Leslie – Un viaje inesperado
Eli lo dejó plantado en Lima, pero el destino lo mandó a Máncora con Leslie. Lo que empezó como una coincidencia en el aeropuerto se convirtió en una semana de tentaciones incontrolables. Ahora, bajo el sol del norte, la línea entre la amistad y el deseo se ha borrado para siempre.
Leslie – Un viaje inesperado
Coincidencias de la vida
Por su trabajo Eli no vive en Lima, su base es Buenos Aires (por la pandemia), esto hace que nos veamos esporádicamente. La distancia es el peor enemigo para una pareja, esto ha ocasionado altibajos en nuestra relación, le propuse una escapada de una semana al norte de país, quedamos en que, a su retorno a Lima para fines de enero (2021) pasaríamos una semana en Máncora.
Separé el hospedaje, compre los boletos aéreos y la reserva del auto de alquiler, lamentablemente Eli cancelo su viaje a Lima y tiro todo por la borda; así que dos días antes me comunica vía WhatsApp que no viajaría.
Como había pagado el 50% del hotel, no iba a perder ese depósito, adicional me habían dado 15 días de vacaciones, así que arme mi maleta y enrumbe al aeropuerto, pensando en que me relajaría y la pasaría unos días tranquilos en la playa.
En el Jorge Chávez, en plena cola de control me encontré con Leslie, quien también viajaba al norte, por esas coincidencias viajábamos en el mismo vuelo a Piura, en asientos separados, una vez que aterrizo el avión fui por mi maleta, volviéndome a encontrar con Leslie. Conversamos un rato y le hice la pregunta de rigor, ¿a dónde estas yendo? – me voy a encontrar con unos amigos en Máncora, a ver si me guías para llegar a mi destino – contesto. Claro, no tendrás mejor guía en mi ciudad natal, te comento que yo también tengo como destino Máncora, si gustas te llevo ya que he alquilado un auto, de paso que me haces compañía – conteste. Uyuyuy excelente – contesto Leslie, esbozando una enorme sonrisa.
Enrumbamos hacia la mejor playa del norte peruano, conversamos de todos los temas que se nos cruzaron, picamos chifles y demás deleites piuranos. Leslie es mi compañera de ciclismo, ambos practicamos este hermoso deporte y de vez en cuando nos juntamos con otra gente para hacer las mismas rutas, nos consideramos “partners cleteros”. En sus cuarenta y tantos años, divorciada y sin hijos, supera el 1.70 m., de cuerpo escultural, anchas caderas, remarcadas por su pequeña cintura, un hermoso trasero y piernas contorneadas, pechos prominentes y muy guapa, le encanta andar enfundada en leggins que resaltan más su figura.
En el camino me comento que su galán tuvo un percance y no pudo viajar, y como ella había pagado su pasaje no iba a perder su inversión y como estaba todo planeado no lo iba a dejar pasar, eso si no tenía habitación por una confusión en el hotel, pero que lo vería en cuanto llegue, le comenté que a mí me habían plantado y que igual estaba yendo para no perder mi inversión y que si no conseguía donde quedarse le ofrecía un lugar donde pasar la noche, ella solo atino a sonreír y que lo iba a pensar, ya que la oferta era muy tentadora.
Bungalow de la suerte
Leslie me conto que se iba a encontrar con 03 parejas en el Máncora Beach, otra coincidencia más. Llegamos a nuestro destino, mientras aun llenaba los documentos de ingreso llegaron sus amigas, Karina, Anita y después se acercó Gaby. Leslie y sus amigas se perdieron en el hotel, fui a instalarme al bungalow asignado, ubicado frente a la piscina, deje mis maletas y me dispuse a ponerme más ligero, cuando entraron todos en mancha; Leslie, Beto con Karina, Anita con Pancho y Gaby con Tito, entendí quiénes eran pareja, luego de las presentaciones de rigor, me disculpe un momento para cambiarme y quedar listo para el primer día de playa. El bungalow tiene un recibidor con hamaca, muebles empotrados con su mesa al centro, preciso para departir en mancha; en cambio las 03 parejas estaban en el segundo piso sin vista al mar y menos a la piscina.
Anita se me acerco (a ella ya la conocía, también hace ciclismo, pero una dolencia la ha alejado de la práctica), Lunatacas tienes una buena ubicación te molesta si nos juntamos acá y hacemos mancha, ya luego veremos cómo hacemos con Leslie – comento Anita, claro acá armamos el vacilón – conteste.
Llegaron todos en ropa de baños, las chicas envueltas en pareos, Leslie también, al rato se lo saca, casi me voy de espaldas cuando la veo enfundada en un bikini, ufffff, ¡deliciosa!, creo que fue notoria mi expresión, ya que Anita me miro sonriendo más de la cuenta, me quede mudo y sin reacción.
