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Dominaciónmay 2022

TU MADRE, LA PUTA DE TODOS III Temporada Cap. 2

Fernando y sus amigos realizan una sesión sexual grupal con Fátima, la madre de uno de ellos, en su casa. Tras el encuentro, Fátima se muestra arrepentida y niega que la situación se repita, pero Fernando sospecha que oculta algo relacionado con su carácter y sus necesidades sexuales.

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CAPITULO II

FATIMA SE RINDE A NUESTROS ENCANTOS

Yo aproveché el momento para mandar un mensaje a Luis y Oscar,

"Follada en casa de Fernando", les puse.

"¿A Fátima?", preguntaron los dos.

"Si, venir, vamos a darle polla hasta que no pueda más", les dije.

"Vamos", contestaron.

Pablo empezó a jugar con su polla en el coño de Fátima. La follada era inminente, y dejaba resbalar la polla por su raja, para que la penetración fuera casual. Al momento, Fátima lanzó un suspiro. Pablo acababa de metérsela y empezaba a follarla con ritmo. Pablo se esmeraba en golpearla pubis contra pubis a la vez que la decía,

"Muy bien putita, a ver si a pollazos, te cambia el carácter y te vuelves más simpática".

Eso, o cuando termináramos, nos la cortaba a los tres.

Estuvo un rato follándola hasta que me pidió el relevo. Mientras habían llegado Luis y Oscar, que se habían despelotado según entraban en la casa, y entraron en la habitación como dos miuras mirando donde meterla.

Me tumbé en la cama boca arriba y me puse a Fátima encima metiéndosela según se colocaba, me la eché hacia mía, y empecé a morrearla, a la vez que con las manos le separaba las nalgas, invitando a alguno a encularla. Oscar sin preámbulos, de puso detrás de ella y le apuntó la polla al ano.

Cuando Fátima se la notó en el culo, dio un respingo, diciendo,

"Por el culo no".

Tarde. Oscar ya se la había metido.

"Joder, joder", decía Fátima sin duda sorprendida de la facilidad con que le había enculado.

Empezamos a follarla los dos a saco, rítmicamente, mientras que Luis, Pablo y Fernando se pusieron en el cabecero de la cama para que tuviera acceso a las tres pollas. Y Fátima, no perdía el tiempo. Ahora mismo le daba igual cuantos fuéramos, quienes fuéramos y que la hacíamos. Lo único que quería era correrse. Y vaya que lo hizo, y más de una vez. Todos pasamos por boca, coño y culo, corriéndonos donde nos pillaba.

Una vez que nos corrimos todos, nos quedamos tumbados en la cama, reposando, hasta que Fátima, se incorporó, quedándose sentada, y nos dijo,

“Chicos, no sé cómo ha pasado esto, pero no puede salir de aquí, ni repetirse más”.

Otra con lo de chicos. Yo creo que le habíamos demostrado que ya de chicos nada, aunque claro, nos conocía desde que éramos pequeños.

“Fátima”, le dijo Pablo, “por supuesto que no vamos por ahí contando nuestras machadas, pero que sepas, y creo que hablo en nombre de todos, que estás muy bien, y es un gusto poder pasar estos ratos contigo”.

“Te lo agradezco, Pablo, pero estaréis conmigo en que ha sido una locura. No sé que me ha pasado. Joder es que hasta con mi propio hijo. Soy una depravada, y encima nunca había hecho nada por el culo, y vosotros los cinco. Imposible. No puede repetirse”, dijo ella.

“Si te sirve de algo”, le dije yo, “no eres la única que hace esto con nosotros”.

“Ya, ya, tendréis vuestras amigas, chicas de vuestra edad. Dedicaros a ellas”, nos dijo Fátima.

“No, me refiero a mamis, como tú”, le dije.

“Venga ya, no me lo creo, me estas mintiendo”, dijo Fátima.

“Somos cinco, no te vamos a mentir los cinco”, le dije.

“¿Y que madres son?”, preguntó.

“La mía y la de Oscar”, le dije.

