La clínica 4
La puerta estaba entreabierta, pero lo que encontró dentro no era una sesión de entrenamiento. Tere y su marido esperaban arrodillados, desnudos y con la mirada fija en él, pidiendo ser usados. José sabía que esa tarde no saldría de allí como un simple entrenador.
Recomiendo leer los capítulos anteriores y sobre todo el número 3, ya que este es la continuación.
Ese día llegué pronto a la clínica. Habia salido a correr, había desayunado y ya estaba planificando el día.
Tenia la clase de pilates, y el resto del día no tenía mucho más trabajo. Tere me avisó que hoy no podía venir a su sesión de entrenamiento, que tenía cosas que hacer con su marido, pero algo había pasado
-Jose, acaba de llamar Tere, para recordarte que hoy no puede venir
-Ya lo sé Marga, me lo dijo ayer.
-Me ha dicho que la llames, que tiene que hablar contigo.
Dicho y echo, en cuanto termine la clase de pilates, cogi el móvil y la llame
-Digame
-Hola Tere, como estas? Me ha dicho Marga que necesitabas hablar conmigo.
-Hola José. Si, quería proponerte, como hoy no puedo ir a la clínica, si pudieras venir a casa a hacer una sesión de entrenamiento...más personal.
-La verdad que no tengo mucho que hacer esta tarde, así que me parece bien. Sobre las 18???
-Perfecto aquí te espero
Me puse nervioso, he de ser sincero. Desde hacía 2 semanas que estabamos follando. A parte, durante las clases, yo me dedicaba a sobarla por todos los lados mientras la ayudaba con algun ejercicio un poco mas duro. Tere siempre se iba, con la mancha oscura en su zona baja.
Comi tranquilamente en casa, y me eche un rato la siesta. Me costó coger el sueño, no me quitaba de la cabeza la cita que tenía. Igual, no pasaba nada. Podia ser que ella decidiera no volver a jugar...
Y llego la hora, me puse un pantalón de deporte corto y camiseta y acudí a la cita. Llame al telefonillo, me abrió y me dijo que entrara sin llamar, que me dejaba la puerta entreabierta.
Subi y efectivamente la puerta estaba abierta llame 2 veces, para avisar que entraba y escuche a Tere decir que pasara y cerrara.
Cuando llegue al salon la imagen era sobrecogedora, y dantesca.
Teresa estaba desnuda de rodillas en medio del salón. Lo sorprendente es que a su lado estaba Juan, su marido totalmente desnudo. Yo no entendía nada. Porque me había citado en su casa y porque su marido le colgaban los huevos en el suelo al estar de rodillas.
-Jose, sabes que eres mi macho. Que estoy a tu entera disposición. No solo yo. Desde el primer día que me follaste en tu clínica, mi marido no deja de pensar en el olor con el que volví a casa. Se puso muy cachondo de escuchar todo lo que hicimos. Bueno, si he de ser sincera relamio mi cuerpo entero saboreando tu orina y los restos de tus corridas.
No sabía dónde meterme la verdad, escuchando todo aquello. Yo soy heterosexual, y nunca he sentido curiosidad por los hombres. Pero verles a esa madura y ese maduro, de rodillas, esperando a que les usara, y vejara, me estaba poniendo la polla como un tronco. Me estaba aficionando a esto de ser dominante, y no me iba a perder la oportunidad de torturas a esos dos gordos. Porque Tere ya sabemos como era. Pero José también estaba hermoso. Tenia barriga cervecera y por debajo de la tripa asomaba una pollita de unos 8 centímetros dura como piedra.
-Tere no se que decirte la verdad. No esperaba esto ni mucho menos. Yo venía a echar un polvo contigo, pero el nuevo factor de la ecuación que quereis incluir creo que puede funcionar.
-Ves Juan. Ya te dije que José era un morboso, y no creia que fuera a asustarse. Lleva entrenándose y esañandose conmigo unas semanas y ya le ves, se le ha puesto como una piedra. Así que no perdamos tiempo que nos tienes empapados.