Ya había visto fotos de Leslie en bikini, una cosa es la foto y otra es la vida real, ufffff, que tal cuerpo que se maneja esta dama. Departimos un largo rato entre la piscina y la playa, conversando y riéndonos por todo, a la hora del almuerzo nos juntamos en el bote.
El almuerzo fue todo un alboroto, los chicos debatían por cuál cerveza pedir, cristal o cuzqueña; un momento, se nota que son limeños – comente, estamos en el norte y acá tenemos una muy buena cerveza artesanal, pedí cervezas Imperio del tipo Máncora, estás van por cuenta mía – replique. Todos estuvieron de acuerdo con lo indicado y la cerveza fue de su agrado, les indique que tenían otras variantes, empezamos a beber a nuestras anchas.
Procedimos a refrescarnos en la piscina, los varones continuamos bebiendo y las chicas alternaban entre tomar sol y la piscina, me quede dormido una media hora en la hamaca, sueño reparador, ya para caer la tarde me comentaron que sus planes, vamos a Máncora pueblo a cenar y luego vemos que hacer, yo llevo a las chicas y los muchachos van por su cuenta, les parece – comente, todos estuvieron de acuerdo.
Al cabo de una hora, todos estuvimos listos para salir al pueblo, donde cenamos y buscamos un lugar donde poder tomar algo, pero con el tema de la pandemia había muchas restricciones, así que optamos por caminar por el pueblo y la playa, para luego volver al hotel, no sin antes comprar pisco para preparar unos chilcanos.
Nos quedamos conversando y escuchando música, tomamos unos chilcanos y llego la hora en que comenzaron a retirarse a sus respectivas habitaciones, a excepción de Anita. Chicos, que bonita que es esta playa, hace mucho calor, les parece si nos metemos a la piscina un rato antes de descansar – comentó Leslie, claro – contestamos, los tres nos lanzamos al agua, chapoteamos un rato y jugamos con una pelota, Leslie sale de la piscina para hacer uso del servicio, Anita se me acerca, Lunatacas no vayas a pensar mal y lo último que quiero es que te lleves una mala impresión de ella – me comenta, sin embargo, ya he conversado con ella y ya estamos viejos para andar con rodeos, ahora es tu negocio y no me decepciones – acto seguido salió de la piscina para irse a su habitación; sus palabras me dejaron intrigado.
Cuando Leslie regresó, pregunto por su amiga, le señale hacia el pasadizo donde su figura ya se perdía, Lunatacas hay algún problema si me quedo contigo, me acomodo nomas en el sofá – pregunto Leslie, estás loca, somos adultos y bastante maduros, así que compartiremos la cama – conteste enfático.
Al cabo de un rato salimos de la piscina, ella entro a ducharse y a cambiarse, mientras yo aprovechaba en fumar un cigarrillo y recoger las cosas que habían quedado en el recibidor del bungalow. Una llamada me saco de contexto y estuve cerca de 40 minutos atendiéndola, cuando entre a la habitación Leslie ya dormía, prendí el ventilador para no achicharrarnos, me cambie y me quede dormido.
Al despertarme estaba recontra empalmado, recordé que estaba con Leslie al costado, la busque y no estaba en la habitación, me duche y salí para tomar desayuno, para esto ya estaban todos en el restaurante, Leslie me hace un ademan para que me siente a su costado; salimos rumbo a Máncora pueblo para las actividades propias: paseamos a caballo, banano en el mar, moto acuática en pareja, bebimos toda la cerveza que nos entró y los lleve a comer un ceviche de conchas negras en el boulevard, quedaron prendados.
En la noche la rutina fue igual que el día anterior, cenamos en el pueblo y regresamos al hotel, bebimos un rato y luego se retiraron, Leslie y yo en la piscina, esta vez ella había tomado un poco más de la cuenta y estaba más alegre y se me pegaba, aproveche la ocasión, la rodee con mis brazos para besarla, ella me alejo sutilmente, Lunatacas, discúlpame pero no me parece correcto lo que piensas hacer – exclamó Leslie, recuerda que Luis (su galán) no ha venido y no me parece correcto que le haga esto – enfatizó, asentí con la cabeza y salimos, igual que la noche anterior que quede fuera dándole tiempo para que se duerma.
Durante los siguientes dos días hicimos turismo en la zona, estuario de Tumbes, tortugas en El Ñuro, visitamos otras playas cercanas, en líneas generales la pasamos muy bien y el grupo se portó de maravillas, eso sí no la desatendí ni por un instante, halagándola siempre y le permití varios caprichos, Anita estaba siempre pendiente a mis movimientos, se me acerca, Lunatacas eres un viejo zorro – comento, no he hecho nada malo… aun – le conteste; por la tarde, en un descuido se llevó a Leslie, estuvieron conversando a solas; regresaron sonrientes, la actitud de Leslie mejoró bastante desde ese momento.
