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Lucía - El viaje a la playa III

Thiago no la detiene cuando Lucía se desnuda ante extraños. Al contrario, la anima. Ahora, en medio de una fiesta salvaje, un desconocido le acaricia el muslo mientras su novio observa desde la barra, sonriendo. ¿Es infidelidad o el juego más peligroso que han jugado juntos?

Bauglir V21K vistas9.5· 30 votos

Lucía abrió los ojos y el sol ya estaba casi oculto. Había descansado como hacía mucho que no lo lograba. Tenía una sonrisa dibujada en los labios y en el alma. Su cuerpo fue estirándose poco a poco regresando del mundo del sueño al real. Su cuerpo aún sentía ese ligero cosquilleo que provoca el placer. Abrió los ojos y buscó a Thiago con la mirada, pero no estaba a su lado. Lo llamó en voz baja después de bostezar, pero no contestaba.

Lucía se levantó, se quitó las gafas de sol y buscó a su hombre en el mar, pero tampoco estaba. Siguió buscando con la mirada hasta que lo encontró a unos cuantos metros de ella y se le revolvió el estómago. A poco más de 5 metros se encontraba Thiago acompañado por el par de amigos con los que Lucía había intercambiado miradas hace poco más de una hora. Para ser fieles a la verdad, había hecho mucho más que sólo intercambiar miradas, había posado para ellos, les había mostrado su cuerpo y se había acariciado para ellos. Les regaló un espectáculo digno de película porno y se masturbó frente a ellos antes de caer dormida.

Thiago estaba sonriendo y tenía una cerveza en la mano. Seguramente se la habían dado los dos jóvenes admiradores de Lucía porque ellos no habían llevado alcohol a la playa. La mujer los observó detenidamente por unos segundos, los 3 hombres estaban platicando plácidamente y soltando sonoras risas, mientras veían algo en el celular de uno de los amigos. De pronto un recuerdo regresó a la mente de Lucía y le dieron ganas de vomitar. Recordó que uno de los jóvenes tenía su celular apuntando a ella mientras ella mostraba su cuerpo. El miedo la invadió por un segundo. ¿Se habrán atrevido a tomarle fotos o peor aún, a grabarla? ¿La habrían grabado los estúpidos y patanes mientras se masturbaba frente a ellos?¿Le estarían enseñando esos videos a Thiago? Dejó de respirar por un momento, la cabeza le dio vueltas y se arrepintió de todo lo que había pasado ese día. Se arrepintió de ese estúpido viaje.

Le tomó algunos segundos, pero recuperó la compostura. A Thiago se le veía contento y no había forma de que tuviera esa sonrisa en la cara si le estuvieran mostrando unos extraños un video de su novia mastúrbandose para ellos. No, seguro no era eso lo que estaba viendo. Además ¿por qué lo harían? ¿por qué le enseñarían esos videos? Si bien, sólo podían perderlos porque seguramente antes de regresar enojado a terminar con ella, él exigiría que borrarán esos vídeos de sus dispositivos. No… no era eso. No habían dicho nada. Lucía se tranquilizó un poco y dejó de analizar los gestos de Thiago, para ver a los acompañantes de su novio. Justo cuando su mirada se movió, encontró los ojos de uno de los jóvenes regresándole la mirada. La veía fijamente y tenía una amplia sonrisa en los labios. Era bien parecido ahora que se fijaba bien. Tenía la piel tostada por el sol, el cabello medianamente largo y ondulado, una barba corta y bien perfilada, ojos cafés y una nariz que aunque grande encajaba perfectamente con el resto de sus facciones. Lucía no sostuvo la mirada y rápidamente puso sus ojos sobre el mar.

Su mente estaba acelerada, llenando su tranquilidad de mil teorías, posibles consecuencias, explicaciones inventadas y otras tantas cosas. Vaya forma de despertar después del sueño más delicioso, pensó. Se relajó y comenzó a respirar profundamente para tranquilizarse, una técnica que había aprendido de su clase de yoga, cuando de pronto escuchó la voz de Thiago diciendo su nombre. Lucía lo miró y entendió que la estaba llamando y no supo qué hacer. Él se veía tranquilo y contento y la invitaba a acercarse llamándole “cariño” y Lucía quiso creer que todo estaba bien y que esos dos niñatos no le habían dicho nada.

Lucía respiró hondo para juntar valor, se levantó y se colocó encima el tapado blanco. Suficiente ya había enseñado a esos jóvenes y menudo susto le habían puesto como para seguir ofreciéndoles espectáculo. Caminó hacia ellos, mientras dejaba la mirada en el mar y cuando estuvo más cerca se puso los lentes de sol. No quería mirar a los ojos a nadie.

-¡Buenos días cariño! Pensé que no despertarías nunca amor, ya estaba empezando a preocuparme. ¿Dormiste bien? - dijo Thiago contento, mientras la abrazaba y le besaba la frente. Lucía no pudo contener su curiosidad y sus ojos fueron directo a los cuerpos de los dos jóvenes que tenía enfrente, pero cuido de no intercambiar miradas con ellos.

-Perdona cari, estaba muy cansada - contestó Lucía en voz baja.

-¡Ya lo creo! - dijo una voz de hombre que pertenecía al joven con el que Lucía hacía intercambiado miradas hace unos momentos después de despertar - Para los que no están acostumbrados el calor y el sol pueden ser extenuantes - concluyó, pero Lucía sabía a qué se refería.

-Ellos son Joao y Luca y me invitaron una cerveza mientras despertabas cariño - le dijo Thiago a la mujer que seguía sin levantar la mirada demasiado.

