado de costado como a nosotros nos gustaba hacer el amor y él se disponía a clavármela desde atrás con una mano dándome caña en el clítoris, que además era la que regulaba nuestro polvo para lograr con exactitud matemática corrernos los dos a la vez. En esta ocasión era más morboso aún cada vez que recogía semen de las tetas para restregarlo en su pene, haciendo que su frotamiento fuese más suave. Lo repetí varias veces pretendiendo que algo quedase dentro de mi vagina. Entonces me respondió Andrés.

-Menudo pollón te has metido por primera vez delante de mí. Toma zorra, toma... ufff... y sin condón... supongo que por consenso de los dos... ¡Plash... Plash... Plash...! -Fueron tres nalgadas muy tenues, pero con las que me advertía que de tonto no tenía ni un pelo.

Sabía que no le íbamos a engañar a pesar de todas nuestras precauciones y al parecer no lo logramos, pero bueno, ahora estábamos a lo que estábamos y ya le contaría lo que fuera que quisiera saber, así que me unté más leche de Tomás en lo más arriba de la polla de mi marido para que me empapara bien la vagina. Era como si los dos me estuviesen follando a la vez compartiendo el mismo agujero.

Tomás salió del baño y se echó en la cama frente a mí para darme un beso muy guarro delante de Andrés, que casi le hizo perder el compás que llevaba entre las penetraciones y el frotamiento en mi clítoris. Del beso en la boca pasó a morderme los pezones aún impregnados solo un poco de su semen y yo le cogí la mano y se la llevé a los huevos de mi esposo, pero no duró ni un segundo cuando lo solté.

-Qué puta eres, -me dijo con una sonrisa a treinta centímetros de mi marido-, me has hecho que le toque las pelotas, cabrona.

-Eso no es malo, -le respondí-, sóbalas de nuevo y haz que se corra.

Tomás no me hizo caso pero su polla se estaba irguiendo ya de nuevo y no tuve ningún problema en volverla a coger para llevarla a mi boca a que terminara de crecer allí. Era otra de mis debilidades y con solo esa acción noté que ya me estaba llegando el nuevo orgasmo.

-No pares ahora... sigueee... aaaggg... me viene otrooo... me corrooo...

En esta corrida me adelanté a mi esposo, seguramente por la influencia de Tomás al unirse a nosotros. No fue mucha la intensidad de este tercer orgasmo y es que ni quería, ni debía comparar, pero es que hay orgasmos y el otro, el superior, eso no podía dejar de reconocerlo.

Tomás no había llegado a empalmarse del todo, por lo que sería mejor que me emplease a fondo con mi esposo y sacarle su leche, que hasta ahora era el único que no se había corrido.

-Deja que te la chupe, ¿Quieres correrte en mi boca?

-Claro, cielo. -Fue lo único que me dijo antes de tenderse boca arriba para que yo procediese.

Fue rápido el desenlace y en pocos minutos me llenaba la boca de su rico semen, tan familiar para mí. Luego, mientras él se acomodaba la almohada para relajarse mejor, yo solté la mitad de la leche que mantenía en la boca para dejarlo caer sobre mi pecho y allí restregarlo con mis manos como si de crema corporal se tratase. Luego me acerqué a Tomás que no se perdía nada de mis manejos y le di un beso con una buena cantidad de semen en mi boca que no tuvo más remedio que compartir conmigo. No le quiso sobar los huevos a mi esposo, pero se estaba tragando su contenido, a tomar por el culo, que me hubiera hecho caso.

Nos vino muy bien nuestro remojo en el jacuzzi que Tomás tenía en su cuarto de baño. De allí nos fuimos a vestir a nuestro dormitorio y Tomás hizo lo propio en el suyo.

-Es igualita a la de Alberto, -le dije sin mencionar a qué me estaba refiriendo porque no hacía ninguna falta-, qué gusto me dan estos cabrones con esas pollas.

-Sí y tienen un aguante parecido, bueno eso lo sabrás tú mejor que yo, claro.

Me encontraba seleccionando el sujetador más pequeño para el tanga de puta que me había puesto, cuando él me pidió que no hacía falta que me lo pusiera, que estaría mucho más fresca sin él.

Yo misma le elegí el bóxer de cintura baja que le dejaba al aire una buena parte de la pelambrera del pubis y una camiseta con el típico “I love you”, muy fina y que a mí también me gustaba mucho. La verdad es que con lo guapo que era, ese bóxer enseñando los pelillos y medio culo, más la camiseta que era algo corta, estaba para comérselo. Poco después nos reencontramos con Tomás en el salón.

