Xtories

Historias del complejo turístico (31)

Luca sabía todo. Mientras ella esperaba placer, encontró la verdad desnuda y el fin de su matrimonio. Ahora, atrapada entre el remordimiento y la tentación, debe decidir si seguir siendo la víctima de sus impulsos o reconstruir lo que destruyó.

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La historia de Laura

Tercera parte

“Vení, estoy en el dormitorio”

Estaba algo nerviosa, pero más que nada estaba excitada, ya quería que me hiciera todo aquello que me había dicho.

Caminé lentamente hacia el dormitorio y cuando me paré en la puerta antes de entrar, el corazón se me detuvo, un frio me corrió por la espalda.

Sentado en un sillón a un lado de la cama, estaba Luca mirándome.

Toda la adrenalina que traía, la carga de lujuria, el cuerpo preparado para el placer y mis ganas de ser cogida, se esfumaron en esa fracción de segundo.

Me quedé sin palabras, lo que menos esperaba, lo que no hubiera imaginado nunca, lo que no hubiera querido que pasara, estaba pasando y yo estaba allí, deseando que ocurriese un milagro que me sacara de allí.

Toda mi estantería de mentiras, ocultamientos y traiciones, habían quedado expuestas. No tenía excusas, no tenía defensa alguna, Luca me había descubierto y en la jugada más desatada de todas hasta ese momento en mi vida.

De mi boca, lo único que salió, y con la voz tan débil, que parecía el último suspiro antes de morir, fue, “Luca”

Y por supuesto me dejó sin palabras, y se despachó con todo lo que sabía, estaba al tanto desde hacía tiempo de mis andanzas, había revisado mi teléfono y sabía todo lo que había hecho y dicho a sus espaldas.

Me había confiado tanto en que todo me salía bien y que Luca nunca se daba cuenta de lo que yo hacía, que me envalentoné, no me conformé con lo que tenía, y fui a por más sin medir las consecuencias.

Y en ese momento me las estaba enfrentando a todas juntas.

No podía objetar nada, todo cuanto él dijera, tendría razón. Todo cuanto él pensara de mí, sería acertado, y no podía responsabilizar a nadie más que a mí.

Me dijo que también había enfrentado a Darío y que le había enviado a su esposa, un video de los dos cogiendo.

Ana y Mariela tampoco quedaron afuera del repertorio de crímenes, las dos se querían encamar con Luca y ya lo tenían arreglado.

También sabía lo de Julio, que las tres habíamos cogido con él, no podía escapar de ninguna, estaba al tanto de todo.

Los ojos se me llenaron de lágrimas y me salió decirle que lo amaba, pero de nada sirvió, y me dijo que si en verdad lo amara no le habría traicionado de aquella manera tan descarada.

A pesar de que lo veía calmado, suponía que estaría hirviendo por dentro y con ganas de cortarme en pedacitos, pero me dijo que no sería un hijo de puta conmigo, pero que ya no podría volver a nuestra casa, que nos divorciaríamos y que él tendría la custodia de Mateo.

Le pregunté donde iría a vivir, y me imaginé que me mandaría a la mierda, o que vaya a la casa de alguno de mis machos, pero en vez de eso, me dijo que yo era la madre de su hijo y que no me iba a dejar en la calle.

Me daría su departamento de soltero hasta que consiga un lugar para vivir.

Y cómo frutilla del postre, como para terminar de bajar el hacha que me cortaría el cuello, me dijo que se iba a hacer una prueba de ADN para confirmar su paternidad con Mateo, pero que aunque no llevara su sangre, para él sería siempre hijo suyo.

Ya no pude estar parada, me senté en la cama y no podía parar de llorar. Todo se me había venido abajo, en un abrir y cerrar de ojos.

Se fue de la habitación y volvió con unos papeles, los del divorcio y el de la custodia de Mateo, sin siquiera leerlos, los firmé y le pregunté si ya me podía ir.

Ya no soportaba esa situación, todas mis mentiras y engaños habían salido a la superficie y me habían hundido.

Antes de irme me dio las llaves del departamento para que fuera directamente para allí, ahí me encontraría con todas mis cosas.

Me puse la gabardina y caminé llorando hasta la otra unidad, entré, me saqué el abrigo y me senté en el sillón a llorar, mi vida se había ido a la mierda, y yo era la única responsable.

No sé cuánto tiempo pasó, pero en un momento escuché que golpeaban la puerta, pensé que podría se Luca para decirme algo más, pero ya no quería mas tierra encima.