-Encantado- dijo una voz masculina con un extraño acento. Lucía dedujo por los nombres que eran extranjeros como ellos, pero de alguna otra parte del mundo. Una mano se extendió frente a ella y tuvo que levantar la mirada. Sus ojos volvieron a encontrarse con los de aquel hombre de barba corta, cabello ondulado y seductores ojos cafés.

-Mi nombre es Luca - dijo el joven mientras su mano estrechaba delicadamente la mano de la mujer. Lucía se perdió por un momento en sus profundos ojos, más bien pequeños, pero que poseían una mirada que invitaba a pecar. - Tú nombre y mi nombre tienen tan sólo una letra de diferencia - bromeó Luca y los 3 hombres rieron un poco, lo cual trajo a Lucía de nuevo a la realidad. Ella no podía creer lo distraída y soñadora que estaba ese día. Malditos tequilas.

-Eso es cierto- sonrió Lucía mientras soltaba la mano del jóven - pero ¿cómo vos sabías eso si yo no me había presentado? - cuestionó la mujer en tono de broma.

-Ah pero Thiago ya nos ha contado todo de ti. Se ve que lo traes loco y ha hablado tanto de ti que hasta nosotros ya nos enamoramos de ti - dijo el otro hombre que hasta ahora no se había presentado - Soy Joao - dijo y Lucía reconoció de inmediato el claro acento brasileño en su voz. Joao era el más grande de los 3 hombres presentes, de tez negra, cabello corto, una barba de candado y un cuerpo escultural con varios tatuajes. -Mucho gusto Lucía - dijo mientras le daba un beso en la mejilla que tomó por sorpresa a la mujer. Lucía, sintió los labios del guapo negro en su mejilla y rápidamente vinieron a su mente las escenas que más temprano les había regalado. Su mirada se dirigió en automático al lugar donde ella estaba dormida y se imaginó a sí misma, exhibiéndose a los jóvenes. Pasando la toalla lentamente por todo su cuerpo, enseñando su delicioso culo sin recato, para después acostarse y brindarles un espectáculo protagonizado por ella, sus dedos y su vulva caliente. El olor de su sexo llegó a su olfato y sin quererlo se excitó de nuevo, sin embargo logró controlarse.

-Un placer Joao- dijo con una gran sonrisa Lucía -Les agradezco por cuidar de mi hombre mientras yo tomaba un descanso, pero vos sabes que los tequilas y el calor hacen que uno no pueda resistirse a una siesta bajo el sol - continuó. Poco a poco se sentía más cómoda con los hombres. Ahora que todo aparentaba que los hombres no le habían enseñado nada a Thiago y que aquellos jóvenes se miraban agradables y amables, se sentía de nuevo confiada.

Platicaron unos minutos con Joao y Luca y pronto comenzaron a reírse. Lucía aceptó una cerveza que le ofreció Luca y al dársela, el roce de sus manos le erizó la piel a la mujer, pues sabía que las sonrisas, las miradas y los roces no eran actos de coqueteo al azar, eran más bien una especie de complicidad entre dos amantes que nunca se tocaron. Thiago le contó que Luca era italiano y Joao, como ella ya suponía, brasileño y que eran amigos de muchos años atrás que por ahora estaban viviendo en ese paradisíaco lugar. Ambos se dedicaban a vender entrenamientos en línea y hacían algo de dinero a través de sus redes sociales.Eso explica los tonificados cuerpos, pensó Lucía.

Pasó media hora y aunque Lucía sentía hambre y ya estaba oscureciendo, ella estaba pasándola de lo lindo con aquellos muchachos su gran sentido del humor. Estaban platicando de todo un poco y entre los 3 la hacían reír como hace mucho que no se reía. También disfrutaba, por su puesto, de los coqueteos discretos que los 3 hombres le dedicaban. Se sentía sensual, una diosa erótica digna de recibir adoración y le encantaba. Comenzó a hacer sus movimientos más lentos y rítmicos, sus sonrisas más coquetas y sus posiciones más sugerentes y los hombres estaban absortos con su belleza.

Thiago por su lado también estaba pasando un buen rato y ya llevaba varias cervezas en su cuenta. Fue entonces cuando ella volvió a sentir el cosquilleo en sus manos y pies, que le indicaban que el alcohol que ya estaba corriendo por su sangre estaba causando efectos y decidió que era buen momento para marcharse.

-Bueno, jóvenes nosotros ya nos retiramos que no hemos comido y si bebo una cerveza más, dormiré hasta mañana - dijo Lucía mirando a Thiago, quién rápidamente terminó su cerveza.

-Qué lástima que tengan que irse - dijo Luca levantándose para despedirse de la pareja - la estamos pasando muy bien y es difícil encontrar gente con la que se tiene esta química tan rica. Casi siempre terminamos Joao y yo sólos en el bar y si sigue así, vamos a terminar odiándonos un día - bromeó.

-O haciéndonos pareja - exclamó Joao provocando las risas de todos.

-Thiago, Lucía antes de que se vayan, quiero invitarlos a una fiesta que tendrá lugar más tarde en un bar de playa que está a unos metros de aquí. Normalmente la vida nocturna aquí es genial, pero justo ahora muchos estudiantes están aquí de viaje de graduación lo que garantiza las fiestas más locas y divertidas que puedan imaginar. Un amigo nuestro es el dueño del bar y les podemos conseguir pases gratis para barra libre toda la noche si se animan -

-Suena muy tentador - dijo Thiago con una gran sonrisa.

-Vos ya estás borracho, hombre - lo regañó Lucía en broma - vale, mira Luca te comparto mi móvil y mándame la ubicación. Si logramos comer y darnos un baño sin que el sueño nos secuestré, tal vez los vemos en la fiesta - dijo Lucía con una mirada coqueta. En realidad no pensaba ir a la fiesta, pero darle su número a un desconocido era algo que le había provocado un cosquilleo en la entrepierna.