De momento nadie mencionaba nada de lo que habíamos hecho esa tarde y nos entreteníamos decidiendo lo que íbamos a cenar en un rato y almorzar al día siguiente que entre los tres decidimos que fuese su restaurante habitual el que nos lo trajera a la casa. Seguimos hablando de todo, incluyendo los problemas que estaban teniendo entre Teresa y él, hasta que por fin salió el tema de Bruselas.

-¿Sabes que Andrés no para de darle vueltas a los viajes que tendré que hacer? Aunque la verdad es que ni yo misma le he podido aclarar cómo nos afectará a nosotros mi presencia allí. -Le planteé a mi jefe por si él tuviera algo planeado, sabiendo lo meticuloso que era con su agenda de trabajo.

-Hasta ahora solo he tenido tiempo para darle vueltas a la cabeza, pero está claro que al principio tendremos que prestarles más ayuda y más adelante solo habrá que mantener encuentros puntuales con ellos.

-Las videoconferencias también os puede ayudar en esa tarea, supongo yo. -Le respondió Andrés.

-Por supuesto que las utilizaremos frecuentemente, pero tendremos que estar presentes en los proyectos más importantes, me refiero a los encuentros con nuestros clientes potenciales, ahí no podemos utilizar las nuevas tecnologías, Andrés.

-Ya, claro... llevas razón, ¿Pero Susana tendrá que viajar cada vez que te desplaces tú? -Insistió mi esposo, esperando alguna especie de indulgencia que me librara de tantos días de ausencia.

-Susana es una pieza fundamental en el negocio de nuestro grupo empresarial y es imprescindible que la persona que se haga con su puesto allí, pueda contar también con su ayuda y experiencia, que es mucha, por lo que me tendrá que acompañar la mayoría de las veces.

No quería que Andrés siguiera insistiendo en este tema, porque al final terminaría agobiándose, viendo que el incremento de mis ausencias en casa no tenía ninguna solución, así que intervine para exponer una idea que se me estaba ocurriendo.

-¿Sabes, cariño? Lo que haremos es que todas las dietas que me reporten esos viajes las usaremos para hacer entregas a cuenta en la hipoteca de la casa, de esta manera podremos ver como una ventaja, lo que en principio parecía únicamente un problema para nosotros.

Andrés se llevó las manos a la cara, permaneciendo en silencio mientras seguía dándole vueltas a esos desplazamientos en los que en verdad no veía ninguna ventaja.

-¿Nos ponemos una copa? Os voy a preparar un cóctel que me recomendó el barman del hotel de Sevilla. A ver, lo tengo por aquí... -nos decía Tomás buscando en el cajón del mueble bar-, éste es.

Luego lo estuvo leyendo para contarnos lo que teníamos que hacer para prepararlo.

-Necesitamos rodajas y jugo de naranja, hielo picado, cerezas y un un poco de grosella para darle sabor. Me llevo la botella de Vodka y lo preparamos en la cocina, ¿Me ayudáis?

Los tres nos fuimos a la cocina que era inmensa con una isla en medio, un frigorífico de dos puertas, en fin... que ya la quisiera yo para mí. En unos minutos y siguiendo las instrucciones de la nota, teníamos preparados tres cócteles llamados Destornillador que estaban riquísimos, aunque los tres pusimos algo más del Vodka recomendado y nos fuimos al jardín a disfrutar de las últimas horas de la tarde.

Allí nos sentamos los tres en el columpio tipo balancín con nuestros cócteles en la mano, disfrutando del buen tiempo que hacía y del tupido césped recién cortado a nuestros pies.

-Qué bien se está aquí, -les dije- y el cóctel está genial, yo me tomaría cinco más.

Todos reímos por mi exageración y terminamos chocando nuestros vasos en un brindis sin dedicación, seguido de un buen trago por cada uno de nosotros. ¡Joder! Cómo entraba el Destornillador, qué fresco... y el sabor de la grosella...

-Al final se te ha pegado un poco el sol, -me dijo Tomás mirando hacia mi pecho, que la verdad se veía muy destapado-, menos mal que te puse la protección, si no te habrías quemado.

-Me ha quedado un pecho precioso, -le respondí bajando el borde de la camiseta hasta dejar las tetas al descubierto, no me costó nada hacerlo al no llevar puesto el sujetador-, ¿Qué os parece?