Volvieron a golpear y una voz de mujer dijo mi nombre.

Me levanté así como estaba, nada me importaba, era Mora, que al estar al tanto de lo ocurrido, venía a preguntarme como estaba.

Le permití pasar y estuvimos conversando un rato, cualquiera sabiendo lo que había hecho, me hubiera tratado como a una mierda, pero Mora me habló muy bien, y me hizo pensar en varias cosas.

Lo que me quedó dando vueltas en la cabeza, fue una pregunta suya, si yo realmente estaba enamorada de Luca.

Durante mucho tiempo me lo había preguntado y siempre llegaba a la misma conclusión de que sí.

El domingo me despedí de Mora y de Gabriel y me volví para La Plata.

Esa noche dormí en casa de Ana y ella me acompañó al departamento al día siguiente.

Pedí las vacaciones en la empresa aludiendo motivos familiares y me las concedieron sin problemas.

Tenía que acomodar mi cabeza a mi nueva vida.

Esas dos semanas sin trabajar, me las pasé acomodando mis cosas en el departamento de Luca, aún no había terminado de caer en cuenta, en lo que había desembocado mi vida.

Las chicas me llamaban para salir, pero no tenía ganas.

Pasaron a verme por el departamento para ver cómo andaba y para decirme, que me dejara de llorar que la vida seguía, y que la solución a mis pesares era un buen revolcón con algún chongo, nada les importa, a veces creo que no tienen corazón.

En esos días la cabeza me hizo un clic, haciéndome pensar hacia donde estaba yendo mi vida.

Eso no me había pasado cuando Gerardo me encontró con Darío, y creo que fue porque lo que sentía por él, en nada se parecía a lo que sentía por Luca.

Mi cabeza iba de un lado a otro, escuchando a mis amigas a las que nada les importa, a Luca decirme que si en verdad lo hubiera amado no lo hubiera traicionado de esa manera y a Mora, preguntándome si en verdad estaba enamorada de Luca, que luchara por ese amor.

Todo un despelote mental que me llevó a tomar la decisión de comenzar a hacer terapia.

La misma semana que volví a trabajar, busqué un terapeuta y concrete una sesión para ese mismo viernes.

Estando en la sala de espera no pude evitar las lágrimas, empezaba a caer en la cuenta de lo que me podría deparar la vida de aquí en adelante.

En esa primera sesión, entre lágrimas le empecé a contar mi historia, lo qué era mi vida en ese momento, y de cómo había llegado hasta aquí.

Por supuesto salí llorando de esa sesión, poner en palabras todo cuánto había hecho, me hacía sentir una mierda.

Traté de poner todas las pilas en el trabajo, necesitaba devolverle a Luca el departamento lo antes posible, seguir viviendo allí también me mortificaba.

No hacía más que pensar, que a pesar de haberlo traicionado de esa manera, me estaba dando un lugar para vivir, cualquier otro hombre en su lugar, me hubiera cagado a trompadas, y me hubiera dejado en la calle, pero él ni siquiera me insultó, ¿cómo pude ser tan egoísta, tan hija de puta, tan mala esposa y madre?

A partir de ahí, decidí que intentaría ser la mejor madre que pudiera para Mateo, sabía perfectamente que Luca nunca le hablaría mal de mí, y que quizás cuando sea más grande, pueda saber el real motivo de nuestra separación, pero por ahora intentaría acercarme a él y tratar de ser una buena madre.

No tenía cara para ver a Luca, aunque quisiera acercarme a Mateo, no tenía opción, tenía que verlo y me daba mucha vergüenza mirarlo a la cara.

Aquella noche en el complejo, ni siquiera pude pedirle perdón, y hoy ni siquiera me siento con derecho a pedírselo.

Llegó la fecha de la audiencia, y ni siquiera pude mirarlo a los ojos, cuándo se acercó a mí, creo que con intención de saludarme, no pude ni siquiera eso.

Salimos de la audiencia y mi abogada me dijo que Luca había hablado con ella, diciéndole que podría ver a Mateo cuando quisiera, qué tan solo tenía que avisarle.

Tirada en la cama antes de dormirme, no podía dejar de pensar en lo que le había hecho a Luca.

¿Cómo hubiera reaccionado yo, si el que me hubiera traicionado de esa manera hubiera sido Luca? ¿Lo podría entender? ¿Podría llegar a perdonarlo?

