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Mis consuegros y yo (3)

Nunca imaginé que la cena con mis consuegros terminaría así. Ellos sabían lo que yo no veía, y esta noche, la mesa se convierte en cama.

Deverano200328K vistas9.1· 24 votos
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Marcela y Nicolás han sido desobedientes, les dije que no debían traer nada para la comida a la que les envite y se han presentado, él con dos botellas de vino y Marcela ha traído un pastelito que ha preparado ella misma. Les disculpo porque sé que tienen muchas ganas de agradar, y también en previsión de que puedan ser condescendientes conmigo si sale mal alguna cosa durante la comida que he preparado para la ocasión.

Han venido vestidos con ropa bonita, la de las buenas ocasiones, yo se lo agradezco pues veo que le han dado importancia a la invitación y espero que el esfuerzo de preparar la mesa y la comida tengan una buena acogida. Marcela viste una bonita blusa camisera negra, una falda ajustada en el vientre y con vuelo desde la mitad hasta la rodilla de color claro y unos zapatos de medio tacón que le dan un toque sofisticado.

Sus kilitos de mas no solo están disimulados, sino que los maneja con maestría para resaltar sus curvas, tanto de su generoso busto como sus nalgas prominentes. Ha elegido la ropa perfectamente para potenciar sus virtudes y presentarse lo más sexy posible… y lo hace para estar con su marido y conmigo. Me siento muy halagado y contento por todo lo que veo. Nicolás también ha venido bastante elegante y los dos forman una buena pareja.

La comida transcurre rozando la perfección en todos los sentidos. El caldo de marisco y el osobuco que he preparado han estado a la altura del vino que han traído. La distraída conversación que hemos mantenido y la excelente relación que mantenemos entre nosotros han completado un rato para recordar.

Hemos comido el rico postre que ha traído Marcela, después café y copa. No he dejado que me ayuden en nada, he querido ser un perfecto anfitrión, y a cada intento de querer levantarse para ayudarme, he respondido con prontitud poniéndole la mano en el hombro impidiendo que se pudieran levantar o cogiéndolos de la mano para llevarlos a su asiento.

―Rafa, si yo fuera gay me intentaría que fueras mi pareja…eres un cocinero excelente y todo ha estado perfecto― confiesa Nicolás

—Tras obsequiarnos con tu deliciosa comida es correcto que nosotros también te hagamos un regalo. Creemos que te mereces algo muy especial…que te parece si compartimos algo de lo que tenemos

—¿Qué quieres decir amigo?...no entiendo por donde vas— le respondo sin intuir por dónde van los tiros.

―No digas tonterías cariño, nuestro querido consuegro se merece una buena mujer con la que pueda compartirlo todo y que le dé “muchas alegrías”, como debe ser.

―jejeje…si cariño…en esto tienes toda la razón― dice él

―Gracias… muchas gracias a los dos…aunque hay un pero… ¿tan necesitado me veis?

Se ríen los dos a carcajada limpia, además del vino que hemos tomado, realmente parece que mi pregunta les ha hecho mucha gracia. Nicolás toma la iniciativa y dice en tono grave y serio:

―No me negarás que te pusiste como un cerdo el día del refugio… jejeje… ¿creías te no te calamos enseguida?

― El día siguiente en el autobús te pusiste ciego dándome achuchones y quise probar lo duro que estabas, y respondiste muy bien― remacha Marcela.

¡Tierra trágame!... han estado jugando conmigo… seguro que lo han planeado juntos y se lo deben haber pasado fenomenal viéndome como caía una y otra vez en sus emboscadas. Esto me pasa por ser tan inocente y previsible, y también por no ser capaz de alimentar adecuadamente al hombre que todavía vive dentro de mi. Viendo mi turbación y el nudo que se me ha hecho en la garganta, Nicolas sale a echarme un capote o eso es lo que cree él al preguntarme:

—A ti en el fondo te gustan estos juegos, ¿verdad?...¿te gusta Marcela mi mujer?...¿a qué está bien buena?...seguro que se te volvió a poner tan dura como antes… pues de eso se trata, ¿no?.

—Por eso te invitábamos a salir…para que empieces a conocer otras mujeres y disfrutes un poco de la vida que te queda…a nosotros nos va genial…si quieres puedes venir siempre que quieras— afirma Marcela.

Marcela sigue sentada a la mesa, su esposo se levanta va hacia ella, pone la mano sobre el hombro para desplazarla luego hacia el centro del pecho y colarla por el escote hasta cogerle un pecho. Esto es demasiado, meterle mano delante de mí…¡que descarado!. Mi consuegra con total normalidad se desbotona la blusa para dejar a la vista el bonito sostén que envuelve esas tetas tan generosas. Nicolas se pone a su espalda para sobarlas con ambas manos.

—¿Te gusta mirar?... ¿has visto que ricas las tiene?— me pregunta poniendo las manos por debajo para levantarlas, hacer que se proyecten hacia delante y luego hacer que choquen una contra la otra.

Marcela se siente halaga por las palabras de Nicolas, echa la melena a un lado de la cabeza para dejar el otro lado del cuello libre para las caricias.

—Ven…ven toca si quieres…te va a gustar…no te cortes…todo queda entre nosotros… en familia

—¿en serio?... ¿lo dices de broma no?— me resisto a creer lo que me están ofreciendo.

—Sois unos desvergonzados y lo que mas me molesta es que os riais de mi y de mi soledad, a mi edad…joder…que poco considerados

— Ven toca, toca… toca sin miedo— insiste al tiempo que se quita el sostén con lo que aparecen dos ricos melones coronados por unos esplendidos pezones.