Se las mostré a los dos girando mi cuerpo para que las pudieran ver de frente, viendo como Tomás tragaba saliva y mi marido un sorbo del cóctel. Luego me volví a tapar, pero el escote quedó lo bastante separado para que cualquiera de ellos pudieran seguir viéndolas con una simple mirada desde arriba.

-¿Y en las piernas también se te ha pegado? -Me provocó Tomás.

-Lo podéis comprobar vosotros mismos. -Les ofrecí.

-Hazlo tú. -Le pidió mi jefe a Andrés con una gran sonrisa.

No lo dudó ni un segundo para subir mi faldita hasta mostrar mi tanga que fue otra provocación para los dos machos que tenía a mis costados, tan blanco, tan mínimo y tan fino, que cualquiera que no me hubiese visto el coño, no tendría ningún problema en describirlo, aunque ellos sabían muy bien lo que había bajo ese triángulito. Mis muslos muy colorados realzaban aún más el trozo de seda.

-¡Madre mía! -Exclamó Tomás metiendo su mano entre mis piernas hasta tocar mi sexo y darme un buen apretón en el muslo. ¿Has visto Andrés?

-Sí, ese triángulo tiene más peligro que el de Las Bermudas. -Le respondió haciendo que los tres soltáramos unas carcajadas.

Mi mano libre se posó también en la entrepierna de mi marido, para comprobar si la falta de bulto en ese escueto bóxer era por lo que yo me temía, y no me equivoqué, su polla seguía tan flácida como si se acabara de correr, todo lo contrario de la de Tomás que parecía que iba a romper su pantalón corto. No me pareció un buen momento para iniciar otra sesión de sexo y aborté el proceso apartándole la mano a mi jefe y echándome la falda para abajo, costándome más trabajo lo de desactivar mis cosquillas. Andrés iba a decir algo, pero optó por guardar silencio. ¿Qué me podía decir si los dos sabíamos porqué paré aquello? También teníamos claro que para mí no suponía tampoco ningún problema, más tarde lo intentaríamos de nuevo, o si no, mañana sería otro día.

Cuando terminamos de cenar aquellos riquísimos mariscos, dejando vacías dos botellas de cava muy fresquitas, nos fuimos nuevamente al salón donde seguíamos contándonos anécdotas de todo tipo. Sin darnos cuenta, con tanta cháchara se nos fue haciendo tarde y Tomás se levantó para ir cerrándolo todo antes de irnos a dormir, sentándose de nuevo a mi lado para acabar la velada.

Andrés con una disculpa se quitó su camiseta del amor, por lo calurosa que se presentaba la noche, más aún con todo cerrado y Tomás como siempre tan amable nos dijo que si preferíamos que pusiera el aire acondicionado, pero mi esposo no lo soportaba muy bien si no estaba vestido, así que desistió de hacerlo. Al rato y con unas risas él mismo se quitó también la suya y con más cachondeo tiraba de la mía para quedar los tres desnudos de cintura para arriba. Entonces dirigí la mirada a mi marido que sonreía abiertamente, mostrando por una vez su aquiescencia con un gesto y si él no ponía ningún inconveniente, menos pondría yo que elevé los brazos para que Tomás terminara de sacarla por mi cabeza.

-¡Son preciosas! -Exclamó Tomás con admiración al ver mis tetas balanceándose y mirando a Andrés para pedir su aprobación-, estás buenísima Susana.

Mi marido confirmaba las palabras de Tomás con otro gesto, siguiendo con la sonrisa, aunque sin decir palabra. Sabía que mi jefe estaba con ganas de sexo, nada más que había que fijarse en el bulto que había en sus bermudas, pero no veía lo mismo en el semi bóxer de mi esposo, por lo que no quise avanzar en la iniciativa que habíamos tomado, a no ser que Andrés reaccionara convenientemente.

Pero fue mi esposo el que echó su brazo por encima de mis hombros para atraerme sobre él y darme un beso bastante decente, pues no hubo lengua de por medio. Enseguida su otra mano me sobaba las tetas con especial dedicación a los pezones, sabiendo que con esas caricias iba a subir mi calentura hormonal. En esos momentos mi mano ya estaba comprobando el estado en el que se encontraba su polla y verdaderamente una gran sonrisa en mi cara lo decía todo. Tomás se unió a nuestras caricias y muy calientes nos fuimos de nuevo al dormitorio principal a dar rienda suelta a nuestras ganas de follar de esa noche.