Sí soy sincera conmigo misma, lo hubiera mandado a la mierda y por supuesto no lo perdonaría nunca.

En ese momento me largué a llorar, sabiendo que Luca nunca me perdonaría, pero no podía dejar de pensar en él y en nuestra vida juntos, venían a mi mente tantos buenos momentos, paseos, salidas, locuras, risas y sobre todo sus atenciones, siempre tan pendiente de mí, y a partir de que naciera Mateo, de los dos.

Quizás yo no podría perdonarlo, ¿el podría perdonarme lo que le hice? ¿Tendría alguna oportunidad con él? Nada podría borrar ya lo que le hice, pero quizás sí me sigue queriendo, podemos empezar de cero nuevamente, prometerle que eso nunca volvería a ocurrir.

Y las palabras de Mora volvieron a mi cabeza, "luchar por ese amor".

Cualquier mujer en mi situación, hubiera dicho que con Luca lo tenía todo, un buen hombre, buen padre, trabajador, atento y sobre todo buen amante, Cómo se suele decir, no hay poronga que me venga bien, con él lo tenía todo, y por mí estupidez, por pensar con mi entrepierna, hoy no tengo nada.

Podría fácilmente, responsabilizar a las chicas o a Darío, pero siendo sincera, la única responsable era yo, tan solo tenía que decir que no, y poner por delante mi matrimonio y mi familia.

Una mañana me levanté, y decidí mandarle un mensaje a Luca, para preguntarle si podía ir a buscar a Mateo al jardín, pasar la tarde con él, y luego llevarlo a su casa.

Ese mismo martes escribí el mensaje y no me decidía a enviárselo, ver a Mateo, significado volver a verlo a él, había pasado poco más de tres meses, y quería ver a mi hijo.

Sin pensarlo más apreté enviar, y momentos después, recibí su contestación diciéndome que no había problema.

Le dije que lo iría a buscar al jardín y pasaría la tarde con él, pero me dijo que podría cenar con Mateo, y luego llevarlo, y así quedamos.

Cuando Mateo me vio en la puerta del jardín, corrió a mi encuentro y nos abrazamos, no pude evitar las lágrimas.

Mi hijo me preguntó porque tenía que viajar tanto en el trabajo, y entendí que eso era lo que Luca le habría dicho para justificar mi ausencia.

Paseamos antes de ir a casa, le preparé de cenar las milanesas con puré que me pidió y luego de cenar, lo llevé a su casa.

Toqué timbre, estaba muy nerviosa y sabía que no me saldrían las palabras.

Cuando abrió la puerta, se me aceleró el corazón y no podía sostenerle la mirada.

Me dijo si quería pasar, pero estaba tan nerviosa, que le dije que ya me iba, saludé a Mateo, me despedí de él y me volví llorando a casa.

A partir de allí, veía a Mateo todos los jueves, lo retiraba del jardín, y luego de cenar juntos, lo llevaba a casa de Luca.

En el trabajo había conseguido más clientes, y por ende mis horas de trabajo y mi salario había aumentado, con lo que me puse a buscar un departamento para mudarme.

Casi un año había pasado desde la separación, cuando un día tomé coraje, y haciéndole caso al terapeuta, decidí tener una conversación con él.

Cuando se lo dije, creyendo que me diría que no teníamos nada que hablar, me sorprendió preguntándome si quería pasar y hablar allí, pero prefería hacerlo sin Mateo delante.

Me dijo de encontrarnos al día siguiente a tomar un café, y acepté.

Al llegar al bar, Luca ya me estaba esperando, al acercarse a la mesa, se puso de pie y me saludó con un beso.

Yo estaba muy nerviosa y a punto de llorar, y se lo dije.

Luca me dijo que me tranquilizara, que solo íbamos a conversar, y me dijo que siempre querría hablar conmigo, que siempre seríamos los padres de Mateo, y hasta en eso me sentía una mierda.

Primero le pregunté si podría pasar algún fin de semana con Mateo, y por supuesto me dijo que sí.

Después le dije que ya tenía señado un departamento para mudarme y que a fin de ese mes le devolvería su departamento.

Y por último, lo que más me costaba, lo que más nerviosa me ponía, hablar de lo que había pasado entre nosotros.

Le solté de una, todo lo que le quería decir, que no me atrevía a pedirle perdón, que lo había traicionado de la peor manera, que era un buen hombre y no se merecía eso, que había sido una egoísta y una mala esposa, que había hecho todo mal, y que hoy me daba cuenta.