-Gracias Srita - agradeció Luca e hizo una reverencia - pero no se preocupen por cambiarse es una fiesta de playa, lo que traen puesto ahora mismo está perfecto dijo mientras sus ojos recorrían discretamente a la mujer mientras su novio recogía su bolsa de playa.

Lucía y Thiago llegaron al restaurante del hotel y ambos sintieron alivio de poder al fin poder al fin meterse algo de comida al cuerpo. El hotel era precioso y seguía asombrando a Lucía. El restaurante era apenas uno de varios que se encontraban dentro de sus instalaciones y hasta donde tenía entendido era el más informal, ya que era el único al que podía entrar como venían vestidos, además del bar de la alberca. Aún así, la comida fue deliciosa y aunque ninguno de los dos comió mucho, Lucía porque acostumbraba a comer poco (tal vez por su pequeño tamaño) y Thiago porque empezaba a sentir un ligero mareo provocado por las 8 cervezas que había bebido con sus nuevos amigos. Antes de terminar su langosta, el móvil de Lucía vibró con un mensaje de Luca en el que le enviaba la ubicación, que estaba efectivamente apenas a unos 7 minutos caminando por la playa, acompañada de una foto en la que podía apreciarse una gran fiesta en un lugar exclusivo. “Ya está empezando la diversión, ojalá, puedan venir. Prometo que será la noche de sus vidas” decía el texto debajo de la imagen. Lucía no le dijo nada a Thiago. Comieron postre y tomaron café mientras platicaban de Joao y Luca y de lo bien que la habían pasado con ellos. Ella ahora ya estaba segura de que no había ningún riesgo de que le hubieran dicho o mostrado nada a su novio, pero no podía sacarse de la mente cuales serían las verdaderas intenciones de esos dos jóvenes. No podían verdaderamente esperar tener alguna oportunidad con ella y menos aún con su esposo ahí presente. Si no le sería infiel sola, menos con él a un lado. Esa tranquilidad, el orgasmo que había sacudido todo su cuerpo hace unos minutos y la belleza del hotel la tenían en un estado de alegría y buen humor magnífico.

-¿Quieres ir a la fiesta cariño? Tenés mucha energía aún y parece que estás de buen ánimo.

-No lo sé cari, estoy algo cansada y ya he tomado mucho por hoy - dijo Lucía un poco dudosa. Ella sabía que por dentro moría de ganas de ir a la fiesta, pero su fuerza de voluntad la obligaba a decir que no. Sabía que ese día había roto muchas barreras y cruzado muchas fronteras eróticas que en otro momento jamás hubiera conquistado y le daba miedo que algo más pudiera pasar.

-Podemos ir un rato y podemos no beber cariño, ya estamos aquí y parece que esos dos saben de lo que hablan cuando el tema es fiesta.

-Pero tenemos que subir y ducharnos corazón - dijo Lucía al sentir que aún olía a sus jugos.

-Venga amor, que no. Vos escuchaste a Luca, podemos ir como estamos, además me apuesto lo que quieras a que ese par no dejó de comerte con la mirada con ese traje que traes puesto amor. Más que pagadas las cervezas que nos dieron, diría yo - bromeó Thiago, pero el pensar en eso, sentirse una puta, el haber obtenido aunque sea un par de tragos con sus encantos físicos, le fascinó a Lucía. De inmediato pensó de nuevo en los jóvenes, en sus cuerpos fornidos y viriles, en las manos de Luca, los pectorales de Joao. Se sintió excitada de nuevo, pero una vez más detuvo sus pensamientos de lujuria.

-Pero también estoy cansado cariño, así que si vos no querés, nos quedamos en el cuarto linda- dijo Thiago al ver dudar a su mujer - pero pediré un par de tequilas más, para dormir rico.

-Está bien cariño, vamos un rato, ya estamos aquí y nunca hacemos locuras, así que nos tomamos un par de tequilas ahora que ya tenemos algo en el estómago y volvemos Sólo te tengo que pasar al cuarto rápido cariño, por una falda o unos shorts, no quiero ir en tanga a la fiesta, llevo todo el día enseñando el culo y no quiero que me tomen por una exhibicionista amor - dijo Lucia, queriendo esconder una sonrisa discreta e hizo un gesto de brindis antes de beberse todo el tequila que unos segundos antes había llevado el mesero. Fue al cuarto sola y tardó apenas 5 minutos en regresar. Thiago se alegró de ver que no había cambiado mucho su atrevido outfit y tan sólo había agregado una minifalda vaporosa blanca sobre el traje de baño de tanga. Le encantaba verla así, sensual, libre, seductora. Le excitaba.

Fue fácil llegar al lugar de la fiesta, el ruido y las luces guiaron a Lucía y Thiago que casi no hablaron durante su caminata por la playa rumbo al bar al que los habían invitado Joao y Luca.

El lugar era un auténtico caos, una verdadera fiesta con música tan alta que uno tenía que acercarse al oído de la otra persona si quería ser escuchada. Luces de colores que eran disparadas al ritmo de la música, cuyo origen no alcanzaba a encontrar Lucía; una plataforma de madera al fondo del lugar sobre la que el DJ con lentes obscuros y una gorra se encargaba de los beats, mientras dos mujeres esculturales en trajes de baño diminutos bailaban en jaulas que colgaban del techo a cada lado del músico; unos hombres que más que hombres parecían dioses usando sólo un apretado short, sandalias pasaban entre el público repartiendo shots con una pistola de agua llena de ron; mujeres y hombres hermosos que bailaban en la pista, con sus cuerpos llenos de pintura fosforescente y le daba a la atmósfera un toque mágico. Olía a playa, a sexo, a mar, a vodka.