Algo con una fuerza irresistible me empuja hacia delante hasta colocarme justo delante, hasta ponerme al alcance de la mano, solo tengo que acercarla para poder tocar ese rico montón de mantequilla, suave y delicioso.

—Así, así… tócale las tetas…seguro que no ha tocado nada tan suave— me dice Nicolas mientras tiene puestas sus manos alrededor del cuello y los hombros.

Estoy tan entusiasmado que apenas me doy cuenta de que me ha desabrochado el cinturón, bajado la cremallera y mis pantalones han caído hasta los tobillos. Cuando quiero reaccionar, ya tengo la polla fuera del calzoncillo luciendo su mejor versión. Marcela pone su mano en mi nalga y me acerca hacia ella, doy dos pasitos de pingüino hacia delante… lo justo para encajar mi polla entre sus tetas. Empieza una cubana como las que he oído hablar, aunque esta es para mí.

Me balanceo adelante y atrás follándome las tetas que Marcela mantiene apretadas con ambas manos.

Se ha escupido varias veces sobre el canalillo con lo que roce es aún más suave. ¡Uhhhh! ¡uhhhh! Que gustito… es lo único que puedo decir una y otra vez.

—Bueno…bueno…ya está bien…que no hay que abusar

—¡No me jodas!…ahora que casi me venía— le dijo a Nicolas sin darme cuenta que el está ocupando el otro costado, que también anda con los pantalones bajados y luciendo una buena erección.

—No te alteres…lo que viene ahora todavía es mejor.

A continuación, veo como su mujer se inclina hacia el le coge el troncho con una mano y lo engulle lentamente. Guauuuu se la está mamando de cine…la cara que pone mi consuegro lo dice todo… suspira y se retuerce de gusto…vaya…vaya con mis consuegros.

Me muero de envidia al ver la cara de placer Nicolás, ha puesto sus manos sobre las caderas, los hombros un poco atrás y el pubis hacia delante para presentarse bien accesible. Marcela juega con su miembro engulléndolo una y otra vez…a veces despacio recreándose en el movimiento y otras deprisa fallándose la boca sin contemplaciones. Le hace una garganta profunda que me deja sin aliento. Cuando retira la cabeza tiene la boca llena de saliva, que deja caer sobre mi polla o entre sus pechos

―Dale a Rafael también…yo no puedo seguir…me correré si le das así.

Marcela se vuelve hacia mi, pone su mano alrededor del muslo, me atrae hacia ella y pone sus labios sobre la punta, mueve su cabeza hacia delante haciendo que sus labios vayan resbalando sobre mi polla que se va perdiendo dentro de su boca. Estoy tan excitado que no dejo de resoplar y de gemir. Me gustaría que me la chupara toda, como hacía antes, Marcela no me deja hacerlo, solo quiere chuparme la punta.

―Chicos… no aguantáis nada… lo voy a tener que dejar así si quiero que quede algo para mi. Vamos a la cama… y os dejo la iniciativa― nos deja a los dos plantados, con los pantalones en los tobillos y con un empalme de película.

Marcela abandona el comedor, se dirige hacia la alcoba no sin antes hacernos una invitación explicita para que la sigamos, se coge los pechos uno tras otro se lo lleva a la boca y se chupa los pezones.

―Vamos mariquitas…os estoy esperando… ¿quién de los dos me quiere sacar la lechecita? ― nos reta, se sonríe y nos muestra su inmenso culo a modo de invitación.

Nicolás está algo sorprendido, ha vivido muchas cosas con su esposa pero nada como lo sucedido hoy, hemos creado un triángulo amoroso de dimensiones desconocidas. Yo simplemente estoy flotando…nunca viví cosa igual. Nos miramos y sin decir palabra nos encaminamos al encuentro de nuestra mujer.

La encontramos completamente desnuda sobre la cama, echad sobre el costado y con las piernas una sobre la otra, el brazo delante de los pechos, es una postura recatada que no se corresponde con la invitación tan explícita como la que nos hizo.

Al vernos allí plantados delante de ella, se coloca para que la veamos bien, abre las piernas y nos muestra su delicada vulva.

― ¿has visto que coñito tan lindo tiene?. Vamos a disfrutarlo… ¿verdad, cariño? ― le dice haciéndole un gesto de aprobación.

Marcela se echa sobre la espalda y separa las piernas. Sobre la cama nos vamos turnando para darle duro. No deja de gemir…nos pide más…hasta que se corre. Tras un momento de descanso, el otro coge el relevo para seguir dándole duro.

Tiene el coño dilatado y encharcado. Mientras que la oigo gemir cuando le viene el segundo, no me puedo contener y me corro. Nicolás coge de nuevo el relevo, le da fuerte…muy fuerte…aprovecha que le he dejado el coño lleno de mi leche…le debe gustar mucho sentir su polla embadurnada con mi leche. Gime y resopla como si le fuera de vida en ello…hasta que suelta un alarido de placer y se corre como un semental.

Nicolás ha caído rendido, después de la excitación máxima, el esfuerzo por mantener el buen ritmo con sus duros empujones, tras correrse se ha echado a un lado de la cama, se ha acurrucado y se ha quedado profundamente dormido.

―Marcela, no sé qué me pasa… ya me he corrido…y esto sigue igual de duro que al principio… nunca me había sucedido nada parecido… no es normal― le comento a mi consuegra en búsqueda de alguna explicación para mi persistente erección.

―Rafael… ¿Cuánto pastel has comido?

―Un par de trozos… ¿por qué lo preguntas?

―No importa… debes saber que todavía que queda estímulo para un buen rato… y podemos aprovecharlo si así te apetece… por mi podemos continuar. Dejamos descansar a Nicolas y seguimos nosotros…el pastel tenía un ingrediente secreto que nos va bien para esta ocasión ¿no crees?

Deverano.

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