Le dije también que estaba haciendo terapia y que desde esa vez no salía con las chicas los viernes en la noche, que en verdad que ni siquiera salía.

También que sabía que nunca me perdonaría, pero que estaba intentando ser una buena madre para Mateo.

Y conociéndolo, sabía lo que me diría, que nunca le había hablado mal de mí a nuestro hijo, y que si alguna vez se enteraba de los motivos de nuestra separación, no sería por él.

Le reconocí que en esa época estaba descontrolada y que podría haber terminado muy mal, y me dijo que se alegraba de que pudiera verlo claramente.

Y decidida a decírselo todo, le dije que aún lo seguía amando, que sabía que no tendría una oportunidad con él, pero que lo seguía amando.

Pero su contestación, me dejó de piedra, me dijo que lo que fue ya nunca volvería a ser, y que además estaba teniendo una relación con Mercedes, con mi ex amiga Mercedes.

Eso me desmoronó y ya no supe cómo seguir hablando, me salió decirle que en algún momento también le tendría que pedir perdón a ella.

Por último y ya sin saber que más decir, le dije que iba a lamentar toda mi vida lo que pasó y que no nunca encontraría a un hombre como él.

Nos despedimos con un beso, y salí llorando de ese bar, definitivamente, no tendría ninguna chance con él, y me sentí para la mierda.

Conociéndolo a él y a Mercedes, si estaban enamorados, esa relación sería para siempre.

Como pude fui a las reuniones de trabajo que tenía programadas para ese día, pero lo que quería era llegar a casa y tirarme en la cama a llorar, por pelotuda.

Tantas veces he escuchado que el tren nos pasa una sola vez en la vida, y yo me había bajado primero con Gerardo y ahora con Luca, definitivamente estaba segura de que no volvería a tener una oportunidad de ser feliz con ningún otro hombre.

Fue ahí donde la pequeña esperanza que me había hecho de intentar mejorar y tener la oportunidad de que quizás Luca pudiera perdonarme y volver a estar juntos se desvaneció por completo, metiéndome en el pozo de tristeza más profundo de toda mi vida.

El mundo se me vino encima, no tenía voluntad para hacer nada, solo iba a trabajar y estaba con Mateo los días que me correspondían.

El psicólogo después de un par de sesiones en que me vio totalmente desarmada, me mandó a ver a un psiquiatra, me dijo que en ese momento, sería conveniente un tratamiento para evitar caer en una depresión.

Así fue que a partir de la semana siguiente, iba al psicólogo y al psiquiatra, que por supuesto me medicó para estabilizar mi estado de ánimo, los dos me decían que tenía que pensar en mi hijo y en continuar con mi vida.

Y eso intenté, salía de casa solo para ir a trabajar, para hacer compras y para ver a Mateo.

Ana y Mariela me llamaban al menos una vez por semana insistiéndome en que salga con ellas, que me dejara de joder de andar llorando por los rincones, que la vida es una sola y todos los demás argumentos que siempre tenían preparados para convencerme para que volviera al ruedo.

Pero yo no quería saber más nada de esa vida, ¿de qué me había servido todo ese descontrol? Solo placer, solo sensaciones para el cuerpo, que en este momento no me servían ni siquiera como un buen recuerdo.

Pasé varios meses sola, solo trabajo, Mateo y lectura, sí, había retomado ese hábito de leer que había abandonado en mi adolescencia.

Se acercaba el fin de año y estaba pensando en que quizás podría planear algunos días de vacaciones con Mateo, llevarlo a la playa quizás o tal vez a Córdoba.

Pero pensando en que si fuéramos de vacaciones donde tuviera que mostrar el cuerpo en bikini, me costaría mucho, hacía tiempo había dejado el gimnasio y había ganado unos cuatro o cinco kilogramos.

Estaba un poco mejor de ánimo, supongo que la medicación que me daba el psiquiatra estaba dando sus resultados, pero cada vez que lo veía a Luca, me daba una punzada de tristeza en el pecho.

Por Mateo me enteré también que su papá y Mercedes eran novios y que él con Milagros eran como hermanos, y no me cabía duda de que serían felices.

Me daba bronca pensar que fuera Mercedes la que estaba disfrutando de todo aquello que yo había dejado pasar por ser tan idiota, por creerme la más lista y en verdad ser la más boluda de todas, y ella estaba al lado del mejor hombre que había conocido y seguramente la estaría haciendo gozar como alguna vez lo había hecho conmigo.