Al día siguiente repetimos los juegos en la piscina y en esta ocasión sí que acertaron los dos con unas cuantas penetraciones, que acabaron en una doble penetración en el salón. Cuando terminamos de comer, me eché de nuevo en la hamaca para tomar un poco más de sol, siendo otra vez Tomás el que me puso la crema de protección por todo el cuerpo. A media tarde regresamos a casa y ni siquiera comentamos lo que hicimos ese fin de semana con Tomás, porque mi esposo tenía que trabajar en unos informes que necesitaba tenerlos preparados para el mismo lunes por la mañana.

Fue el martes por la noche cuando quiso indagar en este asunto, seguramente influido por el viaje en AVE a Sevilla del día siguiente con las dos noches de por medio.

-Susi, cariño, estoy preocupado por tu viaje de mañana, bueno... por lo que hay entre Tomás y tú.

-¿Por lo que hicimos este fin de semana? -Le pregunté.

No me respondió al instante, quizás esperaba a que yo fuese más explícita o tal vez sincera. Y viendo que seguía esperando algo más, tomé de nuevo la palabra.

-No vamos a hacer nada, cielo, ¿Estás pensando en que podríamos follar?

-No es que lo piense, es que estoy seguro que lo vais a hacer como ya lo venís haciendo. Creo que el mismo sábado ya quedó muy claro, ¿No te parece?

Ahora la que se quedó sin habla fui yo. No es que me sorprendiera su afirmación, porque yo misma llegué a pensar que ante Andrés los dos actuamos en ocasiones como un libro abierto. Como mi esposo no me conoce nadie, solo que no esperaba que me sacara a colación esta infidelidad.

-Solo fue una noche... te lo quería contar, pero no sabía cómo hacerlo... habíamos bebido un poco más y ya sabes que...

-No sigas por ahí, Susi, no lo puedo afirmar, pero estoy seguro que han sido bastantes más veces y lo que no quiero es que encima me mientas. Lo que te pregunto ahora es que va a pasar estas dos noches en Sevilla.

¿Cómo podía saber él las veces que habíamos follado? Pero es que lo decía con tanta seguridad que ya no me atrevía a desmentirle lo que aseveraba y mucho menos haciéndome la indignada como correspondería ante tan tamaña acusación.

-En Sevilla no va a pasar nada, -le respondí-, y en los próximos viajes tampoco. -Terminé reafirmándome.

-Necesito que seas sincera, cariño, por favor, dime hasta donde piensas llegar con todo esto, con Tomás...

-¿Y tú qué quieres que haga? -Le pregunté, porque ya no sabía si es que tenía pruebas de lo que me acusaba.

-Que no me mientas, Susi, cielo, no me mientas y respóndeme con sinceridad.

-¿Desde cuando sospechas que nos estábamos acostando Tomás y yo?

-Supongo que hace bastante tiempo, pero con seguridad desde tus tres últimos desplazamientos.

-¿Me estás espiando entonces? -Le acusé.

-Yo no te espío, eres tú la que te delatas cada vez que te vas de viaje con él.

-¿Quééé...? Dime que es lo que hago para delatarme.

-Espera, ahora vuelvo. -Me dijo y salió del salón.

Oí como subía las escaleras, pero no tardó en bajarlas de nuevo trayendo mi maleta en la mano. Después la colocó en la mesa del salón y la abrió para meter la mano dentro y sacar la lencería de puta que pensaba ponerme con Tomás y Serafín.

-Este es el camisón y el tanga a juego que te compré en el sex-shop y que te pusiste conmigo el viernes pasado. Y cada vez te llevas algo parecido a ésto. -Me dijo mientras me lo entregaba en mano.

Lo último que podría sospechar era que me pillara por esa ropa interior que me llevaba en cada viaje.

-¿Me has estado registrando la maleta cada vez que viajaba?

-La primera vez no, solo en los dos últimos viajes le he echado un vistazo para confirmarlo. Hará tres semanas una noche que estaba solo y muy cachondo, me quise hacer una paja poniendo a mi vista un juego de tanga y sujetador que te compré. Sabía donde pones todo eso que te regalo y no estaba allí. Primero no le di importancia, pero después lo busqué más a fondo y tampoco lo encontré. Esperé a tu vuelta y efectivamente lo dejaste en el cesto de la ropa sucia, junto a tu otra ropa interior. En los dos siguientes miré en tu maleta cada vez que te ibas y en ambas ocasiones llevabas algo de ese tipo de lencería que guardas en tu cajón. La última en el viaje a Bruselas, que según tú no llegaste a usar. Hoy has metido el de puta que tienes en las manos. ¿Vas a ser sincera ahora?