Lucía y Thiago se quedaron observando todo lo que pasaba dentro del local y no escucharon cuando el bouncer les pidió que enseñaran sus pulseras de acceso.

-Mario, hermano, vienen conmigo- dijo una voz desde lejos que se acercaba con un acento muy familiar, un acento italiano. Luca se hizo camino entre la gente y llegó hasta donde estaban ellos. Habló en voz baja con el gigante hombre que resguardaba la entrada y después unos segundos, se acercó a ellos y les habló muy de cerca para que pudieran escucharlo. Al sentirlo tan cerca, sentir su calor y su aliento y esa sensual y erótica aura que el joven italiano tenía, las piernas de Lucía sintieron de nuevo un escalofrío y su piel se erizó, tenía ganas de pegar su nariz al cuello del hombre y olfatearlo como una salvaje.

-Listo chicos, les doy unas pulseras que tienen que colocarse y todo el alcohol que pidan será gratis, ni siquiera se preocupen por la propina - dijo Luca con una voz segura y amigable y después le entregó dos pulseras color rosa neón que brillaba en la obscuridad. Una vez que ambos se pusieron los brazaletes el hombre que cuidaba la cadena, les abrió el paso para entrar a aquel festival de música, baile, sensualidad y locura.

Siguiendo a Luca, Lucía y Thiago, fueron adentrándose en aquella jungla de luces, baile y animales salvajes acariciándose. No sin dificultades, lograron llegar a la barra, donde Joao los esperaba con unas bebidas de colores y se acercó a saludarlos con un amistoso y cálido abrazo. Lucía, al sentir la cercanía de aquel dios de ébano se puso nerviosa, el hombre claramente había tenido tiempo de arreglarse y darse una ducha. Su camisa le apretaba en los pectorales y en los bíceps, sus antebrazos gruesos con las venas marcadas y el exquisito aroma de su fragancia combinados la embriagaron de inmediato. Lucía no pudo evitar suspirar cuando la mejilla de Joao rozó la suya, pero gracias a la música, nadie se dio cuenta, excepto tal vez él.

-Que gusto que se animaron a venir - dijo Luca contento, teniendo que acercarse mucho para ser escuchado - la fiesta se está poniendo buena y se pondrá mejor -

-Chicos, tienen que beberse esto, nosotros ya llevamos más de una hora aquí y les llevamos ventaja, tienen que alcanzarnos. No podemos ser los únicos borrachos - bromeó Joao.

-No venimos a emborracharnos - contestó Lucía con una sonrisa mientras tomaba la bebida que el negro le ofrecía - aquí está lleno de peques y nosotros ya no tenemos la edad de estos chavales, no podemos seguirles el paso con la fiesta - dijo Lucía.

-Pero podemos intentarlo- dijo Thiago claramente animado por el ambiente para después acabarse de un sólo trago el contenido de la bebida. Luca y Joao le aplaudieron el acto de locura e inmediatamente pidieron más al bartender.

-Lucía, pero tú te ves como si tuvieras apenas 20 años. Además, creo que la experiencia siempre es buena, creo que podrías darles unas clases a estas chicas sobre cómo divertirse. La mujer se sintió halagada y levantó su vaso brindando antes de seguir los pasos de su marido y acabarse el contenido del vaso rápidamente. Antes de que pudieran darse cuenta, ambos ya tenían otro trago en la mano.

-Tengo 32 - le dijo Lucía a Luca al oído con una sonrisa coqueta.

Siguieron bromeando por más de media hora en la barra, conversando de temas triviales, contando algunas anécdotas de sus tiempos de colegio y universidad y de las fiestas más salvajes en las que habían estado. Thiago y Lucía siempre habían disfrutado del baile y la bebida, pero siempre cuidaron mucho sus estudios y nunca en realidad habían habían hecho locuras. Joao y Luca por el contrario habían recorrido el mundo de festival en festival, de playa en playa y de mujer en mujer. La conversación no tardó demasiado en tocar temas sexuales aunque aún de manera colateral. Lucía escuchaba asombrada las anécdotas increíbles de los jóvenes que tenían apenas unos años menos que ellos, pero que ya conocían todos los continentes y habían tenido más parejas sexuales en un día que ella en toda su vida. Incluso llegó a pensar que las historias eran inventadas, pero aún así escuchaba atenta, imaginando cada detalle, soñando con los dos hombres recorriendo los lugares más maravillosos del mundo, rodeados de mujeres y de excesos.

Los tragos siguieron fluyendo, la música y las luces creaban cada vez una atmósfera más salvaje, la gente bailaba y conforme la noche avanzaba, las inhibiciones dejaban de existir. Aunque ya era de noche, el calor hacía sudar los cuerpos excitados y los llenaba de sudor.

Cuando acabaron su quinta ronda de tragos, Lucía ya sentía un hormigueo en las manos y un delicioso sentimiento de calor entre las piernas. El alcohol siempre la ponía caliente. Thiago pidió una nueva ronda al bartender y éste le indicó que tendría que esperar unos minutos ya que estaba preparando una orden grande para una mesa VIP.

-¿Quieren bailar mientras nos resurten?- preguntó Joao mirando a Lucía a los ojos. La pregunta iba dirigida a todos los presentes, pero su mirada, clavada en la mujer, delataba sus deseos.

- Yo espero aquí - contestó Thiago - necesito un par de tragos más para bailar aún.

- Vayan ustedes - agregó Luca - yo espero aquí con Thiago, tengo que cuidarlo de un par de gatitas que no dejan de mirarlo - bromeó.

