Un gallito de pelea
Siempre creyó que Mari Pili era la dueña de la situación, hasta que la encerró en el coche y vio cómo su orgullo se quebraba bajo sus manos. Ahora sabe que detrás del 'gallito de pelea' hay una sumisa que solo encuentra paz cuando le ordena qué hacer.
Estábamos disfrutando de una estupenda barbacoa en casa de los padres de Mari Pili cuando descubrí la pista que me ha conducido a la sorprendente aventura que os cuento a continuación.
Ella andaba de un lado a otro muy alterada, tratando de organizarlo todo. Daba instrucciones sobre cómo hacer el fuego o preparar la mesa. Todo debía hacerse como ella decía, sin posibilidad de contradecirla en nada. Esto la situaba por encima de todos, y al mismo tiempo le creaba una ansiedad y un desasosiego que se traducían en un malhumor creciente.
Unos más y otros menos, todos sufrimos la situación que mi amiga estaba creando. Miguelin, su novio, andaba de bólido de un lado a otro, obedeciendo sin rechistar las ordenes que recibía, y era el que peor lo pasaba.
Al rato salió el padre de Mari Pili de la casa. Dio una vuelta por el jardín, vio que como estaba todo a medio organizar y con bastante descontrol. Le dio un par de gritos a su hija, asignó a cada cual sus tareas y enseguida todo empezó a fluir suave como la seda. Esto alivió la situación, y Mari Pili a partir de ese momento asumió el papel de obediente colaboradora en vez de el de “mandona” y se la vio feliz y contenta.
Me puse frente a la parrilla, cogí las pinzas y el plato con la carne y me dispuse a prepararla. Cuando tuve que tomar alguna decisión respecto a cómo hacer la carne, ella me miró con admiración y acató muy sumisa mis indicaciones sobre cómo hacerlo, si le ponía más o menos sal, etc. En ese momento descubrí que a mi “gallito de pelea” lo que más gustaba era ser una “gatita mimosa” obediente y que alguien la mostrara con determinación lo que debía hacer.
Días más tarde, Mari Pili puso en evidencia a Miguel delante de todos los amigos. Durante las fiestas en el pueblo vecino, se puso a coquetear con un desconocido. Cuando volvió, ante las quejas de su novio, montó un buen escándalo contra él. Lo organizó de manera que parecía que el causante de la disputa fuese mi amigo y no ella.
Dada su facilidad de palabra logró humillarlo delante de todos nosotros y él tuvo que aguantar su rabia. después de la fiesta, ellos dos volvieron a casa en mi coche. Deje primero a Miguel en su casa y luego lleve a Mari Pili a la suya.
Cuando ya estábamos solos le recrimine su actitud frente a mi amigo Miguel y ella empezó a discutir conmigo cada vez más acaloradamente. Nos gritamos…nos insultamos… pare el coche en la entrada de un camino para seguir discutiendo.
―… es él quien se lo busca… sino le gusto que se busque otra blandengue como él… ¡es que tengo razón! ― no paraba de decir en voz alta.
Yo la cortaba a cada momento y no la dejaba salir con la suya.
―Eres una estúpida mandona… no se como te soporta. Si yo fuera él… ya verías!― le dije.
Ella me dio una bofetada. Yo le sujeté por las muñecas… le grité y le dije que esa sería la última vez. Mientras ella forcejeaba sin conseguir liberarse de mí, saqué la lengua y le lamí la mejilla, la nariz y los labios para demostrarle que era yo quien dominaba la situación. Esto la enfureció todavía más…pero tampoco ahora pudo liberarse.
Le metí la lengua en la oreja, luego le chupe la punta de la nariz y por fin la bese meciéndole toda la lengua hasta el gaznate. Viendo que no podía hacer nada para oponerse a mis provocaciones desistió en su actitud y poco a poco empezó a reducir la tensión, hasta que se quedó floja, recostada sobre el asiento y cerrando los ojos.
Viendo que está más relajada y con los ojos cerrados, me desabrocho el cinturón, me bajo el pantalón y los calzones siguiendo con mi provocación, ahora vamos a comprobar su aguante. Me llevo la mano hasta el pene y lo sacudo tratando de despertarlo rápidamente.
―Mari Pili…para que te perdone ahora me vas a hacer una buena mamada. No, no te resistas…lo tienes que hace y punto. Venga que estoy esperando― le digo mientras balanceo mi pene.
Abre los ojos y me mira estupefacta viéndome medio desnudo con la polla en la mano. Mi estrafalaria le ha dejado KO. Como no reaccionaba, la cogí por la nuca y la forcé a acercar su boca hasta mi miembro. Hizo ademán de retirarse, pero con una sola mano pude vencer su resistencia y la lleve hasta mi entrepierna.
Instantes después estaba chupándome con una delicadeza exquisita, saboreando cada centímetro, disfrutando con cada lamida. Me parecía mentira, pero los ojos no me engañaban. En pocos minutos había pasado de estar ante una agria discusión a la mal dulce de las sensaciones, de una situación de alta tensión a la más placida serenidad.
Allí estaba Mari Pili haciéndome retorcer de gusto, repasando cada centímetro, engullendo dentro de su boca de forma golosa todo mi miembro. Me lo cogía con autentico afán, con deseo y pasión como si le fuese la vida en ello.
No se lo que le pasaba por la cabeza, pero el resultado era una mamada como pocos pueden recibir, sencillamente maravillosa. Mientras Mari Pili estaba así ocupada yo le acariciaba las nalgas poniéndole la mano por debajo de la falda. Trate de profundizar, pero ella no me dejó.
Continuó dándome chupones y meneos hasta que no me pude contener y exploté entre sus manos y su boca. Muy satisfecha por el desenlace, pero sin hacen ningún otro comentario me pidió que la llevara a casa que ya se había hecho demasiado tarde. Yo cumplí con mi parte, pero ya le advertí que si volvía a hacer daño a mi amigo Miguel se las volvería a ver conmigo.
A esto último respondió con una amplia sonrisa y luego se encamino alegre hacia la puerta de su casa. Algunos días les veo discutir y sufro por mi amigo Miguel. Ella parece disfrutar haciéndole claudicar y ceder a sus antojos. Creo que se excita mucho ejerciendo su dominio sobre él.
Por otra parte, sé que luego llega mi turno y que la fierecilla se amansa y hace todo cuanto le ordeno, todo lo que me apetece…lo hace sin rechistar y disfrutando muchísimo. Supongo que conmigo alcanza el equilibrio entre su carácter dominante y su deseo de ser dominada. En ocasiones me siento mal, pues mi egoísmo me hace desear que la discusión entre ambos sea lo más violenta posible, pues la continuación conmigo es todavía más placentera.
Cuando este sentimiento se apodera de mi... cierro los ojos y la veo a ella chupándomela como un corderito, aunque ella se esfuerza en presentarse como un “gallito de pelea”
Deverano.
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