Alcanzando el objetivo
Por la noche del 5to. día, cuando regresamos de cenar, todos se fueron a sus habitaciones, quedándonos Leslie y yo, preparé un par de chilcanos, conversamos un buen rato, seguimos bebiendo y departiendo, en eso Leslie se sienta conmigo en la hamaca, mirándome fijamente cerro los ojos y acerco sus labios a los míos, un suave beso fue el inicio de la entrada al paraíso; seguimos besándonos, Lunatacas vamos adentro – la cargue en vilo hasta dejarla sobre la cama, sin dejar de besarla, tome sus largas piernas para que me rodee, pegándome lo más posible para que sienta mi ariete, hummmmm Lunatacas, estas como todas las mañanas, bien armado – procediendo a sacarse la blusa y soltarse la tira del bañador, no me dejo hacer nada, ella misma bajo su falda y soltó por un lado el bikini, abrió sutilmente la piernas mostrándome una franja de vello púbico muy bien cuidado, ufffff, dejando a la vista una rosada vulva ya humedecida, mis dedos se escurrieron dentro de su vulva que ardía de deseo, ella me hizo a un lado para quitarme el polo y luego el short, esbozo una gran sonrisa al ver mi ariete henchido, me masturbo suavemente, empezando con la mamada, ufffff, su lengua recorrió mi ariete desde la base hasta la cabeza, sobaba mis testículos, le dedicó mucho tiempo a la cabeza, ufffff, estaba nublado, continuo masturbándome suavemente, dándole besos y ensalivando mi ariete.
Lunatacas, esta es la forma de agradecerte por estos días – comento Leslie, para seguir deleitándome con su lengua, ufffff, me tomo por las nalgas para empezar a “profundizar” la mamada, un par de minutos intensos, de no ser por el pisco ingerido me hubiese venido en su boca. Me atrajo hacia ella, nuestras lenguas hicieron contacto y se desato la batalla entre las mismas, ufffff.
Me deleite con su escultural cuerpo, la bese y comencé a bajar por su cuello, hummmmm, ¡qué bien se siente!, hummmmm, ¡así, así!, hummmmm – exclamaba Leslie, al llegar a sus senos, grandes y abultados, de aureola oscura y pezones grandes, ufffff, lamí, mordisquee, succione, chupe por largo rato, que rico sabor, ella emitía suaves gemidos mientras acariciaba mi cabello; volví a besarla y baje dejando ensalivado su cuello, su abdomen, ufffff, me entretuve con su ombligo para luego bajar hacia su vulva en cuanto la bese sentí como se descontrolo, bese, lamí, hundí mi lengua lo más profundo que pude, sus carnosos labios mayores encerraban una joya oculta, ufffff, un lustroso clítoris, ufffff, lo atendí inmediatamente, hummmmm, ¡qué bien se siente!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm – gemía Leslie, con sus manos en mi cabeza, la hice girar para atacar sus enormes y bien formadas nalgas, ufffff, esto es el corolario de una espectacular cuerpo, bese sus nalgas, las mordisquee, succiones y me enfile hacia su arrugado y marrón asterisco, una serie de besos negros, noooooo, hummmmm, ¡qué haces Lunatacas!, hummmmm, ¡qué bien se siente!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm – contorneando las caderas, luego de la atención a su vulva y asterisco, acomode mi ariete entre sus enormes nalgas, suavemente la fui penetrando, la calidez de su vulva fue una sensación distinta, apretaba más de lo normal, es muy estrecha, hummmmm, ¡qué bien se siente!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm; incremente mis movimientos, hummmmm, ¡sigue!, hummmmm, ¡así, así!, hummmmm, me incorpore un poco, para “castigar sus nalgas”, ese estimulo adicional fue trascendental, ya que alcanzaría de manera silenciosa su primer orgasmo, siiiiiiiii, siiiiiiiii, siiiiiiiii, ¡qué rico!, siiiiiiiii – gesticulaba Leslie.
Me recosté a su costado, cuando recupero la respiración se montó sobre mí, con una pierna recogida acomodo mi ariete, juego con él sobándoselo en la vulva y se sentó de golpe, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, besándome. Sus suaves movimientos hacían sentir la penetración más prolongada, ufffff, me ofreció sus enormes tetas, las bese, lamí y disfrute a mis anchas, nos besábamos; para que acto seguido Leslie empiece con una cabalgata y que tal cabalgata, ufffff, su estrechez, el movimiento de sus caderas, el sube y baja, ¡Lunatacas, muévete!, hummmmm, ¡súbelo!, hummmmm, ¡muévete!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡súbelo!, hummmmm, hicieron que una gran descarga eléctrica recorra mi espina dorsal para terminar inundando el interior de Leslie, quien, a su vez, susurraba, siiiiiiiii, siiiiiiiii, siiiiiiiii, ¡qué rico!, siiiiiiiii – ambos llegamos casi al mismo tiempo.