- Oh en ese caso, yo también me quedó - dijo Lucía siguiendo la broma y dándole un beso en los labios a Thiago - qué sepan que tiene dueña.

- No te preocupes cari, creo que estoy cubierto, con mi aroma actual dudo alguien se acerque - bromeó el novio de la mujer - debí de haberme duchado. Pero tú ve con Joao si gustas guapa. Es bueno que bailes, así sudas un poco el alcohol y la noche nos dura más - remató y le regresó un beso suave y aunque breve, lleno de pasión.

Lucía se sintió un poco confundida, toda la situación era nueva para ella. Estaba por ir a bailar con un extraño, en una fiesta llena de springbreakers y lo más raro era que Thiago lo había permitido, incluso la había incitado. No pudo evitar preguntarse si se trataba de una prueba. No pudo evitar preguntarse si aquello era sólo un sueño húmedo y en realidad seguía durmiendo plácidamente en la playa. Dudó sobre la situación en general y no supo qué hacer ni qué contestar. Miró a Thiago a los ojos durante unos segundos y recordó todo lo que había vivido en el día, la pija del botones, el semen espeso y amargo de Thiago en su boca, la transparencia del traje de baño, la tela rozando sus pezones, su vulva empapada de atrapar todas las miradas mientras caminaba por la playa, la paja en el mar que le había dado a su hombre, el calor de la arena en sus espalda, sus piernas abiertas, expuestas a los dos jóvenes que ahora tenía enfrente, sus jugos, sus manos recorriendo su cuerpo y encontrando su clítoris, sus dedos entrando y saliendo de su sexo y aquellos dos hombres de cuerpos esculturales adorandola como una diosa. Pensó en sus pollas, pensó en las mujeres de las que habían hablado, pensó en todas aquellas anécdotas que no quisieron contar porque “eran muy subidas de tono”. Se imaginó a sí misma de vuelta en la playa, pero esta vez ellos no estaban lejos. Ella estaba en cuatro puntos de apoyo, y tenía la enorme, gruesa y negra polla de Joago en la boca, mientras Luca la penetraba por detrás sin recato ni tregua. Sentía que se ahogaba con aquel enorme pene pero lograba abrir la garganta para que cada vez entrara más y más, mientras que la pija que tenía en la vulva, le alcanzaba partes donde Thiago nunca había siquiera soñado.

Una mano en su cintura, la trajo de vuelta a la realidad. Era Joao que la dirigía hacia la pista de baile, mientras ella seguía mirando a su novio. Él la miraba sonriente, mientras escuchaba algo que Luca decía y que la música hizo imposible para la mujer de entender.

En tan sólo unos segundos, Joao y ella se encontraban al centro de la pista. El beat de la música recorría sus cuerpos y la inercia de los cuerpos que danzaban a su alrededor los atraparon rápidamente y sus pies no tardaron en encontrar el ritmo de la música. Hace muchos años que Lucia no bailaba con un extraño y hoy, estaba bailando con un Dios negro al que hace apenas unas horas, le había mostrado su lado más erótico y secreto.

Joao bailaba como un experto, sus caderas se movían seductoramente, y tomó delicadamente una de las manos de la mujer. Lucía sintió el tacto de las manos fuertes de Joao y apretó su mano con la suya. Sus ojos se cruzaron y durante unos segundos que les duró una eternidad, se miraron fijamente y ambos sonrieron con intenciones secretas. Así bailaron una canción, jugando con sus miradas y con las manos entrelazadas, hasta que el hombre, después de dar un par de giros a Lucia, depositó suavemente la mano de la mujer sobre su hombro, y utilizó su mano, ahora libre, para posarla sobre su cintura. Ella sintió aquel movimiento y se dejó hacer. Sintió los dedos del hombre colocarse su cintura, mientras con una técnica magistral que era delicada pero firme al mismo tiempo, atrajó su cuerpo hacia él.

Ya no había distancia entre ellos. Una mano de Joao estaba colocada apenas un centímetro arriba del culo de la mujer, mientras la otra se encontraba aún sosteniendo la mano de su acompañante.

Sus miradas se cruzaron de nuevo y a esta nueva distancia, Lucia tenía que mirar hacia arriba al gigante hermoso que la tenía dominada en medio de la pista. Sus ojos color miel, eran los de un cazador experimentado que acecha a su presa. Pero eso no espantó a Lucía, sino todo lo contrario, sentirse objeto de deseo de aquel espécimen de macho le provocó una humedad inmediata en la entrepierna. Respiró hondo, el aroma de la loción del hombre ahora se mezclaba con el olor de su cuerpo, de su sudor, era un aroma de macho fuerte, pero delicioso y el más excitante para Lucía.

Quiso pegarse más a él, sentir su piel, su cuerpo, sus muslos, tal vez incluso, su miembro duro listo para llenarla, pero inteligentemente él la había acercado hasta un punto en el que aún sus cuerpos no se tocaban del todo.

-Pero vos bailás como un profesional - le dijo la mujer acercándose a su oído para que la escuchara.

-Y no has visto nada aún mujer- le contestó Joao con una voz juguetona pero grave, mientras apretaba un poco la mano que tenía en su cadera. Sin dejar de mirarla a los ojos, acentúo los movimientos rítmicos de su cadera y sus pies le acompañaron. Lucía no dejaba de sorprenderse de aquel macho glorioso, seductor y fuerte. Rió.