Pues ya estaba todo. Tenia a dos maduros morbosos, dispuestos a ser usados y follados. A seguir a pies juntillas, mis más oscuros sueños y deseos...
De primeras quería verles besarse, y así se lo pedí. Se giraron, Tere cogió del pelo a José y empezó a besarlo tímidamente. Eran besos castos, no había lengua, ni nada de morbo. Así que decidí darles un poco de chispa.
-Jose por favor podrías abrir la boca. Y tú Tere coge toda la saliva que tengas y escupele en la boca.
Y así fue, Tere saco todo lo que llevaba en la boca lo derramo en la boca de su marido, y empezaron con un beso totalmente pasional.
Yo por no dar la nota me quite la ropa, y mi polla ya estaba dura como una piedra de observar como se morreaba el matrimonio.
No sabía por dónde empezar y me fui acercando a ellos tímidamente. Le puse la manos en los hombros a Tere, y fui masajeandole el cuello despacito. Ella se dio la vuelta me cogió la polla con la mano y empezo a lamer desde el tronco hasta la punta. Juan miraba como su mujer me estaba chupando la polla, y el mismo empezó a masturbarse mirando aquel juego.
Yo la cogi del pelo corto, la mire a los ojos y la pedí que se la metiera hasta el fondo de la garganta. Ella de una se la tragó entera sin rechistar, llegando a tocar su nariz con mi vientre. Yo la sujete la cabeza cuando la tenía dentro y empezaron las arcadas. La iba soltando un poco para que respirará y volvía a meterla hasta el fondo. Las babas iban saliando por la comisura de los labios, miré a Juan y le pedi que limpiara a su mujer. El maduro gordito se acercó y empezó a relamer toda la saliva que su mujer había ido soltando por la boca. Le pedí a Tere que le escupidera todo el sobrante que tenía en la boca y así fue. Juan acabo con la cara empapada de la saliva de Tere.
Así seguíamos. Tere comiéndome la polla sin descanso. Cuando había bastante saliva fuera, Juan la recogió y se la bebía. Tere, me soltó, cogio la cabeza de su marido, la fue acercando hasta mi rabo y me miró a lo ojos como pidiendo permiso. Yo asentí y lo siguiente que hizo fue apretar la cabeza de su marido contra mi polla. Juan no estaba acostumbrado a que hubiera una polla en su boca, y menos con la fuerza con la que Tere estaba forzando su cabeza. Las arcadas que le producía mi rabo en la boca era sonoras. Tere parecía fuera de si, torturando a su marido de este modo. Y empezaron a intercambiarse. Una rato se la metía en la boca Tere y otro rato Juan.
Yo no pude más. Cogi a Tere se la meti muy profundo y descargué una corrida enorme en su boca. Ella entre arcadas la aguantó, le cogió de la barbilla a su gordo marido, y se la derramó en la boca. Juan no se resistió ni gruñó. Degusto ese caliente líquido con total placer. Placer que hizo que mientras se tocaba la polla, se corriera como un cerdo en el suelo.
Les ayude a levantarse y nos fuimos a su sofá. Me estuvieron contando, como follaban cada vez que Tere volvía a casa después de que la usara yo. Que les había devuelto la pasión que había ido perdiendo. Juan la relamia entera a su regreso a casa. Lo que más le ponía era comerla el ojete cuando se lo había follado y me había corrido dentro. Se tiraba un largo rato dejandoselo como los chorros del oro, y de ahí ya la cogía y se la follaba como una perra, que es lo que le gustaba a ella. Y todos felices, el humillado primero y después usaba esa excitación para follarsela como nunca había echo en sus 30 años de matrimonio.
Yo con todo esto que me estaban contando, ya tenía el rabo para darles guerra. Empece a comerle la boca a Tere. Me excitaba como me dejaba hurgar en esa boca taaaan caliente. Aproveche y eche manos a los pezones dedo de mono que tenia. Se los pelllizacaba fuertemente, lo que hacía que se estremeciera en mis brazos pero no rechistaba.