Por enésima vez, las chicas me invitaron a salir, esta vez la excusa fue despedir el año juntas, a la espera de un año mejor para las tres.

Ante su insistencia, acepté salir con ellas pero el viernes por la tarde, a tomarnos un café temprano o como mucho, una cerveza a las siete de la tarde.

Contentas las dos me dijeron de tomarnos la cerveza a las siete.

Después de tanto tiempo, después de bañarme me arreglé, tampoco quería quedar como una vieja amarga, me probé lo que me quedaba más o menos bien con mi actual figura, y salí a tomar un taxi, el auto lo tendría recién la semana entrante que salía del taller, luego de que ese tipo me chocara desde atrás, estando parada en el semáforo en rojo.

Llegué antes que ellas dos al bar de siempre y me senté a esperarlas, por supuesto elegí otra mesa, no en la que solíamos estar aquellos viernes.

Las dos llegaron con cierto retraso echándole la culpa al tránsito de los viernes.

Hacía mucho que no tomaba nada de alcohol, y luego de la primera cerveza, parecía una adolescente en su primera vez bebiendo, ya cualquier cosa me causaba gracia.

Así llegó la segunda y ya estaba algo mareada.

Se hicieron las nueve de la noche y me dijeron que cenáramos allí las tres y después me iba, la estábamos pasando bien, riéndonos mucho con cada una de sus anécdotas, por supuesto de conquistas, hombres y polvos.

Cuando quise acordar, eran las once y media de la noche, como broma les dije a las chicas, qué antes de las doce me iba, qué el carruaje se convertía en calabaza, y ellas me dijeron que también a esa hora venían sus pretendientes citados para esa noche.

Borrachita cómo estaba, las saludé y me dirigí entre la gente para salir del bar, que a esa hora ya estaba a reventar.

Estaba por llegar a la puerta, cuando escuché una voz detrás de mí y supe que era él, y el corazón se me detuvo por un momento, justo a quien no quería encontrarme.

-DARIO: Dichosos los ojos que te ven! Cuánto tiempo hacia que no te veía por acá! Casi no te reconozco!

-LAURA: Hola Darío, no me veías, porque no estoy saliendo de noche, mi vida ha cambiado mucho desde la separación, y hoy fue casualidad, vinimos temprano con las chicas para despedir el año.

-DARIO: ¡El cornudo se enteró y te pegó una patada en el culo verdad?

-LAURA: Sí, y tuvo razón! No se merecía lo que le hice!

-DARIO: A mí también me la cagó, ¿sabías?

-LAURA: Sí! Y también supe que te cagaste todo! Y ni siquiera fuiste capaz de avisarme forro!

-DARIO: Me tomó por sorpresa, y encima el boludo le mandó un video tuyo y mío a Cecilia, cuando llegué a casa se me pudrió todo!

-LAURA: ¿Y seguís con Cecilia?

-DARIO: No, también me pegó un voleo en el culo, pero la verdad es que me hizo un favor, ya no la aguantaba más!

-LAURA: Tanto vos como yo, lo teníamos merecido!

-DARIO: ¿Y estás con alguien ahora?

No le iba a decir que estaba sola, no quería que me dijera nada.

-LAURA: Estoy saliendo con alguien, y me voy a tomar un taxi para ir a su casa.

-DARIO: ¿Estás sin auto? Vamos que te llevo!

-LAURA: No gracias! Me tomo un taxi!

-DARIO: Por lo menos acéptame una copa y conversamos un poco, te cuento de mi vida y me contás de la tuya!

-LAURA: No quiero quedarme acá!

-DARIO: Dale! Solo una copa para conversar y después te vas!

Trataba de parecer lo más entera posible, aunque iba bastante picadita!

-DARIO: Te lo prometo, una sola!

-LAURA: Una sola y me voy!

-DARIO: Trato hecho!

Se acercó a la barra y pidió dos tragos, volvió a donde había quedado con dos gintonic.

Lo fuimos tomando de a poco durante una conversación bastante normal, contándome de su separación y yo de la mía, se desocupó una mesa y nos sentamos.

Era un momento ameno, hasta me hizo reír en varias oportunidades, contándome un montón de pavadas, cuando quise acordar me había terminado el trago.

En un momento me dijo que tenía que ir al baño, y al volver lo hizo con dos tragos más, yo ya no quería tomar más, pero entre tanta conversación me lo fui tomando.