De pronto, la música cambió de ritmo, algo un poco más latino, más rápido, más caliente. Rápidamente su compañero se adaptó al nuevo estilo y ajustó sus tiempos de baile. Lucía sintió un temblor que le recorrió desde la punta del pie hasta el pelo. Joao la giró, de forma que ella terminó dándole la espalda. Él se acercó moviendo cada músculo con destreza. La mujer levantó las manos, quedó de espaldas al hombre y cerró los ojos. Sin pensarlo, su cadera comenzó a moverse más lentamente, con un vaivén descarado y sensual. Automáticamente levantó las nalgas buscando el cuerpo del negro y lo encontró.

Lucía movió la cintura al ritmo de la música y pegó su espalda al pecho de Joao. Sus nalgas se posaron durante apenas unos segundos sobre el hombre, pero fue tiempo suficiente para que ella sintiera la dureza de un miembro que se sentía monstruoso a través del pantalón. Se mojó los labios con la lengua, sin darse cuenta. Más al sur de su cuerpo, su entrepierna, ya húmeda, estaba que chorreaba, mientras que Joao, la tomaba firmemente de la cintura, guiando aquellos movimientos eróticos e hipnóticos. Los cuerpos tomaron un segundo de distancia y la música los juntó de nuevo. El segundo roce del la piel de las nalgas de Lucía con aquella tela que guardaba el sexo del hombre la puso nerviosa y la sacó por un momento del trance de sensualidad en el que se encontraba. De pronto fue consciente de su cuerpo, de los avances que había tenido Joao y de que su novio debería de estarla viendo en ese mismo momento. Pero ella no quiso alejarse, no quiso detener el momento, tal vez sólo retrasarlo.

-¿Qué tienen en el cuerpo esas chicas?- le preguntó a Joao con la intención de enfriar un poco la situación. A su alrededor, casi todas las mujeres que estaban en el club tenían una especie de pintura fosforescente sobre la piel, con adornos y figuras brillaban en colores luminosos naranjas y azules.

-Pintura Lucy, para el cuerpo ¿querés ponerte? - preguntó el muchacho alegre de ver a su acompañante con ideas de travesura - se quita con agua y son gratis. Podemos ir, está ahí atrás - contestó el negro, señalando hacia un rincón a media luz en la que se veía una mesa con varios colores de pintura fosforescente. El coño de Lucía le gritó a su dueña que fuera a esa con aquella delicia de hombre, pero aún en ese momento de tanta lujuria, Lucía logró sacar fuerza de voluntad necesaria para contestar con nada más que una risa y un par de movimientos que invitaban a Joao a regresar la concentración al baile.

En apenas unos segundos, la distancia que habían tomado entre ellos desapareció y sus movimientos se ajustaron instintivamente a los del otro, formando movimientos perfectamente coordinados y suculentos. De nuevo el aroma penetrante del joven le llenó los sentidos y la excitación venció de nuevo a la cordura. Lucía comenzó a bailar de manera más atrevida, moviendo más su cuerpo y guiando sutilmente las manos de Joao a sus muslos y nalgas.

Cada 2 o 3 tiempos, un tambor tomaba el plano principal de la canción y los dos danzantes aprovechaban para chocar sus cuerpos justo en ese momento. Con cada golpe del tambor, Lucía le restregaba el culo a su acompañante una y otra vez, buscando sentir aquel miembro gigante e intentar hacerse en su mente la geografía de aquella pieza. La delgada tela de su mini falda y la el traje de baño diminuto que estaba abajo, le permitían sentir el sexo de aquel extraño, los músculos de sus piernas y los roces de sus dedos.

Por su parte, Joao sabía exactamente que tenía a su acompañante justo donde la quería, excitada, emocionada, deseada y atrevida. Comenzó a bajar muy despacio las manos de la cadera de la mujer hacia sus piernas. Al ritmo de la música, sus manos descendieron por la tela hasta llegar justo a la parte donde empiezan las piernas, la parte de adelante del culo y clavó gentilmente sus dedos. Ella sintió una cosquilla que le comenzó a los lados de la vulva y cerró los ojos. Esa punzada de placer le recorrió el cuerpo un par de veces hasta que culminó en su rostro. Entonces abrió los ojos.

A unos cuantos metros de ella, su mirada se cruzó con las de su novio, Thiago. Él estaba sentado en la barra, acompañado por Luca. Ambos la miraban fijamente y probablemente llevarían mucho tiempo observando. Por un momento se sintió avergonzada, se sintió indecente y se sintió una mala pareja. Entonces, decidió alejarse de Joao y le agradeció por el baile, y tomó camino hacia Thiago. Apenas había dado un par de pasos, cuando una mano la tomó de la muñeca y aunque tenía una mano fuerte, el tacto fue gentil y amable. Encontró la mirada del hombre, seductora y sensual, pero también juguetona y traviesa. Lucía no pudo contener una sonrisa sincera, pero rápidamente, volteó de nuevo la mirada hacia su novio. Él la miraba fijamente y no perdía detalle de lo que pasaba, tampoco Luca. En ese momento el tiempo se congeló por un par de segundos y Thiago le sonrió. Lucía quiso entender aquella seña como una autorización. ¿Una autorización para qué? No lo sabía, pero quería experimentarlo. Tal vez no se trataba de una autorización, ni siquiera un acuse de recibo, pero antes de que pudiera seguirlo pensando, Joao se acercó a ella y le dijo -¡Podemos ir por tu pintura antes de seguir bailando! - mientras hacía camino entre la gente y la guiaba de la mano.

Mientras lo seguía, su mirada volvió a Thiago, quién seguía sonriendo.

El mundo le daba vueltas, estaba corriendo de la mano con aquel dios de ébano, mientras su novio la miraba sentado con gesto tranquilo y complaciente. A su alrededor la música sonaba a todo volumen, las luces y la gente creaban un ambiente de locura salvaje, de sensualidad y energía pura. La mano de Joao, firme y grande, la guiaba a través de ese laberinto de cuerpos y danzas con seguridad y delicadeza. No tardaron en llegar a una mesa larga llena de recipientes con pintura fosforescente. Aquello parecía salido de una película de ciencia ficción, con los luminosos colores azules, naranjas, verdes y amarillos.