No quise tensar más la cuerda porque me estaba jugando la continuidad de nuestro matrimonio. Lo más extraño es que no me presentara en esos momentos una demanda de divorcio, todo lo contrario, quería que le razonara hasta cuando tenía pensado serle infiel en mis viajes con Tomás.

-Mira Andrés, mi amor, lo único importante para mí en esta vida eres tú y te prometo que a partir de ahora eso no va a pasar nunca más. Si quieres que deje el trabajo, mañana mismo solicito la liquidación a Tomás.

-Eso no es lo que te he pedido, cielo, ya has visto lo prudente que he sido hasta ahora sabiendo lo que hacías y tampoco quiero prohibirte que repitas alguna vez más, pero lo que no puede ser es que te acuestes con él en cada viaje. También me gusta que hagamos tríos con Alberto y no me importaría que un día que encarte lo hagas a solas con él, pero imagínate que dos noches en semana te fueras a su casa. Esto último es lo que estás haciendo con Tomás desde seguramente hace unos meses.

Dicho eso, recogió la lencería para volverla a dejar dentro de la maleta.

-Piénsatelo bien y a la vuelta me cuentas qué has decidido, nunca más te voy a registrar lo que te llevas en cada viaje, prefiero seguir confiando en ti como siempre he hecho. Ahora me voy a dormir. -Finalizó lo que me quería decir esa noche y se fue a nuestro dormitorio.

Lo sabía, claro que lo sabía y Tomás no paraba de preguntarme si ya se lo había dicho, pero yo iba dejando pasar el tiempo sin confesarle nada, pero follando con mi jefe cada vez que podía y encima cobrando según mis tarifas de puta y si pasaba la noche siguiente con los dos, me ganaría mil euros porque los dos pagaban y si fueran las dos noches...

Durante el viaje de ida le conté a Tomás todo lo ocurrido en la tarde anterior con mi marido y él me confesó que tenía las mismas sensaciones, respecto a que Andrés parecía que estaba al tanto de nuestras correrías y por supuesto, que no era la primera vez que follábamos como queríamos darle a entender.

-¿Entonces qué hacemos? -Me preguntó.

-Vamos a trabajar con toda la dedicación como a ti te gusta, a ver si conseguimos enfocar bien este proyecto con nuestros clientes. A la noche decidiremos lo que haremos según nos encontremos anímicamente.

-¿Y Serafín? -Quiso saber qué haríamos con él.

-No le digas nada de momento. Como vamos a cenar con él... pues si decidimos seguir con el plan de esta noche, que suba con nosotros.

-Y de seguir follando en los próximos viajes, -¿Has pensado algo?

-No, de momento no, Andrés me dijo que me lo pensara bien y eso voy a hacer. Espero que a la vuelta le pueda confirmar que lo vamos a dejar de hacer en los viajes, aunque repetiremos en nuestra casa o en la tuya de vez en cuando. -Le respondí.

Esa noche teníamos motivos para celebrar un día lleno de aciertos comerciales y cuando Serafín nos acompañó en la cena, ya sabíamos que el puñetero era un tipo con suerte, pues no dudamos en invitarlo a pasar la noche con nosotros, bueno, lo de invitarlo no era tan así, porque tuvo que pagar mi tarifa de quinientos euros, al igual que mi jefe.

Serafín era un tipo muy simpático, digamos que muy bien situado económicamente y lo principal para mí, un excelente macho practicando sexo, sobre todo en su aguante y debido posiblemente a esos hermosos testículos que poseía, sus eyaculaciones eran muy copiosas, tanto, que me dejaban las tetas como si se hubiesen corrido tres tíos como mi marido juntos. También le encantaba tocar en demasía a su amigo como si le riera la gracia por el pollón que se gastaba. Su polla no sobrepasaba la de Andrés, pero nada que ver con su recuperación, pues era capaz de correrse hasta tres y cuatro veces en una noche.

Ya que mi esposo en cierta manera me permitió usar la lencería de puta que me regaló, no dudé en hacerlo, teniendo un éxito total en los resultados que logré con mi exhibición.