Cerca de la una de la mañana, un hombre se acercó a nosotros, Darío se levantó y lo saludó con un abrazo, después me lo presento como Esteban, y se sentó con nosotros.

Un rato después le dije que ya me iba, cuando me paré, estaba muy mareada, y sola me reía.

Darío se paró y me tomó de la cintura.

-DARIO: Vamos que te llevo! Sí subís así a un taxi te van a terminar violando!

Casi sin poder oponerme, salimos del bar y caminamos los tres hacia su auto, yo en medio de los dos, Darío me llevaba tomada de la cintura, y su amigo me pasó una mano por el hombro, me dijeron que era para que no me cayera con los tacos.

Antes de llegar a su auto, Darío se detuvo, se puso frente a mí y me comió la boca.

Algo dormido en mí se despertó con ese beso, con su lengua invadiendo mi boca.

Y al oído me dijo:

-DARIO: Vamos que te llevo, pero dale un besito también a Esteban!

Y como si no tuviera voluntad propia, me paré frente a Esteban, y también me comió la boca.

Subimos al auto, los tres en la parte de adelante, yo quedé medio sentada sobre Esteban, y durante el camino, qué no me daba cuenta dónde íbamos, Darío me iba metiendo mano por debajo de la pollera, hasta llegar a mi entrepierna, que ya se empezaba a mojar.

-DARIO: Ya estás mojada putita linda! Y estás más culoncita, me parece que esa concha y ese culo, están pidiendo pija a gritos!

Ya no tuve respuesta, sentía las manos de Esteban tocándome las tetas, abriendo los botones de la camisa y metiendo sus manos dentro.

Me tocó los pezones por sobre la tela del corpiño, y luego los pellizcó, corriéndome una electricidad por todo el cuerpo.

Llegamos a no sé donde, si era la casa de Darío o la de Esteban.

Entre los dos me abrazaron para entrar, tocándome el culo y las tetas mientras nos acercábamos a la puerta.

Abrieron la puerta desde adentro, otro hombre, me miró con cara de devorarme toda.

Darío me lo presentó como Leonardo y estaba tan solo con un short y una remera.

Entramos los tres, Esteban y Leonardo hablaban algo entre ellos, y mirando a Darío le dije:

-LAURA: Por favor Darío, sacame de acá, llevame a mi casa!

-DARIO: Tranquila bonita! Está todo bien! son dos amigos! Tomamos algo y nos vamos!

-DARIO: Por favor!

En ese momento no pude seguir hablando, su boca devoró la mía, sus manos buscaron mi entrepierna por debajo de la pollera, no tenía resistencia, sus dedos, entraban y salían de mi concha con facilidad por lo mojada que estaba.

Darío me decía guarradas al oído y yo estaba al borde del orgasmo cuando dejó de tocarme.

-LAURA: ¿Por qué paras?

-DARIO: ¿Querés que siga?

Y sin importarme que escucharan sus amigos, estaba tan caliente que le dije:

-LAURA: Cógeme hijo de puta!

Me puso en cuatro en el sillón, me levantó la pollera, me arrancó la tanguita, literalmente, y me la metió desde atrás.

Me embestía con fuerza, haciendo que mi cuerpo fuera hacia adelante con cada golpe de su cuerpo contra el mío.

En ese momento no sabía dónde estaban sus amigos, pero tampoco me importaba.

Estaba a punto del orgasmo, cuando se detuvo.

-LAURA: No pares forro!

-DARIO: ¿Querés que siga?

-LAURA: Sí boludo! Estaba por llegar!

En ese momento apareció Esteban con una bandeja de metal, de esas planas de servir comida, con varias líneas de coca.

-DARIO: Metete una raya y sigo!

-LAURA: No quiero!

Entonces movió su cuerpo y me la sacó.

-LAURA: Está bien!

Tomé el tubito que me entregó Esteban y aspiré la línea de cocaína.

-DARIO: Así me gusta putita culona!

Volvió a meterla y a embestirme con fuerza, pude ver a Esteban, meterse otra de las líneas, y luego pasarle la bandeja a Darío, que también aspiró la suya.

Estaba a punto del orgasmo, cuándo bajo la intensidad de las embestidas.

-LAURA: No pares pelotudo!

-DARIO: Mira cómo se la pusiste a Esteban, la tiene dura de ver lo putita que sos! Chupásela!

Delante mío Esteban bajo su pantalón junto con el bóxer, y acerco su pija a mi boca.