La fui separando los muslamanes, de tal modo que uno quedo encima mío y ya la abrí de par en par las piernas. Juan aprovecho para arrodillarse y empeza a ver el espectáculo en primer plano. Comencé acariciando la raja despacio, como embadurnandome los dedos de flujo espeso. Primero entro un dedo, y Tere me empezó besar con más intensidad. Le siguieron 2 más. Juan aprovechó y empezo a masturbarse mientras venia como le tenía dentro 3 dedos a su gorda mujer. Puse la mano en forma de cuña y empecé a intentar meter toda la mano. Recogi el flujo con el que me estaba empapando las manos y se lo enseñé a José mientras grumos grandes iban cayendo al suelo. Jose sin pensarlo se los metió en la boca, y yo aproveché para despacio ir metiendoselos hasta el fondo de la garganta. No todo iba a ser disfrutar.
Volvi a seguir con la tarea, y después de mojarme de nuevo los dedos, empeze a penetrar a Tere con la mano. Al principio costaba, pero fue dilatando y ya tenía dentro de ella la mano hasta la muñeca.
Así seguimos, despacito la sacaba la mano, mientras Tere buscaba oxígeno respirando entrecortadamente. Se estaba corriendo viva con mi mano dentro de ella. Fueron como 3 veces las que conté, y de esas convulsiones había ido empapando el sofá, sus muslos y hasta en el suelo había un pequeño charquito. Tere era toda una mujerona. Poco a poco fui sacándole la mano, ya que la estaba molestando le restregue todo el flujo por el chochazo y empecé a tocarla el año.
La verdad, que habia tanto flujo, que había echo que tuviera el culo empapado, así que no me fue difícil meterla 2 dedos dentro. Tere se retorció mientras se llevaba su gordo pezon a la boca.
Aproveche para buscar más lubricación. Juan se acercó como un perrillo, primero olió los dedos que habia salido del culo de su señora, para comenzar a lamerlos y dejarmelos bien limpitos.
Así estábamos, yo metiendola 2 dedos en el culo mientras Juan no quitaba ojo.
Les propuse ir a su habitación. Lo que se me estaba ocurriendo necesitaba de un sitio más tranquilo, y cómodo para los 3. Y así hicimos.
Le pedí a Juan que se tumbara en la cama boca arriba, y a Tere que se pusiera a 4 patas con el coño en la boca de Juan.
El según lo sintió empezo a comerselo con ansia viva. Yo mientras me zarandeaba la polla poniéndola bien dura viendo como Tere, le restregaba culo y coño a su marido por la cara.
Y me lancé, le separe los cachetes, y de un golpe le metí la punta de la polla en el ano. Ella se retorció y arqueo la espalda, aguantando el dolor que mi glande la estaba haciendo. Parecia que iba mitigado por los lenguetazos que José no paraba de lanzar al inflamado clitoris.
Decidi volver a lubricarme. En esa posición, que estábamos, le saqué la polla del culo y se la meti a Juan en la boca. No hizo ascos, y se la tragó hasta la garganta. Me entró risa cuando se atragantó al sentirla tan dentro.
La saque llena de babas y empece a restegrarselas a Tere por todo el ano. Y ya no pude más, esta vez no entro solo el glande, se la meti hasta el fondo.
Empece a follarla despacio, sintiendo como iba entrando la polla. Empece a acelar el ritmo, la cogi del pelo, la clave el codo en los lumbares para que no pudiera moverse y empece a follarla fuerte. Sacando todo lo que podía la polla, sin que se saliera y volviendo a metersela de golpe.