Pensaba que la noche siguiente podría repetir, pero tanto Tomás como yo misma, llegamos agotados por el cansancio y la falta de sueño, durmiendo cada uno en su habitación nada más acabar la cena, a la que ni siquiera invitamos a Serafín.

Los fines de semana siguientes repetimos alternativamente con Alberto y Tomás. Lo curioso es que a pesar que me comporté honestamente en los siguientes viajes, Andrés ya nunca me preguntaba si me había acostado con Tomás. En las dos últimas convenciones a las que acudió él, le pedí que me dejara pasar las noches de los sábados con Alberto la primera vez y con Tomás la segunda y no me puso ninguna pega, aunque tampoco se interesó por nada de lo que llegamos a hacer.

El colmo fue un fin de semana que fuimos a comer con mis padres y a la vuelta me pidió que fuese yo sola a pasar la noche con Tomás porque se sentía cansado y no le apetecía.

Unos meses más tarde tuve una semana muy exigente en cuanto a los viajes y solo dormí una noche en casa, pero cuando regresé el viernes con muchas ganas de sexo, Andrés no estaba para nada en disposición de echar un polvo.

-¿Qué te pasa, cielo? Esto no se te pone a tono. -Le dije mientras metía mi mano por dentro de su bóxer.

-Esta tarde me he hecho una paja pensando en ti. -Se excusó, pero sin intención de compensarme con los dedos o la lengua.

-Últimamente te noto un poco raro, ya no me preguntas nunca si me acuesto con Tomás en mis viajes, o si me pone la mano en el muslo o en la cadera, o si me besa, nada de nada.

-Susi, cariño, después de lo que hacemos los fines de semana que pasamos juntos, no querrás que piense que en algunos de esos viajes no echaréis algún polvo que otro. Esta semana habéis dormido en el mismo hotel durante cuatro noches, supongo que al menos una te habrás acostado con Tomás.

-Ninguna, cielo, me pediste que no lo hiciera habitualmente, pero después de hacerlo en el viaje a Sevilla no hemos vuelto a follar ni una sola vez más. Y últimamente también te veo muy descuidado con tu teléfono, porque cuando te llamo por la noche lo tienes apagado o sin batería, como volvió a ocurrir ayer mismo que un contestador me decía que tu teléfono no se encontraba disponible.

-Sí, me di cuenta esta mañana que lo tenía apagado, no sé, me parece que lo hace él solo, tendré que cambiarlo por otro. -Se justificó, sin tener en cuenta que eso quería decir que tampoco él estaba pendiente de mi llamada.

Ahí terminó nuestra conversación de esa noche y al día siguiente llamó a su amigo Alberto para decirle que tenía trabajo y que no podíamos tener el encuentro que habíamos concertado previamente. Después me dijo que si quería me podía ir yo a su casa.

-No, cariño, necesito estar contigo este fin de semana, hasta me alegro que hayas cancelado nuestra velada con tu socio. Yo lo que tengo es ganas de ti, mi amor.

Él no reaccionó como en otras ocasiones dándome un abrazo o un beso cariñoso de los nuestros, incluso ahora que lo pensaba, hacía tiempo que no me lo daba. Unos sudores fríos recorrieron mi cuerpo haciéndome estremecer. ¿Estaba dejándome de querer? Desde luego que esta suposición me pilló tan a contra pie, que... es que no podía ser... nosotros siempre... desde que nos conocimos... sí, estábamos enamorados el uno del otro... nos queríamos con locura...

-Pues tengo mucho trabajo, de verdad Susi, -me respondió-, no seas tonta y ve a casa de Alberto, no sería la primera vez que lo haces.

No le respondí y tampoco llamé a su socio para quedar con él. Sin decirle nada más me dispuse a darle un repaso a la casa, sin ninguna necesidad por cierto, pues todos los lunes viene una chica a limpiarla de arriba abajo, pero en algo me tenía que distraer evitando darle más vueltas a la cabeza. Luego fuimos a comer a un restaurante conocido y el domingo volvimos a repetir. Salvo esos dos ratos y los que echó en cenar unos fiambres, el resto del tiempo lo pasó encerrado en su escritorio. Andrés no se acercó a mí ninguna de esas noches y yo hice lo propio, no sabía si ofendida o preocupada, sin poder evitar que mis lágrimas se derramaran a cada instante.