-DARIO: Chúpala putona! Te morís de ganas!

Esteban me la puso en la boca tomándome de la cabeza empujando para que me la tragara.

Con las embestidas de Darío, llegué al orgasmo, pero no se detuvo, me siguió cogiendo desde atrás.

Después me hizo cambiar de posición, sentado en el sillón, y me hizo sentar sobre su pija, clavándomela toda.

Me agarraba del culo, y me seguía cogiendo.

-DARIO: Vení Esteban, sentate vos ahora qué la putita te va a cabalgar un rato!

Esteban se sentó al lado de Darío, y entre los dos me pusieron sobre el cuerpo de Esteban, qué sin mediar gesto, me la metió toda.

En un momento Darío se levantó, y yo quedé cogiendo con Esteban, que me la metía con intensidad.

Un momento después, Darío volvió y sentí que me desparramaba algo en el culo, y me imaginé lo que venía, no alcancé ni a pensarlo, cuándo sentí a Darío metiéndomela en el culo.

Era la primera vez que tenía dos pijas adentro.

Fueron moviéndose los dos, hasta que acomodaron sus movimientos, haciéndome llegar a un orgasmo explosivo.

-DARIO: Vení Leo! Metele pija en la boca a la putita que con dos no le alcanza!

De repente lo vi a Leonardo desnudo, apoyando un pie en el sillón a cada lado de Esteban y poniéndome la pija en la boca.

Ya no tenía control sobre mi cuerpo, sentía esas pijas por todos lados, y a Esteban mordiéndome los pezones.

Tuve otro orgasmo más, mientras Darío me taladraba el culo violentamente.

Darío dijo de cambiar de posición, Leonardo se sentó en el sillón y me senté sobre su pija, ya todo me daba lo mismo, Esteban me la metió en el culo, y Darío me la puso en la boca.

Me cogió la boca, provocándome arcadas, haciendo que mi saliva, cayera por los costados.

Sin esperarlo, me acabó en la boca, sin sacarla, me tragué todo pero necesitaba tomar aire, cuándo terminó de eyacular, me soltó la cabeza, y por fin pude respirar profundamente.

Esteban y Leonardo me seguían cogiendo como salvajes, ya no me quedaban fuerzas, cuándo sentí entre gritos, que Esteban acababa en mi culo, y momentos después, Leonardo lo hacía en mi concha.

Los tres decían algo que no escuchaba ni entendía, pero se reían en cada comentario.

Quedé desparramada en el sillón, como si me hubieran pegado una paliza.

Darío se sentó a mi lado, y me preguntó si quería seguir, sí quería otra raya.

Cómo pude le dije que no, y que por favor me llevara a mi casa.

Cuando le pregunté qué hora era, me dijo que eran las cuatro y media, me habían estado cogiendo como tres horas.

-LAURA: Llévame a casa ahora!

-DARIO: Esperá que me cambio!

Mientras esperaba que viniera, intenté acomodarme la ropa, pero sin fuerzas, caí rendida en el sillón.

Cuando abrí los ojos, ya era de día, estaba hecha un bollo en el sillón, solo con la pollera, enrollada en mi cintura, me dolía todo.

Cómo pude tomé mi cartera, saqué el teléfono y mire la hora, las diez y cuarto de la mañana.

Me vestí como pude, la tanga no la encontré pero no me importó, y sin siquiera fijarme quién estaba en esa casa y dónde, salí de allí sin hacer ruido.

Caminé hasta la esquina, esperando encontrar un taxi.

No sé en qué estado estaría, para que una mujer mayor detuviera su auto y me preguntara si estaba bien, le dije que no me sentía muy bien y que no pasaba ningún taxi.

La mujer me dijo que subiera que ella me llevaba a dónde tuviera que ir.

Acepté porque necesitaba llegar a casa, en el camino me preguntó si habían abusado de mí, si quería ir a un hospital o a una comisaría.

Le dije que no, que había estado con unos amigos, y ya no volvió a preguntar.

Cuando llegamos a casa, le agradecí el gesto, esperó hasta que entrara, y nos saludamos con la mano.

Así como llegué me tiré en la cama, y cuando desperté, era el domingo en la mañana.

Me saqué toda la ropa, y puse a llenar la bañera, necesitaba un buen baño.

Antes de entrar al agua, vi las marcas en mis tetas, alguno de los tres hijos de puta, me habían mordido.

Me di vuelta y mire mi culo en el espejo, también tenía marcas.