Ambos sudorosos y con la respiración entre cortada, nos besamos, no quería que se baje, es más no deje que lo haga, estuvimos jugando un rato en esta posición, ella que se quería bajar y yo que la agarraba por los pezones para que no lo haga, al final ambos fuimos a orinar y asearnos, mientras ella lo hacía, le puse mi ariete en frente, hummmmm, Lunatacas aun esta medio despierto, ufffff, se lo trago entero, su mamada logro el objetivo que yo quería, ambos salimos, le hice trencito para que se acomode de perrito, la tome por la cintura y empecé a bombear con fuerza, sus manos trataban de contener mis embestidas, algo inútil, poco a poco cedió al placer que le estaba propinando, hummmmm, ¡qué bien se siente!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, hundió la cabeza entre sus brazos y tiraba las caderas hacia atrás, como si no quisiera que la saque, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm – gimoteaba Leslie, el panorama esta excepcional, sus enormes nalgas, su pequeña cintura, formando una enorme pera, ufffff, palmotazos hasta dejarle ambas nalgas rojas y con mis manos marcadas, ufffff, con un ritmo acompasado, nuestras caderas chocaban.
En un hábil movimiento la heche sobre la cama y hundí mi cabeza entre sus piernas para poder degustar de sus líquidos y efluvios, empezando otra sopeada; hummmmm, ¡qué bien se siente!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm. Lo hice hasta que se me adormeció la lengua, también visite su asterisco, ufffff, chupeteé sus enormes muslos, ella se amasaba las tetas y pellizcaba los pezones; la penetre de misionero y disfrutar más tiempo de sus tetas y pezones, ufffff, ella me rodeo con sus largas piernas, con las variantes respectivas, prolongamos el momento por largo rato. Me separe de ella para volver a contemplarla, ufffff, que monumento de mujer, sudorosa y sonriente, con los pezones apuntando al techo, su vulva atrapando mi ariete, ufffff, con una suave penetración, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm – gemía Leslie.
La puse de a perrito, este panorama mostraba su diminuto asterisco, que se perdía entre esas bien formadas y enormes nalgas, roce mis dedos por esa entrada ocasionando que ella recule y por ende reclame, ¡Lunatacas ni se te ocurra!, no se lo di a mi ex y no se lo pienso dar a nadie – reclamo airadamente, sonreí, vamos a ver que pasa – conteste; ufffff, mientras seguía disfrutando de la vista que tenía en mi delante, ufffff, Leslie llevo una de sus manos para friccionarse el clítoris, ufffff, la estábamos pasando muy bien, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm – sus gemidos rebotaban en la habitación
Continuamos con la sesión, disfruté tenerla nuevamente en 20 uñas, ella solo se soltó y levantando sus piernas en señal de lo que quería, intuí y las puse sobre mis hombros, carajo, en esta posición como ajustaba, ufffff, su ajuste es indescriptible, hummmmm, ¡despacio! hummmmm, ¡despacio!, hummmmm, ¡así, así!, hummmmm, ¡qué rico!, hummmmm – gimoteaba Leslie, incremente el bombeo, ufffff, su ajuste era alucinante, ¡despacio Lunatacas!, hummmmm, ¡no quiero que me desgarres!, hummmmm, ¡en serio!, hummmmm – reclamaba Leslie, le hice caso, porque la verdad es muy estrecha y lo que menos quería era lastimarla; sus variantes respectivas con las piernas sobre mi pecho, cogiéndola por los tobillos, en todas se notaba la estrechez de esta mujer, ufffff, la solté para poner sus piernas por mis codos y así liberar un poco el ajuste, tomándole las tetas, ufffff, nos besamos y ambos alcanzamos el clímax al mismo tiempo, ufffff, inenarrable, ufffff.
Los dos días siguientes disfrutamos de sendos mañaneros, escapadas por la tarde y en las noches sesión completa; no pude convencerla de que me entregué su codiciado agujero, me comento que no era el único que se lo había pedido y que, si algún día se volvía a casar, iba a ser el regalo de noche de bodas para su marido, menuda situación, acepte y disfrute de ella.
De regreso a Piura, nos quedamos unos días más, cambiamos su pasaje y la pasamos fenomenal, ufffff, que agradable mujer, desinhibida, lástima que no me entrego el asterisco.
Una vez en Lima, cuando la llevaba a su casa, me pidió que continuemos siendo amigos y partners cleteros, incluso nos metimos un rapidín en el auto, al final me dejó en claro que lo de amigos con derechos no iba, situación que no duro mucho tiempo, pero esa es otra historia, la misma que coronó con la desfloración de su tan anhelado asterisco.
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