¿Se había cansado de mí? Igual reaccionaba ahora por mis infidelidades, incluso que pensara que le seguía engañando a pesar que le afirmé que ya no lo hacía nunca. Tampoco fui yo la que le confesé que me acostaba con Tomás, sino que fue él quien se dio cuenta por los juegos de lencería que me llevaba en esos viajes. Teniendo en cuenta esto último, estaba más que justificado que no me creyera cuando le afirmaba que desde entonces le fui fiel.

La semana siguiente tenía un solo viaje a Barcelona y le tuve que pedir a Tomás que me dispensara, pero que necesitaba un descanso de un par de semanas sin viajar y al final me sonsacó lo que pasaba en mi hogar con Andrés y no me puso ninguna pega, solo que me dio otro bajonazo de moral cuando delante de mí llamó a Mónica para advertirle que estuviera preparada en ese viaje, porque tendría que sustituirme ese par de días.

Andrés estuvo más cercano esas dos semanas e incluso tuvimos sexo el miércoles por la noche. El jueves llegó muy tarde por una cena de trabajo y el fin de semana lo pasamos con Alberto, que gracias a su simpatía y su poca vergüenza de siempre, consiguió alegrarnos la noche, pero Andrés no tuvo la implicación de otras ocasiones y en cuanto se corrió, nos dejó follando en nuestra cama y se fue a dormir al cuarto de al lado. El domingo estuvo pasable y algo más cariñoso.

En la segunda semana ya el mismo lunes volvió a llegar tarde por una reunión y no hicimos el amor ningún día de la semana. Ese fin de semana teníamos que ir a casa de sus padres, pero me pidió que mejor me fuera yo a casa de Tomás y que ya nos veríamos el domingo por la tarde. Yo acepté que se fuese solo sin asegurarle que iría a casa de mi jefe, cosa que ni se me pasaba por la cabeza. Tenía un gran disgusto en mi interior porque sabía que algo no iba bien en nuestra relación y no dejaba de llorar por todos los rincones de la casa cuando él se marchó.

El colmo fue que su madre llamó a mediodía al teléfono fijo como siempre hacía.

-Hola Isabel, ¿Qué tal? -La saludé esperando que me preguntara porqué no había acompañado a Andrés.

-Hola Susana, hija, os esperaba este fin de semana a los dos. -Me reprochó que no hubiera acudido con su hijo.

-No he podido ir Isabel, tengo que estudiar uno de los proyectos más importantes y me ha sido imposible ir.

-Ya hija, pues no te entretengo más, bonita, dile a mi hijo que se ponga si lo tienes a mano.

El aparato no se me cayó al suelo de milagro, luego lo aferré con mucha fuerza viendo como mis nudillos se quedaron blancos de tanto apretarlo.

-Ha salido... después le digo que te llame... -Le respondí como pude, despidiéndonos las dos con los consabidos besos.

¡Dios mío! Era Andrés quien me ponía los cuernos ahora, estaba segura que se trataba de eso. Estaba con otra sin haber tenido el valor de decírmelo, ¿Donde si no iba a estar? Enseguida comprendí su falta de interés en todo lo que a mí concernía, ni que no le llamara estando de viaje, o que me acostara con mi jefe o dejara de hacerlo, su interés para que pasara el fin de semana a solas con Alberto o mi propio jefe, todo le daba igual. No se trataba de que estuviese desganado sexualmente, no, era porque había dejado de amarme, de quererme, simplemente pasaba de mí.

¿Pero y yo? Fui yo la que empezó a ponerle los cuernos con Tomás, sin saber que él lo averiguaría más tarde y que seguro que se sintió igual que yo misma me sentía en estos momentos. Encima me convertí en una puta con mi jefe y su amigo Serafín, poniéndoles tarifas y todo para incrementar mi morbo, más que por ganarme unos cuantos euros, ni en eso le fui sincera y precisamente cuando dejé de serle infiel, mi esposo dejó de interesarse por lo que hacía con Tomás en esos viajes. Tenía que haber sospechado inmediatamente que podía estar pasando algo extraño, sin embargo nunca le hubiera dedicado dos segundos a pensar que Andrés se había cansado de mí y estaba poniéndome los cuernos con una ramera, hija de puta. Sin pensarlo dos veces con la rabia que ésto último me dio, le envié un mensaje a mi esposo.

“Tu madre ha preguntado por ti.

Tenemos que hablar”

Después de enviarlo me entraron unos temblores en las piernas que no me sujetaban de pie, por lo que me dejé caer en la silla de la cocina, apoyando los codos en la mesa y las manos en la cara intentando parar las lágrimas que se derramaban por las mejillas, sin poder lograrlo.