Me metí en el agua, y me saltaron las lágrimas, ¿esto es lo que quiero para mi vida? ¿Este descontrol? ¿No puedo ser una mujer normal?

Casi dos horas estuve dentro del agua, intentando centrarme en un rumbo para mi vida, ¿cada vez que saliera de noche pasaría esto? ¿Cada vez que lo viera a Darío me terminaría sintiendo así, una puta regalada y usada a su antojo? ¿Eso quiero para mí, ser su juguete?

Esa semana la sesión de terapia me hizo mierda, pero también me hizo pensar mucho.

Bloqueé el número de Darío y luego lo borré de los contactos, les mandé un mensaje a las chicas diciéndoles que por un tiempo indeterminado no me comunicaría con ellas y no quería que ellas lo hicieran conmigo, y también las bloqueé.

Necesitaba un sacudón, un hecho que me hiciera cambiar el rumbo definitivamente, tener un proyecto, una meta, un camino definido por tomar.

Luego de unos días de darle vueltas, tomé la decisión de volver a la facultad, a terminar la carrera, eso quizás me abriría otras posibilidades de trabajo y de futuro.

Después decidí también tomarme un par de semanas de vacaciones, sola, para poder enfocarme, para poder pensar tranquilamente, para buscar el camino a una nueva vida, para leer en paz, y que mejor que volver al complejo “Mi destino”, ese lugar había sido un punto de inflexión en mi vida, una bisagra que terminó con una buena relación por todo lo que había hecho, y que mejor lugar para que mi vida vuelva a dar un giro, pero esta vez un giro a algo nuevo, distinto, lejos de los excesos, del descontrol, de gente a la que no le interesa mi bienestar, sino su propio beneficio.

En esas dos semana, tuvimos largas conversaciones con Mora, no le mentí ni le oculté nada, me mostré ante ella tal cual soy, en realidad tal cual fui, ya no quiero ser eso, ya no lo necesito, ya no lo deseo, tengo un hijo, y de una buena vez, necesito demostrarle que puedo ser una buena madre, el tiene que ser mi norte, y hacía allí tengo que enfocar mi nave.

Fin

Epílogo

Mis conversaciones con Laura, me hicieron ver y entender que en muchas situaciones de su vida, no había logrado controlar sus impulsos sexuales, sobre todo frente al tal Darío, que a medida que me fue contando lo que pretendía y lograba con ella, me parecía un tipo totalmente egoísta, desagradable, un ser despreciable al que no le importaba en lo más mínimo lo que pudiera necesitar, querer o sentir Laura.

Sus amigas tampoco se podría decir que son tales, más bien son compañeras de andanzas para con cuanto hombre se pone a tiro, nunca preocupándose verdaderamente por los sentimientos de Laura.

En parte me dio pena por ella, porque si hubiera podido resistirse a todo aquello y poner su familia por delante, quizás hoy estaría feliz junto a Luca, del que por supuesto, yo tenía en claro su forma de ser.

Nunca la juzgué, sobre todo en lo que hizo luego del divorcio, es su vida y puede hacer con ella lo que desee, ¿pero era eso lo que realmente deseaba? ¿Cuál era el vínculo con ese Darío que no podía resistirse o negarse a sus caprichos?

No intenté aconsejarla ni decirle como debía vivir su vida, en lo único que hice hincapié, fue en que tuviera cuidado con el tema de su hijo Mateo.

Aún era pequeño y necesitaba a su madre, y para eso ella tendría que enfocarse en ese rol, dejando para otros momentos su vida como mujer.

Me contó los cambios que estaba proyectando en su vida, el volver a estudiar, buscando un mejor futuro, profundizar en la lectura, continuar en manos de profesionales que le ayudaran en este proceso, que era eso lo que quería para su vida.

El día que dejó el complejo, me agradeció entre lágrimas esos días de conocernos y conversar tan abiertamente, por escucharla sin juzgarla.

-LAURA: ¿Podré escribirte o llamarte de vez en cuando?

-MORA: Por supuesto! Cada vez que quieras o lo necesites!, y si paso un tiempo sin noticias tuyas, seré yo quien te llame!

Y mirándome a los ojos, me dijo:

-LAURA: Te prometo que seré una buena madre, y si la vida me da otra oportunidad con un buen hombre, espero ser una buena esposa.

La volví a abrazar y también mirándola a los ojos y le dije:

-MORA: De corazón te deseo, que tengas la fuerza para lograrlo!

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