“¿Cristina y Marisa?, no puede ser. ¿Es que nos hemos vuelto todas locas?”, se preguntó.

“Bueno en esos dos casos, intervinieron factores externos que provocaron esa situación. Si quieres te los cuento por encima”, le dije.

Le conté a grandes rasgos la historia de Marisa, y de mi madre.

Alucinaba.

“Pero en el caso de ellas, puede tener una explicación. No lo veo bien, pero puede tener una explicación, ¿pero en el mío?, ¿que explicación hay?, dijo ella.

“Básicamente, la misma. Tu no has pasado por ninguna situación traumática como ellas, al menos que sepamos, pero tienes tus necesidades sexuales como todo el mundo”, le dije.

“Porque dices que “Al menos que sepamos”?”, pregunto ella poniéndose a la defensiva.

Pablo me miró. Los dos sabíamos que aquella reacción no había sido muy normal, y que posiblemente escondiera algo.

“Porque a no ser que tú nos digas lo contrario, no has pasado por ninguna situación similar”, le dije.

“No, no, no, no, por supuesto que no”, dijo ella.

“Pero en cambio, tienes un carácter muy agrio, que sin duda responde a algo. ¿Quizás a tus necesidades sexuales?”, le pregunte.

Ni me miró, ni me respondió.

“Bueno pues eso. Queremos que sepas, que, si necesitas otra sesión como la de hoy, no tienes más que decírnoslo. Nosotros encantados”, le dije.

“No, no, no, no, ya os he dicho que ha sido una locura, y que no puede volver a repetirse”, nos dijo Fátima.

“Nos queda claro”, dijo Pablo haciéndome una señal de que nos fuéramos.

Nos vestimos y nos fuimos despidiéndonos cortésmente de Fátima.

Ya en la calle nos dijo,

“Esta esconde algo. Se ha puesto totalmente a la defensiva, y no es normal. Habrá que investigar un poco”, dijo Pablo.

“Pablo, ya estas con tus neuras. Ya hemos conseguido lo que queríamos, ¿no?, pues dejémoslo estar”, dijo Fernando.

Sí, sería mejor dejarlo estar. Total, solo eran conjeturas tras unos noes repetidos.

Nos fuimos para casa.

En casa, Alba entró en mi cuarto, y me preguntó,

"¿Que tal?, ¿seguís aplicando el tratamiento a mamá?

" Si, cuando lo demanda", le dije.

"La habéis vuelto a llevar al Sex Shop?", preguntó.

"No, pero voy a organizar una visita ya. ¿Te apuntas?", le dije.

"No, que me follaríais tú y tus amiguetes", me dijo con toda su coña.

"Bueno, te daría igual, no te enterarías, pero de todas formas si quieres yo te follo ya, y así llevas un trabajo hecho", le dije.

Se dio media vuelta saliendo del cuarto, no sin antes, desde la puerta, y de espaldas, levantársela camiseta que llevaba, dejándome ver su culo, como diciéndome, lo veras, pero no lo catarás.

A la mañana siguiente me levante más bien tarde, con el wasap de Pablo diciendo que aún estaba degustando el polvo a Fátima.

Fui a la cocina. Mi madre se había ido a la compra, y Albita, se esforzaba por enseñarme nuevamente el culo. Esta no sabía que, en la reunión, por la cámara le habíamos visto todo y todos. Me preparé un vaso de leche con una magdalena.

Llamé a Fernando,

“¿Que tal tío?, ¿cómo reaccionó tu mami?”, le pregunté.

“No hablamos del tema. No sé si eso es bueno o malo”, me dijo.

“Muy malo no será, sino te habría puesto a caldo”, le dije.

“Eso pienso yo, pero fue muy fuerte. Follar y encular a mi madre”, dijo él.

“Coño no pones tantos remilgos cuando follas y enculas a la mía”, le dije.

“Ya, ya, es distinto claro”, me dijo.

“Así es, habrá que ver la manera de volver a tantearla, a ver si ha cambiado de opinión”, le dije.

“Vale lo que queráis. Oye, si quedáis me avisas”, me dijo.

“Vale”, y colgamos.

CONTINUARA