Juan estaba como loco, no paraba de comerla en coño, y Tere estalló con otro orgasmo en la cara de su marido. Yo aproveché le saque la polla y repeti el mismo juego de antes, se la meti a Juan en la boca para que me la limpiara. Hay que ver que entregados eran estos maduritos. Tenia la cara empapada en flujo. Cuando ya la tenía lo suficientemente limpia, volví a metersela en el culo a Tere. Ella gruñó de forma gutural la libere del pelo, y la pedí que se la clavara a su ritmo.
Ella cogía impulso para mover sus ciento y pico kilos y se lanzaba contra mi, clavandose con total impunidad mi cipote en aquel agujero estrecho y caliente
Así estuvimos, otro rato. Yo de brazos cruzados viendo como se follaba analmente aquella señora viciosa, ella misma.
En un momento la agarre de las caderas y empeze a bombear a mi ritmo. Era un placer follarse aque culo gordo. Ver como se zarandeaban los cachete con cada embestida. Ella se centraba en restregar el coño por la lengua de su marido, hasta que de repente nos corrimos juntos. Ella en la cara del guarro de Juanito y yo en las profundidades de su culo.
Cuando paramos, ella me pidió que se la sacara. Aprovecho y se sentó poniendo el culo en la boca de Juan. Que como un loco poseído, abrió y empezo a relamer. En un momento todo mi semen comenzó a salir, y el iba tragando y metiendo la lengua para no dejar ni una gota. El se echó la mano a su polla, y empezó a menearla de forma salvaje
Y así, en esa postura, mientras se comía mi semen y el culo de su espesa mantecosa, se corrió haciéndose una pajote de campeonato.
Yo les dejé su momento de intimidad, y me senté a mirar como José metía y sacaba la lengua en le dilatado ano de su mujer, y ella me miraba con ojos lascivos.
-Jose eres la ostia. Nos ha encantado lo que hemos echo.
Juan no separaba la boca del culo de su mujer y asentía dándome las gracias, balbuceando.
-Pero te queremos pedir otra cosa antes de que te vayas, que ya habíamos hablado Juan y yo.
A ver que idea se les había ocurrido ahora. Ya puestos en faena me daba igual una cosa que otra.
-Nos gustaría que nos mearas encima, y nos dejaras cuando termines, solos para degustarlo en la intimidad de la pareja.
-Pues venga chicos, manos a la obra les dije.
Lo tenían todo estudiado. Juan se tumbo en el suelo. Tere por parte se sentó en el pecho de su marido. Y yo me puse enfrente a petición suya.
La idea era mearla a ella, y el líquido fuera cayendo por su cuerpo y acabará en su marido. Empece la meada. Al principio un chorro tenue que dio en la barriga de Tere. Luego fue cogiendo fuerza, y fue a las tetas de Tere, para pasar directamente a su cara.
El chorro lo iba dirigiendo a mi antojo, un rato a la boca de Tere, luego a sus tetas caídas y su barriga, hasta alguna vez le mee en la cara a Juan, que desde que empezó el juego tenía la boca muy abierta e iba bebiendo y tragando todo lo que caia por su mujer.
Tere por su parte, unas veces que no podía beber todo, lo juntaba en los mofletes, como si hiciera gárgaras y se lo echaba en la cara a Juan, que parecía disfrutarlo sobre manera. Y la meada se fue terminando. Y como habíamos apalabrado yo debía irme de su casa, para que ellos dieran rienda suelta a su pasión
Mientras me vestía miraba a Tere, restregarse el pis por su cuerpo como la última vez y también por la cara a su marido. Le metía los dedos mojados en la boca, y el relamia. Otras veces se mojaba la mano y lo relamia ella.
Estaban como en trance disfrutando de sus cuerpos mojados. Así que decidí dejarles a su aire, que disfrutaran juntos y sali de la casa.
De camino a casa iba sonriendo de la tarde de gula, lujuria y placer que había tenido. Por otro lado, de haber sido capaz de alimentar el deseo de Tere y Juan, que tenían adormecido.
"Se agradecen comentarios por aquí o al correo, así como ideas de por donde podría seguir esta divertida saga"
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