Joao se adelantó y con sus dedos tomó un poco de pintura verde mientras que con su otra mano tomó el brazo de Lucía y lo levantó delicadamente. Los dedos de la otra mano del dios de ébano recorrieron el antebrazo de la mujer, dejando un rastro verde que brillaba con la luz violeta del lugar y dejando erizada la piel de la mujer. Ambos se miraron a los ojos e intercambiaron una sonrisa que se convirtió en una risa discreta de complicidad.

Joao sin romper el contacto visual, siguió recorriendo con las yemas de sus dedos la piel blanca de la mujer dibujando un espiral fosforescente, mientras ella no dejaba de sonreír.

Al ver que Lucía estaba cediendo poco a poco, el joven, siendo experto en el arte de la seducción, aprovechó el momento. Sus manos se apresuraron a tomar más pintura de la mesa y volvieron rápidamente al cuerpo de Lucía.

En un abrir y cerrar de ojos, las manos fuertes de Joao recorrían el cuerpo de la mujer, llenándola de colores y sensaciones. Lucía sintió sus dedos largos que delicadamente le pintaron ambos hombros al mismo tiempo mientras bajaban suavemente hasta sus manos, para después volver a subir y llegar al delicado cuello de la mujer. Lucía sintió cosquillas y no sólo en el cuello. Cerró los ojos. Ella era un lienzo en blanco y él un pintor. ¿Qué voluntad tenía un lienzo sino sólo la del pintor? Pensó para sí misma y sonrió, mientras dejaba las manos del hombre, tocaban con destreza los puntos más sensibles de su cuello. De pronto, tenía entre sus dedos, la barbilla de la mujer, su rostro y cualquiera que hubiese visto esa escena, hubiera pensado que estaba a punto de ver el beso más húmedo y ansiado de la pareja. Pero no pasó. Joao era un experto en el arte de la seducción, y cuando Lucía sentía en su rostro el cálido aliento del hombre, él se alejó un poco. Hábilmente, él se colocó a sus espaldas.

Ahora, sin recato y sin pedir permiso, tomó a Lucía de la cadera y la atrajo hacía su cuerpo. No tuvo verguenza ni delicadeza, ni trató de esconder su duro miembro que ahora se encontraba perfectamente colocado entre las nalgas de la mujer. El movimiento la tomó desprevenida, justo en el momento en el que estaba a su merced, él aprovechó para calentarla más, para alargar el momento y de pronto estaba ahí, con aquella pija grande pegada a su culo, quedó sin aliento y sin palabras. Quiso sentirlo más, levantó la cadera y se pegó aún más al joven, sintió su aroma, su respiración y casi podía jurar que sentía el palpitar de que sexo.

Sutilmente, Joao se alejó un poco y retiró el cover vaporoso blanco que cubría la parte de arriba de Lucía para dejarla casi al desnudo con la única excepción del top blanco y casi transparente del traje de baño que le cubría los pechos. Comenzó a pintar de nuevo con sus dedos, figuras y caminos de fosforescencias por la delicada espalda de Lucía, mientras ella, aún con los ojos cerrados se dejaba hacer. Cada centímetro que el hombre recorría con su tacto la hacía excitarse aún más y ya se encontraba en un estado de ensoñación, similar al que la había embargado hace apenas unas horas, cuando se masturbó frente a su acompañante y su amigo a la mitad de una playa pública. El hombre dibujó por toda la espalda de la mujer hasta llegar a la parte más baja.

De nuevo y sin aviso previo, giró a la pequeña mujer y quedaron frente a frente. Con la misma seguridad, siguió con su obra de arte y volvió a tocar el cuerpo de Lucía con la misma paciencia con la pintó su espalda. En esta ocasión, ella no cerró los ojos esta vez, y lo miró. Observó como las yemas de los dedos del macho negro que tenía enfrente recorrían la parte baja de su cuello, como acaricibiaban sus hombros y como muy lentamente fueron bajando hasta el nacimiento de sus senos. Inmediatamente pudo sentir como sus pezones duros rozaban la tela del top blanco y con la vista confirmó que era completamente visible para aquel que observara. Joao, que tenía que agacharse un poco porque ella era corta de estatura y él, bastante alto, tenía sus tetas, ansiosas de atención, a unos pocos centímetros de su rostro y por supuesto que lo había notado. La pintura dibujó un par de líneas curvas sobre el nacimiento del pecho y poco a poco bajó hasta donde la tela del top permitió. Lucía no puso ningún pero, ni se alejó, sino todo lo contrario. Levantó un poco más el pecho y cerró los ojos, dejándose tocar y tal vez invitándolo con su lenguaje corporal a seguirlo haciendo.

Joao estaba tentado a tocar aquellos duraznos que lo invitaban a acariciarlos, a mimarlos y a besarlos. Pero sabía que tenía a Lucía a sus pies y quiso seguir el juego. Lucía suspiró al no sentir el tacto que su cuerpo añoraba, decepcionada. Abrió los ojos y vio a su acompañante tomar un poco más de pintura y comenzar a pintar el abdomen descubierto de la mujer, con la misma maestría con la que ya había decorado casi toda la parte superior de su cuerpo. Poco a poco fue bajando de forma tal que tuvo que hincarse frente a ella debido a la diferencia de tamaño y siguió decorando el cuerpo de la mujer hasta llegar de nuevo a la tela de la minifalda que le impedía llegar a lugares más peligrosos.