Más tarde pude comprobar que había leído el mensaje, pero no me contestó y no lo hizo porque prefirió presentarse en persona ya de noche. Acababa de oír cómo abría la puerta y se entretenía por la parte de abajo y seguro que se sentó en el salón porque tardó casi diez minutos en subir para verme acomodada en nuestra cama, haciendo como que leía un libro.

-Hola, Susi... Creo que sí... que tenemos que hablar...

Más que un saludo, parecía la respuesta al mensaje que le envié al mediodía. Yo le miré enervando mi ceja izquierda que era el gesto que utilizaba cuando quería que me aclarase algo por las buenas o por las malas.

-Vengo de pasar el día con Ana, la prima de Alberto. No es la primera vez que nos vemos. -Me respondió con decisión en sus palabras.

-Pero... pero si es... si no tiene... si le sacas diez años...

Andrés se había sentado en su lado de la cama y se estaba quitando los zapatos para sacarse el pantalón.

-¡Ya...! Algo parecido a Tomás y tú misma, ¿Cuantos te saca él? Dieciséis por lo menos.

Ambos nos sumimos en un prolongado silencio mientras seguía desnudándose antes de ponerse el pijama. Todos sus gestos eran parsimoniosos, nada parecía alterarle cuando recogió su ropa para dejarla en el armario y en el cesto de la ropa para lavar que quedaba en el cuarto de aseo. Allí se quedó echando una meada y cepillándose los dientes, todo como si nada hubiese pasado, volviendo al dormitorio para echarse en la cama.

-Llevas un tiempo acostándote con ella. -Le acusé.

-Dos meses, más o menos. Pregunta lo que quieras que no te voy a esconder nada. -Me aclaró.

-¿Vas a seguir con ella?

-Sí, pero no pienso ocultártelo más, el día que quede con Ana no te volveré a decir que es por una cena de trabajo.

-Ni que vas a casa de tus padres...

-No, eso tampoco, pasaré algún fin de semana con Ana sin tener que darte ninguna excusa.

No sabía por donde iba a salir yo, pues a todo lo que le preguntaba él me respondía con la seguridad que le daba el que me estuviese acostando con dos tíos, según me daba la gana cada semana o en los viajes con Tomás.

-Si yo lo paro todo, ¿Tú también lo harías?

-De momento no quiero que pares nada, ni lo tuyo, ni lo mío, además, que yo nunca te he pedido que lo dejaras con ninguno de ellos. Con Tomás creía que seguías follando con él en casi todos los viajes, -fui a responderle, pero no me dejó-, sí, ya sé que me has dicho que después de Sevilla no lo has hecho más, pero vamos que por mí, puedes seguir acostándote con él, ahí no me meto, lo mismo que no quiero que te metas en lo mío con Ana.

-Yo solo lo hago por sexo y por cumplir tus fantasías, pero lo que estás haciendo con esa zorra...

-No la llames zorra de esa forma despectiva, ella es una buena chica, tanto como Alberto y tu jefe.

-¿Y lo tuyo es solo sexo? -Le insistí porque a eso no me había respondido.

-No lo sé, te lo digo de verdad, lo que sí me ocurre es que con ella me excito mucho.

-Y conmigo muy poco, o casi nada, según veo últimamente.

-Puede ser, no te lo voy a negar, pero ni yo mismo lo comprendo. Necesito más tiempo para aclarar mis ideas.

-Siempre nos hemos prometido que si lo nuestro se acabase por parte de uno de los dos, tendríamos que dejarlo.

-Ya te he dicho que necesito un tiempo para aclararme, pero no quiero que nos separemos ni nada por el estilo, deja que sigamos un tiempo más con lo que hacemos cada uno y luego veremos qué pasa.

Diciendo ésto se volvió de espaldas y se cubrió con la tapa de la cama para poder dormir. Entonces solté el libro en la cama y llena de cólera le hice una última pregunta.

-¿Te importa que vuelva a acostarme con Tomás en los próximos viajes?

-No lo sé Susi, te pedí que no lo hicieras habitualmente, pero si una noche tienes ganas de follártelo...

-Te lo contaré cuando lo haga, porque pienso volver a hacerlo.

Ya no hablamos más y cada uno se durmió sin más cháchara. Más tarde me dí cuenta que como casi siempre me tenía echado el brazo desde atrás, muy pegado a mí, buscando mi calor. Tampoco me quejé y volví a dormirme.

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