-¡Vaya Lucía! ¡Eres una obra de arte! - le dijo Joao mirándola desde abajo, con una rodilla en el suelo - ¿me permites terminar mi obra maestra? - continuó mientras tomaba con delicadez el tobillo izquierdo de la mujer. Lucía entendió lo que el joven buscaba y decidió ceder. Levantó su pie y dejó que Joao lo dirigiera hacia su pierna, donde lo posó.

-Un poco de tinta en estas maravillosas piernas y quedarás lista. ¿Sabes? Estoy orgulloso de mi trabajo aquí, soy un artista de corazón. Esta pintura que acabo de hacer con el mejor lienzo que he visto en mi vida es una verdadera obra de arte, digna de un museo. - concluyó el hombre con una gran y coqueta sonrisa dibujada en los labios. Lucía sonrió en respuesta, pero no dijo nada.

Los dedos de Joao empezaron a recorrer el tobillo de la mujer muy delicadamente, para después seguir subiendo hasta sus pantorrillas, fuertes y contorneadas. Fue ahí, donde el hombre comenzó a perder el control de sí mismo y dejó de usar sólo sus dedos. De un momento a otro, ya no estaba dibujando más la pantorrilla de Lucía, simplemente la estaba acariciando descaradamente. Ella lo miraba desde arriba y pude reconocer el hambre y el deseo que le carcomía al macho que literalmente tenía hincado a sus pies en estos momentos. ¿Quién diría que hace apenas algunas horas era una novia recatada con pena de salir en traje de baño demasiado revelador y ahora podía sentir sy sexo empapado, palpitante, deseoso apenas a unos centímetros de la cara de un desconocido que la tocaba en público?

Joao recobró un poco la compostura y volvió a dedicarle algunos segundos a la decoración del cuerpo de la mujer, pero tampoco dejó de acariciarla y aprovechar cada momento para apretar con sus fuertes manos aquellas piernas perfectas. Subió poco a poco hasta llegar al muslo, donde se tomó largo rato alternando entre pintar y acariciar. Lucía se sentía ensoñada, como borracha, sin control sobre sí misma. Sentía cada caricia, cada detalle que dibujaba, y cada poro de su cuerpo. Tenía la piel erizada, el corazón acelerado y la conciencia adormilada. La música, los colores, las manos de Joao, el tequila. La mano derecha del joven acariciaba la parte interna del muslo de Lucía cuando comenzó a subir lentamente logrando infiltrarse bajo la holgada falda que usaba la mujer. Ella se dio cuenta y el instinto sexual que embargaba su cuerpo en ese momento le impidió hacer algo al respecto. Sintió los dedos del hombre recorrer su piel, hasta llegar a la tela del tanga que traía puesto. ¿Quién era aquella puta que había sustituido a Lucía y que ahora estaba permitiendo que un extraño la tocara de esa forma en público? Era la primera vez que ella se dejaba tocar por alguien que fuera su pareja y de esa forma y en ese lugar. Estos pensamientos llenaban su mente, mientras el joven seguía su avance. Ella pensó que tal vez se detendría un poco antes, pero él no lo hizo, llegó hasta su sexo hambriento y húmedo y apenas el roce de la yema de su dedo, despertó en Lucía algo que no conocía de sí misma. Sin quererlo, en ese mismo momento, dejó escapar un gemido. Ahí, en medio de la fiesta, con gente viendo, con un extraño tocándole por debajo de la falda. No se había venido, pero simplemente la expectativa por aquel momento fue tan alta y tan magistralmente llevada por Joao que ese solo momento bastó para descontrolarla.

El gemido que soltó la hizo regresar de un segundo a otro a la realidad. A unos cuantos metros, Thiago la miraba fijamente. Lucía se dijo a sí misma que no la había escuchado y que no se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo, pero no había forma de saberlo. Se preocupó, pero no sintió vergüenza ni remordimiento. Joao estaba enfrente de ella y la miraba con una sonrisa en el rostro, mientras su cuerpo se había acostumbrado de nuevo al ritmo de la música. Lucía le correspondió la sonrisa y le pidió que regresaran con los demás. Tenía que saber si su novio se había dado cuenta o no de que un hombre que apenas conoció ese mismo día la había hecho tener un orgasmo simplemente deslizando su dedo por la parte de frente de su tanga. Tenía que saber si estaba enojado, si estaba disimulando sólo para no hacer una escena y estaba esperando el momento de irse para terminar con ella.

Cuando llegaron con el Thiago y Luca, estos ya se miraban un poco más tomados. Lucía se acercó a su novio y le dio un pico en los labios. Él sonrió.

-Vaya cariño, pero si has quedado preciosa, te ves como toda una party animal en un rave - dijo Thiago, mientras le daba una vuelta para admirar los tatuajes de pintura fosforescente que traía por todo el cuerpo. Lucía rió.

-Felicita al artista - contestó ella y ya se había arrepentido de decirlo antes de terminar la frase. No sabía que se había apoderado de ella. ¿Por qué decir eso? ¿Por qué decirle a su novio que otro hombre la había tocado? Si Thiago no se había dado cuenta, porque sería tan estúpida de ir y echárselo en cara. Atrás de ella Joao sonreía y se le miraba atento a la reacción de Thiago.

-Todo un artista, el joven. Ahora brindemos por su obra maestra - dijo Thiago sin sonar efusivo ni festivo, pero tampoco enojado y les ofreció otros shots de tequila de una montón de tequileros llenos que estaban en la mesa. - Luca perdió una apuesta conmigo y ha tenido que comprar todos estos tragos, pero como soy buena persona y no quiero terminar mal esta noche, decidí que deberíamos de beberlos entre los cuatro - concluyó sonriente.